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Usuario (Argentina)
Nace: 23 de septiembre de 1778 Lugar: Buenos Aires, Argentina Muere: 4 de marzo de 1811 Lugar: Falleció en alta mar Biografía: Abogado, periodista y político argentino, de gran participación en la Revolución de Mayo y luego como secretario de la Primera Junta. Mariano Moreno fue el mayor de 14 hijos que tuvieron Manuel Moreno y Argumosa, inmigrante español y María del Valle. Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos y gracias a una recomendación del clérigo Felipe Tomas de Iriarte, viajó en 1799 a Chuquisaca (Sucre, Bolivia), donde completó sus estudios de teología y se graduó como abogado en 1804 y más tarde regresa a Buenos Aires. Un año después nace su primer hijo, fruto del matrimonio que formó en 1801 con María Guadalupe Cuenca. En 1806, durante las expediciones británicas que atacaron a las colonias españolas del Río de la Plata, conocidas como Invasiones Inglesas (1806-1807), Mariano Moreno se opuso y redactó un diario con los acontecimientos que sucedían. En 1809 apoyó la revuelta de Martín de Alzaga y el partido español contra el virrey Linniers, frustrada por el regimiento de Patricios comandado por Cornelio Saavedra. En 1809, Mariano Moreno redacta el documento "La representación de los hacendados", en el que abogaba por la libertad de Comercio y logra gran notoriedad. En vísperas de la revolución, Mariano Moreno siguió unido a Alzaga y a grupos revolucionarios, pero no participó activamente en los sucesos de la Revolución de Mayo (1810), donde fue depuesto el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y reemplazado por la Primera Junta. Al ser proclamada la primera Junta, Mariano Moreno fue nombrado secretario y se reveló como un gran estratega, tratando de extender y consolidar la revolución a través del "Plan de Operaciones", donde plasmaba sus ideas. Fundó el periódico "La Gaceta", la Biblioteca Nacional y el establecimiento de una academia de instrucción militar y de matemática para los oficiales. Mariano Moreno creó una fábrica de armas y se preocupó de los intereses de la industria y el comercio, reacondicionó los puertos de la Ensenada del Barragán y de Patagones. El prestigio logrado con sólo 33 años despertó recelos dentro y fuera del gobierno y tras un fuerte choque con Saavedra, presidente de la junta, firma el decreto de Supresión de honores. Mariano Moreno se opone a la disposición de incorporar diputados provinciales por entender que la revolución estaba en peligro dado el escaso compromiso de éstos con el proyecto emancipador y acentúa más las tensiones, no teniendo éxito y renunciando. Cornelio Saavedra lo destina a una misión en Londres (Inglaterra), zarpando a bordo de la goleta inglesa "fame" y muriendo en alta mar. *** Como la naturaleza nos ha criado para grandes cosas, hemos empezado a obrarlas. Parece llegado el caso de que se conozca que la moderación y dulzura de los americanos no es abatimiento, y que ya es tiempo de que salgan a la luz las virtudes que el despotismo ocultaba en la oscuridad por no tener valor para soportar su presencia. La sociedad impone a los particulares la obligación de ceder parte de sus derechos cuando la necesidad común lo requiere. Hay reglas prescritas para sostener la necesidad pública sin ofender los legítimos derechos del ciudadano. La salud del pueblo es la suprema ley del estado. Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido. A la imperiosa Ley de la Necesidad ceden todas las leyes, pues no tienen éstas otro fin que la conservación del bien de los Estados. Esfuerzo, maestría y seso, éstas son cualidades esenciales a todo caudillo. No se puede tolerar que el amor propio o miras personales sostengan una conducta que compromete la tranquilidad pública. No es tan difícil establecer una ley buena, como asegurar su observancia. Para que la comunidad quede obligada a los actos de su representante, es necesario que éste haya sido elegido por todos, y con expresos poderes para lo que ejecuta. Nuestros derechos no son inferiores a los de ningún otro pueblo del mundo. Mengua el honor del gobierna cuando no están seguros los que viven bajo su protección. La verdad es el signo más característico del hombre de bien; la resignación, el honor y la grandeza de ánimo en las arduas empresas son las señales más evidentes de un corazón virtuoso. Cuando las pasiones del hombre andan sueltas, ¡cuán horrible, pero cuán interesante, es observarle! Si se malograse el fruto de mis intentos, la recompensa, creo, quedaría cifrada en la gloria de haberlos emprendido. Tocando al hombre en sus intereses, claudica no sólo el patriotismo sino la buena fe y demás circunstancias que lo adornan. Una gran obra nunca se comenzó por sus extremidades. Cuanto más sólidos son sus cimientos, más perfecta es su conclusión. Dejar para cada tiempo lo que le pertenece, pues lo que se hace fuera de él nunca sale bien. Si el gobierno huye al trabajo, si sigue huellas de sus predecesores conservando alianza con la corrupción y el desorden, hace trición a las justas esperanzas de pueblo y llega a ser indigno de los altos deberes que se le han encomendado. Si mi persona es necesaria, yo no puedo negar a mi patria el sacrificio de mi tranquilidad individual, de mis tareas, de mis fortunas, ni aún de mi vida. Tenemos seguramente más proporciones que nuestros abuelos, y no necesitamos para imitarlos y aun excederlos, sino haber heredado la fidelidad y energía que los animaba. El pueblo no necesita sino dirección para hacer grandes cosas. No puede ser verdadera ventaja de la tierra la que no recaiga inmediatamente en sus propietarios y cultivadores. El interés individual nada respeta sino lo que pueda satisfacerlo. Es doloroso que el bien general de una provincia necesite abogado que lo defienda. Hay verdades tan evidentes que se injuria a la razón con pretender demostrarlas. El primer deber de un magistrado es fomentar por todos los medios posibles la pública felicidad. Su poder se consolidará por la gratitud pública, y las naciones cogerán el fruto de su cuidado y vigilancia. Gime la humanidad con la esclavitud de unos hombres que la naturaleza crió iguales a sus propios amos. La injusticia no puede abandonar a aquellas personas que la naturaleza misma enseñó a ser virtuosas y rectas. La reunión de los pueblos no puede tener el pequeño objeto de nombrar gobernantes, sino el establecimiento de una Constitución por la cual se rijan. El fruto de mis tareas es muy pequeño para que pueda llenar la grandeza de mis deseos. El que no sienta los estímulos de una noble ambición de saber y ditinguirse en su carrera, abandónela con tiempo. Buenos Ayres no quiere entre sus hijos hombres extranjeros a las virtudes. Cuando habla la naturaleza, no puede ser sino uno mismo el idioma y el sentimiento. La cobardía, compañera inseparable de los delitos, ha sido el signo distintivo de nuestros enemigos. Los grandes malvados exigen por dobles títulos todo el rigor del castigo; nuestra tierra no debía alimentar hombres que intentaron inundarla con nuestra sangre. Reparad en la gran importancia de la unión estrechísima de todas las provincias de este continente: unidas impondrán respeto al poder más pujante; divididas, pueden ser la presa de la ambición. La acreditada sabiduría de unos, la experiencia de los otros, las puras intenciones de todos fundan una justa esperanza de que la prosperidad nacional será el fruto precioso de sus fatigas y tareas. Raras veces quedan impunes la inercia o ambición de los que forjaron el infortunio de los pueblos. Quizás no se presenta situación más crítica para los pueblos que el momento de la emancipación. Las mismas leyes, las mismas costumbres, las mismas virtudes, los mismos vicios han producido siempre los mismos efectos. Examinemos aquellos abusos con que la corrupción de las costumbres demostró imperior poderosos. Equilíbrense los poderes y se mantendrá la pureza de la administración. No tienen los pueblos mayor enemigo de su libertad, que las preocupaciones adquiridas en la exclavitud. La fraternidad puede salvarnos de las pasiones interiores, que son enemigo más terrible para un Estado que intenta constituirse que los ejércitos de las potencias extranjeras que se le opongan. Una constitución justa y liberal da únicamente a las virtudes el repeto que los tiranos exigen para trapos y galones. El pueblo no debe contentarse con que seamos justos, sino que debe tratar de que lo seamos ferozmente. Viva mi patria, aunque yo perezca. (Sus últimas palabras)