starkkiller
Usuario (Colombia)

La cantante ha sido recientemente parte de propaganda nazi sin su consentimiento. No es culpa de Taylor Swift que cumpla sin querer con los estándares nazis. Y al parecer es lo que justamente han hecho los fanáticos de esta ideología. Según acusa el sitio Broadly Vice , la cantante ha sido vinculada con esta ideología desde el 2013, cuando comenzaron a aparecer memes relacionando a la rubia con el nazismo. A su vez, Andre Anglin, escritor principal de Daily Stomer –un medio online totalmente racista, machista y homofóbico-, escribió en su medio que Swift era una nazi camuflada y que estaba esperando a que Donald Trump fuera presidente para gritar al mundo sus ideologías y su verdadera identidad. ¿Aterrador, no? Bien es sabido que Taylor Swift siempre se ha mantenido al margen de dar a conocer públicamente su opinión sobre política y se ha dedicado exclusivamente a su música. También, el hecho de que se vea mucho más conservadora que otras chicas de su generación –como Miley Cyrus o Selena Gomez- les ha hecho pensar a estas personas que la rubia se está guardando para dar la gran noticia. En Facebook incluso cuenta con una fanpage llamada Taylor Swift por Fascist Europe, que aunque está hecha en tono de comedia, tiene más de 19.000 likes. Allí se pueden ver memes de la cantante con frases que Adolft Hitler dijo alguna vez. Si bien Swift intentó que este fenómeno parara en 2013, no tuvo éxito. Es más, el dueño de Daily Stomer no hace más que dedicarle posts a la rubia, a la que califican como ‘Diosa Aria’. En uno de sus post escrito el 2014, Anglin habla exhaustivamente de lo ‘asqueroso’ que es el video Shake it off, donde Swift intenta bailar como afroamericana. Anglin escribe: “Taylor Swift, la representación más pura de la belleza aria, fue criticada por los judíos y se comportó como una negra en un estúpido video de una horrible canción que ella no escribió”. Efectivamente, el video causó polémica y se acusó a Swift de racista, por lo mismo que dice Anglin. Sin embargo, el fascista termina su post diciendo: “¿Qué significa esto? Si no quieres actuar como un mono, eres acusado de racismo. Me parece que la palabra racista es código para decir blanco. ¿Qué diablos quiere esta gente de nosotros? Si no son felices, ¿por qué no se van a África?”. Sin comentarios. La Barbie elitista nazi Como si fuera poco, en diciembre pasado, la ícono del feminismo Camille Paglia, llamó a Taylor Swift ‘Barbe elitista nazi’ y dijo que la cantante le recordaba a las ‘rubias fascistas que gobernaron la escena social’. Pero la crítica de la feminista se basó más en las squad girls, como denominó al grupo de chicas del momento –Kendall Jenner, Gigi Hadid, Lily Aldrige, entre otras-, guapas y adineradas, para que sean un ejemplo a sus seguidores, más que mostrarse en poses exageradas demostrando sus obvios atributos. El llamado que hace Paglia, según El País, es a tener ojo con el mensaje que envían a sus seguidoras. “Los grupos de chicas son sólo una etapa de aprendizaje del desarrollo femenino. Las mujeres que dejan una marca indeleble en la cultura necesitan acabar con la socialización y centrarse en sus propios dones creativos”, escribe la feminista. El peligro de este tipo de propaganda Si bien Taylor Swift intentó detener este episodio en 2013, hoy no se ha pronunciado frente al tema. Es necesario parar este tipo de actos, sobre todo por el ejemplo que significa para sus seguidores. Es evidente que el nazismo no ha muerto aún y que tiene adeptos alrededor de todo el mundo y en Alemania es un problema que todavía no acaba. No es sólo preocupante que al día de hoy sigan existiendo estos grupos que incitan al odio, sino vincularlo con celebridades que tienen millones de seguidores en todo el mundo y se identifican con ellas. Al final, el vínculo de Taylor Swift con el fascismo sólo se basa en su físico y en su ‘conservadurismo’, pero no existe ninguna prueba de que ella esté relacionada a esta ideología. Esperemos que Taylor salga a desmentir este hecho y páginas como el Daily Stormer dejen de existir, para así olvidar de una vez por todas ese horrible momento en la historia y seguir adelante.
Hace ocho años, en Beijing, Michael Phelps se convirtió en la primera persona en ganar ocho medallas en una sola olimpiada. El séptimo oro del nadador, sin embargo, siempre va a tener un asterisco. Durante la final de los 100 metros mariposa, que se disputó el 16 de agosto de 2008, Phelps tuvo que remontar y darlo todo en un final fascinante. Cuando sacó la cabeza del agua, su entrenador pensó que había perdido. Su mamá también lo pensó. Él no sabía muy bien qué era lo que había ocurrido. Finalmente, Phelps fue declarado el ganador por una centésima de segundo. Como siempre ocurre ante la magnitud de las grandes figuras, el segundo clasificado se quedó en la historia. Ese hombre es un serbio de 32 años llamado Milorad Čavić que, a pesar de lo que dicen los registros de los Juegos Olímpicos, derrotó ese día a Michael Phelps. Él tocó la pared primero, y así se ve en las imágenes de televisión. link: https://www.youtube.com/watch?v=0KLy-NnTD2o&feature=youtu.be Omega, el fabricante del panel táctil de la competición, lo admitió más tarde. Según ellos, lo que condenó a Čavić fue que no le dio con suficiente fuerza al instrumento que registra las llegadas con precisión milimétrica. "Hay una gran, gran, gran diferencia entre tocar el panel y empujar el panel", explicó el gerente general de la compañía suiza Christophe Berthaud. "Es un hecho ––y así lo demuestra el video–– que Cavić tocó el panel antes que Phelps, pero él estaba dejándose llevar mientras que Phelps iba con todas sus fuerzas... La diferencia entre ambos realmente fue de una centésima, así se muestra en todos los registros de nuestro sistema". El serbio aceptó el segundo lugar y agradeció la medalla de plata, a pesar de que después admitió, tomando cerveza, en una entrevista a Mouthpiecesports.com que "daría su testículo izquierdo" por una revancha. En las Olimpiadas de Londres 2012, Čavić tuvo su revancha en los 100 metros mariposa. Término de terceras pero no le dieron ninguna medalla porque Phelps ganó el oro y otros dos hombres quedaron empatados por el segundo lugar, haciendo que Čavić quedara de cuarto. Río será la primera vez en 20 años en la que Čavić no competirá en los juegos, y Los Olímpicos en Río podrían ser los últimos de Phelps. Encontramos a Milorad filosofando en Serbia donde vive con su esposa y con su hijo de dos meses. Milorad Čavić: Nunca reflexioné al respecto, nunca hablé del asunto. Para mí lo que ya está hecho no se puede cambiar. Es cierto que después de todo eso, todo el mundo me dijo que me robaron el oro. Todo el mundo lo dijo. ¿Y cómo te hace sentir eso? Personalmente, si hubiera estado en la posición de Phelps no estoy seguro de que me hubiera sentido muy cómodo quedándome con una medalla de oro que todo el mundo pensaba que no era mía. No intento criticar a Michael, él ya había ganado 11 medallas de oro antes de esa carrera. De todos los atletas olímpicos, él es el único que posiblemente haya perdido la sensibilidad de ganar un oro. ¿Por qué dices eso? Cuando mira sus medallas olímpicas, él no sabe cuál pertenece a cada prueba. No dicen 100 metros mariposa o 400 metros estilos. Una victoria es una victoria. Pero para mi sí. Si me hubiera ganado esa medalla, no sé si estaría muy cómodo sabiendo que todo el mundo piensa que esa medalla no la gané yo . Lo digo con muchas reservas, ya que Michael Phelps no es cualquier atleta olímpico y lo que digo puede sonar muy negativo. No estoy diciendo que sea un farsante, simplemente cualquier atleta como yo ––alguien que ha tenido menos éxito–– sería más sensible al ver que todo el mundo le preguntaba "¿tú crees que te mereces ese oro Olímpico?". ¿Cómo te sientes con esa medalla de plata? Es una de mis posesiones más preciadas. Está en una caja fuerte que tengo en mi casa de Estados Unidos. Un par de veces al año la saco solo para mí, para disfrutarla lejos de las visitas. ¿Te mantienes en contacto con Phelps? ¿Cómo es su relación? Creo que he pasado unos 15 minutos a solas con él en toda mi carrera. Siempre estuvimos en mundos aparte tanto en Estados Unidos como en los eventos internacionales. El único momento en que pude hablar tranquilamente con él fue esperando que nos llamaran antes de la ceremonia de las medallas. ¿Te acuerdas de la conversación? Sí existe algún momento para hablar sobre algo más serio que el típico "¿dónde vas a celebrar esta noche?" sin duda no es antes de subir al podio. Hubo otros dos intentos en otras competiciones, pero él siempre me rechazaba amablemente. Y lo entiendo. ¿Qué te hubiera gustado decirle? Me hubiera gustado conocerlo más como persona. Cuando ves sus entrevistas, quizás solo hay dos o tres en la que puedas creer lo que dice. En el resto siempre he sentido que lo prepararon. Las únicas sinceras fueron cuando estaba en problemas –– cuando lo cogieron manejando borracho o estaba fumando marihuana–– pero eso era lo que le estaban pidiendo que hiciera. Al final decidiste competir en Londres. ¿Fue la prueba en Pekín un factor determinante? Sí. Si me hubiera ganado el oro olímpico probablemente me habría retirado ese año. ¿Qué querías demostrar? ¿Deseabas el oro o sentirte bien nadando después de la operación en tu espalda en el 2010? Lo más importante fueron las ganas de demostrar que no estaba acabado. Los médicos y entrenadores me dijeron que no volvería a competir, así que para mí no era tanto sobre ganar el oro olímpico sino demostrar que estaban equivocados. Cualquier medalla me hubiera sido suficiente. Te quedaste cerca en la gran revancha, pero te fuiste sin medalla. La noche previa a la final fue la segunda vez en mi vida en que recé. No soy muy religioso, pero dije 'Dios, por favor, cuando acabé la prueba, gane o pierda, con medalla o sin ella, dame la paz para seguir con mi vida y seguir adelante'. Al día siguiente competí y miré los tiempos. Cuarta posición, busqué en la primera y allí estaba Michael Phelps. Me dije, bueno. Busqué al segundo y vi a Chad le Clos. Busqué al tercero y no lo podía encontrar. Al fondo del marcador estaba uno de mis compañeros de entrenamiento y amigo Yevgeny Korotyshkin. Él también tenía el segundo lugar al lado de su nombre. Cuando hay empate en la segunda posición se elimina el tercer lugar, así que por eso fui cuarto. Vi a Yevgeny celebrando, volví a repasar los tiempos y sentí nauseas. Para mí, ser cuarto es ser el primer perdedor. Siendo octavo al menos sabes que no tuviste la mínima posibilidad. Dos o tres semanas después de la carrera, seguía sin sentir nada. Fui a un psicólogo, que me dijo "¿Quieres volver a competir? y le respondí "No, no quiero". Él me preguntó que si había dado todo lo que podía y le dije que sí. Me miró y me dijo "yo creo que Dios respondió a tus plegarias, él te dio paz". De repente, mis ojos se abrieron y me di cuenta de que había estado en shock. ¿Qué rol tiene la natación en tu vida ahora? Nado dos veces por semana, pero me he engordado 30 kilos, porque me rehuso a seguir haciendo sacrificios, y el pan es una de mis cosas favoritas. Soy dueño de dos tiendas de artículos de natación en Serbia. También empecé un colegio de natación en serbia, pero en el 2014 se cerró y volví a Estados Unidos y encontré un trabajo en servicios financieros. Tuve un muy buen año, pero no era una vida que me apasionaba. Me enteré de que mi novia estaba embarazada y ahí supe que era momento de empezar con algo nuevo: aquí estoy de vuelta en Serbia, buscando algo que me apasione. Uno de los problemas más grandes es que los atletas quedan perdidos en sus carreras. Se le llama el síndrome del astronauta. Vas a la Luna y vuelves sabiendo más de lo que jamas imaginaste. ¿Cómo le encuentras significado a la vida, después de haber ido a la Luna o a los Olímpicos? Yo todavía estoy tratando de encontrarlo. ¿Qué le deseas a Phelps después de sus últimos Juegos Olímpicos? Lo mismo que deseo para mí: que encuentre algo que lo haga feliz, algo que le dé significado a su vida. Creo que tiene la capacidad de ser brillante en otras cosas. La pregunta es: ¿dejará el mundo que lo encuentre, le permitirán avanzar como persona y ser humano?
No les llame gais, llámelos heterosexuales flexibles. Están tan seguros de su identidad que no les importa de vez en cuando experimentar cosas diferentes Sí, ha leído bien: hombres que tienen sexo con otros hombres y no son homosexuales. Resulta más habitual de lo que algunos puedan pensar. La cosa es bien simple: un hombre heterosexual conoce a otro (en un bar, a través de una red social de contactos, da igual cómo) y deciden darse un revolcón. Es más, lo encuentran satisfactorio. Después, cada uno sigue con su vida perfectamente hetero, sin que el encuentro les haga dudar de su orientación. ¿Qué mueve a algunos varones a estas prácticas? Y, ¿por qué es incorrecto catalogarlos como gais? En nuestros días, la aceptación de la diversidad sexual es mucho mayor que en el pasado. “A medida que hay una mayor tolerancia todos salimos un poquito de nuestros armarios”, sostiene Joan Vílchez, psicólogo clínico, psicoterapeuta y sexólogo. “Hombres que no acaban de sentirse muy satisfechos pueden tener la ocasión de tener relaciones con otras mujeres, con un hombre o probar ciertas prácticas que en otros tiempos estaban más censuradas”. Para Juan Macías, psicólogo especializado en terapias sexuales y de pareja, “conceptos como heteroflexible o heterocurioso están permitiendo a los hombres explorar su sexualidad sin necesidad de cuestionar su identidad como heterosexuales”. Por otro lado, Internet facilita el contacto, que puede ser virtual o físico. La orientación sexual está construida socialmente, son categorías rígidas y excluyentes, con implicaciones que afectan a la identidad individual y social JUAN MACÍAS, PSICÓLOGO A los especialistas les parece lo más natural del mundo, parten de la premisa de que una cosa es la orientación sexual de un individuo y otra las prácticas que este lleve a cabo. “La orientación sexual”, explica Macías, “está construida socialmente, son categorías rígidas y excluyentes, con implicaciones que afectan a la identidad individual y social”. Forzosamente, uno debe encajar en alguna de estas tres clasificaciones: heterosexual, homosexual o bisexual. En cambio, “la práctica sexual es más flexible y más libre, es un concepto descriptivo. Se abre un espacio tremendamente sano en el que la exploración del deseo se libera de la identificación con una orientación sexual”,explica Macías. Es tan natural que viene de lejos. Que un hombre emparejado con una mujer tuviera un amante no era inusual en la antigua Roma. Por no hablar de las que se montaban en las bacanales. Y jóvenes de todas las épocas han recurrido a pasatiempos de difusa carga sexual. “En la adolescencia es bastante común que haya juegos de cierta genitalización: a ver quién mea más lejos, a ver quién la tiene más grande, hay tocamientos…”, indica Joan Vílchez. “No dejan de ser incursiones homosexuales, pero todavía predomina el modelo heterosexual y se realizan desde la transgresión propia de la juventud”, señala el psicólogo. Un nuevo modelo: SMSM En 2006, un estudio sobre la discordancia entre comportamiento sexual e identidad sexual realizado por investigadores de la Universidad de Nueva York (EE UU), halló que 131 hombres de los 2.898 analizados admitían tener relaciones con hombres pese a definirse como heterosexuales. En opinión de los expertos, representaban a un 3,5% de la población. Desde hace años, los médicos emplean las siglas HSH para referirse al conjunto de hombres (heteros o gais) que tienen sexo con hombres. Pero, recientemente, ha aflorado otro acrónimo más preciso para definir a este grupo: SMSM (straight men who have sex with other men, hombres hetero que tienen sexo con otros hombres). Portales web como Straightguise.com están consagrados a abordar el tema. El pasado julio se publicó en EE UU el libro Not gay: sex between white straight men (No gay: sexo entre hombres blancos heterosexuales), en el que la profesora Jane Ward, de la Universidad de California, se hacía este planteamiento: una chica hetero puede besar a otra chica, puede gustarle hacerlo y aun así se la sigue considerando hetero; incluso su novio puede animarla. Pero, ¿pueden los chicos experimentar esa fluidez sexual? ¿O besar a otro chico significa que son gais? La autora cree que estamos ante un nuevo modelo de heterosexualidad que no se define como lo opuesto o la ausencia de homosexualidad. “La educación de los hombres ha sido bastante homofóbica. Se les ha hecho creer que es antinatural tener esos impulsos hacia otros hombres”, explica Joan Vílchez. Probando, probando Las motivaciones, como es lógico, son múltiples. El perfil más extendido es el del explorador sexual: aquel a quien le gusta probar cosas nuevas. “Experimentar una relación homo le resulta novedoso, y aunque le gustase no podríamos decir que es homosexual, sino que le gusta esa práctica”, dice el doctor Pedro Villegas, médico de familia y sexólogo. El psicólogo Joan Vílchez comparte esa idea. “Está muy de moda la bisexualidad, y en realidad todos somos bisexuales: si cierras los ojos te costaría identificar quién te está acariciando, si es un hombre o una mujer. No hay un hombre que sea cien por cien homosexual ni cien por cien heterosexual”, sentencia. Otra de las causas es cierto desencanto con las mujeres, frecuente después de algunas rupturas matrimoniales. Joan Vílchez lo explica: “Cuando una pareja heterosexual está en crisis es habitual que algunos hombres sientan que no se entienden con las mujeres, que son incapaces de llevarse bien con ellas y es como que miran para otro lado. Se produce una especie de regresión, se vuelve a un estadio anterior en el que con los hombres se sentían bien juntos, como en la adolescencia. En muchos casos es una necesidad afectiva que sexual real”. De hecho, para este especialista, a veces estas relaciones eróticas esconden una necesidad de afecto que el hombre no está acostumbrado a expresar: “En los hombres hay mucha tendencia a genitalizar. Entre la cabeza y los genitales tenemos el corazón, que representa los sentimientos, y las tripas, que simbolizan los comportamientos más viscerales y las emociones más intensas, y es como si los hombres hubiéramos aprendido a hacer un baipás: pasamos de la cabeza directamente a los genitales sin acabar de vivir las emociones. A las mujeres, por tanta represión de su sexualidad y miedo al embarazo, les ocurre lo contrario: les cuesta mucho genitalizar. Para un hombre a veces es más fácil hacer eso que descargar emociones más sutiles o decirle a otro hombre: ‘Es que me siento inseguro, tengo miedo, me siento débil, no sé lo que quiero”. El impulso narcisista Entre los hombres heteros que se acuestan con hombres también hay muchos narcisistas. “Es aquel a quien le gusta que se fijen en él. Se da mucho en los gimnasios: le agrada despertar admiración y no le importa que provenga de hombres o mujeres”, apunta Eugenio López, psicólogo y sexólogo. Otros simplemente tienen ganas de ligar y acuden a garitos gais de sexo duro porque piensan que allí les resultará más fácil. Hay hombres heterosexuales que se enrollan con hombres porque les gusta; otros, porque no les queda más remedio: pensemos en aquellos privados del contacto con mujeres durante largas temporadas (¿eran gais los protagonistas de Brokeback Mountain?) “El ser humano se rige por sus pensamientos”, razona Eugenio López. “Y si cree que está perdiendo su sexualidad por la falta de una mujer, puede reafirmarla con otro hombre. Suelen empezar con un simple roce”. Si no hay conflicto, no hay problema Algunos de estos nuevos heterosexuales han podido sentir este tipo de impulsos en el pasado y no se han atrevido a dar el paso. “Luego llegan circunstancias de la vida que se lo ponen ahí en bandeja y deciden vivirlo, pero eso les genera un conflicto porque por una parte les proporciona placer pero por otra amenaza un poco su estatus y su imagen: ‘¿Soy o no soy?’, se preguntan”, comenta Joan Vílchez. También pueden sentirse confundidos aquellos que llegan al SMSM por la carencia de una figura paterna positiva en su infancia: “A veces, para reforzar su masculinidad, se integran en actividades ‘de hombres’ (fútbol, gimnasio) o tienen contactos sexuales con otros hombres, aunque lo que buscan es sobre todo comprensión y cariño”, agrega Vílchez. Los psicólogos están de acuerdo en que su intervención sobra, siempre que estas experiencias no provoquen un conflicto en el sujeto. “Si a él no le está fastidiando, ahí no hay nada que tratar”, concluye Pedro Villegas.

Los amantes del fútbol, así como recuerdan alguna gran jugada, gol o atajada, guardan en un espacio especial de sus memorias los capítulos de ‘Los supercampeones’, famoso anime que marcó la infancia de muchos y que está por volver por la puerta grande. Yoichi Takahashi, creador del manga original de ‘Los supercampeones’, confirmó que una nueva entrega de esta franquicia llegará a la pantalla chica y que ello sucederá semanas antes del inicio del Mundial Rusia 2018. La ocasión no podría ser más ideal para reencontrarse con Oliver Attom, Steve Hyuga, Benji Price, Tom Misaki y el resto de protagonistas de ‘Los supercampeones’, cuya historia se convirtió en el sueño anhelado de varias generaciones En ‘Los supercampeones’, Oliver Attom, bajo la instrucción del retirado futbolista brasileño Roberto Sedinho, comienza a pulir su talento para el fútbol, jugando primero en el Niupi para poco a poco ir subiendo peldaños para disputar la Copa del Mundo junto con la selección de Japón. A lo largo de la historia de ‘Los supercampeones’, Oliver Attom hace frente a difíciles rivales, siendo el más importante de ellos Steve Hyuga, pero al final junto a ellos conformará una selección japonesa capaz de medirse con cualquier rival del mundo. link: https://www.youtube.com/watch?v=gPLj-mxro9s El manga original de ‘Los supercampeones’, conocido también como ‘Capitán Tsubasa’, apareció en 1981 y daría el salto a la televisión, como anime, en 1983. En adelante se produjeron otras entregas más pero en formato de ovas (producciones hechas no para la televisión, sino para venderse VHS o DVD). Sin embargo, el regreso más memorable de ‘Los supercampeones’ fue en 2001 con ‘Captain Tsubasa Road To 2002’ (o ‘Supercampeones: Camino al Mundial’), en el cual la historia nos lleva hasta el momento en que Oliver Attom y sus amigos están a punto de disputar el partido inaugural del Mundial Corea-Japón 2002 ante Brasil. Lo que no se ha aclarado es si este regreso de ‘Los supercampeones’ en 2018 será una continuación de esa historia o será un remake completo de la serie que nos hizo soñar a todos con ser futbolistas.