spyalain
Usuario (Chile)
En este post vamos a descargar Sims 1 y todas sus expansiones, para esto necesitaran el WinRaR, El daemon tools y paciencia. Los Sims es una serie de videojuegos de simulación social, diseñados por Will Wright y desarrollados inicialmente por Maxis y posteriormente por diferentes sellos de Electronic Arts. Siempre son distribuidos por Electronic Arts. Es una de las series de videojuegos más exitosas de todos los tiempos. De hecho, el 6 de abril de 2008, la franquícia consiguió llegar a la asombrosa cifra de 100 millones de videojuegos vendidos en todo el mundo1 y es la franquícia de videojuegos de PC más vendida de la historia. Los videojuegos de esta serie carecen de objetivos definidos (excepto algunas expansiones que introdujeron ese estilo de juego). El jugador crea personajes llamados "Sims" e interactúa con ellos colocándolos en casas y ayudándolos a satisfacer sus estados de ánimo y tratando de cumplir sus deseos (o todo lo contrario). Los jugadores pueden colocar a sus Sims en hogares prefabricados o construirlos ellos mismos. Cada expansión aumenta sucesivamente lo que los jugadores pueden hacer con sus Sims. Ahora imagenes link: https://www.youtube.com/watch?v=pxRBqD-85Es la mejor parte Links Parte 1: www.megaupIoad.com/?d=RA268H5P Parte 2: www.megaupIoad.com/?d=JGK37HDK Parte 3: www.megaupIoad.com/?d=PWLWIDN8 Parte 4: www.megaupIoad.com/?d=2HF7SK63F Parte 5 : www.megaupIoad.com/?d=PPORKIK9 Parte 6: www.megaupIoad.com/?d=NMNB1YD Parte 7: www.megaupIoad.com/?d=IKD973HFC Parte 8 :www.megaupIoad.com/?d=CCGTH63 Parte 9: www.megaupIoad.com/?d=0L9J7H2JD Parte 10: www.megaupIoad.com/?d=3KS83NMX Parte 11: www.megaupIoad.com/?d=RATYJ6TGC Parte 13: www.megaupIoad.com/?d=OOPW4F Parte 14: www.megaupIoad.com/?d=OLKPW4F Parte 15: www.megaupIoad.com/?d=ÑSFSJ743 Parte 16: www.megaupIoad.com/?d=KIKIK821 Parte 17: www.megaupIoad.com/?d=76H63JNF Parte 18: www.megaupIoad.com/?d=OPQERA3 Parte 19: www.megaupIoad.com/?d=AMFIF83 Parte 20: www.megaupIoad.com/?d=AKDA83N _____________________________________________________________________________________________________________
La Sesión Entró el condenado. Eran tantas las penas que tenia por lo que había llegado a tomar esa decision, pero claro, siempre hay alguien que te impide incluso acabar con tu sufrimiento, como seguir atado a este mundo me hiciera sentir mejor. -Roger, ¿cierto?- dijo el psiquiatra mientras se sentaba, sin fijar la vista en mi. -Si- respondí secamente. -Bueno… creo que debo aclararte antes que nada que estoy aqui para ayudarte- exclamó el condenado. ¿Ayudarme? no creo que me puedan ayudar, tal vez si me facilitara unas tijeras o una navaja para acabar con mi sufrimiento me ayudaria, oh si, y claro que lo haria. -Bien. -Muy bien Roger, solo quiero que sepas lo que esta bien y esta mal ¿de acuerdo? -¿No se supone que deberia tener un expediente o alguna clase de papel que le indique algo sobre mi?- le respondí intentando desviar el tema. -Tal vez hijo- me dijo el psiquiatra con un susurro. Para ser psiquiatra se veia algo descuidado, nunca había visto a un psiquiatra que se deje crecer la barba tanto, y mucho menos uno que venga despeinado, pero bueno, tratar con locos tal vez lo terminara convirtiendo en uno, eso seria un buen pretexto. -A veces el perdón es la unica medicina que uno necesita, y aunque sea una de las mas dificiles de encontrar, es la más eficaz- me dijo el psiquiatra con esa mirada vacia que inundaba sus pupilas. -No necesito pedir perdón, no le he hecho daño a nadie, solo a mi- le dije al psiquiatra quien parecia estar algo cansado, quizas estrés laboral. -No tienes que pedir perdón, yo te perdono, solo queria hacerte saber eso- dijo el psiquiatra mientras pestañeaba continuamente, como para evitar dormirse. -¿Se siente bien?- le pregunte. -Si, solo que me quedan unos minutos- me respondió. El psiquiatra era algo extraño, su comportamiento, su forma de hablar. Lo había visto antes, lo juraba. -La vida es una, hijo, debes apreciarla, y no debes jugar con ella. -Si es mi vida tengo derecho a decidir que hacer, oiga, me meteran a un sanatorio ¿verdad?- le pregunte preocupado al psiquiatra. -No lo creo, aunque seria mejor que la cárcel- dijo el psiquiatra- solo quiero hacerte entrar en razón para que te des cuenta de lo que es el bien y el mal. -Esta bien, lo que hice estuvo mal, eso lo se, pero no me meteran a la cárcel por un intento de suicidio ¿verdad? -¿Suicidio?- pregunto el psiquiatra, quien parecio haberse despertado de ese sueño que lo seguia aturdiendo. Se guardo silencio por un momento, note que el psiquiatra queria decir algo pero estaba buscando palabras para hacerlo. -¿Eres conciente de que acabas de matar a 15 personas en un homicidio multiple?- pregunto el psiquiatra. -¿Que yo… que? ¿perdón?- respondi inmediato. Me sentia angustiado, me sentia agobiado por el ambiente, el silencio, la mirada vacia del psiquiatra, intentando adivinar lo que pensaba. En eso el psiquiatra me señalo a un escritorio de la habitacion. Ahí habia un periodico de hace dos días, donde aparecia yo en portada, y el titular de ”Asesinato brutal”. No necesite leerlo. Ya estaba empezando a recordar. Me quede en silencio un momento, ordenando mis pensamientos, entonces volvi y me sente frente al psiquiatra. -¿Te arrepientes?- me dijo el psiquiatra. -Si- dije con lagrimas en los ojos- se lo que hice, soy conciente de ello y merezco ir a prisión, no a un sanatorio, incluso un sanatorio seria un premio para alguien como yo. El psiquiatra me sonrió y asintio con la cabeza. -Entonces creo que mi trabajo termino, realmente estas arrepentido. Me quede mirando al psiquiatra aun con las lagrimas brotando de mis ojos, intentaba recordar de donde lo habia visto, o si lo habia conocido en algun momento de mi vida. Justo cuando hiba a preguntarselo, se abre la puerta de la habitacion. Entro otro psiquiatra con unos papeles en las manos, me miro y me saludo con una sonrisa. Cuando me di cuenta, el anterior psiquiatra habia desaparecido. -Muy bien, Roger ¿verdad?- me dijo el psiquiatra que acababa de entrar, ahora sentado frente a mi. -Ehmm… si… ehmm ¿adonde fue el otro psiquiatra?- le pregunte al nuevo psiquiatra que estaba al frente mio mientras buscando con mi vista alguna escapatoria a la habitacion que no fuera la puerta y por la que se haya escapado el psiquiatra. -Me temo que no se de que habla señor Roger, pero aclararemos tus dudas a lo largo de esta sesion, yo personalmente… -Escuche- le corté- antes de que usted entrara a la habitacion estaba hablando con otro psiquiatra, con barba, cabello largo y negro, algo despeinado, una mirada perdida, con ojeras, llebaba una bata blanca como usted, de este hospital, no me lo imagine si es lo que usted cree. El nuevo psiquiatra se quedo pensando. Entonces se paró y empezo a dar vueltas en la habitación. -¿Como era el?- me pregunto. -Era alto, cabello negro, tez trigueña, se veia cansado y estaba despeinado, no te miraba mucho a los ojos. -¿Andaba con un polo con cuello debajo de su bata?- pregunto el psiquiatra. -Si. -¿Y un jean negro? -Si, ¿quien era? En seguida el psiquiatra empezo a ojear el periodico que estaba encima del escritorio. -¿Es el?- me pregunto, señalando a una persona que aparecia en el periodico. -¡Si es el! -Imposible, el fue una de las victimas del homicidio que cometiste hace dos dias. Toc Toc Robinson Era una mañana de inverno, salí de la ducha, me vestí rápidamente, estaba muy ansioso por subirme al carruaje, hace tanto tiempo que no me subía a uno.... -Suba, Suba (Decía el conductor) -Sabe Usted que es un viaje muy importante verdad? -Si lo se, vamos directo a la casa de sus padres Mr..... -Robi....(Un Gran Trueno no me dejo terminar) -Bueno no importa (dijo el conductor) me lo dirá después. Subí al carruaje y emprendí mi viaje ademas del conductor me acompañaba un amigo llamado Howard.P.L; Pues el también tenia que ir por esos lares. Ya habían pasado unas 6 horas..... Cuando el conductor gira a la izquierda y.... -Ouhhh creo que no podremos pasar por aquí, la lluvia y los truenos de la mañana dejo este lugar hecho un desastre, tendremos que buscar una vía alternativa. -Cuanto tardara, le pregunte -unas horas mas o días si esto sigue así. -No te preocupes (dijo Howard) yo eh visto cosas peores esto no es nada. A Howard siempre le gusto la escritura, su mirada extrañada y nerviosa a veces confundía..... El conductor paro el carruaje.... -Bueno ya es muy tarde creo que tendremos que dormir en este lugar No nos quedo otra que dormir en el carruaje.... me quede dormido... Yo:Que es eso!? Howard: Que pasa Hombre me despertaste. Conductor: Vamos cállense los dos. Algo sonó entre las ramas de los arbustos que tan lejanos se veían Howard: Shhhh ya lo oí, debe ser una Conejo. Conductor:Un conejo? Genial iré a ver. El conductor fue hacia los arbustos, la neblina de la noche no me dejo verlo mas... Habra pasado 1 hora y media yo no podía dormir, Howard tampoco, Decidí ir a buscarlo, Howard se quedo cuidando el Carruaje. Me escabullí entre los arbusto, seguí avanzando..... ya lleva aproximadamente unos 15 minutos caminando cuando vi una roca con sangre, seguí unas gotas de sangre que habían en el piso, en ese momento sentí un Gemido, me agache, con mi mano empuje unas ramas que me tapaban la vista y vi al conductor tirado en el suelo, estaba sangrando, pensé en ayudarlo pero cuando lo iba a hacer, algo apareció, algo raro era un Humano pero estaba desfigurado, este precedió a enterrarle una piedra filada en el estomago del conductor u comerle todas la tripas, yo salí rápidamente del lugar llegue al Carruaje, HOWARD NO ESTABA! no me importo solo acelere los caballos y me fui, al dia siguiente encontre una nota en el carruaje. "Querido Robinson, probablemente cuando llegues al carruaje no me encuentres, pues te digo que encontré a mi hermano. ATTE: Howard Philip L." Pasaron un año, ya todo había acabado, pero nunca mas supe de Howard, era una mañana de invierno, me duche, me vestí recogí el periódico entre a mi casa, me senté en el sillón y vi en la portada del diario "Hombre cuenta la historia de su hermano perdido Al cual encontró hace 1 año" En el periódico decía "que el hermano de este joven había nacido con malformaciones genéticas, su Madre lo abandono junto con su hermano sano cuando ambos tenían 3 años a uno de los hermanos lo encontraron unos granjeros (el sano) pero al otro nunca lo encontraron, este hermano habría sobrevivido muchos años en el bosque, no sabia hablar y era caníbal ya que no tenia educación y conciencia era un pobre chico, pero hace un año su hermano HOWARD (en este momento yo me espante) lo encontró vagando por un bosque..." En ese momento alguien toco a la puerta "Toc Toc soy yo" mire por el ojo de Buey de la puerta era el caníbal. Autor: Spyalain o Alain El Sol Bajo las Nubes Claudio era un joven tímido de quince años, de los cuales los últimos cuatro los había dedicado exclusivamente a estudiar música en la casa de Monsieur Cottillard, un viejo maestro músico amante de la soledad y el piano. Durante los últimos cuatro años Claudio iba y venía de su casa a la del viejo Cottillard, sin siquiera voltear a ver el antiguo y enorme edificio de piedra que estaba justo frente a la angosta casa de su maestro. Se trataba del Liceo de Niñas, un colegio exclusivamente para las hijas de las más adineradas familias de la ciudad. Al viejo no le gustaba enseñar con las ventanas de su casa abiertas, excepto los días lluviosos, esos días Claudio tenía permitido acercarse un poco a la ventana que daba a la calle a practicar con su violín. Fue precisamente un día de lluvia que Claudio en un descanso de su práctica al mirar por la ventana descubrió el rostro más bello que jamás hubiese visto, unos grandes ojos castaños coronados con bellas y largas pestañas, cabello al color de la tierra mojada, pero lo que más le gustó de aquella niña fue su blanca e inmaculada palidez, la chica era de por si hermosa, pero era su blancura lo que dejó atónito a Claudio. Ese día el joven no dejó de pensar en aquella alumna del Liceo, volvió a su casa y practicó con su piano siempre pensando en ella. Al día siguiente Claudio buscó desesperadamente acercarse a la ventana, pero afuera no estaba lloviendo y su maestro le prohibió que la abriera. Esa tarde Claudio ejecutó el piano con demencial ira, Monsieur Cottillard quedó maravillado. Al día siguiente tampoco llovía sin embargo el sol estaba oculto tras gigantescas y espesas nubes, Claudio se molestó mucho, sabía que otra vez estudiaría con la ventana cerrada. Al llegar Claudio a la casona notó que la ventana estaba abierta, su pecho se agitó y sintió como su estómago se estremeció de alegría, subió velozmente las escaleras y buscó su lugar junto a la ventana. Monsieur Cottillard estaba de muy buen humor, incluso habló de la belleza del día y concedió a Claudio varios descansos. Por primera vez en cuatro años Claudio notó que no era la lluvia la que ponía de buen humor a Cottillard sino los días donde las nubes no daban oportunidad al sol brillar, se alegró. Justo a las 2 de la tarde pidió a su maestro un descanso, y se dirigió a la ventana con la esperanza de encontrarse con su amada niña. Después de buscarla de entre decenas de niñas que esperaban ser recogidas por sus padres en la banqueta al fin pudo ver a su amada, no fueron más de quince segundos, quince segundos donde la tierra se detuvo, 15 segundos donde su corazón se estrujaba desesperadamente en sus adentros. Por fin pudo verla dos días después de haberla visto y amado por primera vez. La hermosa niña subió a la parte trasera de un carruaje y desapareció de repente, Claudio volvió a sus lecciones, estaba contento, se le veía en la mirada, estaba tan emocionado que se equivocó una vez tras otra, despertando la ira de Monsieur Cottillard en múltiples ocasiones. El día siguiente nuevamente estuvo nublado y Claudio feliz, recorrió las calles rápidamente y llegó a la casa de su maestro, buscó su lugar y comenzó a practicar distraído y equivocándose una y otra vez. Cuando dieron las 2 de la tarde pidió su receso y se recargó viendo por la ventana, pasaban los segundos y Claudio más se desesperaba, hasta que decidió preguntar a Monsieur Cottillard si él sabía por qué no habían salido las niñas del colegio de enfrente. – ¡Es sábado atolondrado! –Respondió el viejo–. –Llevas años practicando y ¿no te habías dado cuenta que los sábados y los domingos el Liceo no abre sus puertas? –Menudo animal. Claudio tomó su violín y comenzó a tocar con tremenda furia, parecía que se encontraba poseído, como si el demonio mismo entrara en su cuerpo y le ordenara tocar las melodías más notables que Cottillard le hubiese escuchado jamás, de pronto el viejo recordó el día que al negarle abrir la ventana Claudio había tocado el piano como nunca antes. Ahí estaba Claudio con sus manos en el violín, su vista fija e imperturbable en el suelo, pero su pensamiento con ella, la niña de la ventana. Al terminar la lección Cottillard preguntó a su joven pupilo que era lo que buscaba en la ventana, Claudio respondió que nada, tomo sus cosas, se despidió de su maestro y salió corriendo de la habitación, pero unos segundos después volvió. – ¿Los domingos tampoco abren el Liceo? –Preguntó Claudio– – ¡No! –Respondió entre risas su maestro– Claudio sonrió y salió corriendo. Llegó el domingo y como todos los domingos Monsieur Cottillard dejó improvisar libremente a Claudio mientras él se dedicaba a otros asuntos en su casa. Claudio trataba de pensar en su amada, decidió improvisar una melodía en el piano, el hecho de ser domingo lo animaba pues mañana, si el sol se lo permitía vería otra vez aquellos alegres ojos y aquella piel delicada. Llegó el lunes, por suerte nublado y con lluvia. Claudio pidió su descanso a las dos en punto y Cottillard se sentó a observar al joven como agitadamente buscaba algo o a alguien en dirección a la puerta del Liceo, de pronto vio como Claudio se alejó de la ventana y buscó su lugar, con una sonrisa en la cara y la mirada perdida. Cottillard pidió a Claudio que le tocara algo, Claudio eligió una antigua sonata y no paró de equivocarse tanto que su maestro decidió interrumpirlo para platicar con él. –Estaba pensando en clausurar definitivamente esa ventana ¿Qué te parece? –Preguntó el viejo– Claudio guardó silencio, bajó su mirada y solo encogió los hombros. –Entonces, ¿no te importa? –Insistió Cottillard– Claudio no respondió, sintió mucho coraje e impotencia en ese momento, Cottillard notó que Claudio comenzaba a enojarse y sin perder más tiempo le dijo: –¡Toma tu violín, toca! Y comenzó Claudio a tocar a ratos sereno, a ratos furioso. Cottillard estaba conmovido con aquella melodía, definitivamente su discípulo empezaba a madurar en todos los sentidos. El día siguiente era un bello día soleado, Claudio estuvo molesto todo el mediodía hasta que dieron las dos y suplico por primera vez al maestro abrir la ventana, Cottillard aceptó bajo la condición de saber quién era la persona que despertaba tan desesperadamente el interés del joven músico. Claudio acepto y cuando llegó el momento con voz temblorosa dijo a su maestro. –Es ella. Cottillard observó a la bella joven, sin lugar a dudas era hermosa, volteó la mirada hacia su pupilo que estaba enternecido de ver a la joven. Cuando la hermosa joven hubo subido a su carruaje Cottillard tomó del Brazo a Claudio y lo guio al piano. Los días pasaron y de lunes a viernes Monsieur Cottillard daba permiso a Claudio de mirar a la bella estudiante aunque no estuviera nublado el día. Las semanas continuaban completándose incluso los meses y Claudio seguía admirando a la chica desde su ventana, la llamaba de mil formas: Samanta, Lucrecia, Aída, Brida…, notó que los días nubosos eran los mejores para verla, su piel brillaba fulgurante, irradiaba luz propia, como si se tratara de un pequeño sol, un sol bajo las nubes, y así decidió llamarla en delante, ”Sol”. Sol se había convertido en una chica popular de entre sus compañeras, Claudio podía notarlo desde hace algún tiempo, ahora se le veía más segura y alegre y por ende más hermosa a los ojos de Claudio. Mientras tanto el joven seguía creciendo como músico, ahora sus melodías eran brillantes, tanto que Cottillard llegó a pensar que ya no necesitaba más de él como maestro. Claudio buscaba la manera de que Sol lo notara, quería impresionarla pero no sabía cómo, ni siquiera sabía que le gustaba, no conocía su carácter, no conocía ni su nombre. Cuando Monsieur Cottillard se decidió a informarle a Claudio que estaba listo para dejar el nido que forjó su maestranza en la música, Claudio rechazó de forma enérgica la propuesta de su maestro. – ¿Cómo se atreve a decir que estoy listo? ¡Usted sabe que me falta trabajar, que no soy tan bueno y que necesito de usted! –Exclamó desesperado Claudio. –Lo que vos has venido a encontrar conmigo, ya lo has conseguido Claudio, de hoy en delante deberás forjar tu propia identidad, además yo ya hube enseñado todo lo que sé. –Puntualizó sereno el viejo maestro–. –Quiero que escribas una rapsodia a tu amada, vuelve cuando la hayas concluido. Ese será tu examen final. –Dio media vuelta y dejó el salón–. El miedo que le causaba no poder volver a ver a su Sol le estremecía el alma a Claudio. Todos los días se levantaba temprano, se dirigía hasta el liceo y desde un lejano árbol contemplaba a la joven a su llegada, más tarde regresaba a la hora de la salida. La desesperación le hizo acercarse cada vez más a Sol. Ahora acostumbraba salir de la esquina justo cuando su carruaje se detenía fuera de la puerta, sentía una gran angustia por no poder hablarle, incluso una mirada de ella le hacía bajar la cabeza y caminar apresuradamente, la amaba pero no soportaba siquiera su mirada. Claudio sentía un gran odio por sí mismo; por no superar su miedo a hablarle a la joven, el mismo se negaba la felicidad. Había terminado Claudio la Rapsodia que le encomendó su maestro sin embargo no podía entregarla todavía, no quería dejar de tener una excusa para ver a Sol. El nuevo día estaba lluvioso desde muy temprano, Claudio encontró la excusa perfecta para acercarse a Sol, llevó su paraguas con él y salió de su casa agitado, por fin podría acercarse e incluso cruzar palabra con la bella joven. Esperó a la vuelta de la esquina hasta ver el carruaje de Sol acercarse, comenzó a caminar, al acercarse el carruaje a la puerta comenzó a caminar más despacio, entonces la puerta se abrió y Sol saco una pierna dispuesta a salir. –¡Use mi paraguas, señorita! –Gritó con algo de miedo Claudio– –¡Gracias señor, voy a correr! –Respondió la joven y echó a correr hasta el pórtico del Liceo–. Claudio se quedó allí parado sin decir nada, le había costado mucho trabajo poder hablarle, y las primeras palabras que le dirigía eran de rechazo. Se sintió muy avergonzado pudo sentir las miradas de las demás niñas como piquetes de agujas en la espalda. Regresó a casa deprimido, llorando de pena. Buscó el abrecartas de su papá y subió a su cuarto, se paró frente a su espejo, escuchaba las palabras de Sol una y otra vez cada vez más insistentemente, escuchaba la melodía que había compuesto para ella, estaba aturdido, tomó el abrecartas y amagó atravesarse el pecho con él. De pronto los ruidos cesaron, las voces, la música, se vio parado frente al espejo con los ojos llorosos y rojos, y sintió vergüenza. La mañana siguiente tomó las partituras de su rapsodia las introdujo en un sobre, y salió con destino al Liceo como todos los días. Un frío intenso le recorría la cabeza y el miedo se había ido. Esperó paciente la llegada de la muchacha. Cuando el carruaje llegó se dirigió a la puerta del Liceo y esperó. La joven salió por fin del carro, pasó indiferentemente a su lado, de pronto escuchó un grito: – ¡Sol! La joven volteó repentinamente y un abrecartas se introdujo en su pecho una vez tras otra, su última imagen fue la cara encendida de ira de su asesino. Diecisiete veces entró el metal en el cuerpo de la joven, uno por cada año de su vida, el color de la sangre teñía el suelo. Algunos días después llamaron a la puerta de Monsieur Cottillard, era la policía. –¿Es usted Bertrand Cottillard? –Preguntó uno de los dos policías que estaban parados frente a su puerta– –Sí señor, ¿en qué puedo ayudarlos? –Queremos entregarle este sobre; usted aparece como destinatario, pertenecía a Claudio Romano, el asesino del Liceo, como ya debe saberlo él se encuentra internado en el manicomio, ese chico sí que está desequilibrado, usted que lo conoció, ¿era él un muchacho malvado como se dice? – ¿Es cierto que hablaba con los espíritus? Necesitamos saberlo, no podemos dejar que algo parecido vuelva a ocurrir –Interrumpió el otro policía– –Si, yo tengo dos hijas, no quiero ni pensar lo que sería capaz de hacer si algo les pasara –continuó el primero– –¿tienen los señores algún otro asunto que tratar conmigo? –Preguntó molesto Cottillard– –No, ya nos marchamos, cuídese viejo amigo, yo tendría precaución con ese sobre –dijo con una mueca burlona el policía–. Dieron media vuelta y se marcharon. Cottillard abrió el sobre, sacó las partituras, y notó un papel al fondo del sobre, lo tomó y lo leyó. “Maestro usted sabe bien que la amaba, no deje que su melodía muera, allí viviremos los dos para siempre”.
Mírame y reconóceme Mirar por la ventana es lo que más nostalgia me trae, recuerdo esos días de pequeño donde salía por las calles a tomar aire y despejarme del universo, cuando mi padre vivía en este mundo, antes de que ese accidente le desfigurara la cara, pero como sabemos las cosas cambian, a veces la vida nos da una lección, a veces somos demasiado egoístas con nosotros mismos y demasiado ciegos para lo demás… 22 de septiembre del 2014 -¿Mamá me dejaste comida? |-Sí, está en la alacena, necesitas calentarla, por cierto, esta vez tengo un turno más largo, así que no te preocupes por la hora y recuerda alimentar a tu hermano. -Está bien, ¿hoy tiene que ir al jardín? |-No, okey…, adiós. Muy bien tengo suficiente tiempo para….hacer…nada, así es la vida buena, (es lo que decía yo) muy bien vamos a ver…. Ana se hizo amigo de Sebastián, Ana te ha enviado un mensaje, bah… que novedad, zorra… Estaba en eso cuando escuche a mi perro aullar… -¡¿Frodo, que mierda haces!? Para tu escándalo, no vez que trato de…. Hacer… ¡algo! vaya perro que le habrá pasado… eh… hermano, ¿quieres algo de beber? |-No puedo -¿porque no puedes? |-Es que tú sabes, a memo no le gusta que seas así, él tiene la cara… -¿Quién? ¿Tu muñeco de mierda ese? Pero mira si es una basura, no sé cómo aun juegas con él, además de tener una cara de mierda… |-¡Cállate! ¡Tú no sabes nada! -¡Vete a tu habitación mejor….! estos niños de hoy en día juegan con cualquier estropajo, muy bien en que estaba yo, a si verdad, Ana, muy bien… |-Hey… -¿Quien dijo eso? |-De...Detrás, aquí, tú sabes, ¡cállate!, estoy aun… -¿Pero qué carajos es esto? ¿Eh basura eres tú? Si tratas de asustarme porque te enojaste créeme que saldrás perdiendo. |-Vamos, no tengas miedo, búscame, re…reconóceme En eso llega mi hermano pequeño a la habitación |-Hermano, no puedo encontrar a memo… -Creo que ya lo encontré…. a veces es curioso cómo pasan las cosas, un día recuerdas y añoras algo que se fue y que crees que no volverá, te dicen de pequeño que debes dejar libre si amas pero que pasa cuando este vuelve a ti y te abraza sin soltarte, al principio me asuste luego sentí lastima, era la misma cara que vi cuando pequeño, ¿no es así papá….? -Cla….cla…ro que sí. Dijo memo.