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specter789

Usuario (Ecuador)

Primer post: 6 ene 2012Último post: 27 abr 2012
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Los 10 asesinos más jovenes
InfoporAnónimo3/13/2012

Ola T! Hoy les Traigo un Rankin de los 10 Assesinos Mas Jovenes Aki Sta! 10. Eric Smith 22 de Enero de 1980 A sus 13 años, Eric Smith sufría acoso escolar debido a sus gruesas gafas, pecas, pelo rojo y orejas de peculiar forma. Se piensa que estos rasgos podrían ser un efecto secundario de la medicina que su madre tomaba para la epilepsia estando embarazada. Smith fue culpado del asesinato de un niño de 4 años llamado Derrick Robie. El pequeño fue estrangulado, golpeado en la cabeza con rocas de gran tamaño y sodomizado con un palo. Cuando le preguntaron por qué lo hizo, Smith no pudo dar una respuesta definitiva. Un psiquiatra diagnosticó a Smith con trastorno explosivo intermitente, una condición en la que la persona no puede controlar su propia rabia interior. Smith fue juzgado como adulto y fue a prisión. A día de hoy, Eric Smith sigue en prisión y se le ha sido denegada la libertad condicional 5 veces, la última vez el año pasado. 9. Joshua Phillips 17 de Marzo de 1984 Lo que empezó como una limpieza rutinaria terminó con un niño de 14 años llamado Joshua Phillips siendo juzgado por asesinato. Su madre fue a limpiar su habitación una mañana después de que Phillips se fuera a la escuela. La señora Phillips se dio cuenta de que había un charco junto a la cama de agua de su hijo, y pensó que habría una fuga. Mientras investigaba alrededor buscando un agujero, encontró unas cuantas bandas de cinta aislante uniendo una rotura. Lo primero que pensó fue que su hijo la habría roto y no quería meterse en problemas. Empezó a quitar cinta aislante y descubrió que detrás había una toalla enrollada, y al quitarla sintió algo más detrás. Ahí fue cuando descubrió el cuerpo sin vida de Maddie Clifton, una vecina de 8 años que llevaba desaparecida 7 días. La gente del barrio, especialmente los padres del niño, apenas podían creer que aquel chico había matado a Clifton. Phillips incluso se unió como voluntario en la búsqueda de la niña desaparecida. Como era menor de 16, no pudo ser condenado a pena de muerte. Pero fue encarcelado de por vida sin posibilidad de condicional. A día de hoy, Phillips aún no ha hablado sobre los motivos que lo llevaron a asesinar a la niña. Él dijo que la golpeó sin querer con una pelota de béisbol, se desmayó, más tarde se dio cuenta de que estaba fría y asustado, escondió su cuerpo, pero el juzgado no se creyó esta historia. 8. George Stinney 21-10-1929 a 16-6-1944 En junio de 1944, George Stinney (14 años) batió el record de ser la persona más joven en ser ejecutada legalmente en los Estados Unidos en el siglo XX. George fue declarado culpable de las muertes de dos niñas llamadas Betty Jane Binnicker (11) y Mary Emma Thames (8), ambas fueron encontradas en un agujero mal cavado. Las niñas sufrían varias fracturas de cráneo hechas con un trozo de vía de ferrocarril arrancado, y que fue encontrado cerca del enterramiento. George confesó los crímenes, y dijo que había intentado tener relaciones sexuales con Betty, pero ésta se negó y terminó matándola a ella y a su amiga Mary Emma. Fue juzgado como adulto y condenado a morir en la silla eléctrica; la sentencia no fue recurrida porque su familia no tenía dinero para continuar con el procedimiento. 7. Lionel Tate 30 de enero de 1977 Kathleen Grossett-Tate estaba cuidando a Tiffany Eunick, la hija de una amiga. Esa tarde la madre de Tiffany la dejó en casa de Kathleen, y dijo que la recogería unas horas más tarde. Esa noche, Kathleen se quejó de dolor de cabeza y fue al piso de arriba a acostarse un rato dejando a la pequeña en compañía de su hijo de 14 años Lionel Tate mientras veían la tele. Sobre las 10 de la noche, escuchó un alboroto y gritó que se estuvieran quietos, pero no fue a comprobar el motivo de los gritos, simplemente pensó que estarían jugando. 45 minutos más tarde Lionel subió y dijo a su madre que la niña no respiraba. Explicó que habían estado jugando a luchar, cuando la niña tropezó y se golpeó la cabeza con la mesa. La autopsia reveló que el hígado de la niña había sufrido daños producto de los golpes que recibió. A parte de eso, su cráneo y dos costillas estaban partidas, y otras 35 lesiones por todo el cuerpo. Tate cambió su testimonio más tarde diciendo que la niña se cayó por las escaleras. Por esto, fue sentenciado a cadena perpetua sin libertad condicional en 2001, pero su sentencia fue cambiada, ya que su abogado determinó que las pruebas mentales pertinentes no habían sido realizadas, ni antes ni durante el juicio. Por lo que fue puesto en libertad en 2004. En 2005, fue capturado por atraco con arma de fuego a un repartidor de pizzas a quien le robó el dinero que llevaba y un pedido por valor de 33 dólares que iba a entregar. Ernest Gallardo llamó a la policía, pero no encontraron arma de fuego en su posesión ni los bienes robados. Más tarde confesó haberlo hecho y fue juzgado culpable de robo con intimidación, posesión ilegal de armas y violación de su periodo de prueba. Por lo que fue condenado a 30 años de prisión. 6. Barry Dale Loukaitis En febrero de 1996, un tiroteo en Frontier Middle School en mitad de la clase de álgebra acabó con la vida de dos estudiantes y un profesor, más algunos otros alumnos en estado crítico. La persona acusada fue un niño de 14 años llamado Barry Dale Loukaitis, que experimentó delirios mesiánicos antes de disparar. Barry estaba vestido como un pistolero del Lejano Oeste y armado con un rifle de calibre .30-30, una pistola de calibre .357 y una pistola de calibre .25 pertenecientes a su padre. Los estudiantes fueron retenidos y amenazados con otro tiroteo durante 10 minutos hasta que un ayudante de gimnasio engañó al chico y lo redujo. Se cree que, tras la historia de los trastornos mentales en su familia, Barry fue influenciado por el videoclip de Pearl Jam, "Jeremy". El vídeo muestra un joven cometiendo suicidio en frente de sus compañeros de clase y profesor. También consta en los informes que dijo "This sure beats algebra, doesn't it?" a sus compañeros presos del pánico. Esta frase, es una cita de un libro de Stephen King "Rage" en el cual, el protagonista mata a dos profesores de álgebra. Barry se enfrenta actualmente a dos sentencias de cadena perpetua y 205 años de prisión adicionales. 5. Craig Price Joan Heaton (39), junto con sus dos hijas, Jennifer (10) y Melissa (8) fueron encontrados sin vida, y en medio de un gran charco de sangre en su casa en Septiembre de 1989. Fueron apuñaladas tan brutalmente que el cuchillo se rompió en el cuello de Melissa. La policía informó que Joan tenía aproximadamente 60 puñaladas por todo el cuerpo, mientras que las niñas tenían 30 cada una aproximadamente. Las autoridades estaban seguras de que se trataba de un intento de asalto; el cuchillo usado era de la misma cocina de Heaton, usado por ella misma para intentar defenderse del ladrón, pero que acabó arrebatándoselo y usándolo contra ellas. Se creía también que el asesino debía haber sido alguien de la vecindad, que también había sufrido alguna herida en en forcejeo debido a la fuerza y el ángulo empleado en las puñaladas. Craig fue avistado por la policía con unas vendas en su mano, pero dijo que se había pillado la mano con la ventanilla de su coche. La policía no le creyó. Le investigaron y acusaron después de encontrar varios objetos personales manchados de sangre en su casa. Más tarde admitió el crimen, y otro asesinato que tuvo lugar dos años antes en el mismo barrio. Las autoridades ya sospechaban de esto al tratarse de un caso muy parecido. Craig fue juzgado y a día de hoy aún se encuentra en prisión. 4. Graham Young Desde muy temprana edad, Graham Young había estado fascinado por la química, y los efectos de las sustancias en el cuerpo humano. Su otro gran interés, era idolatrar asesinos tales como Dr. Hawley, Crippen, Willam Palmer o Adolf Hitler entre otros. Young empezó a experimentar con sustancias cuando tenía 14. Normalmente mentía sobre su edad, y cuando compraba sus ingredientes decía que eran para un experimento de clase. Su familia y amigos fueron sus víctimas. Su padre se puso enfermo, originalmente pensó que se trataba de un virus. Después, la misma enfermedad atacó a su madrastra y hermana. Los tres sufrían de diarrea, vómitos y dolores corporales continuos. En 1962, la madrastra de Young murió por envenenamiento. A los 14 años, Young ya sabía sobre química más que un licenciado universitario, todo aprendido por sí mismo en libros de la biblioteca. A veces, su propio veneno le afectaba a él, cuando se olvidaba en cuales alimentos lo había puesto y en cuales no. Young fue descubierto por un profesor que inspeccionó su taquilla tras un día de case, sospechoso por la actitud del muchacho, que sugería realizar extraños experimentos químicos. El profesor encontró botellas con veneno, artículos sobre prisioneros famosos por asesinatos, y bocetos de dibujo de personas moribundas. Ante tal descubrimiento llamó a la policía. Young fue enviado a un hospital mental de máxima seguridad, pero eso no le detuvo a la hora de seguir probando sus venenos en el personal del hospital y sus compañeros internos (uno de los cuales murió). Su conocimiento era tan extenso que podía extraer cianuro de hojas de laurel. Young fue puesto en libertad a los 23 años, su hermana le acogió en casa. Su obsesión por el veneno continuó, ahora, sus víctimas eran compañeros de trabajo. Young fue posteriormente mandado a prisión al ser detenido en posesión de antimonio, talio y aconitina, donde murió de un infarto años más tarde. 3. Jesse Pomeroy 1859 - 1932 Nacido en Noviembre de 1859 en Massachusetts, ha sido la persona más joven en ser acusada de asesinato en primer grado en la historia de Massachussets. Pomeroy empezó sus crueles actos contra otros niños cuando tenía 11 años. En una ocasión, se descubrió que había secuestrado a 7 niños, los había atado y torturado hiriendo sus brazos y piernas con cuchillos, y clavándoles agujas por el cuerpo. Fue descubierto y enviado a un reformatorio, donde se supone que debía salir a los 21, pero que fue puesto en libertad después de un año debido a su buen comportamiento. Tres años más tarde, secuestró y mató a una niña de 10 años llamada Katie Curran, y fue también acusado del asesinato de un niño de cuatro años cuyo cuerpo mutilado fue encontrado en la bahía de Dorchester. Aunque hay falta de evidencia que señalen que Pomeroy fue el causante de la muerte del niño, fue declarado culpable de la muerte de Katie Curran cuando la policía la encontró muerta en el sótano de la tienda de ropa de la madre de Jesse donde estaba parcialmente cubierto por un montón de cenizas. Fue sentenciado a cadena perpetua, y enviado a prisión donde murió a los 72 años. 2. Jon Venables y Robert Thompson agosto de 1982 La madre de James Bulger estaba en la carnicería de un supermercado comprando cuando, en un descuido, el cochecito con su hijo de dos años desapareció. Jon y Robert, que solían frecuentar el supemercado cuando hacían novillos, robando dulces y jugando en las escaleras mecánicas hasta que los echaban de allí fueron los que secuestraron al bebé. Los niños tuvieron la idea de poner al bebé enmedio de la carretera para que lo atropellase un coche. En el informe consta que ambos hicieron un itento de secuestro similar antes de James, que no llegó a llevarse a cabo porque la madre se dio cuenta de que su hijo faltaba inmediatamente y los persiguió antes de perderlos de vista. Anduvieron dos millas, en las que mientras, ambos golpearon, patearon, y levantaron a James sobre sus cabezas para dejarlo caer al suelo. Algunos de estos actos fueron presenciados por diversos peatones que los ignoraron pensando que eran hermanos del niño. Jon y Robert pusieron a James enmedio de la vía del tren, donde le arrojaron pintura a los ojos, le tiraron piedras, y lo golpearon con palos y una barra de hierro. También introdujeron un palo por el ano del bebé y dejaron su cuerpo enmedio de la vía, cubriéndolo con ladrillos cuando pensaron que ya había muerto. James murió poco tiempo después, antes de que el siguiente tren pasase y le golpeara. 1. Mary Bell 26 de mayo de 1957 Brian Howe (4) fue encontrado muerto, cubierto de hierba y plantas arrancadas, días después de la muerte de Martin Brown (3), que murió de asfixia. Su pelo había sido parcialmente arrancado, tenía heridas de cuchillo en sus piernas, y sus genitales habían sido mutilados. Aparte, una letra M había sido escrita en su estómago con el filo de un cuchillo. Cuando la investigación se centró en Mary Bell, ella misma se implicó describiendo en detalle un par de tijeras rotas con las que había estado jugando Brian, según Bell. La familia de Mary fue encontrada responsable de su comportamiento. Su padre, o quien ella pensaba que era su padre, ya que su padre biológico es desconocido, Billy Bell era un criminal habitual que había sido arrestado por robo con intimidación. Mary dijo que su madre Betty, que era prostituta, la había forzado a tocar sexualmente a algunos de sus clientes desde que tenía 4 años. Mary terminó en un reformatorio en el que ella era la única chica a la edad de 11 años. Fue puesta en libertad 23 años más tarde en los que luchó por su anonimato y el de su propia hija. Dejen Puntos! Gracias!

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Las 10 Serpientes más venenosas del mundo
Las 10 Serpientes más venenosas del mundo
InfoporAnónimo3/13/2012

Ola T! Visiten Mis Otros Post! Los 10 Asesinos Mas Jovenes El Rankin de las 10 Serpientes mas Venenosas del Mundo! 1.- Taipán Los taipanes pueden alcanzar de 2 a 3,60 metros de longitud. El taipán de la costa es usualmente de color marrón pálido a oscuro, decolorando a un lateral crema, aunque los juveniles son de color más claro. El taipán papuano es negro o gris púrpura, con una raya de color cobrizo en su parte posterior.Esta serpiente es una de las más agresivas que nos podemos encontrar y posee veneno para matar hasta 120 personas. Habita en el norte de Australia y en Nueva Guinea. 2.- Krait Común o Bungarus Estas especies miden usualmente entre 1 y 1,5 m de largo, aunque se han observado especímenes de hasta 2 m. El Bungarus fasciatus puede crecer hasta 2.5 m. La mayoría de estas serpientes están cubiertas de suaves y brillantes escamas organizadas alternando áreas con escamas negras y otras con escamas de colores claros. Esto les permite tener camuflaje en su hábitat natural, las praderas y los matorrales. Las escamas en el borde dorsal de son hexagonales. La cabeza es aplanada y los ojos tienen pupilas redondas. Presentan un achatamiento dorso-lateral pronunciado, y son triangulares en su sección transversal. La cola se reduce a un delgado punto. Es una de las serpientes que posee un veneno más mortal , puesto que sólo una de cada diez personas sobreviven a su picadura. 3.- Cobra Filipina Esta serpiente se encuentra en filipinas apesar de ser pequeña su veneno es totalmente mortifero.como el resto de las cobras,se les reconoce facilmente por la estructura que adopta cuando se siente amenazada.Esta serpiente es de pequeñas dimensiones, puesto que su máximo tamaño no suele superar el metro. El veneno de esta serpiente provoca la muerte por paro respiratorio. 4.- Cobra Real Su colororación suele ser parda u olivácea, a veces amarillenta, con parches ventrales de un color más claro; las escamas de la cabeza están orladas de negro. Posee un tamño de entre 3,5 y 4 m de longitud media (tamaño máximo, cerca de 6 m) lo que la vuelve por obvia razón la serpiente venenosa más grande del mundo. Su peso suele variar, un ejemplar bien nutrido, de 4,7 m de longitud, pesa unos 12 kg en promedio. La cobra real suele ser muy agresiva cuando se le molesta, aunque se sabe que ellas evitan la presencia humana escapando de ésta cuando tengan la oportunidad.El veneno provoca daños neuronales que aparecen a los 30 minutos de la picadura. 5.- Víbora de Russell Esta serpiente alcanza una longitud máxima de 166 cm (5.5 ft) y el promedio es de alredecor de 120 cm (4 ft) en poblaciones continentales de Asia, aunque las poblaciones insulares no alcanzan ese tamaño.La cabeza es aplanada, triangular, y diferenciada del cuello. El hocico es embotado, doblado y levantado. Las fosas nasales son grandes, en medio de una escama nasal única y grande. El borde inferior de la nasal toca la nasorostral. La supranasal tiene una fuerte forma creciente y separa la nasal de la nasorostral anteriormente. La rostral es tan amplia como alta.Es la serpiente que provoca más muertes en el mundo por sus ataques al cabo del año, puede llegar a provocar la muerte en 15 minutos. 6.- Mamba Negra Con una longitud promedio de 2,5 m, puede alcanzar los 4,5 m. Su nombre se debe al color negro dentro de su boca; pudiendo variar el color de su piel de verde amarillento a un gris metalizado. Es una de las serpientes más rápidas del mundo, capaz de moverse de 16 a 20 km/h. Pesa en promedio 1.6 kilogramos y viven aproximadamente 11 años.Esta serpiente vive en África, y tiene una característica que la hace especialmente más peligrosa, puesto que es la serpiente terrestre más rápida, además puede alcanzar hasta los tres metros. 7.- Serpiente Terciopelo ó hierro de lanza Es una serpiente venenosa y muy nerviosa. Normalmente miden unos 1,40 a 2,10 metros, los machos nunca alcanzan mas de 1,95 metros. Estas serpientes se encuentran en América Central y en Sudamérica.Su veneno provoca trastornos de coagulación, pérdida de volumen sanguíneo, fallos cardíacos y fallos renales. 8.- Krait Rayada Provoca la muerte en unas 20 horas. Su veneno provoca daños neurológicos. 9.- Serpiente Tigre La longitud total puede ser de hasta 2,10 metros (7 ft). El modelado es bandas más oscuras, fuertemente contrastantes o indistinto, las cuales son pálidas a muy oscuras en color. La coloración se compone de oliva, amarillo, naranja-marrón, o negro azabache; el lado inferior de la serpiente es más claro y amarillo o naranja. La serpiente tigre usa veneno para despachar a su presa, y puede morder a un agresor; son potencialmente fatales para los seres humanos[.Su veneno provoca trastornos neuronales de diversos tipos que se manifiestan a los 15 minutos de la mordedura/align] 10.- Yarará Cuzú Su veneno provoca la muerte de las fibras musculares, hemorragias e inflamación general. Puede llegar a medir hasta tres metros de longitud. Gracias x Leer,Dejen Puntos,Comenten!

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Romeo y Julieta
Apuntes Y MonografiasporAnónimo2/11/2012

Ola T! Aqui les Traigo un Post con el Guion de la famosa Novela Romeo y Julieta Wlliam Shakespeare Romeo y Julieta PERSONAJES ESCALA, Príncipe de Verona. PARIS, pariente del Príncipe. MONTESCO. CAPULETO. Un viejo de la familia Capuleto. ROMEO, hijo de Montesco. MERCUTIO, amigo de Romeo. BENVOLIO, sobrino de Montesco. TEOBALDO, sobrino de Capuleto. FR. LORENZO, FR. JUAN, de la Orden de San Francisco. BALTASAR, criado de Romeo. SANSÓN, GREGORIO, criados de Capuleto. PEDRO, criado del ama de Julieta. ABRAHAM, criado de Montesco. Un boticario. Tres músicos. Dos pajes de Paris. Un Oficial. La señora de Montesco. La señora de Capuleto. JULIETA, hija de Capuleto. El ama de Julieta. CIUDADANOS de Verona, ALGUACILES, GUARDIAS, ENMASCARADOS, etc., CORO La escena pasa en Verona y en Mantua PRÓLOGO CORO.- En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores, dos familias rivales igualmente nobles habían derramado, por sus odios mutuos, mucha inculpada sangre. Sus inocentes hijos pagaron la pena de esos rencores, que trajeron su muerte y el fin de su triste amor. Sólo dos horas va a durar en la escena este odio secular de razas. Atended al triste enredo, y supliréis con vuestra atención lo que falte a la tragedia. ACTO PRIMERO ESCENA PRIMERA ESCENA I Calle (CAPULETO, PARIS y un CRIADO) CAPULETO.- La misma orden que a mí obliga a Montesco, y a nuesfra edad no debía ser difícil vivir en paz. PARIS.- Los dos sois iguales en nobleza, y no debierais estar discordes. ¿Qué respondéis a mi petición? CAPULETO.- Ya he respondido. Mi hija acaba de llegar al mundo. Aún no tiene más que catorce años, y no estará madura para el matrimonio, hasta que pasen lo menos dos veranos. PARIS.- Otras hay más jóvenes y que son ya madres. CAPULETO.- Los árboles demasiado tempranos no prosperan. Yo he confiado mis esperanzas a la tierra y ellas florecerán. De todas suertes, Paris, consulta tú su voluntad. Si ella consiente, yo consentiré también. No pienso oponerme a que elija con toda libertad entre los de su clase. Esa noche, según costumbre inmemorial, recibo en casa a mis amigos, uno de ellos vos. Deseo que piséis esta noche el modesto umbral de mi casa, donde veréis brillar humanas estrellas. Vos, como joven lozano, que no holláis como yo las pisadas del invierno frío, disfrutaréis de todo. Allí oiréis un coro de hermosas doncellas. Oídlas, vedlas, y elegid entre todas la más perfecta. Quizá después de maduro examen, os parecerá mi hija una de tantas. Tú (al criado) vete reco rriendo las calles de Verona, y a todos aquellos cuyos nombres verás escritos en este papel, invítalos para esta noche en mi casa. (Vanse Capuleto y Paris.) CRIADO.- ¡Pues es fácil encontrarlos a todos! El zapatero está condenado a usar la vara, el sastre la horma, el pintor el pincel, el pescador las redes, y yo a buscar a todos aquellos cuyos nombres están escritos aquí, sin saber qué nombres son los que aquí están escritos. Denme su favor los sabios. Vamos. CRIADO.- Buenos días. ¿Sabéis leer, hidalgo? ROMEO.- Ciertamente que sí. CRIADO.- ¡Raro alarde! ¿Sabéis leer sin haberlo aprendido? ¿Sabréis leer lo que ahí dice? ROMEO.- Si el concepto es claro y la letra también. CRIADO.- ¿De verdad? Dios os guarde. ROMEO.- Espera, que probaré a leerlo. “El señor Martín, y su mujer e hijas, el conde Anselmo y sus hermanas, la viuda de Viturbio, el señor Plasencio y sus sobrinas, Mercutio y su hermano Valentín, mi tío Capuleto con su mujer e hijas, Rosalía mi sobrina, Livia, Valencio y su primo Teobaldo, Lucía y la hermosa Elena.” ¡Lucida reunión! ¿Y dónde es la fiesta? CRIADO.- Allí. ROMEO.- ¿Dónde? CRIADO.- En mi casa, a cenar. ROMEO.- ¿En qué casa? CRIADO.- En la de mi amo. ROMEO.- Lo primero que debí preguntarte es su nombre. CRIADO.- Os lo diré sin ambages. Se llama Capuleto y es generoso y rico. Si no sois Montesco, podéis ir a beber a la fiesta. Id, os lo ruego. (Vase.) BENVOLIO.- Rosalía a quien adoras, asistirá a esta fiesta con todas las bellezas de Verona. Allí podrás verla y compararla con otra que yo te enseñaré, y el cisne te parecerá grajo. ROMEO.- No permite tan indigna traición la santidad de mi amor. Ardan mis verdaderas lágrimas, ardan mis ojos (que antes se ahogaban) si tal herejía cometen. ¿Puede haber otra más hermosa que ella? No la ha visto desde la creación del mundo, el sol que lo ve todo. BENVOLIO.- Tus ojos no ven más que lo que les halaga. Vas a pesar ahora en tu balanza a una mujer más bella que ésa, y verás cómo tu señora pierde de los quilates de su peso, cotejada con ella. ROMEO.- Iré, pero no quiero ver tal cosa, sino gozarme en la contemplación de mi cielo. ESCENA II En casa de Capuleto (La señora de CAPULETO y el AMA) SEÑORA.- Ama, ¿dónde está mi hija? AMA.- Sea en mi ayuda mi probada paciencia de doce años. Ya la llamé. Cordero, Mariposa. Válgame Dios. ¿Dónde estará esta niña? Julieta... JULIETA.- ¿Quién me llama? AMA.- Tu madre. JULIETA.- Señora, aquí estoy. Dime qué sucede. SEÑORA.- Sucede que... Ama, déjanos a solas un rato. .. Pero no, quédate. Deseo que oigas nuestra conversación. Mi hija está en una edad decisiva. AMA.- Ya lo creo. No me acuerdo qué edad tiene exactamente. SEÑORA.- Todavía no ha cumplido los catorce. AMA.- Apostaría catorce dientes (¡ay de mí, no tengo más que cuatro!) a que no son catorce. ¿Cuándo llega el día de los Angeles? SEÑORA.- Dentro de dos semanas. AMA.- Sean pares o nones, ese día, en anocheciendo, cumple Julieta años. ¡Válgame Dios! La misma edad tendrían ella y mi Susana. Bien, Susana ya está con Dios, no merecía yo tanta dicha. Pues como iba diciendo, cumplirá catorce años la tarde de los Angeles SEÑORA.- Basta ya. Cállate, por favor te lo pido. AMA.- Me callaré, señora JULIETA.- Cállate ya; te lo suplico. AMA.- Bueno, me callaré. Dios te favorezca, porque eres la niña más hermosa que he criado nunca. ¡ Qué grande sería mi placer en verla casada! JULIETA.- Aún no he pensado en tanta honra. AMA.- ¡Honra! Pues si no fuera por haberte criado yo a mis pechos, te diría que habías mamado leche de discreción y sabiduría. SEÑORA.- Ya puedes pensar en casarte. Hay en Verona madres de familia menores que tú, y yo misma lo era cuando apenas tenía tu edad. En dos palabras, aspira a tu mano el ga llardo Paris. AMA.- ¡Niña mía! ¡Vaya un pretendiente! Si parece de cera. SEÑORA.- No tiene flor más linda la primavera de Verona. AMA.- ¡Eso una flor! Sí que es flor, ciertamente. SEÑORA.- Quiero saber si le amarás. Esta noche ha de venir. Verás escrito en su cara todo el amor que te profesa. Fíjate en su rostro y en la armonía de sus facciones. SEÑORA.- Di si podrás llegar a amar a Paris. JULIETA.- Lo pensaré, si es que el ver predispone a amar. Pero el dardo de mis ojos sólo tendrá la fuerza que le preste la obediencia. (Entra un Criado.) CRIADO.- Los huéspedes se acercan. La cena está pronta. Os llaman. La seño rita hace falta. En la cocina están diciendo mil pestes del ama. Todo está dispuesto. Os suplico que vengáis en seguida. SEÑORA.- Vámonos tras ti, Julieta. El Conde nos espera. AMA.- Niña, piensa bien lo que haces. ESCENA III Calle (ROMEO, MERCUTIO, BENVOLIO y máscaras con teas encendidas) ROMEO.- ¿Pronunciaremos el discurso que traíamos compuesto, o entraremos sin preliminares? BENVOLIO.- Nada de rodeos. Para nada nos hace falta un Amorcillo de latón con venda por pañuelo, y con arco, espanta pájaros de doncellas. BENVOLIO.- Llamad a la puerta, y cuando estemos dentro, cada uno baile como pueda. ROMEO.- ¿Tienes ganas de entrar en el baile? ¿Crees que eso tiene sentido? MERCUTIO.- ¿Y lo dudas? ROMEO .- Tuve anoche un sueño. MERCUTIO.- Y yo otro esta noche. ROMEO.- ¿Y a qué se reduce tu sueño? MERCUTIO.- Comprendí la diferencia que hay del sueño a la realidad. ROMEO.- En la cama fácilmente se sueña. MERCUTIO.- Sin duda te ha visitado la reina Mab, nodriza de las hadas. Es tan pequeña como el ágata que brilla en el anillo de un regidor. ROMEO.- Basta, Mercutio. No prosigas en esa charla impertinente. ESCENA IV Sala en casa de Capuleto (MÚSICOS y CRIADOS) CRIADO 1°.- ¿Dónde anda Cacerola, que ni limpia un plato, ni nos ayuda en nada? CRIADO 2°.- ¡Qué pena me da ver la cortesía en tan pocas manos, y éstas sucias! CRIADO 1°.- Fuera los bancos, fuera el aparador. No perdáis de vista la plata. Guardadme un pedazo de pastel. Decid al portero que deje entrar a Elena y a Susana la molinera. ¡ Cacerola! CRIADO 2°.- Aquí estoy, compañero. CRIADO 1°.- Todos te llaman a comparecer en la sala. CRIADO 2°.- No puedo estar en dos partes al mismo tiempo. Compañeros, acabad pronto, y el que quede sano, que cargue con todo. (Entran Capuleto, su mujer, Julieta, Teohaldo, y convidados con máscaras.) CAPULETO.- Celebro vuestra venida. Os invitan al baile los ligeros pies de estas damas. A la danza, jóvenes. ¿Quién se resiste a tan imperiosa tentación? Ni siquiera la que por melindre dice que tiene callos. Bien venidos seáis. EL PRIMO DE CAPULETO.- ¡Dios mío! Hace más de 30 años. CAPULETO.- No tanto, primo. Si fue cuando la boda de Lucencio. Por Pentecostés hará 25 años. EL PRIMO DE CAPULETO.- Más tiempo hace, porque su hijo ha cumplido los treinta. CAPULETO.- ¿Cómo, si, hace dos años, aún no había llegado a la mayor edad? ROMEO.- (A su Criado.) ¿Dime, qué dama es la que enriquece la mano de ese galán con tal tesoro? CRIADO.- No la conozco. ROMEO.- El brillo de su rostro afrenta al del sol. No merece la tierra tan soberano prodigio. Parece entre las otras como paloma entre grajos. Cuando el baile acabe, me acercaré a ella, y estrecharé su mano con la mía. No fue verdadero mi antiguo amor, que nunca belleza como ésta vieron mis ojos. TEOBALDO.- Por la voz parece Montesco. (Al Criado.) Tráeme la espada. ¿Cómo se atreverá ese malvado a venir con máscara a perturbar nuestra fiesta? CAPULETO.- ¿Por qué tanta ira, sobrino mío? TEOBALDO.- Sin duda es un Montesco, enemigo jurado de mi casa CAPULETO.- ¿Es Romeo? TEOBALDO.- El infame Romeo. CAPULETO.- No más, sobrino. Es un perfecto caballero, y todo Verona se hace lenguas de su virtud, y aunque me dieras cuantas riquezas hay en la ciudad, nunca le ofendería en mi propia casa. TEOBALDO.- Cuadra, cuando se introduce en nuestra casa tan ruin huésped. ¡No lo consentiré! CAPULETO.- Sí lo consentirás. Te lo mando. Yo sólo tengo autoridad aquí. ¡Pues no faltaba más! ¡Favor divino! ¡Maltratar a mis huéspedes dentro de mi propia casa! ¡Armar quimera con ellos, sólo por echárselas de valiente! TEOBALDO.- Tío, esto es una afrenta para nuestro linaje. CAPULETO.- Lejos, lejos de aquí. Eres un rapaz incorregible. Cara te va a costar la desobediencia. ¡Ea, basta ya! Manos quedas. .. Traed luces... Yo te haré estar quedo. ¡Pues esto sólo faltaba! ¡A bailar, niñas! ROMEO.- (Cogiendo la mano de Julieta.) Si con mi mano he profanado tan divino altar, perdonadme. Mi boca borrará la mancha, cual peregrino ruboroso, con un beso. JULIETA.- El peregrino ha errado la senda aunque parece devoto. El palmero sólo ha de besar manos de santo. ROMEO.- ¿Y no tiene labios el santo lo mismo que el romero? JULIETA.- Los labios del peregrino son para rezar. ROMEO.- ¡Oh, qué santa! Truequen pues de oficio mis manos y mis labios. Rece el labio y concededme lo que pido. JULIETA.- El santo oye con serenidad las súplicas. ROMEO.- Pues oídme serena mientras mis labios rezan, y los vuestros me purifican. (La besa.) JULIETA.- En mis labios queda la marca de vuestro pecado, ROMEO- ¿Del pecado de mis labios? Ellos se arrepentirán con otro beso. (Torna a besarla.) JULIETA.- Besáis muy santamente. AMA.- Tu madre te llama. ROMEO.- ¿Quién es su madre? AMA.- La señora de esta casa, dama tan sabia cómo virtuosa. Yo crié a su hija, con quien ahora poco estabais hablando. Mucho dinero necesita quien haya de casarse con ella. ROMEO.- ¿Con que es Capuleto? ¡Hado enemigo! BENVOLIO.- Vámonos, que se acaba la fiesta. ROMEO.- Harta verdad es, y bien lo siento. CAPULETO.- No os vayáis tan pronto, amigos. Aún os espera una parca cena. ¿Os vais? Tengo que daros a todos las gracias. Buenas noches, hidalgos. ¡Luces, luces, aquí! Vámonos a acostar. Ya es muy tarde, primo mío. Vámonos a dormir. (Quedan solas Julieta y el Ama.) JULIETA.- Ama, ¿sabes quién es este mancebo? AMA.- El mayorazgo de Fiter. JULIETA.- ¿Y aquel otro que sale? AMA.- El joven Petrucio, si no me equivoco. JULIETA.- ¿Y el que va detrás. . . aquel que no quiere bailar? AMA.- Lo ignoro. JULIETA.- Pues trata de saberlo. Y si es casado, el sepulcro será mi lecho de bodas. AMA.- Es Montesco, se llama Romeo, único heredero de esa infame estirpe. JULIETA.- ¡Amor nacido del odio, harto pronto te he visto, sin conocerte! AMA.- ¿Qué estás diciendo? JULIETA.- Versos, que me dijo uno bailando. AMA.- Te están llamando. Ya va. No te detengas, que ya se han ido todos los huéspedes. ACTO IV ESCENA I Jardín de Capuleto ROMEO.- ¡Qué bien se burla del dolor ajeno quien nunca sintió dolores. .. ! (Pónese Julieta a la ventana.) ¿Pero qué luz es la que asoma por allí? ¿El sol que sale ya por los balcones de oriente? Sal, hermoso sol, y mata de envidia con tus rayos a la luna, que está pálida y ojeriza porque vence tu hermosura cualquier ninfa de tu coro. JULIETA.- ¡Ay de mí! ROMEO.- ¡Habló! Vuelvo a sentir su voz. ¡Ángel de amores que en medio de la noche te me apareces, JULIETA.- ¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no reniegas del nombre de tu padre y de tu madre? Y si no tienes valor para tanto, ámame, y no me tendré por Capuleto. ROMEO.- ¿Qué hago, seguirla oyendo o hablar? JULIETA.- No eres tú mi enemigo. Es el nombre de Montesco, que llevas. ¿Y qué quiere decir Montesco? No es pie ni mano ni brazo, ni semblante ni pedazo alguno de la naturaleza humana. ROMEO.- Si de tu palabra me apodero, llámame tu amante, y creeré que me he bautizado de nuevo, y que he perdido el nombre de Romeo. JULIETA.- ¿Y quién eres tú que, en medio de las sombras de la noche, vienes a sorprender mis secretos? ROMEO.- No sé de cierto mi nombre, porque tú aborreces ese nombre, amada mía, y si yo pudiera, lo arrancaría de mi pecho. JULIETA.- Pocas palabras son las que aún he oído de esa boca, y sin embargo te reconozco. ¿No eres Romeo? ¿No eres de la familia de los Montescos? ROMEO.- No seré ni una cosa ni otra, ángel mío, si cualquiera de las dos te enfada. JULIETA.- ¿Cómo has llegado hasta aquí, y para qué? Las paredes de esta puerta son altas y difíciles de escalar, y aquí podrías tropezar con la muerte, siendo quien eres, si alguno de mis parientes te hallase. ROMEO.- Las paredes salté con las alas que me dio el amor, ante quien no resisten aun los muros de roca. Ni siquiera a tus parientes temo. JULIETA.- Si te encuentran, te matarán. ROMEO.- Más homicidas son tus ojos, diosa mia, que las espadas de veinte parientes tuyos. JULIETA.- Yo daría un mundo porque no te descubrieran. ROMEO.- De ellos me defiende el velo tenebroso de la noche. JULIETA.- ¿Y quién te guió aquí? ROMEO.- El amor que me dijo dónde vivías. JULIETA.- Si el manto de la noche no me cubriera, el rubor de virgen subiría a mis mejillas, recordando las palabras que esta noche me has oído. En vano quisiera corregirlas o desmentirlas... ¡¿Me amas? Sé que me dirás que sí, y que yo lo creeré. ROMEO.- Júrote, amada mía, por los rayos de la luna que platean la copa de estos árboles... JULIETA.- No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche oír tales promesas que parecen violentas y demasiado rápidas. ROMEO.- ¿Y no me das más consuelo que ése? JULIETA.- (Asomada otra vez a la ventana.) Sólo te diré dos palabras. Si el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al mensajero que te enviaré, de cómo y cuándo quieres celebrar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida e iré en pos de ti por el mundo. AMA.- (Llamando dentro.) ¡Julieta! AMA.- ¡Julieta! JULIETA.- Buenas noches. ROMEO.- No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? JULIETA.- (Otra vez a la ventana.) ¡Romeo! ¡Romeo! ROMEO.- ¡Cuán grato suena el acento de mi amada en la apacible noche, protectora de los amantes! Más dulce es que música en oído atento. JULIETA.- ¡Romeo! ROMEO.- ¡Alma mía! JULIETA.- ¿A qué hora irá mi criado mañana? ROMEO.- A las nueve. JULIETA.- No faltará. Las horas se me harán siglos hasta que ésa llegue. No sé para qué te he llamado. ROMEO.- ¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses! JULIETA.- Con el contento de verte cerca me olvidaré eternamente de lo que pensaba, recordando tu dulce compañía. ROMEO.- Para que siga tu olvido no he de irme. JULIETA.- Ya es de día. Vete... Triste es la ausencia y tan dulce la despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana. ROMEO.- ¡Que el sueño descanse en tus dulces ojos y la paz en tu alma! ¡Ojalá fuera yo el sueño, ojalá fuera yo la paz en que se duerme tu belleza! ESCENA II Celda de fray Lorenzo (FRAY LORENZO y ROMEO) ROMEO.- Buenos días, padre. FRAY LORENZO.- Él sea en tu guarda. ¿Quién me saluda con tan dulces palabras, al apuntar el día? Y si no.. . será que has pasado la noche desvelado. ROMEO.- ¡Eso es, y descansé mejor que dormido! FRAY LORENZO.- Perdónete Dios. ¿Estuviste con Rosalía? ROMEO.- ¿Con Rosalía? Ya su nombre no suena dulce en mis oídos, ni pienso en su amor. FRAY LORENZO.- Bien haces. Luego ¿dónde estuviste? ROMEO.- Te lo diré sin ambages. En la fiesta de nuestros enemigos los Capuletos, donde a la vez herí y fui herido. FRAY LORENZO.- Dime con claridad el motivo de tu visita, si es que puedo ayudarte en algo. ROMEO.- Pues te diré en dos palabras que estoy enamorado de la hija del noble Capuleto, y que ella me corresponde con igual amor. Ya está concertado todo, sólo falta que vos bendigáis esta unión. FRAY LORENZO.- ¡Por vida de mi padre San Francisco! ¡Qué pronto olvidaste a Rosalía, ROMEO.- ¿Pero vos no reprobabais mi amor por Rosalía! FRAY LORENZO.- Yo no reprobaba tu amor, sino tu idolatría ciega. ROMEO.- ¿Y no me dijisteis que hiciera todo lo posible por ahogar ese amor? FRAY LORENZO.- Pero no para que de la sepultura de ese amor brotase otro amor nuevo y más ardiente. ROMEO.- No os enojéis conmigo, porque mi señora me quiere tanto como yo a ella y con su amor responde al mío, y la otra no. FRAY LORENZO.- Vamos con calme para no tropezar. ESCENA III Calle (BENVOLIO y MERCUTIO) MERCUTIO.- ¿Dónde estará Romeo? ¿Pareció anoche por su casa? BENVOLIO.- Por casa de su padre no estuvo. Así me lo ha dicho su Criado. MERCUTIO.- ¡Pobre Romeo! Esa rubia y pálida niña le ha atravesado el corazón a estocadas, le ha traspasado los oídos con una canción de amor, y el centro del alma con las anchas flechas del volador Cupido... ¿Y quién resistirá a Teobaldo? BENVOLIO.- ¿Quién es Teobaldo? MERCUTIO.- es el mejor y más diestro esgrimidor. Maneja la espada como tú la lengua, BENVOLIO.- ¡Aquí tienes a Romeo! ¡Aquí tienes a Romeo! MERCUTIO.- Bien roma trae el alma. No eres carne ni pescado. ¡Oh materia digna de los versos del Petrarca! Comparada con su amor, ROMEO.- Perdón, Mercutio. Tenía algo que hacer, y no estaba el tiempo para cortesías. MERCUTIO.- Es que yo soy la flor de la cortesía. ROMEO.- ¿Cómo no dices la flor y nata? MERCUTIO.- Porque la nata la dejo para ti. ROMEO.- Cállate. MERCUTIO.- ¿Y no es mejor esto que andar en lamentaciones exóticas? Ahora te reconozco: eres Romeo, nuestro antiguo y buen amigo. Andabas hecho un necio con ese amor insensato AMA.- Buenas tardes, señores. MERCUTIO.- Buenas tardes, hermosa dama. AMA.- ¿Pues hemos llegado a la tarde? MERCUTIO.- No, pero la mano lasciva del reloj está señalando las doce. AMA.- ¡Jesús, qué hombre! AMA.- Bien dicho. Para que echase su obra a perder.. . ¿Pero me podría decir alguno de vosotros dónde está el joven Romeo? ROMEO.- Yo soy Romeo, afalta de otro más joven. AMA.- Si verdaderamente sois Romeo, tengo que deciros secretamente una palabra.mi señorita me manda con un recado para vos. ROMEO.- Ama, puedes jurar a tu señora que... AMA.- ¡Bien, bien, así se lo diré, y ha de alegrarse mucho! ROMEO.- ¿Y qué le vas a decir, si todavía no me has oído nada? AMA.- Le diré que protestáis, lo cual, a fe mía, es obrar como caballero. ROMEO.- Dile que invente algún pretexto para ir esta tarde a confesarse al convento de Fray Lorenzo, y él nos confesará y casará. Toma este regalo. AMA.- No aceptaré ni un dinero, señor mío. ROMEO.- Yo te lo mando. AMA.- ¿Conque esta tarde? Pues no faltará. ROMEO.- Espérame detrás de las tapias del convento, y antes de una hora, mi criado te llevará una escala de cuerdas para poder yo subir por ella hasta la cima de mi felicidad. Adiós y séme fiel. Yo te lo premiaré todo. Mis recuerdos a Julieta. ESCENA IV Jardín de Capuleto (JULIETA y el AMA) JULIETA.- Y bien, ama querida. ¡Qué triste estás! ¿Acaso traes malas noticias AMA.- Muy fatigada estoy. ¡Qué quebrantados están mis huesos! JULIETA.- ¡Tuvieras tus huesos tú y yo mis noticias! Habla por Dios, ama mía. AMA.- ¡Que mala elección de marido has tenido! ¡Vaya, que el tal Romeo! Aunque tenga mejor cara que los demás, todavía es mejor su pie y su mano y su gallardía. JULIETA.- Calla, calla: eso ya me lo sabía yo. ¿Pero que hay de la boda? dímelo.Pero ¡qué confusión! ¿Qué es en suma lo que te dijo Romeo? AMA.- ¿Te dejarán ir sola a confesar? JULIETA.- Sí. AMA.- Pues allí mismo te casarás. Vete a la celda de Fray Lorenzo. . Vete al convento. Yo iré por otra parte a buscar la escalera, con que tu amante ha de escalar el nido del amor. JULIETA - ¡Y yo a mi felicidad ama mía! ESCENA V Celda de Fray Lorenzo (FRAY LORENZOy ROMEO) FRAY LORENZO.- ¡El cielo mire con buenos ojos la ceremonia que vamos a cumplir, y no nos castigue por ella en adelante! ROMEO.- ¡Así sea, así sea! . Junta nuestras manos, y con tal que yo pueda llamarla mía, no temeré ni siquiera a la muerte, verdugo del amor. JULIETA.- Buenas tardes, reverendo confesor. FRAY LORENZO.- Romeo te dará las gracias en nombre de los dos. JULIETA.- Por eso le he incluido en el saludo. Si no, pecaría él de exceso de cortesía. ROMEO.- ¡Oh, Julieta! Si tu dicha es como la mía y puedes expresarla con más arte, alegra con tus palabras el aire de este aposento y deja que tu voz proclame la ventura que hoy agita el alma de los dos. FRAY LORENZO.- Acabemos pronto. No os dejaré solos hasta que os ligue la bendición nupcial. ACTO III ESCENA PRIMERA Plaza de Verona (MERCUTIO, BENVOLIO) BENVOLIO.- Amigo Mercutio, pienso que debíamos refrenarnos, porque hace mucho calor, y los Capuletos andan encalabrinados, y ya sabes que en verano hierve mucho la sangre. MERCUTIO.- Tú eres uno de esos hombres que cuando entran en una taberna, ponen la espada sobre la mesa, como diciendo: “ojalá que no te necesite”, y luego, a los dos tragos, la sacan, sin que nadie les provoque. TEOBALDO.- Estad cerca de mí, que tengo que decirles dos palabras. Buenas tardes, hidalgos. Quisiera hablar con uno de vosotros Mercutio, tú estás de acuerdo con Romeo. BENVOLIO.- Estamos entre gentes. Buscad pronto algún sitio retirado, . TEOBALDO.- Adiós, señor. Aquí está el doncel que buscábamos. ( Entra Romeo.) MERCUTIO.- Mátenme si él lleva los colores de vuestro escudo. TEOBALDO.- Romeo, sólo una palabra me consiente decirte el odio que te profeso. Eres un infame. ROMEO.- Nunca te agravié. Te lo afirmo con juramento. Al contrario, hoy te amo más que nunca, y quizá sepas pronto la razón de este cariño. Vete en paz, buen Capuleto, nombre que estimo tanto como el mío. TEOBALDO.- ¿Qué me quieres? MERCUTIO.- Rey de los gatos, sólo quiero una de tus siete vidas, y luego aporrearte a palos las otras seis. ROMEO.- Detente, amigo Mercutio. MERCUTIO.- Adelante, hidalgo. Enseñadme ese quite. (Se baten.) ROMEO.- Saca la espada, Benvolio. Separémoslos. ¡Qué afrenta, hidalgos! ¡Oíd, Teobaldo! ¡Oye, Mercutio! ¿No sabéis que el Príncipe ha prohibido sacar la espada en las calles de Verona? Deteneos, Teobaldo y Mercutio. (Se van Teobaldo y sus amigos.) MERCUTIO.- Mal me han herido. ¡Mala peste a Capuletos y Montescos! Me hirieron y no los herí. ROMEO.- ¿Te han herido? MERCUTIO.- Un arañazo, nada más, un arañazo, pero necesita cura ROMEO.- No temas. Quizá sea leve la herida. MERCUTIO.- No es tan honda como un pozo, ni tan ancha como el pórtico de una iglesia, pero basta. MERCUTIO.- Llévame de aquí, Benvolio, que me voy a desmayar. ¡Mala landre devore a entrambas casas! Ya soy una gusanera. ¡Maldita sea la discordia de Capuletos y Montescos! (Vanse.) ROMEO.- Por culpa mía sucumbe este noble caballero, BENVOLIO (que vuelve). - ¡Ay, Romeo! Mercutio ha muerto. Aquella alma audaz, que hace poco despreciaba la tierra, se ha lanzado ya a las nubes. Por allí vuelve Teobaldo. ROMEO.- Vuelve vivo y triunfante. ¡Y Mercutio muerto! Huye de mí, dulce templanza. Sólo la ira guíe mi brazo. TEO BALDO.- Pues vete a acompañarle tú, necio, que con él ibas siempre. ROMEO.- Ya lo decidirá la espada. (Se baten, y cae herido Teobaldo.) BENVOLIO.- Huye, Romeo. La gente acude y Teobaldo está muerto. Si te alcanzan, vas a ser condenado a muerte. No te detengas como pasmado. Huye, huye. ROMEO.- Soy triste juguete de la suerte. BENVOLIO.- Huye, Romeo. (Acude gente.) CIUDADANO 1°.- ¿Por dónde habrá huido Teobaldo, el asesino de Mercutio? BENVOLIO.- Ahí yace muerto Teobaldo. CIUDADANO 1°.- Seguidme todos. En nombre del Príncipe lo mando. (Entran el Príncipe con sus guardias, Montescos, Capuletos, etc.) EL PRINCIPE.- ¿Dónde están los promovedores de esta reyerta? BENVOLIO.- Ilustre Príncipe, yo puedo referiros todo lo que aconteció. Teobaldo mató al fuerte Mercutio, vuestro deudo, y Romeo mató a Teobaldo. LA SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Teobaldo! ¡Mi sobrino, hijo de mi hermano! ¡Oh, Príncipe! un Montesco ha asesinado a mi deudo. Si sois justo, dadnos sangre por sangre. ¡Oh, sobrino mío! PRINCIPE.- Dime con verdad, Benvolio. ¿Quién comenzó la pelea? BENVOLIO.- Teobaldo, que luego murió a manos de Romeo. LA SEÑORA DE CAPULETO.- No ha dicho verdad. Es pariente de los Montescos, y la afición que les tiene le ha obligado a mentir. PRINCIPE.- Él mató a Mercutio, según se infiere del relato. ¿Y quién pide justicia, por una sangre tan cara? MONTESCO.- No era Teobaldo el deudor, aunque fuese amigo de Mercutio, ni debía haberse tomado la justicia por su mano, hasta que las leyes decidiesen. PRINCIPE.- En castigo, yo te destierro. Vuestras almas están cegadas por el encono, y a pesar vuestro he de haceros llorar la muerte de mi deudo. Seré inaccesible a lágrimas y a ruegos. No me digáis palabra. Huya Romeo: porque si no huye le alcanzará la muerte. Levantad el cadáver. No sería clemencia perdonar al homicida. ESCENA II Jardín en casa de Capuleto (JULIETA y el AMA) JULIETA.-¡Qué día tan largo! tan largo como víspera de domingo para el niño que ha de estrenar en él un traje nuevo. Pero aquí viene mi ama, y me traerá noticias de él. (Llega el ama con una escala de cuerdas.) Ama, ¿qué noticias traes? ¿Esa es la escala que te dijo Romeo? AMA.- Sí, ésta es la escala. JULIETA.- ¡Ay, Dios! ¿Qué sucede? ¿por qué tienes las manos cruzadas? AMA.- ¡Ay, señora! murió, murió. Perdidas somos. No hay remedio... Murió. Le mataron. .. Está muerto. JULIETA.- ¿Pero cabe en el mundo tal maldad? AMA.- En Romeo cabe. ¿Quién pudiera pensar tal cosa de Romeo? JULIETA.- ¿Y quién eres tú, demonio, que así vienes a atormentarme? Suplicio igual sólo debe de haberle en el infierno. Dime, ¿qué pasa? AMA.- ¡Oh, Teobaldo amigo mío, caballero sin igual, Teobaldo! ¿Por qué he vivido yo para verte muerto? JULIETA.- Pero ¡qué confusión es ésta en que me pones! ¿Dices que Romeo ha muerto, y que ha muerto Teobaldo, mi dulce primo? AMA.- A Teobaldo mató Romeo, y éste anda desterrado. JULIETA.- ¡Válgame Dios! ¿Conque Romeo derramó la sangre de Teobaldo? ¡Alma de sierpe, oculta bajo capa de flores! ¿Qué dragón tuvo jamás tan espléndida gruta? AMA.- Retírate a tu aposento. Voy a buscar a Romeo sin pérdida de tiempo. Está escondido en la celda de fray Lorenzo. Esta noche vendrá a verte. JULIETA.- Dale en nombre mío esta sortija, y dile que quiero oír su postrera despedida. ESCENA III Celda de Fray Lorenzo (FRAY LORENZOy ROMEO) FRAY LORENZO.- Ven, pobre Romeo. La desgracia se ha enamorado de ti, y el dolor se ha desposado contigo. ROMEO.- Decidme, padre. ¿Qué es lo que manda el Príncipe? ¿Hay alguna pena nueva que yo no haya sentido? FRAY LORENZO.- Te traigo la sentencia del Príncipe. ROMEO.- ¿Y cómo ha de ser si no es de muerte? FRAY LORENZO.- No. Es algo menos dura. No es de muerte sino de destierro. ROMEO.- ¡De destierro! Clemencia. Decid de muerte. El destierro me infunde más temor que la muerte. No me habléis de destierro. FRAY LORENZO.- Te manda salir de Verona, pero no temas: ancho es el mundo. ROMEO.- ¡Destierro! ¡Filosofía! Si no basta para crear otra Julieta, para arrancar un pueblo de su lugar, o hacer variar de voluntad a un príncipe, no me sirve de nada, ni la quiero, ni os he de oír. FRAY LORENZO.- ¡Ah, hijo mío! Los locos no oyen. ROMEO.- ¿Y cómo han de oír, si los que están en su seso no tienen ojos? FRAY LORENZO.- Te daré un buen consejo. ROMEO.- No podéis hablar de lo que no sentís. Si fuerais joven, y recién casado con Julieta, y la adoraseis ciegamente como yo, FRAY LORENZO.- Llaman. Levántate y ocúltate, Romeo. ROMEO.- No me levantaré. La nube de mis suspiros me ocultará de los que vengan. FRAY LORENZO.- ¿No oyes? ¿Quién va?. . . Levántate, Romeo, que te van a prender.. . Ya voy. .. Levántate. Pero, Dios mío, ¡qué terquedad, qué locura! Ya voy. ¿Quién llama? ¿Qué quiere decir esto? AMA (dentro).- Dejadme entrar. Traigo un recado de mi ama Julieta. FRAY LORENZO.- Bien venida seas. (Entra el ama.) AMA.- Decidme, santo fraile. ¿Dónde está el esposo y señor de mi señora? FRAY LORENZO.- Mírale ahí tendido en el suelo y apacentándose de sus lágrimas. AMA.- Lo mismo está mi señora: enteramente igual. FRAY LORENZO.- ¡Funesto amor! ¡Suerte cruel! AMA.- Lo mismo que él: llorar y gemir. Levantad, levantad del suelo: tened firmeza varonil. Por amor de ella, por amor de Julieta. Levantaos, y no lancéis tan desesperados lamentos. ROMEO.- Ama. AMA.- Señor, la muerte lo acaba todo. ROMEO.- Decías no sé qué de Julieta. ¿Qué es de ella? ¿No llama asesino a mí que manché con sangre la infancia de nuestra ventura? ¿Dónde está? ¿Qué dice? AMA.- Nada, señor. Llorar y más llorar. Unas veces se recuesta en el lecho, otras se levanta, grita: “Teobaldo, Romeo”, y vuelve a acostarse. FRAY LORENZO.- Detén esa diestra homicida. ¿Eres hombre? Tu exterior dice que sí, pero tu llanto es de mujer, y tus acciones de bestia falta de libre albedrío. AMA.- Toda la noche me estaría oyéndoos. ¡Qué gran cosa es el saber! Voy a animar a mi ama con vuestra venida. ROMEO.- Sí: dile que se prepare a reñirme. AMA.- Toma este anillo que ella me dio, y vete, que ya cierra la noche. (Vase) ROMEO.- Ya renacen mis esperanzas. FRAY LORENZO.- Adiós. No olvides lo que te he dicho. Sal antes que amanezca, y si sales después, vete disfrazado; la mano. Buenas noches. ESCENA IV Sala en casa de Capuleto (CAPULETO, SU MUJER, el AMA y CRIADOS) CAPULETO.- la reciente desgracia me ha impedido hablar con mi hija. Tanto ella como yo queríamos mucho a Teobaldo. PARIS.- Ni es ésta ocasión de galanterías sino de duelo. Dad mis recuerdos a vuestra hija. CAPULETO.- Paris, os prometo solemneme nte la mano de mi hija. Creo que ella me obedecerá. Puedo asegurároslo. Esposa mía, antes de acostarse, ve a contarle el amor de Paris, y dile que el miércoles próximo... Pero, ¿qué día es hoy? PARIS.- Lunes. CAPULETO.- ¡Lunes! Pues no puede ser el miércoles. Que sea el jueves. Dile que el jueves se casará con el conde. ¿Estáis contento? No tendremos fiesta. Sólo convidaré a los íntimos, porque estando tan fresca la muerte de Teobaldo, PARIS.- ¡Ojalá fuese mañana! CAPULETO.- Adelante pues: que sea el jueves. Avisa a Julieta, antes de acostarte. Adiós, amigo. Alumbradme. Voy a mi alcoba. Es tan tarde, que pronto amanecerá. Buenas noches. ESCENA V Galería cerca del cuarto de Julieta, con una ventana que da al jardín (ROMEO y JULIETA) JULIETA.- ¿Tan pronto te vas? Aún tarda el día. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que resuena. ROMEO.- Es la alondra que anuncia el alba; no es el ruiseñor. Mira, amada mía, cómo se van tiñendo las nubes del oriente con los colores de la aurora. JULIETA.- Sí, vete, que es la alondra la que canta con voz áspera y destemplada. ¡ AMA.- ¡Julieta! JULIETA.- ¡Ama! AMA.- Tu madre viene. Ya amanece. Prepárate y no te descuides. ROMEO.- ¡Un beso! ¡Adiós, y me voy! (Vase por la escala.) JULIETA.- ¿Te vas? Mi señor, mi dulce dueño, dame nuevas de ti todos los días, a cada instante. Tan pesados corren los días infelices, que temo envejecer antes de tornar a ver a mi Romeo. ROMEO.- Adiós. Te mandaré noticias mías y mi bendición por todos los medios que yo alcance. JULIETA.- ¿Crees que volveremos a vernos? ROMEO.- Sí, y que en dulces coloquios de amor recordaremos nuestras angustias de ahora. JULIETA.- ¡Válgame Dios! ¡Qué présaga tristeza la mía! Parece que te veo difunto sobre un catafalco. Aquel es tu cuerpo, o me engañan los ojos. ROMEO.- Pues también a ti te ven los míos pálida y ensangrentada. ¡Adiós, adiós! (Vase) JULIETA.- ¡Oh, fortuna! te llaman mudable: a mi amante fiel poco le importan tus mudanzas. Sé mudable en buena hora, y así no le detendrás y me le restituirás luego. SEÑORA DE CAPULETO (dentro). - Hija, ¿estás despierta? JULIETA.- ¿Quién me llama? Madre, ¿estás despierta todavía o te levantas ahora? ¿Qué novedad te trae a mí? (Entra la señora Capuleto.) SEÑORA DE CAPULETO.- ¿Qué es esto, Julieta? JULIETA.- Estoy mala. SEÑORA DE CAPULETO.- ¿todavía lloras la muerte de tu primo? ¿Crees que tus lágrimas pueden devolverle la vida? Vana esperanza. Cesa en tu llanto, que aunque es signo de amor, parece locura. JULIETA.- Dejadme llorar tan dura suerte. SEÑORA DE CAPULETO.- Eso es llorar la pérdida y no al amigo. JULIETA.- Llorando la pérdida, lloro también al amigo. SEÑORA DE CAPULETO.- Más que por el muerto ¿lloras por ese infame que le ha matado? JULIETA.- ¿Qué infame, madre? SEÑORA DE CAPULETO.- Romeo. JULIETA (aparte).- ¡Cuánta distancia hay entre él y un infame! (Alto.) Dios le perdone como le perdono yo, aunque nadie me ha angustiado tanto como él. SEÑORA DE CAPULETO.- Eso será porque todavía vive el asesino. SEÑORA DE CAPULETO.- Hija, tu padre es tan bueno que, deseando consolarte, te prepara un día de felicidad que ni tú ni yo esperábamos. JULIETA.- ¿Y qué día es ése? SEÑORA DE CAPULETO.- Pues es que el jueves, por la mañana temprano, el conde Paris, ese gallardo y discreto caballero, se desposará contigo en la iglesia de San Pedro. JULIETA.- Decid a mi padre, señora, que todavía no quiero casarme. Cuando lo haga, con juramento os digo que antes será mi esposo Romeo, SEÑORA DE CAPULETO.- Aquí viene tu padre. Díselo tú, y verás cómo no le agrada. (Entran Capuleto y el ama.) CAPULETO.- ¿Eh? ¿Qué es eso, esposa mía? ¿Qué es eso de no querer y no agradecer? ¿Pues no la enorgullece el que la hayamos encontrado para esposo un tan noble caballero? JULIETA.- Padre mío, de rodillas os pido que me escuchéis una palabra sola. CAPULETO.- ¡Escucharte! ¡Necia, malvada! Oye, el jueves irás a San Pedro, o no me volverás a mirar la cara JULIETA.- ¡Válgame Dios! Ama mía, ¿qué haré? AMA.- Sólo te diré una cosa. Romeo está desterrado, y puede apostarse doble contra sencillo a que no vuelve a verte, o vuelve ocultamente, en caso de volver. JULIETA.- Por nada. Buen consuelo me has dado. Vete, di a mi madre que he salido. Voy a confesarme con fray Lorenzo, por el enojo que he dado a mi padre. ACTO IV ESCENA PRIMERA Celda de fray Lorenzo (FRAY LORENZOy PARIS) FRAY LORENZO.- ¿El jueves dices? Pronto es. PARIS.- Así lo quiere Capuleto, y yo lo deseo también. FRAY LORENZO.- ¿Y todavía no sabéis si la novia os quiere? Mala manera es ésa de hacer las cosas, a mi juicio. PARIS.- Ella no hace más que llorar por Teobaldo y no tiene tiempo para pensar en amores, FRAY LORENZO (aparte). - ¡Ojalá no supiera yo las verdaderas causas de la tardanza! Conde Paris, he aquí la dama que viene a mi celda. PARIS.- Bien hallada, señora y esposa mía. JULIETA.- Lo seré cuando me case. PARIS.- Eso será muy pronto: el jueves. JULIETA.- Será lo que sea. PARIS.- Claro es. ¿Ve nís a confesaros con el padre? JULIETA.- Con vos me confesaría, si os respondiera. PARIS.- No me neguéis que me amáis. JULIETA.- No os negaré que quiero al padre. PARIS.- Y le confesaréis que me tenéis cariño. FRAY LORENZO.- Pobre niña, dispuesto estoy a oírte ahora. Dejadnos solos, conde. PARIS.- No seré yo quien ponga obstáculos a tal devoción. Julieta, adiós. El jueves muy temprano te despertaré. (Vase.) JULIETA.- Cerrad la puerta, padre, y venid a llorar conmigo: ya no hay esperanza ni remedio. FRAY LORENZO.- Julieta, ya sé cuál es tu angustia, y también ella me tiene sin alma. Sé que el jueves quieren casarte con el Conde. JULIETA.- Padre, no me digáis que dicen tal cosa, si al mismo tiempo no discurrís en vuestra sabiduría y prudencia, algún modo de evitarlo. Y si vos no me consoláis, yo con un puñal sabré remediarme. FRAY LORENZO.- Hija mía, detente. Aún veo una esperanza, pero tan remota y tan violenta, como es violenta tu situación actual. JULIETA.- Padre, a trueque de no casarme con Paris, mandadme que me arroje de lo alto de una torre, que recorra un camino infestado por bandoleros Todo lo haré, por terrib le que sea, antes que ser infiel al juramento que hice a Romeo. FRAY LORENZO.- Bien: vete a tu casa, fíngete alegre: di que te casarás con Paris. Mañana es miércoles: por la noche quédate sola, sin que te acompañe ni siquiera tu ama, y cuando estés acostada, bebe el licor que te doy en esta ampolleta. Un sueño frío embargará tus miembros. No pulsarás ni alentarás, ni darás señal alguna de vida. JULIETA.- Dame la ampolleta, y no hablemos de temores. FRAY LORENZO.- Tómala. Valor y fortuna. Vo y a enviar a un lego con una carta a Mantua. JULIETA.- Dios me dé valor, aunque ya le siento en mí. Adiós, padre mío. ESCENA II Habitación de Julieta (JULIETA y su MADRE) JULIETA.- este traje está mejor, pero yo quisiera quedarme sola esta noche, para pedir a Dios en devotas oraciones que me ilumine y guíe en estado tan lleno de peligros. SEÑORA DE CAPULETO.- Bien trabajáis. ¿Queréis que os ayude? JULIETA.- No, madre. Ya estarán escogidas las galas que he de vestirme mañana. SEÑORA DE CAPULETO.- Buenas noches, hija. Vete a descansar, que falta te hace. (Vase.) JULIETA.- ¡Adiós! ¡Quién sabe si volveremos a vernos! Un miedo helado corre por mis venas y casi apaga en mí el aliento vital. Ven a mis manos, ampolla. Y si este licor no produjese su efecto, ¿tendría yo que ser esposa del Conde? No, no, jamás: tú sabrás impedirlo. Aquí, aquí le tengo guardado. (Señalando el puñal.) ¿Y si este licor fuera un veneno preparado por el fraile para matarme y eludir su responsabilidad por haberme casado con Romeo? Pero mi temor es vano. ¡Si dicen que es un santo! ¡Lejos de mí tan ruines pensamientos! ESCENA III Casa de Capuleto CAPULETO.- Dice bien, a fe mía. ¡Es gracioso ese galopín! Por vida mía. Ya amanece. Pronto llegará Paris con música, según anunció. ¡Ahí está! ¡Ama, mujer mía, venid aprisa! (Suena música.) (Al ama.) Vete, despierta y viste a Julieta, mientras yo hablo con Paris. Y no te detengas mucho, que el novio llega. No te detengas. ESCENA IV Aposento de Julieta. Ésta, en el lecho (El AMA y la SEÑORA) AMA.- ¡Señorita, señorita! ¡Cómo duerme! ¡Señorita, novia, cordero mío ! ¿No despiertas? Haces bien: duerme para ocho días, que mañana ya se encargará Paris de no dejarte dormir. ¡Válgame Dios, y cómo duerme! Pero es necesario despertarla. ¡Señorita, señorita! No falta más sino que venga el Conde y te halle en la cama. Bien te asustarías. Dime, ¿no es verdad? ¿Vestida estás, y te volviste a acostar? ¿Cómo es esto? ¡Señorita, señorita!... ¡Válgame Dios! ¡Socorro, que mi ama se ha muerto! ¿Por qué he vivido yo para ver esto? Maldita sea la hora en que nací. ¡Esencias, pronto! ¡Señor, señora, acudid! SEÑORA DE CAPULETO.- (Entrando.) ¿Por qué tal alboroto? AMA.- ¡Día aciago! SEÑORA DE CAPULETO.- ¿Qué sucede? AMA.- Ved, ved. ¡Aciago día! SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Dios mío, Dios mío! ¡Pobre niña! ¡Vida mía! Abre los ojos, o déjame morir contigo. ¡Favor, favor! (Entra Capuleto.) CAPULETO.- ¿No os da vergüenza? Ya debía de haber salido Julieta. Su novio la está esperando. AMA.- ¡Si está muerta! ¡Aciago día! SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Aciago día! ¡Muerta, muerta! CAPULETO.- ¡Dejádmela ver! ¡Oh, Dios! que espanto, ¡Helada su sangre, rígidos sus miembros! Huyó la rosa de sus labios. ¡Yace tronchada como la flor por prematura y repentina escarcha! ¡Hora infeliz! AMA.- ¡Día maldito! SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Aciago día! CAPULETO.- La muerte que fiera la arrebató, traba mi lengua e impide mis palabras. (Entran fray Lorenzo, Paris y músicos.) FRAY LORENZO.- ¿Cuándo puede ir la novia a la iglesia? CAPULETO.- Sí irá, pero para quedarse allí. En vísperas de boda, hijo mío, vino la muerte a llevarse a tu esposa, flor que deshojó inclemente la Parca. PARIS.- ¡Yo que tanto deseaba ver este día, y ahora es tal vista la que me ofrece! SEÑORA DE CAPULETO.- ¡Infeliz, maldito, aciago día! ¡Hora la más terrible que en su dura peregrinación ha visto el tiempo ! ¡ Una hija sola! ¡Una hija sola, y la muerte me la lleva! ¡Mi esperanza, mi consuelo, mi ventura! ... AMA.- ¡Día aciago y horroroso, el más negro que he visto nunca! ¡El más horrendo que ha visto el mundo! ¡Aciago día! PARIS.- ¡Y yo burlado, herido, descasado, atormentado! ¡Cómo te mofas de mí, cómo me conculcas a tus plantas, fiera muerte ! ¡ Ella, mi amor, mi vida, muerta ya! CAPULETO.- ¡Y yo despreciado, abatido, muerto! Tiempo cruel, ¿por qué viniste con pasos tan callados a turbar la alegría de nuestra fiesta? ¡Hija mía, FRAY LORENZO.- Callad, que no es la queja remedio del dolor. Antes vos y el cielo poseíais a esa doncella: ahora el cielo solo la posee, y en ello gana la doncella. Retiraos, señor, y vos, señora, y vos, conde Paris. Prepárense todos a enterrar este cadáver. Sin duda el cielo está enojado con vosotros. Ved si con paciencia y mansedumbre lográis desarmar su cólera. MÚSICO 1°.- Recojamos los instrumentos, y vámonos. AMA.- Recogedlos sí, buena gente. Ya veis que el caso no es para música. MÚSICO 1°.- Más alegre podía ser. ACTO V ESCENA PRIMERA Calle de Mantua (ROMEO y BALTASAR) ROMEO.-Soñé con mi esposa y que me encontraba muerto. ¡Raro fenómeno: que piense un cadáver! Pero con sus besos me hubiera trocado por un emperador. ¡ Oh, cuan dulces serán las realidades del amor, cuando tanto lo son las sombras! (Entra Baltasar.) ¿Traes alguna nueva de Verona? ¿Te ha dado Fray Lorenzo alguna carta para mí? ¿Cómo está mi padre? ¿Y Julieta? Nada malo puede sucederme si ella está buena. BALTASAR.- Pues ya nada malo puede sucederte, porque su cuerpo reposa en el sepulcro, y su alma está con los ángeles. Yace en el panteón de su familia. Y perdonadme que tan pronto haya venido a traeros tan mala noticia, pero vos mismo, señor, me encargasteis que os avisara de todo. ROMEO.- ¿Será verdad? ¡Cielo cruel, yo desafio tu poder! Dadme papel y plumas. Busca esta tarde caballos, y vámonos a Verona esta noche. BALTASAR.- Señor, dejadme acompañaros, porque vuestra horrible palidez me anuncia algún mal suceso. ROMEO.- Nada de eso. Déjame en paz y obedece. ¿No traes para mi carta de Fray Lorenzo? BALTASAR.- Ninguna. (SE VA) ROMEO.- Sí, Julieta, esta noche descansaremos juntos. ¿Pero cómo? ¡Ah, infierno, cuan presto vienes en ayuda de un ánimo desesperado ! Ahora me acuerdo que cerca de aquí vive un boticario de torvo ceño y mala catadura gran herbolario de yerbas medicinales. Yo, al ver tal miseria, he pensado que aunque está prohibido, so pena de muerte, el despachar veneno, quizá este infeliz, si se lo pagaran, lo vendería. Bien lo pensé, y ahora voy a ejecutarlo. Cerrada tiene la botica. ¡Hola, eh! (Sale el Boticario.) BOTICARIO.- ¿Quién grita? ROMEO.- Oye. Tu pobreza es manifiesta. Cuarenta ducados te daré por una dosis de veneno tan activo que, apenas circule por las venas, extinga el aliento vital tan rápidamente como una bala de cañón. BOTICARIO.- Tengo esos venenos, pero las leyes de Mantua condenan a muerte al que los venda. ROMEO.- Y en tu pobreza extrema ¿qué te importa la muerte? Bien clara se ve el hambre en tu rostro, y la tristeza y la desesperación. ¿Tiene el mundo alguna ley, para hacerte rico? Si quieres salir de pobreza, rompe la ley y recibe mi dinero. BOTICARIO .- Mi pobreza lo recibe, no mi voluntad. ROMEO.- Yo no pago tu voluntad, sino tu pobreza. BOTICARIO.- Este es el ingrediente: desleídlo en agua o en un licor cualquiera, bebedlo, y caeréis muerto en seguida, aunque tengáis la fuerza de veinte hombres. ROMEO.- Recibe tú el dinero. Él es la verdadera ponzoña, engendradora de más asesinatos que todos los venenos que no debes vender. La venta la he hecho yo, no tú. Adiós: compra pan, y cúbrete. No un veneno, sino una bebida consoladora llevo conmigo al sepulcro de Julieta. ESCENA II Celda de fray Lorenzo (FRAY JUAN y FRAY LORENZO) FRAY JUAN.- ¡ Hermano mío, santo varón! FRAY LORENZO.- Sin duda es Fray Juan el que me llama. Bien venido seáis de Mantua; ¿qué dice Romeo? Dadme su carta, si es que traéis alguna. FRAY JUAN.- Busqué a un fraile descalzo de nuestra orden, para que me acompañara. Al fin le encontré, curando enfermos. La ronda, al vernos salir de una casa, temió que en ella hubiese peste. Sellaron las puertas, y no nos dejaron salir. Por eso se desbarató el viaje a Mantua. FRAY LORENZO.- ¿Y quién llevó la carta a Romeo? FRAY JUAN.- Nadie: aquí está. No pude encontrar siquiera quien os la devolviese. Tal miedo tenían todos a la peste. FRAY LORENZO.- ¡Qué desgracia! ¡Por vida de mi padre San Francisco! Y no era carta inútil, sino con nuevas de grande importancia. Puede ser muy funesto el retardo. Fray Juan, búscame en seguida un azadón y llévale a mi celda. FRAY JUAN.- En seguida, hermano. (Vase.) FRAY LORENZO.- Sólo tengo que ir al cementerio, porque dentro de tres horas ha de despertar la hermosa Julieta de su desmayo. Mucho se enojará conmigo porque no di oportunamente aviso a Romeo. Volveré a escribir a Mantua, y entre tanto la tendré en mi celda esperando a Romeo. ¡Pobre cadáver vivo encerrado en la cárcel de un muerto! ESCENA III Cementerio, con el panteón de los capuletos (PARIS y un PAJE con flores y antorchas) PARIS.- Dame una tea. Apártate: no quiero ser visto. Ponte al pie de aquel arbusto y estáte con el oído fijo en la tierra, para que nadie huelle el movedizo suelo del cementerio, sin notarlo yo. Apenas sientas a alguno, da un silbido. Dame las flores, y obedece. PAJE.- Así lo haré; (aparte) aunque mucho temor me da el quedarme solo en este cementerio. PARIS.- Vengo a cubrir de flores el lecho nupcial de la flor más hermosa que salió de las manos de Dios. Hermosa Julieta, que moras entre los coros de los ángeles, ¿Qué pie infernal es el que se llega de noche a interrumpir mis piadosos ritos? ¡Y trae una tea encendida! ¡Noche, cúbreme con tu manto! (Entran Romeo y Baltasar.) ROMEO.- Dame ese azadón y esa palanca. Toma esta carta. Apenas amanezca, procurarás que la reciba Fray Lorenzo. Dame la luz, y si en algo estimas la vida, nada te importe lo que veas u oigas, ni quieras estorbarme en nada. La principal razón que aquí me trae no es ver por última vez el rostro de mi amada, s ino apoderarme del anillo nupcial que aún tiene en su dedo, y llevarle siempre como prenda de amor. Aléjate, pues. Y si la curiosidad te mueve a seguir mis pasos, júrote que he de hacerte trizas, y esparcir tus miembros desgarrados por to-dos los rincones de este cementerio. Más negras y feroces son mis intenciones, que tigres hambrientos o mares alborotadas. BALTASAR.- En nada pienso estorbaros, señor. ROMEO.- Es la mejor prueba de amistad que puedes darme. Toma, y sé feliz, amigo mío. BALTASAR.- (Aparte.) Pues, a pesar de todo, voy a observar lo que hace; porque su rostro y sus palabras me espantan. ROMEO.- ¡Abominable seno de la muerte, que has devorado la mejor prenda de la tierra, aún has de tener mayor alimento ! (Abre las puertas del sepulcro.) PARIS.- Este es Montesco, el atrevido desterrado, el asesino de Teobaldo, del primo de mi dama, que por eso murió de pena, según dicen. Sin duda ha venido aquí a profanar los cadáveres. ¿Por qué no te rindes, malvado proscrito? Sígueme, que has de morir. ROMEO.- Sí: a morir vengo. Noble joven, no tientes a quien viene ciego y desalentado. Huye de mí: déjame; acuérdate de los que fueron y no son. Acuérdate y tiembla, no me provoques más, joven insensato. Por Dios te lo suplico. No quieras añadir un nuevo pecado a los que abruman mi cabeza. PARIS.- ¡Vil desterrado, en vano son esas súplicas! ROMEO.- ¿Te empeñas en provocarme? Pues muere... (Pelean.) PAJE.- ¡Ay, Dios! pelean: voy a pedir socorro. (Vase. Cae herido Paris.) PARIS.- ¡Ay de mí, muerto soy! ROMEO.- Esposa mía, amor mío, la muerte que ajó el néctar de tus labios, no ha podido vencer del todo tu hermosura. Todavía irradia en tus ojos y en tu semblante, donde aún no ha podido desplegar la muerte su odiosa bandera. Ahora quiero calmar la sombra de Teobaldo, que yace en ese sepulcro. La misma mano que cortó tu vida, va a cortar la de tu enemigo. Julieta, ¿por qué estás aún tan hermosa? ¿Será que el descarnado monstruo te ofrece sus amores y te quiere para su dama? Para impedirlo, dormiré contigo en esta sombría gruta de la noche, en compañía de esos gusanos, que son hoy tus únicas doncellas. Brindemos por mi dama. ¡Oh, cuán portentosos son los efectos de tu bálsamo, alquimista veraz! Así, con este beso... muero. (Cae. Llega fray Lorenzo.) FRAY LORENZO.- ¡Por San Francisco y mi santo hábito! ¡Esta noche mi viejo pie viene tropezando en todos los sepulcros! ¿Quién a tales horas interrumpe el silencio de los muertos? BALTASAR.- Un amigo vuestro, y de todas veras, y allí se encuentra mi amo, a quien tanto queréis. FRAY LORENZO.- ¿De quién hablas? BALTASAR.- De Romeo. FRAY LORENZO.- ¿Y cuánto tiempo hace que ha venido? BALTASAR.- Una media hora. FRAY LORENZO.- Sígueme. BALTASAR.- ¿Y cómo, padre, si mi amo cree que no estoy aquí, y me ha amenazado con la muerte, si yo le seguía? FRAY LORENZO.- Pues quédate, e iré yo solo. ¡Dios mío! Alguna catástrofe temo. ¡Romeo! Pero ¡Dios mío! ¿qué sangre es ésta en las gradas del monumento? ¿Qué espadas éstas sin dueño, y tintas todavía de sangre? (Entra en el sepulcro.) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Y Paris cubierto de sangre!... La doncella se mueve. (Despierta Julieta.) JULIETA.- Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debía yo estar y allí estoy. Pero ¿dónde está Romeo, padre mío? FRAY LORENZOTu esposo yace muerto a tu lado, y Paris muerto también. Sígueme a un devoto convento y nada más me digas, porque la gente se acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí. JULIETA.- Yo aquí me quedaré. ¡Esposo mío! Mas ¿qué veo? Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! no me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará. (Le besa.) Aún siento el calor de sus labios. ALGUACIL 1°.- (Dentro.) ¿Dónde está? Guiadme. JULIETA.- Siento pasos. Necesario es abreviar. (Coge el puñal de Romeo.) ¡Dulce hierro, descansa en mi corazón, mientras yo muero! ( Se hiere y cae sobre el cuerpo de Romeo. Entran la ronda y el paje de Paris.) PAJE.- Aquí es donde brillaba la luz. ALGUACIL 1°.- Recorred el cementerio. Huellas de sangre hay. Prended a todos los que encontréis. ¡Horrenda vista! Muerto Paris, y Julieta, a quien hace dos días enterramos por muerta, se está desangrando, caliente todavía. Llamad al Príncipe, y a los Capuletos y a los Montescos. Sólo vemos cadáveres, pero no podemos atinar con la causa de su muerte. (Traen algunos a Baltasar.) ALGUACIL 2°.- Este es el escudero de Romeo, y aquí le hemos encontrado. ALGUACIL 1°.- Esperemos la llegada del Príncipe. (Entran otros con fray Lorenzo.) ALGUACIL 3°.- Tembloroso y suspirando hemos hallado a este fraile cargado con una palanca y un azadón; salía del cementerio. ALGUACIL 1°.- Sospechoso es todo eso: detengámosle. (Llegan el Príncie y sus guardas.) PRINCIPE.- ¿Qué ha ocurrido para despertarme tan de madrugada? ( Entran Capuleto, su mujer, etc.) CAPULETO.- ¿Qué gritos son los que suenan por esas calles? SEÑORA CAPULETO.- Unos dicen “Julieta”, otros “Romeo”, otros “Paris”, y todos corriendo y dando gritos, se agolpan al cementerio. PRINCIPE.- ¿Qué historia horrenda y peregrina es ésta? ALGUACIL 1°.- Príncipe, ved. Aquí están el conde Paris y Romeo, violentamente muertos y Julieta, caliente todavía y desangrándose. PRINCIPE.- ¿Averiguasteis la causa de estos delitos? ALGUACIL 1°.- Sólo hemos hallado a un fraile y al paje de Romeo, cargados con picos y azadones propios para levantar la losa de un sepulcro. CAPULETO.- ¡Dios mío! Esposa mía, ¿no ves correr la sangre de nuestra hija? Ese puñal ha errado el camino: debía haberse clavado en el pecho del Montesco y no en el de nuestra inocente hija. SEÑORA CAPULETO.- ¡Dios mío! Siento el toque de las campanas que guían mi vejez al sepulcro. (Llegan Montesco y otros.) PRINCIPE.- Mucho has amanecido, Montesco, pero mucho antes cayó tu primogénito. MONTESCO.- ¡Poder de lo alto! Ayer falleció mi mujer de pena por el destierro de mi hijo. ¿Hay reservada alguna pena más para mi triste vejez? PRINCIPE.- Tú mismo puedes verla. MONTESCO.- ¿Por qué tanta descortesía, hijo mío? ¿Por qué te atreviste á ir al sepulcro antes que tu padre? PRINCIPE.- Contened por un momento vuestro llanto, mientras busco la fuente de estas desdichas. Luego procuraré consolaros o acompaña-ros hasta la muerte. Callad entre tanto: la paciencia contenga un momento al dolor. Traed acá a esos presos. FRAY LORENZO.- Yo, el más humilde y a la vez el más respetable por mi estado sacerdotal, pero el más sospechoso por la hora y el lugar, voy a acusarme y a defenderme al mismo tiempo. PRINCIPE.- Decidnos lo que sepáis. FRAY LORENZO.- Lo diré brevemente, porque la corta vida que me queda, no consiente largas relaciones. Romeo se había desposado con Julieta. Yo los casé, y el mismo día murió Teobaldo. Esta muerte fue causa del destierro del desposado y del dolor de Julieta. Vos creísteis mitigarle, casándola con Paris. En seguida vino a mi celda, y loca y ciega me rogó que buscase una manera de impedir esta segunda boda, porque si no, iba a matarse en mi presencia. Yo le di un narcótico preparado por mí, cuyos efectos simulaban la muerte, y avisé a Romeo por una carta, que viniese esta noche (en que ella despertaría) a ayudarme a desenterrarla. Fray Juan, a quien entregué la carta, no pudo salir de Verona, por súbito accidente. Entonces me vine yo solo a la hora prevista, para sacarla del mausoleo, y llevarla a mi convento, donde esperase a su marido. Pero cuando llegué, pocos momentos antes de que ella despertara, hallé muertos a Paris y a Romeo. Despertó ella, y le rogué por Dios que me siguiese y respetara la voluntad suprema. Ella, desesperada, no me siguió, y a lo que parece, se ha dado la muerte. Hasta aquí sé. Del casamiento puede dar testimonio su ama. Y si yo delinquí en algo, dispuesto estoy a sacrificar mi vida al fallo de la ley, que sólo en pocas horas podrá adelantar mi muerte. PRINCIPE.- Siempre os hemos tenido por varón santo y de virtudes. Oigamos ahora al Criado de Romeo. BALTASAR.- Yo di a mi amo noticia de la muerte de Julieta. A toda prisa salimos de Mantua, y llegamos a este cementerio. Me dio una carta para su padre, y se entró en el sepulcro desatentado y fuera de si, amenazándome con la muerte, si en algo yo le resistia. PRINCIPE.- Quiero la carta: ¿y dónde está el paje que llamo a la ronda? PAJE.- Mi amo vino a derramar flores sobre el sepulcro de Julieta. Yo me quedé cerca de alli, según sus órdenes. Llegó un caballero y quiso entrar en el panteón. Mi amo se lo estorbó, riñeron, y yo fui corriendo a pedir auxilio. PRINCIPE.- Esta carta confirma las palabras de este bendito fraile. En ella habla Romeo de su amor y de su muerte: dice que compró veneno a un boticario de Mantua, y que quiso morir, y descansar con su Julieta. ¡Capuletos, Montescos, ésta es la maldición divina que cae sobre vuestros rencores! No tolera el cielo dicha en vosotros, y yo pierdo por causa vuestra dos parientes. A todos alcanza hoy el castigo de Dios. CAPULETO.- Montesco, dame tu mano, el dote de mi hija: mas que esto no puede pedir tu hermano. MONTESCO.- Y aún te daré más. Prometo hacer una estatua de oro de la hermosa Julieta, y tal que asombre a la ciudad. CAPULETO.- Y a su lado haré yo otra igual para Romeo. PRINCIPE.- ¡Tardia amistad y reconciliación, que alumbra un sol bien triste! Seguidme: aún hay que hacer más: premiar a unos y castigar a otros. Triste historia es la de Julieta y Romeo. Graxx x Leer Dejen Puntos,Comenten

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La construcción del edificio del World Trade Center en 2 mi
La construcción del edificio del World Trade Center en 2 mi
InfoporAnónimo4/27/2012

Tras la caída de las Torres Gemelas, World Trade Center, el 11 de septiembre de 2001, el luto por uno de losiconos de la ciudad se hizo sentir además del dolor por los fallecidos en el ataque terroristas. Los proyectos para sustituir a estos emblemas empezaron a fluir. El edificio que se construye en el mismo espacio, ya se alza y ya se destaca en el panorama de Nueva York. Aquí un video que muestra la evolución del proyecto desde sus cimientos.

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Como Ser un Mimo
ArteporAnónimo1/6/2012

Ola Taringueros Bueno Como Tarea de Mi Colegio me mandaron a actuar como un Mimo aora aki les dare uno Videos con los cuales yo aprendi a actuar como un MiMo La Caja Bueno este Video es un Clasico de todos Los Mimos,Sirve como practica para Mejorar Tus Expresiones Faciales link: http://www.youtube.com/watch?v=iB_0C4UoMb0&feature=related El Globo Este es un Poco Facil Pero el Final es lo Dificil link: http://www.youtube.com/watch?v=MLNoLvjmZRg&feature=related Este Es el Hilo un poco Mas dificil es Expresar los 2 el mismo Movimiento junto con la Dramatizacion´ link: http://www.youtube.com/watch?v=Nw44ob2SDXw&feature=related Este es Para Profesionales link: http://www.youtube.com/watch?v=4QAqJcVpKsY&feature=related Espero Que les Haiga Servido Dejen Puntos,Comenten

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Como Poner Contraseña a un Archivo WinRar!
Hazlo Tu MismoporAnónimo2/6/2012

Ola Gente de T! Visiten mi otro Post: http://www.taringa.net/posts/hazlo-tu-mismo/13910251/Como-Comprimir-Archivos-en-Partes-con-WinRar_.html Hola aki les voy a dar un Tutorial de Como Poner una Contraseña a se Archivo WinRar Primero Seleccionamos el archivo que queremos Poner una contraseña Segundo Utilizamos la Opción"Añadir al archivo..." Tercero vamos a la opción "Avanzado" Utilizamos la opcion"Establecer Contraseña" Nos aparecera una Venta como esta... Aki Introducimos y Confirmamos Nuestra Contraseña Le damos "Aceptar" Regresamos a "General" Le damos "Aceptar" Esperamos a que nuestro Archivo se comprima Al archivo le damos a "Extraer aki" Les Saldrá una Venta asi.. Introducimos nuestra contraseña,para revisar! Le damos a "Aceptar" Y se descomprimirá nuestro Archivo Y listo aparecera el archivo CoMenten,Dejen Puntos Gracias!

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