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Usuario (Argentina)

Una Galaxy Tab 10.1 y una iPad 2 De ahí la nota. Acompañando esto, y aprovechando que tuve la oportunidad de probar varios de los equipos mencionados en la nota, les dejo algunas impresiones sobre los mismos; quizás les ayuden a elegir uno de estos equipos. En la Argentina hoy hay cuatro plataformas para elegir: la iPad, los equipos con Android, la Playbook de RIM y los equipos con Windows. Cada una tiene sus fortalezas y debilidades. A propósito: son bastante populares en el país los equipos de segundas o terceras marcas (Coby, X-View, BQ y otras marcas de origen difuso). Tienen lo suyo, y algunos agregados ingeniosos, pero para reducir su precio apelan a tres elementos (pantallas resistivas de plástico, procesadores modestos, un Android no oficial) que atentan contra el concepto de la tableta en sí. El atractivo de este dispositivo depende por partes iguales de su ductildad, de su confiabilidad, de su agilidad en el uso y de su estética. Hay gustos y gustos, pero a diferencia de otros dispositivos tecnológicos (un televisor LCD, una PC de escritorio, una netbook, o incluso un celular) la calidad de los materiales y su combinación con el hardware y el software influyen muchísimo. Es decir: no escatimen a la hora de comprar un equipo de este estilo. Hay más de una opción, por supuesto, y no digo que sí o sí hay que comprarse el equipo de 64 GB internos, Wi-Fi, 3G, LTE y resistencia para el mate. Pero hay una razón, rápidamente palpable, por la que los equipos buenos salen el doble o el triple que uno “económico”, y van más allá del tamaño de la pantalla o la cantidad de memoria interna disponible. Arriba, un equipo con Android y una PlayBook; abajo, una máquina con Windows 7 y una iPad 2 Tengo en casa una iPad 2 y una PlayBook, y en los úlltimos meses probé una tableta de Lenovo (la K1); la Galaxy Tab original de 7” y la nueva de 10.1 que es el foco de la guerra de patentes entre Samsung y Apple; también usé una Gateway TP-A60 (segunda marca de Acer) y una Asus Eee Transformer (la primera de la línea), además del equipo de Exo con Windows 7. Si tuviera que elegir un equipo hoy, el dinero no fuera un impedimento, y tuviera que apostar a lo que me reditúe más en amplitud de usos, por así decirlo, me compraría uno con Android 3.x, aunque no necesariamente me parece la oferta más lograda. ¿Una contradicción? Paso a explicar. Como dije alguna vez, creo que hoy hay 4 pilares para cualquier ecosistema móvil: el hardware, el sistema operativo, la interacción con el usuario que éste propone y el mundo de aplicaciones disponibles que hacen crecer el equipo. Hardware y funciones El hardware es el más flexible, y el más pasatista: la supermegamáquina de hoy es el equipo obsoleto del mañana. Todas las tabletas de alta gama tienen un chip de doble núcleo (todos ARM de similar generación), y 512 MB de RAM (la iPad 2), 1 GB (Android/PlayBook) o 2 GB (Win7). Conclusión: pueden hacer más o menos lo mismo con similar celeridad, correr juegos de igual sofisticación gráfica, etcétera. Algunos son mejores en esto, otros en aquello; en general, esto es notorio en comparativas directas, pero suele ser una diferencia de rendimiento mínima, y raramente sensible si -como suele ser en la mayoría de los casos- estamos usando un solo equipo sin otros distintos alrededor. Digo: el navegador de la iPad 2 es un poco más veloz que el de Android. Fenómeno. No mil veces más rápido. Un poco. Difícil notarlo en el día a día, cuando también influyen la conexión, las tareas del servidor que nos brinda la página, etcétera. En hardware, la iPad 2 tiene un diseño muy logrado, y la integración vertical entre el hardware y el software es óptima (porque ese software y ese hardware fueron diseñados de la mano; Android, como Windows, apunta a ser universal, y por lo tanto más difuso). La nueva Samsung Galaxy Tab 10.1 es muy linda también, e igualmente delgada. La desventaja de Android se transforma aquí en una ventaja: no sólo hay equipos de diferente tamaño de pantalla (10,1, 7 y 8,2 pulgadas), sino que el uso de distintos materiales permite tener una leve amplitud de precios, por más que sea a costa de un poco más de peso o grosor en el equipo. Los equipos de 7 pulgadas me siguen pareciendo una opción super atractiva (aunque me amigué un poco más con los de 10”) y sigo prefiriendo la ausencia de botones al frente -como en la PlayBook y varios equipos con Android- al único botón central de la iPad. Son gustos. Me resulta atractivo y conveniente disponer de un puerto USB normal en una tableta con Android; permite un ida y vuelta de contenidos (fotos, videos, archivos varios) imbatible. La disponibilidad de un puerto HDMI se agradece, también, aunque yo particularmente no lo uso casi nunca (y eso que la PlayBook permite mostrar una cosa en la pantalla grande mientras corre otra aplicación en la pantalla de la tableta). En términos de accesorios, la iPad tiene muchísimos, aunque un teclado Bluetooth funciona con cualquiera de estos equipos. Me encantó, en este punto, el teclado de la Asus Transformer. Es una tableta convencional, a la que se le adosa un teclado con un conector especial, que la transforma en la smartbook que quiso ser la Compaq AirLife. El teclado tiene tamaño estándar, el touchpad funciona muy bien y admite gestos multitoque (que Android interpreta correctamente) y encima le agrega una segunda batería para llevar la autonomía del equipo a 16 horas. Me pareció brillante; el resultado es más pesado que algunas notebooks o netbooks, pero ciertamente combina de una manera efectiva lo mejor de los dos mundos. Interfaz de usuario En lo que a la interfaz de usuario refiere, no tengo dudas: la opción que me parece más lograda, más sofisticada sin ser compleja, es la de la PlayBook, que describí en su momento. “¡Hereje! ¡No puede ser, si iOS es lo mejor de lo mejor, lo usan los nenes de dos años!” Quizás (y yo puedo dar fe que lo mismo sucede con la PlayBook). De nuevo, es un tema de gustos. No tengo dudas que es el más sencillo, pero algunas cuestiones, sobre todo sumadas con las últimas actualizaciones (como la persiana superior de notificaciones, la doble presión del botón para ver las aplicaciones activas: y los gestos con varios dedos para pasar de una aplicación a otra) funcionan bien, pero no las siento propias de la interfaz. Son agregados; son una ampliación arquitectónica dentro de la casa que no quedan mal, que siguen el estilo, pero que no estaban en el diseño original, que era mucho más minimalista, y en un punto se nota. Android 3.x, por ejemplo, obtiene para mí el raro logro de tener algo genial (las notificaciones emergentes en el ángulo inferior derecho) y combinarlo con algo muy poco feliz: todo el resto. Android 3.x apela a escritorios virtuales donde poner widgets y accesos directos a aplicaciones. Nada nuevo ahí. Luego, abajo a la izquierda están los botones de control (Inicio, Retroceder, la lista de aplicaciones de uso reciente). Pero la lista de aplicaciones está allá arriba, a lo lejos, en el ángulo superior derecho, lo mismo que el menú de opciones de cada aplicación, y el botón para poner widgets en el escritorio… que aparecen desde abajo. Una vez que uno se acostumbra está resuelto, Pero es innecesariamente complejo, y la curva de aprendizaje es empinada. Habrá que ver cuánto de esto se modifica con Android 4; por lo pronto, los gestos para despejar menús y notificaciones que se agregaron en esa versión me parecen genial. La Samsung Galaxy Tab 10.1, con controles en los ángulos, y una Apple iPad 2 (las notificaciones aparecen arriba abajo del reloj) En funciones generales me parece que hay algunos elementos muy uniformes y también grandes diferencias. Quizá no esté de más aclararlo: todas las tabletas modernas tienen un navegador Web, una suite de comunicaciones (e-mail, chat, gestión de contactos, calendario; la PlayBook requiere un BlackBerry para lograrlo por ahora), de visión o edición de archivos de oficina, de reproducción multimedia(fotos, música, videos) y acceso a una vasta colección de juegos, además de ofrecer software para mapas. La iPad es la que dispone de mayor cantidad de aplicaciones disponibles para este formato, y su éxito internacional (sobre todo en Estados Unidos, cuna de la mayor parte del software de que dispone) aseguran que esto se mantendrá así por largo rato. Si se necesita una herramienta o función específica para este equipo, es probable que aparezca primero para la iPad. Las herramientas y aplicaciones más comunes, sin embargo, están teniendo una rápida contraparte en Android, que en móviles ya tiene la mitad del mercado mundial de smartphones. Como en la iPad, las aplicaciones hechas para teléfonos con Android corren en las tabletas sin inconvenientes, y con Android 4 esto debería ser todavía más transparente. Los usuarios de iPhone encontrarán más cercanías con el software de la iPad que los de móviles de Android con tabletas de ese sistema operativo. Hay mucho en el acercamiento que uno tiene a un dispositivo que depende de cierta manera de hacer las cosas (o de pensar, según algunos estudios), de la historia del interés particular que tenga cada uno sobre la tableta y lo que ofrece. Prefiero el cliente de correo de Android 3.x (y la integración con todos los servicios de Google), pero la galería de fotos de Apple me gusta más; el reproductor multimedia de la iPad es excelente, pero me parece que en términos de códecs (es decir: en cantidad de cosas que puedo reproducir, y a mi manera, en el bendito equipo) gana Android. Está lindo tener una cámara de 5 megapixeles que (como sucede con la Galaxy Tab nueva o con la PlayBook) graba video en Full HD, pero la probabilidad de que la use para esa tarea es muy baja. Los teclados me parecieron, en general, todos buenos; obviamente si la tableta es de 7” lo más probable es que lo que les resulte más cómodo sea en posición vertical, y si es de diez el horizontal si saben escribir con más de dos dedos. Probé el nuevo teclado partido de iOS 5 (dos mitades a cada lado de la pantalla, para operar con los pulgares), pero no me convenció; quizá sea cuestión de práctica. El más flojo es el de la PlayBook, sobre todo porque no tiene diccionario predictivo (quizá esto cambie con la actualización 2.0 del sistema operativo que llega en febrero próximo). El navegador. Y (horror) Flash Inevitable tocar el tema del navegador, elemento central en todas las tabletas. El de la iPad es un poco más fluido que los demás. Anda mejor. Salvo, claro, cuando uno se topa con una página con Flash. “¡Con Flash! -dirá alguno- Ignorante, ¿no sabés que Flash murió, y que lo que predijo Steve Jobs se cumplió?” Déjenme que disienta. Sí, Flash no va más a futuro, y HTML5 viene cargado de regalos y la promesa de un mundo mejor. Pero hoy (y yo uso la tableta hoy, no en unos meses o el año próximo) hay un montón de servicios y páginas Web que dependen de Flash, y que migrarán a HTML5 cuando lo decida cada webmaster. Cuánto pueda uno prescindir de ellos depende del uso que le de al equipo. Mi experiencia: si quiero ver el carrusel de promociones que publican en sus páginas Web mi banco y el supermercado al que voy usualmente, este fin de semana, necesito Flash. Si quiero ver todo el contenido multimedia que diariamente sube lanacion.com (entre otros) a la Web, necesito Flash. ¿Crucial? No, pero pagué 3500 pesos por un equipo así, uno de cuyos argumentos de venta es la facilidad para navegar. Y es realmente así: navegar por la Web en una tableta es genial, tirado en la cama o en el sillón; usándolo de complemento para algo que veo en la tele, para saldar un argumento en una reunión y no tener que apelar al teléfono, etc. De nuevo: si vas a poder vivir sin Flash, la iPad va genial. Si no, o no sabés, o no querés estar pensando en si el link de Twitter te llevará a un sitio compatible o no, quizá sea mejor una tableta con Android. La PlayBook también tiene Flash, y RIM afirma que seguirá actualizando el plugin -puede hacerlo porque tiene un acuerdo especial con Adobe- pero el navegador no es tan bueno. No es malo; simplemente no es tan bueno. De Android me gusta, además, la apertura frente a lo desconocido. De nuevo, cosas que yo vivo todos los días, como tener que descargar un archivo de un sitio y que Safari se niegue (no es un elemento conocido) mientras que el de Android (con algún que otro agregado, es cierto) lo hace sin inmutarse. Y hasta Windows 7 Hasta ahora no mencioné a los equipos con Windows 7. Probé uno, el de Exo, que es básicamente una netbook con pantalla táctil, sin teclado y con un disco SSD. Pero aunque es más delgada tiene el tamaño de una netbook y, sobre todo, el peso de una portátil de este tipo, así que definitivamente no es para cualquiera, y le falta para ser una tableta que compita de igual a igual con el resto. Pero funciona, y realmente bien. ¡Casi increíble! No le faltan problemas; Windows 7 en su modo básico asume que uno tiene con los dedos la misma precisión que con el mouse, y eso por supuesto es imposible. Pero la mayoría de los fabricantes de equipos todo-en-uno lo resolvió agregando una interfaz alternativa para las tareas más comunes que podemos resolver con un dedo. Para mí hay algo muy tentador en una tableta con Windows, y creo que es a lo que apunta Microsoft con Windows 8; una interfaz de usuario pensada para pantallas táctiles y dedos, y atrás, a un clic de distancia, toda la sofisticación y poderío de Windows (no porque sea mejor que OS X: porque es un sistema operativo completo). No es que las tabletas con Android o iOS no sirvan para trabajar; al contrario, son pocas las tareas de oficina o herramientas comunes que no pueden o podrían resolverse con estos equipos, y esto se vuelve todavía más claro con la popularización de los servicios basados en la Nube, que sólo exigen un navegador decente. Pero la alternativa es tener una PC en la mano. Es (en teoría) no tener limitaciones. Es una sensación rara, porque se nota que Win7 no pertenece a ese mundo.Win8 será otro cantar y le tengo bastante fe. Los bordes de la Galaxy Tab 10.1 y la iPad 2 De las tabletas que probé, y aunque me atraen los equipos con pantalla de 7”, me pareció que la combinación de diseño e integración vertical de hardware y software era superior en la iPad 2 (aunque la PlayBook me parece muy elegante). Me gustó mucho la combinación de la tableta de Asus con su teclado (es como ganar un segundo equipo), y la Samsung ciertamente es la encarnación de lo que debe ser una tableta en términos de diseño -muy sobrio-, peso y grosor (8,6 mm y 565 gramos, contra los 8,8 mm y 607 gramos de la iPad 2). El peso, más que el grosor, fue lo más me atrajo de estos equipos; las otras tabletas con Android que probé estaban cerca de los 730 gramos y entre 12 y 14 mm de grosor. Se nota la diferencia. ¿Y ustedes? ¿Qué equipo tienen, o cual se comprarían? ¿Qué les gusta y qué no? ¿O les parece un gasto inútil?

CUANTO GANA RIQUELME: Febrero de 1998. Juan Román Riquelme todavía no había ganado ningún título con Boca, pero generó su primer cortocircuito con Mauricio Macri y la comisión directiva porque el club pedía por él 14.000.000 de dólares ante una oferta de Parma. Hubo acusaciones cruzadas y el enganche reclamaba que no podía valer tanto si su sueldo era de apenas u$s 1500. Los dirigentes, enojados por su postura, hicieron público el recibo, que demostró que Román percibía u$s 5788, prueba que fue reflejada en la tapa del diario Olé . Riquelme se enojó mucho por el hecho en sí, dijo que el periodismo se estaba metiendo en su vida privada y que no tenía derecho a tal publicación. Septiembre de 2009. Riquelme, ya transformado en ídolo y luego de dar 9 vueltas olímpicas con Boca, grita a los cuatro vientos: "Yo siempre quiero jugar, yo amo a este club, si no no estaría trabajando gratis acá. Soy el único pel... que trabaja gratis y lo hago feliz". Lo dijo en Radio Del Plata; lo remarca en cada conferencia de prensa. A diferencia de lo que pensaba hace once años, Riquelme no se enoja por hablar de dinero; por el contrario, quiere que su sueldo sea tapa. Sólo Boca tiene la prueba que dice que igual recibe una remuneración mensual en pesos. No es el punto, porque el importe pudo haber sido descontado de las temporadas anteriores. El tema es el contexto de la discusión. Porque si el club xeneize estuvo muy mal financieramente a principios de año, en parte fue por el descomunal contrato que decidió firmar Pedro Pompilio con el jugador. No importa cuánto ganó ni gana Riquelme. Sí que a Boca, que debe darles explicaciones y rendiciones a sus socios, Román le salió 15.000.000 de dólares por tres años. En aquel momento, Pompilio justificó el gasto diciendo que el N° 10 le iba a hacer ganar mucha plata al club y que iba a potenciar a compañeros que, luego vendidos, generarían ganancias. Pero la película no terminó como la planificó Macri en 2007, cuando le desembolsó a Villarreal US$ 2.000.000 por un préstamo por seis meses, Boca ganó la Copa Libertadores e impulsó a jugadores como Caranta, Morel Rodríguez, Ledesma, Palacio y Banega. Fue gravitante en la Recopa y el Apertura de 2008, pero en 2009 fue preso de las lesiones, las suspensiones y los bajos rendimientos: apenas jugó en 19 de los 32 compromisos xeneizes por el Clausura, la Copa Libertadores y el Apertura, hizo sólo dos goles y su calificación promedio fue de 4,9. Durante dos años, Riquelme cobró un gran contrato, uno de los mayores de la historia del fútbol argentino, pero él remarca que ahora juega gratis. Agosto de 2010. El periodista Elio Rossi, leyó un acta del club Boca Juniors donde figuraba allí el sueldo actual del contrato de Juan Román Riquelme. La cifra mostrada por el periodista era de 6 millones de dólares en 4 años de contrato , más 600 mil dólares en concepto de prima y 300 mil dólares por un partido amistoso a realizarse luego de su retiro.