sorheavymetal
Usuario (Argentina)
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10 herramientas para que los niños aprendan a programar Programar es, según la RAE, elaborar programas para la resolución de problemas mediante ordenadores. Donde programas son una serie de instrucciones debidamente elaboradas para dicho ordenador. Visto de otra manera, el programador escribe un mensaje, el código fuente, que el ordenador recibe, entiende y ejecuta luego de una serie de traducciones. Así se establece un tipo muy especial de interacción hombre-máquina, que comienza en la mente del programador y termina en los registros del CPU. La programación es ciencia y arte. Por un lado, como programadores, tenemos que hacernos de una buena colección de algoritmos y estructuras de datos para resolver problemas con cierta eficiencia. Aquí está la ciencia. Por el otro lado, debemos adquirir el oficio de programar con alguna herramienta, que va desde el lenguaje de programación hasta el entorno de desarrollo, sin mencionar técnicas de ingeniería de software para gestionar proyectos complejos y donde las preferencias-obsesiones personales entran en juego, incluso podemos hablar de estilos de programación. Aquí está el arte. Un programador experimentado sabe equilibrar esas dos fuerzas. ¿Cómo enseñar programación a un niño? Digamos a alguien entre 8 y 15 años de edad. No creo tener la mejor respuesta en términos pedagógicos, sin embargo, sí puedo recomendar alguna de las siguientes herramientas diseñadas especialmente para que los niños aprendan a programar, sin las complejidades teórico-prácticas de la programación profesional, con diferentes paradigmas a escoger. No soy padre, pero si lo fuera creo que la experiencia de enseñarle a tu hijo a programar será la próxima versión de enseñarle a andar en bicicleta. Si tú lo has hecho, por favor cuéntanos tu experiencia en los comentarios. 1. Alice Código abierto. Inglés. Ambiente de programación creado en Carnegie Mellon University, donde los niños pueden contar historias animadas con bloques 3D: "para la próxima generación de científicos de la programación. 2 Doma de Serpientes para Niños Código abierto. Inglés y español. Basado en el famoso "Snake Wrangling for Kids", es un libro electrónico para enseñar programación a niños mayores de 8 años mediante el lenguaje de programación Python, disponible en cualquier sistemas operativo. Éste lenguaje, cabe mencionar, es sencillo, flexible y poderoso: soy un acérrimo fan. 3 Kids with Ruby http://kidsruby.com/ Código abierto. Inglés. Es un software interactivo para aprender programación con el lenguaje Ruby: unos de los más bellos lenguajes, si me permiten decirlo, que podrán encontrar. Como dijo Yukihiro Matsumoto, creador de Ruby, "espero ayudar a que cada programador en el mundo sea productivo, disfrute y sea feliz programando. Este es el principal propósito del lenguaje Ruby". 4 Kodu http://www.kodugamelab.com/ Comercial. Inglés. Con Kodu lo niños pueden crear juegos de manera visual desde la PC y XBox. Fue diseñado para enseñar a programar con tres conceptos eje: creatividad, resolución de problemas y narrativa. 5 LEGO MindStorms NXT http://mindstorms.lego.com/en-us/default.aspx Comercial. Inglés, español. Son robots programables, ya sea con el NXT Intelligent Brick para programas relativamente sencillos, o con alguno de entre cincuenta lenguajes de programación disponibles. 6 Hackety Hack http://hackety.com/ Código abierto. Inglés. Sin experiencia previa en programación, por supuesto, Hackety Hack es un software ya clásico para enseñar a programar con Ruby, una lección a la vez. Creado por el no menos famoso hacker _why, Hackety Hack incluso obedece a un manifesto que en una de sus últimas líneas dice que "es libre y se mantendrá así en adelante". 7 Petit Computer Comercial. Inglés. Si sentarse a programar no es opción, tal vez sí lo sea usar un Nintendo 3DS o DSi con Petit Computer, que permite crear programas en BASIC. No es que BASIC sea la mejor opción, sin embargo puede ser atractivo hacerlo desde la consola portátil. 8 Raspberry Pi Comercial/Código abierto. Inglés. Este ha sido uno de los mayores éxitos de la comunidad del software y hardware libres en los últimos años. Se trata de una pequeña placa que puede costar entre 25 y 35 dólares, donde cabe Linux, y está diseñado expresamente para la enseñanza de programación básica. Además de ser un gadget fabuloso para un hacker, su portabilidad y precio permiten montar talleres móviles de programación para niños con poco acceso a la tecnología. 9 RoboMind http://www.robomind.net/es/index.html Gratuito. Inglés. Tenemos ante nosotros un proyecto similar a LEGO Mindstorms, pero en software: un ambiente de programación básica aplicada a un robot virtual, con la posibilidad de profundizar en temas de robótica e inteligencia artificial. Utiliza su propio lenguaje, ROBO, diseñado con una sintaxis simple. 10 Scratch http://scratch.mit.edu/ Código abierto (salvo algunas partes). Inglés. Este proyecto ya es un clásico. Comenzó en el MIT en 2006 y hoy en día tiene una comunidad vibrante de usuarios que comparten proyectos y experiencias. Scratch se conforma de un entorno de programación visual orientada a la creación de juegos y animaciones para iniciar a los niños en los bloques básicos de la programación.
Contar el desastre: réplicas a 30 años del terremoto de 1985 El 19 de septiembre de 1985 mi mamá salió a despedir a mi papá que salía a trabajar. Estaban en la puerta de nuestra casa de entonces cuando se sintieron los primeros movimientos: sacudidas moderadas que poco a poco se fueron tornando violentas, hasta hacer que los postes de alumbrado público se movieran como metrónomos. La señal de televisión y radio se interrumpió, en casa no hubo teléfono hasta años después, por lo que pasó mucho tiempo antes de que pudieran informarse de la salud de nuestros familiares y la verdadera magnitud del daño. Mientras tanto, ausente de todo, yo entraba plácidamente en mi noveno mes de gestación. Mi familia no estuvo entre las millones de afectadas, pero si le preguntan a cualquier chilango de más de 40 años seguramente podrá recordar exactamente dónde estaba en ese momento. En poco más de un minuto, el sismo de 8,1 grados en escala de Richter provocó daños irreparables en términos humanos, materiales y morales. Junto con la fuerte réplica del día 20, el saldo fue de unos 100,000 edificios colapsados, las pérdidas humanas ascendieron a más de 10,000 habitantes, los servicios básicos de agua y electricidad se interrumpieron en amplias zonas, y una grieta irreparable dividió el tiempo mexicano en dos. La memoria del terremoto del 85 quedó irremediablemente ligada a la unidad habitacional Nonoalco Tlatelolco, donde llegué a vivir con mi pareja y mis hijos hace cosa de año y medio, por un extraño azar. En el lugar donde estuvo el edificio Nuevo León hoy se puede visitar una pequeña plaza con un reloj de sol que marca siempre la hora del sismo (7:19 am), así como una placa conmemorativa. Once edificios más tuvieron que ser demolidos en la unidad por daños estructurales, e investigando un poco pude saber que el edificio donde vivo tiene nada menos que 1.5 grados de inclinación. Los residentes que decidieron quedarse –o que no tuvieron más remedio– se enfrentaron a la incompetencia gubernamental que detonaría el famoso “nacimiento de la sociedad civil” del Distrito Federal: primero como grupos de rescatistas improvisados, filas para remover escombro o para repartir alimento a los damnificados, y posteriormente como formas de organización política comunitaria de grupos como Unidos por Tlatelolco o la Asamblea de Barrios, integrada por gente que decidió organizarse bajo lemas como “Nuestra sumisión quedó bajo los escombros” para exigir el involucramiento real del gobierno más allá de las promesas y relaciones públicas. A raíz del temblor del 85, la administración pública de Tlatelolco (que alberga aún a más de 10 mil familias) sigue recayendo en gran medida en los vecinos. Supongo que solamente los chilenos y los japoneses tienen una conciencia tan clara de lo que es vivir en una zona sísmica. Se vuelve costumbre improvisar sismógrafos en lámparas o cualquier objeto pendular; las conversaciones se interrumpen súbitamente, y el tono cambia del júbilo a la alarma: “¿Está temblando?”. Después del evento –frecuente, es cierto, pero nunca desde el 85 realmente caótico–, la pregunta entre preocupada y cándida es “¿Cómo te fue de temblor?”, porque los movimientos sísmicos, sin importar su magnitud, son el origen de crónicas animadas, medio trágicas y altamente subjetivas que dicen más de los improvisados cronistas que de los sismos en sí: la crónica colectiva ayuda a paliar el miedo, ahuyenta y llama por su nombre a los fantasmas y forma el sentido de la comunidad a través del relato y la memoria en la medida en que un evento colectivo, especialmente los desastres, adquiere una dimensión humana cuando es contado. Esta mañana, a las 7:19 am, sonaron las campanas de la iglesia, se detonaron cohetes y sonó en las plazas el inexplicable toque de bandera, como en las ceremonias oficiales, en la conmemoración de los 30 años del terremoto. Me parece triste que cualquier ocasión solemne de naturaleza colectiva en este país, desde un partido de futbol hasta la inauguración de un edificio público, implique la música oficial, el toque de bandera y el Himno Nacional. Es increíble que nuestra imaginación, tan productiva en otros ámbitos, sea tan limitada para la celebración y el luto, esos polos de lo social. Ignacio Padilla aborda el tema en Arte y olvido del terremoto (Almadía, 2015), donde acusa la falta de narrativa literaria del suceso, el cual es clave para la renovación periodística y gráfica del periodo. A pesar de que falte la “gran novela” del 85, Padilla afirma en entrevista con Excélsior que “el terremoto está implícito en todo cuanto escribimos quienes lo vivimos hace 30 años. Fue para mis contemporáneos una marca generacional indisputable, junto con otros dos derrumbes: el del Muro de Berlín, el 10 de noviembre de 1989, y el de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001″. Una de mis citas favoritas es aquella donde escribe María Zambrano que “no es completamente desdichado el que puede contarse a sí mismo su propia historia.” Así como la generación anterior falló en integrar los aprendizajes de la organización civil posterior al terremoto, seguramente mi generación fallará en concretar una alternativa democrática al partido oficial, en habitar formas de vida que se opongan a la corrupción como forma de gobierno, y en un ámbito más modesto, en una propuesta estética que no deje sin contar –que no deje sin memoria, doblemente olvidados– los sucesos que nos marcaron a nosotros: el terremoto de 1985 es uno de ellos, pero se me ocurre también el fracaso de nuestra participación en las elecciones de 2006 y 2012, o la impunidad insultante en la guerra contra el narcotráfico del calderonismo y las reiteradas violaciones a los derechos humanos del peñismo, en casos como Atenco, Tlatlaya y Ayotzinapa. Así como fallaremos en dar un recuento sólido de estos eventos (¿la generación de Homero fue realmente exitosa en su recuento de la caída de Troya? ¿Los cronistas de Indias agotaron el espectro posible del choque y dominación de culturas durante la Conquista?), tal vez fallaremos también en narrar las cosas que nos alegran y nos emocionan. Entonces hay que traer a colación otra de mis citas favoritas, esta vez de Samuel Beckett: “Siempre lo intentaste. Siempre fallaste. No importa. Inténtalo otra vez. Falla otra vez. Falla mejor.”
Sobre la evolución de la materia hacia el espíritu La teoría de la evolución acabó de distanciar a la ciencia de la religión, haciendo del cuerpo de conocimiento colectivo un ente enteramente secular y materialista al menos en lo que se refiere a la academia y a la ciencia convencional. En un principio, en la superficie, la evolución parece anular los viejos mitos de creación y cosmogénesis y colocar al mundo en una marcha ciega donde la vida y el hombre mismo son productos azarosos de la progresión y complejificación de la materia. Sin embargo, aunque podemos observar la sucesión de diferentes estadios de la evolución –el paso de especie en especie– no hemos logrado entender del todo la primera ignición de la vida o el salto evolutivo que significa la conciencia del ser humano. Este encumbramiento de la materia en el asiento de conductor –y como único tripulante– del carro evolutivo del universo parecería orillar a la religión a una animadversión, en diametral oposición al saber dominante: suya la trinchera de la metafísica y el espíritu. Resulta sorprendente, en contra de esta aparente dicotomía, la obra del sacerdote jesuíta y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955). Por una parte la inclinación de Teilhard de Chardin a abrazar la teoría de la evolución –si bien dentro de una visión mística y escatológica– constituye un hito excepcional dentro del catolicismo; por otra parte, es igualmente sobresaliente su intensa pasión por la materia –redimida como la madre de la vida y la energía cósmica, tan condenada por prominentes miembros de la Iglesia, quienes históricamente vieron en la materia (y en lo femenino y receptivo) solamente la carne de la tentación, de los impulsos más bajos, vehículo inferior y corruptible del alma. De la obra de Teilhard de Chardin podemos empezar a dilucidar una síntesis de la ciencia y la religión, de la materia y el espíritu, convergiendo en el vector de la evolución. En su libro El corazón de la materia, Teilhard de Chardin hace un recuento de su propia evolución místico-filosófica. El padre Teilhard cuenta: “No tenía ciertamente más de 6 o 7 años, cuando comencé a sentirme atraído por la Materia, o más precisamente, por algo que ‘brillaba’ en el corazón de la Materia”. Ese brillo enigmático para Teilhard de Chardin se manifestó primero en los metales, en la solidez del hierro y la transparencia del cuarzo y otros minerales. Estos metales que llevan consigo su evolución, desde el horno de las estrellas hasta los mantos terrestres, se vuelven “esencia concentrada”, “un sentido de plentitud” y “consistencia”, la condensación del polvo universal, una piedra que es un microcosmos del planeta, un bloque de hierro que insinúa al filósofo siempre el oro futuro. Iniciaba desde su infancia una seducción geológica que en su solidez contenía oculta –por revelarse– la conciencia espiritual. La piedra, la carne, la materia llameaba con un destino preclaro: convertirse toda ella en una esfera de inteligencia: la noósfera (su teoría culminante y por la cual el padre Teilhard se ha vuelto favorito de personajes como Kevin Kelly de Wired y otros promotores del Internet y el transhumanismo). En esta noción de encontrar un cierto resplandor o una voz esencial que se manifiesta en la materia misma, se teje una madeja de analogías con el pensamiento de Terence McKenna, otro de los grandes promotores o continuadores de la idea de la noósfera –o una capa pensante planetaria que emerge de la evolución de la conciencia colectiva y que tiene en el Internet una especie de primera articulación o atisbo metafórico (en fase beta, por así decirlo). McKenna, sacerdote de las drogas psicodélicas y de la inteligencia vegetal del planeta, del Logos de Gaia, describe de manera similar el llamado místico de su vocación: Lo que caracterizó mi vida fue que siempre he tenido una obsesión extraordinaria por un cierto tipo de iridiscencia, una cierta cualidad que parece hechizar la materia, o las personas o la pintura. Mi primera obsesión fueron los minerales. De los minerales fui a las mariposas, y de las mariposas a la ciencia ficción, la cual definitivamente considero una droga psicodélica porque empodera la imaginación. Para McKenna fue una iridiscencia en las cosas lo que lo llevó a una vida entera en busca de la luz psicodélica (“lo que manifiesta o revela la psique”); para Teilhard de Chardin fue un brillo, primero encontrado en los metales, lo que lo llevó a buscar incansablemente la huella del espíritu en la materia. Esto es a lo que se refiere con el “corazón de la materia”, una chispa viviente en el seno femenino. La temprana intuición de McKenna y de Teilhard parece sugerir que es lo propio del espíritu revelarse a través de la materia (¿es esta la función y destino de la materia: vehicular el espíritu?). También tenemos el paralelo de los minerales y los metales –que Deleuze llama “la conciencia de la Tierra” y que son la herramienta por excelencia de espiritualización de los alquimistas y, a recordar también, que el zapatero Jakob Böhme tuvo su despertar espiritual a través de una teofanía detonada por el reflejo de la luz en una hoja de latón. Para Teilhard fue la geología la que abrió el camino, como una piedra partida por la luz, hacia su madurez mística: Fue por haber estado inmerso en ella –por haber estado impregnado de ella durante meses y meses– precisamente allí donde estaba más cargada y era más densa, por lo que dejé decididamente de percibir ruptura alguna (y hasta diferencia alguna) entre lo “físico” y lo “moral”, entre lo “natural” y lo “artificial”; el “Millón de hombres”, con su temperatura psíquica y su energía interna, adquirieron para mí una magnitud tan evolutivamente real –y, por tanto, tan biológica– como una gigantesca molécula de proteína. La Tierra una gigantesca molécula o una miríada de “granos de pensamiento” que se enrollan sobre sí mismos, convergen y alzan su temperatura psíquica hasta formar un “solo muy amplio Grano sideral”. La evolución de la idea seminal de que la materia no era solamente una masa inerte concluye en un principio no dual: “He necesitado más de 60 años de esfuerzo apasionado para descubrir (lo) que no eran sino enfoques o aproximaciones sucesivas a una misma realidad de fondo”, puesto que “La Materia matriz del Espíritu. El Espíritu, estado superior de la Materia”. No hay dualidad real, duradera, ya que la materia ya es espíritu potencial, de la misma forma que una bellota es ya (en potencia) un roble. Podemos decir, entonces, que la bellota es esencialmente un roble y que la materia es esencialmente espíritu. Es sólo el intervalo temporal, quizás una ilusión de la percepción, la que diferencia a la materia del espíritu, a la bellota del roble, al niño del hombre. También en El corazón de la materia: Entre tanto, mi situación interior era la siguiente. Al saltar directamente del viejo dualismo estático, que me paralizaba, para emerger a un Universo en estado no sólo de evolución, sino de evolución dirigida (es decir, de Génesis), me veía llevado a operar un verdadero cambio radical de dirección en mi búsqueda fundamental de la Consistencia o La Energía Humana y dice así: No hay en el Mundo ni Espíritu ni Materia: la “Trama del Universo” es el Espíritu-Materia. Ninguna sustancia, aparte de ésta, podría producir la molécula humana. Aquí se resume la aportación más significativa de Teilhard de Chardin que, sino enteramente novedosa, es uno de los más logrados esfuerzos para conciliar el aparente conflicto entre materia y espíritu (y ese viejo dualismo cartesiano). Es la evolución la que toma el papel de esta fuerza conciliadora –una liga de sentido y redención– entre la dualidad de materia y espíritu. Una no es más que la otra en un proceso de transformación inevitable. La evolución es, entendemos ahora, sinónimo de alquimia. Todas las cosas tienden al espíritu, como una semilla a una flor. “El universo en gravitación se encaminaba hacia el Espíritu como su forma estable en perspectiva”… “La materia, prolongada, y penetrada hasta el fondo, siguiendo su verdadero sentido… se metamorfoseaba irresistiblemente en Psique”. Vivimos, sugiere Teilhard de Chardin (y en esto coincide notablemente con el alquimista francés Schwaller de Lubicz, quien utiliza “conciencia” en vez de “espíritu” en su visión evolutiva) en un universo no sólo en estado evolutivo sino de génesis perpetua hacia la perpetuidad, de creación hacia el Creador. En términos de Teilhard de Chardin, al final la evolución, siguiendo el llamado magnético del Punto Omega, hará de todas las cosas un pleroma crístico, la total espiritualización del universo, la comunión absoluta con lo divino. Esto ocurre por medio del amor, que es el fusible dentro de la materia, lo que hace que las cosas se transformen en espíritu. Hasta aquí este aproximación a la visión mística de Teilhard de Chardin, quien vio en el centro más profundo de la materia un brillo, que era el sello del espíritu, de la unidad que trasciende a la materia y a la vez es inmanencia (promesa divina, semilla, reflejo del verbo creador). Más allá de dejar para una siguiente exploración la discusión de algunos puntos nodales –cómo la ontología de ese “brillo” o la siempre elusiva definición de lo que es el espíritu– me parece importante, en primera instancia, contemplar con apertura racional e igualmente intuitiva lo que nos plantea Teilhard de Chardin, quien en el fervor de su prosa fulgurante (cristal lustrado por la fe) nos hace inclinarnos amablemente a su teoría de la evolución espiritual de la materia. Y es que hay algo, en el corazón de nuestra materia, que nos hace siempre desear (y necesitar incluso) más unidad, “plus être“. Oficiando una boda, el sacerdote jesuita dijo una vez en su alocución a la pareja a la que unía en matrimonio: “¿Qué es lo que intentamos con nuestros mejores actos sino hacer reinar un poco más de unidad?”. Creo que por lo menos en esto último Teilhard de Chardin tiene razón, y es lo mejor que hay en nosotros (¿lo verdaderamente evolutivo?) lo que busca salvar aquello que nos separa para ir más allá de la individualidad y siempre unirse, unirse ya sea con Dios, con el planeta o con otro ser humano. En la unión se encuentra el éxtasis religioso pero tal vez también nuestra más alta ciencia.
7 señales de que las redes sociales están acabando con tu autoestima En esta era tecnológica, las redes sociales se han vuelto una forma fundamental de interactuar con tus amigos y con el mundo, hasta volverse uno de nuestros rituales cotidianos. Sin embargo, lo que normalmente empieza como un inofensivo hábito virtual, puede rápidamente convertirse en una adicción que dejará destrozado tu narcisismo, devolviéndote un miserable reflejo o haciéndote caer para ahogarte en las aguas de tu propia autocomplacencia. Estudios muestran que hasta dos terceras partes de la gente encuentran difícil relajarse y dormir después de pasar tiempo checando sus redes sociales. De 298 usuarios, 50% dijo que las redes sociales hacían que sus vidas y su autoestima empeoraran. Así que, ¿qué es lo que hacen las redes sociales para afectarte de esta manera? De acuerdo con la psicoterapeuta Sherrie Campbell, las redes sociales pueden darnos la falsa ilusión de pertenecer y estar conectados sin estar construyendo intercambios reales. Esto hace muy fácil perderse en el ciberespacio y darle más peso del que le damos a nuestra realidad. ¿Cómo saber si tus hábitos virtuales son saludables o te están afectando? Si te sientes estresado, ansioso o estas teniendo pensamientos negativos después de usar las redes sociales, puede que sea tiempo de tomarte un descanso. Aquí hay siete señales a las que debes permanecer atento si no quieres que tu autoestima acabe hecha pedazos en tus visitas al ciberespacio: 1. ¿Las redes sociales perturban tus pensamientos e interacciones en el “mundo real”? Si te sientes preocupado o incómodo cuando eres incapaz de acceder a las redes sociales o a tu mail, es probable que tu dependencia a las redes esté afectando a tu autoestima. Además, si lo primero en lo que piensas en la mañana es en checar tus notificaciones o te das cuenta de que no sueltas tu teléfono aunque estés teniendo interacciones cara-a-cara, seguramente quiere decir que las redes están invadiendo tu vida y están impidiendo que te relaciones. Quizá es tiempo de pisar el freno y volver a tomar el control de tu vida. 2. ¿Las redes sociales afectan tu estado de ánimo? Si este hábito voyeurístico está afectando tus pensamientos y sentimientos sobre ti mismo, seguramente está dañando tu autoestima. Un nuevo estudio ha encontrado fuertes vínculos entre las redes sociales y los desórdenes alimenticios. Las mujeres que pasan más tiempo conectadas a Facebook tienen una más alta incidencia de “comportamiento enfocado en la apariencia” (como la anorexia) y tienden a ser más ansiosas y conscientes de su cuerpo. Lo que es más, 20 minutos en redes sociales son suficientes para que un usuario empiece a preocuparse por su figura y su peso. Mientras más vacía sea tu vida personal, más te verás atraído por el mundo virtual, la gente aburrida y solitaria tiende a pasar más tiempo conectada, que aquellos que están ocupados y activos. 3. ¿Tus interacciones en la vida real se han vuelto difíciles y estar solo es angustiante? Si estás luchando por lograr hacer conexiones cara-a-cara o tienes problemas para comunicarte, puede que las redes sociales tengan la culpa. Estudios señalan que las redes sociales son un camino para volver las relaciones más superficiales y emocionalmente más desapegadas. Campbell explica que “las redes sociales son una forma muy perezosa de hacer relaciones e impacta en nuestra incapacidad de estar solos. Tenemos una generación de niños creciendo sin saber qué es estar sentados solos porque el ruido social no para. Están perdiendo la idea de lo que es esperar por información. No conocen la idea de pasar tiempo solos o tener paciencia. La tecnología nos permite tener conexiones cuando queremos sin tener que esperar, pero nunca seremos capaces de acurrucarnos con la computadora en la noche. El contacto humano sigue siendo una necesidad psicológica fundamental. 4. ¿Sientes envidia por lo que los otros publican? Cuando estás deprimido es fácil volverse celoso acerca de lo que otras personas publican sobre su vida, sobre todo imágenes de felicidad y éxito. Es importante recordar que lo que estás viendo es sólo un leve detalle de la vida de alguien, que la mayoría de las veces está siendo embellecida y está basada más en la fantasía. Cuando estas imágenes empiezan a envenenar la forma en que ves tu propia vida, puede que sea momento de apagar la pantalla. 5. ¿Disfrutas con el infortunio de otros? Si encuentras que estás feliz mientras otros se sienten miserables en las redes sociales, quizá deberías empezar a preguntarte si esto esto es saludable psicológicamente para ti. Puede que sólo estés valorando tu propia miseria e infelicidad comparándola con la de los demás. Incluso aquellos que publicitan sus tragedias lo hacen porque ansían atención para levantar su autoestima. Si llegas al punto en que necesitas reparar tu ego vulnerado recibiendo likes, quizá sea momento de meterte en un régimen de dieta de redes sociales. 6. ¿Mides tu éxito a través de los demás? Chequeo de realidad: tu número de contactos o likes no equivale a tu éxito en la vida. Las redes sociales sólo muestran el proceso de edición de una vida, muestran lo que las personas escogen revelarnos a través de un filtro que hace parecer todo más brillante. Todo el tiempo estás contando una historia, tú decides si es una historia de éxito o de fracaso, pero eso no implica que tenga que coincidir con tu realidad. Es más útil hacer cambios en la vida real que gastar el tiempo construyendo tu imagen en Facebook. 7. ¿Eres adicto a la atención y al drama? Es fácil quedar envuelto en el drama y los jugosos chismes de las redes sociales, en especial cuando a tu vida real le hace falta emoción. Pero éste puede ser un juego peligroso donde la gente realmente termina lastimada. Estudios muestran que Facebook contribuye a generar celos dentro de las relaciones y su uso excesivo puede de hecho dañar tus relaciones en virtud del hecho de que información que una persona normalmente no compartiría se vuelve de dominio público. Esto lleva a algunos a tomar medidas desesperadas, como volverse “investigadores privados amateurs” mientras se embarcan en una búsqueda por encontrar material incriminador. Deberías gastar tu tiempo en búsquedas reales que beneficien tu autoestima en vez de minarla. ¿Necesitas una solución? Para aquellos que piensen que su autoestima está siendo influenciada negativamente por las redes sociales, Campbell dice que lo más importante es reconectar con tu presencia y tu marca personal, esto es, desengancharse del mundo de tu computadora. Yo le recomiendo a la gente desconectarse de las redes sociales y eliminarlas de su vida. Regresa a tu vida real. Si no puedes hacerlo, entonces empieza a monitorear tu uso, sobre todo antes de irte a acostar o remueve o bloquea a la gente que te hace pensar negativamente acerca de ti mismo [...] Si te das cuenta de que te vuelves a la tecnología en momentos donde la conexión y el aprendizaje de nueva información no son realmente importantes, darás el primer paso para reconectarte contigo mismo.