sorelizsuarez
Usuario (Argentina)
Mientras que la felicidad tiene bastante que ver con la seguridad, el éxito y la confianza; la tristeza se asocia mucho al sufrimiento y forma parte de la debilidad, pero llorar no es solo un síntoma de tristeza. La famosa frase que dice “Los hombres no lloran” es simplemente un mito, todos lloramos, y por si no lo saben, el llorar hace bien a nuestra alma, y te diremos la razón. Te vamos a dar 5 motivos por el cual las personas que lloran mucho son más fuertes. Al contrario de lo que muchos creen llorar no es sinónimo de debilidad Ver a alguien llorar nos puede dar la sensación de que esa persona es dedil, pero la realidad es que llorar lo que hace es demostrarnos que esa persona es emocionalmente estable. 1. No les da miedo expresar sus sentimientos: Cuando comprendemos que cada emoción tiene un motivo, también comprendemos que no es nada malo estar triste, el llanto libera nuestra alma y que nosotros no existiríamos sin ese estado de ánimo. El llanto realmente no es sinónimo de debilidad, son razones de que tenemos sentimientos más allá de lo que la gente piense qué es bueno o no hacer delante de ellos. 2. Llorar puede ser curativo: Las lágrimas liberan toxinas que mejoran la visión y eliminan del 90 al 95% toda clase de bacterias en un lapso de 5 a 10 minutos, por lo tanto son buenas para nuestro cuerpo. 3. Llorar es la mejor terapia: Estudios demuestran que llorar libera las endorfinas de nuestro cerebro, son las que nos provocan el bienestar y a la vez actúan como un analgésico natural. 4. Sin importar el sexo, llorar está bien: Durante mucho tiempo, esto ha sido nombrado como algo negativo para ambos sexos, una persona que llora, se siente inestable, depresiva, etc. Pero la verdad es que cuando alguien llora es simplemente porque existe una emoción dentro. 5. Invita a otros a mostrar lo que sienten: Cuando alguien muestra sus sentimientos, toca las fibras de quienes están a su alrededor; esto hace a que otras personas hagan lo mismo. Lo malo es guardar esas emociones. No te olvides de compartir este artículo para que tus amigos y familiares se enteren de que llorar es de personas fuertes.
En el año 2015 fallecieron alrededor de 56 millones de personas. 27 millones de esos óbitos fueron registrados con una causa de la muerte. En 2005, solo la tercera parte de las defunciones tenían un motivo conocido y consignado. Son datos del informe de Estadísticas Sanitarias Mundiales 2017, que acaba de publicar la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un ejemplo: en China, Turquía e Irán se registran con detalle el 90 % de las muertes. En 1999, ese porcentaje era del 5 %. Estas cifras –siempre referidas a 2015– no son mera contabilidad. El progreso en la recopilación de información en numerosos estados traza un mapa preciso de los indicadores de mortalidad y salud por países y regiones, y esto facilita la gestión de los sistemas sanitarios y la mejora de las condiciones de la vida, dos de los pilares de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el plan de la ONU para construir un mundo más humano en los próximos años. Así nos morimos Hay algunos datos para el optimismo. En 2015, la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años fue del 43 por mil, y la de neonatos del 19 por mil, lo que supone una caída respecto al año 2000 del 44 y el 37 %, respectivamente. En el apartado de las enfermedades infecciosas, nos encontramos con 1,1 millones de muertes a causa del VIH, 1,4 por la tuberculosis y 1,3 por la hepatitis. Las patologías cardiovasculares son el gran aliado global de la Parca: 17,7 millones de víctimas en 2015. El cáncer mató a 8,8 millones de humanos, las dolencias respiratorias crónicas a 3,9, y la diabetes a 1,6. La cosecha de la violencia Aunque los medios de comunicación transmitan la imagen de un mundo sangriento y cruel, los actos violentos van disminuyendo. En cualquier caso, continúan siendo una lacra: en 2015 hubo 468.000 asesinatos, y cuatro quintas partes de las víctimas eran hombres. Pero la tasa de homicidios ha caído un 19 % desde el año 2000. Japón y Luxemburgo son los países con índices más bajos de asesinato (0,3 y 0,4 por cada cien mil habitantes); y Venezuela, El Salvador y Honduras los que padecen los más elevados (51,7, 63,2 y 85,7, respectivamente). En España nos quedamos en una tasa de 0,8 casos por cada cien mil personas. 152.000 seres humanos murieron en guerras y conflictos, lo que supone el 0,3 % del total de los óbitos en el mundo. Hay que precisar que el dato no incluye los fallecimientos causados por la desnutrición, la expansión de las enfermedades o el colapso de los servicios sanitarios atribuibles a las guerras. En cualquier caso, es una cifra significativamente menor que la de suicidios (800.000) y la de víctimas mortales de los accidentes de tráfico: 1,25 millones.
A veces nos quejamos de lo fuerte o estresante que puede ser nuestro trabajo del día a día, hasta el punto de cansarnos y llegar totalmente agotados a la casa. ¿Pero alguna vez te has imaginado que puede haber un trabajo peor que el tuyo?, si no lo crees, aquí te mostramos algunos de los peores trabajos del mundo, que te harán sentir mejor con el que tienes actualmente. Que te parece despertar en la mañana y tener que quitarle el hielo a tu vehículo… pero que este sea un barco inmenso. Sólo puedo decir, que yo no me confiaría de esa soga. Trabajar en barcos de carga en plena marea. Si sufres de mareos, creo que esto no seria para ti. ¿Qué opinas de ser mecánico y tratar maquinaria de este tipo? Trabajar en la minería, no creo que sea muy cómodo en un día caluroso…. ¿Te vas a seguir quejando de tu trabajo? África y su mano de obra infantil, creo que esta en contra de todos los valores que conocemos. Estas personas deben de sufrir problemas tanto en la columna, como en la cabeza. Los electricistas, tienen muchos atributos profesionales, pero que ademas de eso tienen mucho valor. Y para finalizar da gracias a dios de que no trabajas con saneamientos en la india. debes valorar más tu trabajo, puede que no sea el mejor pero seguramente no es el peor.
En los celíacos el afectado es el intestino delgado, el consumo de gluten genera una disfuncionalidad en esa porción tubular del aparato digestivo y daña su capacidad de absorción En los celíacos el afectado es el intestino delgado, el consumo de gluten genera una disfuncionalidad en esa porción tubular del aparato digestivo y daña su capacidad de absorción. De esta manera, los niños pueden manifestar la enfermedad a partir de diarreas crónicas, vómitos reiterados, falta de masa muscular y pérdida de peso. La descalcificación, la alteración en el esmalte dental también son signos de la enfermedad. Además de irritabilidad en el carácter, autismo o hiperactividad. La celiaquía también puede manifestarse durante la adolescencia y se la identifica si el paciente sufre de distensión abdominal, de anemia, cefaleas, aftas recurrentes o retraso puberal, junto a alteraciones en el ciclo menstrual, sobre todo retraso. En los adultos, la enfermedad sale a la luz en cuadros de osteoporisis, lo que ayuda a las fracturas; artritis, diarreas o estreñimiento, cuadros de desnutrición, abortos espontáneos, infertilidad, anemia, menopausia precoz, cuadros depresivos y hasta terminar en cáncer digestivo, entre otras sintomatologías.
Se estima que entre un 14 y 16% de la población presenta insomnio. Se ha demostrado que no dormir lo suficiente reduce la capacidad de asimilar conocimientos, provoca pérdida de memoria, dificultad para resolver problemas, además de otros daños a la salud a largo plazo El insomnio es uno de los trastornos del sueño más frecuentes en la población en general. Se define como la dificultad o incapacidad para conciliar o mantener el sueño siempre y cuando existan las condiciones adecuadas como el tiempo, el lugar para hacerlo y la presencia de síntomas diurnos derivados de una sensación de no haber dormido lo suficiente. De acuerdo con la National Sleep Foundation y el Sleep Research Society, dormir poco o mal tiene consecuencias sociales y médicas importantes que afectan por igual a todas las edades y estamentos sociales. Se ha demostrado que no dormir las horas necesarias reduce la capacidad de asimilar conocimientos, provoca pérdida de memoria o recuerdos, alteraciones en el habla y dificultad para resolver problemas; trayendo consigo el deterioro de las relaciones sociales y personales. Otros daños a la salud, a largo plazo, son el aumento de riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, obesidad, depresión, ansiedad, además de causar accidentes automovilísticos y laborales. Claudio Cárdenas, neurólogo y especialista en trastornos del sueño, informó que las cifras sobre la incidencia del insomnio varían dependiendo del país. Se estima que actualmente afecta entre un 14 y 16 por ciento de la población en ciudades cosmopolitas, según diversos estudios de investigación. Explicó que esta condición se presenta con mayor frecuencia entre los 40 y 60 años de edad, más en el sexo femenino que en el masculino, debido a características propias del género, tales como: la perimenopausia (etapa inmediatamente antes y después de la menopausia) y cambios hormonales, en el caso de la mujer; y estrés en el hombre, debido a que éstas son las edades más productivas desde el punto de vista intelectual y laboral. Esto no significa que una persona de menor edad no pueda tener insomnio. En los niños también es posible que se presente dificultad para conciliar o mantener el sueño, motivado a problemas conductuales y psicológicos, entre otros factores. Cárdenas dijo que: “el 95% de los insomnios infantiles son responsabilidad de los padres, ya que son ellos quienes tienen la obligación de enseñarlos a dormir, y muchos no saben hacerlo porque no consideran que éste sea verdaderamente un acto necesario”. Adicionalmente, el insomnio infantil se presenta con mayor intensidad entre los 3 y 7 años de edad. Se considera que después de los 5 años es un momento clave para corregir los malos hábitos para dormir. Después, existe un mayor riesgo de presentar insomnio y depresión del adolescente, así como también disminución de la estatura, irritabilidad y mal desempeño escolar. ¿Cómo identificar el insomnio? Existen diferentes tipos de insomnios. De acuerdo con la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño ICSD-3 de la Academia Americana de Medicina del Sueño, publicada en 2014, se clasifican en: agudo, crónico y otros desórdenes de insomnio como, por ejemplo, los relacionados con el uso de algunos medicamentos que causan dificultad para dormir o permanecer dormido. El especialista explicó, que el agudo suele durar no más de tres meses aunque por lo general se resuelve a las tres semanas; mientras que el crónico tiene una duración mayor a este tiempo. Las principales causas suelen ser alteraciones de tipo interpersonal, emocionales, laborales y ambientales, como el tener que irse a otro país, entre otros eventos generadores de estrés. Para evitar el insomnio, se recomienda llevar un ritmo de vida ordenado que incluya horarios de sueño y de comida regulares; recibir luz solar, indispensable para regular el reloj biológico y no preocuparse por no poder dormir, ya que ello hace que se perpetúe el problema. Sí es posible tratarlo La medicación es una de las vías más utilizadas para tratar el insomnio. Entre las drogas permitidas, destaca el zolpidem hermitrato principio activo capaz de inducir el sueño de manera rápida y predecible. El doctor Claudio Cárdenas explicó, que a diferencia de otros medicamentos hipnóticos derivados de las benzodiazepinas, este fármaco no causa sedación, relajación muscular y tiene un menor riesgo de farmacodependencia. Su vida media puede durar de 4 a 8 horas - dependiendo de la dosis- y los efectos secundarios son escasos. Sin embargo, este siempre debe estar indicado por un profesional certificado, que garantice que el paciente se va a beneficiar del uso de este medicamento. Se debe considerar todos los trastornos del sueño como un desorden médico, el cual debe ser atendido como cualquier otra patología o condición médica. Es por eso que se incentiva a la consulta a su médico de cabecera, o si el problema es persistente, a un médico somnólogo que pueda ayudar a identificar el problema.
Sabías que tenías otro cerebro?… Bueno, los científicos llaman al sistema nervioso entérico (SNE) “el segundo cerebro”, que por supuesto no se encuentra en la cabeza, sino en el vientre. Aunque es mucho más simple que el cerebro, el sistema nervioso entérico se compone de unos 200 a 600 millones de neuronas, que están en el aparato digestivo. La complejidad de la digestión es asombrosa tanto así que el SNE determina las enzimas digestivas apropiadas para descomponer el alimento en partículas que el cuerpo pueda absorber. El “segundo cerebro” mueve el alimento a través del aparato digestivo indicándoles a los músculos de las paredes del tracto digestivo que se contraigan. Además, protege nuestro cuerpo de bacterias dañinas provocando fuertes contracciones para expulsar la materia tóxica mediante el vómito o la diarrea. Aunque el SNE parece funcionar de forma independiente del cerebro, estos dos centros nerviosos están en comunicación constante. Por mencionar un caso, el SNE contribuye a regular las hormonas que le dicen al cerebro cuándo comer y cuánto. Las células nerviosas del SNE le avisan al cerebro cuando hemos comido suficiente y quizás nos provoquen náuseas si hemos comido demasiado. Las investigaciones indican que el SNE le envía “señales de felicidad” al cerebro, lo cual genera una reacción en cadena que hace que usted se sienta mejor. Aunque, al sistema nervioso entérico se le llama “segundo cerebro”, no piensa ni decide por nosotros, es decir, no es realmente un cerebro. Sin embargo, los científicos siguen asombrados por la complejidad de este maravilloso sistema, del cual quizás solo se conoce una ínfima parte.