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Primer post: 7 ene 2009Último post: 7 ene 2009
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William Blake: de todo un poco: pinturas, poemas
William Blake: de todo un poco: pinturas, poemas
ArteporAnónimo1/7/2009

Estuve viendo cosas de Blake y me pareció que en T! no hay un post que tenga sus cuadros y sus escritos (sin ofender a los que lo hicieron), la mayoría los dividen, asi que se me ocurrió hacer este post....no se cómo quedará, quizás no cumpla con mis expectativas William Blake William Blake (Londres, Inglaterra, 28 de noviembre de 1757 – Íbidem; 12 de agosto de 1827) fue un poeta, pintor, grabador y místico inglés. Aunque permaneció en gran parte desconocido durante el transcurso de su vida, actualmente el trabajo de Blake cuenta con una alta consideración. Por la relación que en su obra tienen la poesía y sus grabados respectivos suele ponerse a Blake como ejemplo del «artista total». Según el periódico The Guardian, «William Blake es con gran margen el mayor artista que Gran Bretaña ha producido». Considerar los logros de Blake en poesía o en las artes visuales por separado sería perjudicial para entender la magnitud de su obra: Blake veía estas dos disciplinas como dos medios de un esfuerzo espiritual unificado, y son inseparables para apreciar correctamente su trabajo. Por esta razón, las ediciones ilustradas de la obra de Blake han sido especialmente valoradas en el pasado, hasta que los avances en las técnicas de impresión han permitido una mayor difusión, al hacer éstas más accesibles. Blake fue uno de esos personajes adelantados a su tiempo, incomprendidos y despreciados por la mayoría de sus contemporáneos, a pesar de la indudable calidad artística de sus poemas y grabados. Fue considerado un personaje excéntrico, y no tuvo la oportunidad de disfrutar del éxito y el reconocimiento de su arte, lo que le llevó siempre a vivir en el umbral de la pobreza. Blake constituye un magnífico ejemplo de cómo las creencias esotéricas suponen, en ocasiones, una influencia determinante en la creación artística de un genio. En este sentido, el brillante artista británico encarna lo que podríamos llamar el prototipo de «artista-mago», pues no en vano sus visiones sobrenaturales, sus peculiares creencias religiosas y su interés por la mitología y el ocultismo, posibilitaron que hoy podamos disfrutar de algunas de las obras más hermosas, sugerentes e inquietantes de toda la historia del arte. Biografía William nació en 1757, siendo el segundo de cinco hijos, aunque su hermano mayor falleció cuando él era aún muy niño. El pequeño Blake creció en una familia de clase media, y ya desde sus primeros años de vida se vio influido por creencias un tanto singulares. Su madre, Catherine Wright, había estado casada anteriormente, y tanto ella como su primer marido habían profesado la fe de la Moravian Church (Iglesia o Hermandad de Moravia), una secta cristiana que tenía sus raíces en las doctrinas religiosas de Jan Hus, un sacerdote del siglo XIV, auténtico precursor del protestantismo, que reivindicaba un retorno al cristianismo primitivo y que criticó duramente a la Iglesia romana, lo que provocó su condena y ejecución en la hoguera por hereje. Cuando el primer marido de su madre falleció, ella abandonó la Iglesia de Moravia, pero indudablemente la pertenencia temporal a dicha secta tuvo que dejar su huella de alguna manera. De hecho, cuando ya estaba casada con James Blake, el padre de William, ambos se integraron en otro grupo religioso minoritario, una secta conocida como los Dissenters (Disidentes), que rechazaba la autoridad de la Iglesia anglicana. Estas particulares creencias de sus progenitores debieron marcar, sin duda, los primeros años de la vida de Blake, continuamente en contacto con las Sagradas Escrituras y con una visión particular de las mismas. Tampoco tardaron mucho en hacer acto de presencia las visiones sobrenaturales que le acompañarían el resto de su vida y que tanto influirían en su producción artística. Según sus biógrafos, la primera de estas visiones se produjo cuando William tenía sólo ocho o nueve años. Mientras paseaba por Peckham Rye, el futuro artista vio ante sus ojos «un árbol repleto de ángeles, con cada una de sus ramas adornada por hermosos destellos como estrellas». El pequeño corrió a casa para contarlo, creyendo que sus padres se alegrarían de que su hijo hubiera sido bendecido con un don semejante, pero su padre no lo vio así, y a punto estuvo de propinarle una paliza si no hubiera sido por la intervención de su madre. Pero a pesar de este pequeño incidente y de las profundas convicciones religiosas de sus progenitores, éstos poseían un carácter liberal. Así, al ver las extraordinarias y precoces aptitudes artísticas de su hijo, le ayudaron y alentaron para que siguiera desarrollándolas. Tampoco en este sentido fue Blake un niño normal. En lugar de acudir a la escuela como el resto de los niños de su edad, sus padres decidieron que lo mejor para él era que recibiera la educación en su casa, con su madre, teniendo en cuenta su «peculiar» personalidad. A pesar de esta falta de formación convencional, Blake tenía grandes inquietudes intelectuales y unas enormes ansias de aprender. De hecho, el futuro artista devoraba un libro tras otro, aunque siempre sobre temas que eran de su agrado. Como complemento a esta formación casi autodidacta, su padre decidió inscribirlo en clases de dibujo, de forma que pudiera desarrollar su talento como dibujante. Allí comenzó a copiar láminas de templos y esculturas clásicas. Además, cuando la exigua situación económica de la familia lo permitía, su padre le compraba reproducciones de artistas del Renacimiento como Rafael, Durero o Miguel Ángel, artista este último que influyó de forma notable en sus representaciones anatómicas del cuerpo humano. Con sólo catorce años, William dio un paso más en su incipiente carrera artística. Entró a formar parte, como aprendiz, del taller de James Basire, un grabador londinense, con quien aprendió las técnicas tradicionales de esta técnica. Dos años más tarde, con dieciséis años, Blake realizó su primera obra de cierta relevancia, en la que se aprecian ya algunas de las características que habrían de caracterizarle el resto de su vida: un marcado simbolismo y la plasmación de una temática religiosa, pero con tintes legendarios y místicos. Se trata de José de Arimatea entre las rocas de Albión, en la que aparece el fiel discípulo de Jesucristo tocado con un gorro frigio —propio de los magos de oriente—. El propio Blake identificó a José de Arimatea como «uno de los artistas góticos que construyeron las catedrales durante lo que llamamos la Edad Oscura». El grabado es una alusión, además, a una antigua tradición griálica, de época medieval, según la cual José de Arimatea huyó de Tierra Santa tras la muerte de Jesús, llevándose consigo el Grial en el que había recogido la sangre de Cristo durante la crucifixión. Después de un largo viaje habría llegado a tierras británicas, creando el que sería el primer templo de la Cristiandad, la abadía de Glastonbury, donde habría ocultado la copa sagrada y creado una orden de caballeros para custodiarla. Cuando Blake ya dominaba los rudimentos de la técnica del grabado, su maestro Basire le encargó la realización de dibujos preparatorios de iglesias góticas de la ciudad, por lo que el joven pasó mucho tiempo elaborando diseños de esculturas y relieves medievales. Fue así como comenzó a frecuentar los alrededores de la abadía de Westminster, escenario de otra de sus visiones sobrenaturales. Según su propio relato, en aquella ocasión pudo contemplar una «numerosa procesión de monjes, acompañados de una bella música coral». Aunque los historiadores del arte no se atreven a afirmarlo con rotundidad, es muy posible que algunos de los grabados de Blake como aprendiz sirvieran para ilustrar la obra del historiador y experto en mitología Jacob Bryant. En concreto para su libro A new system or an Analysis of Ancient Mithology (Un nuevo sistema o un análisis de mitología antigua). En este trabajo el historiador defendía una tesis bastante extendida en su época, según la cual el monoteísmo existente en el Antiguo Testamento acabó derivando en un politeísmo relacionado con la adoración al Sol después del Diluvio Universal, de modo que todos los héroes y dioses paganos procedían de esta adoración al astro rey. Con seguridad, el trabajo de Bryant influyó en las creencias de Blake, puesto que años más tarde, en 1809, el artista defendió la autoridad del historiador en este sentido. Ocho años después de su ingreso como aprendiz en el taller de Basire, en 1779, Blake consiguió una plaza en la Royal Academy. Afortunadamente para los escasos recursos familiares, no tenía que abonar ninguna cuota, aunque sí debía costearse los materiales que tenía que utilizar. Fue allí, en la Royal Academy, donde mostró otra de sus particulares facetas, la de su espíritu rebelde y contestatario. Allí no dudó en enfrentarse y criticar duramente al presidente de la Academia, Joshua Reynolds. Este era un enconado defensor de la obra de pintores como Rubens, cuyo estilo estaba de moda en ese momento. Frente a este tipo de arte, Blake reivindicaba las obras de sus admirados pintores renacentistas, como Rafael y Miguel Ángel. Además, incluía entre sus influencias a artistas como John Henry Fuseli, a quien vimos hace unos días. Sin embargo, la rebeldía de Blake no se limitaba al ámbito artístico, sino que dio sobradas muestras de poseer un pensamiento progresista y revolucionario. Blake era un defensor de la Revolución Francesa —aunque más tarde quedó decepcionado con los derroteros que terminó adquiriendo—, en cuyos fines tenía puestas muchas esperanzas, e igualmente simpatizaba con la causa de las colonias americanas que buscaban la independencia de Inglaterra. Sus ideas políticas —que como veremos luego resultan indisolubles de sus particulares creencias religiosas— le causaron más de un problema. En cierta ocasión criticó duramente al rey de Inglaterra, lo que le costó una investigación y una acusación por alta traición contra la Corona, aunque finalmente resultó absuelto de los cargos. Blake dio muestras también de un pensamiento muy avanzado para su época en cuanto a ciertas libertades y derechos sociales. Así, por ejemplo, el artista despreciaba la discriminación sexual, y durante toda su vida —y en parte de su obra— peleó por conseguir la igualdad de la mujer y su derecho a liberarse del yugo que suponía el matrimonio tradicional sin amor, defendiendo igualmente su derecho a la liberación sexual. En 1793 William publicó su poema Visions of the daughters of Albion (Visiones de las hijas de Albión), en el que criticaba duramente la «absurda crueldad de la castidad y el matrimonio de conveniencia, defendiendo el derecho de la mujer a su autorrealización». Además de esta faceta «feminista», el artista estaba radicalmente en contra de la esclavitud. Todas estas ideas procedían en buena medida —y se vieron alimentadas— por su relación con numerosos personajes contestatarios de la época, algunos de los cuales compartieron inquietudes y amistad con él. En 1782 Blake conoció al que sería su patrón durante años, el escultor John Flaxman. Ese mismo año, y tras un desengaño amoroso, William conoció también a Catherine Boucher, la que terminaría convirtiéndose en su fiel compañera y esposa hasta el fin de sus días. Cuando se casaron, Catherine era prácticamente analfabeta, pero Blake le enseñó a leer y escribir, y años más tarde demostró ser una excelente ayudante, coloreando los grabados de su marido y participando con él en su brillante creación artística. Sabemos, por ejemplo, que fue ella quien en muchas ocasiones decoraba con su caligrafía los poemas que escribía su esposo, que iban acompañados de sus hermosos e inquietantes grabados a color. Durante todos estos años, las sobrenaturales visiones de Blake, lejos de desaparecer, fueron aumentando en fuerza y frecuencia. Estas experiencias, que podríamos calificar de místicas o paranormales, no se reducían a visiones espirituales, sino que le servían de inspiración y ayuda en la creación artística. En 1787, por ejemplo, comenzó a utilizar una nueva técnica de impresión, creada por él, que según su propio testimonio le había sido revelada durante una visión en la que se le apareció el espíritu de su hermano Robert, quien había fallecido siendo él un niño. Como digo, estas visiones eran algo habitual en su vida, y tanto su mujer como algunos de sus amigos más cercanos estaban acostumbrados a lo que, para el resto de la gente, no eran sino excentricidades de un artista extraño y desequilibrado. En cierta ocasión un amigo acudió a visitarlo a su casa y lo encontró en su habitación de trabajo con semblante serio y concentrado, sumido en un absoluto silencio. Su amigo le habló y Blake le contestó susurrando: «No me molestes, tengo a alguien posando.» Su amigo le respondió que él no veía a nadie, y el artista le replicó: «Pero yo sí le veo. Es Lot. Puedes leer sobre él en las Escrituras. Está posando para su retrato». Por lo que sabemos a través de sus biógrafos, los relatos de su esposa y sus propios textos, Lot no fue el único visitante del «más allá» que posó para sus obras. Fueron muchos los «espíritus» que participaron de esta forma en su creación artística. Entre los personajes que se le aparecían frecuentemente se encontraban algunos pintores afamados, en especial artistas que él admiraba y a los que invocaba para pedir su ayuda y consejo. También abundaban las visiones de cortes angélicas. Uno de los especialistas que más a fondo ha estudiado la obra de Blake, David Erdman, describe una de las visiones protagonizadas por Blake cuando tenía más de cincuenta años, en la que contempló durante el amanecer «una innumerable procesión de huestes celestiales que proclamaban a su paso: ‘Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Todopoderoso’». Pero sería un error considerar únicamente la obra pictórica y literaria de Blake en función de estas increíbles visiones que sólo él era capaz de presenciar. En realidad, Blake estuvo profundamente influido por diversas doctrinas esotéricas que plasmó de formar inigualable en sus obras. Fruto de estas particulares creencias es su trabajo Songs of experience (Canciones de experiencia), de 1794. En él se aprecia ya uno de sus motivos recurrentes, su distinción entre el Dios del Antiguo Testamento, cruel y sanguinario, a quien identifica con el Demiurgo de los gnósticos y platónicos, y el Dios del Nuevo Testamento, Jesucristo. En este sentido, Blake da muestras de coincidir de forma notable con las doctrinas gnósticas. Para él, el mundo visible por los sentidos no era más que un envoltorio engañoso e irreal que ocultaba la verdadera realidad espiritual. Gracias a su don, él era capaz de percibir la auténtica naturaleza de la existencia, de modo que se impuso a sí mismo la tarea de crear un simbolismo visual que le permitiera expresar esta Verdad percibida a través de sus visiones espirituales. En 1784, tras la muerte de su padre, Blake y uno de sus hermanos adquirieron un local y montaron una imprenta, lo que le permitió llevar a cabo sus aspiraciones artísticas y espirituales. Además, entre las numerosas lecturas de Blake se encontraban los escritos de Jacob Boehme, un místico y esoterista alemán de finales del siglo XVI y comienzos del XVII que, al igual que Blake, sufrió numerosas visiones de tipo espiritual. Boehme aseguraba en sus doctrinas que la Humanidad, en un principio bendecida con una existencia divina en una especie de Paraíso, había «caído» a un estado de pecado y sufrimiento. Sin embargo, Boehme creía que esta «separación» de Dios era necesaria para la Humanidad, que debía experimentar el deseo, el conflicto y el conocimiento del bien y el mal. De este modo, se conseguiría una situación más perfecta que la del original «Estado de la Inocencia». Pero, además, defendía que Cristo no había muerto en la cruz para redimir nuestros pecados, sino únicamente como un ofrecimiento de amor, y sugería que, sin la Creación, Dios habría sido imperfecto. Por otro lado, las obras de Blake evidencian también un profundo conocimiento de la tradición alquímica y, posiblemente, de determinadas doctrinas masónicas. En esta misma línea, tenemos constancia de la gran influencia que ejercieron las doctrinas de Emanuel Swedenborg (1688-1772) en él y su esposa, influencia que terminaría por quedar plasmada en sus poemas y grabados. Swedenborg fue un brillante científico, filósofo y teólogo sueco de gran importancia en su época. Hijo de un obispo luterano, Swedenborg se trasladó a Londres y extendió por Inglaterra sus particulares visiones espirituales. El filósofo y científico sueco posee una biografía tan interesante como la de Blake, y daría para escribir más de un libro. Sin embargo, baste con señalar aquí que creó su propia Iglesia, la Swedenborgian New Jerusalem Church, que llegó a tener numerosos seguidores. La Iglesia y las creencias de Swedenborg, que se apartaban notablemente de la Iglesia anglicana establecida, estaban plagadas de referencias ocultistas y prácticas espiritistas. Swedenborg planteaba una «iluminación espiritual», y sus enseñanzas proponían que una nueva revelación estaba a punto de sustituir a las creencias corruptas perpetuadas por las anteriores Iglesias cristianas. Para el filósofo sueco, habían existido hasta el momento cuatro épocas espirituales: la Adamita, la de Noé, la judía y la de la Iglesia cristiana. Para Swedenborg la Iglesia cristiana estaba llegando a su final, y el hueco que iba a dejar sería rellenado por su Iglesia de Nueva Jerusalén. Por si fuera poco, la Iglesia de Swedenborg contaba con numerosos miembros de ideas que, para la época, podríamos considerar como radicales. Aunque su doctrina no hacía mención a política de ningún tipo, muchos de sus seguidores encarnaban esta faceta «radical». En consecuencia, además de por las duras críticas contra las instituciones eclesiásticas, la Iglesia de Nueva Jerusalén se vio imbuida por una fuerte politización, quedando —al parecer sin que Swedenborg participara de ello— marcada por su simpatía y defensa de la Revolución Francesa y la rebelión de las colonias americanas contra el yugo inglés, puntos de vista que, como ya expliqué, también compartía Blake. Esta faceta política de la doctrina de Swedenborg, desarrollada por algunos de sus seguidores, se vio aumentada por la presencia en sus filas de algunos personajes pertenecientes a ciertas logias masónicas. Así, sabemos que algunos miembros de la Sociedad masónica de Avignon, fundada en 1779 por Antoine-Joseph Pernety y el conde Grabianka, recalaron en Londres y entablaron contacto directo con la Iglesia de Swedenborg. Esta logia, más tarde reformada en la Académie des Illuminés Philosophes, mezcló elementos swedenborgianos y doctrinas cabalísticas con ritos masónicos y otras filosofías. Pero ¿cuál es la relación de Blake con todo esto? Pues bien, hoy los historiadores saben que gracias a la mediación de su patrón, John Flaxman, y a su amigo William Sharp, el artista entró a formar parte de la Iglesia de Swedenborg. Entre los documentos recuperados por los historiadores destaca uno en el que se referencia que, el 14 de abril de 1789, Blake y su esposa Catherine participaron en la Primera Conferencia General de la Iglesia Nueva Jerusalén, celebrada en un local del East End londinense y que se prolongó durante cuatro días. Estas creencias y doctrinas pueden verse plasmadas en algunas obras de Blake, como Jerusalem, una obra en la que habla de una «Jerusalén en cada hombre individual». La mitología de Blake y sus libros proféticos Otra de las creaciones de Blake que nos interesan son los llamados «libros proféticos», una serie de trabajos poéticos de difícil interpretación en los que dio rienda suelta a una mitología ideada por él mismo, en la que se aprecia una indudable influencia bíblica, pero también de otras de sus creencias esotéricas y, por supuesto, de sus visiones sobrenaturales. Entre estos trabajos destaca Continental Prophecies, compuesto por tres obras, American Prophecy (1793), Europa a Prophecy (1794) y The song of Los (1795). Todas estas creaciones son un inmejorable ejemplo de la conjunción de sus radicales ideas políticas y espirituales. En ellas también tiene cabida su profecía del advenimiento de una Nueva Era, recogiendo así parte de las ideas de Swedenborg. Entre los personajes que pueblan su mitología destaca Urizen, uno de los cuatro Zoas que surgieron de la división del Ser Primordial, Albión. Parece ser que el nombre es una adaptación de la frase Your reason (Tu razón), que en inglés se pronuncia de forma muy similar a Urizen. Esta divinidad es indudablemente una representación del Demiurgo gnóstico, y también parece tener algunos elementos tomados de la visión de la masonería especulativa del Gran Arquitecto del Universo —recordemos la presencia de masones en la Iglesia de Swedenborg—. Así, lo vemos representado en numerosas ocasiones con el compás de geómetra, creando el mundo material que luego abandona a su suerte. Poco después de comenzado el nuevo siglo, y gracias también a un joven artista llamado John Linnell, Blake entró en contacto con Samuel Palmer, miembro de un grupo de pintores que se hacían llamar Shoreham Ancients (los Antiguos de Shoreham). Fruto de esta relación, los «Antiguos» quedaron profundamente influidos por la obra de Blake, y se convirtieron en una especie de fieles discípulos del artista y su peculiar visión del arte y la espiritualidad, hasta su muerte. Los «Antiguos» también creían en la inminente llegada de una Nueva Era espiritual y artística. En agosto de 1827, sumido en la pobreza, William Blake se encontraba ya en su lecho de muerte. Aun así siguió trabajando hasta el último día de su vida. Según sus biógrafos y sus amigos, el día de su muerte William había estado trabajando incesantemente en sus grabados para la Divina Comedia de Dante. Su mujer Catherine permanecía sentada junto a él, con el rostro arrasado por las lágrimas. En cierto momento Blake se detuvo y, dirigiéndose a su esposa, le dijo: «Quédate quieta, Kate. Tan sólo quédate así. Dibujaré tu retrato, por haber sido siempre un ángel para mí.» Tras completar el retrato, Blake se reclinó en la cama y comenzó a cantar himnos y a recitar versos extraños. A las seis de la tarde, tras prometer a su esposa que estaría siempre junto a ella, Blake falleció. George Richmond, uno de los «Antiguos de Soreham», que se encontraba allí en el momento de su muerte, escribió a Samuel Palmer para relatarle lo sucedido: “Murió de la más gloriosa manera. Dijo que estaba yendo a ese lugar que había deseado ver toda su vida, y se mostró feliz, esperando la Salvación a través de Jesucristo. Justo antes de morir, su semblante se quedó muy hermoso. Sus ojos brillaron, y empezó a cantar lo que estaba viendo en el cielo”. Su esposa Catherine vivió cinco años más. Pero no estuvo sola; durante ese tiempo, dijo que William la visitaba frecuentemente. Su obra, fantástica en todos los sentidos, no puede entenderse si no es de forma conjunta con sus visiones y sus particulares creencias, del mismo modo que sus grabados no pueden entenderse sino de forma conjunta con sus poemas. De hecho, Blake consideraba esas dos facetas de su arte como un Uno indisoluble. Para su desgracia, no fue apreciado por sus contemporáneos, y no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando comenzaron a admirar sus bellas creaciones. Fue así como influyó a otros artistas, como Rosetti, uno de los miembros de la no menos mística Sociedad Prerrafaelita. Ahora algunos cuadros: Algunos poemas: A LA ESTRELLA NOCTURNA ¡Tú, ángel rubio de la noche, ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende tu brillante tea de amor! ¡Ponte la radiante corona y sonríe a nuestro lecho nocturno! Sonríe a nuestros amores y, mientras corres los azules cortinajes del cielo, siembra tu rocío plateado sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos al oportuno sueño. Que tu viento occidental duerma en el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos y lava el polvo con plata. Presto, prestísimo, te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el lobo y el león echa fuego por los ojos en la oscura selva. La lana de nuestras majadas se cubre con tu sacro rocío; protégelas con tu favor. Versión de E. Caracciolo ALEGRÍA "No poseo nombre: pero nací hace dos días." ¿Cómo te llamaré? "Soy feliz. Me llamo alegría." ¡Que el dulce júbilo sea contigo! ¡Bonita alegría! Dulce alegría, de apenas dos días, te llamo dulce alegría: así tú sonríes, mientras yo canto. ¡Que el dulce júbilo sea contigo! Versión de Antonio Restrepo CANTO DEL REÍR Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo, y el arroyo encrespado se desplaza riendo; cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias, y la verde colina ríe del estrépito que hacemos; cuando los prados ríen con vívidos verdes, y ríe la langosta ante la escena gozosa; cuando Mary y Susan y Emily cantan "¡ja, ja, ji!" con sus dulces bocas redondas. Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces, acercaos y alegraos, y uníos a mí, para cantar en dulce coro el "¡ja, ja, ji!" Versión de Antonio Restrepo CANTO PARA ACUNAR Dulces sueños, formad una pantalla Sobre la linda cabeza de mi niño; dulces sueños de agradables corrientes bajo rayos de luna felices y silenciosos. Dulce sueño, que tus cejas tejan con suave felpa una corona infantil; dulce sueño, Ángel terso, fluctúa sobre mi niño dichoso. Dulces sonrisas, durante la noche meceos sobre mi encanto; dulces sonrisas, sonrisas de Madre, cautivad la noche interminable. Dulces lamentos, suspiros de paloma, no alejéis el letargo de tus ojos, dulces lamentos, sonrisas aún más dulces, cautivad todos los lamentos de paloma. Duerme, duerme, niño afortunado, que toda la creación duerme y sonríe; duerme, duerme felices sueños, mientras tu madre llora sobre ti. Dulce bebé, en tu rostro puedo discernir la santa imagen; dulce bebé, otrora como tú yacía tu hacedor y lloraba por mí. Lloró por mí, por ti, por todos cuando era apenas un pequeñito. Su imagen siempre verás, rostro celestial que sobre ti sonríe, A ti, a mí, a todos les sonríe; quien se volvió un pequeñito. Las sonrisas infantiles son sus mismas sonrisas; y cautivan con paz el cielo y la tierra. EL PASTOR ¡Qué dulce es la dulce fortuna del Pastor! Deambula desde el alba hasta el atardecer; debe seguir a su rebaño el día entero, y su lengua se embeberá con alabanzas. Pues oye el inocente llamado del borrego, y escucha la tierna respuesta de l a oveja; vigila mientras permanecen en calma pues saben cuándo está próximo su Pastor. Versión de Antonio Restrepo EL TIGRE Tigre, tigre, que te enciendes en luz por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría? ¿En qué profundidades distantes, en qué cielos ardió el fuego de tus ojos? ¿Con qué alas osó elevarse? ¿Qué mano osó tomar ese fuego? ¿Y qué hombro, y qué arte pudo tejer la nervadura de tu corazón? Y al comenzar los latidos de tu corazón, ¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies? ¿Qué martillo? ¿Qué cadena? ¿En qué horno se templó tu cerebro? ¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras osaron sus mortales terrores dominar? Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas y bañaron los cielos con sus lágrimas ¿sonrió al ver su obra? ¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo? Tigre, tigre, que te enciendes en luz, por los bosques de la noche ¿qué mano inmortal, qué ojo osó idear tu terrible simetría? Versión de Antonio Restrepo EL VIAJERO MENTAL He viajado a través de un país de hombres, un país de hombres y también de mujeres, y he oído y visto tan horrendas cosas como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido. Porque allí nace en la alegría el niño que en el atroz dolor fue concebido, tal como en la alegría cosechamos el fruto que fue sembrado en lágrimas amargas. Y si el recién nacido es un varón, es entregado a una mujer anciana que lo clava tendido en una roca y en copas de oro coge sus lamentos. Con espinas de hierro cierne su cabeza, y agujerea sus pies y sus manos, corta su corazón y lo desprende para hacerle sentir calor y frío. Sus dedos enumeran cada nervio como un avaro contando su oro, y de lamentos y gritos se nutre, y él envejece, y ella se hace joven. Hasta que convertido en un joven sangriento, y ella mudada en espléndida virgen, destroza sus cadenas, y la amarra a ella a la Tierra para su placer. Se planta él mismo en lo nervios de ella como un labriego planta en su terreno, y ella se convierte en su morada y en jardín que le rinde setenta veces frutos. Pronto se torna envejecida sombra vagando alrededor de una cabaña terrestre, llena de pedrerías y de oro que ganó su trabajo. Y éstas son las pedrerías del alma humana, los rubíes y las perlas de un ojo enfermo de amor, el oro innumerable del corazón que sufre, el gemido del mártir y el suspiro del enamorado. Son su alimento y su bebida, mantiene a los mendigos y a lo pobres, y para el caminante en viaje siempre su puerta permanece abierta. Su pena es alegría eterna en ellos; hacen resonar los techos y los muros hasta que de la lumbre del hogar una pequeñuela emerge de pronto. De fuego sólido ella es, y pedrerías y oro, en tal manera que nadie osa tocar su infantil forma o envolverla en pañales. Pero ella llega donde el que ama, joven o viejo o rico o pobre; muy pronto expulsan al anciano huésped que se va mendigando por puertas ajenas. Va llorando errante, muy lejos, hasta que alguien admita hospedarle, a menudo ciego por la edad, desesperado, hasta que puede ganar una doncella. Y para consolar su edad helada en sus brazos la toma el pobre hombre. La cabaña desaparece de su vista y también el jardín con sus dulces encantos. Los huéspedes están esparcidos por toda la región, porque el ojo alterado altera todo. Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo, y la Tierra plana se convierte en una pelota. Las estrellas, el Sol, la Luna, todo huye. Un vasto desierto sin límites, y no queda nada de comer o beber, y alrededor sólo el desierto oscuro. La miel de sus labios de niña, el pan y el vino de su dulce sonrisa, el juego desordenado de su ojo vagabundo a una ilusoria infancia le conducen. Porque a medida que come y bebe se transforma haciéndose más joven cada día, y ambos, en el salvaje desierto van errantes llenos de terror y congoja. Ella huye como cierva salvaje, su temor planta muchos matorrales salvajes, mientras él la persigue de noche y de día, por artificios de amor conducido. Por artificios de amor y de odio hasta que el salvaje desierto entero está plantado con laberintos de díscolo amor donde vagan el león, el lobo y el oso, hasta que él se convierte en un díscolo niño y ella en una llorosa mujer envejecida. Van a vagar allí, entonces, muchos enamorados. El Sol y las estrellas aproximan su curso. Dulce éxtasis los árboles producen para todos los que vagan en el desierto, hasta que más de una ciudad allí es alzada y más de una agradable cabaña de pastor. Pero cuando hallan al colérico niño el terror cunde en la extensa región: gritan ¡El niño, el niño ha nacido! y huyen en todas direcciones. Porque hasta la raíz se seca el brazo de aquel que osó tocar la colérica forma: osos, leones, lobos, todos huyen aullando, y todo árbol arroja sus frutos. Y nadie puede tocar esa forma colérica a menos que lo haga una mujer anciana. Ella al niño tendido clava sobre la Tierra y todo pasa como ya lo he dicho. Versión de Luis Oyarzún ETERNIDAD Quien a sí encadenare una alegría malogrará la vida alada. Pero quien la alegría besare en su aleteo vive en el alba de la eternidad. Versión de Màrie Montand LA NOCHE Desciende el sol por el oeste, brilla el lucero vespertino; los pájaros están callados en sus nidos, y yo debo buscar el mío. La luna, como una flor en el alto arco del cielo, con deleite silencioso, se instala y sonríe en la noche. Adiós, campos verdes y arboledas dichosas donde los rebaños hallaron su deleite. Donde los corderos pastaron, andan en silencio los pies de los ángeles luminosos; sin ser vistos vierten bendiciones y júbilos incesantes, sobre cada pimpollo y cada capullo, y sobre cada corazón dormido. Miran hasta en nidos impensados donde las aves se abrigan; visitan las cuevas de todas las fieras, para protegerlas de todo mal. Si ven que alguien llora en vez de estar durmiendo, derraman sueño sobre su cabeza y se sientan junto a su cama. Cuando lobos y tigres aúllan por su presa, se detienen y lloran apenados; tratan de desviar su sed en otro sentido, y los alejan de las ovejas. Pero si embisten enfurecidos, los ángeles con gran cautela amparan a cada espíritu manso para que hereden mundos nuevos. Y allí, el león de ojos enrojecidos vertirá lágrimas doradas, y compadecido por los tiernos llantos, andará en torno de la manada, y dirá: "La ira, por su mansedumbre, y la enfermedad, por su salud, es expulsada de nuestro día inmortal. Y ahora junto a ti, cordero que balas, puedo recostarme y dormir; o pensar en quien llevaba tu nombre, pastar después de ti y llorar. Pues lavada en el río de la vida mi reluciente melena brillará para siempre como el oro, mientras yo vigilo el redil. LA PRIMAVERA ¡Que resuene el flautín que ahora está callado! Delicia de las aves de día y de noche; el ruiseñor en la quebrada, la alondra en el cielo, festivamente, festivamente, festivamente, para darle la bienvenida al año. El muchachito, repleto de gozo; la muchachita, dulce y diminuta; el gallo canta como tú lo haces; voz alborozada, barullo infantil, jubilosamente, jubilosamente, para darle la bienvenida al año. Corderito, aquí estoy; acércate y lame mi blanco cuello; deja que tironee tu lanilla suave; déjame besar tu suave rostro: jubilosamente, jubilosamente, para darle la bienvenida al año. Versión de Antonio Restrepo LA ROSA ENFERMA estás enferma, ¡oh rosa! El gusano invisible, que vuela, por la noche, en el aullar del viento, tu lecho descubrió de alegría escarlata, y su amor sombrío y secreto consume tu vida. Versión de Màrie Montand NUEVA JERUSALÉN Del poema "Milton" ¿Y hollaron esos pies, antaño, los verdes montes de Inglaterra? ¿Y viose el sacro Cordero de Dios por los pastos ingleses, placenteros? Resplandeció el divino rostro sobre nuestras colinas nubladas? ¿Y edificose una Jerusalén en medio de esos negros, satánicos molinos? ¡Dadme mi arco de oro ardiente! ¡Dadme mis flechas de deseo! ¡Traed mi lanza! ¡Abríos, oh nubes! ¡Traedme mi carro de llama! No cejará en mi espíritu la lucha ni ha de dormirse en mi mano la espada, hasta que levantemos otra Jerusalén en el solar verdeante y dulce de Inglaterra. Versión de Màrie Montand PROVERBIOS DEL INFIERNO En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña y en el invierno goza. Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos. La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría. La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad. Quien desea y no actúa engendra la plaga. El gusano perdona al arado que lo corta. Sumergid en el río a quien ama el agua. El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio. Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella. La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo. A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena. Las horas de la locura las mide el reloj, pero ningún reloj puede medir las horas de la sabiduría. Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa. En años de escasez, usa número, peso y medida. No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas. Un cuerpo muerto no venga injurias. El acto más sublime consiste en poner a otro delante de ti. Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio. La necedad es el atuendo de la bellaquería, la vergüenza es el atuendo del orgullo. Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los burdeles con ladrillos de religión. La altivez del pavo real es la gloria de Dios. La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios. La ira del león es la sabiduría de Dios. La desnudez de la mujer es obra de Dios. El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora. El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora, son porciones de la eternidad demasiado grandes para que las aprecie el ojo humano. El zorro condena a la trampa, no a sí mismo. El júbilo impregna; las penas engendran. Dejad que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja. El ave un nido, la araña una tela, el hombre la amistad. El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, y podrían ser medidos con la misma vara. Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado. La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo y el elefante vigilan los frutos. La cisterna contiene; el manantial rebosa. Un pensamiento llena la inmensidad. Si estás siempre listo a expresar tu opinión, el vil te evitará. Todo lo que es creíble, es una imagen de la verdad. Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se propuso aprender del cuervo. El zorro se provee a si mismo; pero Dios provee al león. Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche. Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce. Así como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias. Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción. Del agua estancada espera veneno. Nunca sabrás lo que es suficiente a menos que sepas lo que es más que suficiente. ¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título real! Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua las barbas de la tierra. El débil en coraje es fuerte en astucia. El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer, tal como el león no interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa. Quien recibe agradecido da copiosas cosechas. Si otros no hubiesen sido tontos, lo seríamos nosotros. El alma rebosante de dulce deleite jamás será profanada. Cuando ves un águila, ves una porción de Genio: ¡Alza la cabeza! Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos, el sacerdote lanza sus imprecaciones para los más dulces goces. Crear una florecilla es labor de siglos. La condena estimula, la bendición relaja. El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva. ¡Las plegarias no aran! ¡Los elogios no cosechan! Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran. La cabeza lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la Belleza; manos y pies la Proporción. Como el aire al pájaro o el agua al pez, así es el desprecio para el despreciable. El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que todo fuese blanco. La exuberancia es belleza. Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto. El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio. Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se llevan a la práctica. Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril. La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin ser creída. ¡Suficiente! o demasiado. UN SUEÑO Cierta vez un sueño tejió una sombra sobre mi cama que un ángel protegía: era una hormiga que se había perdido por la hierba donde yo creía que estaba. Confundida, perpleja y desesperada, oscura, cercada por tinieblas, exhausta, tropezaba entre la extendida maraña, toda desconsolada, y le escuché decir: "¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran? ¿Oirán cómo suspira su padre? ¿Acaso rondan por ahí para buscarme? ¿Acaso regresan y sollozan por mí?" Compadecido, solté una lágrima; pero cerca vi una luciérnaga, que respondió: "¿Qué quejido humano convoca al guardián de la noche? Me corresponde iluminar la arboleda mientras el escarabajo hace su ronda: sigue ahora el zumbido del escarabajo; pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa." UNA IMAGEN DIVINA La crueldad tiene corazón humano y la envidia humano rostro; el terror reviste divina forma humana y el secreto lleva ropas humanas. Las ropas humanas son de hierro forjado, la forma humana es fragua llameante, el rostro humano es caldera sellada y el corazón humano, su gola hambrienta. Versión de Antonio Restrepo Un zip con algunos escritos más largos Incluye: Visiones De Las Hijas De Albion (en inglés y en castellano) Proverbios Del Infierno (otra vez, pero mejor, en inglés y en castellano) El Matrimonio Del Cielo Y El Infierno El Libro De Thel Tiriel (en inglés y en castellano) Cantares De Inocencia Cantares De Experiencia Y los poemas del post A modo de cierre, unas frases de este genio: Piensa por la mañana, obra al mediodía, come por la tarde y duerme por la noche Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella. Todo lo creíble es una imagen de la verdad. Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna. La desnudez de la mujer es la obra de Dios. En tiempo de siembra, aprende; en tiempo de cosecha, enseña: en invierno, goza. Sumergid en el río a quien ama el agua. Un pensamiento llena la inmensidad. No poseo nombre: pero nací hace dos días. ¿Cómo te llamaré? Soy feliz. Me llamo alegría. Las prisiones están construidas con piedras de la Ley, los burdeles con piedras de la Religión. Del agua estancada espera veneno. Los tigres de la cólera son más sabios que los caballos del saber. Quien recibe agradecido da copiosas cosechas. Nunca pregunta el manzano al haya cómo crecer, ni el león al caballo cómo coger su presa. La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo. Nunca puede ser dicha la verdad de manera que pueda ser comprendida sin ser creída. Un cuerpo muerto no venga las injurias. La exuberancia es belleza. La crueldad tiene corazón humano y la envidia humano rostro; el terror reviste divina forma humana y el secreto lleva ropas humanas. El zorro condena a la trampa, no a sí mismo. Nunca sabrás lo que es suficiente a condición de que sepas lo que es más que suficiente. Si estás siempre listo a expresar tu opinión, el vil te evitará. La prudencia es una vieja solterona rica y fea cortejada por la incapacidad. Si el necio persistiera en su necedad se volvería sabio. Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce. Si otros no hubiesen sido necios, nosotros lo seriamos. El pájaro, un nido; la araña, una tela; el hombre, la amistad. El alma rebosante de dulce deleite jamás será profanada. La abeja laboriosa no tiene tiempo para la tristeza. Ningún pájaro se eleva demasiado alto, si vuela con sus propias alas. Ver un mundo en un grano de arena y un cielo en una flor silvestre, tener el infinito en la palma de la mano y la Eternidad en una hora. Es más fácil perdonar a un enemigo que a un amigo. El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre. El pájaro tiene su nido, la araña su tela, el hombre la amistad. El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría. La verdad mal intencionada es peor que la mentira. Fuente: http://arssecreta.com/?p=266 http://es.wikipedia.org/ http://amediavoz.com http://www.arthistoryarchive.com/arthistory/romanticism/Henry-Fuseli-William-Blake.html http://www.frasesypensamientos.com.ar http://www.literato.es y algunas páginas de e-books que no recuerdo con exactitud

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