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sombragris

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Primer post: 21 ene 2009
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Evitemos el desmonte de la selva
OfftopicporAnónimoFecha desconocida

Amigos taringueros, greenpeace me envio un mail invitandome a ver el desmonte en vivo... quizas sea la unica manera de que algunos se den cuenta lo que nos va a suceder si seguimos sin la ley de bosques. Comparto con ustedes el mail, y los invito a quienes no han firmado todavia, pasen al blog y firmen. La ayuda de todos es necesaria! "Este jueves vas a ver la destrucción que nunca hubiéramos querido mostrarte Este jueves 27 de septiembre a las 11 de la mañana entrá a nuestro blog en Vas a conocer en vivo y desde adentro porqué es fundamental que el Senado Nacional apruebe ya la Ley de Bosques. Acordate, jueves 27 de septiembre a las 11 de la mañana en Corré la voz. Greenpeace Argentina " Si todavia no votaste por la ley de bosques, aqui esta el link. Corramos la voz, nuestro planeta nos necesita. Ya hay mas de 900.000 votos, somos casi 40.000.000 argentinos, podemos juntar mas gente, no?. Gracias!

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Un cuento patagonico
ArteporAnónimo1/21/2009

Registrate y eliminá la publicidad! Una histora mas Caminaba, solo mirando el suelo. De tanto en tanto levantaba la cabeza para ver entre su maraña de pelos, la vereda rota del pueblo. Creo que nunca supo hacia donde iba, solo se dirigía al infinito, deteniéndose cuando se cansaba. Quizás fue ese el motivo, quizás no existan motivos, solo el destino que lo busco en el momento justo para darle este… ¿regalo? Su nombre era Agustín, Agustín Talero, 23 años, aunque su cara y su pelo largo castaño claro parecían indicar mucho menos edad. ¿Su pasado?, creo que eso define todo, un pasado apunta hacia donde debe dirigirse el futuro. El tuvo muchas oportunidades de ser feliz, algunas las aprovecho, otras no tanto… igualmente su felicidad era efímera, como la sonrisa de los tontos. Pasaba horas y horas en casa de Horacio, su “hermano” como él lo llamaba. Se conocieron hace tiempo, allá por el cuarto grado, cuando recién llegaba de una mudanza desde el norte. Todos sabemos lo difícil que es encontrar refugio luego de un cambio tan grande, de San Luis a Villa La Angostura es, creo yo, un cambio rotundo. Así fue como Horacio le dio acogida, le mostro la villa y le presento a sus amigos; amigos también efímeros como todo amigo de la primaria, salvo Horacio. No sé que hubiese sido de su vida luego de la separación de sus padres sin él, su único “hermano”. Momento cruel si los hay, el despedirse de su padre y viajar cientos de kilómetros para vivir solos con su madre, quizás fue eso lo que marcó su destino finalmente… La historia de Agustín no es sencilla, estimo que ninguna lo es, pero voy a intentar explicártela poco a poco. Como ya sabes, transcurre en Villa La Angostura, una hermosa aldea de montaña clavada en el sur de Neuquén, tierra mítica, hermosa si las hay, rodeada de cumbres y valles, ríos y lagos, bosques y praderas. Un día bastante frio de otoño, cuando los matices de las hojas hacen a este paisaje único mucho mas encantador, durante una de sus eternas caminatas al borde del lago Espejo, pareció divisar entre los arboles una silueta femenina, cabello largo, muy negro, y perdidos entre aquellos hilos tan finos y contrastando con su blanca cara, aquellos ojos azules que serian la perdición de cualquiera. Agustín se paralizó, dudó, y finalmente buscó acercarse a ella pero no pudo encontrarla a pesar de su esfuerzo y desesperación. ¿Acaso fue una ilusión?, ¿una muestra del paraíso?... pensaba y pensaba en aquella fugaz imagen entre las lengas y sus sombras, escribió mil poemas de amor entre suspiros y sonrisas… todos sabemos lo lindo que es estar enamorado aunque no sepamos siquiera su nombre. Agustín siguió su vida, viendo pasar sus días cada vez más cortos en el café donde trabajaba, aunque de cuando en cuando recordaba aquellos ojos y se perdía en su memoria buscando mas detalles de los que en realidad pudo captar. Y ahí, perdido en su mente, escucha repentinamente una voz difusa que lo llama, como rescatándolo de un mundo ajeno: “disculpá, ¿me podes traer un café por favor?... eh… mejor un chocolate bien calentito, y… mmm… una porción de torta de frambuesas por favor”. Su cara de bobo no pudo ser disimulada al tiempo que asentía con la cabeza… quedo unos instantes mirándola, como buscando quitar de sus ojos la imagen de su mente para ver realmente quien le hablaba… pero no, era ella, la chica del bosque que le sonreía desde una mesa… sus ojos brillaban mas azules que el agua de aquel lago donde la vio por primera vez; su rostro perfecto, tan blanco y rosa, y aquel cabello azabache tan prolijamente despeinado por el viento de los Andes. “Vos… sos vos” – dijo Agustín torpemente. “Eh, si… yo soy… yo soy yo, ¿te conozco de algún lado?”- respondió ella confundida. “Mhno… no, disculpa… es que… ya te traigo tu pedido. ¿Cómo era tu nombre?”- quiso disimular sin darse cuenta de lo que había preguntado. “¿Acaso los pedidos van con nombre?”- dijo con una sonrisa muy cómplice. Agustín, terriblemente ruborizado dio media vuelta y se dirigió a buscar la orden, sin mirar atrás. Luego de unos instantes, preocupado por lo que la señorita le pueda decir, fue hacia ella con un perfumado chocolate y una porción de la más exquisita torta de frambuesas de la Patagonia. “Llamáme Eugenia, María Eugenia Kraft. Disculpáme, no quise responderte así, pero a veces no puedo controlar mi ironía. ¿Tu nombre?” “Agustín, Agustín Talero. Y discúlpame vos, no quise importunarte con mi pregunta, solo… solo pensaba en voz alta” “Seguí haciéndolo”- dijo Eugenia. “Seguí diciendo cada cosa que pensás, es la única manera de que te conozcan verdaderamente y te quieran por lo que sos en realidad”. Y continuó, -“por extraño que te parezca, recuerdo haberte visto hace algunos días en el lago. En principio me asusté y me escondí, no andaba nadie a esa hora y me sorprendí por tu presencia. Cuando quise saludarte, vi que te estabas yendo por la costa y no se… pensé que sería tonto seguirte solo para saludarte” “Te buscaba a vos”- siguió Agustín. “No sé porque pero quise hablarte, y te perdí… te buscaba a vos”. “Bueno Agustín, aquí estoy. ¿En qué puedo ayudarte?, ¿para qué me buscabas?”- sonrió nuevamente Eugenia. Esa sonrisa sutil volvía loco a Agustín y desarticulaba todo intento de utilizar sus armas más letales a la hora de seducir. “Eh, mirá”, dijo Agustín, “sinceramente… me gustaría invitarte a pasear, llevarte a recorrer algunos paisajes que no son tan conocidos, algunos senderos que no son tan visitados por los turistas. Bah, si no te parece un atrevimiento de mi parte”… y así, a pesar de su forma directa de decir las cosas, el joven consiguió un sí por parte de Eugenia, quien no dejaba de sonreír ante la mirada atónita del muchacho. Mil veces pensó Agustín como decirle lo que sentía por ella, pero aun no tenía idea como reaccionaria ante sus palabras. Esa misma tarde, luego de salir del trabajo, se dirigió a la plaza de la villa, tal como habían acordado, plaza que estaba solo a dos cuadras del hotel Ruca Malen, donde ella se hospedaba. Al cabo de unos minutos vio como se acercaba la tan esperada silueta por los adoquines de la vereda. Indecisa, subió al jeep de Agustín, un viejo cacharro del 57 refaccionado completamente luego de años de ahorros siendo el orgullo propio, y de su leal amigo Horacio quien se veía beneficiado a la hora de pasear por la ruta de los 7 lagos. Unos pocos quilómetros después, Agustín detiene su marcha, se baja y calza la doble tracción para tomar la primer picada, casi oculta entre los arbustos. La mirada encantada de Eugenia era un poema para él, cuando entre sendero y picada, llegaban a algún oculto mirador con vista al lago, o cada vez que debían vadear algún arroyito y se encontraban con un ciervo, un huemul o una mara. El joven era muy cuidadoso a la hora de manejar, mas aun teniendo la grata compañía de su tan deseada dama; y a pesar de su ansiedad, dejó para el final el mirador al lago Escondido. “Este es mi refugio”, le dijo Agustín. Y siguió, “aquí vengo cuando extraño a mi viejo, o cuando quiero escribir y nada me inspira. Este lugar es testigo de mis lágrimas y mis sonrisas más sentidas. ¿Sabes?, me apropié de este lugar, de la villa digo… esta es mi tierra a pesar de ser foráneo. Apuesto que cuando paseabas por el lago no encontraste este lugar, ¿no?” Ella, callada desde hace quilómetros solo pudo decirle lo bien que estaba, lo cómoda que él la hacía sentir y lo bello del lugar. Luego de preparar el mate y escuchando el sonido de las aves y la brisa sobre las hojas ocres del suelo, le conto su historia. Así, le explicó que venía de Buenos Aires, que tenía 22 años, que sus padres a pesar de quererla mucho no la dejaban ser tal cual era, siempre la sobreprotegían y tomaban decisiones sobre su vida, que nunca había estado enamorada, y que dedicaba sus días a perfeccionar su técnica en el piano. No necesitaba trabajar, su familia era adinerada ya que su padre era gerente general en el país de una multinacional. Agustín, sorprendido con su historia, noto su humildad a pesar de su condición de acaudalada. Pero en un momento ella detuvo su monologo e interrumpió su pensamiento con una pregunta: “¿qué pensás de mi?, no quiero que te hagas una idea equivocada, yo no busco mostrarme superior ni mucho menos creo serlo, solo te cuento quien soy… realmente es una maldición tener la vida tan armada, no tenés muchas decisiones que tomar cuando ya tenés todo resuelto…” “¡Claro que no!” alegó Agustín, “nunca hubiese notado un aire de superioridad en vos… no es así, en vos veo una persona sincera y humilde, muy agradable, sencilla para hablar, muy abierta y espontanea”. Y el silencio se hizo mutuo, la tarde caía y el frio comenzaba a acrecentarse. El mate amargo nunca se detuvo, solo para cargar agua del arroyito y calentarla con el Chernóbil como él llamaba al calentador eléctrico que nunca faltaba en su equipo de mate. “Es increíble como las historias se cruzan, como de la nada te conozco y siento tanta confianza en vos. Siento que te conozco de antes, de otra vida. Si tan solo… ojala te hubiese conocido antes…” dijo sollozando Eugenia al tiempo que le pidió volver a la villa. Durante todo el viaje guardo silencio, a lo que Agustín intentó respetar pero no pudo. Solo formulo un par de preguntas que fueron respondidas con una mirada vacía de su parte. Al llegar a su hotel entre la penumbra de la noche, la joven se acerca y le dice tiernamente al oído, con voz agónica y tenue, “gracias, me hiciste feliz… voy a recordarte…”, lo beso tímidamente y se marcho. Agustín, consternado no pudo detenerla y solo vio desaparecer su silueta dentro del lobby del hotel. Su confusión era terrible, sus días eran agonía, y su ausencia se acentuaba más y más. En la recepción del hotel dijeron nunca haber tenido registrada a un huésped con ese nombre, y solo una pareja joven se retiro al día siguiente, un matrimonio que estaba de luna de miel. Sus días se volvieron monótonos nuevamente, el invierno cayó en la aldea de montaña con sus días mucho más cortos aun y Agustín continuó su trabajo en el café, casi mecánicamente, como en un sin sentido piloto automático, mientras se perdía en su memoria buscando mas detalles de los que en realidad pudo captar de aquella mágica tarde en el bosque. Y el siempre sabio olvido también cayó sobre su mente, borrando lentamente detalles y plagando su memoria de huecos. Así volvió en su rostro la sonrisa fugaz, la calma y el total aplomo en su persona, compartiendo las noches de cerveza o mate con su único “hermano” que nunca lo abandonó. Dicen por ahí que una tarde de otoño una joven pareja gris se fue del hotel Ruca Malen, y que a pesar de la tristeza en sus ojos azules y su blanco rostro, la joven tenía un aura tan azul como el lago Espejo. Dicen por ahí que el matrimonio no duró mucho, que el marido solo tenía tiempo para los negocios y sus amantes. Dicen por ahí que la joven de ojos azules y larga cabellera volvió a la villa a reclamar su amor una tarde de primavera algunos años después… que se yo, se dicen tantas cosas por ahí…

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