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Primer post: 18 nov 2009Último post: 18 nov 2009
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Movimiento Obrero Argentino - 1era mitad del Siglo XX
Movimiento Obrero Argentino - 1era mitad del Siglo XX
Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/18/2009

Acá les dejo un trabajo q armé después de 3 semanas de investigación. Es de redacción propia, no esta copiado de ningún lado. Fue un parcial para una materia optativa que curso dentro de mi carrera de Analista de Sistemas. Trabajé con muchísimas fuentes bibliográficas que lamentablemente no puedo citar porque las perdí, como es un trabajo q hice a mediados de año, guardé algunas cosas y otras las borré, mis más sinceras disculpas. Igual lo que cuenta es la intención, y la idea es brindarles información para un trabajo práctico o informe que deban hacer, y en el momento de buscar datos precisos y útiles, se encuentren con una telaraña de información en la red, libros o donde quieran que busquen que es difícil de resumir y mas aún de saber si son fuentes seguras. Como todo lo que se analiza para estos casos, la información "es tomada con pinzas". Espero que les sea de utilidad y puedan aprovecharlo. La estructura del trabajo esta dada por el siguiente orden: 1) Definición del Movimiento Obrero, su composición y quienes lo conforman dado el proceso productivo. 2) Postura del Partido Socialista, sus estrategias de reivindicación y demanda. Postura del Sindicalismo revolucionario representado por la USA. Crítica de los sindicalistas a los socialistas. Postura del Anarquismo 3) Comportamiento de las organizaciones obreras durante: Democracia Restringida (Oligarquía), Democracia Ampliada (Radicalismo), Democracia Fraudulenta (Restauración conservadora - Década Infame) 4) Relación del movimiento con el Estado entre el 1943 y el 1946 (Fase preparatoria de Perón) 5) Papel que juega el movimiento en la resolución o tensión de las crisis de Identidad, Participación, Dependencia, Distribución y su conjunción en la crisis de Representación, que estalla a fines de la década del 30. 6) Conclusión, visualización del organismo como sujeto de hecho y de derecho, y peso en el desarrollo del Estado. “Cambios y permanencias en el movimiento obrero argentino en la 1era mitad del siglo XX” Con el objetivo de reconocer cambios y permanencias en el movimiento obrero argentino y sus diferentes organizaciones partidarias y sectoriales, dados sus contextos de construcción local de relaciones con el Estado, en la primera mitad del siglo XX, trabajaré con la bibliografía de la Unidad III y los documentos anexos en la elaboración del siguiente Informe. Movimiento obrero es el movimiento organizado que tiene origen en la clase obrera o trabajadora y que persigue como finalidad el bienestar de quienes lo integran. Es un movimiento social puesto que supone la existencia de una accionar colectivo que trata de resolver conflictos que le afectan, procurando el cambio social. A fines del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX, el movimiento obrero argentino, estuvo conformado por numerosos grupos, pertenecientes a distintos procesos productivos. Cada uno de ellos, impulsados por propósitos en común, provocaría un impacto diferente en la sociedad, en la economía y en su relación con el Estado, al momento de establecer demandas y medidas reivindicativas. Hacia el año 1880 la “agitación peticionaria” (reclamos pocos contestatarios por la forma en que se asumen, aunque reivindicativos) la inician categorías que no expresan inclinaciones puras al anarquismo o al socialismo -dependientes del comercio y el servicio domestico- y evolucionan en 1889 con gran numero de huelgas. Un variado grupo de trabajadores participaron de experiencia de reclamos, entre ellos: personal de comercio (dependientes, bancarios), de servicios (domésticos, carteros, telefónicos, faroleros, barrenderos, ferroviarios), artesanos y manufactureros (albañiles, yeseros, zapateros, sombrereros, carpinteros, calafateros, peluqueros, cigarreros, panaderos, barberos, tipógrafos), trabajadores de baja calificación (peones de aduana, municipales, de usina de gas, saladeros, peones de la construcción, estibadores) y mujeres trabajadoras (modistas). En 1887 surge “La Fraternidad”, que agrupa a los maquinistas y foguistas ferroviarios, sindicato de gran peso en la lucha reivindicativa del movimiento obrero. Durante este período las asociaciones gremiales de artesanos y trabajadores de oficio surgidas, evidencian el carácter corporativo, marcadamente elitista que las caracteriza. En la década de 1890 se multiplica el número de asociaciones obreras con abandono de vestigios mutualistas. A mitad de ella, con los efectos recesivos de la economía y la entrada masiva de inmigrantes, se multiplican los conflictos. Los ferroviarios, que realizan el primer paro general (1896), estarán al frente de la reivindicación con el mayor número de huelgas. Por otro lado se conforma la corriente “social” del catolicismo que repercute en los Círculos de Obreros Católicos del Padre Grotte, con proyección inicial entre los obreros del puerto. Durante el inicio de la década de 1900 fueron numerosos los conflictos y su envergadura. En 1902, la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) convoca a la primera huelga general del movimiento obrero argentino en medio de una dura lucha de trabajadores del puerto. Se producen dos ciclos de huelgas declaradas, uno entre 1902 y 1910 y el otro entre 1916 y 1921. Se destacan, entre otras, la "semana roja" de 1909, las huelgas de portuarios, ferroviarios, en los frigoríficos y los talleres Vasena (1919), que dan lugar a la huelga general (la Semana Trágica); la huelga de los peones patagónicos (1921-22), y de la forestal (1920 -1921). Estas luchas envuelven tanto a obreros calificados como a categorías no calificadas de trabajadores. Como todo movimiento social, distintas posturas ideológicas y partidarias lo reclaman y representan. A partir de esto es posible diferenciar las cuatro corrientes principales de la época: socialismo, sindicalismo, anarquismo y comunismo. El socialismo comenzó a tener influencia en 1896, cuando Juan B. Justo funda el Partido Socialista. Heredero de la idea de Sarmiento, en la incorporación masiva de inmigrantes al sistema político argentino, como una forma de modernizar y democratizar el país, Justo agrega la voluntad de conducir este fenómeno hacia un cambio social vasto. El Partido Socialista pasaba a ser el espacio desde el cual ese impulso de cambio social de modernización, en la vida política argentina, se iba a realizar. Destaca la lucha parlamentaria y desestima la huelga general y la acción directa, considerándola violenta y destructiva en cuanto a sus estrategias de reivindicación y demanda para con el Estado. Busca la unidad y la constante armonía entre el Partido y las organizaciones obreras, ya que el Partido Socialista era “la clase trabajadora políticamente organizada”. Como contrapartida se encuentra el Sindicalismo o Sindicalismo Revolucionario. Defensores de la única organización efectivamente revolucionaria en la necesidad de derribar el orden capitalista: el Sindicato. Él es el que agrupa a todos los obreros o clase trabajadora organizada, apta para regir sus propios destinos y capacitada para asumir responsabilidades en los procesos productivos. El Sindicalismo se niega rotundamente a la intervención, tutelaje y/o subordinación a los partidos políticos y rechazan su ingerencia en las organizaciones sindicales, aun así cuando el partido se llame “obrero”. En cuanto a sus estrategias de reivindicación y demanda, la acción directa es el medio válido, donde la huelga, el boicot y el sabotaje ocupan lugares privilegiados, hasta los movimientos insurrecciónales y la propia revolución social. Considera inútil la política colaboracionista, del recurso parlamentario y de la táctica corporativista. Se declara antiestatal. Es posible observar las posturas antagónicas de estas dos fuertes corrientes anteriores. Disiden respecto a postura política, métodos de acción y estrategias de demanda y reivindicación, es por esto que resulta evidente el choque de ideas y denuncias, como se observa a continuación: Primero es necesario conocer el medio por el cual se expusieron las críticas. Bandera Proletaria fue el órgano oficial de la Unión Sindical Argentina (USA), una de las centrales obreras que nucleó al proletariado argentino entre 1922 y 1930. Este periódico obrero fue difusor del bagaje teórico del sindicalismo revolucionario. El 20 de Mayo y 1º de Julio de 1922 denunció entre sus páginas al Comité Ejecutivo del Partido Socialista contra la organización obrera. En él se expuso lo siguiente: los jefes del social-patriotismo, hombres que han subordinado siempre la doctrina a los intereses individuales, han iniciado su campaña de mistificaciones para quebrantar la unidad conseguida por el proletariado regional. ¿Con que fin? Corromper y esclavizar el sindicalismo para amoldarlo, domesticándolo hasta lograr “que la organización obrera se convierta en una rueda del carro electoral del partido”. Todo esto ocurre a raíz de que el Sindicalismo reclama e impone su autonomía, como movimiento que actúa por impulsos propios, con organismos de defensa y combate, y por no aceptar el tutelaje de partidos que canonizan al Estado, por no admitirle el derecho a que ellos piensen y resuelvan por la clase obrera lo que solamente ésta es capaz de pensar y hacer. Asimismo la política no tiene nada que hacer con su amorfismo en los sindicatos. Además se denuncia mediante estadísticas que el Partido Socialista es una agrupación insignificante por su número y extensión, y que no es una agrupación obrera, dado que entre sus reducidos componentes predominan burgueses y burócratas pertenecientes a la clase media. La alternativa anarquista no logro competir eficazmente por la dirección de la clase obrera argentina, porque se hallaba dividida en dos facciones. Una facción apoyaba la filosofía de la acción individual de Miguel Bakunin y la otra se inspiraba en la filosofía colectivista de Pedro Kropotkin. No deseaban asimilar al obrero a la sociedad argentina, sino destruir la sociedad existente y construir otra nueva en su reemplazo. En 1901 se unen con los socialistas en la Federación Obrera Argentina (FOA). Luego de dos años los socialistas se retiraron y los anarquistas controlaron un sector importante de los trabajadores, hasta que en 1910 el gobierno prohibió sus actividades. Se inclinaban por la acción directa y la utilización de métodos violentos para conseguir sus fines en caso de ser necesario, enfatizando la huelga general y rechazando la lucha parlamentaria. Opositores a los partidos políticos y al Estado, como mal que debía combatirse antes de lograr la sociedad nueva y regenerada. Entre 1880-1916, Argentina estuvo bajo el régimen oligárquico llamado “Democracia Restringida”. El sistema de gobierno impuesto por la oligarquía conservadora mantuvo cerrados los canales de participación política a sectores muy amplios de la población, el sistema electoral es burlado, se alteran padrones y se emplea el fraude electoral. Económicamente se establece el modelo agrario exportador. Dentro de los sectores excluidos socialmente se encontraba la clase obrera; ésta luchaba por aumentos salariales, mejoras de las condiciones laborales, jornadas de 8 horas de trabajo, prohibición del trabajo de los menores de 14 años, prohibición del trabajo para la mujer cuya naturaleza afecte su salud, entre otras demandas. Para lograrlas, los militantes pertenecientes a distintas posturas ideológicas, se valieron de sus propias estrategias de reivindicación contra un Estado sumamente represivo. En 1902, el Congreso de la Nación Argentina sanciona la Ley de Residencia, que autorizaba al Poder Ejecutivo Nacional a ordenar la salida del país (en el termino de 3 días) de todo extranjero condenado fuera de la Argentina por crímenes o delitos de derecho común, así como a disponer su expulsión cuando su conducta comprometiese la seguridad nacional o perturbare el orden público, pudiendo impedir su ingreso al país cuando se encontrare en algunas de las condiciones anteriores. La ley fue utilizada para reprimir la organización sindical de los trabajadores, anarquistas, socialistas y activistas obreros en general, y le permitía detenerlos hasta que se dispusiera su expulsión. Sin embargo la conflictividad del movimiento obrero se incrementó. Entre 1902 y 1910, se produjeron 7 huelgas generales violentamente reprimidas por las fuerzas policiales. En 1910 el gobierno sancionó una nueva ley represiva, denominada de Defensa Social. La ley prohibía la entrada al país de los que profesaran la ideología anarquista, así como para todas aquellas personas que sostuvieran la posibilidad de atacar al gobierno, a personas o instituciones. También se prohibía toda asociación o reunión de personas que tuviera por finalidad instigar a cometer hechos ilícitos, previéndose incluso la pena de muerte para los delitos mayores. La Ley de Residencia y de Defensa Social se insertaban dentro de una serie de medidas represivas promovidas por terratenientes e industriales pertenecientes al PAN (Partido Autonomista Nacional), que incluían el estado de sitio, allanamiento de locales de la FORA (anarquistas) y del Partido Socialista, incautamiento de periódicos, represión de huelgas y manifestaciones mediante arrestos, deportaciones y hasta el asesinato de activistas. En 1916 Hipólito Yrigoyen asumió la presidencia de la nación, gracias a la Ley Sáenz Peña, que establecía el sufragio secreto y universal para los hombres. Con la primera presidencia de Yrigoyen se inicia un período de la historia argentina conocido como “Democracia Ampliada”, que abarca de 1916 hasta 1930. En esta segunda etapa, el rol del Estado se modifica frente a los conflictos obreros. Dejara de abstenerse al margen en las disputas entre capital y trabajo, propio de la concepción liberal, para tomar una actitud de mediación o arbitraje. Esta modificación de Yrigoyen demuestra que comprende la problemática de los trabajadores, sin embargo mantiene la idea de que el Estado no es el representante de los intereses patronales, sino el que garantiza la paz social. El fin de la Primera Guerra Mundial deja como consecuencia una aguda crisis económica que deberá afrontar Yrigoyen. La industria sustitutiva de importaciones decae, generando despidos masivos, desocupación, reducciones salariales e inseguridad laboral, causando así la reacción del movimiento obrero. Entre 1917-1919 el número de manifestaciones callejeras y huelgas llegan a más de 500, siendo las más significativas las de los portuarios, las de los obreros municipales de Buenos Aires y las de los ferroviarios. Frente a esta situación, el presidente Yrigoyen adopta una actitud conciliadora, buscando una mediación entre los trabajadores y los sectores empresariales. Estos últimos, no aceptarían un gobierno que ya no defendiera sus intereses, y conforman organizaciones antiobreras y rompehuelgas, entre ellas la Liga Patriótica y la Asociación del Trabajo. En enero 1919 se produce la Semana Trágica. El 7 de enero, los trabajadores de Talleres Metalúrgicos Vasena, en la provincia de Buenos Aires, comienzan una huelga en reclamo de mejoras laborales. Rompehuelgas pertenecientes a la Asociación del Trabajo, producen disturbios entre los obreros, que concluyen con la intervención de la policía, que dispara sus armas dejando el saldo de cuatro obreros muertos y más de treinta heridos. En repudio, todas las asociaciones obreras, de distintas posturas ideológicas, acordaron una huelga general para el día 9 de ese mes. El conflicto se extendió hasta el 17 de enero, dejando un saldo de 700 muertos y 4000 heridos, producto de medidas represivas de extrema violencia por parte de la policía y de grupos paramilitares. En 1922, el Ejército Argentino impone la "pena de fusilamiento" contra los peones y obreros patagónicos que estaban en huelga. Perseguirá a los huelguistas, los irá atrapando y fusilando rápidamente, dejando un saldo de 1500 muertos en la provincia de Santa Cruz, esto se conoce como la Patagonia Trágica. Las políticas laborales del gobierno radical registran dos etapas. En la primera, hasta 1918, predomina el acercamiento al movimiento obrero o a algunos de esos sectores, a través de decisiones arbitrales, que en ciertos casos son favorables a los trabajadores. En la segunda, después de la Semana Trágica de 1919, comienza a perfilarse una legislación tendiente a proteger derechos de los trabajadores. El período que comienza en 1930, con el primer golpe de estado que derroca al presidente Hipólito Yrigoyen, y finaliza en 1943, con el segundo golpe militar que derroca al presidente Ramón Castillo, se conoce como “Democracia Fraudulenta” o restauración conservadora. Se caracterizó por el fraude electoral sistemático, la represión a los opositores, la corrupción y la proscripción de la Unión Cívica Radical. El general Uriburu, que encabeza el primer golpe militar, crea las condiciones necesarias para desarrollar un sistema electoral fraudulento que devuelve el poder a la elite económica y social amenazada con el radicalismo, la oligarquía. Durante esta nueva etapa se establece el nuevo modelo económico, de sustitución de importaciones, que aumenta significativamente el número de obreros dentro de las ciudades, producto de migraciones internas. Sin embargo, la situación de los trabajadores no mejoró; los obreros carecían de leyes de seguridad social, no se les reconocía legalmente sus derechos, no contaban con jubilación, ni licencias por enfermedad, vacaciones, entre otras cosas; el salario seguía siendo bajo y las condiciones laborales precarias. Por ello las huelgas y las protestas del movimiento obrero se sucedieron, sin poder conseguir sus objetivos. Se mantuvo un fuerte sistema represivo contra la oposición y todo aquel que amenazara el orden político o social. No se toleraban las huelgas y gran parte de la legislación laboral conseguida con el gobierno radical dejó de tener vigencia. Los dirigentes anarquistas, comunistas y radicales sufrieron fuertes persecuciones. Sin embargo, esta situación de lucha constante, impulsada por el movimiento, por mejoras para el trabajador, cambiaria a partir del golpe del 43, que marca el fin del panorama fraudulento. El 4 de Junio de 1943 el golpe militar encabezado por Arturo Rawson, conocido como Revolución del 43, derroca al gobierno fraudulento de Ramón Castillo y pone fin a la restauración conservadora, también llamada “década infame” (1930-1943). Tres presidentes se sucedieron en el mando durante la Revolución del 43: los generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell. Durante el gobierno de Farrell, el Coronel Juan Domingo Perón acumuló cargos que serian claves para lograr el apoyo del sector obrero: Ministro de Guerra, Secretario de Trabajo y Previsión y Vicepresidente. Desde allí procuró establecer una relación mas fluida entre Estado-Movimiento Obrero, algo que no intentaron seriamente los gobiernos anteriores. Las principales medidas impulsadas por Perón fueron las siguientes: • El Estatuto del Peón, que estableció un salario mínimo y procuro mejorar las condiciones de alimentación, vivienda y trabajo de los peones rurales, alarmando a los grandes estancieros que controlabas las exportaciones argentinas. • Establecimiento del Seguro Social y la jubilación que beneficio a más de dos millones de personas. • La creación de Tribunales de Trabajo, cuyas sentencias generalmente resultaron favorables a las demandas obreras. • La fijación de mejoras salariales y el establecimiento del aguinaldo para todos los trabajadores. • El reconocimiento de la asociaciones profesionales, con lo cual el sindicalismo obtuvo una mejora sustancial de su posición en el plano jurídico. Las reformas impulsadas por Perón continuaron durante 1944 y 1945. Estas medidas consolidaron el vínculo entre el Estado y los trabajadores y sus organizaciones sindicales, además de ser reconocidas también por el sector nacionalista del Ejército. Sin embrago en otros sectores crecía el descontento y la oposición a las mejoras sociales, claramente visible en la tradicional oligarquía de los terratenientes y de los grandes empresarios, que encontraban como un perjuicio para sí mismos el hecho de tener que costear todas esas políticas sociales dispuestas por el gobierno. El 19 de septiembre de 1945 la oposición al gobierno de Farrell convocó a una manifestación pública, mayoritariamente integrada por personas de clase media y alta. Exigían la renuncia del gobierno y la entrega del poder a la Corte Suprema hasta la convocatoria a elecciones, esto se conoció como la “Marcha de la Constitución y la Libertad”. Ante la ofensiva de la oposición, la mayoría de los militares que integraban el gobierno de Farrell creyeron que era necesario deshacerse del sector del Ejército liderado por Perón, es por ello que exigieron su renuncia a los cargos y lo llevaron detenido a la Isla Martín García. Frente a estos hechos, la agitación en el seno del Movimiento Obrero creció, ya que entre los trabajadores existía la convicción de que la caída de Perón significaría el triunfo de los sectores capitalistas y la posibilidad de perder las conquistas sociales obtenidas. El 17 de Octubre de 1945, al conocerse la renuncia de Perón, los obreros comenzaron a movilizarse en distintos lugares del país para exigir su liberación. Llegaron en enormes masas hasta la Plaza de Mayo, y allí esperaron hasta la noche, momento en que Perón ya liberado se dirigió a ellos desde los balcones de la Casa Rosada. Históricamente esto se considera como el momento fundacional del Movimiento Peronista. En 1946, tras una campaña electoral, es elegido Presidente de la Republica Argentina con el 56% de los votos, permaneciendo por dos mandatos consecutivos, hasta 1955. Los teóricos Lucien Almond y Gabriel Pye sostienen que la formación y consolidación de un Estado Nacional van siempre asociadas a la resolución de algunas crisis, definidas como desafíos de diferentes tipos que la elite dirigente debe superar para estabilizar su dominio. Hablar de crisis supone un momento de cambio, en el que se quiebra un orden existente hasta ese momento, una situación de cierta estabilidad, y se genera una diferente. Existen cuatro crisis puntuales planteadas por Almond y Pye: “crisis de identidad”, “crisis de dependencia”, “crisis de participación” y “crisis de distribución”. La conjunción de todas ellas es denominada “crisis de legitimidad”. Estas crisis planteadas, estallan a fines de la década del 30 y forman el marco en el cual llegara al poder, mediante el segundo Golpe de Estado, el Grupo de Oficiales Unidos (GOU). El movimiento obrero argentino juega un papel de suma importancia en la resolución y, a su vez, tensión de todas ellas. Agustín P. Justo asume como presidente en febrero de 1932, luego de llevarse a cabo el “fraude patriótico”; esto incluía la selección de candidatos por parte del gobierno, el control más o menos violento de la elección y la falsificación de resultados del acto electoral que, según los conservadores, era la forma de traer el beneficio para toda la nación. A partir de esto disminuyó la posibilidad real del elector de participar en la política, provocando la llamada “crisis de participación”. El movimiento obrero representaba en su mayoría a la población argentina, y ahora seria la fracción excluida de las decisiones políticas, motivo por el cual crece el descontento y el repudio contra el Estado. Por otro lado, normas represivas como la Ley de Residencia y la de Defensa Social, atacaban directamente a grandes sectores obreros, que defendían posturas ideológicas como el anarquismo y el socialismo, posturas traídas por las grandes masas de inmigrantes llegados hacia fines del siglo XIX, y que ahora formarían parte del mismo. Estos procesos de movilidad social, como el fenómeno de la inmigración masiva, aumentan el problema de la “crisis de identidad”, es decir, la falta de sentimiento de comunidad nacional, de pertenencia a una nación. Dentro del plano económico, los países del mundo tendían a cerrarse adoptando modelos proteccionistas. Inglaterra, principal socio en la exportación de la carne argentina, anuncia en la convención de Ottawa que les dará ventajas arancelarias a sus colonias. Así surge el pacto Roca-Runciman con Inglaterra en 1933, por el cual Inglaterra se comprometía a continuar comprando carnes argentinas siempre que su precio fuera menor al de los demás proveedores mundiales, además de ceder el sector ferroviario a cambio del trato. Esta situación agudiza la llamada “crisis de dependencia”, en la medida que Argentina necesita la adquisición de sus bienes de exportación por parte de Inglaterra para mantener su economía. En este contexto surge la “crisis de distribución”, en cuanto los sectores trabajadores pertenecientes a las capaz sociales mas bajas, los obreros en general, sufren el reparto inequitativo de la riqueza, que se traduce en la precaria y deteriorada situación laboral existente. La suma de todas estas crisis provoca la reacción del movimiento obrero a lo largo del período, que origina una sucesión de huelgas y reclamos reivindicativos fuertemente reprimidos por el gobierno, agravando la tensión general en el plano social, y el rechazo de gran parte de la población. En conclusión, el movimiento obrero argentino en la primera mitad del siglo XX, fue un actor fundamental para el desarrollo político, económico y social del país. Una organización capaz de definir las necesidades de quienes lo integran y establecerse como grupo de presión, a través de sus medidas combativas y contestatarias, a pesar de las disidencias entre las posturas ideológicas que lo conforman. Su organización en sindicatos implica su reconocimiento como sujetos de derecho aptos para desarrollar un carácter de autotutela y ejercer el derecho laboral para que se produzca la igualdad de las partes en la relación de trabajo. Esto ha sido motivo suficiente para que los grupos conservadores pertenecientes a la elite económica y social, tomen medidas implícitas o explícitas para poner un freno y oprimir a la clase trabajadora. Aquí termina. Un saludo para todos !

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