selva12345
Usuario (Argentina)
hace un par de días veía un video porno en un canal gratuito en Internet donde la gente puede subir sus propias grabaciones amateurs. También sirve como escaparate para que websites de paga se promocionen.Me gustan los videos porno, pero no soy una gran coleccionista porque me gustan más los amateurs. En mi estudio, ese día por la noche, miraba a mi lap top y tecleaba en el buscador de este sitio palabras como "trío", "latina", "hombre de color", "penetración doble" y mi favorita: "amateur". Estos últimos son mis videos preferidos. Quizá porque me parecen más naturales, más reales, menos ficticios, que muestran cuerpos verdaderos y con actitudes más comunes.Al menos les creo algunas caras de placer. No retratan a una mujer de uña y pestaña postiza, con un alaciado perfecto (que a pesar del sube y baja, y del voy y vengo, no se le mueve un cabello), tiene un rubio platinado con un brillo espectacular, sin mancha alguna (sé que las actrices porno blanquean su zona genital con láser), con un maquillaje de alfombra roja, un cuerpo envidiable, lipstick indeleble y, claro, sonrisa de placer.Las mujeres en la mayoría de las pelis porno, enmarcadas en historias totalmente fuera de la realidad, están allí, haciendo unos nudos sensacionales con su cuerpo -dignos de cualquier gimnasta olímpica-, mirando siempre a la cámara con el cuerpo hacia el otro lado y en un verdadero malabar que me hace pensar de manera irremediable si a las pobres no les dolerá más el cuello que otra cosa una vez que el director grite ¡corte!¿Alguien se ha puesto a pensar en el cuello de las actrices porno? ¿Les untarán un poquito de árnica? Pobrecitas, ¿no?El tema es que no escurre en su rostro una gota de sudor. Y mientras un hombre musculoso con un miembro grande y grueso, hace con ella cuanta cosa venga a la imaginación, ella estalla en gritos. Uno, dos, tres, cinco, siete. Como para envidiar su éxtasis. Y aunque muchos de los varones creen que ese placer existe así, a la mayoría de las mujeres no mucho de todo eso nos excita. Claro, tampoco es que uno permanezca inamovible como un bloque de hielo ante esas imágenes. Digo, a mí por algo me gusta verlos. Me erotizan, me dejan saber qué hay de nuevo en la industria y con qué nuevas perversiones los hombres se excitan.Y, sí, debo confesarlo, todas las veces mi vagina se humedece. Si los veo sola, me toco lenta y suavemente, en mi estudio, para luego terminar con algún juguete en mi recámara y luego dormir plácidamente; si los veo en compañía, nunca me entero del predecible final: el semen en la boca de ella, en su pecho, en su rostro, en sus labios, cualquiera de los dos.A pesar de que el porno también nos humedece, a las mujeres no nos inspira del todo. Me parece, además, que todavía hay cierto freno femenino para mirar porno porque tenemos razón, el porno no se hizo para nosotras.El otro día leí una entrevista con tres actrices porno españolas que llegaron a la industria, como todas, por casualidad. Coincidían en que mientras más humillantes para las mujeres sean esas escenas, mientras el hombre pueda tener y saberse dueño del control de la acción y menos románticas sean, las pelis son más exitosas. Claro. Son dirigidas por hombres y van dirigidas a un público del mismo género.¿Y nosotras? ¿Nadie le ha dicho a los directores que las mujeres somos mayoría y que con un buen producto podríamos ser grandes consumidoras? Y que... ¡También nos interesa el sexo¡Recordaba el caso de una directora y ex actriz sueca de cine porno, radicada en Barcelona, Erika Lust, que es hasta el momento una de las pocas mujeres que ha tomado las riendas en la industria porno. Tiene un libro que se llama "Porno para mujeres" y cortometrajes porno que cuentan historias. Obvio, el final no es "y vivieron felices para siempre". Digo, hay sexo duro, pero también amor y por lo menos historias reales y excitantes para nosotras.Quizá esa es una de las cosas que las pelis porno no nos han enseñado. No se lo dicen a los adolescentes que las miran por primera vez y creen que así debe de ser. Lo que no han dicho es que el sexo salvaje, el sexo duro, el apasionado hasta la médula, el sexo de porn star, puede ser también un sexo enamorado.Un sexo en el que, con dolor de cuello incluido, sea válido decirle a la otra persona que se le ama, y saber que se puede tener tranquilamente cinco, siete, nueve orgasmos sin que exista humillación. Que uno puede tener un sexo de película siendo parte del placer, haciendo uso de él y no solamente la que lo provee.Yo, la verdad, aunque soy perfeccionista para casi todo (sí, díganme chocante), a la hora del sexo prefiero que el sudor escurra, que la pestaña se enchueque, que la uña se quiebre, que las carnes se agiten, que el copete se mueva, que la rodilla se raspe, que rechinen los huesos, que me dé un calambre, que la sábana se empape, que la cama se mueve, que los vecinos de abajo me odien y que, al final, sin tener la perfección y belleza de Jenna Jameson o la perversión de Sylvia Saint, pueda decir que el mejor porno es siempre el que uno inventa, el que se recrea para un auditorio compuesto por dos personas, en lo íntimo de una alcoba.