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scorpion008

Usuario (Chile)

Primer post: 13 oct 2010Último post: 13 oct 2010
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conoce a chile mi pais :)
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Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/13/2010

HISTORIA La fecha establecida para consignar el momento en que una nación pone fin a su calidad de colonia y da comienzo a una vida independiente jamás corresponde a la verdad. Porque la emancipación es un proceso, es decir, un suceso que se compone de muchos otros. No puede, por consiguiente, reducírsele al producto de un mezquino momento en la vida de una formación social. Es más: la emancipación puede desencadenarse con inusitada celeridad como, también, es capaz de hacerlo con exasperante lentitud. La historia de las naciones independientes comienza, no obstante, en un momento dado, en un día que es el ‘día nacional’, el ‘día de la independencia’, un suceso verídico al que se le atribuyen cualidades que jamás ha tenido; en suma, la historia de las naciones independientes empieza con una invención. Pero ello no sucede porque sí. Los seres humanos necesitan de símbolos, signos, ritos, mitos que les permitan estar regresando continuamente a sus orígenes para descubrir en ellos su propia identidad; también lo hacen las naciones como entes colectivos, sujetos múltiples o personas sociales. Sin embargo, la historia de una nación independiente, su historia verdadera, no parte con ese acto, no se inicia de modo tan ramplón: se extiende hacia atrás, más atrás, a la historia de quienes precedieron a aquellos que se apoderaron de esas tierras, a la historia de sus pueblos originarios e, incluso, a la historia del propio retazo aquel del planeta, a la historia de sus piedras y de su formación geológica. Es por ello que los inicios de la vida independiente de una nación son importantes: de la simbología que se adopte dependerá el comportamiento de las generaciones futuras que han de encontrar allí su identidad o reconocer su verdadero ancestro. Las palabras precedentes cobran especial importancia tratándose de la historia de los pueblos americanos, que se iniciaron como colonias y adquirieron, por sus luchas, el carácter de naciones independientes; Chile, entre aquellos, como parte de la región sudamericana y ex colonia española. Y, dentro de su historia, de ciertos hechos que revisten especial relevancia para la formación de los valores nacionales. Retrocedamos un poco en el tiempo, hagamos memoria de esos hechos pasados. La historia de la independencia de Chile comienza, oficialmente, con la realización de la primera Junta de Gobierno que, bajo la presidencia del Conde de la Conquista, Mateo de Toro-Zambrano y Ureta, tuvo lugar en Santiago un 18 de septiembre de 1810. Paradojalmente, la emancipación de la colonia estuvo ausente de los objetivos de ese cónclave; antes bien, con su realización solamente se buscó dar apoyo a la formación de las Cortes de Cádiz y, en especial, a José Fernando de Abascal y Souza, que se desempeñaba, a la sazón, en calidad de Virrey de Perú. En el fondo, la reunión aquella era el primer intento de realizar una gestión preparatoria encaminada a robustecer la lucha por el retorno al trono de Fernando VII ―destituido en la Península Ibérica por las tropas de Napoleón Bonaparte―, y defender a las colonias ante un eventual ataque de las tropas francesas. Ese objetivo, compartido por la generalidad de los diputados que existían en el país, también era, en cierta forma, aunque con diferentes connotaciones, tolerado por el diputado subdelegado de la Isla de La Laja, representante de los agricultores, Bernardo O’Higgins. En 1811, un joven militar chileno que había combatido en España en el Regimiento de los Húsares de Galicia contra las tropas de Napoleón, llamado José Miguel Carrera Verdugo, apoyado por sus hermanos Juan José y Luis Florentino, el primero a cargo de las tropas de la ciudad, tomó el control de la colonia chilena a fin de dar un sentido diferente al proceso que se estaba viviendo. Fue un golpe de estado, sin lugar a dudas, pero no contra gobierno democrático alguno, sino contra la pasividad de la Junta de Gobierno, pues en esos años la democracia era, apenas, una aspiración de la cual poco se conocía. Una de las primeras tareas de la nueva administración fue la organización del ejército nacional y la creación de tres símbolos de extraordinaria importancia política que solamente los militares son dados a crear: la bandera, la escarapela y el escudo nacional. La tarea de la confección de la bandera fue encargada por el gobernante a su hermana, Francisca Javiera Eudoxia Rudecinda Carmen de los Dolores, más conocida en los textos escolares como ‘Javiera’, quien se preocupó con especial esmero de dicho cometido; el símbolo aquel sería un paño compuesto de tres bandas horizontales, la primera azul, la segunda blanca y la tercera amarilla que representaban el cielo de la nación, sus nieves cordilleranas y el trigo dorado de sus campos, según algunos; la majestad, la ley y la fuerza, según otros. Para las ceremonias oficiales se emplearía esa bandera, pero con el escudo de armas colocado en el centro, sobre la franja blanca. Dicho emblema tendría forma de óvalo; en su interior, de pie, separados por una columna, aparecerían dos representantes de las razas originarias de la nación (un hombre y una mujer). En la mano izquierda de la mujer, situada al lado derecho del emblema, un arco; en la derecha del hombre, situado al lado izquierdo del mismo, una lanza. Encima de la columna, la estrella solitaria de las cinco puntas encerrada en un círculo, sobre el que otra lanza, dibujada diagonalmente, y una rama de similar longitud formarían la cruz de San Andrés, una cruz caída, una ‘equis’ (X) más que alargada, estilizada. Finalmente, en la parte superior, una frase latina atribuyendo la oscuridad a la dominación goda y la luz a la independencia política (‘Post tenebris lux’); abajo, en la parte inferior, otra leyenda, representativa de una época de luchas y confrontaciones, también en latín: ‘Aut consilio aut ense’ (‘Por la concordia o por la espada’). No puede, por consiguiente, considerarse la creación de toda esta verdadera sucesión de símbolos como una simple ocurrencia del joven ex oficial de los Húsares de Galicia; ni tampoco asignársele al golpe de estado, perpetrado en 1811, el carácter de acto propio de su ‘ambición desmedida’ o ‘caudillesca’. La historia no se explica por las emociones de sus líderes ni por las presuntas ‘ambiciones’ de los mismos; tampoco por los amoríos de sus gobernantes porque, como muy bien lo expresa Louis Althusser ―criticando a Plejanov, quien buscaba en los amoríos de Luis XV los secretos de la caída del Ancienne Régime― ‘los conceptos no se esconden en los lechos’. Carrera había llegado a Chile no sólo con ideas nuevas, sino además con proposiciones concretas: una de ellas consistía en aprovechar el momento propicio de debilidad que afectaba a la corona española, en lucha contra las fuerzas napoleónicas, e iniciar en la colonia sudamericana, de esa manera, un proceso de emancipación de la Península Ibérica que pudiese extenderse a toda la región. A colaborar en ese sentido, se hacía presente la necesidad de formar un ejército criollo, que no podía sino quedar a cargo de su hermano Juan José ―también con experiencia militar―, para emprender las tareas de defensa de la ex colonia y, consecuentemente, la organización de la gran fuerza continental. Carrera era un militar. Y un militar vincula, constantemente, sus ideas y sentimientos a determinados símbolos: la patria pasa a ser la bandera, el honor es un escudo de armas, y el honor de la patria es el escudo de armas de la nación. Para disponer la confección de tales símbolos, un militar debe tener preconcebida la idea de ‘patria’ en su cabeza; tratándose de una colonia, la confección de semejantes símbolos presupone estar convencido de la necesidad previa de ‘liberar’ políticamente a dicha colonia, de darle su previa ‘emancipación’, de hacer gozar a sus habitantes de la capacidad de autodeterminarse, con antelación a cualquier otro hecho. Las ideas de separar a la pequeña colonia criolla del vasallaje español estaban, pues, desde un comienzo, en la mente del prócer, a diferencia de otros caudillos que buscaban otro tipo de soluciones. No por algo ha escrito sobre él uno de los grandes poetas latinoamericanos: “Dijiste libertad antes que nadie, cuando el susurro iba de piedra en piedra, escondido en los patios, humillado[…]” Cuando O’Higgins, convertido ya en militar, tomó en sus manos el gobierno de la nación, los símbolos creados por Carrera fueron borrados de la faz de la nación. Otros intereses prevalecieron en esa determinación. Una bandera, llamada ‘de transición’, con tres franjas horizontales, azul, blanca y roja, y colores que representaban el cielo, las nieves eternas y la sangre vertida por los patriotas en la lucha de la emancipación, substituyó a la que comenzó a llamarse ‘de la Patria Vieja’. La ‘Patria Nueva’ adoptó, finalmente, el diseño del español Antonio Arcos, sobre una idea de José Ignacio Zenteno, ministro de O’Higgins, para sustituir, definitivamente, tanto al símbolo de ‘la Patria Vieja’ como al ‘de la transición’ por el actual, que incorpora en su campo azul a la estrella solitaria de cinco puntas, representativa ahora de los tres poderes del estado, según algunos; o el estado unitario, según otros ―para diferenciar a la nación sudamericana de la norteamericana, constituida por gran número de estados simbolizados en idéntica cantidad de estrellas―. Bajo la dictadura de O’Higgins se modificó también el escudo de armas de la nación, por otro en el que los protagonistas no son ya los pueblos originarios, sino dos especies animales americanas (el cóndor y el huemul), un penacho de plumas tricolor y la estrella de cinco puntas en medio de un campo que se encuentra separado en la mitad por una línea horizontal. La leyenda alusiva a la época de tinieblas fue suprimida, sustituyéndose la frase latina ‘Aut consilio aut ense’ por otra, similar, pero que retrata con extraordinaria fidelidad el carácter autoritario de la nación que se organizaba a partir de ese momento: ‘Por la razón o la fuerza’. Permítaseme, en esta parte, retroceder a mi particular pasado; permítaseme, así, establecer una necesaria relación de sucesos. Durante mis años de estudiante de derecho, en la Universidad de Concepción, tuve la oportunidad de tener por compañera de curso a la nieta de un personaje que, erróneamente, vinculé con aquel comentarista deportivo tan conocido de ese entonces, Darío Verdugo. Aquella ex compañera vivía en la casa que había pertenecido a su abuelo, situada en la intersección de las calles Ongolmo con O’Higgins, de la ciudad penquista, cuya puerta interior de ingreso, adornada con grandes vidrios, conservaba abajo, bien abajo, en la parte de madera, un letrero de cobre con grandes letras, donde podía leerse el nombre del propietario original: ‘Darío Verdugo Cavada’. El abuelo de mi ex compañera tenía un hermano a quien ella llamaba, cariñosa y posesivamente, ‘mi tío Ignacio’. Tenía yo, entre mis joyas literarias, junto a los libros escritos por Oscar Castro, Carlos Mondaca, Carlos Pezoa Véliz y otros, una obrita singular, una colección de poemas criollos, escritos con pasión, con un cariño descomunal hacia la tierra chilena, hacia su flora, hacia su gente simple, su pueblo olvidado, su pueblo originario. Llevaba por título el sencillo nombre de ‘El alma de Chile’ y su autor, Ignacio Verdugo Cavada, descendiente directo del prócer José Miguel Carrera por la rama de los Verdugo, había cantado a la belleza de los copihues (rojo, blanco y rosa), flores que cuelgan de las laderas de los cerros del sur, junto a los caminos, como ‘chispas de fuego’, lágrimas de nieve o crepusculares, en medio de la tierra mapuche, que los españoles llamaran ‘Araucanía’. Como bien lo expresa Gustavo Meza Barros, en el prólogo/presentación de la obra, cien años después que José Miguel diera a Chile su carácter de nación autónoma y Javiera le entregara su primera bandera, Verdugo Cavada no sólo había cantado al copihue rojo (‘Lapageria rosae’ o, como la llaman los mapuches, ‘Largo suspiro’) sino, como digno miembro de esa familia, lo daba a esa misma patria chilena en el carácter de flor nacional. El copihue no es solamente una flor; también entrega un fruto. Su sabor es misterioso, diferente, como misteriosos y diferentes son los sabores de los otros frutos y tallos de esa zona, entre ellos, nalcas, digüeñes, pinatras, piñones, peumos, maquis, chupones, guiyaves, grosellas, quilos, camotes, pencas. A poco de ser publicado el libro de poemas de Ignacio Verdugo (en 1961), un compositor chileno puso música a aquel que el vate dedicara al copihue rojo. En un principio, se supuso que la composición era de Arturo Arancibia; hoy se sabe que su autor fue el músico Juan Miguel Sepúlveda. Convertido ya en canción, ‘El copihue rojo’ saltó a la fama en la interpretación que hiciera una artista singular, la más genuina representante del pueblo mapuche y una de las voces líricas chilena de mayor prestigio: Rayén Quitrall. Terminemos esta crónica, con una proposición. Los símbolos de una nación no son simples adornos para ser usados en ceremonias o actos oficiales; son formadores de ideología, construyen comportamientos, conceptos, valoraciones. Reflejan, al mismo tiempo, las ideas presentes en la mente de quienes los han impuesto; reflejan épocas y lugares. Cuando un grupo social a cargo de una nación los impone y, otro, posteriormente, los cambia, siempre existen razones poderosas que subyacen tras ese acto de abrogación. El comportamiento de un gobierno jamás puede ser calificado de ‘inocente’. Las naciones que comienzan su vida en el carácter de colonia cuentan, generalmente, con una población compuesta por descendientes tanto de aquellos que fueron expropiados por los invasores como por los de éstos. Ambos estamentos forman el nuevo conjunto social de la nación que se alza ante la comunidad internacional como una unidad dotada de códigos culturales propios. Sus símbolos nacionales deben contener esa vinculación de pueblos que, de antagónicos, se hermanan en la común necesidad de vivir juntos, de mezclarse y de ayudarse mutuamente. Como sucede en la vida en común que lleva un hombre con una mujer. Es el mensaje que entrega la presencia de la pareja nativa del escudo de la Patria Vieja, con sus atuendos originarios, con sus instrumentos de defensa, anunciando que el cese de una época de tinieblas ha comenzado para ingresar a la era de la luz. El pueblo chileno está unido por esas formas de ser. Resulta así inexplicable, por decir lo menos, la abrogación institucional de ese pasado y su sustitución por otros símbolos que no guardan relación con nuestra historia, sino reivindican la presencia de dos animalitos, simpáticos por cierto ―cuya significación política parece ser mayor que la de nuestros pueblos originarios para quienes los impusieron en el emblema―, en medio de los cuales se alza, insolente, fatuo, arrogante, un penacho tricolor de dudosa procedencia. El origen de la bandera y del escudo actual no sólo arranca de una forma de borrar parte de la historia de nuestra patria; en el curso de la época moderna tales símbolos han desempeñado el rol de símbolos de la represión, tortura y muerte de ciudadanos chilenos, la mayoría de los cuales ha pertenecido a los estratos más humildes de la nación, de quienes nuestros pueblos originarios constituyen parte importante. En dos años más Chile volverá el rostro hacia sus invenciones, símbolos y mitos en un desesperado intento por encontrarse a sí mismo. El 18 de septiembre de 2010 revivirá su sueño de nación políticamente libre en una fecha absolutamente convencional que poco a nada tiene de liberadora. Volverá, por consiguiente, a enfrentarse con el origen de sus emblemas, creadores de ideología y, en consecuencia, de comportamientos y cultura. Al reafirmar su creencia en la rectitud de sus símbolos patrios, Chile renovará la arbitrariedad de quienes, desde las cimas del poder, determinaron antojadizamente romper con los vínculos que unen a sus habitantes entre sí para privilegiar el establecimiento de otros con aves, mamíferos y penachos. Los arquetipos que moldean el carácter social del chileno, de confrontación con otros chilenos, volverán en gloria y majestad a construir semejante carácter en las generaciones futuras. La proximidad de ese momento invita no sólo a reflexionar acerca de si debemos o no reproducirnos como hasta ahora lo hemos hecho, sino además a de si es o no necesario hacer un esfuerzo para lograr un verdadero reencuentro con el pasado, un esfuerzo para enfrentar la historia nuestra, desnuda, sin prejuicios. Si ese año, 2010, parece ser la oportunidad propicia para ese reencuentro de cada chileno consigno mismo, para el reencuentro con nuestra propia identidad, también debe serlo para desprendernos de todo el lastre ideológico que ha gobernado la evolución de nuestra cultura y de nuestras vidas. Para adoptar, en suma, lo mejor que ha de servirnos en una cada vez más intensa convivencia social, en una reforma radical a nuestra forma de vida. Pero ese esfuerzo exige la modificación de nuestros símbolos patrios, su transformación de excluyentes en incluyentes, hacerlos el espejo que ha de contener la imagen de nuestro origen, que es la única manera de demostrar respeto y admiración por quienes se asentaron antes que nosotros en estas tierras. Constituimos una estrecha y larga nación de hermanos unidos por la sangre, por un pasado común, por un territorio y una naturaleza que, constantemente, nos enseña a mirar con humildad nuestra condición de seres humanos, a colaborar entre nosotros para enfrentar sus constantes desafíos, y no a competir. Somos ellos tanto como ellos son nosotros. Mucho amamos a nuestros cóndores y a nuestros huemules, y quizás a más de alguien le gustaría llevar el penacho tricolor del escudo, enhiesto, sobre su cabeza, pero más importantes son, para nosotros, nuestros pueblos originarios. Un buen comienzo para este bicentenario que se aproxima sería el retorno a nuestros orígenes o a nuestras raíces históricas, a la abolición definitiva de símbolos nacidos del odio y del rencor, y a la recuperación de aquellos que brotaron incontenibles del corazón de quienes soñaron con la libertad para todos nosotros. Un esfuerzo en este sentido ha hecho el senador Nelson Ávila, al proponer al Congreso Nacional, hace un tiempo atrás, la modificación del lema del escudo nacional sustituyendo el actual (‘Por la razón o la fuerza’) por otro que refleje con mayor propiedad nuestra vocación de ‘pueblo’ amante de la paz (‘Por la fuerza de la razón’); pero la recuperación de los símbolos de la Patria Vieja parece ser más que una solución mejor, una necesidad. Y no deja de ser significativa a la vez que conmovedora, la conducta de las autoridades del Instituto Nacional, obra del prócer José Miguel Carrera Verdugo, en el sentido de izar periódicamente en su interior la bandera de la Patria Vieja como símbolo imperecedero de ese establecimiento, y mantener en algún lugar visible del mismo el escudo de armas originario de la nación chilena, con sus aborígenes y su mensaje libertario. Nuestro país ubicado en el extremo occidental de Sudamérica, tiene un territorio largo y angosto, de 4.200 km de norte a sur, entre la Cordillera de Los Andes y el Océano Pacífico. Su superficie continental es de 756.096 km2 y 1.250,000 Km2 en el territorio antártico chileno, además de las Islas San Félix, San Ambrosio, Salas y Gómez, Isla de Pascua, Archipiélago de Juan Fernández, con una población estimada en mas de 14.000.000 de habitantes, siendo su mayoría descendiente de españoles y también tenemos una gran influencia Alemana, Francesa e Italiana; también existen otras poblaciones de menor proporción como los Aymaras en el Altiplano – norte de Chile, los Polinésicos de Isla de Pascua y los Mapuches al sur de Santiago. El clima es muy variado de norte a sur. En el norte , donde se encuentra el Desierto de Atacama, el mas seco del mundo - casi todo el año - el clima es muy caluroso y seco y casi sin lluvias. La zona central es mas agradable con meses de mucho calor – diciembre a febrero - y con meses muy fríos como junio, julio y agosto. Mas al sur, en la Región de los Lagos y la Patagonia, el clima es frío en invierno y fresco en verano. La gran ciudad de Santiago, ciudad capital , es también el corazón económico y político del país. Chile presenta hoy un importante crecimiento económico y es uno de los países mas seguros para invertir, con una muy baja inflación, que permite la exportación de mucho productos tales como cobre, frutas, vinos, celulosa y minerales. bandera que ha tenido chile PATRIA VIEJA En aquella lejana época en que Chile aún luchaba por consolidar su independencia, durante el periodo del gobierno de José Miguel Carrera y por sugerencia suya, se decretó la creación de una bandera nacional, la primera que tuvo el país, y una escarapela. Cuenta la historia que el 4 de julio de 1812 fue izada por primera vez, durante el banquete con que se celebraba el aniversario de la independencia estadounidense, hecho que había influido enormemente en los partidos criollos. El banquete era ofrecido por el cónsul de Estados Unidos, Joel Robert Poinsett. LA BANDERA DE LA TRANSICION Poco tiempo después, el 30 de septiembre de ese año, el escudo y la bandera de la Patria Vieja fueron adoptados con solemnidad. Para Camilo Henríquez, el pabellón representaba los tres poderes del Estado: Majestad, Ley y Fuerza. Sin embargo, esta bandera no sobrevivió a la Patria Vieja y, en mayo de 1814, a raíz de la firma del Tratado de Lircay, el Director Supremo, Coronel Francisco de la Lastra, enemigo de Carrera, la mandó a retirar y reemplazar de nuevo por la bandera española. Se usó por última vez en la glorioso batalla de Rancagua, 1 y 2 de octubre de 1814, que dio comienzo a la Reconquista. Durante este período, Chile no tuvo bandera propia. El Ejército Libertador, organizado en Argentina, peleó en la Batalla de Chacabuco bajo la bandera de la nación hermana. Este episodio, ocurrido el 12 de febrero de 1817, significó el fin del dominio realista y el comienzo de la Patria Nueva y, desde entonces, no se usó más la bandera española. Después del triunfo de Chacabuco, el 18 de octubre de ese mismo año, fue adoptado un nuevo pabellón, llamado bandera de la transición, que llevaba tres franjas: azul, blanca y roja. La zona roja reemplazaba a la amarilla de la bandera de 1812. Su diseño se atribuye a Juan Gregorio Las Heras. Estos colores tendrían su origen en los versos de Alonso de Ercilla que dicen: "por los pechos, al sesgo, atravesadas, bandas azules, blancas y encargadas", atribuidas como divisa guerrera a los mapuches durante la Conquista. Al igual que la de la Patria Vieja, esta bandera no tuvo legalización oficial y pronto desapareció. Entre otras razones, fue suprimida porque se la confundía con el pabellón de Holanda. La bandera actual fue concebida por el ministro José Ignacio Zenteno y diseñada por Antonio Arcos, militar español, aunque algunos sostienen que fue Gregorio de Andía y Varela quien la dibujó. Fue legalizada por el decreto ley del 18 de octubre de 1817, durante el gobierno de Bernardo O'Higgins, firmado por el ministro de Guerra, coronel José Ignacio Zenteno: a bandera actual Esta situación llevó a que se elaborara un nuevo diseño en el cual intervino el ingeniero militar Antonio Arcos y el ministro José Ignacio Zenteno, esbozo que fue legalizado por decreto del 18 de octubre de 1817. Constaba de dos franjas horizontales de igual ancho, la franja superior dividida en un tercio color azul que llevaba en su centro la estrella solitaria y los dos tercios restantes de color blanco, y la franja inferior de color rojo. Bandera de ChileEl Director Supremo O'Higgins dispuso que el nuevo diseño de la bandera de la "estrella solitaria" se presentara en la celebración del día de la Virgen del Carmen, en la ciudad de Concepción. La bandera, bordada, que fue usada en el juramento de la Independencia nacional el 12 de febrero de 1817 todavía se conserva en el Museo Histórico Nacional. En julio de 1854, el ministro de Guerra y Marina Pedro Nolasco dio instrucciones sobre banderas e insignias de la República: "El pabellón de Chile lo componen los tres colores blanco, azul i rojo del modo siguiente: dos franjas horizontales dividen por mitad el ancho de la bandera, la faja inferior roja, la superior blanca en los dos tercios de su vuelo i azul en su tercera parte inmediata a la vaina, con una estrella blanca de cinco picos en medio del cuadro azul". Además estableción que el "pabellón de Chile es uno i el mismo para las plazas, castillos, buques de guerra i mercantes". En 1912 se estableció por ley el diámetro de la estrella "igual a la mitad de una costado del cuadrado azul", dándose a este color más precisión: fue denominado "turquí" para que no fuera utilizado en su confección otro color. Esta misma ley dejó establecido que la escarapela nacional de tres colores llevaba en el centro azul una estrella de plata. En 1967, durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva, se dictó un decreto en que se establecía que los emblemas de la República de Chile eran: el escudo de armas, la bandera nacional, la escarapela o cucarda, y el estandarte presidencial o bandera nacional presidencial. DATOS GENERALES SOBRE CHILE MONEDA : -La moneda oficial es el peso ($). Circulan monedas de $ 1, 5 , 10, 50, 100 y 500 pesos y billetes de $ 1000, 2000, 5000, 10000 y 20.000 pesos. Todas las tarjetas de crédito tales como Visa, Master Card, Diners y American Express son aceptadas. En lugares mas alejados de las ciudades no siempre se aceptan tarjetas. Travellers cheques y dólares se aceptan en todos los lugares. Cambio de Dinero se puede hacer en los Bancos, Aeropuertos, Casas de Cambio, Shopping Malls y hoteles. HORARIOS Bancos : Lunes a viernes de 09:00 a 14:00 hrs Comercio : de 09:00 a 20:00 hrs y los Shoppings hasta las 21:00 hrs, todos los días. TRANSPORTE -Para viajar dentro del país existen dos Compañías Aéreas con varios vuelos diarios a casi todas las ciudades. Existe varias compañías de Buses que cubren todo el país en tres categorías distintas de servicios : Buses Salón Semi-Cama, Buses Ejecutivos y Pullman normal. Algunos sirven comidas y bebidas no alcohólicas. Existen servicios de tren cubriendo desde Santiago hasta Temuco. También desde Arica hasta La Paz y desde Calama hasta Oruro. Estos últimos servicios son viajes lentos, poco confortables y poco confiables en sus días de operación. En las ciudades existen taxis – negros con techo amarillo - que son baratos y se paga según la cantidad que marca el taximetro al final del viaje. SALUD -Chile no presenta problemas o riesgos que afecten la salud de las personas extranjeras que nos visiten. Se recomienda beber agua mineral en botellas. En el Altiplano – Norte de Chile - se pueden producir problemas de altura como la Puna o Soroche que se pueden evitar con una buena aclimatización o medicamentos recomendados por su médico y que se encuentran disponibles en farmacias. El sistema privado de salud en Chile se ubica en los mejores standards mundiales. FERIADOS EN CHILE Enero 01/Abril Pascua movible /May 01/May 21/Jun 22/Jun 29/Ago 15/Sep 18-19/Oct 12/Nov 01/Dic 08/Dic 25. monumentos nacionales I Región de Tarapacá -OFICINA SALITRERA HUMBERSTONE, declarada Monumento Nacional en 1970. -OFICINA SALITRERA SANTA LAURA, declarada Monumento Nacional en 1970 -CATEDRAL SAN MARCOS DE ARICA, declarada Monumento Nacional en 1984. -IGLESIA DE PARINACOTA, declarada Monumento Nacional en 1979 -RESTOS DE CORBETA ESMERALDA, declarados Monumento Nacional en 1973. -PUKARÁ DE COPAQUILLA, declarado Monumento Nacional en 1983 -ESTACIÓN DE FERRROCARRILES ARICA - LA PAZ, declarada Monumento Nacional en 1990 -TEATRO MUNICIPAL DE IQUIQUE, declarado Monumento Histórico Nacional en 1977 -ADUANA DE IQUIQUE, declarada Monumento Nacional en 1971. -ISLA DE ALACRÁN Y RESTOS DE FORTIFICACIONES, declarados Monumento Nacional en 1985 -MORRO DE ARICA, declarado Monumento Nacional en 1971. -TAMBO DE ZAPAHUIRA, declarado Monumento Nacional en 1983. II Región de Antofagasta -IGLESIA SAN FRANCISCO DE CHIUCHIU, declarada Monumento Nacional en 1951. -IGLESIA Y CAMPANARIO DE CASPANA, declarados Monumento Nacional en 1951. -IGLESIA DE SAN PEDRO DE ATACAMA, declarada Monumento Nacional en 1951. -PUKARÁD E LASANA, declarado Monumento Nacional en 1981. -PUKARÁ DE QUITOR, declarado Monumento Nacional en 1982. -PUEBLO ABIERTO DE PEINE, declarado Monumento Nacional en 1982. -OFICINA SALITRERA DE CHACABUCO, declarada Monumento Nacional en 1971. -RUINAS DE HUANCHACA EN ANTOFAGASTA, declaradas Monumento Nacional en 1974 -ADUANA DE ANTOFAGASTA, declarada Monumento Nacional en 1976. -PLAZA JOSÉ FRANCISCO VERGARA, declarada Monumento Nacional en 1980. III Región de Atacama -CASAS E IGLESIA DE NANTOCO, declarada Monumento Nacional en 1984. -PUKARÁ DE PUNTA BRAVA, declarado Monumento Nacional en 1982 -PALACIO INCAICO DE LA PUERTA, declarado Monumento Nacional en 1982. -CATEDRAL DE COPIAPÓ, declarada Monumento Nacional en 1981 -ACUEDUCTO AMOLANAS, declarado Monumento Nacional en 1982. -ESTACIÓN DEL FERROCARRIL DE CALDERA, declarada Monumento Nacional en 1964. -IGLESIA DE CHAÑARAL Y CASA CONTIGUA, declaradas Monumento Nacional en 1985. -IGLESIA DE FREIRINA, declarada Monumento Nacional en 1980. -ESTACIÓN DEL FERROCARRIL DE COPIAPÓ, declarada Monumento Nacional en 1981. IV Región de Coquimbo -CASA NATAL DE GABRIELA MISTRAL EN VICUÑA, declarada Monumento Nacional en 1969. -CASA - ESCUELA RURAL DE MONTE GRANDE, declarada Monumento Nacional en 1979. -MAUSOLEO DE GABRIELA MISTRAL, declarado Monumento Nacional en 1961. -VALLE DEL ENCANTO, declarado Monumento Nacional en 1973 -CATEDRAL DE LA SERENA, declarada Monumento Nacional en 1981. -CASA GOZÁLEZ VIDELA, declarada Monumento Nacional en 1981. -IGLESIA DE ANDACOLLO, declarada Monumento Nacional en 1981. -IGLESIA DE GUAYACÁN, declarada Monumento Nacional en 1977. -IGLESIA SAN ANTONIO DE BARRAZA, declarada Monumento Nacional en 1977. V Región de Valparaíso VALPARAÍSO: -ADUANA DE VALPARAÍSO, declarada Monumento Nacional en 1976 -TORRE RELOJ DE LA ESTACIÓN BARÓN, declarada Monumento Nacional en 1972 -ASCENSOR POLANCO, declarado Monumento Nacional en 1976 -IGLESIA DE LA MATRIZ, declarada Monumento Nacional en 1971 -PALACIO ROSS, declarado Monumento Nacional en 1976 -FUERTE SANTA BÁRBARA, declarado Monumento Nacional en 1979 -RESTOS DEL ACORAZADO ALEMÁN DRESDEN, declarado Monumento Nacional en 1985 VIÑA DEL MAR: -PALACIO RIOJA, declarado Monumento Nacional en 1985 ISLA NEGRA: -CASA DE PABLO NERUDA, declarada Monumento Nacional en 1990 SAN FELIPE: -IGLESIA Y CONVENTO SAN FRANCISCO DE CURIMÓN, declarado Monumento Nacional en 1971 -IGLESIA Y CLAUSTRO DEL BUEN PASTOR, declarado Monumento Nacional en 1989 VI Región L. Bdo. O'Higgins -CASA DE LA CULTURA -CASA DEL PILAR DE ESQUINA -GRANEROS -MUSEO SAN JOSÉ DEL CARMEN - EL HUIQUE -CAPILLA HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS -IGLESIA Y CLAUSTRO DE SAN FRANCISCO DE SAN FERNANDO -CASA PATRONAL DE LIRCUNLAUTA -PARQUE ROSS EN PICHILEMU -SAN PEDRO DE ALCÁNTARA VII Región del Maule -VICHUQUÉN -IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE CURICÓ -VILLA CULTURAL HUILQUILEMU -PUENTE SOBRE EL RÍO CLARO -MUSEO O'HIGGINIANO Y DE BELLAS ARTES -HUENCHULLAMÍ -YERBAS BUENAS -TEMPLO PARROQUIAL DEL NIÑO JESÚS DE VILLA ALEGRE -TEMPLO PARROQUIAL DE NIRIVILO VIII Región del Bio Bio -MONITOR HUÁSCAR -PLAZA DE LA INDEPENDENCIA DE CONCEPCIÓN -SANTUARIO CUNA DE PRAT -HACIENDA LAS CANTERA -FUERTE DE LA PLANCHADA -FUERTE SANTA JUANA DE GUADALCAZAR -NACIMIENTO -SANTA BARBARA -TUCAPEL IX Región de la Araucanía -FUERTE SAN CARLOS DE PURÉN, declarado Monumento Nacional en 1975. -4 ESCULTURAS DE MÁRMOL BLANCO Y EL ESPEJO DE AGUA DE PLAZA DE ARMAS DE ANGOL, declaradas Monumento Nacional en 1986. -VIADUCTO DEL MALLECO, declarado Monumento Nacional en 1990. X Región de Los Lagos VALDIVIA: -TORREÓN LOS CANELOS, declarado Monumento Nacional en 1926 -FUERTE NIEBLA, declarado Monumento Nacional en 1950 CHILOÉ: -IGLESIA DE ACHAO, declarada Monumento Nacional en 1951. -IGLESIA SAN FRANCISCO DE CASTRO, declarada Monumento Nacional en 1979 -IGLESIA DE DALCAHUE, declarada Monumento Nacional en 1971. XII Región de Magallanes -FUERTE BULNES, declarado Monumento Nacional en 1968. -CUEVA DEL MILODÓN, declarada Monumento Nacional en 1968. -PALACIO SARA BRAUN, declarado Monumento Nacional en 1981. -FARO ISLA MAGDALENA, declarado Monumento Nacional en 1976. -PALACIO MAURICIO BRAUN, declarado Monumento Nacional en 1974. Región Metropolitana -PALACIO DE BELLAS ARTES, declarado Monumento Nacional en 1976. -TEATRO MUNICIPAL, declarado Monumento Nacional en 1974. -IGLESIA DE SANTO DOMINGO, declarado Monumento Nacional en 1951. -PALACIO DE GOBIERNO LA MONEDA, declarado Monumento Nacional en 1951. -CATEDRAL DE SANTIAGO, declarado Monumento Nacional en 1951. -PALACIO REAL DE ADUANA O TRIBUNALELS VIEJOS, declarado Monumento Nacional en 1969.-------IGLESIA Y CONVENTO DE SAN FRANCISCO, declarado Monumento Nacional en 1951. -CASA - MUSEO LA CHASCONA DE PABLO NERUDA, declarada Monumento Nacional en 1990. -IGLESIA DE LOS DOMÍNICOS ( SAN VICENTE FERRER ), declarada Monumento Nacional en 1983. -CASA COLORADA, declarada Monumento Nacional en 1960. -IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA DIVINA PROVIDENCIA, declarada Monumento Nacional en 1989. -PALACIO REAL AUDIENCIA Y CAJAS REALES ( MUSEO HISTÓRICO NACIONAL ), declarado Monumento Nacional en 1969 -PALACIO COUSIÑO, declarado Monumento Nacional en 1981. -EX-ESTACIÓN MAPOCHO, declarada Monumento Nacional en 1976. -ESTACIÓN ALAMEDA ( COMUNA DE ESTACIÓN CENTRAL ), declarada Monumento Nacional en 1983. -IGLESIA SAN AGUSTÍN, declarada Monumento Nacional en 1981. -IGLESIA SAN AGUSTÍN, declarada Monumento Nacional en 1981. sin nada mas que agregar les mando saludos a los mineros que van a salir dentro de poco y lo ultimo el tipico viva chile mie***

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