savry
Usuario (Argentina)
La construcción del estado Argentino 1852-1880 En 1852, un nuevo intento de de organización nacional vuelve a fracasar gracias a las diferencias entre Buenos Aires y Entre Rios, las dos provincias que habían alcanzado mayor desarrollo económico-social. El conflicto, resuelto en 1861 derivó en la construcción del estado nacional a manos de la élite porteña. Un largo período de fragmentación política y económica: A mediados del siglo XIX, mientras Europa se industrializaba a grandes pasos, el espacio rioplatense todavía no había logrado construir una unidad política, había sino, un conjunto de provincias organizadas autónomamente, gobernadas por caudillos, unidas formalmente en una confederación y enfrentadas en luchas facciosas. La economía, fundamentalmente ganadera, era rudimentaria, atrasada y marginal para participar del mercado mundial. El territorio estaba despoblado y la precariedad de caminos y transportes se mantenía prácticamente sin cambios desde la época colonial. Las economías regionales estaban desarticuladas, presentaban en muchos casos, mayor vinculación con otros mercados que entre sí. Según Oscar Ozlak, entre los obstáculos que desde 1810 conspiraban contra la unidad y la centralización del poder pesaban más que las diferencias políticas una serie de factores como el aislamiento geográfico, la heterogeneidad cultural y los diferentes intereses económicos locales que impedían el desarrollo de vínculos materiales entre las distintas regiones de la confederación. El gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, mantenía desde 1829 el poder provincial y había logrado extender su influencia sobre el resto de las provincias. Representado los intereses de los terratenientes y los saladeristas.Rosas, se oponía a toda forma de unidad política. Temía que esa búsqueda condujera a la reaparición de los conflictos y luchas civiles y que a la vez frenara la expansión que la economía bonaerense venía manifestando desde 1820, su intención y la del sector terrateniente-saladerista era la de mantener bajo la égida De Buenos Aires y el monopolio portuario y la aduana porteña. Esta política de Rosas y de los grandes terratenientes bonaerenses comenzó a ser cuestionada por muchos sectores, teniendo conocimiento de los cambios que acontecían en Europa, considerando que Rosas era una traba para la modernización económica, la inserción de la región en el mercado internacional y la institucionalización del orden. Desde fines de la década de 1840, se gestó la formación de una coalición antirrosista que incluía desde viejos unitarios hasta federales que no compartían el centralismo del federalismo rosista. En 1851, se integran a la coalición tropas brasileñas y de la Banda oriental y el gobernador de la provincia de Entre Rios: Justo José de Urquiza.Urquiza rompió su alianza con Rosas, a raíz de las contradicciones que su provincia y los terratenientes y saladeristas entrerrianos manifestaban al reclamar la libre navegación de los ríos para poder comercializar directamente con ingleses y otros europeos sin la intervención porteña. La década de desunión. La conformación de dos unidades políticas En 1852, en la batalla de Caseros, Rosas fue vencido y su derrocamiento auguraba dejar libre el camino hacia la construcción del estado nacional; un poder centralizado capaz de ejercer monopólicamente la violencia, el control político y administrativo, apto para difundir los elementos simbólicos de la nacionalidad y para generar y garantizar las condiciones para el desarrollo de una economía capitalista, integrada al mundo y centrada en la agroexportación. La construcción del estado nacional era condición indispensable para atraer los capitales y la mano de obra necesarios para la expansión de la ganadería y la agricultura, lograr una modernización de la infraestructura e incorporar más tierras a la producción e integrar los mercados regionales en un mercado nacional. El estado debía también poner fin a la presencia indígena en territorios como la Patagonia y el chaco, para así poder incluir esas tierras fértiles a la cadena de producción. En 1853, se sancionó la primera constitución nacional, pero a pesar del consabido consenso básico pronto estallaron conflictos y guerras dicotomizando al país en dos, por un lado Buenos Aires y por el otro la confederación, en la cuál confluían las demás provincias al mando de Justo José de Urquiza. La construcción del estado nacional La creciente integración de Buenos Aires y el litoral al mercado mundial; con la exportación de lanas, cueros y demás productos pecuarios; conjunto con las posibilidades que creaba la apertura al mundo fueron creando las condiciones para el consenso de la unión. Sin embargo la coalición y Buenos Aires habían intentado constituirse por separado en estados modernos, la primera no tuvo éxito y la segunda en cambio prosperaba económica y comercialmente con el exterior. Urquiza lejos de estimular la continuidad de las luchas armadas entendió que debían darle paso a las discusiones parlamentarias, ya que en virtud de la constitución las provincias podrían tener mayoría en el senado de la Nación. Los sectores dominantes porteños encabezados por Bartolomé Mitre iniciaron un nuevo intento organizador, que logró incluir a diversas facciones burguesas del litoral y del interior del país. Esta labor expropiadora, que intentaba legitimarse desde una pretendida identificación entre el estado y el interés general, fue llevada a cabo entre 1862 y 1880, durante las presidencias de: Bartolomé Mitre 1862-1868 Domingo Faustino Sarmiento 1868-1874 Nicolás Avellaneda 1874-1880 Requirió poner en juego estrategias represivas y consensuales. La fuerza represiva del Ejército nacional fue utilizada para reprimir las sublevaciones de algunos caudillos y también utilizada contra los indígenas. Hacia 1879, el Ejército Nacional emprendió “La campaña del desierto”, contra los aborígenes de la pampa y la Patagonia; en sólo dos años salió victorioso gracias a las ventajas que le proporcionaban el uso de los rifles de repetición, el ferrocarril y el telégrafo. Las tierras “ganadas” fueron divididas entre unos pocos y ricos terratenientes. Además de estas estrategias represivas, simultánea y combinadamente, fueron impulsadas las consensuales, como la cooptación de ciertos sectores dirigentes del interior a través del otorgamiento de subsidios a los gobiernos provinciales, el acceso a puestos de dirección del estado nacional, el empleo público o la intervención federal. El Estado ganó consenso también entre diversos sectores sociales a través del establecimiento de normas que introducían regularidad y previsibilidad en las actividades económicas y la puesta en marcha de obras y servicios como los ferrocarriles y los telégrafos que estimulaban a su vez a la economía y a un aumento de la riqueza de NO sólo los terratenientes. A través del aparato educativo se inculcaron un sistema de creencias, valores y normas de conducta que creaban un sentimiento de pertenencia a la “Nación”. La “penetración ideológica” se operó sobre todo a partir de la década de 1880 cuando el estado puso bajo su dirección el área educativa, desplazando a la iglesia que había sido la responsable hasta ese entonces, en 1884 se sancionó la ley 1420 de educación común, que estableció la enseñanza gratuita, laica y obligatoria. La acción de la escuela pública y luego la del servicio militar obligatorio fueron fundamentales en la creación de sentimientos de pertenencia a la Nación y en la imposición de normas y valores que hicieran posible el acatamiento de la autoridad estatal. En el transcurso de este proceso largo y conflictivo se constituyeron progresivamente las instituciones que fueron asegurando un ejercicio cada vez más efectivo de la autoridad.