sasha123123
Usuario (Argentina)
El viento seco raspa tu garganta mientras corrés atolondradamente. El sonido de tus zapatos golpeando la tierra se pierde con el de tu agitada respiración. Deseás voltearte para ver que tan cerca está, pero comprendés que esos preciosos segundos perdidos podrían costarte la vida. Intentás contener la respiración para agudizar el oído, no comprendés bien la mezcla de sonidos salvajes con los de tu propio cuerpo que llegás a escuchar, pero sabés que no está lejos tuyo. Una raíz que sobresale te induce a un traspié. Tu cara contra una piedra, los dientes se aflojan, por un instante saboreás el dulce sabor de tu sangre A+ invadiendo tu cavidad bucal. Te incorporás rápidamente y continuás la huída. Podés ver como tu perseguidor se acerca, aunque todavía te salvan varios metros de ventaja. La sangre chorrea por tu boca y nariz, el olor a hierro te posee y te marea levemente. Mientras corrés, intentás analizar la situación, ramas y hojas azotan tu cara dificultando tu visión. No recordás cómo exactamente llegaron a ese lugar, pero sí que fue largo el trecho que recorrieron en la camioneta. Pensás que tendrías que haberle prestado más atención al camino. No parás de correr, seguís pensando. Más que haberle prestado atención al camino, te dás cuenta que nunca tendrías que haber accedido a ir a dar un paseo con ese supuesto amigo. Una rama feróz se clava en tu camisa, arrancandote un par de botones y tornando roja tu suave piel. A pesar de llevar tiempo corriendo, la adrenalina aún invade tu sistema y no te deja parar. Comenzás a desesperarte cada vez más al darte cuenta que parece que corrieras en círculos en ese mar de árboles, los chillidos de las aves nocturnas al perturbarse por tu angustiosa carrera hacen que todo sea más confuso aún. De repente te encontrás en el medio de un claro y lo ves parado a escasos metros tuyo. El filo de su cuchillo brilla a la luz de la luna, mientras que sus dilatadas pupilas te observan con un gesto de psicosis que te hace temblar. El miedo quiebra tus rodillas, las lágrimas conquistan tus ojos. Suplicás, rogás, te disculpás por cosas que jamás hiciste, pero sabés que es tarde. Escuchas una risa macabra y el sonido del viento cortado por su arma. Todo termina con un suspiro de sumisión. Tu alma es libre ya.espero que te haya gustado