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santoroo

Usuario (Argentina)

Primer post: 10 oct 2013Último post: 17 mar 2016
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La NASA preocupada, efecto del niño sera grave
InfoporAnónimo1/6/2016

NASA: "No importa donde usted viva, sentirá los efectos del fenómeno de El Niño". Hay 3 razones que preocupan seriamente a la NASA Hay al menos tres poderosas razones para creer que el fenómeno de El Niño actual será tan "grande y poderoso" como el considerado peor de la historia, el de 1997 y 1998. Indicadores relacionados a las altas temperaturas de la superficie oceánica, las altísimas temperaturas registradas en el hemisferio norte y también que este año "El Niño no muestra signos de retroceder", según la imágenes satelitales de las que dispone la NASA. Por todo esto, la agencia espacial estadounidense considera el de este 2015-2016 comparable a lo que muchos llamaron el "fenómeno monstruoso" de hace 18 años. Cuánto puede afectar El Niño el precio de lo que comemos 5 maneras en las que "El Niño Godzilla" podría alterar el clima de nuestro planeta Hay al menos tres poderosas razones para creer que el fenómeno de El Niño actual será tan "grande y poderoso" como el considerado peor de la historia, el de 1997 y 1998. Indicadores relacionados a las altas temperaturas de la superficie oceánica, las altísimas temperaturas registradas en el hemisferio norte y también que este año "El Niño no muestra signos de retroceder", según la imágenes satelitales de las que dispone la NASA. Por todo esto, la agencia espacial estadounidense considera el de este 2015-2016 comparable a lo que muchos llamaron el "fenómeno monstruoso" de hace 18 años. Cuánto puede afectar El Niño el precio de lo que comemos 5 maneras en las que "El Niño Godzilla" podría alterar el clima de nuestro planeta Lo que se ve en los gráficos son los niveles inusualmente altos en el oceáno Pacífico a la altura de la línea del Ecuador. El agua caliente y tibia que se ha acumulado en la zona es lo que atrae los nubarrones y las tormentas que ya comenzaron a producirse en parte de América Latina, fundamentalmente en países por debajo la línea del Ecuador. Otra consecuencia de esto es el bajo nivel de lluvias en el sudeste asiático, lo cual contribuyó a la multiplicación de grandes incendios que han cubierto de humo a la región desde hace unas semanas. El calor en la región del Pacífico en 1997 fue uno de los fenómenos climáticos que generó inundaciones vistas pocas veces antes en países como Bolivia, Paraguay, Perú, Argentina y Brasil en aquel año y el siguiente. Las similitudes en la temperatura oceánica en ambos periodos también tiene notables parecidos. 2. No disminuye El Niño es un fenómeno natural que ocurre cada dos a siete años cuando las aguas cálidas de la región central del océano Pacífico se expande hacia el este, acercándose a las costas de América. Normalmente alcanza su momento más agudo a finales de año pero sus efectos se sienten a lo largo de la primavera del hemisferio norte y pueden durar hasta los 12 meses siguientes. Sin embargo, como señala la NASA, el fenómeno de este año no está mostrando signos de disiparse. Esa es "la firma de un gran y poderoso El Niño", explica la NASA. 3. Altas temperaturas Patzert explicó a BBC Mundo que el calentamiento global que actualmente atraviesa el planeta es un factor nuevo que influye en los efectos y la naturaleza del fenómeno de El Niño. "El planeta está más caliente ahora, eso es un hecho importante. Un planeta más caliente genera consecuencias más peligrosas, eventos más extremos", precisó el analista de la NASA. Numerosos estudios señalaron que el cambio climático puede agudizar temperaturas extremas en periodos como el fenómeno de El Niño o La Niña. Patzert precisó que los efectos del fenómeno de El Niño se sentirán en Estados Unidos entre enero y marzo. Este año se están registrando temperaturas mucho más altas de lo habitual en el hemisferio norte. El día de Navidad, en Francia, se registró un récord histórico sólo por debajo del de 1997. E incluso en el Polo Norte, donde este 30 de diciembre se estima que la temperatura ha estado por encima de los 0 grados Celsius, cuando lo normal son -25 ºC. En contraste, en México, El Niño parece el responsable de unas inusuales tormentas que han cubierto de nieve el norte del país. Hay nieve en partes de Sonora por primera vez en 33 años. En Sudamérica y Centroamérica, señala el investigador, los efectos ya se han visto con las grandes inundaciones de las últimas semanas y se prolongarán al menos tres meses más. No todo son malas noticias, resalta Patzert. El científico señaló que a pesar de los pronósiticos, existe mayor infraestructura y avances científicos para tomar previsiones cada vez mejores ante la llegada del fenómeno climático. Sin embargo, lo más probable es que las consecuencias de El Niño se prolongarán durante la mayor parte del próximo año en forma de inundaciones, epidemias o sequía prolongada. Fundamentalmente en Sudamérica. En una de sus publicaciones al respecto, la NASA llegó a una conclusión contudente: "No importa donde usted viva, sentirá los efectos del fenómeno de El Niño".

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Miedo mundial??
InfoporAnónimo1/6/2016

Corea del Norte vuelve a intimidar al Mundo!!! Estados Unidos y Japón han solicitado una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para imponer más sanciones a Corea del Norte tras la prueba hoy de una bomba nuclear de hidrógeno, que ha suscitado la alarma mundial y que hasta desconocía China, principal aliado del régimen de Kim Jong-un. En esa reunión del Consejo de Seguridad, Japón pedirá "una nueva resolución" para sancionar al régimen de Pyongyang, según fuentes diplomáticas citadas por la agencia Kyodo. En respuesta a las tres pruebas realizadas con anterioridad por Pyongyang en 2006, 2009 y 2013 el Consejo de Seguridad ya impuso fuertes sanciones al país que limitan de forma estricta sus transacciones internacionales y agudizan su aislamiento económico. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) dijo que si se confirma que efectivamente se ha realizado la prueba supondría una clara violación de las resoluciones de la ONU, mientras que EEUU adelantó que en ese caso responderá "apropiadamente". "Continuaremos protegiendo y defendiendo a nuestros aliados en la región, incluida la República de Corea (Corea del Sur), y responderemos apropiadamente a todas y cada una de las provocaciones de Corea del Norte", dijo hoy el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby. El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, condenó "enérgicamente" el nuevo ensayo nuclear norcoreano, y aseguró que su país dará una "firme respuesta" ante lo que considera una "grave amenaza" para su seguridad que no va a "tolerar de ninguna manera". Abe habló a los medios poco antes de las 04.00 GMT, media hora después de que el régimen de Pyongyang anunciara por su televisión estatal haber realizado su primera prueba con una bomba nuclear de hidrógeno. "Viola claramente las resoluciones del Comité de Seguridad de las Naciones Unidas y es un desafío grave contra las medidas que estamos llevando a cabo para lograr la desnuclearización mundial", insistió el primer ministro nipón. Abe aseguró que Japón, que recientemente fue designado país miembro no permanente del Comité de Seguridad de la ONU, estrechará su cooperación con Estados Unidos, Corea del Sur, China y Rusia "para tomar medidas integrales". Corea del Sur "condena enérgicamente a Corea del Norte por llevar a cabo una cuarta prueba nuclear en una clara violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad", expresó por su lado el Ministerio de Exteriores de este país en un comunicado. Seúl se ha comprometido a cooperar con Estados Unidos y otros países para dar las respuestas necesarias, entre ellas ampliar las sanciones que la ONU ya impone a Corea del Norte por sus anteriores ensayos atómicos y de misiles. La presidenta surcoreana, Park Geun-hye, convocó una reunión del Consejo Nacional de Seguridad, mientras que las fuerzas armadas elevaron el nivel de alerta de las tropas y extremaron la vigilancia. China rechazó con firmeza el ensayo atómico norcoreano, y pidió al régimen de Pyongyang que mantenga su compromiso con la desnuclearización de la península coreana. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hua Chunying, anunció que Pekín llamará a consultas a un representante norcoreano, sin detallar si sería el embajador. Asimismo leyó una declaración en la que, además de expresar la repulsa de su Gobierno, aseguró que "China no sabía nada" con antelación al ensayo. El tono de esta declaración es el más duro mostrado en mucho tiempo por China hacia Corea del Norte, que tiene en Pekín a su principal apoyo político y económico, pero la relación bilateral está muy lejos de pasar por su mejor momento. "China cumplirá sus obligaciones internacionales y trabajará con la comunidad internacional para hacer realidad el objetivo de la desnuclearización de la península coreana", añadió. Francia, uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, también reclamó "una reacción fuerte de la comunidad internacional", en lo que aparece claramente como un primer paso para endurecer las sanciones contra el régimen norcoreano. El presidente francés, François Hollande, calificó de "inaceptable" la prueba nuclear y reclamó "una reacción fuerte de la comunidad internacional". En Taiwán, el presidente Ma Ying-jeou, convocó una reunión de seguridad al más alto nivel para tomar medidas y pidió a las unidades de seguridad nacional que sigan muy de cerca la situación, dada la relativa cercanía de la isla a Corea del Norte. Por último, la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, pidió a Corea del Norte que se involucre de nuevo en un diálogo con la comunidad internacional y ponga fin a su "comportamiento ilegal y peligroso". EFE Video de la explosión link: https://www.youtube.com/watch?v=s837oAVyteI#action=share Ustedes que piensan es una amenaza real para el mundo occidental??

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Inteligencia colectiva, ciencia ficcion y filosofia.
InfoporAnónimo1/7/2016

Buenas tardes comunidad taringera!! Queria compartir con ustedes uno de los primeros libros de ciencia ficcion, su escitor fue Voltaire (escritor, historiador, filósofo y abogado francés que figura como uno de los principales representantes de la Ilustración, un período que enfatizó el poder de la razón humana, de la ciencia y el respeto hacia la humanidad. En 1746 Voltaire fue elegido miembro de la Academia francesa en la que ocupó el asiento número 33.) Micromegas Voltaire Capítulo 1.– Viaje de un habitante de la estrella Sirio al planeta Saturno Había en uno de los planetas que giran en torno de la estrella llamada Sirio, un mozo de mucho talento, a quien tuve la honra de conocer en el postrer viaje que hizo a nuestro mezquino hormiguero. Era su nombre Micromegas. Tenía ocho leguas de alto, quiero decir, veinticuatro mil pasos geométricos de cinco pies cada uno. Algún matemático, casta de gente muy útil al público, tomará la pluma en este trance de mi historia y calculará que teniendo el señor Micromegas, morador del país de Sirio, veinticuatro mil pasos, desde la cabeza a los pies, que hacen ciento veinte mil pies, y nosotros, ciudadanos de la Tierra, no más por lo común de cinco pies, y midiendo la circunferencia de nuestro globo nueve mil leguas, es absolutamente preciso que el planeta donde nació nuestro héroe tenga cabalmente veintiún millones y seiscientas mil veces más de circunferencia que nuestra minúscula Tierra. Nada más natural. Los Estados de ciertos príncipes de Alemania o de Italia, que pueden andarse en media hora, comparados con Turquía, Rusia o China, son un ejemplo muy pálido de las diferencias que la naturaleza ha establecido en todas las cosas. Siendo la estatura de Su Excelencia la que llevamos dicha, convendrán todos nuestros pintores y escultores que su cintura podría medir unos cincuenta mil pies de circunferencia, lo que revela una bella figura. Su entendimiento era de los más perspicaces; sabía muchas cosas y otras las inventaba; apenas frisaba en los trescientos cincuenta años y siendo estudiante de un colegio de jesuitas de su planeta, descubrió a fuerza de inteligencia más de cincuenta proposiciones de Euclides, dieciocho más que Blas Pascal el cual, luego de adivinar como quien juega (según dijo su hermana), treinta y dos, llegó a ser, andando los años, un geómetra muy mediocre y un pésimo metafísico. A la edad de cuatrocientos años, o sea al salir de la infancia, disecó unos insectos diminutos de apenas cien pies de grosor. Publicó un libro muy interesante acerca de esos insectos, lo que le proporcionó bastantes disgustos. El muftí de su país, tan receloso como ignorante, advirtió en su libro proposiciones sospechosas, blasfemas, temerarias, heréticas, o que «olían» a herejía, y le persiguió de muerte. Hubo que discutir si la sustancia formal de las pulgas de Sirio era de la misma naturaleza que la de los caracoles. Defendióse con mucho ingenio Micromegas; se declararon las mujeres en su favor, y después de doscientos veinte años que duró el pleito, hizo el muftí condenar el libro por jueces que no le habían leído, ni sabían leer. En cuanto al autor, fue desterrado de la Corte ochocientos años. No le afligió mucho abandonar una Corte llena de enredos y chismes. Escribió unas décimas muy graciosas contra el muftí, que a éste le tuvieron sin cuidado, y se dedicó a viajar de planeta en planeta para, como dicen, perfeccionar el juicio y el corazón. Quienes viajamos en diligencias o sillas de posta nos pasmarían los vehículos que allá arriba usan. Nosotros, en la bola de cieno en que vivimos no comprendemos otros procedimientos. Micromegas, conocedor de las leyes de la gravitación y de las fuerzas atractivas y repulsivas, se valía de ellas con tanto acierto que, ora montado en un rayo de sol, ora cabalgando en un cometa, o saltando de globo en globo, lo mismo que revolotea un pajarillo de rama en rama, él y sus sirvientes hacían su camino. En poco tiempo recorrió la vía láctea. Debo confesar, y lo siento, que nunca logró ver, entre las estrellas que la pueblan, el empírico cielo que vio el ilustre Derhan con su catalejo. No niego que Derhan lo viese, ¡Dios me libre de tamaño error!, pero también Micromegas estaba allí y no tenía mala vista. En fin, yo no quiero contradecir a nadie. Después de largo viaje, Micromegas llegó un día a Saturno, y aun cuando estaba acostumbrado a contemplar cosas nuevas, le sorprendió la pequeñez de aquel planeta y de sus moradores. No pudo menos de sonreír con ese aire de superioridad que los más discretos no pueden contener a veces. Verdad es que Saturno no es más que novecientas veces mayor que la Tierra, y sus habitantes pobres enanos de unas dos mil varas de estatura, más o menos. Rióse al principio de ellos con sus criados, como se ríe cuando viene a Francia cualquier músico italiano, de la música de Lulli. Pero el siriano era razonable y pronto se dio cuenta de que ningún ser que piensa es ridículo, aunque su estatura no pase de seis mil pies. Acostumbróse a los saturninos, después de haber causado su asombro, y se hizo íntimo amigo del secretario de la Academia de Saturno, hombre de mucho talento. No había inventado nada, pero explicaba muy bien los inventos de los demás, y sabía componer coplas chicas y hacer cálculos grandes. He aquí expuesta, para satisfacción de mis lectores, una extraña conversación que con el señor secretario, tuvo cierto día Micromegas. Capítulo 2.– Conversación del habitante de Sirio con el de Saturno Sentóse Su Excelencia, acercóse a él el secretario de la Academia, y dijo Micromegas: -Confesemos que es muy varia la naturaleza. -Verdad es -dijo el saturnino-. La naturaleza es como un jardín, cuyas flores... -¡Ah! -dijo el otro-. Dejaos de floriculturas. -Pues es -siguió el secretario- como una reunión de rubias y morenas, cuyos encantos... -¡Dejad a vuestras morenas y a vuestras rubias! -interrumpió el otro. -O bien como una galería de cuadros cuyas imágenes... -¡No! No señor, no -replicó el forastero-. Decidme lo primero ¿cuántos sentidos tienen los hombres en vuestro país? -Nada más que setenta y dos -contestó el académico-. Créame que todos los días nos lamentamos de esta limitación. Nuestra imaginación va más allá de nuestras posibilidades, por lo que nos parece que con nuestros setenta y dos sentidos, nuestro anillo y nuestras cinco lunas, no tenemos bastante; en realidad nos aburrimos mucho a pesar de nuestros setenta y dos sentidos y de las pasiones que de ellos se derivan. -Lo creo -dijo Micromegas-, porque nosotros tenemos cerca de mil sentidos y todavía nos quedan no sé qué vagos deseos, no sé qué inquietud, que sin cesar nos advierte que somos muy poca cosa y que hay seres mucho más perfectos. En mis viajes he visto gentes muy inferiores a nosotros, y otras muy superiores; mas no he hallado ninguna que no tenga más deseos que necesidades y más necesidades que satisfacciones. Acaso llegue algún día a un país donde no haya necesidades, pero hasta ahora no tengo la menor noticia de semejante país. El saturnino y el siriano quedaron meditabundos. Luego se entregaron a ingeniosas reflexiones tan agudas como inconsistentes, hasta que les fue forzoso atenerse a los hechos. -¿Es muy larga vuestra vida? -preguntó el siriano. -¡Ah! No. Muy corta -replicó el hombrecillo de Saturno. -Lo mismo sucede en nuestro país, siempre nos estamos quejando de la brevedad de la vida. Debe ser una ley universal de la naturaleza. -¡Ay! Nuestra vida -dijo el saturnino- se limita a quinientas revoluciones solares, que vienen a ser unos quince mil años según nuestra aritmética. Esto es casi nacer y morir en un momento. Así, nuestra existencia es un punto, nuestra vida un instante, y el globo en que habitamos un átomo. Apenas empieza uno a saber algo, a instruirse, cuando llega la muerte. Por mi parte no me atrevo a formar proyecto alguno; me siento como una gota de agua en el océano inmenso. Ahora estoy avergonzado en vuestra presencia al considerar lo ridículo de mi figura. Replicóle Micromegas: -Si no fuerais filósofo, temería desconsolaros diciéndoos que nuestra vida es setecientas veces más larga que la vuestra; pero ya sabéis que cuando llega el momento de reintegrarse a la naturaleza, para reanimarla bajo distinta forma -que es a lo que llaman morir-, cuando llega ese instante de metamorfosis, lo mismo da haber vivido una eternidad o sólo un día. He conocido países donde viven las gentes mil veces más que en el mío, y he visto que, sin embargo, se quejaban; pero en todas partes hay gentes razonables, que saben resignarse y dar gracias al autor de la naturaleza, que con maravillosa profusión ha esparcido en el universo las variedades más distintas sin olvidar la uniformidad. Así, por ejemplo, todos los seres que piensan son diferentes, y sin embargo, todos se parecen en el don de pensar y desear. La materia es la misma en todas partes, pero en cada mundo manifiesta propiedades distintas. ¿Cuántas propiedades tiene la materia del vuestro? -Si os referís a las propiedades fundamentales, sin las cuales nuestro planeta no podría existir tal como es -dijo el saturnino-, pasan de trescientas; conviene saber: la extensión, la impenetrabilidad, la movilidad, la gravitación, la divisibilidad, etc. -Sin duda -replicó el viajero-, que es bastante con eso, con arreglo al plan del Creador para el reducido planeta en que vivís. En todas sus cosas adoro la sabiduría, porque si en todas advierto diferencia, advierto también proporción. Saturno es pequeño y lo son sus moradores; tenéis pocas sensaciones y goza vuestra materia de pocas propiedades. Todo ello lo dispuso así la Providencia. ¿De qué color es vuestro sol? -Blancuzco, ceniciento -dijo el saturnino-. Al dividir uno de sus rayos, observamos que tiene siete colores. -El nuestro tira a encarnado -dijo el siriano-, y tenemos treinta y nueve colores fundamentales. He podido estudiar muchos soles y no he hallado dos que se parezcan, de la misma manera que en nuestro planeta no se ve una cara que no se diferencie de las demás. Tras de hablar de muchas cuestiones análogas, se informó de cuántas sustancias distintas en esencia se conocían en Saturno y se le respondió que unas treinta: Dios, el espacio, la materia, los seres extensos que sienten, los seres extensos que sienten y piensan, los seres que piensan y no son muy extensos, los que se penetran, y los que no se penetran, etc. El siriano, en cuyo planeta había trescientas, y que había descubierto en sus viajes hasta tres mil, dejó asombrado al filósofo de Saturno. Finalmente, habiéndose comunicado mutuamente casi todo cuanto sabían, y muchas cosas que no sabían, y después de discutir por espacio de toda una revolución solar, acordaron realizar juntos un corto viaje filosófico. Capítulo 3.– Viaje de los dos habitantes de Sirio y Saturno Ya estaban para embarcar nuestros dos filósofos en la atmósfera de Saturno con una buena provisión de instrumentos de matemáticas, cuando la querida del saturnino, que lo supo, le vino a dar amargas quejas. Era ésta una morenita muy agraciada, que no tenía más que mil quinientas varas de estatura, pero que con su gentileza compensaba la pequeñez de su cuerpo. -¡Ah, cruel! -exclamó-. Después de mil quinientos años de haber resistido tus solicitudes amorosas y cuando apenas hace cien años me había entregado a ti, ¡me abandonas para irte a viajar con un gigante de otro mundo! Sólo tuviste un capricho, nunca me amaste. Si fueras saturnino legítimo no serías tan inconstante. ¿A dónde vas? ¿Qué ambicionas? Nuestras cinco lunas son menos erráticas que tú y menos mudable nuestro ánulo. Abrazóla el filósofo, lloró con ella, aunque filósofo; y su querida, después de haberse desmayado, se fue a consolar con un petimetre. Partieron sin dilación ambos viajeros, y saltaron primero al anillo, que se le antojó muy aplastado, como lo supuso un ilustre habitante de nuestro minúsculo globo terráqueo, y desde allí anduvieron de luna en luna. De pronto pasó un cometa junto a ellos y a él se tiraron, con sus sirvientes y sus instrumentos. Un poco más adelante (ciento cincuenta millones de leguas) se toparon con los satélites de Júpiter y luego con este planeta, donde se apearon y permanecieron un año. En él descubrieron algunos secretos muy curiosos, que hubieran dado a la imprenta, a no haber sido por los señores inquisidores, que encontraron proposiciones bastante duras de tragar. Yo pude leer el manuscrito en la biblioteca del ilustrísimo señor arzobispo de..., quien con toda la benevolencia que a tan insigne prelado caracteriza, me permitió husmear en sus libros. Pero volvamos a nuestros aventureros. Al salir de Júpiter atravesaron un espacio de cerca de cien millones de leguas y costearon el planeta Marte, el cual -como todos saben- es cinco veces más pequeño que la Tierra, donde vieron las dos lunas de que dispone y que no han podido descubrir todavía nuestros astrónomos. Aun cuando sé que el abate Castel rechazará ingeniosamente la existencia de dichas lunas, no ignoro tampoco que me darán la razón quienes saben razonar, aquellos a los que no puede escapárseles el hecho de que no le sería posible a Marte vivir sin dos lunas por lo menos, estando tan distante del Sol. Sea como fuere, a los viajeros les pareció un mundo tan chico que temieron no hallar alojamiento aceptable y pasaron de largo, como hacen los caminantes cuando topan con una mala venta en despoblado. Hicieron mal y se arrepintieron, pues tardaron mucho en encontrar albergue. Al fin divisaron una lucecilla, que era la Tierra, y que pareció muy mezquina cosa a gentes que venían de Júpiter. No obstante, y a trueque de arrepentirse otra vez, resolvieron desembarcar en ella. Pasaron a la cola del cometa y hallando una aurora boreal a mano, se metieron dentro. Tomaron tierra en la orilla septentrional del mar Báltico, el día 5 de julio de 1737. Capítulo 4.– Lo que les sucedió en el globo terráqueo Después de reposar un poco, almorzaron un par de montañas que les guisaron sus criados con mucho aseo. Quisieron luego reconocer el mezquino país donde se hallaban y marcharon de Norte a Sur. Los pasos que daban el siriano y sus acompañantes abarcaban unos treinta mil pies cada uno. Seguíales de lejos el enano de Saturno, que perdía el aliento, porque tenía que dar doce pasos mientras los otros daban una zancada. Iba, si se me permite la comparación, como un perrillo faldero que sigue a un capitán de la Guardia del rey de Prusia. Como andaban de prisa, dieron la vuelta al globo en veinticuatro horas; verdad es que el Sol, o por mejor decir, la Tierra, hace el mismo viaje en un día; pero hemos de convenir que es cosa más fácil girar sobre su eje que andar a pie. Volvieron al fin al sitio de donde partieron después de haber visto la balsa, casi imperceptible para ellos, denominada mar Mediterráneo y el otro pequeño estanque que llamamos gran Océano y que rodea nuestra madriguera; al enano no le llegaba el agua a media pierna y apenas si se mojaba el otro los talones. Fueron y vinieron arriba y abajo, procurando averiguar si estaba o no habitado este mundo; agachándose, tendiéronse lo más posible palpando por todas partes; pero eran tan enormes sus ojos y sus manos en relación con los seres minúsculos que nos arrastramos aquí abajo, que no lograron captar nuestra presencia, ni siquiera sorprender algún indicio que la revelase. El enano, que a veces juzgaba con ligereza, manifestó terminantemente que no había habitantes en la Tierra; basado en primer lugar en que él no veía ninguno. Micromegas le dio a entender cortésmente que su deducción no era fundada, porque -le dijo- ¿es que acaso con esos ojos tan pequeños que tenéis sois capaz de ver las estrellas de quincuagésima magnitud? Yo en cambio las veo perfectamente. ¿Afirmaréis, sin embargo, que esas estrellas no existen? -Os digo que he buscado y rebuscado por todas partes -dijo el enano. -¿Y no hay nada? -Lo único que hay es que este planeta está muy mal hecho -replicó el enano-; irregular y mal dispuesto, resulta no sólo ridículo, sino caótico. ¿No veis esos arroyuelos que ninguno corre derecho; esos estanques que no son redondos ni cuadrados, ni ovalados ni de forma geométrica alguna? Observad esos granos de arena (se refería a las montañas), que por cierto se me han metido en los pies... Ved el achatamiento de los polos de este globo que gira y gira alrededor del Sol y cuyo régimen climatológico es tan absurdo que las zonas de ambos polos son yertas y estériles. Lo que más me hace creer que no hay habitantes, es considerar que nadie con un poco de sentido común querría vivir en él. -Eso no importa nada -dijo Micromegas-. Pueden no tener sentido común y habitarle. Todo aquí se os antoja irregular y descompuesto porque no está trazado con tiralíneas como en Júpiter y Saturno. Eso es lo que os confunde. Por mi parte estoy acostumbrado a ver en mis viajes las cosas más distintas y los aspectos más variados. Replicó el saturnino a estas razones, y no se hubiera concluido esta disputa, si en el calor de ella no hubiese roto Micromegas el hilo de su collar de diamantes y caídose éstos, que eran muy hermosos aunque pequeñitos y desiguales. Los más gruesos pesaban cuatrocientas libras y cincuenta los más menudos. Cogió el enano alguno y arrimándoselos a los ojos observó que tal como estaban tallados resultaban excelentes microscopios. Tomó uno, pequeño, puesto que no tenía más de ciento sesenta pies de diámetro, y se lo aplicó a un ojo mientras que se servía Micrornegas de otro de dos mil quinientos pies. Al principio no vieron nada con ellos, pero hechas las rectificaciones oportunas, advirtió el saturnino una cosa imperceptible que se movía entre dos aguas en el mar Báltico: era una ballena; púsosela bonitamente encima de la uña del pulgar y se la enseñó al siriano, que por la segunda vez se echó a reír de la insignificancia de los habitantes de la Tierra. Creyó, pues, el saturnino que nuestro mundo estaba habitado sólo por ballenas y como era muy listo quiso averiguar de qué manera podía moverse un átomo tan ruin, y si tenía ideas, voluntad y libre albedrío. Micrornegas no sabía qué pensar; mas después de examinar con mucha atención al animal, sacó en consecuencia que no podía caber un alma en un cuerpo tan chico. Inclinábanse ya a creer ambos viajeros que en el terráqueo no existía vida racional, cuando, con el auxilio del microscopio descubrieron otro bulto más grande que la ballena flotando en el mar Báltico. Como es sabido, por aquellos días regresaba del círculo polar una banda de filósofos, que habían ido a tomar unas medidas en que nadie hasta entonces había pensado. Se dijo en los papeles públicos que su barco había encallado en las costas de Botnia y que por poco perecen todos. Pero nunca se sabe en este mundo la verdad oculta de las cosas. Contaré con sinceridad lo ocurrido sin quitar ni añadir nada; esfuerzo que por parte de un historiador es meritorio en alto grado. Capítulo 5.– Experiencias y reflexiones Tendió Micrornegas con mucho tiento la mano al sitio donde se veía aquel objeto, y alargando y encogiendo los dedos, por miedo a equivocarse, y abriéndolos luego y cerrándolos, agarró con mucha maña el navío donde iban aquellos sabios y le puso con mucho cuidado en la uña del pulgar. -He aquí un animal muy distinto del otro -dijo el enano de Saturno, mientras el siriano colocaba al pretenso animal en la palma de la mano. Los pasajeros y marineros de la tripulación, creyéndose arrebatados por un huracán, y al buque varado en un bajío, se ponen todos en movimiento; cogen los marineros toneles de vino, los tiran a la mano de Micrornegas, y ellos se tiran después; sacan los sabios sus cuartos de círculo, sus sectores y sus muchachas laponas y se apean en los dedos del siriano, quien por fin siente que se mueve una cosa que le pica el dedo. Era un garrote con un hierro en la punta que le clavaban hasta un píe de profundidad en el dedo índice; esta picazón le hizo creer que había salido algo del cuerpo del animalejo que tenía en la mano; mas no pudo sospechar al principio otra cosa, pues con su microscopio, que apenas bastaba para distinguir un navío de una ballena, no era posible descubrir a un entecillo como el hombre. No quiero zaherir la vanidad de nadie; pero ruego a las personas soberbias que reflexionen sobre este cálculo: aceptando como estatura media del hombre la de cinco pies, su presencia en la Tierra como individuo no hace más bulto que el que haría en una bola de diez pies de circunferencia un animal de seiscientos milavos de pulgada de alto. No hay duda de que si algún capitán de granaderos lee esta narración mandará que su tropa se ponga morriones de dos o tres pies más altos que los actuales, pero por más que haga, siempre serán él y sus soldados seres infinitamente pequeños. El filósofo de Sirio tuvo que proceder con suma habilidad para examinar esos átomos. No fue tan extraordinario el descubrimiento de Leuwenhock y Hartsoeker cuando vieron, o creyeron ver los primeros, la simiente que nos engendra. ¡Qué placer el de Micromegas cuando vio cómo se movían aquellos seres; cuando examinó sus movimientos todos y siguió todas sus acciones! ¡Con qué júbilo alargó a sus compañero de viaje uno de sus microscopios! -Los veo perfectamente -decían ambos, a la vez-; observad cómo andan y suben y bajan. Esto decían y les temblaban las manos de gozo al ver objetos tan nuevos y también de miedo a perderlos de vista. Pasando el saturnino de un extremo de desconfianza al opuesto de credulidad, se figuró que algunos estaban ocupados en la propagación de su especie. -¡Ah! -dijo el saturnino-. Ya tengo en mis manos el secreto de la naturaleza. Evidentemente las apariencias, cosa que sucede a menudo, engañan, tanto si se usa como si no se usa microscopio. Capítulo 6.– Lo que les sucedió con los hombres Mejor observador Micromegas que el enano, advirtió claramente que aquellos átomos se hablaban y así se lo hizo notar a su compañero, el cual, con la vergüenza de haberse engañado acerca del mecanismo de la generación, no quiso creer que semejante especie de bichos pudieran tener y comunicarse sus ideas. Micromegas poseía el don de lenguas, no menos que el siriano, y no entendiendo a nuestros átomos, suponía que no hablaban; y luego ¿cómo habían de tener órganos de la voz unos seres casi imperceptibles, ni qué se habían de decir? Para hablar es indispensable pensar, y si pensaban, llevaban en sí algo que equivalía al alma; y atribuir una cosa equivalente al alma a especie tan ruin, se le antojaba mucho disparate. Díjole el siriano: -¿Pues no creías, hace poco, que se estaban amando? ¿Pensáis que se hacen ciertas cosas sin pensar y sin hablar, o a lo menos, sin darse a entender? ¿Creéis que es más fácil hacer un chico que un silogismo? A mí, una y otra cosa me parecen impenetrables misterios. -No me atrevo ya -dijo el enano- a creer ni a negar nada; procedamos a examinar estos insectos y meditemos luego. -De acuerdo -respondió Micromegas. Y sacando unas tijeras se cortó la uña de su dedo pulgar con la que hizo una especie de bocina enorme, como un embudo inmenso, y luego se puso el cañón al oído; la circunferencia del embudo abarcaba al navío y toda su tripulación, y la más débil voz se introducía en las fibras circulares de la uña; de suerte que, merced a su ingenio, el filósofo de allá arriba, oyó perfectamente el zumbido de nuestros insectos de acá abajo, y en pocas horas logró distinguir las palabras y entender el idioma francés en que hablaban. Lo mismo hizo el enano, aunque no con tanta facilidad. Crecía el asombro de los dos viajeros al oír hablar con notable discreción y les parecía inexplicable este fenómeno de la naturaleza. Como podemos figurarnos el enano y el siriano se morían de deseos de entablar conversación con aquellos átomos; pero tenían miedo de que su voz atronara a los microbios sin que la oyesen. Trataron, pues, de amortiguar su intensidad, y para ello se pusieron en la boca unos mondadientes muy menudos, cuya punta muy afilada iba a parar junto al navío. Puso el siriano al enano entre sus rodillas, y encima de una uña, el navío con su tripulación; bajó la cabeza y habló muy quedo, y después de todas estas precauciones, y muchas más, dijo lo siguiente: -Invisibles insectos que la diestra del Creador se plugo producir en los abismos de lo infinitamente pequeño; yo os bendigo. Acaso luego me desprecien en mi Corte; pero yo a nadie desprecio, y os brindo mi protección. Si hubo asombros en el mundo, ninguno llegó al de los que estas palabras oyeron, sin poder atinar de dónde salían. Rezó el capellán las preces contra el demonio, blasfemaron los marineros, e inventaron varios sistemas los filósofos del navío; pero a pesar de sus meditaciones, no les fue posible averiguar quién era el que les hablaba. Fue entonces cuando el enano de Saturno, que tenía la voz más débil que Micromegas, les explicó todo circunstanciadamente; el viaje desde Saturno, y quién era el señor Micromegas. Compadecido de que fueran tan chicos los habitantes de la Tierra les habló con ternura preguntándoles si habían sido siempre tan insignificantes y qué era lo que hacían en un globo que, al parecer, pertenecía a las ballenas. Les preguntó también si eran felices, si tenían alma, si se reproducían y otras mil preguntas por el estilo. Ofendido de que alguien dudase de si tenían alma, un sabio de la Tierra, más audaz que los demás, observó a su interlocutor con una pínula adaptada a un cuarto de círculo, midió los triángulos y por último dijo así: -¿Creéis, caballero, que porque tengáis una estatura de dos mil metros sois un...? -¡Dos mil metros? -exclamó el enano-. ¡No se ha equivocado ni en una pulgada! Así pues, este átomo ha podido medirme. Sabe matemáticas y ha determinado mi tamaño. En cambio, yo no le puedo ver sin el auxilio del microscopio y no sé qué dimensiones tiene. -Sí, supe mediros -dijo el matemático- y podré hacer lo mismo con el gigante que os acompaña. Admitida la propuesta, se tendió Su Excelencia en el suelo, porque estando en pie, su cabeza se perdía en las nubes, y nuestros filósofos le plantaron un árbol muy grande en cierto sitio que el doctor Swift hubiera designado por su nombre, pero que yo no me atrevo a mencionar por el mucho respeto que tengo a las damas. Luego, mediante una serie de triángulos que trazaron y relacionaron unos con otros, sacaron en consecuencia que la persona que medían era un sujeto de veinte mil pies de estatura. Micromegas decía: -¡Cuan cierto es que nunca se deben juzgar las cosas por su apariencia! Seres insignificantes, despreciables, tienen uso de razón, y aun es posible que otros más pequeños todavía posean más inteligencia que esos inmensos animales que he visto en el cielo y que con un solo pie cubrirían el planeta en que me encuentro. Para Dios, en su omnipotencia, no hay dificultad en proveer de entendimiento, lo mismo a los seres infinitamente grandes que a los infinitamente pequeños. Respondióle uno de los filósofos que bien podía creer, sin duda alguna, que había seres inteligentes mucho más pequeños que el hombre, y para probárselo le contó, no las fábulas de Virgilio sobre las abejas, sino lo que Swammerdam ha descubierto, y lo que ha disecado Reaumur. Díjole también que hay animales que son, con respecto a las abejas, lo que las abejas con respecto al hombre y le hizo notar lo que el propio siriano significaba en relación con aquellos animales enormes a que se había referido; a su vez, estos grandes animales comparados con otros, parecen imperceptibles átomos. Poco a poco fue haciéndose interesante la conversación. Micromegas se expresó así: Capítulo 7.–La conversación que tuvieron -¡Oh átomos inteligentes en quienes quiso el Eterno manifestar su arte y su poder! Decidme, amigo ¿no disfrutáis en vuestro globo terráqueo purísimos deleites? Apenas tenéis materia, sois todo espíritu, lo cual quiere decir que seguramente emplearéis vuestra vida en pensar y amar, que es la vida que corresponde a los espíritus. Yo que no he visto la felicidad en ninguna parte, creo ahora que está entre vosotros. Encogiéronse de hombros al oír esto los filósofos. Uno de ellos quiso hablar con sinceridad y manifestó que, exceptuando un número reducidísimo, a quienes para nada se tenía en cuenta, todos los demás eran una cáfila de locos, perversos y desdichados. -Más materia tenemos -dijo- de la que es menester para obrar mal, si procede el mal de la materia, y mucha inteligencia, si proviene de la inteligencia. ¿Sabéis por ejemplo que a estas horas, cien mil locos de nuestra especie, que llevan sombrero, están matando a otros cien mil animales que llevan turbante, o muriendo a sus manos? Tal es la norma en la tierra, desde que el hombre existe. Horrorizóse el siriano y preguntó cuál era el motivo de tan horribles contiendas entre animales tan ruines. -Se disputan -dijo el filósofo- unos trochos de tierra del tamaño de vuestros pies; y se los disputan no porque ninguno de los hombres que pelean y mueren o matan quiera para sí un terrón siquiera de aquel pedazo de tierra, sino por si éste ha de pertenecer a cierto individuo que llaman Sultán o a otro que apellidan Zar. Ninguno de los dos ha visto, ni verá nunca, el minúsculo territorio en litigio, así como tampoco ninguno de los animales que recíprocamente se asesinan han visto al animal por quien se asesinan. -¡Desventurados! -exclamó con indignación el siriano-. ¿Cómo es posible tan absurdo frenesí? Deseos me dan de pisar a ese hormiguero ridículo de asesinos. -No hace falta que os toméis ese trabajo. Ellos solos se bastan para destruirse. Dentro de cien años habrán quedado reducidos a la décima parte. Aun sin guerras perecen de hambre, de fatiga, o de vicios. Pero no son ellos los que merecen castigo, sino quienes desde la tranquilidad de su gabinete y mientras hacen la digestión de una opípara comida, ordenan el degüello de un millón de hombres y dan luego gracias a Dios en solemnes funciones religiosas. Sentíase el viajero movido a piedad hacia el ruin linaje humano en el cual tantas contradicciones descubría. -Puesto que pertenecéis al corto número de los sabios -dijo a sus interlocutores- os ruego me digáis cuáles son vuestras ocupaciones. -Disecamos moscas -respondió uno de los filósofos-, medimos líneas, coleccionamos nombres, coincidimos acerca de dos o tres puntos que entendemos y discrepamos sobre dos o tres mil que no entendemos. El siriano y el saturnino se pusieron a hacerles preguntas para saber sobre qué estaban acordes. -¿Qué distancia hay -dijo el saturnino- desde la Canícula hasta la mayor de Géminis? Respondiéronle todos a la vez: -Treinta y dos grados y medio. -¿Qué distancia hay de aquí a la Luna? -Setenta semidiámetros de la Tierra. -¿Cuánto pesa vuestro aire? No creían que pudiesen responder a esta pregunta; pero todos le dijeron que pesaba novecientas veces menos que el mismo volumen del agua más ligera y diecinueve mil veces menos que el oro. Atónito el enanillo de Saturno ante la exactitud de las respuestas, estaba tentado a creer que eran magos aquellos mismos a quienes un cuarto de hora antes les había negado la inteligencia. Por último habló Micromegas: -Ya que tan perfectamente sabéis lo de fuera de vuestro planeta, sin duda mejor sabréis lo que hay dentro. Decidme, pues, ¿qué es vuestra alma y cómo se forman vuestras ideas? Los filósofos hablaron todos a la par como antes, pero todos manifestaron distinto parecer. Citó el más anciano a Aristóteles, otro pronunció el nombre de Descartes, éste el de Malebranche, aquél el de Leibnitz y el de Locke otro. El viejo peripatético dijo con gran convicción: -El alma es una entelequia, una razón en virtud de la cual tiene el poder de ser lo que es; así lo dice expresamente Aristóteles, página 633 de la edición del Louvre: ‘?????????? ?????? etc. -No entiendo el griego -confesó el gigante. -Ni yo tampoco -respondió el filósofo. -Entonces ¿por qué citáis a ese Aristóteles en griego? -Porque lo que uno no entiende, lo ha de citar en una lengua que no sabe. Tomó entonces la palabra el cartesiano y dijo: -El alma es un espíritu puro, que en el vientre de la madre recibe todas las ideas metafísicas y que, en cuanto sale de él, tiene que ir a la escuela para aprender de nuevo lo que tan bien sabía y que nunca volverá a saber. El animal de ocho leguas opinó que importaba muy poco que el alma supiera mucho en el vientre de su madre si después lo ignora todo. -Pero decidme, ¿qué entendéis por espíritu? -¡Valiente pregunta! -contestó el otro-. No tengo idea de él. Dicen que es lo que no es materia. -¿Y sabéis lo que es materia? -Eso sí. Esa piedra, por ejemplo, es parda y de tal figura, tiene tres dimensiones y es pesada y divisible. -Así es -asintió el siriano-; pero esa cosa que te parece divisible, pesada y parda ¿me dirás qué es? Tú sabes de algunos de sus atributos, pero el sostén de esos atributos ¿lo conoces? -No -dijo el otro. -Luego no sabes qué cosa sea la materia. Dirigiéndose entonces el señor Micromegas a otro sabio que encima de su dedo pulgar se posaba, le preguntó qué creía que era su alma y de qué se ocupaba él. -No hago nada -respondió el filósofo malebranchista-; Dios es quien lo hace todo por mí; en El lo veo todo, en El lo hago todo y es El quien todo lo dispone sin cooperación mía. -Eso es igual que no existir -respondió el filósofo de Sirio-. Y tú, amigo -le dijo a un leibnitziano que allí estaba-, ¿qué haces? ¿Qué es tu alma? -Una aguja de reloj -dijo el leibnitziano- que señala las horas mientras suenan musicalmente en mi cuerpo, o bien, si os parece mejor, el alma las suena mientras el cuerpo las señala; o bien, mi alma es el espejo del universo y mi cuerpo el marco del espejo. La cosa no puede ser más clara. Estábalos oyendo un sectario de Locke, y cuando le tocó hablar dijo: -Yo no sé cómo pienso; lo que sé es que nunca he pensado como no sea por medio de mis sentidos. Que haya sustancias inmateriales e inteligentes, no lo pongo en duda; pero que no pueda Dios comunicar la inteligencia a la materia, eso no lo creo. Respeto al eterno poder, y sé que no me compete definirle; no afirmo nada y me inclino a creer que hay muchas más cosas posibles de lo que se piensa. Sonrióse el animal de Sirio y le pareció que no era éste el menos cuerdo. Si no hubiera sido por la enorme desproporción de sus tamaños corpóreos, hubiese dado un abrazo, el enano de Saturno al discípulo de Locke. Por desgracia, se encontraba también allí un bichejo tocado con un birrete, que, interrumpiendo el diálogo, manifestó que él estaba en posesión de la verdad que no era otra que la expuesta en la Summa de Santo Tomás; y mirando de pies a cabeza a los dos viajeros celestes les dijo que sus personas, sus mundos, sus soles y sus estrellas, todo había sido creado para el hombre. Al oír los otros tal sandez, se echaron a reír estrepitosamente con aquella inextinguible risa que, según Homero, es atributo de los dioses. Las convulsiones de tanta hilaridad hicieron caer al navío de la uña del siriano al bolsillo de los calzones del saturnino. Buscáronle ambos mucho tiempo; al cabo toparon con la tripulación y la metieron en el barco lo mejor que pudieron. Luego el siriano se despidió amablemente de aquellos charlatanes, aunque le tenía algo mohíno ver que unos seres tan infinitamente pequeños, tuvieran una vanidad tan infinitamente grande. Prometióles un libro de filosofía escrito en letra muy menuda, para que pudieran leerle. -En él veréis -dijo- la razón de todas las cosas. En efecto, antes de irse les dio el libro prometido que llevaron a la Academia de Ciencias de París. Cuando lo abrió el viejo secretario de la Academia, observó que todas las páginas estaban en blanco. -¡Ah! -dijo-. Ya me lo figuraba yo.

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Sombreros tóxicos ...
Ciencia EducacionporAnónimo10/10/2013

Queria compratir esta historia con ustedes taringueros ya que me parece que no tiene mucha coherencia por favor dejen su opinion saludos Entre los fabricantes de sombreros del siglo XIX era habitual un cuadro clínico que incluía dolores de cabeza, espasmos, temblores, alucinaciones, alteraciones de la personalidad e incluso psicosis. Se debía a que se envenenaban lentamente al inhalar el vapor de mercurio que empleaban para tratar la felpa y la piel que cubría los sombreros con el fin de que se mantuvieran derechos. Este veneno, una vez que entra en el organismo, se acumula en tejidos y órganos como los riñones, el hígado y el cerebro. Esta "enfermedad profesional" inspiró a Lewis Carroll el personaje del Sombrerero Loco de su conocida obra Alicia en el País de las Maravillas.

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Pasate y deja un comentario
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Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/17/2015

Reflexiones o poemas Nostalgia Extraño el cielo de cara negra, De pintas blancas, de luna nueva De estrellas en movimiento. Extraño el cielo de carpa nueva De mil olores, de cien sabores. Extraño el gusto de los poemas. Vivir sin dueños, vivir en sueños. Y poco a poco se vence el tiempo Vive la vida, vive tu cuento. El tiempo Silbando el viento, camina el llano Cabalgando nubes, esquivando charcos Hay quienes lo ven como un dios alado Hay quienes lo sientes como un ser sagrado Humanizando al segundero, volveremos a ver el cielo Dimension y espacio Las ataduras de las personas Que convierten a un ser corrupto No me permiten saber mi nombre, Tener conciencia de ser autónomo. Vivir mi tiempo, ocupar mi espacio Las puertas de la conciencia Son las dimensiones y libertades

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Premios iris
Premios iris
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/17/2016

“El País”, los intereses de unos pocos y la cultura de todos No es difícil vincular a “El País” con los sectores concentrados de la economía ni con los partidos tradicionales (especialmente con el PN). Algunos irán más lejos y dirán que fue cómplice del Terrorismo de Estado (1973-1985). Lo que no se presta para grandes discusiones es que se trata de un medio ideológicamente de derecha. Desde ya es necesario aclarar: ni todos los que trabajan en “El País” militan para la derecha (mucho menos simpatizan con la dictadura) ni todos los artistas y comunicadores que acuden a la fiesta de los Premios Iris tienen por qué adherir al discurso político e ideológico del diario. El punto es que “El País” monta un escenario al cual la cultura y la comunicación nacionales son primero invitadas y luego premiadas (aunque, como dicen muchos, ya la nominación es un premio). Y esto implica dos cosas: primero, un reconocimiento de “El País” a los artistas y comunicadores uruguayos (en otro momento podríamos revisar el uso y sentido de la palabra “comunicador”); y, en segundo lugar, y esto es lo más interesante, que éstos reconocen al diario como un medio que goza de suficiente legitimidad como para erigirse en juez de la comunicación y la cultura nacionales. No me parece mal que, en un país pequeño, los artistas y comunicadores aprovechen cada espacio para mostrarse, encontrarse con sus colegas y ser reconocidos por su trabajo. Pero resulta un dato contundente el hecho de que quienes todos los días del año construyen, en buena medida, los pensamientos y sensibilidades de la sociedad se suban a un escenario y agradezcan públicamente a “El País”, un actor político que representa intereses particulares, y que consigue así la legitimidad de y para todos los medios de comunicación. Lo cuestionable, y lo que nos debe llamar a la reflexión, es la naturalización de “El País” como juez de las producciones culturales nacionales, una construcción sumamente pensada, estudiada y trabajada. Para entender mejor esto imaginaremos algo muy grosero: que los canales 4, 10 y 12 transmiten durante cuatro horas la entrega de los Premios Lenin al talento y el compromiso de los comunicadores uruguayos, organizada por “El Popular”, órgano de prensa del PCU. Dejando de lado que, en tal caso, lo de la alfombra roja tendría sentido, así como que resulta simpático imaginar a Nacho Álvarez agradeciéndole “a los camaradas de ‘El Popular’”, lo importante es que todos descartamos absolutamente tal posibilidad. Sin embargo, naturalizamos que buena parte de los artistas y comunicadores participen de una fiesta organizada por “El País”, medio no menos politizado que “El Popular”, y le agradezcan reiteradamente al diario, todo transmitido en cadena durante cuatro horas (olvidamos, además, que la televisión debería un servicio público y no un salón de fiestas empresariales). Como ya han dicho algunos pensadores importantes, las grandes producciones culturales de una sociedad suelen estar al servicio de los intereses económicos dominantes, reproduciendo sus ideas y valores. Y si bien sería disparatado decir que los nominados a los Iris son todos favorables al poder económico y al statu quo, que “El País” reúna, juzgue y premie a los grandes formadores de opinión implica, como mínimo, que el diario representante de los intereses de unos pocos es aceptado como juez de la cultura de todos. Texto extraído de: http://emilianotualaetcetera.blogspot.com.uy/2013/07/el-pais-los-intereses-de-unos-pocos-y.html?m=1

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Guerra fría en América
Guerra fría en América
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/17/2016

Actualmente se está viviendo una situación muy compleja en América Latina. Mientras el mundo mira hacia EEUU por sus elecciones, en el sur vivimos una guerra fría entre derechas e izquierdas que espera la mínima chispa para que se desencadenen problemas sociales más graves. Los dos gigantes del continente se encuentran en distintas situaciones políticas, pero similares situaciones económicas. Tanto Brasil como Argentina estan viviendo situaciones complicadas. Mientras en Brasil la crisis política genera una crisis económica en Argentina la crisis económica está generando una crisis política. En Brasil la derecha a partir de los medios de comunicación manipula la opinión pública uniendo a quienes repudian la corrupción con la derecha más rancia que está en contra de los planes sociales que sacaron a más de tres millones de brasileños de la pobreza. En Argentina los casos de corrupción de la anterior gestión sumado a la inflación y los pagos de los fondos buitres de la actual, generan que la población este de rehén de algunos políticos deshonestos y demagogos, y del neoliberalismo globalizado que está apretando utilizando los medios de comunicación para beneficiarse con tratados internacionales en la región, que beneficien a las empresas. Este problemas y fraccionamiento se traspola a la región.Bolivia, Ecuador, Uruguay y Chile. En todos estos países la derecha usa casos aislados muchos sin comprobar de corrupción para desacreditar gobiernos progresistas que han disminuido la desigualdad en la región a mínimos históricos. La situación preocupa mientras nadie afloja la cuerda parece tensarse y si revienta los únicos perjudicados es la ciudadanía. La única solución es que el pueblo sea crítico y consciente para poder sacar la situación social adelante a pesar de las crisis políticas y económicas. En Brasil Uruguay Argentina y Chile los gobiernos no han cumplido dos años en el poder por lo cual lo más importante es respetar las democracias e instituciones y que los medios sean objetivos y no hagan periodismo sin objetividad y con fines lucrativos sin ética apoyando gobiernos o empresas en vez de servir a los televidentes con programación objetiva. Falta corrección de presidencia Argentina Mucha vigencia para el 2016

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El Indigno
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/17/2016

Cuento corto de Jorge Luis Borges Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo OBE (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986) fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y el pensamiento universales, además de objeto de minuciosos análisis y múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye todo tipo de dogmatismo.2 El indigno La imagen que tenemos de la ciudad siempre es algo anacrónica. El café ha degenerado en bar; el zaguán que nos dejaba entrever los patios y la parra es ahora un borroso corredor con un ascensor en el fondo. Así, yo creí durante años que a determinada altura de Talcahuano me esperaba la Librería Buenos Aires; una mañana comprobé que la había reemplazado una casa de antigüedades y me dijeron que don Santiago Fischbein, el dueño, había fallecido. Era más bien obeso; recuerdo menos sus facciones que nuestros largos diálogos. Firme y tranquilo, solía condenar el sionismo, que haría del judío un hombre común, atado, como todos los otros, a una sola tradición y un solo país, sin las complejidades y discordias que ahora lo enriquecen. Estaba compilando, me dijo, una copiosa antología de la obra de Baruch Spinoza, aligerada de todo ese aparato euclidiano que traba la lectura y que da a la fantástica teoría un rigor ilusorio. Me mostró, y no quiso venderme, un curioso ejemplar de la Kabbala denudata de Rosenroth, pero en mi biblioteca hay algunos libros de Ginsburg y de Waite que llevan su sello. Una tarde en que los dos estábamos solos me confió un episodio de su vida, que hoy puedo referir. Cambiaré, como es de prever, algún pormenor. –Voy a revelarle una cosa que no he contado a nadie. Ana, mi mujer, no lo sabe, ni siquiera mis amigos más íntimos. Hace ya tantos años que ocurrió que ahora la siento como ajena. A lo mejor le sirve para un cuento, que usted, sin duda, surtirá de puñales. No sé si ya le he dicho alguna otra vez que soy entrerriano. No diré que éramos gauchos judíos; gauchos judíos no hubo nunca. Éramos comerciantes y chacareros. Nací en Urdinarrain, de la que apenas guardo memoria; cuando mis padres se vinieron a Buenos Aires, para abrir una tienda, yo era muy chico. A unas cuadras quedaba el Maldonado y después los baldíos. Carlyle ha escrito que los hombres precisan héroes. La historia de Grosso me propuso el culto de San Martín, pero en él no hallé más que un militar que había guerreado en Chile y que ahora era una estatua de bronce y el nombre de una plaza. El azar me dio un héroe muy distinto, para desgracia de los dos: Francisco Ferrari. Ésta debe ser la primera vez que lo oye nombrar. El barrio no era bravo como lo fueron, según dicen, los Corrales y el Bajo, pero no había almacén que no contara con su barra de compadritos. Ferrari paraba en el almacén de Triunvirato y Thames. Fue ahí donde ocurrió el incidente que me llevó a ser uno de sus adictos. Yo había ido a comprar un cuarto de yerba. Un forastero de melena y bigote se presentó y pidió una ginebra. Ferrari le dijo con suavidad: –Dígame ¿no nos vimos anteanoche en el baile de la Juliana? ¿De dónde viene? –De San Cristóbal –dijo el otro. –Mi consejo –insinuó Ferrari– es que no vuelva por aquí. Hay gente sin respeto que es capaz de hacerle pasar un mal rato. El de San Cristóbal se fue, con bigote y todo. Tal vez no fuera menos hombre que el otro, pero sabía que ahí estaba la barra. Desde esa tarde Francisco Ferrari fue el héroe que mis quince años anhelaban. Era morocho, más bien alto, de buena planta, buen mozo a la manera de la época. Siempre andaba de negro. Un segundo episodio nos acercó. Yo estaba con mi madre y mi tía; nos cruzamos con unos muchachones y uno le dijo fuerte a los otros: –Déjenlas pasar. Carne vieja. Yo no supe qué hacer. En eso intervino Ferrari, que salía de su casa. Se encaró con el provocador y le dijo: –Si andás con ganas de meterte con alguien ¿por qué no te metés conmigo más bien? Los fue filiando, uno por uno, despacio, y nadie contestó una palabra. Lo conocían. Se encogió de hombros, nos saludó y se fue. Antes de alejarse, me dijo: –Si no tenés nada que hacer, pasá luego por el boliche. Me quedé anonadado. Sarah, mi tía, sentenció: –Un caballero que hace respetar a las damas. Mi madre, para sacarme del apuro, observó: –Yo diría más bien un compadre que no quiere que haya otros. No sé cómo explicarle las cosas. Yo me he labrado ahora una posición, tengo esta librería que me gusta y cuyos libros leo, gozo de amistades como la nuestra, tengo mi mujer y mis hijos, me he afiliado al Partido Socialista, soy un buen argentino y un buen judío. Soy un hombre considerado. Ahora usted me ve casi calvo; entonces yo era un pobre muchacho ruso, de pelo colorado, en un barrio de las orillas. La gente me miraba por encima del hombro. Como todos los jóvenes, yo trataba de ser como los demás. Me había puesto Santiago para escamotear el Jacobo, pero quedaba el Fischbein. Todos nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros. Yo sentía el desprecio de la gente y yo me despreciaba también. En aquel tiempo, y sobre todo en aquel medio, era importante ser valiente; yo me sabía cobarde. Las mujeres me intimidaban; yo sentía la íntima vergüenza de mi castidad temerosa. No tenía amigos de mi edad. No fui al almacén esa noche. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Acabé por sentir que en la invitación había una orden; un sábado, después de comer, entré en el local. Ferrari presidía una de las mesas. A los otros yo los conocía de vista; serían unos siete. Ferrari era el mayor, salvo un hombre viejo, de pocas y cansadas palabras, cuyo nombre es el único que no se me ha borrado de la memoria: don Eliseo Amaro. Un tajo le cruzaba la cara, que era muy ancha y floja. Me dijeron, después, que había sufrido una condena. Ferrari me sentó a su izquierda; a don Eliseo lo hicieron mudar de lugar. Yo no las tenía todas conmigo. Temía que Ferrari aludiera al ingrato incidente de días pasados. Nada de eso ocurrió; hablaron de mujeres, de naipes, de comicios, de un payador que estaba por llegar y que no llegó, de las cosas del barrio. Al principio les costaba aceptarme; luego lo hicieron, porque tal era la voluntad de Ferrari. Pese a los apellidos, en su mayoría italianos, cada cual se sentía (y lo sentían) criollo y aun gaucho. Alguno era cuarteador o carrero o acaso matarife; el trato con los animales los acercaría a la gente de campo. Sospecho que su mayor anhelo hubiera sido ser Juan Moreira. Acabaron por decirme el Rusito, pero en el apodo no había desprecio. De ellos aprendí a fumar y otras cosas. En una casa de la calle Junín alguien me preguntó si yo no era amigo de Francisco Ferrari. Le contesté que no; sentí que haberle contestado que sí hubiera sido una jactancia. Una noche la policía entró y nos palpó. Alguno tuvo que ir a la comisaría; con Ferrari no se metieron. A los quince días la escena se repitió; esta segunda vez arrearon con Ferrari también, que tenía una daga en el cinto. Acaso había perdido el favor del caudillo de la parroquia. Ahora veo en Ferrari a un pobre muchacho, iluso y traicionado; para mí, entonces, era un dios. La amistad no es menos misteriosa que el amor o que cualquiera de las otras faces de esta confusión que es la vida. He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola. El hecho es que Francisco Ferrari, el osado, el fuerte, sintió amistad por mí, el despreciable. Yo sentí que se había equivocado y que yo no era digno de esa amistad. Traté de rehuirlo y no me lo permitió. Esta zozobra se agravó por la desaprobación de mi madre, que no se resignaba a mi trato con lo que ella nombraba la morralla y que yo remedaba. Lo esencial de la historia que le refiero es mi relación con Ferrari, no los sórdidos hechos, de los que ahora no me arrepiento. Mientras dura el arrepentimiento dura la culpa. El viejo, que había retomado su lugar al lado de Ferrari, secreteaba con él. Algo estarían tramando. Desde la otra punta de la mesa, creí percibir el nombre de Weidemann, cuya tejeduría quedaba por los confines del barrio. Al poco tiempo me encargaron, sin más explicaciones, que rondara la fábrica y me fijara bien en las puertas. Ya estaba por atardecer cuando crucé el arroyo y las vías. Me acuerdo de unas casas desparramadas, de un sauzal y unos huecos. La fábrica era nueva, pero de aire solitario y derruido; su color rojo, en la memoria, se confunde ahora con el poniente. La cercaba una verja. Además de la entrada principal, había dos puertas en el fondo que miraban al sur y que daban directamente a las piezas. Confieso que tardé en comprender lo que usted ya habrá comprendido. Hice mi informe, que otro de los muchachos corroboró. La hermana trabajaba en la fábrica. Que la barra faltara al almacén un sábado a la noche hubiera sido recordado por todos; Ferrari decidió que el asalto se haría el otro viernes. A mí me tocaría hacer de campana. Era mejor que, mientras tanto, nadie nos viera juntos. Ya solos en la calle los dos, le pregunté a Ferrari: –¿Usted me tiene fe? –Sí –me contestó–. Sé que te portarás como un hombre. Dormí bien esa noche y las otras. El miércoles le dije a mi madre que iba a ver en el centro una vista nueva de cowboys. Me puse lo mejor que tenía y me fui a la calle Moreno. El viaje en el Lacroze fue largo. En el Departamento de Policía me hicieron esperar, pero al fin uno de los empleados, un tal Eald o Alt, me recibió. Le dije que venía a tratar con él un asunto confidencial. Me respondió que hablara sin miedo. Le revelé lo que Ferrari andaba tramando. No dejó de admirarme que ese nombre le fuera desconocido; otra cosa fue cuando le hablé de don Eliseo. –¡Ah! –me dijo–. Ése fue de la barra del Oriental. Hizo llamar a otro oficial, que era de mi sección, y los dos conversaron. Uno me preguntó, no sin sorna: –¿Vos venís con esta denuncia porque te crees un buen ciudadano? Sentí que no me entendería y le contesté: –Sí, señor. Soy un buen argentino. Me dijeron que cumpliera con la misión que me había encargado mi jefe, pero que no silbara cuando viera venir a los agentes. Al despedirme, uno de los dos me advirtió: –Andá con cuidado. Vos sabés lo que les espera a los batintines. Los funcionarios de policía gozan con el lunfardo, como los chicos de cuarto grado. Le respondí: –Ojalá me maten. Es lo mejor que puede pasarme. Desde la madrugada del viernes, sentí el alivio de estar en el día definitivo y el remordimiento de no sentir remordimiento alguno. Las horas se me hicieron muy largas. Apenas probé la comida. A las diez de la noche fuimos juntándonos a una cuadra escasa de la tejeduría. Uno de los nuestros falló; don Eliseo dijo que nunca falta un flojo. Pensé que luego le echarían la culpa de todo. Estaba por llover. Yo temí que alguien se quedara conmigo, pero me dejaron solo en una de las puertas del fondo. Al rato aparecieron los vigilantes y un oficial. Vinieron caminando; para no llamar la atención habían dejado los caballos en un terreno. Ferrari había forzado la puerta y pudieron entrar sin hacer ruido. Me aturdieron cuatro descargas. Yo pensé que adentro, en la oscuridad, estaban matándose. En eso vi salir a la policía con los muchachos esposados. Después salieron dos agentes, con Francisco Ferrari y don Eliseo Amaro a la rastra. Los habían ardido a balazos. En el sumario se declaró que habían resistido la orden de arresto y que fueron los primeros en hacer fuego. Yo sabía que era mentira, porque no los vi nunca con revólver. La policía aprovechó la ocasión para cobrarse una vieja deuda. Días después, me dijeron que Ferrari trató de huir, pero que un balazo bastó. Los diarios, por supuesto, lo convirtieron en el héroe que acaso nunca fue y que yo había soñado. A mí me arrearon con los otros y al poco tiempo me soltaron. Recomiendo, corto y excelente link: https://www.youtube.com/watch?v=5Y8T2nzLdfU

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Cual es tu dios...
Ciencia EducacionporAnónimo2/21/2016

ALEGATO DE UN INCA ANTE DIOS Carta de un INCA al "DIOS" Judeo- Cristiano. Advertencia, puede cuestionar muchas de tus creencias impuestas en el pensamiento Eurocentrista. ¿Acaso no sabías que existía este continente? ¿Por qué la Biblia no lo nombra? ¿O acaso tu mano omnipotente sólo se encargó de crear Europa y parte de Oriente? Qué eres un gran creador eso no lo niego, porque fue tu inspiración la que creó al hombre blanco que primero nos esclavizó, después nos robó y violó y finalmente nos aniquiló. Siempre creímos que lo peor que habían traído los españoles en las carabelas había sido la pólvora y las enfermedades, pero nos equivocamos... ¡fuiste tú! ¿Por qué no te quedaste allá? ¡Por qué no te devoraron los tiburones en el océano! ¿Dime cuáles de los mandamientos estábamos transgrediendo? ¿No robar? ¿No matar? ¿No mentir? Ya sé cuál debe ser, no levantar imágenes de piedra de falsos ídolos, pero si esa fue la razón por la cual nos trituraron en tu nombre, déjame decirte que nosotros siempre adoramos cosas que supuestamente tú habías creado, como el Sol, la Luna, el Mar. El único de piedra eres tú. Solamente alguien de piedra puede quedarse mirando mientras se tortura y se arrasa con millones. Además, nuestros dioses jamás nos pidieron ofrendas monetarias ni un diezmo del sueldo. ¿Cómo puede ser que un Dios que dice que es amor pueda avalar la existencia del dinero, principal motivo de la sangre que corre en la tierra? Ahora entiendo por qué permitiste que nos exterminen en tu nombre. Te molestaba que existan seres de un color que tú no habías creado, en un continente que tú no habías creado y que hayan desarrollado una civilización tan hermosa, tan justa, tan organizada y tan superior a la del hombre blanco y rubio que tú hiciste a tu semejanza. ¿Es Jesús tu manera de pedirnos perdón, rey de reyes? En nuestra gente desde que llegó tu doctrina a nuestras tierras hay millones que murieron de hambre, humillados y ahogándose en una mina, aplastados totalmente y en todo sentido. Tu Jesús sufrió el látigo algunas horas, nosotros lo estamos sufriendo hace más de cinco siglos. Con la diferencia que a tu Jesús lo tienes sentado a la derecha de tu trono (que seguramente habrás remodelado con el oro que nos robaron), y en cambio al inca lo mandaste al infierno, porque crucificado y todo, te escupió en la cara. La mayoría de las personas piensa que los ‪españoles‬ llegaron para enseñarles a los indígenas cultura, arquitectura, tradiciones, música, arte, etcétera, pero, ¿qué de cierto tiene todo esto? A continuación lo veremos: * HIGIENE. Si los aztecas hubiesen conquista España y no al revés, les hubieran enseñado a los españoles, a bañarse DOS VECES AL DÍA, y no una vez a la semana. * MEDICINA. La herbolaria azteca en esa época era la más avanzada del mundo, los “salvajes” indígenas tenían su escuela de medicina, donde existían distintas ramas: Medicina interna (Tlamatepatli), cirujano (texoxotla), hematólogo (tezoc-tezoani), etcétera, sabían las causas de las enfermedades, epidemias y cómo curarlas, sabían usar supositorios, pomadas, polvos, buches y ventosas. *ARQUITECTURA. Siguen en pie cientos de ejemplos de urbanismo, ingeniería, y arquitectura en toda América, llámese Teotihuacan, Tula, Xochicalco, Tenayuca, etcétera, todas ellas tienen una complejidad mayor que las pirámides de Egipto, y aún con todo esto, los españoles consideraban que fueron hechas por “salvajes”. *ASTRONOMÍA Y MATEMÁTICAS. Los mayas fueron los que aportaron al mundo de las matemáticas el número “cero”, aunado al calendario más exacto que el Europeo, los mayas tenían una adelantadísima astronomía, con respecto a los invasores del oriente. *AGRICULTURA. La agricultura de los indígenas había logrado cultivar miles de hectáreas con un sistema único en el mundo antiguo, las “chinampas” o agricultura en el agua con islas artificiales, verdaderos jardines flotantes. *ARTE. Los trabajos indígenas en tela, barro o los distintos metales, madera, plumas, dejaron mudos a los europeos por su perfección y belleza, en América, se fabricaba papel siglos antes de la conquista, utilizando la corteza del árbol, y en ese papel se hacían libros y los famosos “códices.” *MÚSICA. Los españoles tampoco entendieron la importancia que tenía la música; los indígenas elaboraban poemas y cantos al amor y la amistad, así como la convivencia con la naturaleza. *ECONOMÍA Y COMERCIO. Ninguna civilización había desarrollado tanto el comercio como los Incas y los Aztecas, su mercado llegaba hasta Nicaragua, y tenían una economía autosuficiente y organizada, cuando en España no sabían lo que era el drenaje.

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El tiempo no existe
Ciencia EducacionporAnónimo1/15/2016

No hay suficiente tiempo, para entender al tiempo Hoy queria compartir con ustedes este nuevo paradigma, el cual cambia completamente nuestra forma de enteder la fisica y traeria alteraciones en la concepcion de muchas formulas fisicas. Ferenc Krausz del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica Garching, Alemania, ha cronometrado los intervalos de tiempo más cortos jamás observados. Krausz usó pulsos láser ultravioleta para rastrear los irracionalmente breves saltos cuánticos de los electrones dentro de los átomos. Los eventos que investigó tardaron unos 100 attosegundos, o 100 trillonésimas de segundo. Para verlo con un poco de perspectiva, 100 attosegundos es a un segundo lo que un segundo a 300 millones de años. Pero incluso los trabajos de Krausz están lejos de la frontera del tiempo. Hay un dominio temporal llamado escala de Planck, donde incluso los attosegundos parecen eones. Esto marca el límite de la física conocida, una región donde las distancias e intervalos son tan cortos que los mismos conceptos de espacio y tiempo comienzan a colapsar. El tiempo de Planck __ la unidad más pequeña de tiempo que tiene sentido a nivel físico __ es 10-43 segundos, menos de una billonésima de billonésima de un attosegundo. ¿Más allá qué hay? El tiempo desconocido. Los esfuerzos por comprender el tiempo por debajo de la escala de Planck han llevado coyunturas extremadamente extrañas de la física. El problema, resumiendo, es que el tiempo puede no existir al nivel más fundamental de la realidad física. Si esto es así, entonces, ¿qué es el tiempo? ¿Y por qué es tan obvia y tiránicamente omnipresente en nuestra propia experiencia? “El significado del tiempo se ha convertido en un algo terriblemente problemático en la física contemporánea”, dice Simon Saunders, filósofo de la física en la Universidad de Oxford. El problema con el tiempo comenzó hace un siglo, cuando las Teorías de la Relatividad Especial y General de Einstein derrumbaron la idea del tiempo como una constante universal. Una consecuencia es que pasado, presente y futuro no son absolutos. Las Teorías de Einstein también abrieron una grieta en la física debido a que las reglas de la relatividad general (que describen la gravedad y la estructura a gran escala del cosmos) parecen incompatibles con las de la física cuántica (que gobierna el dominio de lo diminuto). Unas cuatro décadas más tarde, el renombrado físico John Wheeler, entonces en Princeton, y el posteriormente Bryce DeWitt, entonces en la Universidad de Carolina del Norte, desarrollaron una extraordinaria ecuación que proporciona un posible marco de trabajo para unificar la relatividad y la mecánica cuántica. Pero la ecuación de Wheeler-DeWitt siempre ha sido controvertida, en parte debido a que añade otro, si cabe, giro aún más desconcertante a nuestra comprensión del tiempo. “Uno se encuentra con que el tiempo simplemente desaparece en la ecuación de Wheeler-DeWitt”, dice Carlo Rovelli, físico de la Universidad del Mediterráneo en Marsella, Francia. “Es un tema que ha desconcertado a muchos teóricos. Puede que la mejor forma de pensar en la realidad cuántica sea abandonando la noción de tiempo __ que la descripción fundamental del universo debe ser atemporal”.Nadie ha tenido éxito en el uso de la ecuación de Wheeler-DeWitt para integrar la teoría cuántica con la relatividad general. No obstante, una minoría considerable de físicos, Rovelli inclusive, creen que alguna fusión exitosa de las dos grandes piezas maestras de la física del siglo XX inevitablemente describirán un universo en el que, finalmente, no hay tiempo. La posibilidad que puede no existir el tiempo es conocida entre los físicos como “el problema del tiempo”. Puede ser el mayor, pero está lejos de ser el único acertijo temporal. El aspirante para la segunda plaza es este extraño hecho: Las leyes de la física no explican por qué el tiempo siempre apunta hacia el futuro. Todas las leyes __ ya sean las de Newton, Einstein, o las estrafalarias reglas cuánticas __ funcionarían igual de bien si el tiempo corriese hacia atrás. Hasta donde podemos decir, si bien, el tiempo en un proceso de único sentido; nunca se invierte, incluso aunque ninguna ley se lo impide. “Es bastante misterioso por qué tenemos una flecha del tiempo tan obvia”, dice Seth Lloyd, ingeniero de mecánica cuántica en el MIT. “La explicación habitual de ésto es que para especificar lo que sucede a un sistema, no sólo tienes que especificar las leyes físicas, sino también alguna condición inicial o final”. La madre de todas las condiciones iniciales, dice Lloyd, fue el Big Bang. Los físicos creen que el universo comenzó como una extremadamente compacta y simple bola de energía. Aunque las leyes de la física mismas no proporcionan una flecha del tiempo, la expansión actual del universo sí lo hace. Dado que el universo se expande, se hace más complejo y desordenado. El desorden creciente __ lo que los físicos llaman un aumento de la entropía __ está dirigido por la expansión del universo, lo cual puede ser el origen de lo que pensamos que es el incesante avance del tiempo. El tiempo, desde este punto de vista, no es algo que exista fuera del universo. No hay un reloj haciendo tic-tac fuera del cosmos. La mayoría de nosotros tendemos a pensar en el tiempo de la forma que lo hizo Newton: “El tiempo absoluto, verdadero y matemático, por sí mismo y por su propia naturaleza, fluye de igual forma, sin importar nada externo”. Pero como demostró Einstein, el tiempo es parte del tejido del universo. Contrariamente a lo que creía Newton, nuestros relojes comunes no miden algo independiente al universo. De hecho, dice Lloyd, los relojes no miden el tiempo en absoluto. “Recientemente fui al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología en Boulder”, dice Lloyd. (NIST es el laboratorio del gobierno que alberga el reloj atómico que estandariza la hora para la nación). “Dije algo como, ‘Vuestros relojes miden el tiempo con mucha precisión’. Ellos me dijeron, ‘Nuestros relojes no miden tiempo’. Pensé: Guau, eso es algo muy humilde por parte de estos chicos. Pero dijeron, ‘No hay ningún tiempo definido que nuestros relojes puedan medir’. Lo cual es cierto. Ellos definen los estándares del tiempo para el mundo: El tiempo está definido por el número de tics de sus relojes”. Rovelli, el defensor de un universo sin tiempo, dice que los guardianes del tiempo de NIST tienen razón. Además, su punto de vista es muy consistente con la ecuación de Wheeler-DeWitt. “En realidad nunca podemos ver el tiempo”, dice. “Sólo vemos relojes. Si dices que este objeto se mueve, lo que en realidad significa es que este objeto estaba aquí cuando la manecilla de tu reloj estaba aquí, etcétera. Decimos que medimos el tiempo con relojes, pero sólo vemos las manecillas de los relojes, no el tiempo en sí mismo. Y las manecillas de un reloj son una variable física como cualquier otra. Por lo que en cierto sentido hacemos trampa debido a que lo que realmente observamos son variables físicas como una función de otra variable física, pero que representamos como si todo evolucionara con el tiempo. “Lo que pasa con la ecuación de Wheeler-DeWitt es que tenemos que dejar de jugar a ésto. En lugar de introducir estas variables ficticias __ el tiempo, que en sí mismo no es observable __ deberíamos simplemente describir cómo se relacionan las variables entre sí. La pregunta es, ¿el tiempo es una propiedad de la realidad o sólo una apariencia macroscópica de las cosas? Yo diría que es sólo un efecto macroscópico. Es algo que surge sólo para las cosas grandes”. Por “cosas grandes”, Rovelli indica cualquier cosa que exista muy por encima de la misteriosa escala de Planck. Dado que por ahora no hay una teoría física que describa completamente cómo es el universo por debajo de la escala de Planck. Una posibilidad es que si los físicos consiguen alguna vez una teoría unificada de la cuántica y la relatividad general, el espacio y el tiempo se describirán mediante alguna versión modificada de la mecánica cuántica. En tal teoría, el espacio no sería suave y continuo. En lugar de eso, constaría de fragmentos discretos __ quanta, en el argot de la física __ así como la luz está compuesta de haces de energía individuales llamados fotones. Estos serían los ladrillos fundamentales del espacio y el tiempo. No es fácil imaginar que el espacio y el tiempo estén hechos de algo. ¿Dónde existirían los componentes del espacio y tiempo, sino en el espacio y el tiempo? Como explica Rovelli, en la mecánica cuántica todas las partículas de materia y energía pueden describirse como ondas. Y las ondas tienen una propiedad inusual: Un número infinito de ellas pueden existir en la misma localización. Si se demuestra algún día que el espacio y el tiempo constan de quanta, los quanta podrían existir apilados en un único punto sin dimensión. “El espacio y el tiempo en cierto sentido se funden en este escenario”, dice Rovelli. “No habrá más espacio. Sólo puntos tipos de quanta viviendo unos sobre otros sin verse inmersos en el espacio”. Rovelli ha estado trabajando con uno de los matemáticos más importantes del mundo, Alain Connes de la Facultad de Francia en París, sobre esta idea. Juntos han desarrollado un marco de trabajo para demostrar cómo lo que experimentamos como tiempo podría surgir a partir de una realidad más fundamental sin tiempo. Como la describe Rovelli, “El tiempo puede ser un concepto aproximado que surge a grandes escalas __ un poco como el concepto de “superficie del agua”, que tiene sentido a nivel macroscópico pero que pierde un sentido preciso al nivel de los átomos”. Dándose cuenta que esta explicación puede hacer más profundo el misterio del tiempo, Rovelli dice que gran parte del conocimiento que tomamos como bueno fue considerado una vez como igualmente perplejo. “Me doy cuenta que esta descripción no es intuitiva. Pero de ésto es de lo que trata la física fundamental: encontrar nuevas formas de pensamiento sobre el mundo, proponerlas y ver si funcionan. Creo que cuando Galileo dijo que la Tierra giraba alocadamente, era algo completamente incomprensible de la misma forma. El espacio para Copérnico no era el mismo espacio que para Newton, y el de Newton no era el mismo que el de Einstein. Siempre aprendemos un poco más”.Einstein, por ejemplo, encontró consuelo en su sentido revolucionario del tiempo. En marzo de 1955, cuando su amigo de toda la vida Michele Besso falleció, escribió una carta de consuelo a la familia de Besso: “Ahora él ha partido de este extraño mundo un poco antes que yo. Esto no significa nada. La gente como nosotros, que creen en la física, saben que la distinción entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente”.

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