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Usuario (Argentina)
Este verano de 1997, la llegada al planeta Marte de dos sondas exploradoras, la Pathfinder-con su carrito explorador llamado Sojurner (transeúnte)- y el vehículo orbital denominado Surveyor (topógrafo), ha revivido en algunos medios de comunicación amarillistas e irresponsables la leyenda de que en algún lugar de la superficie de ese planeta se puede observar la enorme escultura de un rostro humano que ve hacia el firmamento y varias estructuras, supuestamente artificiales, que configuran lo que, según algunos vivales, es una antiquísima y ciclópea ciudad abandonada desde hace millones de años por una civilización desaparecida, información que por cierto DiPietro es ocultada por la NASA y el gobierno estadounidense por razones ignotas. Este mito surgió a partir de julio de 1976, cuando la sonda estadounidense no tripulada Viking tomó cerca de 60 mil fotografías de la superficie marciana, una de las cuales llamó la atención de dos empleados del centro de vuelo espacial ubicado en Greenbelt, Maryland, Vincent Di Pietro, ingeniero electricista, y Gregory Molenaar, técnico en computación. En la foto se apreciaba una formación rocosa de más o menos 1.6 kilómetros de diámetro que, al ser iluminada en el momento en que se tomó la imagen, daba la impresión de ser la mitad de un rostro humano. Esos dos empleados decidieron vender la fotografía al periódico sensacionalista National Enquirer, que divulgó con gran escándalo la versión de que la roca representaba la cara de un ser humano y que, junto con otras formaciones Molenaar geológicas vecinas, parecían vestigios de una avanzada cultura. Acerca de esta leyenda se han escrito varios libros igualmente sensacionalistas e infundados. Uno de ellos es Los monumentos de Marte, de Richard Hoagland, y el otro La esfinge de Marte de Brian Crowey y James J. Hurtak, colaborador habitual de las revistas sobre ovnis. Resulta interesante conocer la opinión sobre este asunto del doctor Conway Snyder, encargado directo del proyecto científico de la misión Viking que tomó las fotografías, quien dirigió una carta a Alan Feinstein, un consultor de inversiones que se ha dedicado a promover mundialmente el negocio de la comercialización del “rostro” marciano. A propósito del informe publicado por Feinstein, Snyder señala: “No ha habido revisión especial alguna de la fotografía, porque ningún experto sobre Marte le asigna la menor importancia y ningún científico de los que estudian ese planeta la considera digna de comentario. Dos empleados del centro especial Hoagland de Greenbelt, sin experiencia en geología marciana o en fotointerpretación, decidieron que podían hacerse publicidad con ella… La idea fue recogida por el National Enquirer, que se especializa en historias sensacionalistas y científicamente falsas… Usted debería avergonzarse de verse asociado con tal empresa. Al publicar esta tontería ha perdido usted la confianza de todas las personas educadas”. En dicha carta el doctor Snyder afirma también: “Es falso que el promontorio sea un monumento con un rostro humano. Simplemente, sugiere una cara. Millones de personas todos los días creen ver figuras de animales en las Hurtak nubes, pero en realidad no hay animal gigante alguno en el cielo. El objeto de Marte ni siquiera parece totalmente un rostro; sin embargo, el sentido de correlación de nuestro cerebro llena los detalles faltantes para provocar esa ilusión. Es también falso que a seis millas se encuentren varios edificios de cinco lados… No son edificios, sino formaciones naturales de roca erosionada por el viento, muy conocidas por los geólogos especializados en el paisaje desértico. No hay hasta el momento la menor evidencia concreta y creíble de que existan seres inteligentes fuera de la Tierra… Usted debe a sus lectores una retractación y una disculpa, a menos que quiera sufrir una severa pérdida de credibilidad”. Snyder resulta ingenuo al hacer semejante llamado a personas que desde luego propalan estas patrañas con objeto de beneficiarse económicamente de la sed de prodigios que afecta al público. Existen en la Tierra muchas forma Caritafeliz1 ciones rocosas que semejan rostros, objetos, animales o apariciones de toda la corte celestial, lo extraño hubiera sido que entre las miles de fotografías enviadas por el Viking no hubiese una que incluyera alguna formación rocosa con cierto parecido a determinado objeto familiar. De hecho, la revisión de otras fotografías revela similitudes curiosas, pues en una de ellas se cree ver a la Rana René, del programa televisivo de los Muppets, y en otra, una carita sonriente como las que estuvieron de moda hace algunos lustros. En su libro, Hurtak especula sobre la trascendencia de las supuestas pirámides de la planicie Elísea de Marte, e intenta encontrar similitudes con las construidas en la Tierra por seres humanos. Pero hay una diferencia de fondo, las supuestas pirámides marcianas tienen base triangular, como Rene corresponde a la estructura geológica natural que les dio lugar, y son el vértice de una formación cúbica que se eleva sobre el terreno circundante. Ninguno de los que proponen el origen artificial del supuesto rostro marciano se ha puesto a pensar que, necesariamente, el mismo tuvo que formarse hace millones de años, antes de que evolucionara el ser humano caucásico en la Tierra, por lo que no existía el modelo de rostros humanos para esculpir una montaña en Marte que, además, nadie observaría durante varias eras geológicas. Pero eso no les preocupa, su único afán es sacar dinero a la gente crédula.
ZOMBIS ¿MUERTOS VIVIENTES O DROGADOS PERMANENTES? Por siglos ha pervivido la leyenda de los zombis o muertos vivientes, y hace apenas unos años se contabilizaron más de un centenar de hechiceros creadores de zombis en Nueva York. ¿Realmente existen, o son una especie de autómatas movidos por poderosísimas drogas? He aquí la respuesta. A principios del siglo XIX, Moreau de Saint-Mery escribió la primera monografía del vudú y en ella adoptó la ortografía Vandoux y propuso una teoría para explicar el origen de esta secta. Según él, la palabra vudú se deriva del nombre de un hereje: Valdesius. Los seguidores de Valdesius, los valdenses, adquirieron tal poderío en la Edad media que llegaron a convertirse en un fuerte dolor de cabeza para la iglesia romana. Su nombre se convirtió en sinónimo de brujería, y a la esencia fundamental de la hechicería se le nombró Vaudoisie. Sin embargo, la hipótesis de Moreau no era correcta. Investigaciones posteriores determinaron que el nombre del culto, así como el culto mismo, son de origen africano. El Vudú procede del reino de Dahomey, África, de donde partieron numerosas caravanas de esclavos rumbo a América. Según Robert W. Pelton, el culto y las concepciones religiosas de estos africanos tuvieron un mayor arraigo en la isla de Haití. lfred Métraux, antropólogo que vivió varios años en Haití estudiando el fenómeno, asienta en su obra Vudú, que la traducción más exacta de la palabra es “Ser todopoderoso y sobrenatural”. PROLIFERACIÓN DE UN RITO Aunque las creencias y prácticas mágicas del vudú se hallan sobre todo concentradas en la isla de Haití, se difundieron también en los Estados Unidos, Francia y Canadá. Esto se debió a diversos factores, entre los que se encuentran, la cercanía geográfica, el idioma y el comercio de esclavos. El primer centro vudú de los Estados Unidos se fundó en el siglo XVIII, en Louisiana. El rito se extendió a Georgia y Carolina del Sur, y luego a Norte, a los ghettos y barrios humildes de las grandes ciudades industriales. En 1978 Hugh J. B. Cassidy, jefe de policía del Distrito 77 de Nueva York, calculaba que en Brooklyn, en la zona Bedford-Stuyvesant, había 30 Houmfors (templos) secretos, y ejercían no menos de cien Houngans y Mambos (sacerdotes y sacerdotisas). Estudios recientes revelan que, sólo en Haití, hay más de tres millones y medio de seguidores del vudú. Este arraigo a la religión vudú por parte del pueblo haitiano no pasó inadvertido para el difunto dictador Francois Duvalier, alias “Papa Doc”. Numerosos artículos periodísticos afirmaban que Duvalier recurrió a la cara oscura del vudú para mantener el dominio sobre ciertos estratos de la sociedad haitiana. Los creyentes del vudú lo consideraban como el Supremo Houngan, y él utilizaba hábilmente este hecho y la ignorancia de sus “súbditos”. Poseía una siniestra policía secreta: tipos salvajes, enmascarados por las gafas oscuras que jamás se quitaban en público, lo cual les daba un aspecto más sombrío. Eran los Tonton Macoutes, que algunos consideraban como magos, y otros como zombis. ¿QUÉ O QUIÉNES SON? De acuerdo con la tradición haitiana, los zombis son aquellas desafortunadas criaturas que han sido regresadas de la muerte por brujos diabólicos, llamados Bocors, y mantenidos como esclavos. Los zombis son explotados por sus dueños y se reconocen por sus ojos vidriosos, su voz nasal y su aire ausente. “Un zombi permanece en la misteriosa zona entre la vida y la muerte –dice Métraux-. Se mueven, comen, oyen a los que les hablan, y aún hablan, pero no tienen memoria y conocimiento de su condición”. Para salvarlos de su destino, los supersticiosos ancianos creen que se les debe “matar” nuevamente, cortándoles la garganta. Se dice que los zombis son seres tranquilos mientras no comen sal; si llegan a probarla reparan en su condición de esclavos y su ira es incontenible. Matan a su dueño y destruyen sus pertenencias; luego regresan a su tumba. El escritor americano William H. Seabrook describe así su encuentro con un zombi durante su visita a Haití en 1923: “Los ojos eran lo peor. No se trataba de mi imaginación. Eran verdaderamente los ojos de un muerto, no unos ojos ciegos , sino abiertos, que miraban hacia un punto indeterminado, sin ver. Toda la cara era algo horrible. Era hueca, como si nada tuviera por detrás. No sólo parecía inexpresiva, sino también incapaz de la menor expresión. En ocasiones previas ya había visto en Haití un montón de cosas fuera de la experiencia normal y en ese instante nauseabundo, casi de pánico, pensé, o mejor sentí: ‘¡Cielo santo!, tal vez estas cosas sean ciertas…’” La historia más conocida de Seabrook es aquella que dice que ocurrió en el verano de 1918. Aquel verano había sido uno de los mejores para el campo. Se rompieron todos los records de producción de azúcar. Las fincas necesitaban de mano de obra para poder recoger la cosecha. Una de las plantaciones, pertenecientes a la Haitian-American Sugar Corporation (HASCO), recibió la visita de un grupo de hombres aparentemente desnutridos dirigidos por un capataz llamado Ti Joseph. Dijo que venían de un lugar cercano a la frontera con República Dominicana, un pueblo aislado. Sus muchachos nunca habían salido fuera del pueblo, por lo que se encontraban un tanto nerviosos y deseaban trabajar lejos de los demás campesinos. Se ponía sus servicios a la disposición de los dueños de la finca. Como el trabajo era mucho y los brazos eran pocos. Los dueños de la plantación aceptaron contratar a los trabajadores. No se arrepintieron. La cuadrilla de Ti Joseph fue la que cosechó la mayor cantidad de caña, sin que se les notara el cansancio. Al final del día se retiraron a sus cabañas a comer y a descansar. La misma rutina la seguirían hasta el domingo. Ese día, Ti Joseph cobró por el trabajo y se dirigió a los bares de la ciudad de Port-au-Prince. Una de las mujeres de los capataces se dio cuenta que los demás trabajadores se habían quedado en la cabaña. Le pareció que eso no era justo y fue para invitarlos al festival de la iglesia. Al llegar a la feria les dio a cada uno de ellos una bolsa con donas y otra con cacahuates. Cuando comenzaron a comer los cacahuates salados sufrieron una transformación extraordinaria. Comenzaron a llorar y a gritar jalándose el cabello. Pronto corrieron en diversas direcciones. Días más tarde llegaron a sus casas y fueron reconocidos por sus parientes. Todos habían muerto meses atrás y habían sido enterrados. Todas estas historias son interesantes como cuentos de terror, pero, ¿existen o no los zombis? Las opiniones están divididas. Los que no reconocen su existencia, sostienen que en la isla, sobre todo en el interior de Haití, hay retrasados mentales, seres que no hablan, o que temen a la gente. A esos, los campesinos los llaman zombis. En cada anormal, en cada loco, en cada ser solitario, los campesinos y supersticiosos ven a un zombi. Otros se preguntan qué puede ganarse si se convierte en zombis a los muertos. ¿Ahorrarse el salario que tendría que pagar a un vivo? Aunque los jornales son bajos en ese país, ese ahorro representan una verdadera diferencia económica. En cierto sentido tienen razón los escépticos: la imaginación popular es tan grande que convierte a los locos y retrasados mentales en zombis. Sin embargo, para quienes sí creen en ellos, éstos forman parte de la realidad de los poderes de los brujos vudú. No obstante, es probable que muchos de los relatos de supuestos zombis puedan ser originados por observaciones de retrasados mentales ocultos por sus familias. Tal vez, por pena, los declaran muertos mientras los ocultan de la sociedad. Algún descuido hace que escapen, muchos años después, y son identificados como “muertos vivientes”. Así ocurrió en un caso que relata Alfred Metraux. Le presentaron una zombi, pero al día siguiente fue identificada como una joven retrasada mental que se había fugado de su casa, donde sus padres, por lo general, la tenían encerrada bajo llave. Lo mimo pensaba Seabrook. Su conclusión, luego de meses de estudio, era que los zombis que había visto sólo eran “pobres seres mentalmente débiles, idiotas, forzados a trabajar en el campo”. Metraux cuenta historias similares a las de Seabrook. Una de ellas dice que una joven que rechazó las proposiciones de un bocor fue amenazada por el brujo. La joven, como era de esperar, enfermó y murió. Por alguna razón que se desconoce, la enterraron en un ataúd muy pequeño, por lo que tuvo que ser doblada del cuello. Al ejercer fuerza para meter el cuerpo en el ataúd, una de las velas cayó dentro y le quemó el pie. Años más tarde la gente aseguró haber visto a la muchacha. Era perfectamente reconocible por su encorvamiento y por el pie quemado. Se dijo que el bocor la había convertido en zombi y la tenía en calidad de amante y criada. El antropólogo británico Francis Huxley relata una historia que a su vez le contó un cura católico. En 1959 se encontró un zombi vagando por el pueblo. Entre varios ciudadanos lo llevaron a la comisaría, pero la policía estaba tan aterrada que decidieron ponerlo en la calle nuevamente. Alguien sugirió darle agua con sal. El zombi pudo, al fin, decir su nombre. Buscaron a su tía, que vivía cerca de la comisaría. La mujer lo identificó plenamente y dijo que había sido enterrado cuatro años atrás. El zombi reveló el nombre del brujo que lo había mantenido cautivo y dijo que había más como él en la plantación. Se trataba de un bocor muy poderoso. La policía se limitó a enviar una nota ofreciéndole la devolución de su zombi. Dos días más tarde encontraron al zombi. Esta vez definitivamente muerto. Al fin se decidió ir por el brujo, pero no lo encontraron, ni a su mujer, ni al resto de los zombis. Otra historia más. Un hombre rico se detuvo muy cerca de un almacén debido a una ponchadura de llanta. Pasó un anciano y le invitó un café mientras esperaban a un amigo para que les ayudara a cambiar el neumático. Mientras tomaban café, el viejo le dijo que era un bocor. Su invitado mostró de manera educada su escepticismo. Ante esto el brujo le miró inquisitivamente y le preguntó si había conocido al señor Célestin, que había muerto seis meses antes. El hombre rico dijo que casualmente eran amigos entrañables. “¿Le gustaría verle?” murmuró el brujo. Entre asombrado y curioso, el invitado asintió levemente con la cabeza. El anciano restalló su látigo seis veces y se abrió una puerta. Con pasos torpes, mirada perdida y en actitud sumisa entró Célestin. El hombre rico le adelantó su taza de café, pero el brujo se interpuso. Le explicó que era muy peligroso dar a una persona muerta algo en la propia mano. Ordenó que se retirara el zombi y luego le explicó que otro brujo se lo había vendido por 12 dólares. PARA FABRICAR UN ZOMBI Los que creen en ellos han elaborado inclusive interpretaciones acerca de su creación. Según ellos, muchas personas ávidas de riqueza, honores, salud o éxito, solicitan un favor de un brujo bocor. Este puede exigirles a cambio su espíritu. Si el creyente acepta las reglas establecidas por el bocor, el mago comienza su trabajo. Pasa el tiempo, y una noche el brujo llega hasta la cabaña de su “cliente”. Viene montado en su jumento, pero dando la cara ala grupa. Desciende, arrima su boca a cualquier grieta y aspira el alma del desgraciado, encerrándola en un cobi (una botella con tapón de rosca). El infortunado cae en una especie de trance y no tarda en fallecer. Al día siguiente sus parientes lo encuentran muerto y, luego de velarlo, lo entierran. Después, el hechicero acude al cementerio e invoca a los Loas o dioses principales, mayormente al Barón Samedi (el demonio) y lanza un grito de exhorto al cadáver. Hace que sus ayudantes lo desentierren. Pronuncia el nombre de la víctima y, puesto que el brujo tiene su alma, la persona muerta tiene que levantar la cabeza en señal de respuesta. Al hacerlo, el bocor pasa momentáneamente por debajo de la nariz la botella con su alma. El muerto se reanima. Rápidamente los ayudantes le amarran las muñecas. Lo suben sobre el asno y el brujo se lo lleva en ancas hasta su choza, mientras sus ayudantes se quedan a cerrar cuidadosamente la tumba. El brujo debe pasar por la casa de su víctima para asegurarse que éste nunca más reconozca el camino. Al llegar a su destino, el bocor le da una droga para revivirlo. Al volver a la vida, el “muerto” da sus primeros vacilantes pasos como si fuera un robot. El zombi comerá, hablará, escuchará, caminará y verá, pero carecerá de recuerdos y no tendrá conciencia de su estado. Otros compran a los brujos un baka (literalmente “punto caliente”), loa maligno o alma zombi que se compromete, bajo ciertas reglas y condiciones que establece el bocor, a servir a quien lo adquiere. Por lo regular las condiciones del baka consisten en exigir a su dueño constantes víctimas humanas para saciar su apetito, de preferencia los parientes o amigos del comprador. Finalmente, después de cierto número de años, establecido en el contrato, el bocor se apodera del alma del comprador y lo convierte en zombi para seguir el mismo proceso. La palabra baka también designa a los espíritus malignos que merodean por los bosques y poblados bajo la apariencia de diversos animales y monstruos desconocidos. Los haitianos adoptan diversas precauciones para no ser convertidos en zombis. Los que tienen recursos entierran a su muertos bajo una sólida obra de albañilería. Otro lo hacen en u patio trasero o cerca de un camino muy transitado. La mayoría montan guardia continua en el cementerio hasta estar seguros de que el cuerpo se ha descompuesto. Los más drásticos “matan” de nuevo al cadáver. Hay quien coloca un puñal en el ataúd para que sea el propio muerto el que se defienda al momento en que llega el bocor. También les llenan la boca con tierra y les cosen los labios para que no puedan responder al brujo cuando les llama por su nombre. ¿REALMENTE MUEREN? En su artículo Voodoo Death, el fisiólogo de la Universidad de Harvard, Walter B. Cannon, describe el proceso por medio del cual un creyente en el vudú puede, si se cree víctima de un hechizo, hacerse morir de miedo a sí mismo. El shock autoinducido, que paraliza la circulación y determina que los órganos vitales dejen de funcionar, faltos de oxígeno, puede ser provocado simplemente, según el doctor Cannon, por el “funesto poder de la imaginación obrando a través de un terror desenfrenado”. En este caso sí se obtiene la muerte, no por los poderes de un muñeco vudú o de un brujo bocor, sino por el mismo poder de la autosugestión. Pero ¿qué ocurre en el caso de los zombis? Ciertos estudios afirman que en realidad el paciente no muere. Es víctima de alguna droga vegetal proporcionada por el brujo, que lo deja en estado de catalepsia, que, como sabemos, hace pensar a los presentes que la víctima ha fallecido. De modo que, para evitar la descomposición del cadáver, los entierros ocurren a las pocas horas del fallecimiento de las personas. Si en realidad no se trata de una muerte real, sino de un estado de catalepsia, esa noche el brujo sacará a la víctima de su tumba. La revivirá usando otras drogas y apelando a ciertas raíces que afectan los centros nerviosos y el cerebro, los dejará sin voluntad. A partir de entonces será como un autómata pero no un zombi (muerto vivo). Adamson, un especialista americano, afirmó haber descubierto un alcaloide extraído de la planta Kingo-liola, que produce unos efectos fisiológicos de muerte aparente. Otros vegetales (principalmente los del género solanácea, como la Branched calalve), provocan un brusco descenso del ritmo cardiaco, temperatura y otras funciones fisiológicas, sin llegar a provocar la muerte, dejando en ese estado cataléptico o de letargo a quien ingiere su pulpa macerada y filtrada. Dice el siquiatra español Jiménez Del Oso: “Podríamos imaginar que la víctima así tratada sufra un deterioro neurofisiológico grave, convirtiéndose en un ser al que puede sometérsele mediante sugestión u otras artimañas”. UNA EXPLICACIÓN: LAS DROGAS Fue el doctor canadiense, de origen haitiano, Emerson Lamarque Douyon quien supuso que el fenómeno de los zombis tenía un fondo de verdad. No se trataba de actos de brujería ni de verdaderos “muertos vivientes”, sino de los efectos de algunas drogas. “Estoy completamente convencido de que lo zombis existen –declaró el doctor Douyon-. Sé que existen porque los he visto con mis propios ojos. Nos estamos enfrentando con individuos de carne y hueso que han caído en un estado de muerte aparente producido por drogas. Se les ha declarado muertos y han sido inhumados. Luego son exhumados y reanimados por hechiceros vudú quienes les administran drogas”. El doctor Douyon ha pasado los últimos 25 años denunciando fraudes parapsicológicos. Pasó una temporada de 18 meses en Haití estudiando el fenómeno zombi y el culto vudú mientras tenía a su cargo la dirección del Centro Psiquiátrico de la Clínica Médica Albert Schweitser de Port-au-Prince. Logró reunir tres zombis en su clínica: dos hombres y una mujer. Encontró rastros de seis drogas vegetales en su sangre. “Esas drogas producen un estado cataléptico con el que su pulso y su presión sanguínea son casi imperceptibles. Sin embargo, permiten la oxigenación del cerebro impidiendo así que se produzcan lesiones mientras son enterrados”. Los futuros zombis, una vez declarados muertos y sepultados públicamente, son exhumados por el hechicero vudú que les suministró la droga. Los brujos logran esclavizar a estas gentes por el resto de sus vidas, manteniéndolos en un estado de idiotez, agregando pequeñas cantidades de la misma droga, como parte de su dieta diaria. Se han dado casos, sin embargo, en que los zombis han logrado escapar del embrujo y volver a su vida normal. Estos casos los veremos más adelante. En un principio Douyon desconocía la naturaleza exacta de la droga, aunque sospechaba que era extraída de algunas flores de la familia de la Datura. Para comprobar su hipótesis, Douyon inyectó una poción de un extracto de esta planta a perros y ratones. Detectó un descenso notorio en sus signos vitales y actividad motora. Los animales pierden su vivacidad y entran a un estado comatoso que dura unas tres o seis horas, dependiendo de la dosis inyectada. Una vez pasado este tiempo, los animales sujetos al experimento se recuperaron totalmente. LOS PRIMEROS INDICIOS Tal vez la primera investigadora que sospechó la verdad en el asunto zombi fue la escritora Zora Neale Hurston. Nacida a finales del siglo XIX en una pequeña aldea negra de Florida. Su padre fue un predicador baptista quien le inculcó la admiración por las raíces africanas de su pueblo. Su interés le condujo a estudiar, bajo la dirección del etnógrafo Franz Boas, los cultos africanos instalados en América y principalmente en Haití. En la década de los treinta viajó a la isla para investigar el culto vudú. Al igual que Seabrook, Zora Neale recopiló varios relatos de zombis. Uno de ellos refiere que una tal Marie, una joven encantadora que pertenecía a la alta sociedad de Haití, murió en 1909. Cinco años después sus antiguas condiscípulas la vieron al lado de la ventana de una casa, en Port-au-Prince. Hubo gran escándalo. El dueño de la casa se negó a que fuera registrado su inmueble. La policía ordenó abrir la sepultura, a regañadientes del padre de Marie. En el interior encontraron un esqueleto demasiado grande para ser el de Marie, incluso casi no cabía en el ataúd. Al lado del esqueleto estaban las ropas con las que había sido enterrada, cuidadosamente dobladas. Entonces se dio una orden de cateo. Pero el propietario ya había desaparecido y no encontraron ni rastro de la muchacha. Se dijo que había sido convertida en zombi por un bocor. Al morir éste, su viuda la había entregado a un cura católico, quien la confió al dueño de la casa. Los miembros de la familia habían sacado a Marie ilegalmente de Haití, vestida de monja. Más tarde su hermano dijo haberla visitado en un convento de Francia. Durante su estancia en Haití ocurrió un hecho sorprendente que marcaría la vida de la etnógrafa. En octubre de 1936 apareció una mujer desnuda caminando por el borde de la carretera en el valle de Artibonite. Decía llamarse Felicia Felix Mentor, natural de Ennery, y se dirigía a la casa de su hermano. Estaba en un estado tan miserable que fue conducida al hospital de Gonaives, en donde uno de sus hermanos la reconoció. De acuerdo con sus declaraciones había “muerto” dos años atrás y había sido enterrada. El certificado de defunción y las declaraciones de su marido, y otros miembros de su familia, confirmaron el relato. Felicia había perdido por completo la facultad de hablar y se escondía cuando alguien se le acercaba. No era capaz de pensar coherentemente La noticia llegó a oídos de la doctora Hurston, quien visitó a la zombi en el hospital de Gonaives. Ahí logró fotografiarla, siendo ésta una de las pocas fotografías que se conocen de zombis. “La mujer ofrecía un espectáculo horrible –escribió Hurston-, su cara estaba lívida, con ojos de muerto; los párpados blancos rodeando los ojos, como si se los hubiesen quemado con ácido. No se le podía decir nada ni oír una palabra de sus labios, sino sólo mirarla, y la visión de aquel desecho era demasiado para soportarlo durante mucho tiempo”. Zora Neale Hurston llegó a intuir la verdad. En su libro Tell my Horse, publicado en 1938, expuso su hipótesis y sus conclusiones extraídas de las pláticas sostenidas con los doctores que atendieron a Felicia: “Hablamos largo rato acerca de las teorías sobre el modo en que una persona llega a ser zombi. Concluimos que no se trataba de un caso de resurrección, sino de una apariencia de muerte inducida por una droga, que muy pocos conocían. Un secreto traído probablemente de África y transmitido de generación en generación. Los hombres conocen el secreto de la droga y del antídoto. Es evidente que destruye la parte del cerebro que rige la palabra y la voluntad. La víctima puede moverse y actuar, pero no formula un pensamiento. Los dos médicos expresaron su deseo de enterarse de ese secreto, pero se dieron cuenta de la imposibilidad de hacerlo. Esas sociedades secretas son realmente secretas”. Hurston estuvo a punto de descubrir que la causante era la Datura stramonium, que los haitianos llaman cocombre zombi, o pepino de los zombis: la flor sagrada de la Estrella Polar. El nombre de esta planta proviene de la palabra dhatureas, que eran bandas de ladrones de la India antigua. En ese país, tanto los asaltantes como las prostitutas utilizaban esta planta para atontar a sus víctimas. El principio activo de la planta actúa tópicamente, y una dosis relativamente pequeña provoca alucinaciones e ilusiones enloquecedoras, seguidas de confusión, desorientación y amnesia. Dosis más elevadas causan el estupor y la muerte. En el siglo XVII, Johann Albert de Mandelslo escribió que las mujeres de la India engañaban a sus maridos con los europeos, drogando a los primeros con datura, “entregándose a las delicias del sexo, incluso en presencia de los maridos, que las miraban con ojos muy abiertos, sumidos en un estupor total”. Decía que cuando un hombre ingiere Datura, se atonta por 24 horas. “Durante ese tiempo está privado del uso de sus sentidos; no puede ver lo que se encuentra frente a él, aún cuando mantenga los ojos abiertos”. La Datura se usó durante muchos años en los ritos mágico-religiosos de Sudamérica. Los sacerdotes de los chibchas suministraban una droga parecida a las esposas y los esclavos de los reyes muertos, antes de enterrarlos vivos con sus difuntos amos. En México se le utilizaba para “embrujar” a los amantes. Es el famoso Toloache. La datura es una de las varias drogas que se utilizan para “fabricar” zombis, pues como veremos, existen otras toxinas involucradas en la poción zombi. G. E. Simpson menciona el encuentro con otro zombi de Ennery. La mujer se llamaba Francina Illeus, a la que apodaban Ti Femme. DOS ZOMBIS EN VIVO Las investigaciones del doctor Douyon estuvieron apoyadas por el doctor Jean Bátiz Romain, director de Investigación y Ciencias Humanas de la Universidad de Haití. Romain, con 60 años (en 1980), había estudiado durante 35 años las prácticas del vudú haitiano. En 1981 mostró al reportero mexicano Fernando Ríos Parra, varias fotografías de zombis, pero rehusó que se publicaran. Estudió, junto con Douyon, a tres zombis, dos de los cuales continuaron siendo atendidos en el centro de investigación de Romain. “El primer caso –relata Romain-, corresponde a Ellen, quien, dos años después de haber fallecido (en 1978), es encontrada por sus familiares, pero ya como una autómata. “Ellen con 30 años de edad, tiene su acta de defunción; sus padres y marido asistieron al funeral y la enterraron. Al volver a la vida, luego de ser desenterrada, se le observó en la frente una marca o perforación que sufrió por uno de los clavos del ataúd, que era suficiente para haberla matado. La identificación de las huellas dactilares y el reconocimiento de sus familiares hacen imposible una suplantación”. Cuando se procedió a exhumar su ataúd, se le encontró lleno de piedras. Clairvius Narcisse es el otro caso. Fue declarado muerto a la una y cuarto de la tarde del 2 de mayo de 1962. La historia de Narcisse es la más importante de todas ya que el hombre fue atendido en el servicio de urgencias del Hospital Albert Schweitser de Deschapelles, en Artibonite, en donde se conserva un registro preciso y digno de fiar. El hombre ingresó el 30 de abril a las 9:45 de la noche, sufriendo intensos dolores en todo el cuerpo y fiebre. Poco tiempo después comenzó a escupir sangre y los médicos que lo atendían no pudieron hacer nada. Narcisse sufrió hipotermia, náuseas e hipotensión, antes de quedar totalmente paralizado y encontrar la “muerte”. Sin embargo, conservó la conciencia hasta en la tumba, según contó después. Sus hermanas, Angelina Narcisse y Marie Claire Narcisse, estamparon su pulgar en el certificado oficial de defunción. El cuerpo pasó al depósito de cadáveres, en donde permaneció por varias horas, hasta que lo llevaron a enterrar. Su funeral fue conocido tanto por sus parientes como por sus amigos. Narcisse fue inhumado el 3 de mayo a las diez de la mañana en el pequeño cementerio situado al Norte de su pueblo, L’Estere. “Durante todo el tiempo estuve consciente, aunque absolutamente inmovilizado. Escuché al médico cuando me declaró muerto y oí a mi hermana llorar. Cuando me metieron al ataúd y lo clavaron, uno de los clavos atravesó mi mejilla derecha, justo al lado de la boca. Pasó el tiempo, tal vez días, cuando escuché que me llamaban por mi nombre, y el suelo se abrió. Había tambores y gente que cantaba. Entre varios hombres me sujetaron y maniataron. Luego me golpearon con un látigo obligándome a caminar en la oscuridad de la noche. Caminamos durante varias jornadas ocultándonos de día, hasta que llegamos a una plantación de azúcar”. En 1980 regresó a su pueblo natal asustando a quienes lo reconocieron. Clairvius se presentó ante su hermana Angelina utilizando el diminutivo con que lo conocía la familia desde su niñez. Narcisse contó que había sido un zombi y había trabajado como esclavo en una plantación de azúcar durante varios años. Dijo que había sido su propio hermano quien había contratado a un bocor, Josef Jean, para convertirlo en zombi a causa de su herencia: Clairvius no quiso ceder su parte y eso selló su destino. Todo sucedió muy rápido: el domingo fue envenenado; el martes tuvo que ir a Gonaives, porque se sentía débil y con náuseas; por la tarde, al ingresar al hospital, tosía y respiraba con dificultad; al día siguiente, al medio día, entró en agonía. La lista de síntomas incluyen: edema pulmonar, trastornos digestivos con vómitos, dificultades respiratorias acentuadas, uremia, hipotermia, pérdida rápida de peso, hipertensión, cianosis y parestesia. Durante dos años permaneció trabajando como esclavo en la plantación de azúcar del propio bocor, en las inmediaciones de Ravine-Trompette, un pueblo situado al Norte cerca de Pilate, y no lejos de Cabo Haitiano. Junto a él trabajaba una docena de zombis que recibían una sola ración de alimentos por día. La alimentación era la misma que comía en su casa, sólo que no contenía sal. Uno de los cautivos, no se sabe por qué razón, dejó de comer durante varios días; luego pareció salir de su letargo y se reveló: tomó un azadón y mató al bocor Al morir el brujo, los zombis se dispersaron. Clairvius no quiso regresar a su pueblo por temor a su hermano y pasó dieciséis años vagando por diferentes zonas; ocho años los pasó en Saint Michel de L’Attalaye. Al enterarse de la muerte de su hermano, finalmente regresó a su pueblo. La noticia dio vuelta al mundo y en 1981 la BBC llegó a Haití para filmar un documental. Ayudados de la familia redactaron una serie de preguntas que sólo el propio Clairvius podría responder. La entrevista se hizo justo sobre la tumba de Narcisse, en donde se puede leer “Ici repose Clairvius Narcisse”. Al llegar al cementerio se detuvo unos minutos, tratando de orientarse, y luego se hizo paso entre las apiladas tumbas hasta llegar a la suya. Ante las cámaras dijo: “Ni siquiera estaba aquí cuando arrojaron tierra sobre el ataúd. Mi cuerpo estaba aquí, desde luego, pero yo flotaba en algún lugar indeterminado. Podía oír todo lo que sucedía. Entonces llegaron. Tenían mi alma en su poder. Me llamaron y la enviaron a través del suelo. Pensaban que yo era un bourreau (verdugo), de modo que, después de pasarse la botella, me ataron los brazos a los costados. Después fui citado a juicio, para ocho días más tarde. Son los amos de la tierra y hacen lo que les place”. Clairvius no fue bien recibido en L’Estère, dijo que al llegar los aldeanos se burlaban de él y que incluso su familia le pidió que se retirara. Su propia hermana le ofreció dinero para que se fuera. Todos le tenían miedo. Pronto se armó gran alboroto y llegó la policía. Tomó a Clairvius bajo su protección y, tratando de evitar una tragedia, lo encerraron en la cárcel para protegerlo. Luego fue trasladado a la misión baptista. Finalmente el doctor Douyon se hizo cargo de él. Natagette Joseph, otra de las zombis tratadas por el doctor Douyon, nació en 1920 y murió en 1966 en una refriega a causa de unas tierras. El cuerpo de la mujer fue llevado a la comisaría en donde el policía a cargo firmó el certificado de defunción, por ausencia del médico. En 1980 fue reconocida mientras vagabundeaba en torno a su pueblo, por el mismo policía que había certificado su muerte. A finales de 1980 los medios de comunicación de Haití informaron del descubrimiento de un grupo de personas que se comportaban como retrasados mentales. Vagaban sin objeto cerca de la costa Norte del país. Rápidamente los campesinos los identificaron como zombis. La policía los capturó y los envió a Cabo Haití, en el destacamento militar. El ejército se encargó de regresarlos a sus comunidades de origen. Tanto Ellen como Narcisse están siendo tratados de rehabilitar en el Hospital de Romain, aunque se avanza poco en ellos, ya que la falta de oxígeno afectó sus cerebros. Según se cree, los dos zombis que se tienen en estudio, están ahí porque se cometieron sendos errores con ellos. En el caso de Ellen, el bocor murió bruscamente, por lo que ella quedó liberada sin proponérselo. En el segundo, uno de los encargados de darle un brebaje le dio por equivocación sal, y esto provocó que se rebelara y saliera del control del sacerdote. UN PODEROSO ANESTÉSICO El doctor Douyon logró conseguir de un bocor “polvos de zombi” y envió una muestra de ellos a los Estados Unidos para su análisis. Quien analizó los polvos fue el doctor Richard Evans Schultes, director del Museo Botánico de la Universidad de Harvard, que había estudiado los narcóticos del Amazonas, como la ayahuasca, por más de 40 años. Aunque esta muestra no proporcionó mucha información, sí despertó la curiosidad de Schultes. El etnobotánico Wade E. Davis, que en ese entonces trabajaba bajo las órdenes de Schultes, tuvo la misma curiosidad. Viajó a Haití, enviado por Schultes, para tratar de colectar muestras de “polvo zombi”. Preguntó a los bocors cómo se usaba, de qué estaba hecho y cómo se preparaba. Davis obtuvo cinco muestras de “polvo zombi” y descubrió que en cuatro de ellas, cada una de regiones diferentes, contenían un mismo ingrediente: Tetrodotoxina, un anestésico que, de acuerdo a Davis, “es 160 mil veces más potente que la cocaína y quinientas veces más fuerte que el cianuro. Una cantidad de la toxina pura del tamaño de la cabeza de un alfiler supondría ya una dosis letal”. Las muestras del polvo zombi contenían: un lagarto grande llamado Agamont; un sapo, el crapaud bouga (Bufo marinus), especie original de los trópicos americanos; el mal llamado sapo de mar o crapaud de mer, que en realidad es un pez globo, el Diodon hystrix; otras tres especies de peces globo, como el Diodon holocanthus, Sphoeroides testudineus y Sphoeroides spengleri; un gusano anélido de la familia de los Polychaeta; tarántulas y ciempiés. Entre los productos vegetales se encontraban: Albizzia lebbeck, que los haitianos llaman tcha-tcha, una especie de árbol productor de sombra, originario de África occidental. La corteza y las vainas contienen saponinas que actúan como vermífugos, y sapotoxinas. Los síntomas por envenenamiento con saponinas incluyen: náuseas, vómitos y secreción excesiva en las vías respiratorias y edema pulmonar. También había Pois gratter, guisante picapica, una especie de liana Mucuna pruriens cuyas vainas tienen pelos extremadamente urticantes y sus semillas son psicoactivas. En África se utiliza una especie similar, la Mucuna flagellipes, como veneno con el que untan sus flechas. Contiene una sustancia muy parecida a la fisostigmina. Semillas de consigne (Trichilia hirta), un árbol de la familia de la caoba. Hojas de pomme cajou (Anacardium occidentale) o anacardo común. Hojas de bresillet (Comocladia glabra), una hiedra venenosa que produce dermatitis graves. Maman guepes (Urera baccifera), mashasha (Dalechampia scandens) y dumbcane (Dieffenbachia seguine) o “caña del mudo”, que utilizaban los dueños de las plantaciones como castigo, obligando a comerlas: como contienen oxalato de calcio, las hojas irritan la laringe y causa hinchazón, dificultando la respiración e impidiendo el habla. Las muestras que consiguió Davis contenían también sustancias como la Bufotenina, la cual produce alucinaciones; y otros ingredientes activos que afectan al corazón y al sistema nervioso. Davis publicó un artículo en el Journal of Ethnopharmacology en el que establece que los zombis existen, pero que se pueden explicar científicamente. Los egipcios ya conocían el veneno del pez globo. En la tumba de Ti, faraón de la V dinastía, aparece representado. Se cree que los judíos prohibieron comer peces sin escamas (Deuteronomio) debido a estos animales. En China se le menciona en el Pentsao Chin, la primera gran farmacopea, escrita durante el reinado del mítico emperador Shun Nung (2838 a 2698 a. de C.). Más recientemente, durante la dinastía Han (202 a. de C. A 220 d. de C.) se descubrió que la toxina se acumula en el hígado de los peces. En el Pentsao Kang Mu (1596 d. de C.) se asegura que los niveles de toxina varían según las especies, y en la misma especie según la época del año. Uno de los primeros europeos en comer pez globo lo fue el capitán James Cook. Por suerte el guiso no fue de su gusto y sólo le dio un bocado. Cook relata los síntomas de esta manera: “Sentimos una debilidad extraordinaria en todos los miembros, acompañada de un entumecimiento o una sensación como la que se experimenta al exponer las manos o los pies al fuego después de haberse quedado aterido de frío. Perdí casi por completo la sensibilidad, y no distinguía los cuerpos ligeros de los pesados…; para mi mano, una medida de un cuarto de galón llena de agua y una pluma venían a ser lo mismo” No corrieron con la misma suerte los marinos holandeses del Postilion. En la bitácora del barco se puede leer las anotaciones del médico de abordo, prácticamente, la descripción de un zombi: Diez minutos después de haber comido el pescado, el contramaestre: “yacía en el entrepuente y no podía levantarse sin hacer grandes esfuerzos; tenía la cara un tanto arrebolada, los ojos brillantes y las pupilas más bien contraídas; la boca estaba abierta y, como los músculos de la faringe se hallaban agarrotados por un calambre, se les escurría la saliva; tenía los labios hinchados y un poco azulados, le frente cubierta de sudor, el pulso rápido, breve e intermitente. El paciente estaba extremadamente agitado y sentía gran angustia, pero conservaba todavía la conciencia. Su estado pasó rápidamente a una forma de parálisis; los ojos quedaron fijos en una dirección; la respiración se hizo dificultosa, con dilatación de las aletas de la nariz; la cara palideció y se cubrió de un sudor frío; los labios se pusieron lívidos; perdió la conciencia y le falló el pulso; por último, su agitada respiración se detuvo. El paciente murió apenas diecisiete minutos después de haber comido una parte del hígado del pescado”. Otro marino sufrió los mismos síntomas pero menos acentuados debido a que había vomitado varias veces, pero murió un minuto más tarde que su compañero: “Se produjo un movimiento convulsivo de los brazos, después de lo cual desapareció el pulso, y la lengua, lívida, se proyectó entre los labios”. En México, el historiador Francisco Javier Clavijero escribió que en 1706, mientras exploraba Baja California en busca de un emplazamiento para una misión, los soldados españoles que le acompañaban encontraron, en un campamento abandonado por los indios, un hígado de botete (Sphoeroides lobatus). Se les hizo fácil asarlo para luego engullirlo. Uno se comió un trozo pequeño, otro lo probó y el tercero lo masticó sin llegar a tragarlo. El sabor era desagradable. El primero murió en menos de veinte minutos, el segundo poco después, mientras que el tercero permaneció inconsciente hasta el día siguiente OTRAS DROGAS TERRIBLES La tetrodotoxina proviene del pez erizo cornudo (Diodon hystrix), también conocido como pez globo por su costumbre de hincharse cuando es molestado. Un pez erizo de 20 centímetros absorbe poco más de un litro de agua, al mismo tiempo que eleva sus espinas hasta convertirse en un cojín flotante lleno de pinchos. Estos peces son afines a los Teiraodon, cuya carne y viseras son altamente tóxicas, como consecuencia de una singular neurotoxina: la tetrodotoxina, o simplemente TTX. Viven en la mayoría de los mares cálidos del mundo. En la Polinesia se les conoce como Maki-Maki, que significa “muerte mortal”. El veneno se concentra en la piel, los órganos reproductores, el hígado y los intestinos. La tetrodotoxina, cuya fórmula química es conocida desde 1965, posee una curiosa propiedad de la cual deriva un efecto especial: bloquea los canales submicroscópicos que permiten el paso de iones de sodio a través de la membrana de las células nerviosas y musculares. El bloqueo iónico imposibilita las actividades nerviosa y muscular. Así, se produce una parálisis de los músculos del organismo y una depresión del sistema nervioso. Ahora bien, recordemos que las leyendas vudú afirman que hay que evitar proporcionar sal (cloruro de sodio) a los zombis, para que estos permanezcan en ese estado. Parece ser que esta leyenda también tiene un fundamento. Probablemente al aumentar la concentración de iones de sodio en el cuerpo de los zombis, al ingerir sal por descuido, se contrarrestan los efectos del bloqueo iónico de la tetrodotoxina. La bufotenina, otra de las drogas encontradas por Davis, proviene del sapo Bufomarinus. Estos sapos tienen veneno en unas glándulas situadas detrás de los ojos, las glándulas Parótidas. El veneno contiene una serie de sustancias llamadas bufoteninas, bufotalinas y bufaginas. Algunas tienen el mismo efecto que la digitalia: disminuyen las pulsaciones del corazón y aumentan la presión sanguínea, lo que va acompañado de hinchazón y náuseas. DATURA Y CURARE Davis encontró que los bocors obligan a los zombis a comer una pasta hecha de Datura, una potente planta alucinógena del género de los herbáceos, de la familia de las solanáceas, que acumulan alcaloides en las hojas, raíces y semillas. Comprende dos especies importantes: Datura metel y Datura stramonio. El Datura stramonio es originario de México y comprende unas veinte plantas, algunas de ellas muy ornamentales y cultivadas con frecuencia en los jardines. Son plantas de olor desagradable que alcanzan más de un metro de altura. Sus hojas son aovadas, delgadas y agudas. Las flores son blancas y tubulares, con cáliz tubuloso, y se alargan en su extremo formando cinco lóbulos algo radiados. Están sobre cortos cabillos. La corola es blanca y el fruto es una cápsula ovoide erizada de púas verdes. En su interior poseen cuatro cavidades en las que alojan numerosas semillas reniformes de color oscuro. En términos generales tienen forma de Dalia. La Datura stramonio es conocida en Haití como “Pepino de los zombis”. Nace en primavera, florece en verano hasta bien entrado el otoño y muere a principios del invierno. Su principal alcaloide es la daturina, aunque también tiene hiosciamina (Atropina) y escopolamina. Davis continuó sus investigaciones en Sudamérica. En el Amazonas se dedicó a estudiar las plantas medicinales y brebajes utilizados por los nativos. Trabajó con más de una docena de tribus y encontró que el veneno más conocido era –y sigue siendo- el Curare. El Curare es una sustancia extraída de diversas especies del género Strychnos (Strychnos toxifera, Strychnos panamensis, etc.) El Curare debe su acción al alcaloide D-tubocurarina, que produce bloqueo del impulso nervioso a nivel de placa motora; ello trae como consecuencia una parálisis muscular, que afecta primero a los músculos de la cara, proporcionándole a la víctima un aspecto de idiota, y en el último término a los músculos respiratorios. Dicha acción es contrarrestada por la Fisostigmina y la Prostigmina. En la antigüedad lo utilizaban los nativos de América, Asia y Oceanía para impregnar sus flechas. Los monos envenenados comienzan por relajar sus músculos y terminan por caer de los árboles. “La poción no mata necesariamente a los monos”, dice Davis. Actualmente se emplea para reducir las convulsiones y espasmos musculares, y suprimir así el peligro de fracturas óseas, en el electrochoque, y en muchos síndromes neurológicos que causan la hipertonía muscular. Asimismo se utiliza en la anestesia con el fin de obtener una relajación muscular más completa. DEL AMAZONAS AL JAPÓN Para averiguar más sobre estas pociones, Davis recurrió a una extraña fuente de información: la literatura médica japonesa. Engelbert Kaempfer, médico agregado a la embajada holandesa en Nagasaki a finales del siglo XVIII escribió: “Los japoneses lo consideran un pescado muy delicado, y son muy aficionados a él, pero hay que quitarle la cabeza, las tripas, las espinas y todos los desperdicios, y lavar y limpiar cuidadosamente la carne antes de que esté lista para comerla. Y aun así, mucha gente muere a causa de él. El veneno de este tipo de pescado es absolutamente mortal, y ningún lavado ni limpieza puede eliminarlo. Por consiguiente, nadie lo quiere, a no ser que pretendan quitarse la vida”. Kaempfer se refería al Fugu o pez globo. Cada año unos 50 japoneses padecen envenenamiento con tetrodotoxina, por comer peces erizos cornudos mal preparados, y, aún más, la mitad de ellos muere. El veneno actúa con rapidez. En media hora la víctima se siente débil y mareada, con sensación de hormigueo, y el entumecimiento se extiende apareciendo el sudor, la dificultad para respirar y hemorragias. Finalmente, la parálisis y quizá la muerte. En Japón, algunos restaurantes especializados sirven este pez, preparado por Chefs especialmente entrenados. Se eliminan las entrañas antes de comerse. Si se llega a consumir el veneno en pequeñas cantidades produce una sensación placentera y eufórica. Además se cree que es un afrodisíaco. Tal vez por eso los japoneses se atreven a comerlo. Existe un refrán japonés que dice : “Grande es la tentación de comer Fugu, pero mayor es el temor de morir”. Davis descubrió algunos casos que “parecían relatos de zombificación”: dificultad para respirar, mirada vidriosa y parálisis. Algunos japoneses fueron declarados muertos, pero revivieron después de haber sido enterrados. Sin embargo, las víctimas conservan sus facultades mentales. En dos casos, por lo menos, los japoneses afectados recuperaron sus facultades antes de que los enterraran. Durante horas, la persona intoxicada se encuentra en un estado de muerte reciente. La muerte se produce por parálisis de los movimientos respiratorios. “Una docena de jugadores se hartaron de fugu en Nakashimamachi de Okayama, en Bizen. Tres de ellos presentaron síntomas de envenenamiento, y dos acabaron por morir. Como uno de los muertos era natural de la ciudad, fue enterrado sin dilación. El otro pertenecía a un distrito distante…, bajo la jurisdicción del shogun. Por consiguiente, el cadáver fue trasladado a un depósito, donde quedó bajo la vigilancia de un guardián hasta que un funcionario del gobierno pudiera examinarlo. Siete u ocho días más tarde el hombre recobró la conciencia y curó por completo. Cuando le interrogaron acerca de su experiencia, dijo que lo recordaba todo y afirmó que, cuando oyó decir que la otra persona había sido enterrada, quedó aterrorizado al pensar que podían sepultarle vivo”. “Un hombre de Yamaguchi, en Boshy, sufrió en Osaka un envenenamiento por fugu. Creyendo que había muerto, enviaron su cuerpo al crematorio de Sennichi. Al retirar el cuerpo del carro en que lo habían transportado, el hombre se recobró y regresó a su casa. Como en el caso anterior recordaba todo lo sucedido”. Davis menciona un tercer caso: “En la Nochebuena de 1977 un residente de Kyoto, de cuarenta y ocho años, fue admitido en el hospital a causa de un envenenamiento por fugu. El paciente dejó pronto de respirar, y todos los síntomas demostraban la muerte cerebral. Los médicos recurrieron de inmediato a la respiración artificial y a otros tratamientos adecuados. No le sirvieron de nada pero, cuarenta y ocho horas más tarde, el paciente empezó a respirar de nuevo de modo espontáneo. Acabó por recuperarse del todo y, más tarde, recordó haber oído llorar a su familia sobre su cuerpo inmóvil. El veneno no le había afectado los sentidos. Desesperado, intentó hacerles saber que seguía con vida, pero no pudo conseguirlo. “Fue un verdadero infierno”, dijo a los investigadores médicos cuando se recuperó”. Los investigadores japoneses Fukuda T. y Tani I. distinguen cuatro grados de envenenamiento con tetrodotoxina: los dos primeros se distinguen por una sensación progresiva de entumecimiento; el tercero incluye parálisis del cuerpo entero, dificultades respiratorias, cianosis y presión sanguínea baja, aunque la víctima conserva la conciencia; el último grado produce un paro respiratorio y la muerte. LA SOLUCIÓN AL MISTERIO Davis cree que los bocors, que conocen perfectamente las cualidades positivas y negativas de las plantas, preparan un brebaje para dárselo a la persona, aplican una cocción conteniendo Bufotenina y tetrodotoxina a la piel de sus víctimas, causando una dificultad respiratoria, insuficiencia cardiaca y renal, agitación psicomotriz y confusión mental progresiva. La persona cae en un estado de enfermedad grave, más grave, hasta que el cuerpo empieza a ponerse rígido, adquiere un tono cadavérico y el pulso se hace débil, tan débil que llega a creerse que está muerto. Parece que no hay ningún soplo humano en sus células y después de varias horas, si al doctor se le pide el certificado luego de sus exámenes, determina oficialmente que esta persona está muerta. La víctima es enterrada. El bocor se encarga, antes de 24 horas, de exhumarlo y devolverlo a la vida… Pero a la vida de zombi, drogándolo con Datura. El tratamiento a que se somete a la víctima es brutal. En este punto es decisivo suministrarle al presunto zombi un preparado vegetal alucinógeno a base de stramonio (Toloache). La víctima, probablemente afectada por lesiones residuales en el cerebro, provocadas por la escasez de oxígeno durante la falsa muerte y el sucesivo sepelio, vuelve a tener conciencia en medio de espantosas alucinaciones y es fácil convencerlo de que es un “muerto viviente”. Las investigaciones realizadas por Davis señalan que el zombi sólo puede efectuar trabajos físicos, como labores en el campo y en la casa. Las funciones intelectuales son perdidas por completo, e incluso habla con dificultad. Vive como un retrasado mental o idiota y pierde por completo sus posibilidades de hacer vida sexual. Se ha convertido en un esclavo. “Es verdad –dice el doctor Douyon- que hay personas consideradas como muertas y enterradas que “resucitan” y son encontradas meses o años después por sus familiares o amigos. Pero no hay nada de misterioso en esto; más bien se trata de un asunto terriblemente inmoral. Llevo años denunciándolo”. Para concluir sólo señalaremos que el mismo antiguo Código Penal Haitiano, en su artículo 246, hacía referencia directa a los zombis: “Se considera atentado a la vida de una persona por envenenamiento, todo empleo que se haga contra ella de sustancias que, sin dar la muerte, hayan producido un estado letárgico más o menos prolongado, y esto sin tener en cuenta el modo de utilización de estas sustancias o su resultado posterior. Si a consecuencia de este estado letárgico la persona ha sido enterrada, el hecho será calificado de asesinato”. Fuente: http://marcianitosverdes.haaan.com Espero q les haya gustado
Este verano de 1997, la llegada al planeta Marte de dos sondas exploradoras, la Pathfinder-con su carrito explorador llamado Sojurner (transeúnte)- y el vehículo orbital denominado Surveyor (topógrafo), ha revivido en algunos medios de comunicación amarillistas e irresponsables la leyenda de que en algún lugar de la superficie de ese planeta se puede observar la enorme escultura de un rostro humano que ve hacia el firmamento y varias estructuras, supuestamente artificiales, que configuran lo que, según algunos vivales, es una antiquísima y ciclópea ciudad abandonada desde hace millones de años por una civilización desaparecida, información que por cierto DiPietro es ocultada por la NASA y el gobierno estadounidense por razones ignotas. Este mito surgió a partir de julio de 1976, cuando la sonda estadounidense no tripulada Viking tomó cerca de 60 mil fotografías de la superficie marciana, una de las cuales llamó la atención de dos empleados del centro de vuelo espacial ubicado en Greenbelt, Maryland, Vincent Di Pietro, ingeniero electricista, y Gregory Molenaar, técnico en computación. En la foto se apreciaba una formación rocosa de más o menos 1.6 kilómetros de diámetro que, al ser iluminada en el momento en que se tomó la imagen, daba la impresión de ser la mitad de un rostro humano. Esos dos empleados decidieron vender la fotografía al periódico sensacionalista National Enquirer, que divulgó con gran escándalo la versión de que la roca representaba la cara de un ser humano y que, junto con otras formaciones Molenaar geológicas vecinas, parecían vestigios de una avanzada cultura. Acerca de esta leyenda se han escrito varios libros igualmente sensacionalistas e infundados. Uno de ellos es Los monumentos de Marte, de Richard Hoagland, y el otro La esfinge de Marte de Brian Crowey y James J. Hurtak, colaborador habitual de las revistas sobre ovnis. Resulta interesante conocer la opinión sobre este asunto del doctor Conway Snyder, encargado directo del proyecto científico de la misión Viking que tomó las fotografías, quien dirigió una carta a Alan Feinstein, un consultor de inversiones que se ha dedicado a promover mundialmente el negocio de la comercialización del “rostro” marciano. A propósito del informe publicado por Feinstein, Snyder señala: “No ha habido revisión especial alguna de la fotografía, porque ningún experto sobre Marte le asigna la menor importancia y ningún científico de los que estudian ese planeta la considera digna de comentario. Dos empleados del centro especial Hoagland de Greenbelt, sin experiencia en geología marciana o en fotointerpretación, decidieron que podían hacerse publicidad con ella… La idea fue recogida por el National Enquirer, que se especializa en historias sensacionalistas y científicamente falsas… Usted debería avergonzarse de verse asociado con tal empresa. Al publicar esta tontería ha perdido usted la confianza de todas las personas educadas”. En dicha carta el doctor Snyder afirma también: “Es falso que el promontorio sea un monumento con un rostro humano. Simplemente, sugiere una cara. Millones de personas todos los días creen ver figuras de animales en las Hurtak nubes, pero en realidad no hay animal gigante alguno en el cielo. El objeto de Marte ni siquiera parece totalmente un rostro; sin embargo, el sentido de correlación de nuestro cerebro llena los detalles faltantes para provocar esa ilusión. Es también falso que a seis millas se encuentren varios edificios de cinco lados… No son edificios, sino formaciones naturales de roca erosionada por el viento, muy conocidas por los geólogos especializados en el paisaje desértico. No hay hasta el momento la menor evidencia concreta y creíble de que existan seres inteligentes fuera de la Tierra… Usted debe a sus lectores una retractación y una disculpa, a menos que quiera sufrir una severa pérdida de credibilidad”. Snyder resulta ingenuo al hacer semejante llamado a personas que desde luego propalan estas patrañas con objeto de beneficiarse económicamente de la sed de prodigios que afecta al público. Existen en la Tierra muchas forma Caritafeliz1 ciones rocosas que semejan rostros, objetos, animales o apariciones de toda la corte celestial, lo extraño hubiera sido que entre las miles de fotografías enviadas por el Viking no hubiese una que incluyera alguna formación rocosa con cierto parecido a determinado objeto familiar. De hecho, la revisión de otras fotografías revela similitudes curiosas, pues en una de ellas se cree ver a la Rana René, del programa televisivo de los Muppets, y en otra, una carita sonriente como las que estuvieron de moda hace algunos lustros. En su libro, Hurtak especula sobre la trascendencia de las supuestas pirámides de la planicie Elísea de Marte, e intenta encontrar similitudes con las construidas en la Tierra por seres humanos. Pero hay una diferencia de fondo, las supuestas pirámides marcianas tienen base triangular, como Rene corresponde a la estructura geológica natural que les dio lugar, y son el vértice de una formación cúbica que se eleva sobre el terreno circundante. Ninguno de los que proponen el origen artificial del supuesto rostro marciano se ha puesto a pensar que, necesariamente, el mismo tuvo que formarse hace millones de años, antes de que evolucionara el ser humano caucásico en la Tierra, por lo que no existía el modelo de rostros humanos para esculpir una montaña en Marte que, además, nadie observaría durante varias eras geológicas. Pero eso no les preocupa, su único afán es sacar dinero a la gente crédula.
como cambiar el proxy de Microsoft Internet Explorer para seguir navegando cuando no le pagaste a speedy en la versión anterior ice uno con Firefox ahora ago uno con este como vemos en esta imagen el servicio sigue bloqueado (no lo he pagado y no lo are aun XD) lo que necesitamos son esos mismos numeros que te los dan cuando te bloquean casi siempre es: 200.51.237.8 vamos a:/Herramientas-Opciones de intrenet... conexiones-configuracíon... marcan: (Utilizar un servidor proxy para esta conexion) en Direccíon: 200.51.237.8 y en puerto 80 ponen aceptar - aceptar y listo que quede como aca abajo ahora ponen alguna direccion google, youtube etc Importante: no funca los chats ni los mails expto hotmail si tenes suerte entra espero que les sirva mi otro post con Firefox http://taringa.net/posts/info/3778610/No-pagaste-speedy-no-te-procupes,-aca-tengo-la-solucion.html
ZOMBIS ¿MUERTOS VIVIENTES O DROGADOS PERMANENTES? Por siglos ha pervivido la leyenda de los zombis o muertos vivientes, y hace apenas unos años se contabilizaron más de un centenar de hechiceros creadores de zombis en Nueva York. ¿Realmente existen, o son una especie de autómatas movidos por poderosísimas drogas? He aquí la respuesta. A principios del siglo XIX, Moreau de Saint-Mery escribió la primera monografía del vudú y en ella adoptó la ortografía Vandoux y propuso una teoría para explicar el origen de esta secta. Según él, la palabra vudú se deriva del nombre de un hereje: Valdesius. Los seguidores de Valdesius, los valdenses, adquirieron tal poderío en la Edad media que llegaron a convertirse en un fuerte dolor de cabeza para la iglesia romana. Su nombre se convirtió en sinónimo de brujería, y a la esencia fundamental de la hechicería se le nombró Vaudoisie. Sin embargo, la hipótesis de Moreau no era correcta. Investigaciones posteriores determinaron que el nombre del culto, así como el culto mismo, son de origen africano. El Vudú procede del reino de Dahomey, África, de donde partieron numerosas caravanas de esclavos rumbo a América. Según Robert W. Pelton, el culto y las concepciones religiosas de estos africanos tuvieron un mayor arraigo en la isla de Haití. lfred Métraux, antropólogo que vivió varios años en Haití estudiando el fenómeno, asienta en su obra Vudú, que la traducción más exacta de la palabra es “Ser todopoderoso y sobrenatural”. PROLIFERACIÓN DE UN RITO Aunque las creencias y prácticas mágicas del vudú se hallan sobre todo concentradas en la isla de Haití, se difundieron también en los Estados Unidos, Francia y Canadá. Esto se debió a diversos factores, entre los que se encuentran, la cercanía geográfica, el idioma y el comercio de esclavos. El primer centro vudú de los Estados Unidos se fundó en el siglo XVIII, en Louisiana. El rito se extendió a Georgia y Carolina del Sur, y luego a Norte, a los ghettos y barrios humildes de las grandes ciudades industriales. En 1978 Hugh J. B. Cassidy, jefe de policía del Distrito 77 de Nueva York, calculaba que en Brooklyn, en la zona Bedford-Stuyvesant, había 30 Houmfors (templos) secretos, y ejercían no menos de cien Houngans y Mambos (sacerdotes y sacerdotisas). Estudios recientes revelan que, sólo en Haití, hay más de tres millones y medio de seguidores del vudú. Este arraigo a la religión vudú por parte del pueblo haitiano no pasó inadvertido para el difunto dictador Francois Duvalier, alias “Papa Doc”. Numerosos artículos periodísticos afirmaban que Duvalier recurrió a la cara oscura del vudú para mantener el dominio sobre ciertos estratos de la sociedad haitiana. Los creyentes del vudú lo consideraban como el Supremo Houngan, y él utilizaba hábilmente este hecho y la ignorancia de sus “súbditos”. Poseía una siniestra policía secreta: tipos salvajes, enmascarados por las gafas oscuras que jamás se quitaban en público, lo cual les daba un aspecto más sombrío. Eran los Tonton Macoutes, que algunos consideraban como magos, y otros como zombis. ¿QUÉ O QUIÉNES SON? De acuerdo con la tradición haitiana, los zombis son aquellas desafortunadas criaturas que han sido regresadas de la muerte por brujos diabólicos, llamados Bocors, y mantenidos como esclavos. Los zombis son explotados por sus dueños y se reconocen por sus ojos vidriosos, su voz nasal y su aire ausente. “Un zombi permanece en la misteriosa zona entre la vida y la muerte –dice Métraux-. Se mueven, comen, oyen a los que les hablan, y aún hablan, pero no tienen memoria y conocimiento de su condición”. Para salvarlos de su destino, los supersticiosos ancianos creen que se les debe “matar” nuevamente, cortándoles la garganta. Se dice que los zombis son seres tranquilos mientras no comen sal; si llegan a probarla reparan en su condición de esclavos y su ira es incontenible. Matan a su dueño y destruyen sus pertenencias; luego regresan a su tumba. El escritor americano William H. Seabrook describe así su encuentro con un zombi durante su visita a Haití en 1923: “Los ojos eran lo peor. No se trataba de mi imaginación. Eran verdaderamente los ojos de un muerto, no unos ojos ciegos , sino abiertos, que miraban hacia un punto indeterminado, sin ver. Toda la cara era algo horrible. Era hueca, como si nada tuviera por detrás. No sólo parecía inexpresiva, sino también incapaz de la menor expresión. En ocasiones previas ya había visto en Haití un montón de cosas fuera de la experiencia normal y en ese instante nauseabundo, casi de pánico, pensé, o mejor sentí: ‘¡Cielo santo!, tal vez estas cosas sean ciertas…’” La historia más conocida de Seabrook es aquella que dice que ocurrió en el verano de 1918. Aquel verano había sido uno de los mejores para el campo. Se rompieron todos los records de producción de azúcar. Las fincas necesitaban de mano de obra para poder recoger la cosecha. Una de las plantaciones, pertenecientes a la Haitian-American Sugar Corporation (HASCO), recibió la visita de un grupo de hombres aparentemente desnutridos dirigidos por un capataz llamado Ti Joseph. Dijo que venían de un lugar cercano a la frontera con República Dominicana, un pueblo aislado. Sus muchachos nunca habían salido fuera del pueblo, por lo que se encontraban un tanto nerviosos y deseaban trabajar lejos de los demás campesinos. Se ponía sus servicios a la disposición de los dueños de la finca. Como el trabajo era mucho y los brazos eran pocos. Los dueños de la plantación aceptaron contratar a los trabajadores. No se arrepintieron. La cuadrilla de Ti Joseph fue la que cosechó la mayor cantidad de caña, sin que se les notara el cansancio. Al final del día se retiraron a sus cabañas a comer y a descansar. La misma rutina la seguirían hasta el domingo. Ese día, Ti Joseph cobró por el trabajo y se dirigió a los bares de la ciudad de Port-au-Prince. Una de las mujeres de los capataces se dio cuenta que los demás trabajadores se habían quedado en la cabaña. Le pareció que eso no era justo y fue para invitarlos al festival de la iglesia. Al llegar a la feria les dio a cada uno de ellos una bolsa con donas y otra con cacahuates. Cuando comenzaron a comer los cacahuates salados sufrieron una transformación extraordinaria. Comenzaron a llorar y a gritar jalándose el cabello. Pronto corrieron en diversas direcciones. Días más tarde llegaron a sus casas y fueron reconocidos por sus parientes. Todos habían muerto meses atrás y habían sido enterrados. Todas estas historias son interesantes como cuentos de terror, pero, ¿existen o no los zombis? Las opiniones están divididas. Los que no reconocen su existencia, sostienen que en la isla, sobre todo en el interior de Haití, hay retrasados mentales, seres que no hablan, o que temen a la gente. A esos, los campesinos los llaman zombis. En cada anormal, en cada loco, en cada ser solitario, los campesinos y supersticiosos ven a un zombi. Otros se preguntan qué puede ganarse si se convierte en zombis a los muertos. ¿Ahorrarse el salario que tendría que pagar a un vivo? Aunque los jornales son bajos en ese país, ese ahorro representan una verdadera diferencia económica. En cierto sentido tienen razón los escépticos: la imaginación popular es tan grande que convierte a los locos y retrasados mentales en zombis. Sin embargo, para quienes sí creen en ellos, éstos forman parte de la realidad de los poderes de los brujos vudú. No obstante, es probable que muchos de los relatos de supuestos zombis puedan ser originados por observaciones de retrasados mentales ocultos por sus familias. Tal vez, por pena, los declaran muertos mientras los ocultan de la sociedad. Algún descuido hace que escapen, muchos años después, y son identificados como “muertos vivientes”. Así ocurrió en un caso que relata Alfred Metraux. Le presentaron una zombi, pero al día siguiente fue identificada como una joven retrasada mental que se había fugado de su casa, donde sus padres, por lo general, la tenían encerrada bajo llave. Lo mimo pensaba Seabrook. Su conclusión, luego de meses de estudio, era que los zombis que había visto sólo eran “pobres seres mentalmente débiles, idiotas, forzados a trabajar en el campo”. Metraux cuenta historias similares a las de Seabrook. Una de ellas dice que una joven que rechazó las proposiciones de un bocor fue amenazada por el brujo. La joven, como era de esperar, enfermó y murió. Por alguna razón que se desconoce, la enterraron en un ataúd muy pequeño, por lo que tuvo que ser doblada del cuello. Al ejercer fuerza para meter el cuerpo en el ataúd, una de las velas cayó dentro y le quemó el pie. Años más tarde la gente aseguró haber visto a la muchacha. Era perfectamente reconocible por su encorvamiento y por el pie quemado. Se dijo que el bocor la había convertido en zombi y la tenía en calidad de amante y criada. El antropólogo británico Francis Huxley relata una historia que a su vez le contó un cura católico. En 1959 se encontró un zombi vagando por el pueblo. Entre varios ciudadanos lo llevaron a la comisaría, pero la policía estaba tan aterrada que decidieron ponerlo en la calle nuevamente. Alguien sugirió darle agua con sal. El zombi pudo, al fin, decir su nombre. Buscaron a su tía, que vivía cerca de la comisaría. La mujer lo identificó plenamente y dijo que había sido enterrado cuatro años atrás. El zombi reveló el nombre del brujo que lo había mantenido cautivo y dijo que había más como él en la plantación. Se trataba de un bocor muy poderoso. La policía se limitó a enviar una nota ofreciéndole la devolución de su zombi. Dos días más tarde encontraron al zombi. Esta vez definitivamente muerto. Al fin se decidió ir por el brujo, pero no lo encontraron, ni a su mujer, ni al resto de los zombis. Otra historia más. Un hombre rico se detuvo muy cerca de un almacén debido a una ponchadura de llanta. Pasó un anciano y le invitó un café mientras esperaban a un amigo para que les ayudara a cambiar el neumático. Mientras tomaban café, el viejo le dijo que era un bocor. Su invitado mostró de manera educada su escepticismo. Ante esto el brujo le miró inquisitivamente y le preguntó si había conocido al señor Célestin, que había muerto seis meses antes. El hombre rico dijo que casualmente eran amigos entrañables. “¿Le gustaría verle?” murmuró el brujo. Entre asombrado y curioso, el invitado asintió levemente con la cabeza. El anciano restalló su látigo seis veces y se abrió una puerta. Con pasos torpes, mirada perdida y en actitud sumisa entró Célestin. El hombre rico le adelantó su taza de café, pero el brujo se interpuso. Le explicó que era muy peligroso dar a una persona muerta algo en la propia mano. Ordenó que se retirara el zombi y luego le explicó que otro brujo se lo había vendido por 12 dólares. PARA FABRICAR UN ZOMBI Los que creen en ellos han elaborado inclusive interpretaciones acerca de su creación. Según ellos, muchas personas ávidas de riqueza, honores, salud o éxito, solicitan un favor de un brujo bocor. Este puede exigirles a cambio su espíritu. Si el creyente acepta las reglas establecidas por el bocor, el mago comienza su trabajo. Pasa el tiempo, y una noche el brujo llega hasta la cabaña de su “cliente”. Viene montado en su jumento, pero dando la cara ala grupa. Desciende, arrima su boca a cualquier grieta y aspira el alma del desgraciado, encerrándola en un cobi (una botella con tapón de rosca). El infortunado cae en una especie de trance y no tarda en fallecer. Al día siguiente sus parientes lo encuentran muerto y, luego de velarlo, lo entierran. Después, el hechicero acude al cementerio e invoca a los Loas o dioses principales, mayormente al Barón Samedi (el demonio) y lanza un grito de exhorto al cadáver. Hace que sus ayudantes lo desentierren. Pronuncia el nombre de la víctima y, puesto que el brujo tiene su alma, la persona muerta tiene que levantar la cabeza en señal de respuesta. Al hacerlo, el bocor pasa momentáneamente por debajo de la nariz la botella con su alma. El muerto se reanima. Rápidamente los ayudantes le amarran las muñecas. Lo suben sobre el asno y el brujo se lo lleva en ancas hasta su choza, mientras sus ayudantes se quedan a cerrar cuidadosamente la tumba. El brujo debe pasar por la casa de su víctima para asegurarse que éste nunca más reconozca el camino. Al llegar a su destino, el bocor le da una droga para revivirlo. Al volver a la vida, el “muerto” da sus primeros vacilantes pasos como si fuera un robot. El zombi comerá, hablará, escuchará, caminará y verá, pero carecerá de recuerdos y no tendrá conciencia de su estado. Otros compran a los brujos un baka (literalmente “punto caliente”), loa maligno o alma zombi que se compromete, bajo ciertas reglas y condiciones que establece el bocor, a servir a quien lo adquiere. Por lo regular las condiciones del baka consisten en exigir a su dueño constantes víctimas humanas para saciar su apetito, de preferencia los parientes o amigos del comprador. Finalmente, después de cierto número de años, establecido en el contrato, el bocor se apodera del alma del comprador y lo convierte en zombi para seguir el mismo proceso. La palabra baka también designa a los espíritus malignos que merodean por los bosques y poblados bajo la apariencia de diversos animales y monstruos desconocidos. Los haitianos adoptan diversas precauciones para no ser convertidos en zombis. Los que tienen recursos entierran a su muertos bajo una sólida obra de albañilería. Otro lo hacen en u patio trasero o cerca de un camino muy transitado. La mayoría montan guardia continua en el cementerio hasta estar seguros de que el cuerpo se ha descompuesto. Los más drásticos “matan” de nuevo al cadáver. Hay quien coloca un puñal en el ataúd para que sea el propio muerto el que se defienda al momento en que llega el bocor. También les llenan la boca con tierra y les cosen los labios para que no puedan responder al brujo cuando les llama por su nombre. ¿REALMENTE MUEREN? En su artículo Voodoo Death, el fisiólogo de la Universidad de Harvard, Walter B. Cannon, describe el proceso por medio del cual un creyente en el vudú puede, si se cree víctima de un hechizo, hacerse morir de miedo a sí mismo. El shock autoinducido, que paraliza la circulación y determina que los órganos vitales dejen de funcionar, faltos de oxígeno, puede ser provocado simplemente, según el doctor Cannon, por el “funesto poder de la imaginación obrando a través de un terror desenfrenado”. En este caso sí se obtiene la muerte, no por los poderes de un muñeco vudú o de un brujo bocor, sino por el mismo poder de la autosugestión. Pero ¿qué ocurre en el caso de los zombis? Ciertos estudios afirman que en realidad el paciente no muere. Es víctima de alguna droga vegetal proporcionada por el brujo, que lo deja en estado de catalepsia, que, como sabemos, hace pensar a los presentes que la víctima ha fallecido. De modo que, para evitar la descomposición del cadáver, los entierros ocurren a las pocas horas del fallecimiento de las personas. Si en realidad no se trata de una muerte real, sino de un estado de catalepsia, esa noche el brujo sacará a la víctima de su tumba. La revivirá usando otras drogas y apelando a ciertas raíces que afectan los centros nerviosos y el cerebro, los dejará sin voluntad. A partir de entonces será como un autómata pero no un zombi (muerto vivo). Adamson, un especialista americano, afirmó haber descubierto un alcaloide extraído de la planta Kingo-liola, que produce unos efectos fisiológicos de muerte aparente. Otros vegetales (principalmente los del género solanácea, como la Branched calalve), provocan un brusco descenso del ritmo cardiaco, temperatura y otras funciones fisiológicas, sin llegar a provocar la muerte, dejando en ese estado cataléptico o de letargo a quien ingiere su pulpa macerada y filtrada. Dice el siquiatra español Jiménez Del Oso: “Podríamos imaginar que la víctima así tratada sufra un deterioro neurofisiológico grave, convirtiéndose en un ser al que puede sometérsele mediante sugestión u otras artimañas”. UNA EXPLICACIÓN: LAS DROGAS Fue el doctor canadiense, de origen haitiano, Emerson Lamarque Douyon quien supuso que el fenómeno de los zombis tenía un fondo de verdad. No se trataba de actos de brujería ni de verdaderos “muertos vivientes”, sino de los efectos de algunas drogas. “Estoy completamente convencido de que lo zombis existen –declaró el doctor Douyon-. Sé que existen porque los he visto con mis propios ojos. Nos estamos enfrentando con individuos de carne y hueso que han caído en un estado de muerte aparente producido por drogas. Se les ha declarado muertos y han sido inhumados. Luego son exhumados y reanimados por hechiceros vudú quienes les administran drogas”. El doctor Douyon ha pasado los últimos 25 años denunciando fraudes parapsicológicos. Pasó una temporada de 18 meses en Haití estudiando el fenómeno zombi y el culto vudú mientras tenía a su cargo la dirección del Centro Psiquiátrico de la Clínica Médica Albert Schweitser de Port-au-Prince. Logró reunir tres zombis en su clínica: dos hombres y una mujer. Encontró rastros de seis drogas vegetales en su sangre. “Esas drogas producen un estado cataléptico con el que su pulso y su presión sanguínea son casi imperceptibles. Sin embargo, permiten la oxigenación del cerebro impidiendo así que se produzcan lesiones mientras son enterrados”. Los futuros zombis, una vez declarados muertos y sepultados públicamente, son exhumados por el hechicero vudú que les suministró la droga. Los brujos logran esclavizar a estas gentes por el resto de sus vidas, manteniéndolos en un estado de idiotez, agregando pequeñas cantidades de la misma droga, como parte de su dieta diaria. Se han dado casos, sin embargo, en que los zombis han logrado escapar del embrujo y volver a su vida normal. Estos casos los veremos más adelante. En un principio Douyon desconocía la naturaleza exacta de la droga, aunque sospechaba que era extraída de algunas flores de la familia de la Datura. Para comprobar su hipótesis, Douyon inyectó una poción de un extracto de esta planta a perros y ratones. Detectó un descenso notorio en sus signos vitales y actividad motora. Los animales pierden su vivacidad y entran a un estado comatoso que dura unas tres o seis horas, dependiendo de la dosis inyectada. Una vez pasado este tiempo, los animales sujetos al experimento se recuperaron totalmente. LOS PRIMEROS INDICIOS Tal vez la primera investigadora que sospechó la verdad en el asunto zombi fue la escritora Zora Neale Hurston. Nacida a finales del siglo XIX en una pequeña aldea negra de Florida. Su padre fue un predicador baptista quien le inculcó la admiración por las raíces africanas de su pueblo. Su interés le condujo a estudiar, bajo la dirección del etnógrafo Franz Boas, los cultos africanos instalados en América y principalmente en Haití. En la década de los treinta viajó a la isla para investigar el culto vudú. Al igual que Seabrook, Zora Neale recopiló varios relatos de zombis. Uno de ellos refiere que una tal Marie, una joven encantadora que pertenecía a la alta sociedad de Haití, murió en 1909. Cinco años después sus antiguas condiscípulas la vieron al lado de la ventana de una casa, en Port-au-Prince. Hubo gran escándalo. El dueño de la casa se negó a que fuera registrado su inmueble. La policía ordenó abrir la sepultura, a regañadientes del padre de Marie. En el interior encontraron un esqueleto demasiado grande para ser el de Marie, incluso casi no cabía en el ataúd. Al lado del esqueleto estaban las ropas con las que había sido enterrada, cuidadosamente dobladas. Entonces se dio una orden de cateo. Pero el propietario ya había desaparecido y no encontraron ni rastro de la muchacha. Se dijo que había sido convertida en zombi por un bocor. Al morir éste, su viuda la había entregado a un cura católico, quien la confió al dueño de la casa. Los miembros de la familia habían sacado a Marie ilegalmente de Haití, vestida de monja. Más tarde su hermano dijo haberla visitado en un convento de Francia. Durante su estancia en Haití ocurrió un hecho sorprendente que marcaría la vida de la etnógrafa. En octubre de 1936 apareció una mujer desnuda caminando por el borde de la carretera en el valle de Artibonite. Decía llamarse Felicia Felix Mentor, natural de Ennery, y se dirigía a la casa de su hermano. Estaba en un estado tan miserable que fue conducida al hospital de Gonaives, en donde uno de sus hermanos la reconoció. De acuerdo con sus declaraciones había “muerto” dos años atrás y había sido enterrada. El certificado de defunción y las declaraciones de su marido, y otros miembros de su familia, confirmaron el relato. Felicia había perdido por completo la facultad de hablar y se escondía cuando alguien se le acercaba. No era capaz de pensar coherentemente La noticia llegó a oídos de la doctora Hurston, quien visitó a la zombi en el hospital de Gonaives. Ahí logró fotografiarla, siendo ésta una de las pocas fotografías que se conocen de zombis. “La mujer ofrecía un espectáculo horrible –escribió Hurston-, su cara estaba lívida, con ojos de muerto; los párpados blancos rodeando los ojos, como si se los hubiesen quemado con ácido. No se le podía decir nada ni oír una palabra de sus labios, sino sólo mirarla, y la visión de aquel desecho era demasiado para soportarlo durante mucho tiempo”. Zora Neale Hurston llegó a intuir la verdad. En su libro Tell my Horse, publicado en 1938, expuso su hipótesis y sus conclusiones extraídas de las pláticas sostenidas con los doctores que atendieron a Felicia: “Hablamos largo rato acerca de las teorías sobre el modo en que una persona llega a ser zombi. Concluimos que no se trataba de un caso de resurrección, sino de una apariencia de muerte inducida por una droga, que muy pocos conocían. Un secreto traído probablemente de África y transmitido de generación en generación. Los hombres conocen el secreto de la droga y del antídoto. Es evidente que destruye la parte del cerebro que rige la palabra y la voluntad. La víctima puede moverse y actuar, pero no formula un pensamiento. Los dos médicos expresaron su deseo de enterarse de ese secreto, pero se dieron cuenta de la imposibilidad de hacerlo. Esas sociedades secretas son realmente secretas”. Hurston estuvo a punto de descubrir que la causante era la Datura stramonium, que los haitianos llaman cocombre zombi, o pepino de los zombis: la flor sagrada de la Estrella Polar. El nombre de esta planta proviene de la palabra dhatureas, que eran bandas de ladrones de la India antigua. En ese país, tanto los asaltantes como las prostitutas utilizaban esta planta para atontar a sus víctimas. El principio activo de la planta actúa tópicamente, y una dosis relativamente pequeña provoca alucinaciones e ilusiones enloquecedoras, seguidas de confusión, desorientación y amnesia. Dosis más elevadas causan el estupor y la muerte. En el siglo XVII, Johann Albert de Mandelslo escribió que las mujeres de la India engañaban a sus maridos con los europeos, drogando a los primeros con datura, “entregándose a las delicias del sexo, incluso en presencia de los maridos, que las miraban con ojos muy abiertos, sumidos en un estupor total”. Decía que cuando un hombre ingiere Datura, se atonta por 24 horas. “Durante ese tiempo está privado del uso de sus sentidos; no puede ver lo que se encuentra frente a él, aún cuando mantenga los ojos abiertos”. La Datura se usó durante muchos años en los ritos mágico-religiosos de Sudamérica. Los sacerdotes de los chibchas suministraban una droga parecida a las esposas y los esclavos de los reyes muertos, antes de enterrarlos vivos con sus difuntos amos. En México se le utilizaba para “embrujar” a los amantes. Es el famoso Toloache. La datura es una de las varias drogas que se utilizan para “fabricar” zombis, pues como veremos, existen otras toxinas involucradas en la poción zombi. G. E. Simpson menciona el encuentro con otro zombi de Ennery. La mujer se llamaba Francina Illeus, a la que apodaban Ti Femme. DOS ZOMBIS EN VIVO Las investigaciones del doctor Douyon estuvieron apoyadas por el doctor Jean Bátiz Romain, director de Investigación y Ciencias Humanas de la Universidad de Haití. Romain, con 60 años (en 1980), había estudiado durante 35 años las prácticas del vudú haitiano. En 1981 mostró al reportero mexicano Fernando Ríos Parra, varias fotografías de zombis, pero rehusó que se publicaran. Estudió, junto con Douyon, a tres zombis, dos de los cuales continuaron siendo atendidos en el centro de investigación de Romain. “El primer caso –relata Romain-, corresponde a Ellen, quien, dos años después de haber fallecido (en 1978), es encontrada por sus familiares, pero ya como una autómata. “Ellen con 30 años de edad, tiene su acta de defunción; sus padres y marido asistieron al funeral y la enterraron. Al volver a la vida, luego de ser desenterrada, se le observó en la frente una marca o perforación que sufrió por uno de los clavos del ataúd, que era suficiente para haberla matado. La identificación de las huellas dactilares y el reconocimiento de sus familiares hacen imposible una suplantación”. Cuando se procedió a exhumar su ataúd, se le encontró lleno de piedras. Clairvius Narcisse es el otro caso. Fue declarado muerto a la una y cuarto de la tarde del 2 de mayo de 1962. La historia de Narcisse es la más importante de todas ya que el hombre fue atendido en el servicio de urgencias del Hospital Albert Schweitser de Deschapelles, en Artibonite, en donde se conserva un registro preciso y digno de fiar. El hombre ingresó el 30 de abril a las 9:45 de la noche, sufriendo intensos dolores en todo el cuerpo y fiebre. Poco tiempo después comenzó a escupir sangre y los médicos que lo atendían no pudieron hacer nada. Narcisse sufrió hipotermia, náuseas e hipotensión, antes de quedar totalmente paralizado y encontrar la “muerte”. Sin embargo, conservó la conciencia hasta en la tumba, según contó después. Sus hermanas, Angelina Narcisse y Marie Claire Narcisse, estamparon su pulgar en el certificado oficial de defunción. El cuerpo pasó al depósito de cadáveres, en donde permaneció por varias horas, hasta que lo llevaron a enterrar. Su funeral fue conocido tanto por sus parientes como por sus amigos. Narcisse fue inhumado el 3 de mayo a las diez de la mañana en el pequeño cementerio situado al Norte de su pueblo, L’Estere. “Durante todo el tiempo estuve consciente, aunque absolutamente inmovilizado. Escuché al médico cuando me declaró muerto y oí a mi hermana llorar. Cuando me metieron al ataúd y lo clavaron, uno de los clavos atravesó mi mejilla derecha, justo al lado de la boca. Pasó el tiempo, tal vez días, cuando escuché que me llamaban por mi nombre, y el suelo se abrió. Había tambores y gente que cantaba. Entre varios hombres me sujetaron y maniataron. Luego me golpearon con un látigo obligándome a caminar en la oscuridad de la noche. Caminamos durante varias jornadas ocultándonos de día, hasta que llegamos a una plantación de azúcar”. En 1980 regresó a su pueblo natal asustando a quienes lo reconocieron. Clairvius se presentó ante su hermana Angelina utilizando el diminutivo con que lo conocía la familia desde su niñez. Narcisse contó que había sido un zombi y había trabajado como esclavo en una plantación de azúcar durante varios años. Dijo que había sido su propio hermano quien había contratado a un bocor, Josef Jean, para convertirlo en zombi a causa de su herencia: Clairvius no quiso ceder su parte y eso selló su destino. Todo sucedió muy rápido: el domingo fue envenenado; el martes tuvo que ir a Gonaives, porque se sentía débil y con náuseas; por la tarde, al ingresar al hospital, tosía y respiraba con dificultad; al día siguiente, al medio día, entró en agonía. La lista de síntomas incluyen: edema pulmonar, trastornos digestivos con vómitos, dificultades respiratorias acentuadas, uremia, hipotermia, pérdida rápida de peso, hipertensión, cianosis y parestesia. Durante dos años permaneció trabajando como esclavo en la plantación de azúcar del propio bocor, en las inmediaciones de Ravine-Trompette, un pueblo situado al Norte cerca de Pilate, y no lejos de Cabo Haitiano. Junto a él trabajaba una docena de zombis que recibían una sola ración de alimentos por día. La alimentación era la misma que comía en su casa, sólo que no contenía sal. Uno de los cautivos, no se sabe por qué razón, dejó de comer durante varios días; luego pareció salir de su letargo y se reveló: tomó un azadón y mató al bocor Al morir el brujo, los zombis se dispersaron. Clairvius no quiso regresar a su pueblo por temor a su hermano y pasó dieciséis años vagando por diferentes zonas; ocho años los pasó en Saint Michel de L’Attalaye. Al enterarse de la muerte de su hermano, finalmente regresó a su pueblo. La noticia dio vuelta al mundo y en 1981 la BBC llegó a Haití para filmar un documental. Ayudados de la familia redactaron una serie de preguntas que sólo el propio Clairvius podría responder. La entrevista se hizo justo sobre la tumba de Narcisse, en donde se puede leer “Ici repose Clairvius Narcisse”. Al llegar al cementerio se detuvo unos minutos, tratando de orientarse, y luego se hizo paso entre las apiladas tumbas hasta llegar a la suya. Ante las cámaras dijo: “Ni siquiera estaba aquí cuando arrojaron tierra sobre el ataúd. Mi cuerpo estaba aquí, desde luego, pero yo flotaba en algún lugar indeterminado. Podía oír todo lo que sucedía. Entonces llegaron. Tenían mi alma en su poder. Me llamaron y la enviaron a través del suelo. Pensaban que yo era un bourreau (verdugo), de modo que, después de pasarse la botella, me ataron los brazos a los costados. Después fui citado a juicio, para ocho días más tarde. Son los amos de la tierra y hacen lo que les place”. Clairvius no fue bien recibido en L’Estère, dijo que al llegar los aldeanos se burlaban de él y que incluso su familia le pidió que se retirara. Su propia hermana le ofreció dinero para que se fuera. Todos le tenían miedo. Pronto se armó gran alboroto y llegó la policía. Tomó a Clairvius bajo su protección y, tratando de evitar una tragedia, lo encerraron en la cárcel para protegerlo. Luego fue trasladado a la misión baptista. Finalmente el doctor Douyon se hizo cargo de él. Natagette Joseph, otra de las zombis tratadas por el doctor Douyon, nació en 1920 y murió en 1966 en una refriega a causa de unas tierras. El cuerpo de la mujer fue llevado a la comisaría en donde el policía a cargo firmó el certificado de defunción, por ausencia del médico. En 1980 fue reconocida mientras vagabundeaba en torno a su pueblo, por el mismo policía que había certificado su muerte. A finales de 1980 los medios de comunicación de Haití informaron del descubrimiento de un grupo de personas que se comportaban como retrasados mentales. Vagaban sin objeto cerca de la costa Norte del país. Rápidamente los campesinos los identificaron como zombis. La policía los capturó y los envió a Cabo Haití, en el destacamento militar. El ejército se encargó de regresarlos a sus comunidades de origen. Tanto Ellen como Narcisse están siendo tratados de rehabilitar en el Hospital de Romain, aunque se avanza poco en ellos, ya que la falta de oxígeno afectó sus cerebros. Según se cree, los dos zombis que se tienen en estudio, están ahí porque se cometieron sendos errores con ellos. En el caso de Ellen, el bocor murió bruscamente, por lo que ella quedó liberada sin proponérselo. En el segundo, uno de los encargados de darle un brebaje le dio por equivocación sal, y esto provocó que se rebelara y saliera del control del sacerdote. UN PODEROSO ANESTÉSICO El doctor Douyon logró conseguir de un bocor “polvos de zombi” y envió una muestra de ellos a los Estados Unidos para su análisis. Quien analizó los polvos fue el doctor Richard Evans Schultes, director del Museo Botánico de la Universidad de Harvard, que había estudiado los narcóticos del Amazonas, como la ayahuasca, por más de 40 años. Aunque esta muestra no proporcionó mucha información, sí despertó la curiosidad de Schultes. El etnobotánico Wade E. Davis, que en ese entonces trabajaba bajo las órdenes de Schultes, tuvo la misma curiosidad. Viajó a Haití, enviado por Schultes, para tratar de colectar muestras de “polvo zombi”. Preguntó a los bocors cómo se usaba, de qué estaba hecho y cómo se preparaba. Davis obtuvo cinco muestras de “polvo zombi” y descubrió que en cuatro de ellas, cada una de regiones diferentes, contenían un mismo ingrediente: Tetrodotoxina, un anestésico que, de acuerdo a Davis, “es 160 mil veces más potente que la cocaína y quinientas veces más fuerte que el cianuro. Una cantidad de la toxina pura del tamaño de la cabeza de un alfiler supondría ya una dosis letal”. Las muestras del polvo zombi contenían: un lagarto grande llamado Agamont; un sapo, el crapaud bouga (Bufo marinus), especie original de los trópicos americanos; el mal llamado sapo de mar o crapaud de mer, que en realidad es un pez globo, el Diodon hystrix; otras tres especies de peces globo, como el Diodon holocanthus, Sphoeroides testudineus y Sphoeroides spengleri; un gusano anélido de la familia de los Polychaeta; tarántulas y ciempiés. Entre los productos vegetales se encontraban: Albizzia lebbeck, que los haitianos llaman tcha-tcha, una especie de árbol productor de sombra, originario de África occidental. La corteza y las vainas contienen saponinas que actúan como vermífugos, y sapotoxinas. Los síntomas por envenenamiento con saponinas incluyen: náuseas, vómitos y secreción excesiva en las vías respiratorias y edema pulmonar. También había Pois gratter, guisante picapica, una especie de liana Mucuna pruriens cuyas vainas tienen pelos extremadamente urticantes y sus semillas son psicoactivas. En África se utiliza una especie similar, la Mucuna flagellipes, como veneno con el que untan sus flechas. Contiene una sustancia muy parecida a la fisostigmina. Semillas de consigne (Trichilia hirta), un árbol de la familia de la caoba. Hojas de pomme cajou (Anacardium occidentale) o anacardo común. Hojas de bresillet (Comocladia glabra), una hiedra venenosa que produce dermatitis graves. Maman guepes (Urera baccifera), mashasha (Dalechampia scandens) y dumbcane (Dieffenbachia seguine) o “caña del mudo”, que utilizaban los dueños de las plantaciones como castigo, obligando a comerlas: como contienen oxalato de calcio, las hojas irritan la laringe y causa hinchazón, dificultando la respiración e impidiendo el habla. Las muestras que consiguió Davis contenían también sustancias como la Bufotenina, la cual produce alucinaciones; y otros ingredientes activos que afectan al corazón y al sistema nervioso. Davis publicó un artículo en el Journal of Ethnopharmacology en el que establece que los zombis existen, pero que se pueden explicar científicamente. Los egipcios ya conocían el veneno del pez globo. En la tumba de Ti, faraón de la V dinastía, aparece representado. Se cree que los judíos prohibieron comer peces sin escamas (Deuteronomio) debido a estos animales. En China se le menciona en el Pentsao Chin, la primera gran farmacopea, escrita durante el reinado del mítico emperador Shun Nung (2838 a 2698 a. de C.). Más recientemente, durante la dinastía Han (202 a. de C. A 220 d. de C.) se descubrió que la toxina se acumula en el hígado de los peces. En el Pentsao Kang Mu (1596 d. de C.) se asegura que los niveles de toxina varían según las especies, y en la misma especie según la época del año. Uno de los primeros europeos en comer pez globo lo fue el capitán James Cook. Por suerte el guiso no fue de su gusto y sólo le dio un bocado. Cook relata los síntomas de esta manera: “Sentimos una debilidad extraordinaria en todos los miembros, acompañada de un entumecimiento o una sensación como la que se experimenta al exponer las manos o los pies al fuego después de haberse quedado aterido de frío. Perdí casi por completo la sensibilidad, y no distinguía los cuerpos ligeros de los pesados…; para mi mano, una medida de un cuarto de galón llena de agua y una pluma venían a ser lo mismo” No corrieron con la misma suerte los marinos holandeses del Postilion. En la bitácora del barco se puede leer las anotaciones del médico de abordo, prácticamente, la descripción de un zombi: Diez minutos después de haber comido el pescado, el contramaestre: “yacía en el entrepuente y no podía levantarse sin hacer grandes esfuerzos; tenía la cara un tanto arrebolada, los ojos brillantes y las pupilas más bien contraídas; la boca estaba abierta y, como los músculos de la faringe se hallaban agarrotados por un calambre, se les escurría la saliva; tenía los labios hinchados y un poco azulados, le frente cubierta de sudor, el pulso rápido, breve e intermitente. El paciente estaba extremadamente agitado y sentía gran angustia, pero conservaba todavía la conciencia. Su estado pasó rápidamente a una forma de parálisis; los ojos quedaron fijos en una dirección; la respiración se hizo dificultosa, con dilatación de las aletas de la nariz; la cara palideció y se cubrió de un sudor frío; los labios se pusieron lívidos; perdió la conciencia y le falló el pulso; por último, su agitada respiración se detuvo. El paciente murió apenas diecisiete minutos después de haber comido una parte del hígado del pescado”. Otro marino sufrió los mismos síntomas pero menos acentuados debido a que había vomitado varias veces, pero murió un minuto más tarde que su compañero: “Se produjo un movimiento convulsivo de los brazos, después de lo cual desapareció el pulso, y la lengua, lívida, se proyectó entre los labios”. En México, el historiador Francisco Javier Clavijero escribió que en 1706, mientras exploraba Baja California en busca de un emplazamiento para una misión, los soldados españoles que le acompañaban encontraron, en un campamento abandonado por los indios, un hígado de botete (Sphoeroides lobatus). Se les hizo fácil asarlo para luego engullirlo. Uno se comió un trozo pequeño, otro lo probó y el tercero lo masticó sin llegar a tragarlo. El sabor era desagradable. El primero murió en menos de veinte minutos, el segundo poco después, mientras que el tercero permaneció inconsciente hasta el día siguiente OTRAS DROGAS TERRIBLES La tetrodotoxina proviene del pez erizo cornudo (Diodon hystrix), también conocido como pez globo por su costumbre de hincharse cuando es molestado. Un pez erizo de 20 centímetros absorbe poco más de un litro de agua, al mismo tiempo que eleva sus espinas hasta convertirse en un cojín flotante lleno de pinchos. Estos peces son afines a los Teiraodon, cuya carne y viseras son altamente tóxicas, como consecuencia de una singular neurotoxina: la tetrodotoxina, o simplemente TTX. Viven en la mayoría de los mares cálidos del mundo. En la Polinesia se les conoce como Maki-Maki, que significa “muerte mortal”. El veneno se concentra en la piel, los órganos reproductores, el hígado y los intestinos. La tetrodotoxina, cuya fórmula química es conocida desde 1965, posee una curiosa propiedad de la cual deriva un efecto especial: bloquea los canales submicroscópicos que permiten el paso de iones de sodio a través de la membrana de las células nerviosas y musculares. El bloqueo iónico imposibilita las actividades nerviosa y muscular. Así, se produce una parálisis de los músculos del organismo y una depresión del sistema nervioso. Ahora bien, recordemos que las leyendas vudú afirman que hay que evitar proporcionar sal (cloruro de sodio) a los zombis, para que estos permanezcan en ese estado. Parece ser que esta leyenda también tiene un fundamento. Probablemente al aumentar la concentración de iones de sodio en el cuerpo de los zombis, al ingerir sal por descuido, se contrarrestan los efectos del bloqueo iónico de la tetrodotoxina. La bufotenina, otra de las drogas encontradas por Davis, proviene del sapo Bufomarinus. Estos sapos tienen veneno en unas glándulas situadas detrás de los ojos, las glándulas Parótidas. El veneno contiene una serie de sustancias llamadas bufoteninas, bufotalinas y bufaginas. Algunas tienen el mismo efecto que la digitalia: disminuyen las pulsaciones del corazón y aumentan la presión sanguínea, lo que va acompañado de hinchazón y náuseas. DATURA Y CURARE Davis encontró que los bocors obligan a los zombis a comer una pasta hecha de Datura, una potente planta alucinógena del género de los herbáceos, de la familia de las solanáceas, que acumulan alcaloides en las hojas, raíces y semillas. Comprende dos especies importantes: Datura metel y Datura stramonio. El Datura stramonio es originario de México y comprende unas veinte plantas, algunas de ellas muy ornamentales y cultivadas con frecuencia en los jardines. Son plantas de olor desagradable que alcanzan más de un metro de altura. Sus hojas son aovadas, delgadas y agudas. Las flores son blancas y tubulares, con cáliz tubuloso, y se alargan en su extremo formando cinco lóbulos algo radiados. Están sobre cortos cabillos. La corola es blanca y el fruto es una cápsula ovoide erizada de púas verdes. En su interior poseen cuatro cavidades en las que alojan numerosas semillas reniformes de color oscuro. En términos generales tienen forma de Dalia. La Datura stramonio es conocida en Haití como “Pepino de los zombis”. Nace en primavera, florece en verano hasta bien entrado el otoño y muere a principios del invierno. Su principal alcaloide es la daturina, aunque también tiene hiosciamina (Atropina) y escopolamina. Davis continuó sus investigaciones en Sudamérica. En el Amazonas se dedicó a estudiar las plantas medicinales y brebajes utilizados por los nativos. Trabajó con más de una docena de tribus y encontró que el veneno más conocido era –y sigue siendo- el Curare. El Curare es una sustancia extraída de diversas especies del género Strychnos (Strychnos toxifera, Strychnos panamensis, etc.) El Curare debe su acción al alcaloide D-tubocurarina, que produce bloqueo del impulso nervioso a nivel de placa motora; ello trae como consecuencia una parálisis muscular, que afecta primero a los músculos de la cara, proporcionándole a la víctima un aspecto de idiota, y en el último término a los músculos respiratorios. Dicha acción es contrarrestada por la Fisostigmina y la Prostigmina. En la antigüedad lo utilizaban los nativos de América, Asia y Oceanía para impregnar sus flechas. Los monos envenenados comienzan por relajar sus músculos y terminan por caer de los árboles. “La poción no mata necesariamente a los monos”, dice Davis. Actualmente se emplea para reducir las convulsiones y espasmos musculares, y suprimir así el peligro de fracturas óseas, en el electrochoque, y en muchos síndromes neurológicos que causan la hipertonía muscular. Asimismo se utiliza en la anestesia con el fin de obtener una relajación muscular más completa. DEL AMAZONAS AL JAPÓN Para averiguar más sobre estas pociones, Davis recurrió a una extraña fuente de información: la literatura médica japonesa. Engelbert Kaempfer, médico agregado a la embajada holandesa en Nagasaki a finales del siglo XVIII escribió: “Los japoneses lo consideran un pescado muy delicado, y son muy aficionados a él, pero hay que quitarle la cabeza, las tripas, las espinas y todos los desperdicios, y lavar y limpiar cuidadosamente la carne antes de que esté lista para comerla. Y aun así, mucha gente muere a causa de él. El veneno de este tipo de pescado es absolutamente mortal, y ningún lavado ni limpieza puede eliminarlo. Por consiguiente, nadie lo quiere, a no ser que pretendan quitarse la vida”. Kaempfer se refería al Fugu o pez globo. Cada año unos 50 japoneses padecen envenenamiento con tetrodotoxina, por comer peces erizos cornudos mal preparados, y, aún más, la mitad de ellos muere. El veneno actúa con rapidez. En media hora la víctima se siente débil y mareada, con sensación de hormigueo, y el entumecimiento se extiende apareciendo el sudor, la dificultad para respirar y hemorragias. Finalmente, la parálisis y quizá la muerte. En Japón, algunos restaurantes especializados sirven este pez, preparado por Chefs especialmente entrenados. Se eliminan las entrañas antes de comerse. Si se llega a consumir el veneno en pequeñas cantidades produce una sensación placentera y eufórica. Además se cree que es un afrodisíaco. Tal vez por eso los japoneses se atreven a comerlo. Existe un refrán japonés que dice : “Grande es la tentación de comer Fugu, pero mayor es el temor de morir”. Davis descubrió algunos casos que “parecían relatos de zombificación”: dificultad para respirar, mirada vidriosa y parálisis. Algunos japoneses fueron declarados muertos, pero revivieron después de haber sido enterrados. Sin embargo, las víctimas conservan sus facultades mentales. En dos casos, por lo menos, los japoneses afectados recuperaron sus facultades antes de que los enterraran. Durante horas, la persona intoxicada se encuentra en un estado de muerte reciente. La muerte se produce por parálisis de los movimientos respiratorios. “Una docena de jugadores se hartaron de fugu en Nakashimamachi de Okayama, en Bizen. Tres de ellos presentaron síntomas de envenenamiento, y dos acabaron por morir. Como uno de los muertos era natural de la ciudad, fue enterrado sin dilación. El otro pertenecía a un distrito distante…, bajo la jurisdicción del shogun. Por consiguiente, el cadáver fue trasladado a un depósito, donde quedó bajo la vigilancia de un guardián hasta que un funcionario del gobierno pudiera examinarlo. Siete u ocho días más tarde el hombre recobró la conciencia y curó por completo. Cuando le interrogaron acerca de su experiencia, dijo que lo recordaba todo y afirmó que, cuando oyó decir que la otra persona había sido enterrada, quedó aterrorizado al pensar que podían sepultarle vivo”. “Un hombre de Yamaguchi, en Boshy, sufrió en Osaka un envenenamiento por fugu. Creyendo que había muerto, enviaron su cuerpo al crematorio de Sennichi. Al retirar el cuerpo del carro en que lo habían transportado, el hombre se recobró y regresó a su casa. Como en el caso anterior recordaba todo lo sucedido”. Davis menciona un tercer caso: “En la Nochebuena de 1977 un residente de Kyoto, de cuarenta y ocho años, fue admitido en el hospital a causa de un envenenamiento por fugu. El paciente dejó pronto de respirar, y todos los síntomas demostraban la muerte cerebral. Los médicos recurrieron de inmediato a la respiración artificial y a otros tratamientos adecuados. No le sirvieron de nada pero, cuarenta y ocho horas más tarde, el paciente empezó a respirar de nuevo de modo espontáneo. Acabó por recuperarse del todo y, más tarde, recordó haber oído llorar a su familia sobre su cuerpo inmóvil. El veneno no le había afectado los sentidos. Desesperado, intentó hacerles saber que seguía con vida, pero no pudo conseguirlo. “Fue un verdadero infierno”, dijo a los investigadores médicos cuando se recuperó”. Los investigadores japoneses Fukuda T. y Tani I. distinguen cuatro grados de envenenamiento con tetrodotoxina: los dos primeros se distinguen por una sensación progresiva de entumecimiento; el tercero incluye parálisis del cuerpo entero, dificultades respiratorias, cianosis y presión sanguínea baja, aunque la víctima conserva la conciencia; el último grado produce un paro respiratorio y la muerte. LA SOLUCIÓN AL MISTERIO Davis cree que los bocors, que conocen perfectamente las cualidades positivas y negativas de las plantas, preparan un brebaje para dárselo a la persona, aplican una cocción conteniendo Bufotenina y tetrodotoxina a la piel de sus víctimas, causando una dificultad respiratoria, insuficiencia cardiaca y renal, agitación psicomotriz y confusión mental progresiva. La persona cae en un estado de enfermedad grave, más grave, hasta que el cuerpo empieza a ponerse rígido, adquiere un tono cadavérico y el pulso se hace débil, tan débil que llega a creerse que está muerto. Parece que no hay ningún soplo humano en sus células y después de varias horas, si al doctor se le pide el certificado luego de sus exámenes, determina oficialmente que esta persona está muerta. La víctima es enterrada. El bocor se encarga, antes de 24 horas, de exhumarlo y devolverlo a la vida… Pero a la vida de zombi, drogándolo con Datura. El tratamiento a que se somete a la víctima es brutal. En este punto es decisivo suministrarle al presunto zombi un preparado vegetal alucinógeno a base de stramonio (Toloache). La víctima, probablemente afectada por lesiones residuales en el cerebro, provocadas por la escasez de oxígeno durante la falsa muerte y el sucesivo sepelio, vuelve a tener conciencia en medio de espantosas alucinaciones y es fácil convencerlo de que es un “muerto viviente”. Las investigaciones realizadas por Davis señalan que el zombi sólo puede efectuar trabajos físicos, como labores en el campo y en la casa. Las funciones intelectuales son perdidas por completo, e incluso habla con dificultad. Vive como un retrasado mental o idiota y pierde por completo sus posibilidades de hacer vida sexual. Se ha convertido en un esclavo. “Es verdad –dice el doctor Douyon- que hay personas consideradas como muertas y enterradas que “resucitan” y son encontradas meses o años después por sus familiares o amigos. Pero no hay nada de misterioso en esto; más bien se trata de un asunto terriblemente inmoral. Llevo años denunciándolo”. Para concluir sólo señalaremos que el mismo antiguo Código Penal Haitiano, en su artículo 246, hacía referencia directa a los zombis: “Se considera atentado a la vida de una persona por envenenamiento, todo empleo que se haga contra ella de sustancias que, sin dar la muerte, hayan producido un estado letárgico más o menos prolongado, y esto sin tener en cuenta el modo de utilización de estas sustancias o su resultado posterior. Si a consecuencia de este estado letárgico la persona ha sido enterrada, el hecho será calificado de asesinato”. Fuente: http://marcianitosverdes.haaan.com Espero q les haya gustado
“La policía de la ciudad rusa de Yaroslavl atrapó un grupo de ‘góticos’ acusados de matar y comer cuatro adolescentes en un sangriento ritual satánico. Los ocho supuestos satanistas, de 17 a 19 años, habrían atraído a las víctimas a una fiesta en el campo en los límites de la ciudad de Yaroslavl, antes de inducirlos a beber y entonces descuartizar sus cuerpos. Los policías encontraron los brazos y piernas de las víctimas en una zanja, vestidos con símbolos satánicos, y los investigadores dicen que cada víctima fue acuchillada 666 veces –un número considerado una señal del demonio”. Del Telegraph: Goths arrested on suspicion of murdering and eating teenagers in Satanic ritual En el tabloide The Sun están las fotos de dos de los acusados y de la cruz invertida en el lugar en donde fueron encontrados los cuerpos. Los aprendices de satanistas habían comido parte de los cuerpos de las víctimas. Aunque los medios exploraron el “satanismo” en tales crímenes y el parlamento ruso haya considerado hace algún tiempo la represión de la cultura “emo” (lo que fue abordado con humor por la red), es interesante notar que sólo el Telegraph menciona que uno de los ocho sospechosos ya pasó por una institución psiquiátrica. En Brasil, hace dos años nueve niños en São Gabriel da Cachoeira, Manaus, se habrían suicidado por influencia de un culto “satánico” liderado por un profesor. El año pasado, un grupo de jóvenes también participó en rituales con un “vampiro” de 27 años en Presidente Prudente, São Paulo – en este caso, ninguno sufrió violencia física más allá de dejar que su sangre fuera chupada por el “vampiro”. SatanistasRusia2 Es común agrupar tales casos de suicidios y muertes relacionadas con ideas “satánicas”, pero lo que usted difícilmente verá es la asociación de estas trágicas muertes con otras víctimas de creencias más aceptadas socialmente. Y que, en números absolutos, generan mucho más víctimas. Basta una simple investigación para ver que las muertes provocadas por “exorcismos”, por ejemplo, son extremadamente numerosas y comunes, y sin embargo tal práctica es endosada o permitida por muchos religiosos y autoridades. En Brasil, por ejemplo, casi todas las mañanas rituales de exorcismo estilizado son exhibidos por la TV. No consta que el parlamento ruso prohíba el exorcismo. De hecho aún es practicado por la Iglesia Ortodoxa. Todavía más irónicamente, la propia represión del “satanismo” mata más que el satanismo en si mismo. El combate muy proactivo a tales “fuerzas del mal” mata centenas de personas anualmente, principalmente en regiones pobres y supersticiosas de África, Asia y Medio Oriente. Todavía se quema “brujas”. No, no estamos defendiendo el satanismo. Por el contrario, esta es evidentemente una agrupación de ideas idiotas, que niños vulnerables pueden abrazar sin defensa. Pero, más importante y efectivo que reprimir el “satanismo”, es educar y prevenir a todos, jóvenes y adultos, contra cualquier “ismo” perjudicial. Esto puede no interesar a varios “ismos” absurdos predominantes en nuestra sociedad, que en nombre de “Dios” pueden matar mucho más que los locos adoradores de “Satanás”. ¿Conoce el Exorcismo de Emily Rose? Olvide la película. En la vida real, la niña fue muerta por omisión de socorro adecuado y por las prácticas absurdas del exorcismo. Los padres no comieron su cuerpo para completar los rituales del exorcismo, pero de la misma forma una joven fue víctima. Perversamente, “en nombre de Dios”. Y el caso dio pie a una película en la que todo eso es invertido. Mientras exista la creencia estúpida en dios, existirá la creencia estúpida en el diablo, y las muchas víctimas de todo eso. El problema no es el diablo, o el mismo dios. Es la creencia estúpida. Info: http://marcianitosverdes.haaan.com/2008/09/cuatro-jvenes-muertos-en-rituales-satnicos/

Registrate y eliminá la publicidad! TODO LO QUE SIEMPRE QUISO SABER SOBRE LA MARIHUANA PERO NUNCA SE ATREVIO A PREGUNTAR Y si. Faso, marihuana, falopa, putza, faisán, ganja, o churro. Hace rato que quiero escribir un update sobre este tópico tabú, pero siempre chocaba contra tres problemas. Las contras a encarar este tema eran las siguientes: 1) No quisiera hacer apología de la droga. No se que significa pero siempre lo vi asociado a cosas malas, y no necesito más problemas. Además, hay mucho adolescente que insiste en leer esta página, y no querría que por algo que escribo algún pendejo haga cualquiera. 2) Hace 5 años que escribo pelotudeces. Si ahora hablo del faso, no quiero que todos digan “Claaaro, así cualquiera”, cuando todo lo que escribí fue producto del alcohol. 3) Si la vieja de mi novia se encuentra con este update no me invita nunca más a comer a la casa, y hace unas milanesas que te caés de orto. Y NO ME HAGAN HABLAR DE SUS TORTAS. Es así que este update quedó relegado al último cajón de mi memoria, donde guardo mi ambición, mi impulso sexual y otras cosas que uso poco. ¿Qué cambió, entonces, para estar escribiendo estas líneas? No se como era el mundo hace 10 años, tenía 17 y solo quería averiguar como era este asunto de “culear”. Hay evidencias que indican que el faso estaba por todos lados hace rato: Las películas de Cheech & Chong, la música de Grateful Dead, o sin ir más lejos Paolo el Rockero. De alguna manera no vi todo esto y pensaba que la marihuana era algo que fumaban los yanquis en la prepa, y que acá solo los drogadictos la consumían. Esos que te apuñalan para robarte la billetera y comprar cocaína, melanina o Ades. No se que consumían porque son tan drogones que hacen cualquier cosa por meterse en el cuerpo esa porquería que toman. Hoy en día, sin embargo, no se si será que soy más adulto o que las cosas realmente cambiaron y a nadie le importa un huevo si estás del culo. Puedo nombrar al menos 5 películas de los últimos 6 meses cuya trama se basa en gente fumada, con un mensaje positivo. Me encontré con una columna del diario Crítica Online, titulada “FUMADO”, donde el autor habla del impacto en el mundo occidental de la apertura económica de China. Mentira, tira ganzadas de fumón, seguramente sobrio, pero con una excusa tácita por su divague. El programa más popular de nuestra televisión nacional tiene como uno de los sketches más celebrados a un cabeza de hierba. En cualquier revistería puedo encontrar la revista THC, que solo habla del cannabis y sus rituales. Anibal Fernandez, Ministro de Justicia de mi país, comentó dados ciertos fallos recientes, que “el faso es una puta masa”, solo que con otras palabras y sacándolo de contexto. En cuanto a los adolescentes, es muy simple. Declaro desde ahora mismo que este sitio y en especial, este update, no debe ser leído por menores de 18 años. Lo voy a agregar en el pié de página. Cualquier menor que siga leyendo no solo está haciendo algo que no quiero ni avalo, sino que además está tácitamente declarando que sus padres no le enseñaron nada y la irresponsabilidad de estos es la causa de su actitud. Que me venga a decir algo algún padre ahora. Y ojo, que no es un capricho. Realmente creo que más allá de todo lo que voy a escribir, no da que un pendejo ande quemando. Hay etapas. Si querés una vida de intoxicaciones frecuentes, primero viene la birra y el viaje de egresados. Luego, tiempo después, vendrán 1 o 2 años en los cuales vas a estar casi siempre fumado. Se llama “ir a la facultad”. Así que no te apures, tontito. ¿Como derribé el punto 2? Bueno, yo me olvido de lo que escribo pero creo haber aclarado que nunca escribí un update fumado. No les queda otra que creerme. Dado que nunca se sabe que es cierto y que es inventado en esta página, no les va a costar mucho. El tercer punto fue el más difícil. Sé que hay quienes están pensando “Man, hoy en día está todo bien”. Las bolas. Cuando tenía 13 años me pusieron Internet. Fui uno de los primeros clientes del primer proveedor del país. En el colegio nadie sabía lo que era Internet, les tenía que explicar, muy despacio. Cuando me puse a chatear (mandar mails) con una brasilera llamada Vanesa Ferreira, de mi edad, que vivía en Canada, en el colegio me gastaron por meses. “¿COMO ESTÁ TU NOVIA DE INTERNET?” me gritaban, y yo respondía despacito “noesminoviaboludos”, y luego escribía “Vanessa” en mi cuaderno al lado de corazoncitos y calaveras en llamas, que siempre son relevantes. Lo peor es que era lo más cercano a una. A una novia, no a una calavera. Hablabamos todos los días, me había mandado su foto, ella era la única pendeja con webcam y yo el único latino con Internet. Exagero, pero así es el amor. Después falleció, o capaz solo cambió el mail, pero terminó siendo mi primer desamor porque no supe más de ella. Mientras tanto, en el colegio, no pararon de joderme con esa mina, y eso que era un tipo que me llevaba bien con todo el mundo. Hoy en día los mismos pibes que me gastaban por horas por no poder conseguirme una mina como un hombre de verdad, tienen en su perfil de Facebook una foto sin la remera, mirando a camara con unas Ray Ban, y no paran de coger gracias a Internet. Sin embargo, tan solo el año pasado o el anterior, cuando aún estaba con mi ex y respondía a un “como se conocieron” con un “por Internet”, no podía dejar de sentirme un pelotudo que no puede conseguirse minas como un hombre de verdad. Naturalmente entonces, por más que en mi último laburo de 80 personas 70 fumaban de vez en cuando, por más que mis amigos más cercanos son fumones o han pasado por “el año fasático”, incluso por más que todos los deliveries de la zona donde vivo probablemente me conozcan como “el fumón que siempre te abre con la bragueta abierta y haciéndose el que se acaba de despertar y se refriega los ojos por más que son las 9 de la noche”, no quiero que mi suegra se entere de que he fumado. Para ella soy el novio de la nena. Soy Andrés. Imaginen mi terror. De cualquier manera, habrán notado que lo resolví de forma ingeniosa. Acá me podrán decir “¡Pero estamos leyendo que sos vos desde el primer párrafo!”. ¿No jodas? Obvio que se dieron cuenta, si no me molesta que lean justo ustedes. Ahí radica la genialidad de este disfraz. Habiendo terminado con la introducción más larga que escribí hasta el momento, puedo pasar a, como bien notaría Capusotto, hablar del faso. Encuentro. La primera vez que fumé un porro fue cuando era chico. Estaba en la secundaria. ¿Ven por que no quería que lean los pibes? Ojo, no tenía pensado hacerlo, simplemente ocurrió. Pasé por el cuarto de mi hermano donde él, mi otro hermano mayor y su novia estaban quemando. Al instante trataron de pilotearla pero dado que tenían esculpida la sonrisa del gato de Alicia en el País de las Maravillas, era obvio que estaban en algo raro. En realidad yo no tenía ni idea de que estaban haciendo porque tenía menos calle que La Pampa antes de 1492, pero me dijeron que estaban fumando y hasta me ofrecieron, dado que si alguna vez iba a probar, que mejor que hacerlo en un ambiente contenido y en familia. Ya fumaba cigarrillos así que la costumbre chota de meterme humo en los pulmones, la tenía de antes. Yo no tenía ningún interés en ese entonces de “probar” y lo cierto es que estaba un poco aterrado. Hacemos mil cosas “que están mal” todo el tiempo. Te fumás un pucho, que es legal pero está haciendo concha y está mal visto por los no-fumadores, te bajas 2 tubos de vino sin contemplar que pensaría esa amiga que nunca tomó en su vida y tiene un joven tío alcohólico, sin ir más lejos, no conozco a nadie que no se haya bajado un MP3 en s4u vida, y no olvidemos que es ilegal. Ni hablar de películas o software. Nadie de los que está leyendo pagó su Windows Xp. No me quieran mentir. Y en algunos países podes ir preso por eso. Pero no te avergüenza contárselo a tus amigos. Esto era diferente. Fumar de ese faso me etiquetaba al instante, convirtiéndome en un tarado que “se droga”, en alguien que quiere escapar de la realidad, en alguien que sucumbe ante la presión de sus pares, en alguien que pasaría por la puerta de entrada a otras drogas más duras, en un falopero, hasta en un pecador. La única razón por la cual “No te pases de mambo” no está en los mandamientos es porque en el Monte Sinai crecían más hongos que en la aldea de los pitufos. Es curioso como se implantan en nuestras cabezas ciertos mensajes. No soy ni fui católico apostólico romano y me reía de las publicidades de Fleco y Male de la época (Para los que no las hayan visto, eran campañas contra la droga protagonizadas por el Dr. Miroli, un ex-compañero del Dr. Ahorro y el Dr. Simi que le erró de carrera). Pero luego de fumar, me sentía mal. No físicamente, de hecho no me pegó. Tenía todos los preconceptos negativos que la tele y el inconsciente colectivo te implantan desde chico. Y no me convencieron a frenar mi accionar, solo hicieron que no lo pueda disfrutar. ¡Pero basta de hablar del catolicismo! Pasaron muchos años sin que vuelva a fumar. Ya había probado y por más que sabía en ese entonces que no causa dependencia física, simplemente no tenía ganas. No le veía lo divertido. Pasadas mis dos primeras décadas de vida, compartí algun que otro churro en reuniones, una vez por año o incluso menos. Nada pasaba. Hay que aclarar que me había ocurrido lo mismo con el alcohol, tardó en hacerme efecto y hoy en día (ya he contado esto antes) no importa cuan grande sea el pedo que me pongo, SIEMPRE me acuerdo todo y no hago nada que no haría sobrio. Un embole de pedo, bah. Con el faso era peor. Hasta la fiesta en lo de Chata. ¡Capaz que no pega! Corría el año 2004 mas o menos. Me encontraba en una fiesta en San Isidro, organizada por un amigo del colegio. No suelo ir mucho para allá, pero por alguna razón esa noche estaba ahí, con mis amigos el Sabandija, el “Trasbordador” Verea y el Corto Maltés. Nos sentamos en la cancha de Paddle del dueño de casa, que les puede parecer extravagante pero no es poco común en ciertas casas construidas en los 80s por la zona. Una vez allí, sentados en ronda, el Sabandija sacó de su campera un faso, a lo cual el Corto agachó la cabeza, suspiró “El tata” y luego hizo la señal de la cruz.. Notando mi mueca inquisitiva, me explicó “A este faso que pegamos le decimos el Tata Dios”. “El tata”, suspiró Sabandija y repitió el ademán anterior de su compañero. Admiro la pasión por los rituales de mis amigos de la infancia, y nuevamente quiero exponer lo que provoca mandar a tus hijos a un colegio de curas. Se armó la ronda. El faso pasó de mano en mano en algo similar a las mejores partes de That 70’s Show. Al rato, Trasbordador no se podía mover, el Corto soplaba las hojas secas del piso y Sabandija no paraba de reirse de lo colgados que estaban los otros dos. Yo los miraba y no entendía nada, pero no como se imaginan. Le dije al Corto: “Man, no me pega. Mirá que fume varias veces en mi vida y nunca pasa de, capaz, reirme un poco”. El Corto tomó la tuca entre sus dedos. Parecía no estar tocándola, era como si una fuerza magnética la mantuviese en inamovible órbita. La llevó a la boca lentamente, mirándola, y antes de quedar bizco entrecerró los ojos como quien se relaja ante un masaje. Poniendo una mueca que dejaba entrever experiencia, aspiró sin que tuca y boca se tocase, logrando un sonido parecido a una tribuna entera después de que un tiro libre pasa a centímetros del arco. “¡Una fuga de gas!” sentenció Trasbordador, y luego se rió por su asociación. El Corto abrió los ojos. Su mano bajó con la suavidad de una hoja otoñal, y pestañeando levemente, dejó salir el humo como una maestra que dulcemente acompaña con palmaditas en la espalda a los chicos que salen al recreo. Luego, como si nunca hubiese olvidado mi enunciado pero dando a entender que recién ahora me podía contestar, me dijo “No es que no te pega. Es que no la entendes.” Pestañee un par de veces y le dije: “Disculpame Sai Baba, ¿como hago para entenderla?”. Él sonrió levemente y me dijo “No te puedo explicar. Pero un día la vas a entender. Solo tenés que querer”. El Corto se paró y se fue a bailar con su novia. Trasbordador estaba jugando con un perro y Sabandija estaba durmiendo. Sentado en la cancha de Paddle, agaché la cabeza y me repetí “La tenés que entender”. La próxima vez que fume, casualmente de la cosecha del “tata” y en el mismo lugar pero días más tarde, la entendí. No se como pasó. No hice nada en especial. Quizas simplemente me permití entenderla. Es como cuando ves una película adulta de chico y por más maduro que te creas, no entendés de que carajo trata, hasta que la ves de grande y te parece un peliculón. Es lo mismo. Pero bueno, con drogas. (Hago un paréntesis, que no se si tengo que ponerlo entre paréntesis, pero si no es así está mal puesto el nombre. Sé que muchos fumones y hasta fumadores casuales se ofenden si se le llama “droga” a la marihuana y no la consideran tal, fundamentando que el cigarrillo, el alcohol y todas las pastillas que los adultos tomamos a menudo contra dolores, stress o insomnia, son drogas también y nadie las llama así. O que la marihuana es una “droga blanda” que no puede ser comparada con las otras porque no causa adicción. Pero realmente, no me vengan con mariconadas.) Desde ese simbólico día en que la entendí, me concentré en diferenciar los efectos, en investigar a fondo que grado de pelotudez me estaba afectando, para poder contarlo después. Ya tenía LIA en ese entonces, y me imaginaba que tenía una responsabilidad periodística e incluso civil de poder dar, con lujo de detalles, los efectos de la marihuana en el organismo. Cuando busqué información del cannabis hace muchos años, cuando ni siquiera la había probado, me encontré con lo mismo que ahora: Es una droga psicoactiva, es decir, actua sobre el sistema nervioso central alterando la percepción, animo, consciencia y actitud. Me chupa un huevo eso, quiero saber exactamente como pega. Lógicamente también quería conocer sus contras, y hay varias páginas que detallan las mismas con mayor o menor entusiasmo. Para el caso, si buscan un poco pueden caer en páginas donde se culpa al faso de la violencia en el fútbol, el calentamiento global y que Marley siga viajando por el mundo. Pero un simple “pasa todo esto cuando estás reloco”, no encontré. Es así que durante mi período cannábico, me esforcé por entender y analizar todos los puntos de esta planta, para que aquellos que no sepan de que se trata puedan vivirlo, aún si no tienen ganas de probar nunca en su vida. Cuando en el 2000 leía las anécdotas de Tucker Max (www.tuckermax.com), me deleitaba con las aventuras de este turro que se pasó años en pedo, volteándose a todo el mundo y siendo el borracho más divertido que leí. Yo podría haber hecho esa vida y me hubiese divertido, pero la verdad es que no soy así. No puedo ponerme un pedo, ir a un bar y ponerme a chamuyar minas. No me sale, no está en mi naturaleza. Pero disfruté de sus anécdotas y las viví a través de sus palabras. Esto es similar. Los fumones ya saben de que se trata pero todavía están leyendo la enumeración del primer párrafo. Gente sana, esto es para ustedes. Efecto Uno: Estoy del ojete. Lo primero que pasa al fumar un faso se da a los pocos minutos. A veces 5, a veces 10, incluso a veces a los 20. Viene todo de la misma manera que siempre, incluso nunca falta el que sentencia “che, no me pegó”. Pero de repente, el cambio no puede ser ignorado. Casi siempre tiene que ver con lo último que venías haciendo. Si estabas charlando, te das cuenta que estás contando cosas que no decís ni en terapia. Si estabas leyendo, te das cuenta que hace 3 páginas que en vez de leer estás tarareando “Funky Town” en tu cabeza. Si te estabas riendo, nunca frenaste. No importa como haya pasado: Lo cierto es que siempre pensás “uh estoy del culo”.Es como una mini fiesta sorpresa en tu mente. De repente saltan todos detrás del sofa y te reís pensando “Como son chicos eh, siempre me agarran desprevenido”. Una vez sabiendo que por las próximas 4 horas no vas a poder manejar maquinaria pesada, empiezan a florecer los otros efectos. Voy a presentarlos en ningún orden en particular, por más que siga numerándolos. Efecto Dos: Reordenamiento absoluto de las prioridades. Supongamos que por ejemplo, el ‘Para hacer’ del día consiste en: - Armar la nueva mesa de la computadora, - Ver si le digo al “Tucu” de pasar a visitar, - Hablar con mi novia para ver que hace esta noche - Pegarme una ducha. Una tuca más tarde pasa a ser: - Conseguir algo salado, en preferencia crocante - Conseguir algo dulce, en preferencia con dulce de leche casero - Echarme un nonito con el pulgar en la boca a propósito, como para ver si el sueño “pega mejor”. ¿Notaron un patrón al principio? El bajón es un tirano. No conoce piedad. No toma substitutos. Yo no sabía por que veía gente con gafas oscuras en un supermercado. Ahora lo se muy bien. Efecto Tres: Hambre voraz de cosas ricas, o El Bajón. Para el fumón, una góndola de supermercado es como tomar a un decano de la facultad de letras y hacerlo viajar en el tiempo para que conozca la Biblioteca de Alejandría. Nunca me quedé tanto tiempo, y me refiero a 6 o 7 minutos enteros, leyendo los ingredientes de cada una de las galletitas en frente mio. Visualizando como los chips de chocolate se meten en la masa de vainilla. Pudiendo palpar la mousse. Resolviendo a una escala atómica como se combinan los diferentes elementos y como van a afectar cada papila. Imaginándolo. Como la lista de Schindler, en ese momento no hay nada más importante que poder salvar a una marca más, a un gusto más, del confinamiento del sector Almacén. Luego de guardar toda clase de golosinas y lácteos (que por alguna razón son a la putza como la manteca a la tostada) en la canastita como si fuera una ardilla gigante juntando para el fin de los tiempos, y luego aún de imaginarme que era una ardilla gigante y preguntándome por que mi risa es humana, llegaba el momento de la caja. Un buen momento para hablar de otro efecto. Efecto Cuatro: Paranoia. Hoy en día es difícil encontrar a alguien que no haya fumado en su vida, e incluso entre los que nunca lo hicieron, ya casi nadie lo juzga como antes. Encontrar un tipo fumado da el mismo asco/pena/risa/indiferencia que encontrar uno borracho, y la mayoría de las veces tenés que prestar atención para darte cuenta que está del culo. Sin embargo, cuando uno está en un estado en el cual lo más importante que te pasó en la vida es encontrar pan tostado recién hecho, se da cuenta que para alguien que no comparte esta particular visión, uno es un pelotudo que se cuelga mirando una panadería por 20 minutos. Esa vergüenza a veces se transforma en la llamada paranoia. Pasás a estar seguro de que si alguien se da cuenta, va a caer el grupo GEO a cagarte a trompadas y llamar a tu vieja para decirle “Su hijo es un drogadicto. Tiene drogadicción. A las drogas”. Por eso es que uno cuando está del culo, no quiere que nadie más lo note. Esto se hace bastante complicado dado que por más que uno pueda actuar con total naturalidad, esos ojitos dicen que enrollaste la alfombra del baño y te la fumaste con un embudo. Es así que uno empieza a pasar los productos como si nada pasara, porque no pasa nada. Ponés los lacteos al mismo tiempo, separás los comestibles según su categoría, notás que estás exagerando, no hacés mas nada, mirás a la cajera y te acordás que tenés varices en los ojos entonces mirás para otro lado, son 16 con 70 ¿tengo cambio? Creo que tengo cambio a ver me fijo, no, no tengo nada, jaja, de que te reís boludo, ¿eso lo dije o lo pensé? Dale, que sos, Homero, careta, ah ya estoy afuera del super AJJAJAJAJA BOLUDO NO PASABA MÁS EL TIEMPO. Efecto Cinco: El tiempo no pasa más. En realidad todo ocurre como siempre. Un picaflor hace la misma cantidad de aleteos, vos te movés a la velocidad usual, y todo accionar tiene la misma duración. Pero hay una razón por la cual el fumón tiene esa tranquilidad solemne en todo lo que hace. Todos podemos recordar como ese minuto antes de que toque el timbre, o ese último semáforo antes de agarrar la onda verde que te lleva a tu casa, tardan más. Es lo mismo, pero tarda más. Bueno. Estar del ojete es como varias horas de esa clase de segundos. ¿Vieron como en las novelas dicen “Desearía que este momento no terminase nunca”? Bueno, a los dos minutos se estaban armando un churro. Así nomás. Esto es tanto positivo como negativo. Todo fumón vivió esta escena: estás con amigos, llega la pizza, bajás a buscarla y cuando volves alguien te grita “MAN TE FUISTE HACE MEDIA HORA”. Ahí le decís “Nunca baje… no encontré el ascensor” y todos estallan en carcajada. Pasaron 15 segundos seguramente. Pero los que estaban adentro ya estaban llamando a la policía porque no volvías. Ni hablar de cuando realmente bajas a buscarla. Yo he envejecido dentro de ascensores. Ir hasta la puerta de entrada, abrirla, saludar al pibe del delivery, esperar que saque las pizzas de la moto (cosa que tarda, aproximadamente, 63 segundos) darle la plata, recibir el vuelto y cerrar la puerta, es una cadena de acciones con tal peso de responsabilidad que al terminar, te sentís agotado y orgulloso. Es como dar el último final de tu carrera, aprobarlo, y contemplar todo el tiempo y esfuerzo que invertiste en esa meta. Bah, exagero, recibirte no es tan groso como eso. Y todavía falta toda la vuelta en ascensor. Con las pizzas en la mano. Te sentis Papá Noel, Santa Claus, o Toti Ciliberto, como se le conoce en otros paises de habla hispana. Después de esa cruzada, cuando finalmente entrás al depto y algún boludo te grita “TE FUISTE HACE MEDIA HORA”, no podés dejar de decirle “Creo que hace más. Lo importante es que la pizza llegó, y después del primer bocado, querés besar al cocinero. Efecto Seis: Exaltación de los sentidos. Me va a costar explicarles esto si no lo vivieron. Lo intentaré, sin embargo. El THC por alguna razón mágica, no por ciencia, por pura magia, le da un ascenso a los sentidos más ignorados. ¿Qué digo ascenso? Les sube el sueldo, les da un plan de vacaciones en el exterior y les construye su propio despacho. La vista y el oído siempre fueron los sentidos más populares, son los que después salen en MTV mostrando la casa. El olfato está ahí, es como Brendan Fraser, nunca va a ganar un oscar pero todos lo conocen y a nadie le cae mal. El gusto y el tacto sin embargo no gozan de mucha mención. Fumado sos Daredevil, siempre y cuando Daredevil sea un superhéroe que combate al mal palpando cosas y comiendo tostados. Los que estén atentos notarán que existen unas sinergias del carajo en este asunto. Sabiendo que el faso te da hambre, te hace pensar que todo es más rico, y te hace creer que todo tarda más, comerte una torta brownie de chocolate te convierte, por unos 5 minutos que parecen 10, en la persona más feliz del mundo. Si, ya se que tengo que estudiar para el parcial, y que mañana tengo que ir a laburar y me quiero matar. Pero… ¿vos probaste esta milhojas? La otra sinergia obvia es el sexo. Sabiendo que el gusto se potencia, está claro que vas a comerte tu plato favorito. Pero en cuanto al tacto, ¿como podés aprovecharlo? Bueno, tratar de mirarte la cara con los dedos como un no-vidente no era la respuesta. Era el contacto con otro ser humano. Agregale lo de que todo tarda más, y no importa con quien estés cojiendo, al final le vas a querer poner un anillo de compromiso en el dedo. Lectores masculinos: ¿Alguna vez leyeron una novela erótica para mujeres, de las que venden en los supermercados, con tipos musculosos con pelo largo en la tapa que parece que acaban de salir de un lavacoches? ¿Les parecieron aburridas las extensas descripciones de caricias, mimos, roces y besos? Es así, pero en vez de aburrido es increíble. Si la mujer siente las cosas así por default, tengo una nueva admiración por el sexo opuesto. Y no me hagan hablar de lo que es hacer el amor. No es un eufemismo, hablo de cojer completamente enamorado de la persona con la que estás. Fumados. ¿Que tiene de especial? Tiene que ver con el próximo punto. Efecto Cinco: No poder enumerar bien. Esto lo escuché, nunca me pasó. Efecto Siete: Exaltación de los sentimientos. Este es un punto debatible. Lo analicé por mucho tiempo y llegué a la siguiente conclusión: El faso le pone sal a todos los sentimientos conocidos, pero uno como está fumado, inconscientemente aprovecha y saca al exterior los más placenteros. ¿Para que vas a estar deprimido si podés ver bloopers del 93 y cagarte de risa como un nene? La cabeza ni se hace esa pregunta, cuando te querés dar cuenta te estás mirando las manos y pensando “Son ENORMES”. Es así que si estás con amigos, te das cuenta que los re querés. Si estás con tu pareja, te preguntás como no están casados todavía. Si te pide la luna, le ofrecés el firmamento, pero no te podés parar, mucho menos subirte a un cohete. Che hablando de cohete, ¿armamos otro? ¿Si? ¿Te dije cuanto te quiero? Esto no significa que no potencie cosas negativas. Si ves una película triste, probablemente te cagó la tarde. Si se te murió un familiar, yo diría que no te prendas ese churro porque vas a llorar más que el marido de Adriana Aguirre. Es difícil encontrar un fumón agresivo porque como dije, en vez de calentarte preferís ir a comer algo o colgarte mirando tele. Pero de vez en cuando pasa, y tengo por suerte un excelente ejemplo a mano. Como un individuo que tiene que mantenerse al tanto de lo último, o sea lo que va a salir en la sección Tecnología de Clarín en 18 meses, hace tiempo me cree una cuenta en Facebook. Como no lo utilizo para lo que está (cojer), paso mis días ignorando “pedidos de amistad” de gente que nunca vi en mi vida, y jugando al Packrat. Para ponerlo en términos simples, el Packrat es un juego en el que básicamente juntas figuritas. Tiene un poco más de complejidad, pero en esencia es eso, solo que acá los trueques de cartas son forzados: si alguien quiere, sin mencionar detalles, puede sacarte una figurita y dejarte otra de menos valor. Vean una típica reacción a este evento: Lupine Wolf dice: Che maraca no me robes los arbolitos que tengo que juntar un montón Alucard dice: kb Lupine Wolf dice: Dale pene, después te ayudo a vos y es mejor así. Alucard dice: ok El 80% del público que juega Packrat son señoras de cuarentipico o más, que juntan las cartitas como si de muñecas de porcelana se tratase, y son las personas más divinas que me encontré en el mundo. Recordemos que podés cambiar cartas con tus amigos en solo un par de clicks, quieran ellos o no. Estas señoras, antes de hacerlo, se mandan mensajes del estilo “Cariño, ¿te molesta si te cambio tu delfín por mi regadera? Y las respuestas son variaciones de “¡Claro que sí cielo! Ni preguntes, avisame si necesitás cualquier otra cosa.” Ahora vean que pasó cuando, luego de clavarme un faisán, noté que el mismo amigo de antes me había robado otra figurita. Lupine Wolf dice: QUE HACÉS LA CONCHA DE TU MADRE Lupine Wolf dice: LOS GOGGLES SON "FIGU DIFICIL" Lupine Wolf dice: ME LOS ROBASTE PORQUE SÍ Y LOS PERDISTE COMO UN IMBECIL Alucard dice: no los perdi, los guarde en un set Lupine Wolf dice: METETE EL SET EN EL ORTO SORETE Alucard dice: xD O a los 10 minutos, luego de robarme la figurita de un conejito motoquero: Lupine Wolf dice: DALE Lupine Wolf dice: DALE Lupine Wolf dice: OTRA VEZ Lupine Wolf dice: QUE SOS PELOTUDO Lupine Wolf dice: ME CAGO EN TUS MUERTOS Lupine Wolf dice: TE QUIERO CAGAR A TROMPADAS Alucard dice: L2 Game IMO Lupine Wolf dice: HABLAME EN CASTELLANO CONCHUDO Si no me tomé un taxi para ir a la casa y gritarle en persona es porque sabía que al toque me iba a olvidar por que fui. Efecto Ocho: Perdida de memoria a muy corto plazo. Imaginen que la vida es una película, y que todo lo que vivimos pasa al celuloide como si hubiese una cámara omnipotente que fija todas nuestras vivencias. Ahora imaginen que un duende picarón de repente te roba los últimos cuadros de dicho film. Es así como de repente estás yendo al baño, llegás, y te preguntas “¿A que vine?”. Y no fuiste a mear. Fuiste a buscar un cotonete. Esa pregunta anterior es tan habitual como “¿Como llegué a esta fiesta?” o “¿Por que me saqué los pantalones?” Un día estaba caminando por la calle, reloco, seguramente yendo al super, y vi en una esquina a un yanqui. No se como supe que era yanqui, pero estaba seguro que había nacido en el US of A. Me acerqué a el pensando que estaría bueno charlarle porque. Me paré en frente, sonreí, y le dije (en inglés): -Hey, ¿sos norteamericano, no? -Si, estás en lo cierto. -¡Lo sabía! ¡Yo soy Argentino! -¡Ya veo! -Era eso nomas. ¿Vieron lo que puse más arriba? Lo de “estaría bueno charlarle porque”. No es que me equivoqué al escribir. Es que para cuando me terminé de decir esa frase en la cabeza, ya me había olvidado porque carajo le quería hablar. Me di cuenta unos segundos después de que me dijo “Aha”. Imagino que el tipo habrá pensado que yo era un idiota… y hablando de imaginar… Efecto Nueve: Imaginación del carajo. El cannabis no es alucinógeno, no importa cuantos fasos te fumes, nunca vas a ver cosas, a menos que estés comiendo con cuchillo y tenedor una planta entera. Y la bajes con LSD. Lo que si tiene, sin embargo, es que la imaginación se multiplica. En un lugar lleno de fumones, los que no están comiendo, charlando o cagándose de risa, están con la mirada fija en un punto perdido, como si fuesen voluntarios de modelo vivo en un instituto de retardados. Si les decis “Che”, seguramente peguen un salto, te miren, y puedan continuar preparando el asado o cerrándole el pecho al paciente, pero lo importante es que si les preguntás en que pensaban, seguramente te dicen “No, nada”. Es mentira. Una vez, en el subte, en el transcurso de 3 estaciones desarrolle un recurso literario. Hablo de algo tan avanzado que con solo escribir un update así, seguro que al toque vendría Saramago a casa a decirme “Me encantó lo que escribiste, Lupine” y yo le diría “Gracias, Saramago” y el me diría “No sabés quien soy, ¿no?” y yo le diría “Si, el mago malo del Señor de los Anillos” y ahí nos reiríamos y me dejaría tocar la orbe adivinadora con la que puede mirar a toda Tierra Media, o como la llama él, el “Premio Nobel de Literatura”. ¿Por qué no estoy haciendo eso? Simple. Me bajé del subte y me olvidé como era el recurso. De la misma manera me olvidé varios updates que escribí en mi mente tirado en la cama, tres proyectos con salida financiera inmediata y desarrollé la constante de Planck sin saber que ya existía. Esta, amigos mios, es la razón por la cual más allá de la música, no podemos adjudicarle a la marihuana algún avance en cualquier campo. Se te ocurren cosas discutiblemente geniales, pero o te las olvidás o nunca las llevas a cabo porque al rato… Efecto diez: La weed nap. Disculpen el anglicismo. Weed significa hierba y Nap significa siesta. “Siestita herbórea” no es tan cómodo como el ya mencionado término, así que lo seguiré llamando así. La Weed Nap ataca como un ninja en un eclipse. Afecta más a unos que a otros, pero todos la sentimos alguna vez. Conozco mucha gente que solo fuma para dormir mejor, es una lástima que no aprovechen todo lo demás, pero no deja dudas ante su efectividad al respecto. La Weed Nap es parecida al bajón en el sentido que de repente, lo único que te importa es clavarte una siestita. Podés estar sentado en un sillón, tranquilo, charlando, y de repente se rompe el cielorraso y te cae en la pieza Mr. Sandman (Que es como el San Cayetano del nonito), pero que en vez de soplar de su mano arena que forma simpáticas letras Z en el aire, toma carrera y te parte un saco de arena en la cara. Desde ese instante solo tenés tiempo para pararte, decir “Chicos, no la hago” y buscar posición horizontal en los próximos segundos. La duración de la siesta es aleatoria. Capaz con media horita estás fresco como una lechuga que recién sale de la ducha. El otro día un amigo me dijo “Che, pintó la weed nap, me tiro un toque en tu cama”. Esto fue anteayer. Ahí se levantó y se fue a mear. Ahí se acostó de nuevo. Estudio de caso:El fumón ante la vida cotidiana. A veces, por como son las cosas de la vida, estás del ojete y te avisan que tenés que ir al correo a buscar un paquete, u alguna otra cosa que requiere cancelar tu plan de mirar Animal Planet como nunca lo habías visto antes. ¿Cómo reacciona el rastafario urbano? Primero, te querés matar. La sensación es de infantil capricho, te recordás que en una hora van a pasar “Pocoyo aprende jugando” y ya habías separado unos bizcochos para la ocasión. Pero tomás coraje, ya que no todo está perdido. El fumón tiene en la nuca, muchas veces oculto por el cuello de la camisa o el pelo largo, un switch de Activo/Pasivo. Normalmente dicho interruptor está en Pasivo, se pasa solo cuando te sentás, acostás, o te hablan de laburo. Pero por momentos, si hacés las cosas sin pensar (que suele ser el caso) el switch se Activa y te encontrás haciendo un montón de cosas. La razón es simple: Como estás tan colgado para hasta pensar “Uh, que fiaca lavar los platos”, para cuando lo pensaste, ya los estás secando. Así que con la palanquita para arriba, agarrás las llaves de tu casa, vas a la puerta, salís, llaveas, te tomás el ascensor y de repente no sabés como estás en el subte. ¿Cuando pasó? Pero más importante… ¿Cómo carajo no me pasó algo en el camino? Dadas anotaciones que hice al respecto en mi época de periodismo verdad, puedo asegurar que lo que ocurre es un proceso que nombré “Llamamelo a Tank”. No me parece absurdo asumir que la mayoría de los lectores vieron The Matrix. Mi padre, quien puede estar leyendo todo esto mientras llama al abogado para sacarme de la herencia, puede que no la recuerde bien y por eso le refresco la memoria. En dicha película, Keanu “Wow” Reeves llamaba al operador Tank y le pedía que le “suba” a la cabeza conocimiento absoluto sobre selectos temas. Cosas que solo especialistas saben hacer como Jiu-Jitsu, manejar helicópteros o abrir un paquete de pilas. El fumón, cuando no está haciendo algo que requiere su absoluta atención como ponerle manteca al pancito o escribir un update, está colgado. Siempre. Como mecanismo de defensa, si el switch está en Activo, se corre en segundo plano del proceso de pensamiento una conversación constante entre la consciencia y un Tank imaginario, que no es otro que la proyección del individuo lúcido. Dejenme ponerles un ejemplo porque ni yo entendí la explicación. Siguiendo el caso de llegar desde el depto al subte, lo que pasa en un rincón del cerebro es esto. Lupine: Che Tank, estoy llegando a la esquina. ¿Que onda los semáforos? Tank: Es fácil. Rojo es quedate ahí. Verde es cruzá. Lupine: ¿Seguro? Mirá que los autos pasan y está en rojo. Tank: Vos tenés que mirar a los hombrecitos, drogón, no al semáforo que está para los autos. Lupine: Jajaja que boludo. Ta. ¿Cruzo ahora? Tank: Si, porque cambió. Lupine: Ok… por ahora todo bien. Para… creo que voy a chocar una vieja. Tank: Correte. Lupine: Ahí va… me mandé un poco a la calle pero ya volví a la vereda, ¿ta bien? Tank: … si. Lupine: Ok, te llamo en un toque si pasa algo. Lupine: Tank Tank: No me llamo Tank. Soy tu versión sobria. Ni me tendrías que “llamar”. Lupine: Tank Tank: Que pasa. Lupine: Está la boca de subte acá, hay UN MONTÓN de escalones. ¿Como decís que la baje? Tank: Es una caida controlada, asegurate que siempre haya al menos un pie sosteniendo el cuerpo. Lupine: Te estoy jodiendo Tank. Tank: ¿Y que hacés en el piso? Lupine: Me tropecé, pelotudo. ¿Por que nunca me hablaste de estas mierdas que tengo en las zapatillas? ¿Cuanto le doy a la cajera? Tank: Te dije que te ates los cordones antes de salir. Fijate que tenés un peso en el bolsillo derecho del jean, daselo, agarra el pasaje y la moneda de 10 centavos de vuelto. Lupine: Ok. En cuanto a lo otro, también me dijiste que la respuesta a “¿Quiénes son esas trolas que agregas a Facebook?” era “Vos sos la mas trola, amor”. Mirá, puse el pasaje en la máquina sin que me digas nada. Tank: ¡Te entendí “Diosas”, no “Trolas”! Lupine: …¿En serio? Tank: …no, imbécil, hablamos en tu cabeza, no te podés malinterpretar. Metete en el subte y escuchá música hasta llegar a combinación con 9 de Julio, haceme el favor. Lupine: Oki. Lupine: Tank Tank: Que querés. Lupine: Este tema es UNA MASA Esto sigue hasta llegar al correo, charlar con el empleado, recibir el paquete, pasar por el kiosco para comprar un alfajor, volver a casa, volver al kiosco a buscar el alfajor que te olvidaste, volver al correo a buscar el paquete, y volver a casa, donde el interruptor baja solito a Pasivo y te sentás a ver el weather channel. Nunca abriste el paquete. Después de la siesta lo vas a encontrar y vas a pensar “Que grande el Lupine Fumón del Pasado, siempre dejándome cosas”. Solo que, bueno, con tu nombre. Anexo A: Contraindicaciones Mencioné antes que muchos jóvenes pasan por lo que llamo el Año Fasático. Este período que puede durar mas o menos de 12 meses, se caracteriza por una rutina estable (como la de ir en la semana a la facultad o al laburo, los findes descansar) en la cual el fumón introduce un faso al llegar a casa “para desenchufar”, y varios el finde “para patear el cable a la mierda”. Pero que pasa. Todo exceso es malo. Si fuese por mi comería comida arabe todos los días, tendría siempre un pucho en la boca y tomaría coca en las comidas. Algo que probablemente, muchos de ustedes hacen. Pero también quiero poder correr 10 metros o no tener que comprar mis remeras en XXL. Algo que probablemente, la mayoría de mis lectores sufren. Asi mismo, por más que el cannabis no produzca dependencia física y que su mayor problema es que se consume típicamente en fasos, que son como un paquete de puchos en cuanto a como te joden los pulmones, no da estar siempre del orto porque puesto en términos científicos, “quedas quemado”. Tuve muchos casos cercanos de este tipo. Hablo de amigos que fumaban todos los días y a la semana, sobrios, seguían medio drogados. Pero no en las cosas copadas. No mantenés las cosas que parecen superpoderes de cuentos infantiles como el supertacto y el supergusto. En cambio, te baja el coeficiente intelectual al punto de no poder hacer operaciones simples, adornado por una cara de “me acabo de levantar” que se mantiene en todo momento. Estás permadrogado. El ser humano tiene esa particularidad de chuparle un huevo si le advierten de cosas y en cambio querer comprobarlas por si mismo, porque “capaz yo sí puedo no mezclar el impulso sexual con la amistad”, y terminás dedicándole una a tu mejor amiga después de acompañarla al RapiPago. Asimismo ninguno de estos fumones considera el parrafo anterior cuando pasa todos sus días con una tortilla en la mano y las instrucciones de cómo cocinar un burrito en el microondas en la otra. Sobrio. Hasta que llega un momento que uno se dice “Ah pero estoy hecho un idiota”, y no fuma más por un buen rato, a veces por una semana, otras por un mes, otras nunca más hasta que se casa tu hermano y te largas a llorar de la emoción al ver la torta. También peligroso es el fumón intermedio, que no es neófito pero tampoco ha pasado su año sabático y peca de sobre-excitación. Es el que te habla todo el tiempo del faso con cosas como "Me clavé un churro y me puse a lavar la ropa, es un flash" o "Me fumé un chango y vi Pie Grande y los Henderson, no lloré tanto ni en el funeral de mi vieja" o "Boludo me mandé un brownie de putza y me metí en un pelotero, me cambió la vida". Si, todos nos sorprendimos como idiotas de las cosas más cotidianas bajo la influencia, pero no da estar todo el tiempo hablando de eso, con una remera que dice COMO PEGA ESTE CHURRO, un gorro jamaiquino y una pipa de llavero. Al menos no en el laburo. Por último, en selectos casos, puede surgir una fascinación por la ilusión de caras en objetos cotidianos. Anexo B: Prevención Recién me llegó un mail de un lector del futuro que ya leyó este update y me pone: “No quiero que mis hijos terminen como vos. ¿Como hago?”. Bueno, esto puede o no ser fácil. Depende del estudio y el laburo. El faso no crece en los árboles, viene de un mundo místico llamado Babilón. El método de exportación y sus medios son un misterio para mi así que no te puedo ayudar por ese lado. Lo que sí sé, es que tus hijos van a pegar faso por medio de un conocido, ya sea del laburo o la facultad. Si tu hijo va a la facultad de Filosofía y Letras, ya es tarde. Comprale una tuquera para el cumpleaños y te va a abrazar como nunca antes. Medicina es un 50/50, puede que haya entrado porque quiere tener la vida más sana posible, como puede ser que quiera drogarse con absolutamente todo lo que saque del laboratorio pero aprendiendo como hacer para que no lo haga concha. Es como el que toma cursos de mecánica para tunear el auto, pero con un juramento hipocrático en el medio y un free-pass al sector secreto de las farmacias, donde guardan lo que pega posta. Economía y Exactas, no te preocupes por un churro. Esos se maman que da cagazo. Abogacía y afines, van a probar una vez, no les va a pegar, y van a ir a un cabarulo. ¿Programación e informática? Los mejores códigos los escribieron fumados. ¿Es un tipo ambicioso, con espíritu emprendedor? Tiene 3 plantas en el lavadero. En resumen: Dejalo que se rodee de fumones, de cualquier manera, va a pasar. Una vez teniendo en frente ejemplos vivos, seguramente va a tomar la decisión correcta. No pienso aclarar cual es. El otro día en lo de mi suegra me dieron flan con dulce de leche y crema chantilly, man. Acá hay mucho en juego. Lupine Wolf dice: Igual nunca va a haber un boom de visitas en LIA como para poder justificar publicidad Lupine Wolf dice: Hasta no duplicar visitas me parece al pedo Bicho dice: escribi sobre sexo Lupine Wolf dice: Siempre hacemos eso Bicho dice: escribi sobre drogas Lupine Wolf dice: No tengo idea Bicho dice: vos pone droga en todos los parrafos y google hace el resto Lupine Wolf dice: Con poner un faso o droga o porro o marihuana por párrafo puede andar. Bicho says: falta putas, pete, cojer, tirar la goma, el 69 y el 71 Lupine Wolf dice: ¿Cuál es el 71? Bicho says: hace villa adelina a plaza miserere Bicho says: va por panamericanaT[/align http://lainternetapesta.com.ar/archive.php?aid=213