S

sangreymierda

Usuario

Primer post: 16 mar 2011Último post: 17 mar 2011
3
Posts
10
Puntos totales
0
Comentarios
L
La Patagonia rebelde 01 (Osbaldo Bayer)
InfoporAnónimo3/17/2011

Por las inmensidades patagónicas se escuchaba el eco de balazos. Se estaba fusilando a gente humilde. Los fusiladores eran soldados de Buenos Aires. Eran tiempos de Yrigoyen. A las peonadas se las fusilaba por huelguistas. Querían hacer cumplir un convenio firmado meses antes por el propio militar que ahora las fusilaba. Los huelguistas eran trabajadores de la lana. Exigían cien pesos por mes, que las instrucciones del botiquín estuvieran en castellano y no en inglés, que se les diera un paquete de velas por mes para iluminarse de noche, y otras pequeñeces. El año anterior, el teniente coronel Varela había venido y firmado el primer convenio rural de la Patagonia, aceptando el petitorio de la gente de la tierra. Pero el convenio no fue cumplido en nada por los patrones. Y las peonadas volvieron a dejar el trabajo y a formar emblemáticas columnas exigiendo justicia; columnas que recorrían el interminable horizonte de las tierras frías pobladas de animales de blanca lana. Es aquí donde se produce el derrumbamiento de toda moral, de toda racionalidad, del más mínimo principio de ética. Varela vuelve con su 10 de Caballería y en vez de castigar a los estancieros que no habían cumplido, fusila concienzudamente a las peonadas, por huelguistas. No hay escapatoria, todo huelguista sea gaucho, chilote o anarquista europeo es castigado duramente y luego fusilado. Sin juicio ni acta. Por orden del comandante. Santa Cruz quedará para siempre con montículos llenos de muertos. Las llamadas tumbas masivas. Ahí permanecerán para siempre, en el silencio del desierto y de las cobardías humanas. Nadie hablará. Sólo en voz baja. Ni los salesianos las marcarán con una cruz de palo ni nunca una mano de mujer colocará una flor. Los gauchos vuelven al corazón de la tierra. Esta es tierra de obediencias debidas. De fusilamiento y desaparición. Las ovejas son para los ingleses y para los señores de las sociedades rurales. Y nada más. Ese es el orden establecido. A los cuales jamás una jeta de negro vendrá a imponerles algo. La comunidad británica de Santa Cruz despedirá al comandante con un emocionado “porque eres un buen camarada”. Hay lágrimas en esos hombres gordos y colorados. El comandante ha cumplido con las órdenes de la Casa Rosada. ¿O no?. Porque ahora vendrá la cosa. El balurdo es demasiado grande. En Buenos Aires se ha seguido fusilamiento por fusilamiento. La oposición pregunta con voz tonante: ¿quién ordenó matar? Los sindicatos ocupan las calles en protesta. Fusilar en la lejanía había sido cosa fácil. Pero ahora, a esta opinión pública informada, ¿qué se le dice? ¿Cómo es esto que en la Argentina no hay pena de muerte, pero para con los peones huelguistas sí, y sin juicio previo?. Se va sabiendo que cuando se declaró la segunda huelga, el presidente Yrigoyen estaba en una situación difícil. El gobierno británico le había enviado un conceptuoso mensaje que si no defendía las propiedades de los súbditos de S.M., Londres enviaría dos buques de guerra que estaban en Malvinas al territorio de Santa Cruz para guardar el orden. Y todos saben que Gran Bretaña no deja solos a sus súbditos en ninguna parte del mundo. También Yrigoyen pasaba un mal momento con el partido dividido, con problemas en Mendoza, con huelgas rurales en la pampa bonaerense, etc. Y se estaba a corto plazo de las próximas elecciones presidenciales. El hilo se cortó por lo más delgado. La orden presidencial al comandante Varela fue terminar con las huelgas patagónicas, y para siempre. El comandante cumplió con toda ferocidad el deber encomendado. Total, los muertos habían quedado lejos, y eran nada más que pobres ovejeros, gente de campo, y algunos anarquistas que proclamaban un paraíso futuro sobre la base de la libertad y el antiautoritarismo. La tragedia oculta llegó al Congreso Nacional. Y ahí quedó todo en claro. Los fusilamientos masivos. La actitud criminal de Varela y sus oficiales Anaya, Viñas Ibarra, Campos, Schweitzer. La oposición pidió el esclarecimiento de todo. Una comisión investigadora que concurriera ya a las latitudes sureñas para hacer un relevamiento del crimen. Pero la bancada radical votará en contra. No quiere saber la verdad. Ejerce el poder de su número para tapar el crimen. La primera víctima ha sido la democracia. El comandante Varela justificará su conducta ante sus superiores en el ejército elevando un escrito en el que señala: “El Excelentísimo Señor Presidente de la Nación me ha manifestado su conformidad con el procedimiento empleado por las tropas a mi mando en el movimiento sedicioso de la Patagonia, no permitiendo que se efectuara investigación alguna sobre el proceder de las tropas”. Obediencia debida y Punto Final. Y no se habló más. La Justicia se calló la boca pese a lo público del caso. Miró para otro lado. Los únicos que no se conformaron fueron los anarquistas. Habían esperado que se hiciera justicia. Como todos se lavaron las manos, decidieron que la justicia la iba a hacer el pueblo. El anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens hizo uso del “sagrado derecho de matar al tirano”. Lo esperó a Varela en la calle, le arrojó una bomba -que expresaba la explosión de la ira del pueblo- y le fue perforando el cuerpo con cinco balazos. Wilckens fue asesinado en la cárcel y será el momento en que el pueblo salga a la calle a enfrentar a la policía y a declarar el paro general. Fueron días de lucha a brazo partido. Las publicaciones proletarias llorarán la muerte del vengador. Poco después los anarquistas pondrán punto final a la trágica sucesión de muertos y matarán al carcelero que había asesinado a Wilckens. El radicalismo siempre guardó silencio ante la tragedia de las peonadas rurales. El autor de estas líneas se dirigió por escrito a todos los presidentes del Comité Nacional de ese partido. Les pedía una autocrítica y, el 7 de diciembre, fecha de los fusilamientos en la estancia “La Anita”, ir personalmente a depositar una flor allí. Jamás me contestó ningún titular del máximo cuerpo del radicalismo. Les recordé el gesto de Willi Brandt, el primer ministro alemán quien -en su primera acción de gobierno- se puso de rodillas ante el monumento al Holocausto y pidió perdón en nombre del pueblo alemán. Tampoco la CGT jamás hizo un acto recordativo porque temía enemistarse con el ejército. Pero, desde abajo, se ha ido rompiendo el silencio. Después de décadas, hoy, muchos lugares recuerdan a los héroes obreros. La tumba de la estancia “La Anita” ha sido marcada con un templete; una calle de Río Gallegos se llama Antonio Soto; la escuela secundaria de Gobernador Gregores lleva el nombre de (”Facón Grande”) por el voto de los docentes, de los alumnos y de los padres de los alumnos. En Galicia, la tierra natal de Antonio Soto, hay una calle con su nombre en El Ferrol, y una placa recuerda su nacimiento en esa ciudad. Y en Jaramillo se levanta la estatua al gaucho entrerriano José Font, fusilado por Varela en ese lugar, un hermoso monumento en medio del desierto patrocinado por UATRE, la Unión de Trabajadores Rurales y Estibadores. Y, en este ochenta aniversario, la organización rural pondrá el nombre de José Font al hotel para sus afiliados que se encuentra en Buenos Aires. El silencio ha sido roto. La falta de coraje civil ha sido vencida. Las peonadas fusiladas por el miedo y la crueldad, se han levantado de sus tumbas y han comenzado a recorrer sus queridas tierras santacruceñas. Allí donde alguna vez soñaron vivir con dignidad y gozar de sus horizontes interminables.

0
3
L
La Patagonia Rebelde 02
InfoporAnónimo3/17/2011

LOS PROTAGONISTAS Presentemos ahora a los protagonistas de este drama que terminará en tragedia. Como toda lucha de clases –y ésta lo fue-, hay dos bandos irreconciliables, lo cual no implica que dentro de cada bando no existan diferencias a veces antagónicas, por aquello de la feroz competencia en la lucha por el poder. Tenemos, por un lado, los grandes ganaderos con su poder latifundista nucleados en la Sociedad Rural y a los comerciantes en la Liga de Comercio. Grandes, inmensas, abrumadoras explotaciones en manos de unos pocos apellidos extranjeros, particularmente ingleses, como The Monte Dinero Sheep Farming Company, o la dinastía de los Braun Menéndez con 1.250.000 lanares que producían 5 millones de kilos de lana, que además tenía compañías mineras, bancos, frigoríficos, flota de barcos de gran tonelaje, puertos, compañías telefónicas, de seguro, de electricidad, curtiembres, lavaderos de lana, tanto en Chile como en nuestro país: un verdadero monopolio internacional. Pero hay también explotaciones menores, que son las que más sufrieron las oscilaciones del mercado internacional de la lana, ya que el momento de auge de los precios del producto pasó con la guerra de 1914-1918, su caída provocará estancamiento, desocupación y, por lógica, bajos salarios. Debido a los distintos intereses, este frente compuesto de grandes ganaderos y comerciantes no es del todo homogéneo, ya que los pequeños y medianos ganaderos poco y nada tienen en común con los Menéndez Behety o la Farming. La patronal se organiza en la Liga Patriótica, de dura experiencia en los sucesos de la Semana Trágica en el Buenos Aires de 1919, y en la Asociación Pro Patria de obvia tendencia antiobrera. A su vez, los trabajadores afiliados a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina), dividida en el Quinto Congreso regenteado por anarquistas ortodoxos, y el Noveno Congreso cercano al gobierno radical de Hipólito Irigoyen, organizados en la Sociedad Obrera de Río Gallegos a cuyo frente se encuentra el dirigente anarquista español, Antonio Soto, “el gallego” Soto. En tercer término, el Estado representado por el gobernador interino (de marzo de 1919 a setiembre de 1920) Correa Falcón, gerente, además, de la Sociedad Rural. Lo reemplazará el yrigoyenista Angel Yza en febrero de 1921 Acto Primero 1920 CONFLICTO Y RESOLUCIÓN El ambiente está caldeado por enfrentamientos personales dentro del propio poder político debido a choques de competencias administrativas, superposiciones de funciones y de influencias, léase funcionarios del gobierno, jueces, comisarios, terratenientes. De toda esta rosca quienes pagarán los platos rotos serán, como siempre, los de abajo. Octubre: La policía detiene a los sindicalistas extranjeros –la mayoría de ellos- y pretende aplicar la persecutoria Ley de Residencia N° 4.144 que permite la expulsión inmediata de los trabajadores considerados indeseables. La Sociedad Obrera de Río Gallegos declara el paro en todo el territorio de Santa Cruz. Diez días después, debido a la persistente actuación del juez Ismael Viñas, son dejados en libertad, sin embargo, la huelga continúa tanto en los puertos de la costa atlántica como en las estancias del interior. 6 de noviembre Para destrabar la situación, los representantes de los hacendados presentan un documento en el cual, desconociendo a la Federación Obrera, ofrecen un sueldo mínimo de $ 100 mensuales en moneda nacional, incluyendo la comida; comprometiéndose además a “mejorar paulatinamente las condiciones de higiene”, lo cual implica un primer reconocimiento por parte de los ganaderos de las paupérrimas condiciones de trabajo de los peones. Mientras tanto, en el campo las cosas se estaban poniendo feas. Un grupo de bandoleros dirigidos por el “Toscano” y el “68″, se dedican a asaltar estancias, tomar rehenes entre los peones y administradores, arreando con animales y peones, éstos últimos conducidos de prepo para engrosar un fantasmal “ejército libertario”. El jefe de la gavilla lucirá un brazalete rojo y negro como emblema anarquista haciéndole flaco favor al ideario libertario. 17 de noviembre Nueva propuesta patronal en la que se reconoce a la Sociedad Obrera de Río Gallegos como representante de los trabajadores. En ella se exponen en tanto “representación de la mayoría de los hacendados de la zona sur del Río Santa Cruz”: Primero; tratar de mejorar paulatinamente las condiciones de comodidad e higiene en los locales que ocupa el personal de sus establecimientos; Segundo; establecer un sueldo mínimo para sus obreros de cien pesos moneda nacional y comida… Tercero; Poner un ovejero en cada puesto o más según la importancia del mismo…prefiriendo para dichos cargos a los que tengan familia… Cuarto; Procurar en lo posible que los obreros sean federados… Cinco; Reconocer la entidad Sociedad Obrera de Río gallegos como única de los obreros…” Al día siguiente, el sindicato presenta a su vez una contrapropuesta que es rechazada por los ganaderos. Se generaliza la huelga en las principales localidades del territorio; de Río Gallegos a Puerto Deseado y Puerto Santa Cruz, de San Julián a Lago Argentino. EL RECLAMO En asamblea del 18 de noviembre los trabajadores proponen las siguientes cláusulas y condiciones: Primera:… mejorar las condiciones de comodidad e higiene consistentes en: a. En cada pieza de cuatro metros por cuatro no dormirán más hombres que tres, debiendo hacerlo en camas o catres, con colchón, aboliendo los camarotes. Las piezas serán bien ventiladas y desinfectadas cada ocho días. En cada pieza habrá un lavatorio y agua abundante donde se puedan higienizar los trabajadores después de la tarea. b. La luz será por cuenta del patrón, debiendo entregarse a cada trabajador un paquete de velas mensualmente. En cada sala de reunión debe haber una estufa, una lámpara y bancos por cuenta del patrón; c. El sábado a la tarde será única y exclusivamente para lavarse la ropa los peones, y en caso de excepción será otro día de la semana; d. La comida se compondrá de tres platos cada una contando la sopa; postre y café, té o mate. e. El colchón y cama serán por cuenta del patrón y la ropa por cuenta del obrero, f. En caso de fuerte ventarrón o lluvia no se trabajará a la intemperie exceptuando casos de urgencia reconocida por ambas parte; g. Cada puesto o estancia debe tener un botiquín de auxilio con instrucciones en castellano; h. El patrón queda obligado a devolver al punto de donde lo trajo al trabajador que despida o no necesita; La segunda, tercera, cuarta y quinta cláusula del Convenio entre el Capital y el Trabajo de detallan las obligaciones de los estancieros: pago de un sueldo mínimo de cien pesos moneda nacional; agregar en cada puesto un ovejero más, prefiriendo aquellos jefes de familia; reconocer a la sociedad Obrera de Río Gallegos como entidad representativa de los obreros y designación de delegados en cada estancia. A su vez, en la cláusula sexta, el sindicato se obliga a levantar el paro tras la firma del convenio. La cláusula octava decía: “Este convenio regirá desde el 1° de noviembre, reintegrándose al trabajo todo el personal abonando los haberes de los días de paro y sin que haya represalias por ninguna de ambas partes”. Este convenio será rechazado por los ganaderos. 2 de diciembre Nueva propuesta por parte de los ganaderos omitiendo a la Sociedad Obrera que es presentada en las estancias. De esta manera se quiebra el frente de los huelguistas debido, por sobre todo, a la intransigencia del dirigente Antonio Soto y sus adláteres, entre ellos, José María Borrero, asesor de los obreros y futuro autor de “La Patagonia Trágica”, el mítico libro de esos acontecimientos. Fue un inmejorable momento para poner punto final al conflicto, sin embargo, el ideologismo de los dirigentes obreros, el apego a las consignas dogmáticas que limita la negociación, lo echó todo a perder. La solución, aceptada posteriormente, no será bien recibida ni por los patrones ni por los obreros. Así es como los terratenientes traen del país trasandino y de Buenos Aires crumirios, es decir, rompehuelgas, conocidos vulgarmente por “carneros”, que los patrones denominaban “trabajadores libres”. En Puerto Deseado, además de los peones del campo, están en huelga los ferroviarios y el comercio. La población, en su mayoría extranjera, pide al gobierno el estatuto municipal a los efectos de elegir sus propias autoridades. Hay manifestación en las calles con un saldo de un muerto y varios heridos. El año violento se termina y comienza el siguiente con señales inquietantes. En la zona de El Cerrito, hay una escaramuza entre la banda del Toscano y el 68 con la policía. Superados, los representantes del orden deben abandonar el lugar con dos hombres menos y un par de heridos. 2 de enero de 1921 Llega a Puerto Santa Cruz el 10° de Caballería “Húsares de Pueyrredón” lo manda el gobierno federal y al frente se encuentra el teniente coronel H.Benigno Varela. Día 8 Arriban a Río Gallegos fuerzas de la marinería y una sección del 20° de Caballería; son en total treinta y cinco efectivos que descabezan la huelga y ponen manu militari. La oficialista Federación Obrera Marítima, reinicia las tareas enfrentando a Soto y a la Sociedad Obrera, la que opta por levantar el paro. Día 29 Llega el gobernador Yza quien oficia de mediador entre la patronal y el sindicato representante de los huelguistas 16 de febrero Asamblea de peones con 627 delegados que aceptan las condiciones del gobernador, no así la bando del Toscano y 68 que continuarán sus correrías. Parte de los peones entrega el armamento que, sin embargo, no satisface al teniente coronel Varela: “si ustedes me traicionan, volveré y los fusilaré a todos”, apostrofa duramente. Día 22 El llamado “laudo Yza” se acuerda con el visto bueno de las parte. El acuerdo será favorable a los trabajadores, debiendo éstos deponer las armas y devolver los rehenes. Los ganaderos, los comerciantes y sus organizaciones patrioteras no están nada conformes. Tampoco el gallego Soto las tiene todas consigo; criticado por los socialistas y comunistas, enfrentado a el Toscano y su socio, el 68, como a los propios anarquista del Noveno Congreso que respondían a la Federación Obrera Marítima. PLIEGO DE CONDICIONES O “LAUDO YZA” Aceptado por las partes en conflicto y homologado por el Departamento Nacional de trabajo de Buenos Aires. (Resumimos algunos de sus puntos). Primero: Los suscriptos se obligan, dentro de términos prudenciales que las circunstancias locales y regionales impongan proveer las condiciones de comodidades e higiene de sus trabajadores, consistentes en lo siguiente: a) Las habitaciones de los obreros serán amplias y ventiladas, y dentro de lo posible, en cada pieza no dormirán más de tres hombres. Se proveerán cabinas con colchones de lana por cuenta del establecimiento. b) La luz de la sala común será por cuenta del establecimiento y también el fuego en los meses de invierno. Asimismo será provisto cada trabajador de un paquete de velas mensuales. c) El sábado por la tarde será libre para los obreros en caso de excepción será otro día de la semana. d) La comida se compondrá de tres platos cada una (…) e) Cada estancia tendrá un botiquín de auxilio con sus instrucciones en idioma nacional. f) Los patrones quedan obligados a devolver al punto de donde los tomó a los obreros que despida o no necesite. Segundo: Carreteros (…) c) Tendrán un día a la semana de descanso y el medio día del sábado para lavar la ropa. Tercero: a. el pago de jornales deberá hacerse mensualmente (…) b. Los obreros serán asegurados contra accidentes de trabajo. c. El horario de trabajo será de ocho horas en el recinto de los respectivos establecimientos. d. Los víveres en todas las salidas serán por cuenta del patrón. Los puntos del cuarto al décimo corresponderán a las condiciones de los ovejeros, puesteros, arreos particulares, peones, carreteros, cocineros y campañistas, o sea domadores. En lo que respecta a los sueldos quedaba establecido que, para los Ovejeros un sueldo mensual de $140m/n; Peones de $120; Carreteros $130. Adicional: Los firmantes celebran este contrato con la Sociedad Obrera de Río Gallegos y se comprometen a reincorporar el personal que tenían empleado el 1° de noviembre de 1920, abonándosele la mitad de los sueldos que tenían asignados en las planillas de las estancias.

10
0
S
Severino Di Giovanni
InfoporAnónimo3/16/2011

A 110 AÑOS DE SU NACIMIENTO ¡¡¡ Severino di Giovanni vive en nuestra memoria !!! A las 5 de la madrugada del domingo 1° de febrero de 1931, en un patio de la penitenciaria nacional de la avenida Las Heras resonaba un grito: ¡Eviva l'anarchía!, y luego una descarga cerrada. Acababa de ser fusilado Severino Di Giovanni y se cumplía así la condena del tribunal militar. Buenos Aires había vivido 48 horas verdaderamente expectantes y tensas. Las sextas ediciones de los diarios del 30 de enero de 1931 habían traído a grandes titulares una noticia sensacional: la policia había capturado al temible agitador anarquista Severino Di Giovanni. El hombre que durante cinco años había brindado todos los días mateial para la crónica policial. Todos los asaltos importantes, todos los atentados con bombas, todos -sin excepción- eran achacados al rubio italiano nacido el 17 de marzo de 1901 en Chieti, en la región de los Abruzos, a 180 kilómetros al este de Roma. Pero era inhallable. La policía sospechaba que estaba en Buenos Aires a pesar de que el general José F. Uriburu (1868-1932) -a la sazón presidente de facto- había establecido la pena de muerte tras el golpe militar que lo llevó al poder el 6 de septiembre de 1930, declarando "he venido a limpiar este país de gringos y gallegos anarquistas". Ese constante machacar de la prensa escrita haciendo aparecer su nombre día tras día en la crónica roja, había hecho de Di Giovanni la imagen del mal, del pistolero sanguinario, sin escrúpulos, del lujoso gángster que usaba camisas de seda y los dedos cargados de anillos. Eran, en realidad, armas psicológicas que usaba la policía porque ya no tenía otras. La prensa todos los días ridiculizaba a la organización policial que no lograba dar con el anarquista. Hasta en las historietas, los dibujantes se mofaban de ella por su impotencia. La historia de Severino Di Giovanni cuenta que era un joven maestro italiano de ideas libertarias, a quien el dictador Benito Mussolini (1883-1945) dejó cesante primero, encarceló después y finalmente expulsó de Italia. Como tantos otros antifascistas italianos, Di Giovanni y su familia -esposa y cuatro hijos- encontraron refugio en la Argentina. Pero él no se integró a nuestro medio sino que siguió siendo, ante todo, un italiano que quería volver a su patria por cualquier medio para derrotar al régimen fascista. Como buen anarquista que era, no aceptó formar parte del comité antifascista italiano en la Argentina -formado por liberales, socialistas y comunistas- porque pensaba que cualquiera de esas tres tendencias eran iguales al fascismo. Aquí, en la Argentina, trabajó de tipógrafo y linotipista y comenzó a editar en italiano el diario "Culmine" a partir de agosto de 1925. Su primera entrada policial se originó cuando organizó un tremendo escándalo en el Teatro Colón, en oportunidad de la función de gala en homenaje al rey Vittorio Emanuele III (1869-1947), a la que asistían también el presidente Marcelo T. de Alvear (1868-1942) y el embajador italiano. En medio de la función se oyó el estridente grito de ¡muera el fascismo! seguido de una lluvia de volantes sobre el distinguido público de la platea. Se originó entonces una batalla campal contra Di Giovanni y el grupo anarquista que lo acompañaba. Los revoltosos recibieron un severo castigo y fueron detenidos. Allí quedó registrado Severino Di Giovanni, quien, al preguntársele por su ideología, contestó a la policía sin problemas: "soy anarquista". Desde ese día comenzó un ciclo increíble de violencia. Di Giovanni participó en primera línea en los actos en solidaridad por el arresto y homicidio de Nicola Sacco (1891-1927) y Bartolomeo Vanzetti (1888-1927), los dos anarquistas italianos condenados a muerte en Estados Unidos. Los atentados con bombas contra empresas y oficinas norteamericanas se sucedieron día tras día. En las asambleas anarquistas, Di Giovanni proponía una y otra vez desatar una verdadera guerra en la ciudad. Además, para contar con los medios suficientes, comenzó con los asaltos a bancos, los que resultaron ser espectaculares, típicos de la década del veinte, con automóviles corriendo a toda velocidad y persecuciones a los balazos. También recurrió a la falsificación de dinero "para terminar con el Estado", ya que la lucha de los anarquistas no era para apoderarse del poder sino para eliminarlo, pretendiendo así que no hubiera nunca más alguien que mande y otro que obedezca. Al mismo tiempo que editaba periódicos e intervenía en los grupos de agitación huelguística, comenzó a publicar las obras completas de Elisée Reclus (1830-1905), el geógrafo y pensador anarquista francés miembro de la Primera Internacional. Por supuesto, sus actividades chocaban con el sector moderado del anarquismo argentino que editaba "La Protesta", por lo que se produjo una lucha intestina que costó la vida al director del periódico, el español Emilio López Arango (1894-1929). Los partidarios de "La Protesta" acusaron siempre a Di Giovanni de ser el autor de esa muerte En la tarde del 30 de enero de 1931, Di Giovanni -vestido con traje negro y sombrero de anchas alas- fue sorprendido a la salida de una imprenta, en la esquina de Callao y Sarmiento. Luego de una cinematográfica huida por las calles y los techos del centro porteño en la que la policía realizó unos cien disparos, asesinó una niña e hirió a varios transeúntes, fue atrapado herido en un garaje después de haber alcanzado a disparar cinco veces, para luego ser juzgado por un tribunal del Ejército y condenado a muerte. La alta sociedad se regocijó: al fin había caído ese insolente revolucionario. Para el juicio, el ejército designó al teniente primero Franco como su defensor. Cuando se entrevistó con Di Giovanni, éste le aclaró que como buen cristiano no pensaba mentir: "Jugué y perdí, como buen perdedor pago con la vida" le dijo. El teniente, impresionado por su valor, en su alegato planteó la incompetencia del tribunal militar para juzgar a un civil detenido, apeló al principio cristiano contra la pena de muerte, estableció que Di Giovanni había actuado en defensa propia y que había sido emboscado sin una declaración judicial. El tribunal enrojeció de furia contra el teniente Franco, quien más tarde fue envenenado en una cena de camaradería. Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó- que había sido detenido junto a aquél-, fueron salvajemente torturados: con tenazas les aplastaron los testículos, les retorcieron la lengua y los quemaron con cigarrillos. El fusilamiento fue todo un espectáculo al que concurrieron generales, funcionarios y los más encumbrados personajes del Buenos Aires de entonces, mientras una muchedumbre se agolpaba en las puertas de la prisión para escuchar las descargas del fusilamiento, como si fuera una función teatral. Severino Di Giovanni supo morir como había vivido. Sentado contra un paredón en el sector de la cárcel que daba a la esquina de Coronel Díaz y Las Heras (Chavango en aquella época), no quiso que le vendaran los ojos ni que lo ayudaran a caminar, a pesar de estar casi imposibilitado de hacerlo por las cadenas que le habían atado a los pies. Luego de lanzar su grito ideológico, recibió una descarga de ocho disparos. Un poco de humo que salía de su pecho marcó el sitio de los impactos. Su cara se contrajo en una mueca violenta de dolor. Una reacción muscular lo hizo levantarse un poco del banquillo para caer luego pesadamente hacia el costado izquierdo. El respaldo del banquillo saltó hecho astillas. Un gran charco de sangre inundó el asiento cayendo al suelo. Finalmente, un oficial le pegó el clásico tiro de gracia en la cabeza. Un día después, moría fusilado en el mismo lugar el joven anarquista Paulino Scarfó, quien lanzó el mismo grito de Severino, pero en castellano: ¡Viva la anarquía! Los restos de Severino Di Giovanni reposan actualmente en el Cementerio de la Chacarita. Pequeño homenaje a un martir, en su memoria!

0
0
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.