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Usuario (México)
Parte I #Mundoradiactivo La mayoría de la gente percibe a la radiactividad como un descubrimiento que la ciencia utiliza con fines industriales, médicos o bélicos, sin saber que la mayor parte de las emisiones ionizantes que nos rodean proviene de la propia naturaleza. A pesar del temor que en sí representa la palabra, la radiactividad es considerada de enorme importancia para la actual civilización humana este fenómeno se refiere a la desintegración espontanea de núcleos atómicos mediante la emisión de diferentes partículas subatómicas descubierto en 1895 por Henri Becquerel cuando realizaba un experimento en el que empleaba un cristal de sulfato de potasio y uranilo encima de una placa fotográfica envuelta en papel negro que luego se exponía al sol. Sin saberlo becquerel había descubierto lo que Marie Curie llamaría más tarde radiactividad, así como también otras substancias como el torio, polonio y el radio. Pero no solo estos minerales generan radiactividad, esta la encontramos hasta en nuestro propio cuerpo. En el tiempo que transcurre entre dos latidos del corazón se produce la desintegración radiactiva de casi 10,111 núcleos atómicos. Cada hora en nuestros pulmones desaparecen uno 30,0000 núcleos de los isotopos radiactivos presentes en el aire que respiramos. Debido a los alimentos que consumimos, unos 15 millones de núcleos de potasio 40 y unos 7,000 de uranio natural se desintegran en nuestro en nuestro estomago e intestinos. El tabaco libera plomo y polonio radiactivo que van a parar en la atmosfera y a nuestros pulmones, quienes fuman un paquete diario reciben tres veces más radiación que la debida al gas radón que hay a nuestro alrededor. Unos días en el mar nos proporcionan un aporte adicional de radiactividad: en un metro cúbico de agua marina se desintegran 10000 átomos por segundo. Al cambiar playa por montaña la situación no es diferente, pues en los pirineos, por ejemplo hay tres veces más radiación que a nivel de mar. Próximanente parte II