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LAS VIOLACIONES A MUJERES FRANCESAS El lado más oscuro del Día D Una bandera estadounidense ante las tumbas de soldados norteamericanos caídos en el Día D, en el Cementerio Estadounidense de Normandía (Reuters) Violaciones en grupo de mujeres francesas, sexo en lugares públicos ante los niños… Algunos de los soldados norteamericanos que participaron en el desembarco estaban convencidos de que las francesas eran chicas fáciles. El alto mando estadounidense les había vendido el D-Day como una aventura erótica. Casi la mitad de los acusados por violación fueron ahorcados en público por las autoridades militares norteamericanas. De ellos, la mayoría eran negros. Los medios de comunicación franceses llevan semanas preparando el 70º aniversario del desembarco en Normandía, del inicio del fin del dominio nazi sobre territorio europeo. Las televisiones, los periódicos, los semanarios o las radios compiten en proporcionar los detalles históricos más interesantes, en encontrar los ángulos más originales o menos conocidos. Pero la mayoría de ellos han vuelto a silenciar uno de los capítulos más horrendos protagonizados por una minoría de los liberadores norteamericanos: la violación de cientos de mujeres francesas, algunas, menores de edad. Durante décadas, Estados Unidos y Francia han cerrado los ojos ante unos hechos que han marcado y seguirán haciéndolo a las familias de las víctimas, que deben hacer esfuerzos para comprender que los criminales que atacaron a sus madres, novias o primas eran sólo una pequeña parte de los cientos de miles de G.I. (soldados) que tomaron parte en la guerra contra Hitler en Francia y el resto de Europa. Para esas mujeres y sus familias, El día más largo no es el título de una de las películas que recrean las gestas de los soldados de Eisenhower, sino la jornada que ha marcado sus vidas desde entonces. De junio de 1944 a junio de 1945, los tribunales militares norteamericanos instalados en territorio francés juzgaron a 139 soldados por este delito. De ellos, 68 fueron condenados a cadena perpetua y 22 a pena de muerte. La cifra puede parecer pequeña, pero son recuentos oficiales y no recogen más que el período de un año. Por supuesto, los historiadores añaden que muchas otras víctimas nunca presentaron una denuncia. Si la historia negra de los soldados Ryan ha empezado a conocerse hace poco es gracias a dos historiadores norteamericanos, Robert Lilly y Mary-Louise Roberts que, cada uno por su lado, han escrito los libros que muchos no han querido ni querrán leer, tanto en su país, como en Francia. Las pocas informaciones que se han publicado estos días sobre estos hechos están sacadas de sus obras: La face caché de los GI’s. Les viols commis par des soldats americains en France, en Angletere et en Allemage, pendant la Second Guerre Mondial, publicada por el sociólogo y criminólogo Lilly en 2003, en Francia, y What soldiers do: Sex and the American G.I. in World War Two France, 1944-1946, la obra de la historiadora Roberts, publicada en 2013. “Francia, un gran burdel, mujeres fáciles” Para esta profesora de la Universidad de Wisconsin, existieron violaciones en todas las ciudades donde los soldados norteamericanos estaban estacionados: Reims, Cherburgo, Brest, Le Havre, Caen… El primer crimen sexual contabilizado tiene lugar sólo dos meses después del Desembarco. Como explica Lilly, los protagonistas de las violaciones no eran combatientes de primera línea, sino miembros de unidades de apoyo logístico. La explicación parece simple: los soldados que no participaban directamente en los combates tenían más tiempo libre y estaban sujetos a una menor disciplina una vez la jornada de trabajo había concluido. Que Estados Unidos haya pasado por alto este macabro capítulo de su historia militar no puede sorprender a nadie. El softpower de Washington, con el arma de Hollywood a la cabeza, ha utilizado la II Guerra Mundial en aras del culto patriótico. La buena guerra, en comparación a la menos gloriosa contienda de Corea o a la humillante derrota de Vietnam, ha sido explicada y explotada desde el punto de vista norteamericano para consumo interno y propaganda hacia el exterior. Las hazañas bélicas de los violadores, contrabandistas, estafadores o traficantes de droga de la US Army no tenían cabida en los guiones cinematográficos, en las tramas de las novelas y, ni siquiera, en los libros de historia. Un grupo de personas representan el asalto a la Playa de Omaha, en la costa de Normandía (Reuters). El verdugo de Texas, especialista en soga Lilly y Roberts explican los clichés que el imaginario norteamericano había impregnado en los cerebros de sus combatientes. Francia era presentada en la revista militar Stars and Stripes (Barras y Estrellas) como una gran casa de putas, un país erotizado y cuyas mujeres eran “bellas, acogedoras y demostrativas”. Unos estereotipos que se habían generado ya entre los veteranos de la Guerra del 14-18, cuyas exageradas aventuras eróticas en Francia fueron pasando de generación en generación. Sin duda, los norteamericanos que atravesaban los pueblos y ciudades francesas no estaban acostumbrados a recibir besos y abrazos de las mujeres que veían en ellos a sus liberadores. Basta observar la actitud de los soldados en los documentos de la época. Los historiadores señalan que, en su mayoría, el contingente militar estaba compuesto por soldados que, en palabras de Lilly, no eran “la crême de la crême”. En la mente de los violadores de guerra en Francia no se trataba de humillar a las mujeres de un enemigo ni de castigar a un pueblo resistente al invasor. La violación era, más bien, una recompensa. Entre los soldados juzgados y los condenados a la horca por violación, una mayoría eran negros. Lilly escribe también que el racismo imperante entonces en Estados Unidos se reflejaba en las decisiones de los tribunales militares. Por el mismo delito, un soldado negro siempre era condenado con más dureza. Además, cuando la denunciante acusaba a un blanco, normalmente la investigación era más rigurosa. Entre 1944 y 1945, 29 soldados fueron ejecutados en público por delito de violación. 25 eran negros. Mary-Louise Roberts señala que como en Francia sólo se utilizaba el sistema de la guillotina, el ejército USA hizo venir a un verdugo de Texas, especialista en ahorcamiento. El ejército funcionaba, según la profesora, como una extensión del sistema de segregación en vigor en los estados sudistas. Fue el propio General Eisenhower quien ordenó que las ejecuciones fueran públicas, en el lugar de los hechos y con la asistencia de las víctimas, sus familiares y vecinos. Buscaba así calmar la onda de protestas que empezaron a inundar la prensa de la época. Una mancha que no podía permitir que se extendiera a todos los miembros de la llamada “greatest generation”. “Franceses cornudos y cobardes” Francia tampoco tenía mucho interés en airear los crímenes algunos de sus salvadores. De Gaulle, privado de protagonismo en el D-Day, y sus aliados comunistas, más tarde, prefirieron dedicarse a reescribir la historia juntos y a inventar un pueblo resistente que combatió al lado de sus liberadores. En el D-Day sólo tomaron parte unas decenas de franceses. En Francia no es tampoco agradable recordar los estereotipos que los soldados estadounidenses tenían sobre los varones franceses: cornudos, afeminados, nerviosos, irritables, cobardes, incapaces de defender su tierra y controlar a sus mujeres Un jeep estadounidense de la 35º División de Infantería en Saint-Lô, destruida por los bombardeos (Reuters). La Libération echó el velo sobre este capítulo de la historia y sobre otro también doloroso. El bombardeo amigo, las bombas arrojadas por los aliados para debilitar las defensas nazis que provocaron la muerte a 60.000 personas entre 1940 y 1944. Caen, Le Havre, Billancourt, Saint-Etienne, Brest o Royan sorprenden al visitante por tener barrios enteros cuya arquitectura difiere completamente del resto de la ciudad. Es la reconstrucción que oculta las cicatrices de una táctica militar de una época en la que la vida de los civiles extranjeros tenía poca consideración. Muchas familias francesas no participan de los festejos de estos días; no encuentran ninguna gracia a la pleitesía reservada por los medios de comunicación a la Reina de Inglaterra, a Barack Obama o a otros representantes de países que participaron en el Desembarco de Normandía. Para ellos, para las familiares de las víctimas, nunca sirvió de nada celebrar la liberación de un cadáver.
Galaxy S5 se burla de los usuarios de iPhone por su escasa batería Samsung ha subido un nuevo vídeo a su cuenta de YouTube en la que se burla de todos aquellos usuarios que tienen un iPhone, llamándolos 'abraza paredes', en referencia a la poca autonomía de la batería que tienen los smartphones de Apple y, por tanto, de lo que dependen de los enchufes de las paredes. "Ahí están, agrupados alrededor de los enchufes, al lado de las papeleras, sobre las alfombras, en los baños... Atados a la pared", comienza el anuncio de Samsung, a la vez que muestra a todos los usuarios de iPhone pegados a los enchufes de la pared en un aeropuerto y a los propietarios de su buque insignia, el Galaxy S5, paseando libremente. Durante el comercial, de un minuto de duración, se pueden ver varias referencias a la duración de la batería de ambos terminales, resultando siempre ganador el Galaxy S5. "¿Habéis oído que va a salir un nuevo iPhone?", pregunta un usuario a sus compañeros de enchufe, a lo que rápidamente le contestan: "Espero que tenga una batería mejor". No es la primera vez -ni será la última- que dos empresas del sector de la tecnología se tiran los trastos a la cabeza para poder alardear de las características de sus dispositivos metiéndose con los de la competencia. Recientemente, pudimos ver cómo HTC se metía con el "diseño tirita" del Galaxy S5 en un 'tuit' en el que se mostraba el HTC ONE (M8), el buque insignia de HTC, junto a tres tiritas que coincidían con los colores en los que el S5 y un mensaje que decía "Una de estas cosas no es como el resto".
TRAS EL FIASCO DE LA VERSIÓN 8, "EL NUEVO VISTA" Windows 9, el as en la manga con el que Microsoft quiere recuperar terreno "Fue mi error más grande", Steve Ballmer fue elocuente a la hora de definir de alguna manera uno de los mayores fiascos en el mundo de los ordenadores de estos últimos años, y por el que Microsoft todavía se lame las heridas: Windows Vista. Aquella versión llamada a inaugurar una nueva era en los sistemas operativos de los ordenadores, en un momento en el que los de Redmond lo tenían todo, fue un fracaso rotundo y sin paliativos. Las quejas de los usuarios pronto arreciaron y la simple mención de esta versión todavía despierta pesadillas pasadas a algunos. Y ahora que hablamos de pesadillas, el recién llegado Satya Nadella tiene otro marrón heredado de los años de mandato de Ballmer, además del inmortal Windows XP: Windows 8. Esta familia de la plataforma nunca fue bien recibida por los usuarios y fue un intento de la casa por nadar entre dos aguas: los ordenadores y los dispositivos móviles. Sin embargo, su llegada a finales de 2012 fue recibida con intensas críticas, fundamentalmente debido a su controvertida interfaz. De repente, la firma fundada por Bill Gates se encontró con la incómoda situación de verse perseguida por dos fantasmas en una firma que no gana para sustos con las sucesivas versiones de Windows: un XP que debería estar muerto hace mucho tiempo pero cuyos usuarios siguen aferrados a él, y Vista, la mayor tacha en el expediente de la casa. La compañía hasta la fecha se ha negado a aceptar el fracaso de Windows 8, y contaba con buenos argumentos para ello: unas sólidas ventas de esta versión daban una versión distorsionada de la realidad, pero ha sido Mary Jo Foley, una persona que cuenta con sólida información de la casa, la que ha calificado esta versión de la plataforma como "el nuevo Vista". Y tratándose de una firma de peso cuyos tentáculos llegan bien dentro de la organización, hay que tomarse el asunto como el primer mea culpa más o menos oficial que llega, precisamente, cuando la firma ha mostrado músculo con la nueva versión, esta sí, que promete devolver la ilusión a los fieles a la plataforma. Windows 9, el sistema operativo adaptable Los grandes se están enfrentando a una compleja situación: el mercado se está fraccionando con la irrupción de los tablets y la consecuente recesión de los ordenadores. Las ventas de dispositivos móviles (contemplando el término tanto smartphones como tablets) siguen creciendo de forma imparable y a un ritmo semejante al del declive de las ventas de los ordenadores, modificándose, en consecuencia, la composición del mercado. En este paradigma, tanto Microsoft como Apple y Google intentan proporcionar al usuario una convergencia de forma que pueda usar indistintamente ambos equipos sin migraciones traumáticas. Parece que todos han tomado buena nota del gran error de Google con la fragmentación y los problemas a los que se enfrentan los desarrolladores a la hora de adaptar sus creaciones a móviles o tabletas, y dentro de estos, a las diferentes versiones de Android. Con este guirigay es difícil lograr un crecimiento homogéneo de la plataforma y un ecosistema nutrido con el que se alcance otro de los mantras que persiguen las marcas en la satisfacción del usuario. Pues bien, parece que el equipo de Nadella ha dado con una solución que promete terminar de golpe y porrazo con todos estos problemas y llegará con una revolucionaria nueva edición de Windows bautizada en clave como Threshold. Se prevé que el nombre comercial sea finalmente Windows 9 aunque en este caso, parece que hasta en este aspecto en la casa contienen el aliento. Apuntábamos antes que uno de los grandes problemas a los que se enfrentó Windows 8 fue el de la coherencia: el sistema operativo y su interfaz eran los mismos para un tablet, un convertible o un sobremesa, y así, si uno abre Word en Surface, desaparece de repente la interfaz Metro y Windows 8 muestra el aspecto de escritorio de las versiones anteriores. Un pequeño lío que no gustaba a nadie, ni a los propietarios de un tablet ni a los de un PC con el sistema operativo. ¿Cuál es la revolucionaria solución planteada por los de Nadella? Crear básicamente dos versiones de Threshold: una para dispositivos móviles y otra para ordenadores, y dentro de estas dos grandes versiones, al instalarse Windows 9, el sistema analiza qué tipo de equipo tiene bajo sus pies adaptando la interfaz a las peculiaridades del equipo. La idea parece cautivar a los primeros analistas, hasta el punto que Forbes no ha dudado en vaticinar que Threshold podría ser "el mejor Windows que hemos visto hasta la fecha". De salir bien los planes al nuevo CEO, Windows 9 podría ser la esperada solución con la que Microsoft mataría dos pájaros de un tiro: adiós al maleficio de Vista y también al pesado legado del éxito de XP. Y no habrá que esperar mucho para salir de dudas: si nada se tuerce la nueva versión de Windows será lanzada con toda la trompetería que se merece a comienzos de 2015.
La intelectualidad prorrusa de Járkiv, vacuna contra el extremismo En un sótano de Járkiv, 16 personas comentan un cuadro. En él se ve a un joven de mandíbula chata, ojillos aviesos, la piel picada, medio calvo. Su cuerpo encorvado luce un tatuaje bíblico en el torso y una armadura de gladiador en el brazo derecho; de sus pantalones entreabiertos nace un falo enorme con forma de serpiente. “Es un separatista de Donétsk, un antiintelectual que se imagina como el guerrero San Jorge”, dice un hombre de voz grave. “No”, añade una mujer. “Es un miembro de Pravy Sektor. ¿No veis que su pene apunta a la derecha?”. Si en Kiev nadie ondearía una bandera rusa en la calle, y en Donétsk se premia la insignia ucraniana con paliza o secuestro, Járkiv despliega cómodamente sus matices políticos. Esta ciudad de avenidas limpias y fachadas señoriales, donde una de cada diez personas cursa estudios superiores, flota sobre un denso conglomerado intelectual. Es así desde que Moscú la nombró capital de la República Socialista de Ucrania entre 1919 y 1934, mimándola con industrias y centros de investigación. Járkiv goza hoy de 13 universidades nacionales, 60 institutos científicos y más de 350 empresas de maquinaria y productos químicos que nutren, sobre todo, a Rusia. “Es que Járkiv (en ruso) no es Ucrania”, dice Nicolái Isaev, físico de 62 años y profesor de español a tiempo parcial. “Járkiv, Odesa y Donétsk fueron añadidos a Ucrania por decreto en 1922. Lenin y luego Stalin querían introducir masas de obreros rusos para rusificar la república”. Nicolái, que con sus facciones delgadas y su distinguido cráneo lampiño parece un pensador medieval, encarna lo mejor de la Unión Soviética. Nacido en Rusia y licenciado de la Universidad Patricio Lumumba, donde jóvenes de todo el mundo abrazaron la educación socialista, se mudó a Járkiv por amor en 1983. Lo que más le llamó la atención al llegar fue la sofisticada forma de vestir de sus habitantes. “Járkiv es una ciudad de comerciantes y estudiantes. El peso de la clase obrera es mucho menor que en Donétsk. Aquí hay una gran comunidad científica; fue en Járkiv donde se dividió el átomo por primera vez”, explica orgulloso. Esta ciudad parece una foto antigua o de Instagram, con tonos amarillentos, casi quemados, y personas espigadas caminando en soledad con prendas vintage. El mayor símbolo soviético de la segunda ciudad de Ucrania es el Derzhprom, un complejo de oficinas construido en 1928. Esta colección de bloques conectados entre sí por túneles colgantes que recuerdan a la película Metropoli, era el edificio más espacioso del mundo hasta que nacieron los rascacielos neoyorquinos. Una estructura tan sólida que ni los nazis le hicieron mella durante la guerra, y que sigue manteniendo su estilo. Siete de sus doce ascensores operan intactos, uno de ellos regido por una ascensorista de pelo rubio que lleva ocho años guiando el cubículo arriba y abajo. El ascensor tiene una silla, flores, un transistor y un viejo teléfono de donde cuelga el bolso de la señora. Frente al Derzhprom está la estatua de Lenin, un Lenin arrugado, realista, que da un discurso con la palma de la mano extendida como si fuese inocente. Poco después de la huida del presidente Yanukóvich, varios partidarios del Maidán declararon que derribarían la estatua del revolucionario. “Esto decidió a mucha gente a manifestarse para evitarlo”, dice Nicolái. Más que una estatua, Lenin es un símbolo de fractura generacional, como demuestran Marina y Marina Jr.: la madre, profesora universitaria de Pedagogía; la hija, estudiante de Derecho. Ambas están de acuerdo en mantener Ucrania unida, pero difieren respecto al monumento. “Quieren quitar a Lenin, ¿por qué? ¿Dónde lo van a poner? ¿Qué daño hace ahí? Es historia”, dice la madre. Su hija sacude la cabeza. Pese a tener una configuración étnico-lingüística casi idéntica, Járkiv no ha vivido el mismo grado de separatismo que Donétsk. Su sede de la Administración regional, situada frente a la inmensa Plaza de la Libertad (una de las diez plazas más grandes del mundo), fue ocupada por activistas prorrusos en dos ocasiones, la segunda de ellas al mismo tiempo que los edificios oficiales de Luhánsk y Donétsk. Poco después, fuerzas especiales llegadas del oeste desalojaron y detuvieron a los ocupantes. “Te pondría en contacto con los organizadores”, dice Natasha Polulyak, militante prorrusa. “Pero me temo que la mayoría están en la cárcel”. Según el Instituto Internacional de Sociología de Kiev, apenas un 10% de los ciudadanos de Járkiv apoyaron la toma de edificios[1]. El alcalde, Guenadi Kernes, acusado de jugar siempre a dos bandas, permanece ingresado en Israel tras haber sido tiroteado por la espalda mientras montaba en bici. La melancolía pesa sobre parte de los jarkovchane, desencantados tanto por el Maidán como por la brutalidad del separatismo en Donétsk. “Cuando vivía en el extranjero, esperaba que Ucrania se acercase a la Unión Europea”, dice Lena Levtérova, filóloga de 37 años. “Pero ahora que he vuelto y veo la televisión ucraniana, pienso que la mejor opción es acercarse a Rusia. No quiero vivir en un país donde se pongan obstáculos a la lengua rusa y se levanten monumentos a Stepán Bandera (figura nacionalista sospechosa de colaborar con los nazis)”. Nicolái, que defiende una solución federal para Ucrania, no votó en las elecciones presidenciales porque no le gustaba ningún candidato. “Si hubiese alguien como Václav Havel (el primer presidente de la República Checa poscomunista) sí habría votado, pero no lo hay. Ahora los únicos partidos del Parlamento que tienen ideología son (el ultranacionalista) Svoboda y el Partido Comunista. Los demás están ahí por dinero, incluido el nuevo presidente, Petro Poroshenko (…). Si políticos como Oleh Tiahnybok (Svoboda) u Oleh Lyashko (del conservador Partido Radical) llegan a Járkiv, me iré directamente al consulado ruso a pedir el pasaporte. Al fin y al cabo, mi madre, mi hermana y mi hijo viven en Rusia”.
Windows 9 sin Metro ¿Una opción inteligente? Siguen llegando informaciones sobre el desarrollo de Windows 9 “Threshold” y son interesantes, en la medida que Microsoft pretende resolver un diseño de Windows 8 demasiado enfocado a uso con pantallas táctiles que no termina de calar en el mercado. Ya lo hemos hablado en numerosas ocasiones. Pensando en impulsar su plataforma de smartphones y tablets, Microsoft implementó en Windows 8 una interfaz de usuario novedosa que pretendía acostumbrar al usuario a su uso, aprovechando la enorme base instalada de Windows en PCs y en nuevos equipos. Denominada originalmente ‘Metro’ y hoy Modern UI por conflictos de marca con el retailer alemán Metro AG, la interfaz funciona con solvencia en tablets, smartphones y en general, en equipos con pantalla táctil. El problema, fue y es, el escritorio informático, donde la aportación de Modern UI es por decirlo suavemente ‘prescindible’ y en entornos profesionales y corporativos donde se trabaja con PCs sin pantalla táctil, inútil y hasta molesta. El número de aplicaciones de Modern UI es mínimo comparado con las existentes para escritorio y a pesar del esfuerzo de Microsoft en mejorarlas y potenciar el desarrollo de terceros, de momento no aportan nada al escritorio informático. Los datos son tozudos. Windows 8 avanza en cuota de mercado pero muy por debajo de otros como Windows 7, rey absoluto en PCs a pesar que Windows 8 lo mejora en bastantes aspectos. Muchos, desconocidos por el gran público y difuminados ante las críticas ante la interfaz Modern UI y los cambios que ha traído al escritorio tradicional Windows. Así las cosas, hace tiempo que Microsoft se puso en marcha para mejorar el sistema operativo. Dicen, que a través de una orden ejecutiva de máximo nivel hacia el reticente equipo de desarrollo de Windows, que encabezado por Steven Sinofsky había parido Windows 8 y que las malas lenguas apuntan que terminó de costarle el puesto. La nueva estrategia (resumida en “menos Modern UI y más escritorio tradicional”) ya la hemos visto el último año, con dos actualizaciones gratuitas de Windows 8 que mejoran la transición e integración entre ambas y como ejemplo, ofrecen el salto directo al escritorio sin pasar por la pantalla de inicio o incluyen un nuevo botón de inicio. Además, Microsoft anunció en la pasada BUILD 2014 el regreso del menú de inicio a su sistema operativo. Convertido en “cuestión de estado”, han corrido ríos de tinta sobre este componente a pesar que Windows 8 ofrece un potente menú de inicio bastante desconocido y terceros desarrolladores ofrecen menús similares al de Windows 7. A comienzos de semana ya te contamos de qué forma Microsoft va a favorecer el escritorio tradicional en Windows 9 desarrollado bajo el nombre en clave “Threshold”. Ahora, Paul Thurrott’s (uno de los gurús en todo lo relacionado con Microsoft) publica un artículo explicando que la estrategia irá más allá de un simple cambio de interfaz ya que en la práctica posibilitará un Windows 9 sin Metro dependiendo del equipo donde se utilice. Ello será posible gracias a que el sistema detectará el dispositivo y mostrará una interfaz distinta. Modern UI seguirá por defecto en tablets pero en caso de un PC sin pantalla táctil, la primera pantalla será un nuevo Menú de Inicio muy similar al de Windows 7 pero que podrá arrancar en pantalla completa. Los usuarios serían capaces de alternar entre ambas interfaces y configurarlas con alto grado de personalización. La supuesta gratuidad de Windows 9 (un rumor insistente) para OEMs, para clientes de Windows 8 y también para clientes de Windows 7, aseguraría migraciones masivas y conseguiría que Windows 9 lograra lo que no ha conseguido Windows 8. Esperaremos. Windows 9 llegará en 2015 aunque antes Microsoft ofrecerá una tercera actualización para Windows 8. ¿Qué te parece un Windows 9 sin Metro pero disponible a voluntad del usuario? ¿Será capaz Microsoft de crear un sistema atractivo y funcional, adaptable al dispositivo donde se instale? ¿Cómo valoras la nueva estrategia?
Antonio Caño: «Este país lo primero que necesita es información, tenemos un exceso de opinión desmedido» Publicado por Ana Pastor Lleva un mes y una semana al frente del periódico más vendido de nuestro país. Su aterrizaje desde Estados Unidos, su último destino, ha sido de todo menos tranquilo. Poco antes de su nombramiento se filtró un mail enviado, teóricamente por error, a la redacción en el que hablaba de la anterior cúpula y no precisamente en tono cariñoso. Además le ha tocado dar sus primeros pasos con un rey abdicando, con el líder de la oposición anunciando que se marcha y el bipartidismo corneado tras las elecciones europeas. A todo eso hay que sumar la situación financiera de su propio medio que ha prescindido de casi doscientos periodistas tras un ERE. Antonio Caño, de cincuenta y siete años y treinta y dos trabajando en el mismo medio, entra puntual en la sala de juntas del edificio de El País donde está previsto que hagamos la entrevista. Pero Lupe, la fotógrafa, pide cambiar de sitio por cuestiones de luz y encuadre; él acepta sin problemas. Es cordial y directo en el trato. Trae en la mano el teléfono móvil que apenas mira un par de veces en las dos horas largas de conversación. Ha accedido a responder todas las cuestiones sabiendo que algunas son terreno pantanoso y le pueden dar algún dolor de cabeza extra. Es la primera vez que un director de El País tiene despacho en la redacción. Es raro, ¿no? Efectivamente, antes no había. Yo creo que el director tiene que estar donde está la redacción. En las redacciones que yo había visitado en otros periódicos del mundo siempre veía el despacho del director en la misma planta. Se trata de estar más cerca del trajín diario. Eres el quinto director de El País. ¿En qué eres diferente de los demás? (Hace una pausa durante varios segundos. Piensa bien la respuesta) Soy un periodista que llega a la dirección después de haber pasado por casi todos los puestos. Llego después de una larga carrera y después de haber hecho una transformación personal. Procedo del periodismo tradicional y en los últimos años me ha tocado crear una edición digital, con lo cual he experimentado todos los tipos de periodismo que se hacen en este momento. Soy eso esencialmente, un periodista. No tengo otra formación, otra experiencia ni otras ambiciones. ¿A qué periódico te gustaría que se pareciera El País? Los mejores periódicos del mundo son anglosajones. Financial Times o New York Times son los mejores. ¿En España no estamos a la altura? No. El periodismo español está muy lejos. Es muy distinto. La mejor referencia para nuestro país es El País. Es el mejor periódico que se ha hecho en España. Hablas en pasado. ¿Con qué época te quedas? Con los primeros años, no hay duda. Era extraordinario. Tenía una combinación que los periódicos pocas veces consiguen: buena información y una conexión mágica con la sociedad a la que se dirigía. Era un periodismo moderno conectado con la gente. Después no fue igual. ¿Qué habéis hecho mal para que se pierda esa conexión? Se ha debilitado, pero no se ha perdido. Ha cambiado la sociedad y nos necesitan menos. Cuando El País surgió era tan necesario como el pan de cada día. Se necesitaba ese producto. Insisto, ¿qué habéis hecho mal para que ya no os necesiten? Ahora vivimos en una sociedad más desarrollada, más madura. Necesita menos guías, en general, menos tutelaje. Es más autónoma y más moderna. Y también con el paso de los años, nosotros hemos crecido y nos hemos hecho un periódico más institucional. Lo cual es inevitable. ¿No crees que eso es malo? No necesariamente. Cuando menciono alguno de los principales periódicos del mundo son muy institucionales. Le Monde es un símbolo de Francia. Los periódicos importantes acaban convirtiéndose en instituciones de su sociedad. El New York Times es un símbolo de Nueva York y mucha gente que va a la ciudad hasta va a la tienda del periódico y se compra una camiseta y una gorra que pone NYT. Has dicho que El País representó algo parecido y se ha perdido. ¿Habéis dejado de representar a la gente? Yo creo que sí representamos a la sociedad. En España estamos metidos en un debate y una confusión que no nos permite ver las cosas como son. Tengo la fortuna de estar recién llegado tras vivir muchos años fuera. Desde fuera se ve El País como un símbolo de España, de una España moderna que se democratizó. Es marca España. ¿Crees que dentro de España os ven igual? En España no valoramos lo que tenemos. Ni El País ni muchas otras cosas. Este periódico es mejor de lo que algunos de nuestros críticos creen. No es tan bueno como me gustaría que fuera, pero es mejor de lo que gran parte de nuestros críticos creen. Tenemos esa costumbre de menospreciar cosas que hacemos bien. El País debería ser un orgullo. El País hace periodismo contra el poder? Los periodistas hemos hecho demasiada poca autocrítica. Hemos vivido una crisis económica y además en los medios una crisis de modelo que ha dejado a nuestras empresas famélicas. Y hemos salido a la sociedad a quejarnos de lo mal que estamos y casi a pedir ayuda. Hemos discutido poco en el oficio sobre la culpa que tenemos de que nos vaya tan mal. Tenemos parte de culpa, y también la revolución tecnológica. Ahora les está pasando a los taxis lo que lleva años pasando en nuestro sector. A todos les va a pasar. ¿Cuál es la autocrítica? ¿Hemos estado pegados al poder y no a los ciudadanos? Así lo perciben todas las encuestas. Estoy de acuerdo en que los periódicos hemos prestado poca atención a los ciudadanos. Incluido El País. A los temas que preocupan a los lectores. Los hemos descuidado. Pero no somos una ONG. Las necesidades de las ciudadanos son una cosa y los intereses de los lectores son otra. Nuestra responsabilidad no es atender sus necesidades sino tener información y datos sobre los asuntos que son relevantes para los lectores. Y es verdad que hemos estado más pendientes de los poderosos de todos los ámbitos. Los periódicos de calidad están más pendientes de lo que dice la gente y hay gente muy interesante en España que no sale en la prensa. Hay muy buenos médicos, investigadores, científicos, etc. ¿Quieres darles ahora más visibilidad? Eso pretendo. Me gustaría que nuestro periódico enseñara una sociedad que es más laboriosa, optimista, más emprendedora y a la que creo que no prestamos demasiada atención. Los periódicos cubrimos una parte muy pequeña del país que justamente es la más desmoralizada, la más asustada. ¿Dais visibilidad suficiente a la gente que peor lo está pasando? Yo creo que sí. A la gente que está sufriendo el paro. Un periodista que viene de trabajar en Estados Unidos, ¿cómo vive el momento «plasma» del presidente de Gobierno o las ruedas de prensa sin preguntas? En este país tenemos la enorme capacidad de distorsionar los argumentos y enredarnos en debates absurdos. Para mí el debate de las ruedas de prensa sin preguntas es absurdo. ¿De verdad? Sí. Es todo un gran malentendido. ¿Tú crees? No es que haya declaraciones institucionales como cuando Obama anuncia que han matado a Bin Laden, el problema es que se han extendido y ya casi no nos dejan preguntar. ¿No? Vengo de un país en el que con mucha frecuencia convocan a la prensa para hacer una declaración y después se van. Y a veces los periodistas le gritan a Obama y él se va y no contesta. Rajoy da una rueda de prensa larga al año y cuando está obligado por la visita de un líder internacional admite dos preguntas. ¿Te parece suficiente? Una conferencia al año es muy poco. Tres o cuatro con muchas preguntas son necesarias. En Estados Unidos cuando Obama sale con otro líder son dos preguntas por país y las decide la Casa Blanca. Los periodistas tenemos que tener un poco más de humildad en todo este asunto. La gente tiene derecho a hablar y a callar. Y eso incluye a los políticos. Ellos pagarán la responsabilidad de su silencio. Pero tienen derecho a callar. ¿Siendo cargos públicos que tienen que rendir cuentas? Tienen derecho. Y luego serán los electores quienes les juzguen por ello. Rajoy sabrá cuánto tiene que comunicar. Pero tiene el derecho a callar. Desde mi punto de vista se equivoca si calla, pero tiene derecho. Entonces, ¿al director de El País le parece bien que sea la vicepresidenta del Gobierno quien decida cada viernes en la rueda de prensa del consejo de ministros qué medios preguntan? ¿No le incomoda que se elija a los medios desde el Gobierno en una comparencia que debería ser más abierta? En España hay carencia de información por parte del Gobierno. El Gobierno facilita poca información. El problema no es de formato. Si la vicepresidenta responde de media seis o siete preguntas a la semana es muy poca información. Y sin embargo, en España se abusa de la información confidencial, del «te cuento pero no digas quién te lo ha dicho». Hay un exceso de eso y me disgusta profundamente. En general en España se dan pocas explicaciones a los ciudadanos desde la clase política, desde los poderes financieros o la monarquía, que no concede entrevistas. Esto fuera no ocurre. ¿No crees que padecemos una falta de rendición de cuentas? Instrumentos hay. Es una democracia como cualquier otra en ese sentido. Pero hay poca transparencia informativa. Insisto en que los periodistas disponen de poca información pública y eso incluye a todos: el Gobierno, la oposición, empresas…y hay un exceso de información confidencial. Hemos llegado a un punto absurdo en el que los periodistas cuentan en sus medios menos de la mitad de la información que poseen. ¿Por qué crees que ocurre esto? Porque gran parte de las veces no tienen autorización para publicarla. Lo peor es que el público dispone de poca información hasta en lo personal. En Estados Unidos saben hasta cuántas veces hace deporte el presidente, si es agresivo jugando al basket, si juega de alero o de pívot, cuál es su handicap en golf. Sabes cuántas horas y minutos lleva jugados al golf Obama. ¿No te da cierta envidia, al margen de la información más superficial? Por supuesto. Este país lo primero que necesita es información porque tenemos también un exceso de opinión desmedido. Hay hambre de información en la sociedad para modernizarse, para volver a conectar. Necesitamos hechos y datos y menos opinión. Quiero que en El País haya más información y menos opinión. Cuando hablaba de que falta autocrítica me refiero a eso. Los periodistas hemos devaluado los hechos. Hemos entrado en una deriva literaria contando las cosas de forma bonita más o menos acorde con los hechos, pero interesando más que el hecho. Otros dando más importancia a la opinión y a la interpretación que yo hago de los hechos, que pasan a un segundo plano. Los periodistas llevamos años en España despreciando los hechos. Es penoso que desde las ocho de la mañana en la radio estés escuchando opinión. ¡Desde las ocho de la mañana! También hay información. Sobre todo opinión, y es imposible que a las ocho de la mañana alguien tenga opinión de nada. ¡No te ha dado tiempo a elaborar una opinión! El periodismo de opinión tendría que estar más limitado en el espacio y en el tiempo. Es desmedido. Y, como se prima frente a los hechos, crea un país histérico. ¿Cómo no va a estar el país histérico si no escuchan más que a gente opinar precipitadamente de hechos que no han tenido tiempo de conocer? ¿El País también ha contribuido a esa dinámica? También. La deriva general también ha afectado a El País. Quiero saber también cuál es tu análisis sobre la importancia de los medios públicos en España. ¿Cómo deberían ser? La televisión pública debería ser estrictamente de servicio. No entiendo una televisión pública con basura. ¿Se está dando ese servicio? No. Creo que el mejor periodo de la televisión pública fueron los últimos años. Cuando se hizo información de manera sobria, profunda, seria y objetiva. Las privadas casi renunciaron y la televisión pública quedó como la reserva de ese tiempo de información, por ejemplo, con una gran red de corresponsales. Esa debería ser la línea. ¿Qué opinas del cambio de modelo? Creo que con la televisión habría que tener una política de Estado y no de partido. Es un bien publico. No creo que a nadie se le ocurra llevarse un cuadro del Prado a su casa porque todos entendemos que ese museo es un bien público que nadie puede usar en su propio beneficio. Pues con la televisión pública debería pasar lo mismo. Es el Prado de los medios de comunicación. Me asombra que me preguntes por algo así porque me parece muy obvio. No sé cómo un político a estas alturas cree que puede utilizar la televisión pública a su servicio. Es incalificable. Te voy a dar algunos nombres de compañeros de profesión para que me des tu opinión: Pedro J. Ramírez. No lo conozco. ¿Qué te parece su salida de la dirección de El Mundo? No puedo decir mucho de él como persona porque no lo conozco. El periodismo que ha hecho El Mundo no me gusta nada. Me refiero a ese periodismo escandaloso, de verdades a medias, de pseudoinvestigación, en el que vale todo. Ese periodismo no me interesa. ¿Incluyes también el periodismo de investigación que, en ocasiones, coincide con El País? Por ejemplo en el caso Bárcenas. No hablo de un caso en particular. Es una manera de abordar las historias y la actualidad. Contribuye a esta gran confusión general. La gran contribución que un periódico puede hacer a la sociedad, por encima de todo, es la credibilidad y el rigor. Que cuando leas algo en un periódico sea así. Si esa es la gran contribución, te diría que El Mundo no la hace. Es mi punto de vista. Insisto sobre el cese de Pedro J. Ramírez. ¿Lo atribuyes a Moncloa, Zarzuela, la caída de las ventas…? Desde fuera lo que puedo decir es que yo no creo que Zarzuela pueda despedir en este país a ningún director si la empresa no quiere. Lo creo honradamente. ¿Y Zarzuela y Moncloa juntas? Tampoco. No creo que viva en un país en el que el gobierno pueda despedir a un director. Seguimos: Francisco Marhuenda, director de La Razón. Lo conozco por los debates en La Sexta, donde no me interesa lo que dice. Considero que es un periodismo ultraideológico. El problema es que los periodistas estamos para unas cosas en la sociedad y no para otras. Estamos para aportar hechos, para dar información, para contribuir a que una sociedad esté bien y objetivamente informada. Para eso estamos. Pero nos hemos creído que estamos aquí para no sé qué coño. Ni somos actores ni estrellas. Tenemos que enterarnos de lo que pasa y contárselo a la gente de la manera más sencilla, sobria y objetiva posible. Eso hace una sociedad más saludable, y Marhuenda no hace precisamente eso. Otro nombre: Jordi Évole. Juan Luis Cebrián escribió en El País sobre el documental del 23F: «La misma televisión que organizaba acalorados debates sobre idéntico tema había programado semanas antes un falso reportaje, una auténtica invención dolosa, que venía a defender tesis más o menos parecidas: el golpe habría sido algo simulado para tratar de reconducir a partir de él la caótica situación del país. En mi opinión la permisividad, que diría Carrillo, ante tantas vulneraciones de los más elementales principios profesionales y deontológicos del periodismo puede derivar, de hecho lo ha conseguido en parte, en que algunos sectores duden del papel del rey en el golpe de Estado». ¿Lo compartes? A mi me parece que Jordi Évole está muy bien. Lo veo cuando puedo. Hace un buen servicio. Lo único que me sorprende del fenómeno, que por otra parte hace una contribución positiva, es que sea el periodismo de referencia. Porque es un producto bueno, original y heterodoxo. Quizá por eso funciona. Pero ¿dónde está el periodismo ortodoxo en este país? Igual no tiene que existir la ortodoxia. ¡No, no! Tiene que existir. Porque el periodismo tiene que ser sobrio, no tiene que llamar la atención. Es como un buen árbitro, se considera que arbitra bien cuando no se nota que está. Créeme. El periodismo tiene que ser humilde. Por supuesto, pero en televisión el periodismo tiene una visibilidad diferente: el director de Salvados, Jordi Évole, tiene más visibilidad lógicamente que el director de El País, ¿no? La visibilidad que hay que tener en televisión es la credibilidad. Obviamente en televisión todo tiene un ingrediente de espectáculo. También las noticias. Y por eso la persona que sale debería contribuir a la credibilidad. Walter Cronkite es la persona más famosa de información en televisión porque cuando decía una cosa te la creías. Esa es la imagen que él transmitía. Eso debe ser y no esa especie de carrera de celebridades en la que están algunos. ¿Quiénes están en esa carrera? No quiero dar nombres. Igual hasta estás pensando en mí. Hay gente que piensa que cuando interrumpimos lo hacemos por protagonismo y no por no aceptar mítines. No. Me refiero a periodistas que están en mil tertulias, actos sociales, etc. Así no se puede cumplir el papel que tenemos encomendado. Hablemos del gran problema de la prensa al margen de los contenidos. El futuro del papel. ¿Está muerto? ¿La prensa escrita está firmando sus últimas horas? Muerto no está todavía porque yo hago cada día prensa escrita, pero está atravesando por un momento muy difícil. El presente es muy complicado. Cebrián llegó a decir que la prensa en papel es un producto del siglo XIX. ¿Lo compartes? ¿Sobrevivirá en el siglo XXI? El tiempo del papel se cuenta en años, en muy pocos años. ¿Sobrevivirá una década? No creo que más de una década. ¿Cómo se puede convencer a un lector de que pague mañana el periódico en el quiosco si esta noche a las diez le vais a adelantar gratuitamente muchas de las informaciones o incluso las mismas en la web? Estamos intentando que no sea la misma información. Queremos diferenciar el papel de los productos digitales y vamos a profundizar más en eso. Hemos hecho incluso cambios físicos en la redacción. (La edición impresa ocupaba el centro de la redacción y con la llegada de Caño ha pasado a un lateral). ¿Cuál sería el precio de ese valor añadido en la edición digital? ¿Vais a añadir algún pago en la web? No es una cosa que tengamos decidida. Es una estrategia muy complicada de llevar a cabo. No tengo claro que la única forma de rentabilizar la web sea el pago. ¿Tiene El País lectores jóvenes? En la web es altísimo el número de lectores jóvenes. Hay una confusión sobre la pérdida de lectores en los periódicos. El País tiene hoy más lectores que nunca por la edición digital. Tiene más influencia que nunca porque no solo estamos en España sino también en México, Colombia, Chile, etc. Es influencia real. Antes El País era conocido en América Latina. Hoy es influyente. Tú abres la web de El País en México y lees una información complicada sobre el gobierno mexicano, o sobre la violencia, o sobre el proceso de paz en Colombia o las revueltas de estudiantes en Chile. Y automáticamente se convierte en un periódico de influencia local. ¿Y en papel dais por perdidos a los jóvenes? No es por el contenido. Es el formato. Aunque hiciéramos solo temas que interesaran a ese sector tampoco lo comprarían. Vamos a repasar algunas portadas y editoriales que han causado polémica últimamente: «El bipartidismo recupera vigor» (7-mayo-2014). Era una encuesta del CIS. Nosotros reflejábamos eso. Visto lo que ha pasado, ¿fue un error darle tanta potencia a ese titular? Es un titular estrictamente descriptivo. Había un ascenso en esa encuesta del CIS para los dos grandes partidos. Y lo que sí ha habido en estas elecciones es un patinazo en las encuestas, no solo en esa, también en la que dimos nosotros de Metroscopia. Pero ese titular no era interpretativo. Sin embargo, poco antes también leímos en vuestro periódico un editorial aplaudiendo la designación de Elena Valenciano como cabeza de lista en las elecciones europeas. Se titulaba «Subiendo el listón» y decíais que se enviaba un mensaje positivo a la sociedad. Eso es mojarse mucho. ¿De qué fecha es? Yo no era director del periódico. Pero tendrás opinión del tema, sobre todo porque siempre defiendes que el periodismo no debe ser de derechas o de izquierdas. Ya, pero no voy a opinar de un editorial que yo no he firmado. Cómo definirías ahora mismo El País: ¿de derecha, izquierda, probipartidismo, constitucionalista, monárquico? Nuestro periódico está definido en el libro de estilo. No tengo que inventarme la definición yo. No te pregunto cómo lo define la empresa, sino cómo lo define Antonio Caño. Nosotros no podemos cambiar la definición solo porque cambie el director. Lo único que quiero es sacar el periodismo del debate izquierda-derecha. El periódico no se puede medir por esos parámetros porque son muy pobres para un medio. Pero si os consideráis progresistas supongo que no se os puede enclavar en la derecha. ¿O sí? Eso son parámetros muy estrechos. Si yo te pregunto si tu programa es de derechas o de izquierdas no está bien porque honradamente no es ni de un lado ni de otro. A nosotros nos tienen que medir por la función que cumplimos. Es decir, debemos medirlo por si somos rigurosos, creíbles y objetivos, o mejor dicho, ecuánimes. Yo no rechazo el parámetro izquierda-derecha pero digo que es secundario y que hay demasiada ideología. Los periódicos se definen primero y sustancialmente por otros valores, que son los que he mencionado. Entonces ¿te incomoda que el periódico que diriges haya sido considerado como periódico de izquierdas? Me incomoda porque El País no es un periódico de izquierdas. Ni lo es ni lo ha pretendido. Es un periódico liberal, progresista, que conecta con las tendencias de modernizar y conseguir que la sociedad a la que se dirige progrese. Somos socialmente responsables y avanzados. Y nos gustan los cambios. Y nos gusta la justicia. Es un periódico mayoritario que se dirige al conjunto. Tenemos una visión determinada. Nos interesan unos temas más que otros pero no rechazamos a nadie. Todo eso no significa que seamos de derechas. En concreto de ti se ha dicho que eres muy conservador. ¿Lo rechazas? Por supuesto. Ni mucho ni poco. No lo soy. Ni tampoco lo es mi visión del mundo, porque me interesa todo lo que tenga que ver con progresar y avanzar. Como periodista nunca he sido ideológico. Y no me gusta añadir adjetivos. Ni social, ni comprometido, ni de paz, ni de guerra. El periodismo es periodismo, contar las cosas sin trampas, de la manera más ecuánime. Que puedas dormir tranquilo por las noches. ¿Duermes tranquilo por las noches? No te lo puedes imaginar. Otro editorial: «Un éxito de Rajoy» (15-enero-2014). Se titulaba así y trataba de la visita del presidente a la Casa Blanca. No tuve nada que ver tampoco. Los editoriales son responsabilidad del director. No voy a juzgar el trabajo de Javier (Moreno). Por cierto, al hilo del debate de izquierda y derecha, quiero saber si estas a favor de la gran coalición que propuso Felipe González. Una idea con la que se armó un gran revuelo en campaña. Un revuelo que no puedo entender. Me alegré del revuelo por ti, porque la declaración la hizo en tu programa. Pero quién con sentido común puede estar en contra de que, en determinadas circunstancias y llegado el caso, se haga. La mitad de su partido, el PSOE. Pero dependerá de las circunstancias. Las actuales. Pero Felipe González no dijo actualmente. No dijo hoy, pero se refirió a la crisis y a Cataluña. No creo que pueda haber alguien que se oponga. Y quienes se opusieron estaban en campaña electoral. A mí no me suena mal que cualquier clase política en cualquier país civilizado debe tener la opción de que, en determinadas circunstancias, pueda gobernar en coalición. ¿Quién puede oponerse a eso? ¿Podemos es un partido antisistema? Yo creo que sí. Son antisistema democrático. Sus dirigentes creen en otro sistema que probablemente no es democrático. ¿Crees que están en contra de la democracia? No quiero entrar a juzgar, pero están en contra del sistema con el que nos gobernamos. Y este sistema es democrático. Claro que requiere reformas. Yo personalmente creo que hay que reformar la Constitución. Pero el sistema es válido, es el que necesitamos. Un sistema de partidos políticos contra los que yo no tengo nada. Ellos también son un partido político que ha conseguido entrar en las instituciones y en el sistema. Pero es un partido que desprecia a los demás. Y eso me parece una mala propuesta de convivencia. Yo soy un partido y no como los de mi lado que son una panda de sinvergüenzas. Eso me parece una pésima propuesta de convivencia. El otro día Carles Francino en la cadena Ser hacía autocrítica sobre cómo los medios no supimos ver el fenómeno de Podemos. ¿Lo compartes? No veo que sea así. Cuando ese partido tuvo los votos le dimos la portada al señor Iglesias. Hay quien piensa que Podemos ha ganado gracias a su presencia en televisión. ¿Lo compartes? La visibilidad ayuda. No sé cuánto depende eso de su éxito, pero ha sido un factor importante. Otra portada. «El rey abdica» (7-junio-2014). Y vemos que no hay una sola línea crítica en ella. Ninguna referencia a los escándalos y el desgaste que ha provocado que el rey deje el trono. ¿Pero cómo vas a titular el día que abdica el rey? No me refiero al titular principal, sino al resto de la portada. El rey no se va porque quiere simplemente o solo por la edad. Eso no aparece. Pero eso de nuevo es buscar primero las interpretaciones. Hablo de vuestras interpretaciones. El editorial se titulaba «Un rey necesario» y los artículos de opinión de la portada del director y del presidente del grupo son también positivos. No digo cómo deben ser, ojo, solo que lo son. Nosotros sostenemos en la portada que la Corona ha sido útil. Yo mismo firmé «decisión inaplazable» porque está bien que se haya producido. Claro que hay desgaste, que está mencionado dentro en el editorial donde hablamos de claroscuros. Nosotros tenemos que poner las cosas en contexto. El reinado ha coincidido con el mejor periodo de la historia de España, el más estable y el de más progreso, desarrollo y justicia social. Es importante saberlo y es nuestra obligación decirlo. Ese día lo más importante era eso. Miremos las cosas en perspectiva como hacen los países serios. ¿Crees que se ha instalado el debate monarquía-república en la calle o en caliente por la abdicación? Absolutamente. Responde a un impulso emocional de un instante. La última encuesta del CIS decía que era la preocupación del 0’2 por ciento de la población. Pero no había abdicado el rey. No estaba instalado. Lo instala la actualidad pero desaparecerá con la misma rapidez. No creo que el príncipe lo vaya a tener que afrontar porque no es una preocupación de la gente. ¿Hay que preguntar a la sociedad sobre el sistema que queremos? Hay que reformar la Constitución y efectivamente actualizar la monarquía y discutirlo. Ahí cabe la posibilidad de actualizar nuestra forma de gobierno. Si reformamos la Constitución habría que votar y los españoles podrían opinar. El problema del referéndum sobre la república es que no es un debate real sino artificial, al que nos ha llevado la actualidad y se han sumado algunos grupos de izquierda de manera oportunista. Como resultado de su propia incapacidad de poner otros temas en la agenda porque este es más fácil. Pero creo que no ha prendido en la calle ni va a prender. Lo que no se hace en ningún lado es votar continuamente sobre la forma de gobierno. Entre votar todos los días y votar una vez cada treinta y ocho años quizá hay un punto medio. ¿Qué país vota sobre monarquía y república? Los países como el Reino Unido no votan entre otras cosas porque la monarquía tiene un apoyo del ochenta por ciento. Aquí no. Yo no tengo inconveniente. No somos un periódico monárquico. En absoluto. Apoyamos la monarquía porque contribuye a dar estabilidad a la democracia. ¿Cómo se puede decir que no eres monárquico y a continuación que apoyas la monarquía? Cuesta entenderlo. La soberanía no reside en la Corona sino en el pueblo. La Corona es un instrumento útil para dar cohesión y estabilidad a España. No me preocupa otra cosa de la monarquía. Eso y que sea ejemplar. Al nuevo rey ya le diremos lo que esperamos de él. Lo han dicho Carrillo, Solé Tura o Rubalcaba, lo han explicado ya. Todos las referencias que me das quizá no convencerían a la gente más joven, porque hay quien piensa precisamente que es un problema generacional. Algunos se preguntan para qué va a servir a este país el nuevo rey. Por cierto, me han dicho que le conoces desde hace años, tras su paso por la universidad de Georgetown ¿Es así? Es así. ¿Tienes buena relación? Tengo relación institucional. Hablemos de Cataluña. ¿Hay que preguntar a los catalanes si quieren independizarse? Hay que preguntar. No tengo inconveniente. Pero la consulta que propone Artur Mas no es preguntar a la gente. ¿Cómo se debería hacer? Hay que hacerlo de manera constitucional, pactada, democrática. Así es como se pregunta. No se puede preguntar cada vez que a alguien se le ocurre algo, esto sería ingobernable. Las preguntas a la gente hay que canalizarlas, pactarlas con los demás partidos, hacerlo por los medios legales. Como se han hecho las cosas en Canadá, Reino Unido, como se hace en los países que son una referencia y que tienen problemas similares. En Reino Unido se ha canalizado a través del primer ministro y con la Corona como punto de unión, a través de las leyes. Dos portadas más: «30.000 inmigrantes subsaharianos preparan el salto a Europa por Ceuta y Melilla» (17-febrero-2014). Primera página muy polémica porque reflejaba una agresividad que no se corresponde, entre otras cosas, con los datos globales de la inmigración en este país. ¿Te gustó esa portada? Yo no era director, pero no me gusta esa portada. «La impunidad en Twitter desata una polémica social» (21-mayo-2014). ¿Cuál es la novedad en este tema para que le dierais la portada a la red, donde siempre han ocurrido estas cosas? La novedad era la polémica por los tweets sobre el asesinato de Isabel Carrasco y los tweets durante el partido entre el Maccabi y el Real Madrid. Pero no era la primera vez que leíamos tweets así de estos y otros temas. A Pilar Manjón e Irene Villa llevan años amenazándolas e insultándolas en Twitter. En otras ocasiones no han tenido relevancia social. El Gobierno, el ministro de Interior había hablado, además de la embajada de Israel y el comité de judíos españoles. Estábamos recogiendo el hecho de que instituciones importantes habían hecho pública su queja. No es más que el reflejo de una realidad, de la polémica social. Nosotros en España nos lo tomamos muy a broma, pero el asunto de los judíos es un tema muy grave en toda Europa. Hicimos el ridículo en Europa porque eso se ve con espanto. Que en España alguien diga lo que se dijo en Twitter se observa con horror. Te leo una respuesta que diste a los lectores de El País durante un chat con ellos: «En la circunstancias actuales, El País debe también contribuir a la transición hacia la democracia en países como Cuba o Venezuela». ¿Venezuela no es una democracia? No. ¿Maduro es un dictador? Venezuela no es un dictadura, pero no es una democracia. ¿Qué es entonces? Un régimen autoritario, de control. Maduro ha sido elegido en las elecciones, pero en un país donde no hay prensa independiente, donde el gobierno controla la televisión, donde los partidos de la oposición están sometidos a todo tipo de dificultades, donde los ciudadanos viven en un clima de hostigamiento e intoxicación ideológica constante. Eso no es una dictadura porque hay una relativa libertad de expresión y relativa libertad de manifestación, pero no hay democracia. Se dice que El País siempre es más crítico con Venezuela o Ecuador que con Colombia o México, donde hay gobiernos conservadores. Claro que somos más críticos con Cuba o Venezuela que con México o Colombia. Es que allí hay democracias completas. Pero son lugares donde, por ejemplo, el periodismo no se siente protegido, lugares donde los periodistas son asesinados. Conozco México muy bien. Es cierto que hay muchos obstáculos. Son países que están por hacer en el sentido del perfeccionamiento democrático pero están en esa vía. En México hay caudillos locales, caciquismos que son el origen del asesinato de los periodistas. El Estado no llega aún a todo el territorio y es difícil garantizar plenamente el uso de la libertad de expresión. Pero es un país democrático. ¿Un periódico como El País y un país como el nuestro se puede permitir en un momento como este prescindir de grandes periodistas como Enric González, Ramón Lobo, Txetxo Yoldi y muchos otros? ¿Fue negativo? Claro que fue malo. Nadie está satisfecho en esta casa de haber tenido que prescindir de ellos y de otros. No era la voluntad inicial. Se hizo porque no quedó más remedio. Porque la empresa entró en un periodo de dificultad económica innegable y había que reajustar la plantilla. No hay otra razón. Muchos responden que la retribución de Cebrián es de varios millones de euros mientras la redacción es cada vez más pequeña. Yo no sé cuánto gana Cebrián. Su retribución es pública porque la empresa cotiza en bolsa. No creo que su retribución sea el problema financiero de la empresa. En absoluto. ¿Ni en parte? Ni en parte. Los salarios de cada uno de nosotros son parte. Lo que no puedes hacer es que nuestros ejecutivos no estén bien pagados. Porque los perderías. A cambio sí has perdido muchos periodistas. Y ejecutivos. Pero ¡claro que este periódico necesita periodistas! Y este periódico hubiera sido mejor si hubiéramos podido conservar a todos esos periodistas en la plantilla. Tu llegada a la dirección estuvo precedida por un referéndum en la redacción. (El 42,9% de los redactores se pronunciaron a favor de su nombramiento. Obtuvo 97 votos a favor, 81 en contra, 35,8%, y 47 en blanco, 20,8%). ¿Cómo lo llevas? Lo llevamos con respeto. Estoy contento con la redacción y la actitud a nuestra llegada. Habla con ellos. Están en la mejor disposición y están muy involucrados en el proyecto. ¿Habrá otro ERE? No soy la mayor autoridad sobre las cuentas de la empresa, pero confío en que no. Creo que no hará falta más. Esta empresa ha encontrado una vía con la que podemos salir adelante. Pero será necesario un gran esfuerzo y acertar en la estrategia de los productos digitales y América Latina. El famoso mail llamado «El informe Caño». ¿Se te pidió un informe sobre la anterior dirección y la redacción que después se filtró y le llegó a muchas personas? ¿Cuál es tu versión de todo aquello? Yo no envié ningún informe ni nada. ¿Todo lo que se ha publicado es falso? Yo no envié nada. El resto, en la medida en que yo no asumo haber enviado nada, es especulativo. La respuesta abre nuevas especulaciones. ¿Quién lo envió? ¿Usaron tu correo? No lo sé. Yo no envié nada. ¿Pero hiciste o no un informe que te pidieron sobre la redacción? Yo estaba hablando con el presidente de la compañía y con la compañía sobre el futuro del periódico. He tenido varias conversaciones pero no de ahora, llevo treinta y dos años en El País. Algunas veces me han pedido opinión sobre cómo iban las cosas. No es la primera vez que se me pide opinión. Otras veces la he dado. ¿Sospechas que alguien ha intentado hacerte daño? No lo sé. Con la duda nos quedamos. Termina una conversación que iba a ser de hora y media y que finalmente se alarga por la generosidad del protagonista otros cincuenta minutos, incluido un paseo por la redacción. El nuevo director de El País bromea con uno de los periodistas de la sección de deportes mientras posa para Lupe. Entre una fotografía y otra vuelve a aceptar preguntas y repreguntas sobre la profesión y el futuro de su periódico. Cruza entre las mesas con las manos en los bolsillos mientras comparte con nosotras una última confidencia. Dice que lo único malo de su nueva vida es echar de menos a sus hijos, de corta edad, que viven aún en Estados Unidos. Solo el tiempo dirá si su batalla ha merecido la pena.
EL DESALOJO DE LAS FAVELAS DE BRASIL El lado más oscuro del Mundial “¿Teleférico para quién?”, se preguntan desde hace dos años los habitantes del Morro da Providência, la primera favela creada en Río de Janeiro, en la zona portuaria, a finales del siglo XIX. La nueva infraestructura, que ha costado 25 millones de euros, fue inaugurada este miércoles a bombo y platillo por el alcalde Eduardo Paes, todo ello en medio de un Mundial de Fútbol que encandila cada vez con más fuerza a los 600.000 turistas extranjeros que visitan Brasil durante este mes. La pregunta no es baladí. Esta favela, que en abril de 2010 recibió a la Policía Pacificadora, viene sufriendo desde hace cuatro años una serie de desalojos y demoliciones que, según muchos observadores, son sólo el primer paso en un largo camino especulativo, englobado dentro de las obras del ‘Porto Maravilha’, una senda que podría llevar esta comunidad a desaparecer por completo para dejar espacio a las elites ricas de la ciudad. Es lo que las voces críticas llaman “expulsión blanca”. Los datos son estremecedores. Desde que empezaron las obras para los dos macroeventos que alberga Río de Janeiro –el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016–, sólo en las favelas de la ciudad han sido desalojadas unas 38.000 personas, según datos de Ancop, la Articulación Nacional de los Comités Populares de la Copa, una organización con presencia en las doce ciudades sedes del Mundial. En total, Ancop calcula que se han llevado a cabo 248.000 desalojos forzosos en todo el país, muchas veces sin una indemnización justa y sin una real opción de reubicación. “Comencé a documentar con mi cámara los desalojos del Morro da Providência en 2010”, cuenta Luiz Baltar, un fotógrafo miembro de la agencia Imagens do Povo, creada por la ONG Observatório de Favelas con el fin de desarrollar una voz crítica que denuncie con ahínco los problemas de Río de Janeiro. “Un día, durante una visita a la comunidad, me llamó la atención que en varias casas habían pintado tres letras: SMH. Pregunté a los habitantes qué significaba aquello y percibí que había mucha desinformación y miedo a un programa de desplazamientos promovido por la Secretaría municipal de Vivienda (en portugués ‘habitação, de ahí las siglas SMH)”. Desde que fue aprobado el plan de revitalización de la zona portuaria de la Cidade Maravilhosa, más de 800 casas de esta favela, el 60% del total, han sido marcadas porque se encuentran en áreas consideradas “de riesgo” por el Ayuntamiento. Más de un centenar ya han sido demolidas, como muestran las fotos de Luiz Baltar publicadas en este reportaje. Chantajes e indemnizaciones irrisorias “En un primer momento, cuando las casas son marcadas, sin ninguna explicación, los agentes municipales aprovechan que los residentes están desorganizados y desinformados para amedrentar, intimidar e chantajear con la intención de hacerles aceptar acuerdos e indemnizaciones irrisorias. Generalmente quien acaba cediendo a esta presión criminal son los más humildes, madres solteras y ancianos”, cuenta Luiz. Hasta hoy, los habitantes del Morro da Providência desconocen el verdadero plan del Ayuntamiento para esta región, según este fotógrafo, que ha documentado este proceso de demoliciones en otras favelas como Manguinhos, Vila Sambodromo y Vila Autódromo. Con su trabajo, ha creado una plataforma en Facebook llamada ‘Tem Morador’, desde la que denuncia los abusos y atropellos de los derechos básicos de centenares de personas de clase baja y sin representación en los círculos del asfalto. “Las favelas y las zonas periféricas acaban entrando en algún momento en la esfera de interés de las grandes corporaciones internacionales y terminan pasando por un proceso de remociones, impulsado por las grandes obras. Es una situación absurda que tiene que cambiar. Para ello es necesario que más personas participen en la toma de decisiones”, indican los portavoces de Mídia Ninja, un colectivo de periodistas independientes y fotógrafos que nació con las protestas del año pasado y ha hecho una amplia cobertura de los desalojos en su web. Por lo pronto, miles de turistas podrán subir al Morro da Providência para disfrutar de una vista privilegiada de la ciudad. El alcalde ha anunciado que el teleférico estará integrado al BRT Transbrasil, un sistema de transporte integrado que conectará la zona portuaria con la estación central, la zona olímpica y el centro. Aunque el diario O Globo, el más leído en Río, publicaba que “los residentes aprueban el teleférico”, la verdad es que hay mucha oposición en la favela a esta obra, considerada no prioritaria. Alejar la pobreza del centro “La realización de mega-eventos es la excusa perfecta para implantar un proyecto de ciudad globalizada y vencer las resistencias con el discurso de las inversiones necesarias en infraestructuras o de los legados que dejarán para la ciudad”, afirma Luiz Baltar. “Lo que estamos viviendo en Río de Janeiro es un proceso parecido al que ocurrió en la época del alcalde Pereira Passos, a principios del siglo XX. Una limpieza urbana”, añade. Se refiere a la reforma urbanística que sufrió la ciudad partir de 1903, inspirada en el París de Haussmann y que llevó a la desaparición de los más de 600 cortiços, las colmenas en las que se aglomeraban miles de personas en condiciones precarias de limpieza y seguridad. Fue la primera gran operación urbanística que consiguió alejar la pobreza del centro de la ciudad y esconderla. “Los mega-eventos deportivos no son los únicos factores responsables de esta situación. Estos desalojos se encuadran dentro de la coyuntura de la especulación urbanística, amparada por el modelo de seguridad pública de la mal llamada pacificación, que acontece en muchas favelas de Río de Janeiro. Todas pasan por un proceso de especulación inmobiliaria después de la entrada de la Policía Pacificadora. Estamos ante un nuevo modelo de ciudad, y los mega-eventos sólo contribuyen a poner esto de manifiesto”, afirman los portavoces de Mídia Ninja. El caso del Morro da Providência no es una excepción en el Brasil de principios del siglo XXI. Un artículo publicado en la web de la plataforma ciudadana #VaiMudar, que intenta impulsar cambios políticos en Brasil a través del debate, muestra que la misma pauta está siendo seguido a lo largo de toda la geografía brasileña. La ciudad con el mayor número de desalojos sería São Paulo. Allí, 89.200 personas habrían sido desahuciadas, según datos de Ancop. “Primero hicieron un acuerdo conmigo. Dijeron que no derribarían mi casa. Después regresaron en un momento en que había ido a trabajar. Esperaron a que la gente saliese para trabajar para empezar a demoler”, denuncia Karla Vaneide, que vive en la región de Itaquera, en São Paulo. Su comunidad fue removida para construir las vías de acceso al estadio Arena Corinthians. En Porto Alegre se han contabilizado 32.000 desalojos forzosos; en Salvador de Bahía, 24.000. La piqueta hambrienta de terrenos edificables, accionada por las grandes constructoras del país, se ha cebado también en Curitiba, Cuiabá y Belo Horizonte. “La Copa y los Juegos aumentaron o aceleraron estos procesos de desalojos y gentrificación en las ciudades. ?Por lo general, todos los procesos que alteran significativamente el tejido urbano conllevan desalojos. Esto ocurre porque los espacios de la ciudad, sobre todo en las grandes metrópolis, están saturados. Después, existen otros casos de desalojos, independientes del Mundial. Los mega-eventos deportivos acentúan bastante esta tendencia porque prevén grandes cambios en el mapa urbano”, explican los autores del texto Não vai ter casa (No vas a tener casa). La principal críticas que hacen en su texto se centra en el hecho de que los desalojos se realizan sin justas compensaciones. “Esto ocurre porque el poder político en Brasil está sometido al poder económico, especialmente de las grandes constructoras. Y éstas funcionan en base a la lógica del beneficio. Por esta razón, hay casos de desalojos en Río de Janeiro, por ejemplo, en los que no está claro qué va a ser construido en el lugar. En realidad, las favelas están siendo removidas en algunos sitios sólo porque aquella área se va a revalorizar mucho después de acabar la obra, y será disputada por el sector inmobiliario. Está claro que la mayor parte de las comunidades en la Barra da Tijuca para las Olimpíadas han sido desalojadas de un área que no está siendo usada. Están esperando a que se revalorice, para después construir grandes urbanizaciones de lujo. Éste es el gran crimen”, agregan los portavoces de la plataforma #VaiMudar. Los desalojos forzosos de Rio de Janeiro han sido denunciados en varias ocasiones ante la ONU por diversos movimientos sociales, como Ancop y la ONG Justiça Global. Incluso grandes periódicos como The New York Times o The Guardian se han interesado por este tema. En mayo de 2012, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas registró una recomendación a Brasil en el ámbito de la Revisión Periódica Universal. El documento instaba al país a “asegurar que la restructuración urbana que precede el Mundial de 2014 y las Olimpíadas de 2016 sea apropiadamente regulada para evitar desalojos forzados, y hacer cualquier tipo de esfuerzo para asegurar que los eventos futuros traigan beneficios duraderos para los habitantes urbanos más pobres”. A día de hoy, no parece que estas recomendaciones hayan sido tomadas en serio. “El déficit de vivienda en las nueve principales capitales metropolitanas de Brasil creció un 10% entre 2011 y 2012. Actualmente hay más de 1,8 millones de familias sin domicilio adecuado. En el centro do Rio, principalmente en la región portuaria, hay muchos edificios públicos abandonados desde hace décadas. Una parte sirve como hogar, gracias a las ocupaciones organizadas por el movimiento de los sin techo. La lucha es garantizar la resistencia e el derecho a una vivienda”, afirma Luiz Baltar. “Creo que el progreso puede avanzar con respecto. Sin embargo, esto no está aconteciendo en Río de Janeiro, donde la excusa del progreso es usada para aumentar la exclusión social”, concluye.
Un falso irenismo: Islam y Australia http://www.lanacion.com.co/index.php/opinion/item/232684-un-falso-irenismo El irenismo como actitud pacífica y conciliadora, bienvenido. Esta posición abierta, sobre todo en el Occidente, se ha aprovechado por los grupos fundamentalistas de todo pelambre, para irse imponiendo. Mañana vamos a resultar huéspedes en nuestra propia casa. ¡Qué horror! Toda la literatura que a raíz de la revolución francesa –producto de la corrupción de la llamada ‘nobleza’-, se sintetizó en la tripleta de los Derechos Humanos: Libertad, Igualdad y Fraternidad, ha enriquecido a la humanidad. Todo ello llevó a la humanidad, después de las dos conflagraciones mundiales –vergüenza del hombre-, a la elaboración de la Declaración de los Derechos Humanos, firmada por nuestro gobierno en diciembre de 1948. ¡Enhorabuena esa cultura! Si bien, hemos evolucionado mucho en materia de Derechos Humanos; se contrasta con un crecimiento de los fanatismos étnicos, políticos y religiosos. Pareciera que el mundo, en algunos aspectos culturales, involuciona. Yo veo el falso irenismo como la actitud pacífica y cómoda de no contradecir nada y de aceptar las posiciones de los otros -sobre todo provenientes de culturas exógenas-, sin ningún sentido crítico. Con la atrayente actitud de apertura y respeto por todos, nos estamos dejando irrespetar. Lentamente, vamos perdiendo nuestra identidad cultural. Ya, en nuestro colectivo social, se ha sacado a Dios y hoy juramos, no en nombre de Él, sino de una Constitución, que por respetable que sea, es obra de los hombres y, por lo tanto se puede cambiar. Dios es el único Absoluto, el único Inmutable. Los hombres somos mutables, cambiamos fácilmente. Presento un aparte del discurso del primer ministro de Australia, Kevin Rudd, que en el 2010 dijo lo siguiente frente a los integrismos, fanatismos y fundamentalismos de un buen grupo de musulmanes que llegaban al país: “Son los inmigrantes, no los australianos, quienes deben adaptarse. O lo toman o lo dejan. Estoy harto de que esta nación tenga que preocuparse si estamos ofendiendo a otras culturas o a otros individuos. Nuestra cultura se ha ido desarrollando durante dos siglos de luchas, tribulaciones y victorias por parte de millares de hombres y mujeres que buscaban libertad. Hablamos principalmente inglés. De modo que si usted quiere formar parte de nuestra sociedad, aprenda nuestro idioma. La mayoría de los australianos creen en Dios. Esto no es una posición cristiana, política o de extrema derecha. Esto es un hecho, porque hombres y mujeres cristianos, de principios cristianos, fundaron esta nación. Si el Dios cristiano le ofende a usted, le sugiero que considere vivir en otra parte del mundo, porque Dios es parte de nuestra cultura. Aceptamos sus creencias y sin preguntar por qué. Todo lo que pedimos es que usted acepte las nuestras, y viva en armonía y disfrute en paz con nosotros. Éste es nuestro país, éstas son nuestras costumbres y estilo de vida. Si no aceptan nuestras creencias, aproveche otra de nuestras grandes libertades australianas, EL DERECHO DE IRSE. Si usted no está contento aquí, entonces váyase. Nosotros no le obligamos e venir aquí. Así que ya es hora de que acepten el país que les acogió”. Los comentarios se los dejo a usted.

ASUS Chromebox, mini-PC Chrome OS 3/07/2014 | Juan Ranchal | 2 comentarios link: https://www.youtube.com/watch?v=8YT8ZAvRNuI#t=57 La plataforma en nube de Google sigue acumulando equipos informáticos y además de portátiles Chromebox y todo en uno Chromebase, esta temporada han aterrizado los mini-PC Chromebox, adecuados para el mercado de consumo o pequeñas empresas que requieran un equipo informático básico para colocar en cualquier parte, incluyendo el salón del hogar. Además de los Chromebox HP, ASUS ha puesto en el mercado su propio modelo con tamaño reducido y cuidado diseño que podemos ver en un vídeo de nuestros amigos de Notebook Italy que hoy te ofrecemos. Tamaño compacto basado en un chasis cuadrado de 12 centímetros que no necesita refrigeración activa a base de ventiladores. Su equipación base cuesta 179 dólares/euros y está compuesta por un Intel Haswell Celeron 2955U con doble núcleo 1,4 GHz, 2 Gbytes de RAM y SSD de 16 GB para almacenamiento con 100 GB gratuitos en nube con Google Drive. ASUS ofrece otras configuraciones superiores con 4 Gbytes de memoria RAM y procesadores como el Core i3-4010U o un Core i7-4600U. En todos los casos con Ethernet LAN, Wi-Fi doble banda 802.11n, Bluetooth 4.0, lector de tarjetas de memoria SD, bloqueo Kensington lock, dos puertos USB 3.0, salida HDMI y Display Port.
Sobre oscurantismo y barbarie: no fue Dios quien mandó secuestrar a esas chicas Baruch Spinoza produjo una enorme conmoción con su Tratado teológico-político, que vio la luz en Ámsterdam en 1670. Los calvinistas holandeses desataron una campaña feroz contra esta obra, y lograron que fuese oficialmente prohibida en 1674. Para entonces hacía ya mucho tiempo que Spinoza había perdido todo apoyo de la comunidad judía, de la que fue expulsado en 1656 por sus opiniones heréticas. Y en 1679, ya tras la muerte del filósofo, el Tratado ingresó en el índice de libros prohibidos de la Iglesia católica. ¿Por qué fue tan escandaloso este libro? Lo fue porque Spinoza identificaba las religiones de su tiempo con supersticiones basadas en concepciones puerilmente antropomórficas de la divinidad, inspiradas en el temor y guiadas por la intención servil de aplacar o adular a los dioses. En cambio, el Dios sobre el que escribe Spinoza no es un Dios personal, sino más bien la realidad misma, la Naturaleza de la que formamos parte. Es un Dios que no gobierna providencialmente el destino de los hombres, ni les dicta normas, ni premia o castiga, ni promete salvar al individuo de la muerte. El Tratado también fue escandaloso porque Spinoza rechazaba las lecturas literales de los textos sagrados y proponía interpretarlos como documentos históricos, escritos por muchas manos diferentes –todas ellas humanas– a lo largo de mucho tiempo. La correcta interpretación de estos textos exigía, según Spinoza, conocer la lengua, la historia y las circunstancias de las comunidades en que fueron escritos, pues sólo así sería posible extraer de su envoltorio histórico y mítico el significado contenido en ellos. Por último, el Tratado también resultaba escandaloso por la interpretación que proponía de la religión en general. Y es que, para Spinoza, el contenido esencial de toda religión se reduce a una doctrina moral muy simple: la obligación de hacer el bien. “El culto a Dios y su obediencia –leemos en el capítulo XIV– consiste exclusivamente en la justicia y la caridad o en el amor al prójimo”. Una doctrina moral que, por lo demás, es completamente racional, y que por tanto puede conocerse con independencia de toda revelación, de todo dogma y de toda iglesia. En realidad ninguna religión sabe nada de Dios, más allá de ese mandato moral cuyo conocimiento, paradójicamente, no precisa de religión alguna: “como nadie ha visto a Dios (…), nadie siente o percibe a Dios más que por la caridad hacia el prójimo y (…) tampoco nadie puede conocer ningún atributo de Dios, aparte de esta caridad”. Es evidente que la idea de Dios que tiene Spinoza está en el umbral del ateísmo, si es que no lo ha cruzado ya, pero lo realmente importante es el impulso que imprimió al proceso de privatización de la religión y de secularización de la sociedad occidental. Y es que a partir de esta teoría, que localiza en la moral el núcleo común de todas las religiones, Spinoza defendía la posibilidad de una convivencia pacífica entre ellas en el marco de un Estado tolerante, capaz de acogerlas a todas. De este modo daba expresión a la lección que Occidente extrajo de las sangrientas guerras de religión de los siglos XVI y XVII. Lo esencial de la religión es su doctrina moral Algo más de un siglo después de la publicación del Tratado teológico-político, la filosofía de la religión de Immanuel Kant enlaza con el pensamiento spinozista al afirmar la prioridad de la moral común de los hombres sobre cualquier dogma religioso. En sus escritos sobre religión –que también en la Prusia de finales del siglo XVIII le valieron a su autor un enfrentamiento con el poder político–, Kant libra, como filósofo ilustrado, una batalla sutil, pero muy dura, contra la teología dogmática basada en la revelación. También Kant defiende que lo esencial de la religión es su doctrina moral, y que ésta puede comprenderse y fundamentarse desde la razón humana. Es más: la religión revelada sólo es aceptable si coincide con la moral racional. “El refrendo de la Biblia (…) –escribe Kant en una obra de 1798 titulada El conflicto de las Facultades– debe manar de una fuente tan pura como es esa religión universal que mora en la razón de todo hombre común”. La superstición consiste precisamente en dar prioridad a dogmas revelados e incomprensibles para la razón, e incluso contrarios a ésta. Y poco importa qué pruebas quiera presentar a su favor la religión que contradice la moral común. Ni siquiera Dios mismo, manifestándose ante los hombres, podría reclamar autoridad sobre ellos si sus mandatos fuesen contrarios a la moral y la razón, puesto que “por muy majestuosa y sobrenatural que pueda parecer la manifestación en cuestión, si lo que ordena contraviene la ley moral, habrá que tomarla por un espejismo”. Es, pues, la religión la que debe acreditarse ante la moral, en lugar de ser la moral la que se pliegue a los dictados de cualquier supuesta revelación divina. Kant ilustra su posición comentando la conocida narración bíblica de Abraham e Isaac (Génesis, 22). Dios manda a Abraham, sin justificación alguna, llevar a su hijo Isaac al monte Moriah y sacrificarlo. Pero cuando Abraham está a punto de realizar el sacrificio (o de consumar el asesinato), aparece un ángel que le ordena que se detenga: Dios sólo quería poner a prueba la fe de Abraham, que desde luego se había mostrado siniestramente inquebrantable. Pues bien, según Kant toda esta historia tendría que haber terminado mucho antes, pues tan pronto como Abraham recibió ese absurdo e inadmisible mandato, habría podido y debido responder lo siguiente: “Que no debo asesinar a mi buen hijo, es algo bien seguro; pero de que tú, que te apareces ante mí, seas Dios, es algo de lo que no estoy nada seguro, ni tampoco puedo llegar a estarlo”. Con esta afirmación de la superioridad de la moral –de la conciencia moral común, de la pura y simple compasión– sobre cualquier revelación religiosa, Kant trazó para siempre la línea divisoria entre las creencias religiosas razonables y el fanatismo. Y su argumento vuelve a ser relevante hoy. Que nadie tenía derecho a secuestrar a esas chicas de una escuela de Nigeria es algo bien seguro; pero que la supuesta voluntad de Dios mande, permita o siquiera justifique hacer algo semejante, es algo de lo que nadie, tampoco un creyente, podrá convencer jamás a nadie, y en el fondo ni siquiera a sí mismo. El yihadismo contemporáneo es un fenómeno complejo: abarca desde los actos individuales de los “lobos solitarios” europeos hasta las abiertas acciones bélicas de auténticos ejércitos de milicianos en países como Afganistán, Siria o Irak. No obstante, todos estos actores parecen compartir algunas motivaciones comunes. Una de ellas es la aspiración a instaurar un inmenso califato panislámico, y otra es el odio a Occidente, que sin embargo no debe hacernos perder de vista –como afirma Hans Magnus Enzensberger– que el yihadismo es un fenómeno esencialmente moderno, surgido de esa misma globalización que dice combatir, e incomprensible sin la influencia de Occidente. Ha adaptado a una escala global el terrorismo inventado en la Rusia zarista del siglo XIX y proseguido en Europa occidental en el XX, y por eso la indumentaria, el estilo de los mensajes, y el empleo del vídeo e incluso del kaláshnikov se inspiran directamente –señala Enzensberger– en el terrorismo europeo de extrema izquierda de los años setenta del pasado siglo. La deliberada espectacularidad de las acciones de los yihadistas carecería también de sentido si no viviésemos todos –también ellos– en una realidad social de factura tan occidental como es la sociedad del espectáculo. Pero además de las motivaciones expresas, el yihadismo tiene otras causas. Algunas podrían ser contrarrestadas por los propios Estados occidentales. Los grupos yihadistas se nutren parcialmente del desarraigo y la marginalidad de colectivos confinados en la periferia de las sociedades occidentales, de manera que una política de integración más atenta y activa quizás podría servir para atajar este fenómeno. Sabemos que sus redes atrapan también a gentes desesperadas en zonas muy pobres de África, y esto es especialmente importante porque muestra que el yihadismo es otra faceta de esa miseria que explica los masivos movimientos migratorios actuales. Ahora bien, más allá de la exaltación neocalifal, y del odio a Occidente, y de la marginalidad y la pobreza, también sería interesante saber a quién beneficia –y quién financia, y quién alienta ideológicamente–, dentro de las propias sociedades de origen, esta expansión y radicalización de un movimiento que, pese a su probada capacidad de aterrorizar a las sociedades occidentales, está causando muchísimo más daño a las propias poblaciones musulmanas. También sobre esto podemos aprender algo de Spinoza, quien en el prefacio de su Tratado teológico-político ya señaló la conexión invariable entre barbarie religiosa y despotismo político: allí donde las supersticiones engendran “numerosos disturbios y guerras atroces”, siempre hay alguien que instrumentaliza la religión al servicio de alguna tiranía y “mantiene engañados a los hombres” para que “luchen por su esclavitud como si se tratara de su salvación”. Para explicarnos este nuevo oscurantismo incomprensible, tendríamos que saber qué atávicas formas de opresión remachan esas brutales explosiones que hacen saltar por los aires todo lo demás.