renxo9920
Usuario (Venezuela)

PORQUE AL FINAL TENDEMOS A ELEGIR EL MISMO Tarjetas de crédito, teléfonos móviles, números de acceso a cuentas bancarias… En multitud de sitios se ha instaurado el número, comúnmente conocido como PIN (Personal identification number / Número de identificación personal), como código para acceder a algunos servicios durante los últimos años. Si bien este número puede tener ocho o incluso doce cifras, el más extendido es el número de cuatro cifras. Tan simple como suena. Con cuatro dígitos únicamente se obtienen 10.000 combinaciones, una cantidad muy baja que permite que sea relativamente sencillo averiguarlo de forma aleatoria. Pero el mayor problema viene cuando la mente del ser humano interviene en la generación de esta clave de cuatro dígitos. Estamos lejos de ser una máquina aleatoria perfecta. La gente de DataGenetics publicó hace unos días un estudio en el que se analizaban 3,4 millones de códigos PIN filtrados en distintas brechas de seguridad a lo largo de los últimos años. La conclusión de este estudio es lapidaria: El ser humano no tiene tanta imaginación como debería. Aqui tienes los numeros pin mas frecuentes del mundo... Esta tabla muestra los 20 números utilizados con más frecuencia. Queda claro que la clave “1234″ no es original, ya que usándola conseguiríamos averiguar uno de cada diez números PIN. Pero lo que es aún peor: con estos 20 números (que únicamente representan el 0,2% de los posibles) averiguaríamos uno de cada cuatro números PIN. Siguiendo en esta línea de análisis, si tomamos los 426 números más utilizados (un 4% de los posibles) averiguaríamos uno de cada dos números PIN, lejos de los 5.000 necesarios si fuéramos totalmente aleatorios. Si esto parece sorprendente, les parecerá increíble saber que con más dígitos nos volvemos aún más previsibles: Para un código de cinco dígitos, un 22,802% utiliza el número “12345″. Y lo que es más sorprendente aún: Para un código de nueve dígitos, un 35,259% utiliza el número “123456789″. Números pin menos utilizados Pero volviendo a los códigos PIN de cuatro dígitos. Si miramos al otro lado de la tabla, tenemos estos números como los menos utilizados: Estos números son los menos utilizados como código de cuatro dígitos. Su frecuencia está en un orden de magnitud menor al esperado (un 0,01%). Hasta llegar a este punto, son muchas las curiosidades destacables, como el puesto #22 para el número 2580 (la línea vertical de un teclado telefónico) o el puesto #23 para el número 0007 (un claro homenaje al agente secreto más famoso del cine). Pero la aberración que más salta a la vista en esta distribución, es la relativa a los años: Lo que muestra la gráfica de abajo es el ratio de la frecuencia de los números de cuatro dígitos que comienzan por 19, frente a otras opciones terminadas en los mismos números. Es decir, muestra lo común que es el número 1981 comparado con 0081, 0181, 0281… 9881, 9981. En los números en torno a 1985 es donde se encuentra la mayor anomalía, unos números que pueden coincidir fácilmente con fechas significativas para las personas que tuvieron que elegir ese número PIN. Además del de sobra conocido caso de las fechas, existen algunos otros patrones bastante interesantes a la hora de elegir un número PIN en concreto: Los pares repetidos de números, tipo 3434, 8181 ó 9191, suponen un 17,8% del total. Dicho de otro modo, una de cada seis personas utiliza pares de dígitos repetidos para crear su propio número PIN. Los números que comienzan por 0 y por 10, 11 y 12 tienen mucha más frecuencia que los números que comienzan por otros dígitos. También es mucho más frecuente que los dígitos posteriores sean bajos. Todas estas apreciaciones y alguna más se pueden observar gráficamente en la imagen superior.En ella se representan en el eje horizontal los dos primeros dígitos (de izquierda 00 a derecha 99) y en el eje vertical los dos últimos dígitos (de abajo 00 a arriba 99). A simple vista, en este gráfico se puede ver la línea vertical que muestra los años, la diagonal que muestra las duplas repetidas y el brillo de la parte inferior izquierda que muestra la preferencia por el 0 y 1 para el comienzo.[/align dijo:Ahora, no vayan todos directos a cambiar nuestro número PIN por una de las últimas opciones, pero sí que estaría bien que tuvieran en cuenta este tipo de apreciaciones a la hora de escoger de forma adecuada un PIN algo más seguro.Interesante, verdad? Espero que te haya gustado el post... muchas gracias por tu visita

Adam Cudworth, británico de 19 años, fabrica y lanza «sondas» capaces de llegar casi tres veces más alto que un avión comercial. El hobby de Adam Cudworth es lanzar globos para fotografiar la Tierra desde las alturas. Va por su quinta misión. Su última sonda alcanzó los 33.592 metros de altura, viajó más de 50 kilómetros y tomó imágenes nítidas desde la estratosfera. Tuvo que invertir, dice, unas 200 libras, en torno a 250 euros, y un par de días de trabajo. Los cacharros que Adam Cudworth envía a la estratosfera se denominan HABE (High Altitude Balloon Experiment). Los prepara y los envía al cielo desde hace un año. «El primero lo lancé el verano pasado», explica, «aunque la cámara de fotos falló por unos cambios de última hora que hice en su software». La motivación le llegó de internet. Hace dos años se publicaron en la red las fotos de un experimento parecido y él se propuso repetirlo —y mejorar, sobre todo, la faceta fotográfica—. Aun así cada uno de sus HABE ha sido más ambicioso que el anterior. «Al cuarto le instalé placas solares para ver si sería posible realizar experimentos de más duración», dice Cudworth. También ha incorporado sensores de temperatura. «La más baja que he registrado es -63 ºC», afirma. El último montaba una cámara de fotos de segunda mano y una cámara de vídeo que registraba más parámetros. Sus sondas, que viajan gracias un globo relleno de helio, ascienden hasta que éste revienta. «Unas tres horas desde el despegue hasta el aterrizaje», explica cuando se refiere a la última (HABE 5). Tres veces más alto que un avión comercial Los aviones comerciales no suelen volar por encima de los 12.000 metros sobre el nivel del mar, por lo que su HABE 5 casi triplicó la altura promedio de un avión. Hasta tiene que solicitar permiso a Aviación Civil antes de sus lanzamientos. «Con los globos no te ponen problemas», asegura Cudworth, «el riesgo de que ocurra cualquier cosa es mínimo». Más difícil le está resultando conseguir la autorización para su próximo proyecto. «Un sistema de retorno autónomo por planeo», explica el joven. Quiere que su próxima sonda vuelva al lugar de lanzamiento y no tener que ir a buscarla —HABE 5 aterrizó a 50 kilómetros de distancia, y se siguió su rastro a través de una radiobaliza. Un radiobaliza es un trasmisor de seguimiento de ayuda en la detección y localización de embarcaciones, aeronaves, y personas en peligro: Espera tener su HABE 6 listo para comienzos del año que viene. «Otros lo han intentado antes, pero nunca ha funcionado», afirma el británico. Además de intentar convencer a Aviación Civil asegura que aún le queda «mucho trabajo por delante». Adam Cudworth no es el único aficionado a jugar en la estratosfera. Forma parte de la UKHAS, la Sociedad Británica de la Gran Altitud. Una comunidad activa de «lanzadores de globos» —y alguna que otra cosa, en la que comparten experiencias e ideas para el desarrollo de sus sondas. Tiene 19 años, estudia económicas en la universidad de Nottingham y su afición es lanzar baratos globos a la estratosfera. Porque a veces la imaginación y el ingenio llegan más lejos que el dinero.
La Isla de René-Levasseur es una gran isla en el centro del Lago Manicouagan en Quebec, Canadá, que ocupa el segundo lugar entre las islas dentro de lagos más grandes del mundo. Detrás de su hermana la Isla Manitoulin, en el Lago Hurón. Pero a diferencia de ésta, la de René-Levasseur cuenta con una curiosa marca que le hace ser admirada hasta desde el espacio: con una superficie total de 2.020 km ² (y un diámetro de 72 km), la isla es más grande en términos de superficie que el lago en el que se encuentra. Debido a su forma circular, tanto de la laguna como de la isla, es conocida entre los canadienses como “el ojo de Quebec”. Tal circularidad se deriva de su característico origen como un cráter de impacto de un asteroide, hace unos 214 millones de años. El meteorito se cree que era de unos 5 km. de diámetro y llegó a la tierra a una velocidad de 17 km/s, provocando el quinto impacto de asteroide más potente que la Tierra haya visto. El cráter fue de originalmente alrededor de 100 kilómetros de ancho, pero la erosión y la sedimentación reducieron gradualmente la depresión a una anchura de alrededor de 72 kilómetros. La llegada de varias represas para la construcción de la Presa Daniel-Johnson (bautizada así por el primer ministro de Quebec, impulsor del proyecto) en el río Manicouagan en la década de 1960 hizo que se formaran dos lagos en media luna que ocuparon la periferia de la depresión. Una vez que la presa se terminó, los dos lagos se unieron para formar lo que hoy es el Lago Manicouagan. La isla lleva el nombre de René Levasseur por ser el ingeniero jefe responsable de la construcción de esta presa, actualmente la presa de bóvedas múltiples más grande del mundo, con un dique compuesto por 14 contrafuertes y bóvedas. Levasseur murió a la temprana edad de 35 años, sólo unos días antes de la inauguración de la gigantesca estructura. Casualmente, Daniel Johnson murió el 26 de septiembre de 1968, el mismo día que iba a presidir la inauguración de la presa. Y ambos fallecieron de problemas cardiovasculares, por lo que se cuenta en el lugar que tal y cómo ellos realizaron la obstrucción de los ríos, las venas y arterias de la Tierra, el Creador le respondió obstruyendo las suyas. Interesante, verdad? Espero que te haya gustado el pots... y la historia de esta curiosa isla. Muchas gracias por tu visita