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Usuario (Argentina)
¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS PASAN CORRIENTE ELÉCTRICA AL TOCARLAS? ¿A quién no le ha pasado alguna vez? Tocar a un amigo, rozar a un compañero de clase o trabajo y, de pronto, ¡Ese chispazo repentino y doloroso que nos deja casi sin aliento! ¿Por qué ocurre?. Hay personas que suelen comentar aquello de que viven con la electricidad estática en su cuerpo y que apenas pueden tocar nada sin sentir dicho calambre repentino. ¿Es esto verdad? ¿Hay personas más sensibles que otras a este fenómeno tan común? ¿Por qué hay personas que tienden a sufrir más la electricidad estática? La electricidad estática no es visible pero forma parte de nuestra vida. Ahora bien, no por común significa que sea inofensiva, porque además de producir calambres también es capaz de generar incendios y explosiones. Hay que controlarla. Pero, ¿qué es realmente? Bien, para hacerlo sencillo hemos de recordar eso que tantas veces nos explicaron en el colegio: todos los materiales están formados por átomos, y a su vez, estos átomos están formados por un núcleo con carga positiva alrededor del cual, se mueven uno o más electrones negativos. La electricidad estática, tal y como nos dice la misma palabra, es electricidad que se genera en reposo. ¿Y de qué forma? Lo habitual es que la carga de esos átomos sea neutra: la positividad del núcleo se iguala con la suma de las cargas negativas de todos los electrones que giran a su alrededor. Ahora bien, en el momento en que se gana o se pierde algún electrón, aparece el problema, el desequilibrio. Un átomo que pierde uno o más electrones pasa a tener carga positiva, mientras que un átomo que gana uno o más electrones pasa a tener carga negativa. La electricidad estática se genera a consecuencia de una acumulación o exceso de carga eléctrica (casi siempre debida a la fricción) en un material aislante, o en uno que, pese a ser conductor de electricidad, se encuentra aislado. ¿Un ejemplo? El más clásico: poner la mano en la puerta del coche para cerrarla y sentir un horrible calambre. El coche, como ves, ha acumulado electricidad estática durante la marcha debido al roce del aire con la chapa, la libera a través de nuestro cuerpo, ya que somos excelentes conductores de electricidad, mientras que las ruedas, gracias al material del que están hechas, la aíslan. No hay personas especialmente sensibles a la electricidad estática En efecto, tal y como nos dicen los expertos no hay personas “más sensibles que otras” a la electricidad estática. En realidad, lo que ocurre es lo siguiente: Hay quien es más tendente a acumular mayor electricidad debido a su forma de vestir y a su calzado. Fíjate pues en qué materiales sueles usar. Cuidado si siempre llevas lanas o tejidos sintéticos o acrílicos, cuidado también si en tu casa o en tus centros de trabajo hay moquetas o alfombras. Resulta curioso en muchos casos cómo personas que por los materiales que llevan en su cuerpo, o los objetos que han tocado, han sido capaces incluso de cortar una conversación telefónica solo con tocar a esa persona que está hablando. Hay “chispazos” que hasta se escuchan y se ven, de ahí que debamos tener mucho cuidado. Toma nota de cómo evitar y liberarte de la electricidad estática: Ponte zapatos con suelos de goma. Si notas que tienes electricidad estática en las manos, lávalas con agua, de ese modo hacemos una buena descarga de toma a tierra. Tocar el metal, la cerámica o el terrazo también te liberará de ella. Y cuidado, porque según nos dicen algunos estudios padecer estrés también genera cambios en nuestro cuerpo que nos hace más sensibles a la electricidad estática. Así que si es tu caso, no lo dudes, tómate la vida con más tranquilidad, cuida de tu calzado y evita también tocar la puerta del coche cuando salgas de él…¡Es el caso más común de sufrir estos calambres! Fuente:

Una utopía que podría convertirse rápidamente en realidad, ya que no hay ley natural que lo impida. La decisión se ve dilatada sólo por nuestra infinita estupidez. No existe nada más que la decisión humana, interponiéndose entre la crítica y desastrosa actualidad que vivimos miles de millones de personas y que amenaza a todo ser vivo sobre el planeta, y una realidad totalmente diferente, que podría ser posible. En seis pasos simples, simples por lo estúpidos y no porque fuera fácil realizarlos, el trágico final que nos acecha, podría cambiar rápidamente. Ningún genial invento, ningún milagro es necesario. Bastaría con usar los conocimientos que tenemos. Hacer, lo que todos ya sabemos que hay que hacer. Estos pasos no pretenden ser una guía, y seguramente no son los mejores ni los ideales, sino que sólo intentan mostrar que la crisis social y ambiental en la que estamos inmersos, podría finalizar solamente tomando la decisión de que así fuera. Paso 1. Las armas y las guerras De todas las cosas ridículamente autodestructivas del mundo, las armas se encuentran en la posición de honor. Los recursos económicos destinados al negocio de las armas son tan enormes que se gasta 200 veces más que en alimentos. Los recursos naturales utilizados y la contaminación generada para su fabricación, su traslado y por supuesto el combustible y la energía malgastados en su utilización, son tan inmensos como innecesarios. En el primer Paso de la reconstrucción del mundo, deberían desaparecer las armas. Reutilizarse las miles de millones de toneladas de hierro y otros materiales para otros fines, para cubrir otras necesidades. Deberían los cientos de millones de personas que conforman los ejércitos del mundo, comenzar dedicarse a otras tareas constructivas y no destructivas, como la agricultura, las ciencias, la salud, la educación, la reforestación de los bosques, etc. Paso 2. La tierra Durante las últimas décadas, la frontera agrícola-ganadera ha ido rápida y constantemente ganando espacio a costa principalmente de los bosques. La propiedad de la tierra viene siendo concentrada por grandes grupos económicos, que han suplantado la diversidad de cultivos y la utilización de técnicas tradicionales, por inmensos desiertos verdes donde monocultivos transgénicos como la soja, el maíz o la palma, son fumigados cada día con miles de millones de litros, de los más tóxicos y contaminantes venenos químicos. En el segundo Paso, los campesinos y agricultores deberían volver al campo, a trabajar la tierra y a producir alimentos sanos y diversos. No debería quedar sobre el planeta un solo monocultivo, ni un solo terrateniente. Pero además, deberíamos establecer claramente que tierra se destina a la agricultura y cual debe volver a ser bosque, o monte. Paso 3. El agua Actualmente el derroche y la contaminación innecesaria del agua potable anulan toda posibilidad de supervivencia futura sobre el planeta. Malgastamos ese vital elemento de todas las formas imaginables y lo contaminamos con una irresponsabilidad terrorífica. Estamos agotando rápidamente el elemento de la naturaleza más necesario para conservar la vida. La ecuación es simple, sin agua, no hay vida. En el Paso 3 de la reconstrucción del mundo, deberían suspenderse todas las actividades humanas que consuman o contaminen el agua potable de forma innecesaria. Paso 4. La energía Utilizamos una cantidad de energía extremadamente superior a la que producimos de forma sustentable. Tenemos los conocimientos necesarios para revertir esa ecuación, sin embargo los intereses económicos lo evitan. Aun sigue siendo más rentable la producción de energía sucia, contaminante. Como así también, continúa siendo un buen negocio para algunos el derroche de esa energía. Reduciendo el consumo a lo verdaderamente necesario, e invirtiendo fuertemente en energías renovables, el colapso energético podría evitarse. En el cuarto Paso, deberían retirarse todos los subsidios a los hidrocarburos, apagarse las marquesinas, dejar de realizarse espectáculos públicos sin luz natural. Desconectar de la red eléctrica todo aparato que no estemos utilizando. Apagar las centrales eléctricas que funcionan con hidrocarburos y las atómicas y reemplazarlas por fuentes de energía renovables. Sea o no sea un negocio económicamente hablando, el mejor negocio es preservar la vida. Paso 5. Las grandes ciudades No es sano, ni para las personas ni para el planeta que existan grandes ciudades. No hay posibilidad alguna de que sean sustentables. El sólo hecho de tener que abastecer de alimentos, agua y energía a una ciudad con millones de habitantes, la convierte en un vampiro insaciable de recursos naturales. Los medios de transporte necesarios para el movimiento interno de sus habitantes y de los que entran y salen cada día. El transporte de alimentos y demás productos desde otros sitios, ya que una gran ciudad no puede autoabastecerse. La concentración de efluentes cloacales. Las escaleras mecánicas, los elevadores, las bombas de agua, la iluminación de las calles, los semáforos, son sólo una pequeña muestra de la insustentabilidad de una gran ciudad. En el quinto Paso, la población humana debería ser redistribuida. Establecerse en cada bioregión un número máximo de habitantes para que una población pueda autoabastecerse en cuanto a sus necesidades básicas de forma sustentable y en base a eso repoblar el mundo. Las grandes ciudades sólo deben ser utilizadas para reutilizar los materiales con los que están construidas. Paso 6. La reeducación, una nueva conciencia En la actualidad, la gran mayoría de nosotros, hemos sido educados bajo los preceptos de una sociedad capitalista-consumista, exacerbando el egoísmo y la competencia. Hemos sido educados para la búsqueda del éxito individual, por sobre el beneficio colectivo. De tal forma, sin un cambio de mentalidad, que ubique la búsqueda del bien común como premisa fundamental de cada individuo, a través de la cooperación, de la solidaridad, de la comprensión de que debemos pensar como especie y no como individuos aislados y egoístas, volveremos a caer rápidamente en los mismos errores que nos trajeron hasta este punto crítico en la historia de la humanidad. Habiendo resuelto los puntos anteriores, es necesario un cambio de conciencia para que el Nuevo Mundo, además de ser sustentable ambiental y socialmente, sea sostenible y así perdure en el tiempo. En el sexto paso será necesario transmitir a los niños una escala de valores que sea sana para la vida, socialmente justa y ambientalmente sustentable. Ricardo Natalichio Director www.ecoportal.net
Luego de varios millones de años de una “natural evolución”, podría decirse que con un mínimo impacto ambiental, comenzamos a divorciarnos de la naturaleza. Durante estos pocos miles de años que nos anteceden, hemos rápidamente ejerciendo más y más poder, dominándola, adaptándola a nuestras necesidades, utilizándola y modificándola. Y especialmente desde el inicio de la revolución industrial, hemos pasado del uso, al abuso. Los científicos en general suelen tomar como punto de inicio de la historia de la humanidad unos 65 millones de años atrás, con la aparición de los primeros primates. De todas formas, el último ancestro común entre el ser humano y el chimpancé, existió hace alrededor de 6 ó 7 millones de años. Si bien los límites no son exactos, ya que durante mucho tiempo han ido conviviendo diferentes tipos de homínidos, la primera especie del género Homo apareció hace unos 2.5 millones de años y se dispersó gradualmente por Africa, Europa y Asia. En sus primeras manifestaciones se le conoce como Homo habilis, era robusto, ágil, caminaba erguido y tenía desarrollada la capacidad prensil de sus manos. Sabía usar el fuego, pero no producirlo, fabricó algunas herramientas y se protegía en cuevas. Vivía de recolectar semillas, raíces, frutos y ocasionalmente comía carne. La especie que se desarrolló posteriormente a esta se denomina Homo erectus, hace 1.5 millones de años. Avanzó a una nueva etapa en la fabricación de herramientas llamada achelense y aprendió a conservar el fuego. Esta especie duró diez veces más tiempo de la que lleva sobre la tierra el ser humano moderno. Una o más subespecies del Homo erectus evolucionaron hasta llegar al Homo sapiens neanderthalis (el hombre de Neanderthal), cuyos restos más antiguos tienen una edad de alrededor de 250 mil años. El hombre de Neaderthal desapareció bruscamente, y su lugar fue ocupado por los hombres modernos, hace unos (apenas) 50 mil años. Por lo que podríamos decir que al menos durante unos cuantos millones de años de constante evolución, salvo por el uso de algunas herramientas rudimentarias y el manejo del fuego, los seres humanos hemos tenido un comportamiento muy similar al de otras especies animales. Pero en los últimos 35 a 50 mil años, un breve lapso de tiempo en la historia, todo cambió. Esa capacidad de crear herramientas, se tradujo en la utilización de algunas de ellas como armas, el manejo del fuego también comenzó a tener nuevos usos y luego, poco a poco dejamos de ser nómades, recolectores de frutos y cazadores, para construir los primeros asentamientos, en los que la agricultura tuvo un papel preponderante. Fue en esa etapa probablemente en la que comenzamos el camino del dominio de la naturaleza, ya no sólo sirviéndonos de los recursos que ponía a nuestra disposición de forma natural, sino modificándola para nuestro beneficio. Ya no sólo adaptándonos, sino adaptándola. Los asentamientos fueron creciendo, a la agricultura se sumó la ganadería y el trueque o intercambio fue mutando a comercio. Históricamente ha habido muchos tipos diferentes de dinero, desde cerdos hasta conchas marinas. Sin embargo, el más extendido sin duda a lo largo de la historia ha sido el oro, hasta que hace unos 2700 años, comenzaron a acuñarse las primeras monedas, también de ese metal y de plata, y luego aparecieron los primeros bancos. Hasta allí, existía en el ser humano seguramente la ambición de poder, pero apareció una nueva ambición, la económica. Luego de varios millones de años de una “natural evolución”, podría decirse que con un mínimo impacto ambiental, comenzamos a divorciarnos de la naturaleza. Durante estos pocos miles de años que nos anteceden, hemos rápidamente ejerciendo más y más poder, dominándola, adaptándola a nuestras necesidades, utilizándola y modificándola. Y especialmente desde el inicio de la revolución industrial, hemos pasado del uso, al abuso. Menos de tres siglos han bastado para colocar a nuestra especie, como a tantas otras, en un grave riesgo de extinción. Viene siendo tal el abuso que el ser humano está haciendo de la naturaleza, que hemos modificado el clima del planeta entero. Y eso en tan sólo unos segundos en términos de historia de nuestra especie. La ambición económica, trajo aparejada la exacerbación del egoísmo, y del individualismo. Esos “nuevos valores” dieron lugar a la organización de la sociedad bajo sistemas economicistas, que rigen desde hace unos pocos cientos de años y hasta nuestros días, el destino de todo ser vivo sobre el planeta. Estamos inmersos, social y culturalmente en un modo de vida que se encuentra centrado en la posesión, en la propiedad privada, en el dinero. Un modo de vida enfrentado a la naturaleza, que la degrada a pasos agigantados y que está reduciendo muchísimo las posibilidades de supervivencia de las próximas generaciones. Nos estamos quedando sin tiempo para modificar el rumbo, estamos por estrellarnos y difícilmente podamos evitarlo. No quedan más opciones ya que un cambio radical en nuestro modo de vida, especialmente del 20 ó 30% de la población del planeta, que es la que está consumiendo el 80% de los recursos. La mayoría de las personas que pertenecen a ese 20 ó 30% del que hablamos, son medianamente consientes de que nos encontramos ante una crisis ambiental que puede ser terminal. Pero el sólo ser consientes del problema, evidentemente no es suficiente. Y eso se debe a que por un lado ellos pueden satisfacer ampliamente todas sus necesidades, lo que les ofrece una comodidad de la que difícilmente alguien decidiría salir por su propi cuenta. Y por otro a que nuestras sociedades están constituidas de tal forma que son muy pocas las posibilidades concretas, de vivir de una forma más armónica con la naturaleza, sin que eso signifique exponernos a riesgos de todo tipo. No existen prácticamente opciones a tratar de mantenernos amparados bajo la presunta (y falsa) seguridad que nos ofrece el sistema. No existen prácticamente planes desde los gobiernos del mundo, para modificar esa tendencia a permanecer inertes ante el desastre que se avecina. No surgen desde abajo, o no se les dan el espacio suficiente, ni apoyo económico o político a las propuestas y proyectos verdaderamente revolucionarios, que generen una profunda modificación de los paradigmas actuales. Entonces, puestos entre la espada y la pared, más pronto que tarde, tendremos que elegir. Ha pasado ya el tiempo de quedarnos quietos, esperando soluciones mágicas. Una nueva era debe comenzar muy pronto, fundada sobre la reconciliación del ser humano con la naturaleza y un cambio radical en los valores que exacerba este sistema, hacia la cooperación, la solidaridad, la ética y tantos otros que hemos postergado como especie. Una nueva era debe imponerse, si realmente decidimos evitar la extinción. Ricardo Natalichio Director www.ecoportal.net

Por Ricardo Natalichio El mundo como lo conocemos está llegando a su fin. Años más, años menos, si hay algo que está claro para todos es que la nave en la que está embarcada la humanidad, está haciendo agua por todos lados, está llena de agujeros e irremediablemente se hundirá más pronto que tarde. Este barco va a hundirse porque no soporta el peso de las armas, del oro, de los automóviles; ni de las desigualdades y las injusticias con las que está construido. Pero hay una oportunidad. La organización de la sociedad actual La sociedad en la que vivimos ha sido ideada y organizada por y para quienes tienen dinero y poder. Prácticamente todo lo que nos rodea, más allá de la idea original que le dio cuerpo, ha pasado luego por el tamiz mercantilista. Casi todo fue, antes de llegar a nuestras manos, convertido en un producto que ofreciera la mayor ganancia posible a quién lo fabricó, como principal objetivo. Para lograr la mayor ganancia posible, seguramente se bajó el costo en los materiales utilizados para hacerlo, se pagó lo mínimo posible a los empleados que participaron en su producción, extendiendo al máximo su jornada laboral. También en muchos casos se disminuyó su durabilidad, para que tengamos que reemplazarlo comprando otro en menos tiempo y por su puesto se contrataron profesionales para convertirlo estéticamente en un producto agradable a nuestro gusto y más aún, se invirtió mucho dinero en generarnos el deseo de tenerlo. Como si todo eso no fuera suficiente, en la mayoría de los casos se ignoró o al menos se redujo al mínimo posible dentro de la legislación, el cuidado sobre el impacto ambiental generado por la producción y el transporte desde su lugar de fabricación hasta su destino final. Y ni se tuvo en cuenta su reutilización, sus posibilidades de reciclado, ni la responsabilidad del fabricante cuando el producto entre en desuso. La colonización de nuestra mente Para que todas las personas que vivimos en esta sociedad que ha globalizado el consumismo, seamos útiles, obedientes y transitemos nuestras vidas tratando de cumplir los deseos que nos inculcan desde chicos que tenemos que tener, para que tengamos al dinero y lo que con él puede comprarse, como un objetivo primordial en nuestras vidas, nuestra mente es colonizada desde muy temprana edad. Generación tras generación, la colonización de la mente de los niños se vuelve más simple, ya que se cuenta para ese trabajo con el apoyo de todos los adultos cuyas mentes se encuentran ya pobladas de ideas, deseos y miedos inculcados. Padres y maestros nos convertimos así en cómplices del sistema, manteniéndolo vivo una generación más, y otra y otra. Convirtiendo a nuestros hijos en futuros engranajes que puedan adaptarse lo mejor posible para quedarnos tranquilos y ahuyentar nuestros miedos a que sean diferentes, “inadaptados”. El manejo de nuestra psicología se realiza esencialmente a través de dos puntos clave, generarnos deseos (de consumir cosas o servicios) e infundirnos miedos (a crisis económicas, políticas, invasiones, guerras, soledad, desamparo, etc.). Nuestra mente es inundada de todo eso día a día. Vivimos atrapados entre los miedos y los deseos, que ni siquiera son los verdaderos, los surgidos desde nuestro interior, desde nuestro Ser, sino los que nos hacen llegar desde el exterior y los convertimos en propios. En todas las decisiones que tomamos, esos miedos y deseos inculcados, juegan un papel fundamental. Creemos que somos nosotros quienes estamos eligiendo libremente, porque esa es la ilusión que nos crean. Pero elegimos lo que la sociedad y la publicidad nos dicen que tenemos que usar para ser aceptados, lo que nos dice que nos tiene que gustar, lo que nos dice tenemos que comprar para ser felices. Porque en realidad, generalmente ni siquiera sabemos qué es lo que queremos, lo que realmente a nosotros nos gustaría. Pocos saben lo que quieren, y muchos menos pueden elegir hacerlo y dedicar su tiempo a eso que realmente les gustaría hacer y que a su vez les permita obtener los ingresos económicos suficientes como para cubrir sus necesidades. Porque así está armado todo, para que vayan muriendo dentro nuestro los ideales, para que nuestros verdaderos deseos, nuestras ilusiones, choquen una y otra vez con la realidad y poco a poco vayamos dejándolos de lado, suplantándolos, olvidándolos, hasta odiándolos. Para que seamos un engranaje dentro de una máquina, de un sistema. Sin cuestionamientos, sin sueños ni deseos propios, llenos de miedos. Para que ni nos animemos a mirar que es lo que realmente somos, que es lo que nosotros deseamos. Para que si no podemos “adaptarnos” a las reglas de ese sistema, sintamos que hay algo mal adentro nuestro, que somos nosotros los equivocados. El miedo nos convierte en seres individualistas, egoístas. Nos hace mezquinos, poco solidarios. Y esos deseos implantados, sólo nos provocan sufrimiento. Porque esos deseos pasan por tres estados. No poder satisfacerlos, el miedo a perder lo que logramos tener las pocas veces que los cumplimos y haberlos perdido. Este barco se hundirá, sólo nos queda construir uno nuevo El mundo como lo conocemos está llegando a su fin. Años más, años menos, si hay algo que está claro para todos es que la nave en la que está embarcada la humanidad, está haciendo agua por todos lados, está llena de agujeros e irremediablemente se hundirá más pronto que tarde. Toda posible solución que provenga de las mismas personas que resultan beneficiadas por este sistema, será indefectiblemente un parche para mantener a flote un tiempo mas el barco, para estirar y acrecentar aun más su bienestar. Por lo que la única solución sustentable, la única posibilidad que tenemos de un verdadero cambio, deberá surgir de nosotros. Teniendo claras estas dos cuestiones, nos queda ponernos a pensar si realmente podemos hacer algo al respecto, o simplemente es una ilusión más. Le decisión a tomar sobre eso está en cada uno, es personal. Pero hoy se encuentra totalmente influenciada por los miedos y los deseos que se nos han inculcado desde pequeños. No somos verdaderamente libres de decidir, porque no somos verdaderamente libres de pensar. Nuestra mente está atada por hilos invisibles que no le permiten levantar vuelo más allá de la longitud de esos hilos. Liberar nuestra mente, cortar esos hilos, es la única forma de poder decidir libremente. Pero nos encontramos con el problema de que son invisibles. No podemos simplemente buscarlos y cortarlos, porque no los vemos. Así como en el amor, en el verdadero amor tal como fuera descripto por Platón, lo que nos une a lo que amamos son hilos imperceptibles para los cinco sentidos, para encontrarlos, tenemos que sentirlos. La sociedad en la que vivimos, como la conocemos, seguirá así hasta su autodestrucción, este barco se hundirá indefectiblemente porque ha chocado contra las leyes de la naturaleza, las que no pueden modificarse ni anularse en los congresos, ni en los despachos presidenciales, ni en los cónclaves del poder económico. Aunque hay una oportunidad, que es crear otra nave. Refundar la humanidad sobre estructuras nuevas, totalmente diferentes. Pero para hacerlo deberemos cambiar cada uno de nosotros, debemos ser capaces de cortar esos hilos, rediseñar las estructuras que nos enseñaron, no regirnos por las formas tal como las conocemos. Abrir nuestra mente, pero especialmente nuestro corazón, para sentir esos hilos que nos detienen y poder cortarlos, para que nuestra mente pueda ser libre y salga en busca de nuevos caminos. Para poder transmitir a nuestros hijos, a las próximas generaciones, los graves errores que hemos cometido y seguimos cometiendo, mucho más que sobrevalorar nuestros pocos aciertos. Si no podemos liberarnos de esos miedos y esos deseos, de esas ataduras, nos hundiremos junto con el barco. Buenos y malos, ricos y pobres, políticos y artesanos. La humanidad podría revertir esta gran crisis, no le faltan herramientas, ni maquinarias, ni recursos para hacerlo. No necesita mayores conocimientos científicos, ni avances tecnológicos. No es necesario descubrir nada nuevo y milagroso que nos salve. Este barco va a hundirse porque no soporta el peso de las armas, del oro, de los automóviles, ni de las desigualdades y las injusticias con las que está construido. Pero nuestro corazón podría cortar los hilos, que impiden a nuestra mente, construir uno nuevo. Existen los planos para construirlo, es sólo que hasta ahora, no hemos sabido dónde ni cómo buscarlos. Ricardo Natalichio Director www.ecoportal.net

Asusta dejar de flotar -hundirnos lentamente en realidad- en aguas que parecen mansas, para empezar a nadar en aguas agitadas, porque podríamos no llegar a la orilla y ahogarnos en el camino. Aunque está cada vez más claro que sólo flotando tampoco llegaremos a ningún lado, sino que más bien nos hemos estado hundiendo de una forma menos perceptible. Todas las personas que vivimos hoy en el mundo, estamos siendo afectadas, de una forma u otra, ya sea directa o indirectamente, por este sistema depredador, basado en la obtención de beneficios económicos, en el acaparamiento de bienes para privar a otros de su utilización (propiedad privada) y en el individualismo egoísta, que se ha impuesto a escala global. Un pequeño porcentaje (cada vez menor), no más del 15 ó 20% de la población mundial, se ve beneficiado y disfruta de una calidad de vida tan confortable como insustentable. Un segundo grupo, intenta sobrellevar la vida de la mejor forma posible, dentro de lo que el sistema le permite. Trata de conseguir desarrollarse laboralmente en algo que le guste, intenta no perder demasiadas horas del día en el transporte, anhela un hogar con ciertas características, procura enviar a sus niños a un buen colegio, disfrutar de breves momentos de ocio, etc. Etc. Todas cosas que, en su gran mayoría, no logra satisfacer. Al menos de acuerdo a sus expectativas. Y luego están los que directamente carecen de toda posibilidad de decidir sobre sus vidas, probablemente mal alimentados desde niños con todos los problemas que ello causa, padeciendo enfermedades por falta de acceso al agua potable, sin acceso a la educación, y a merced de todo tipo de desastres ambientales. Este “pequeño grupo” está conformado por más de 2.000 millones de personas y crece día a día. Ante este panorama, a primera vista y sin ahondar en las causas, podríamos decir que resulta cuanto menos extraño, que como mansas ovejas ese 70 u 80% de la población mundial que abarcan el segundo y tercer grupo que mencionábamos, que no la está “pasando bien” se encuentre tan entregado e inerte. Sumergiéndonos un poco en esas causas, comenzamos a vislumbrar algunos motivos psicológicos para esta cuasi parálisis, que de momento sólo es alterada por algunos esporádicos espasmos, que el sistema rápidamente encuentra la forma de contrarrestar . Y es que se ha creado un estadio de “falsa seguridad” -semejante a un coma farmacológico-, de la que da pánico salir. Asusta dejar de flotar -hundirnos lentamente en realidad- en aguas que parecen mansas, para empezar a nadar en aguas agitadas, porque podríamos no llegar a la orilla y ahogarnos en el camino. Aunque está cada vez más claro que sólo flotando tampoco llegaremos a ningún lado, sino que más bien nos hemos estado hundiendo de una forma menos perceptible. El miedo, si, el miedo está presente porque es inducido de forma planificada en todas y cada una de las personas que miran televisión, que escuchan radio, que leen los periódicos. Incluso los propios medios alternativos de información muchas veces son funcionales a eso sin intención. El miedo paraliza, es lo que sucede naturalmente y hay quienes encontraron la forma de beneficiarse de eso. Pero existen también alternativas, que definitivamente no pueden estar amparadas bajo este modelo económico actual, sino que debe haber un corte, un cambio radical. Una rápida migración, programada o no, hacia una comunidad de diferentes sistemas que, adaptados a las realidades de cada bio-región, tengan ciertas características comunes, tales como desarrollarse en armonía con la naturaleza y la priorización del bien común. Alternativas como las que enumeramos a continuación, son sólo algunas, que valen como muestra, pero a las que podrían sumarse muchas más, tan buenas o no, aunque no vale la pena hacer aquí juicios de valoración detallados sobre ellas. Decrecimiento El decrecimiento, es decir, la necesidad de salir del modelo económico actual y romper con la lógica de crecimiento continuo, se impone progresivamente como una solución ante la crisis ecológica y social que enfrenta la humanidad. Esta bioeconomía no sólo surge al trascender las limitaciones y errores de la economía neoclásica, sino también del intento de articular a la economía con el resto de las ciencias naturales y sociales, incorporando los avances epistemológicos fundamentales surgidos en el seno de otras disciplinas. Ecosocialismo Se trata de una corriente que en ruptura con la ideología productivista del progreso –en su forma capitalista y/o burocrática- y opuesta a la expansión al infinito de un modo de producción y de consumo destructor del medio ambiente, representa en el movimiento ecológico la tendencia más avanzada, más sensible a los intereses de los trabajadores y los pueblos del sur, la que entendió la imposibilidad de un “desarrollo sostenible” en el marco de la economía capitalista de mercado. Buen vivir El buen vivir constituye un paradigma de sociedad sustentable basado en el acoplamiento equilibrado y equitativo entre economía y naturaleza, de tal suerte que la “vida entera” esté garantizada para la especie humana. Y aquí cabe una precisión fundamental: en una relación de reciprocidad entre seres humanos y naturaleza, la especie humana al garantizarse a si misma su continuidad garantiza la supervivencia de todo lo demás facilitando que los encadenamientos tróficos fluyan sin quebrantos y los ecosistemas mantengan su equilibrio y así puedan cumplir su misión ecológica de sustentar toda forma de vida; es digamos un círculo virtuoso de ecología viva. Desarrollo a escala humana Plantea en forma general la necesidad de promover un desarrollo orientado a la satisfacción de las necesidades humanas, es una teoría que trasciende las posiciones convencionales tanto económicas como sociales, políticas, culturales, porque visualiza al ser humano como el ente primordial y motorizador de su desarrollo, y este desarrollo debe estar articulado al plan global de cada nación. Comunalidad La tierra, que desde el punto de vista indio, es común. Es en la tierra donde nosotros existimos como seres humanos comunes, es decir, como pueblos, y en ella recreamos nuestra naturaleza y vida mediante el trabajo familiar y colectivo. En este contexto se hace enteramente explícita una "actitud humana hacia lo común", es decir, la comunalidad. Y esto es lo que da sentido y explicación a una buena parte del mundo indígena, buscando sin duda alguna la complementariedad entre lo singular y lo plural, entre lo bueno y lo malo, entre el individuo, cuya dimensión sólo puede ser entendida en el seno de una comunidad, que lo hace vivir y soñar. Desarrollo local / Comercio Justo Los criterios básicos del comercio justo son el establecimiento de una relación directa entre productores y consumidores; la cancelación en lo posible de intermediarios y especuladores; la aplicación de un precio justo y estable que permita al productor y su familia vivir dignamente. Este conjunto de características conduce no sólo a establecer un precio que alcance para satisfacer las necesidades de los productores, sino también a crear las condiciones para un desarrollo sustentable. Se puede definir como una herramienta de cambio del modelo económico que tiene como meta corregir las fallas del sistema capitalista actual, y como un mecanismo de inserción de los productos del Sur en los mercados del Norte en una situación de equidad. En ese contexto, el comercio justo podría ser considerado como una herramienta para el desarrollo local. No debemos seguir paralizados por el miedo y escuchando a quienes dicen que las alternativas no existen, porque las hay. Ricardo Natalichio Director www.ecoportal.net

Comparto algo que escribí sobre el consumismo. Espero les resulte de interés. Gracias por pasar!!!Existe un consumo esencial que es necesario para la subsistencia de todo ser vivo. Debemos consumir oxígeno, agua y alimentos para mantener nuestras funciones vitales en funcionamiento. Pero también necesitamos abrigarnos y calentar nuestros hogares para no perecer por los fríos extremos. Eso cubriría nuestras necesidades básicas y vitales. Todo lo que viene después de eso es parte de una evolución que hemos tenido como especie, mediante el desarrollo de la capacidad de fabricar herramientas para los más variados usos. Desde la lanza hasta la rueda, las redes de pesca, las canoas o las aeronaves, todas son herramientas que hemos ido construyendo con el fin de satisfacer necesidades que nosotros mismos nos hemos ido creando a lo largo del tiempo. A nuestras necesidades básicas de subsistencia hemos agregado muchas otras y al consumo, como ninguna otra especie sobre el planeta, lo hemos convertido en consumismo. Según el informe “Planeta Vivo” realizado por la WWF, la población mundial utilizó el equivalente a 1,5 planetas para abastecerse en 2007, y si se mantienen las tendencias actuales se calcula que se necesitarán dos planetas para atender las demandas en 2030 y tres, en 2050. Ese es un camino en línea recta hacia el abismo. Para sostener el crecimiento del consumo, ha sido necesario extraer de la tierra más y más combustibles fósiles, minerales y talar más bosques para aumentar la superficie de suelos destinados a la agricultura, la ganadería y la industria forestal. Durante el último medio siglo, el consumo anual de petróleo se multiplicó por ocho y el de gas natural por catorce. Evitar el colapso de la civilización humana requiere, ni más ni menos, que una transformación absoluta de los patrones culturales dominantes. El consumo es parte de nuestra cultura, se ha ido colando poco a poco en el ADN de nuestras sociedades durante los últimos siglos. Hoy en día, pedir que moderen su consumo a personas que viven dentro de culturas consumistas es como pedirles que dejen de respirar, pueden hacerlo durante algunos segundos pero inmediatamente, ahogándose, respirarán de nuevo. Sin embargo, no es necesario que todos los habitantes del planeta cambien sus hábitos de consumo o de vida. Si tenemos en cuenta que el 20% de la población mundial, que cuenta con mayor poder económico, es responsable del 80% del consumo total, entenderemos una buena parte del problema. No es necesario volver a la Edad de Piedra para solucionar los problemas ambientales a los que nos enfrentamos, solamente bastaría con que ese 20% redujera sus niveles de consumo para mejorar drásticamente la situación. www.ecoportal.net Ricardo Natalichio - Director EcoPortal.net Editorial Ambiente y Sociedad N° 456 http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/la_cultura_del_consumo_la_cultura_de_la_autodestruccion
El desastre nuclear ha contaminado el océano más grande del mundo en sólo cinco años y aún continúan escapándose 300 toneladas de desechos radiactivos cada día. ¿Cuál fue el desastre nuclear más peligroso de la historia mundial? La mayoría de la gente diría el desastre nuclear de Chernobyl en Ucrania, pero estarían equivocados. En 2011, un terremoto, que se cree fue una réplica del terremoto de 2010 en Chile, creó un tsunami que causó un colapso en la planta nuclear de TEPCO en Fukushima, Japón. Tres reactores nucleares se derritieron y lo que sucedió después fue la mayor liberación de radiación al agua en la historia del mundo. Durante los próximos tres meses, los productos químicos radiactivos, algunos en cantidades aún mayores que Chernobyl, se filtraron en el Océano Pacífico. Sin embargo, los números pueden en realidad ser mucho más altos, tal como las estimaciones oficiales japonesas han sido probadas por varios científicos como deficientes en los últimos años. Como si esto no fuera lo suficientemente malo, Fukushima sigue produciendo 300 toneladas de desechos radiactivos en el Océano Pacífico cada día. Continuará haciéndolo indefinidamente ya que la fuente de la fuga no puede ser sellada ya que es inaccesible tanto para humanos como para robots debido a temperaturas extremadamente altas. No debería sorprender, pues, que Fukushima haya contaminado todo el Océano Pacífico en sólo cinco años. Este podría ser el peor desastre ambiental en la historia de la humanidad y casi es mencionado por los políticos, los científicos convencionales, o por las noticias. Es interesante notar que TEPCO es una filial de General Electric (también conocida como GE), una de las compañías más grandes del mundo, que tiene un control considerable sobre numerosas corporaciones de noticias y políticos. ¿Podría explicar esto la falta de cobertura de noticias que Fukushima ha recibido en los últimos cinco años? También hay evidencia de que GE sabía sobre el mal estado de los reactores de Fukushima durante décadas y no hizo nada. Esto llevó a 1.400 ciudadanos japoneses a demandar a GE por su papel en el desastre nuclear de Fukushima. Incluso si no podemos ver la radiación en sí, algunas partes de la costa occidental de América del Norte han estado sintiendo los efectos durante años. No mucho después de Fukushima, los peces de Canadá comenzaron a sangrar por sus branquias, bocas y globos oculares. Esta «enfermedad» ha sido ignorada por el gobierno y ha diezmado poblaciones de peces nativos, incluyendo el arenque del Pacífico Norte. En otros lugares del oeste de Canadá, científicos independientes han detectado un aumento del 300% en el nivel de radiación. Según ellos, la cantidad de radiación en el Océano Pacífico está aumentando cada año. ¿Por qué esto es ignorado por los principales medios de comunicación? Podría tener algo que ver con el hecho de que los gobiernos de Estados Unidos y Canadá han prohibido a sus ciudadanos hablar de Fukushima para que «la gente no se asuste». Más al sur en Oregon, Estados Unidos, estrellas de mar comenzaron a perder piernas y luego se desintegraron completamente cuando la radiación de Fukushima llegó allí en 2013. Ahora, están muriendo en cantidades extremadamente altas, poniendo en peligro todo el ecosistema oceánico en esa área. Sin embargo, funcionarios del gobierno dicen que Fukushima no es culpable a pesar de que la radiación en el atún de Oregon se triplicó después de Fukushima. En 2014, la radiación en las playas de California aumentó en un 500 por ciento. En respuesta, los funcionarios del gobierno dijeron que la radiación provenía de una misteriosa fuente «desconocida» y no era motivo de preocupación. Sin embargo, Fukushima está teniendo un impacto más grande que solo la costa del oeste de Norteamérica. Los científicos ahora están diciendo que el Océano Pacífico ya es altamente radioactivo y en la actualidad es por lo menos 5-10 veces más radioactivo que cuando el gobierno de los EE.UU dejó caer numerosas bombas nucleares en el Pacífico durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Ecoportal.net