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Primer post: 14 jul 2009Último post: 14 jul 2009
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Autos MotosporAnónimo7/14/2009

El estilo más utilizado en Alemania y en USA para personalizar el modelo más vendido en la historia de Volkswagen tiene un fiel exponente en la Argentina. Y vive en Bahía Blanca. Gracias al criterio de su dueño Carlos, un GTI nacido en el año 2000 comparte estética con los Golf más admirados del primer mundo. Para otorgarle una estética agresiva se recurrió a elementos que debieron cumplir un requisito ineludible: tener una reconocida calidad. Es por eso que la estética del GTI impacta aunque se base en la sobriedad. Las llantas Axis Supermesh de 19 pulgadas son lo primero que llaman la atención, y su dueño comenta el porqué de la elección: “Las llantas –norteamericanas- son muy apreciadas en Estados Unidos no sólo porque son livianas y muy buenas, sino porque ofrecen la configuracion ‘Staggered’ que calza el auto, por lo que así como las traje las coloqué, sin separadores ni ningún tipo de adaptación. Tienen el ancho, desplazamiento y diferencia justa para la líenea Golf y Bora”. Las llantas delanteras son de 8.5” y las traseras de 9.5” con un aro mayor, de 3.5” de ancho atrás y 2.5” adelante. Ya admirando la carrocería se destaca el Kit tipo “Seidltuning” y la combinación del rojo original con un negro que viste el techo y el capot. La suspensión neumática corona el trabajo y junto con el tamaño de las llantas es lo que más llama la atención de quienes pueden verla en acción. El auto llegó a las manos de este fanático de la marca en 2005, y desde ese momento no hizo más que experimentar cambios que le mejoraron su estética y la performance del impulsor, ya de por si superlativa. Todo comenzó con un cambio de llantas, y nunca terminó. “Lo de las modificaciones se va dando de a poco”, resume este bonaerense de 31 años, y argumenta: “Una cosa lleva a la otra...” Luego agrega que para eso se debe tener especial gusto por el tuning o la personalización de las cosas, y apoyarlo en la idea de tener un auto único y original. Consultado sobre el motivo de la elección del modelo, Carlos contesta de la manera más simple: “Me gusta el Golf por su diseño ‘gordito’, y por el potente y fácilmente modificable motor turbo de 20 válvulas que calza.” Los trabajos fueron bien recibidos por el mediano de la marca alemana, y según afirma Carlos, no presentaron grandes problemas: “Todo tiene sus complicaciones, y lleva mucho tiempo, pero en general todo salió bien. No hubo grandes contratiempos. Sólo el Body Kit demandó más de los planeado para quedar perfecto y, por ejemplo, tardé una semana en terminar el cajón del woofer”. Pese a la cantidad de horas que demandó el conjunto de modificaciones, el trabajo no está terminado. En un futuro cercano se le reemplazará el body kit y se le incorporará al motor un kit Stage III ATP importado de USA que consta de turbo, inyectores, escape, admisión y chip, y que servirá para mejorar aún más la performance del GTI. El único problema que se incrementará con las modificaciones está relacionado con el velocímetro. En la actualidad es incapaz de atestiguar la velocidad punta, puesto que marca hasta 230 km/h, una cifra que puede ser superada gracias a las modificaciones mecánicas que sufrió hasta el momento... “Poné que el agradecimiento principal es para mi viejo”, pide Juan. Son las 5 de la mañana en la provincia de Neuquén y lo vemos salir del taller donde hasta hace unos minutos estuvo puliéndole detalles a su Subaru Impreza. Le quedan apenas tres horas de sueño; tiene que levantarse temprano para llevar el auto a una exposición de tuning. Pero energía le sobra y conversa con Pisteros como si fuesen las 12 del mediodía. “No se olviden del agradecimiento, eh”, insiste. Evidentemente, el padre de Juan ocupa un lugar importantísimo en la historia del vehículo. Para que no queden dudas, el muchacho pegó una inscripción al costado de una de las ópticas traseras Altezza: “Gracias papá”. El motivo de tanto reconocimiento se cae de maduro: Juan acaba de cumplir 18 años. Maneja el Impreza desde hace dos y acumula 12 meses de reformas que ya insumieron más de $ 40.000 de inversión y todavía no terminaron. A menos que Juan se haya puesto a ahorrar desde el momento en que nació, resulta bastante obvio quién financió el tuning. “Nos lo ofreció un amigo de mi viejo y trajimos el vehículo desde San Carlos de Bariloche. Me interesó porque no existen muchas personalizaciones hechas sobre la base de un Subaru”, explica. “Aunque ahora tiene llantas Mangels Máxima de 18’’ y cubiertas Sumitomo 225 / 40 / 18, la primera modificación fueron llantas de 17’’ que tocaban la carrocería. Eso me sirvió de excusa para llevarle el auto a un chapista y pedirle que doble hacia adentro las pestañas, aún sabiendo que así no solucionaría el problema. No importaba: mi intención era meter el Impreza en el taller. Al principio el chapista no quería saber nada, pero de tanto insistir terminé convenciéndolo. Después lo induje a cortar un poquito la carrocería y cuando quiso darse cuenta ya estaba metido en el baile. ¡Terminó cambiándole hasta el color! El auto original era rojo”, relata Juan mientras se ríe de su estrategia para lograr que le personalicen el Subaru. Ahora exhibe una pintura personalizada naranja tricapa. Combina con la gráfica negra y gris, los vidrios polarizados y el cromado de la doble salida de escape. El efecto visual transmite deportividad en estado puro, y no son sólo apariencias. Aunque Juan promete reemplazarlo, el motor 1.8 16 V del Impreza le permite pasear por Neuquén a 225 km/h, siempre con los cinturones de seguridad deportivos sujetándolo fuerte a la butaca de competición FIAVE. Si lo vemos de perfil, el vehículo parece tener escamas. Su dueño hizo bajar la suspensión, unió los zócalos confeccionados en chapa a la carrocería, ensanchó los guardabarros con el mismo material y modificó los paragolpes a su gusto. Encomendó la fabricación de una parrilla artesanal, una toma de aire bien agresiva para el capot y alisó las puertas eliminando las manijas. Parece que el trabajo está terminado, pero Juan no opina lo mismo. “Estoy considerando seriamente la posibilidad de agregar una gráfica en el parabrisas con el nombre de mi novia. Fue un pedido de ella. Si la hace feliz, y después de la paciencia que me tuvo, creo que no podría negárselo”. Para el final de la nota nos guardamos la perlita de esta “naranja mecánica”: el audio. Fue ideado e instalado por el propio Juan y un amigo en el taller de sonido “Electronik Sound”, propiedad del dueño del tuning. “Queremos dejar sordo al que se anime a subir”, bromean. La realidad es que, además de un volumen alto, los dos se preocuparon por conseguir máxima fidelidad. Lo lograron: el Subaru es un digno competidor en los certámenes de audio. ¿Qué le pusieron? Chusmeá la abultada Ficha Técnica y andá sacando conclusiones. Ver llegar al Acura NSX-T es un problema. Porque uno se distrae con cada uno de sus partes y se complica disfrutar del conjunto. La pintura, el body kit exclusivísimo, las llantas y el interior pugnan por acaparar nuestra atención, y se interponen entre el auto y nuestro deseo de admirarlo completo. Russell nos cuenta que desde que vio por primera vez el Acura se enamoró y –apoyado por su devoción por los vehículos importados- pasó a ser el juguete de sus sueños. Por eso, luego de vender un Ford Probe GT 1995, en 2004, no lo dudó y lo compró. A los pocos meses comenzó a tunearlo, porque “sencillamente está en mis genes modificar los autos, me encanta hacerlo”, según su escueta y contundente explicación. Las primeras víctimas fueron la suspensión y el escape, que le dejaron paso a reemplazos más deportivos y extremos y ahí el camino quedó allanado para forzar el límite. Russell decidió apuntarle a “las ligas mayores” y para cambiar el aspecto recurrió a un body kit japonés edición límitada del que sólo existen 22 en el mundo, y él tiene el último y único en los Estados Unidos. El body kit incluye alerón trasero en aluminio y fibra de carbono, guardabarros delanteros y traseros, ambos paragolpes y zócalos. Pero el kit no sólo sobresale por lo original y por su espíritu deportivo, sino por el trabajo que demandó. Al respecto, el orgulloso dueño resume: “Fue muy difícil colocar el kit porque pese a que es específico para este modelo –y a que los anclajes y las medidas coinciden plenamente- llevó mucho tiempo hasta que quedó perfectamente instalado”. El trabajo de la carrocería se completa con un capot de carbono CWest de Acura NSX 2005, ópticas del mismo modelo y la pintura “Jade Green” de Lamborghini Murciélago 40º Aniversario, que redondean una estética sobria y potente, que se completa con llantas Volk GT-S de 18” adelante y 19” atrás y un sistema de escape HKS. En definitiva, el presidente del Club Jade Motorsport de la ciudad de Orlando –un club que reúne entusiastas del tuning con autos espectaculares como el de Russel- acapara la atención de cuanto fierrero se cruza por su camino. El auto se ve terminado, pero su dueño no opina lo mismo. Un supercargador que incrementará notablemente la potencia del V6 de 3 litros, y un capot de fibra de carbono de la firma Route KS están en la mira de este masajista, que disfruta cada vez que “la gente se quiebra el cuello cuando me ve pasar, mientras que otros apenas pueden creer que están viendo un auto como el mio por la calle”. Pero, definitivamente, lo que más le gusta es que se confundan de auto...”hay personas que confunden el Acura con un Lamborghini... y a mi no me molesta para nada...lo tomo como un cumplido, jajaja”... ¿Lo usa para ir a la facultad? Sí. ¿Lo usa para ir al trabajo? También. Salvo los sábados a la noche, cuando por seguridad lo deja estacionado en su casa, Jonathan maneja su tuning con una frescura que no es moneda corriente entre los dueños de autos personalizados. ¿Fumar adentro? Podés. ¿Y si llegara a ensuciarse el interior o la carrocería? Ningún problema, se limpian. “No soy de los que se matan por esquivar un charco de agua”, ironiza nuestro entrevistado. “Sólo me ocupo de hacerle un mantenimiento constante, porque sé que si lo dejo estar por un mes el auto se viene a pique”. Con esa filosofía, Jonathan se pasea por las tranquilas calles de Guaymallén a bordo del espectacular Corsa 2004 que compró 0 km. “Pagué el 50% con mis ahorros y el resto de la plata me la dieron mis viejos”, cuenta el muchacho de 20 años. “En aquel momento no pensaba modificarlo, pero al mes le puse luces de neón y ya no hubo vuelta atrás. Ustedes saben mejor que nadie cómo son estas cosas”. Justamente porque lo sabemos, intentamos descubrir el talón de Aquiles del dueño del vehículo. Todo propietario de un tuning tiene una debilidad, algo que lo obsesiona, y es evidente que la del mendocino no pasa por el cuidado. Jonathan se deschava cuando le preguntamos qué inversión demandó el Corsa. “$ 32.000 -responde-, sin contar las reformas anteriores”. ¿Perdón? ¿”Reformas anteriores”? ¿Y eso qué significa? Resulta que el Corsa fue personalizado no una sino dos veces. La primera duró apenas 5 meses antes de ser reemplazada. El objetivo de esa drástica decisión fue crear un tuning aún más artesanal que rechace cualquier tipo de imitación. “Es lo peor que puede pasarme: ver que a otro auto le hicieron lo mismo que al mío. Me puse como loco cuando un amigo le copió el primer paragolpes que tuvo, hecho a partir del spoiler de un Ford Focus. Entonces junté coraje y empecé a sustituir accesorios por otros fabricados a mano, sin molde ni matriz. ‘Absolution’ tuvo mucha participación en esto. Confeccionaron en fibra los zócalos, el alerón y los paragolpes. Por supuesto, mi vehículo estuvo más tiempo en el taller que en mi casa”, medita el hombre. Como resultado, consiguió un Tuning Extremo en el que casi todas las reformas apuntan a la estética. Jonathan es sincero: “Vengo esquivando el tema del motor porque para prepararlo bien hace falta mucho dinero o terminás rompiéndolo. Por eso conservo el 1.6 original, aunque agregué doble cola de escape TKNO vertical y frenos a disco con pinzas Brembo en las cuatro ruedas”. El aspecto no sigue ninguna tendencia internacional. Copiaron las molduras originales y las unieron a los guardabarros para ensanchar la carrocería tan solo 1 centímetro. El dueño prefirió no engrosarla más para no pasar a la categoría Súper Extremo. Luego cubrieron la superficie con pintura bicapa negra y gris plata que no se encuentra en ningún catálogo sino que fue preparada exclusivamente. Aerografiaron dibujos de tribales “no muy enroscados” y algunas estrellas que completan la imagen. Según Jonathan, “la apertura de puertas estilo Lamborghini es lo mejor que pude haberle hecho. Claro que también me encantan otros detalles, como la luneta de fibra de vidrio. Copiamos la original -que es muy fea- en ese material y le pusimos la misma pintura que al resto del Corsa. El sistema para hablarle a los demás autos tampoco tiene desperdicio. ‘Dual Sport’ diseñó un circuito gracias al cual un micrófono que sale del parasol del conductor se conecta con un parlante ubicado debajo del capot. Lo uso más que nada para embromar un rato y decirles cosas a los demás vehículos cuando paro en un semáforo”. Pronto llegarán nuevos accesorios multimedia. Más pantallas y una flamante caja trasera de audio encabezan la lista de prioridades. Lo único que seguramente no reproducirán es cuarteto, un ritmo que a Jonathan no le trae muy buenos recuerdos. “Una vez participé de una expo en Córdoba”, cuenta. “Llegado el sábado, viene el organizador y me ofrece dos alternativas: dejar el tuning en el salón o llevármelo hasta el día siguiente. Elegí dejarlo porque las calles aledañas estaban en muy mal estado. Tarde me enteré de que la ‘Mona’ Jiménez tocaba a la noche en ese mismo predio. Estacionaron los autos contra una pared y montaron un vallado para protegerlos del público. Todos resultaron intactos, pero yo estuve 10 horas sin poder dormir”. La historia indica que el verdadero éxito -el éxito definitivo- se consigue en las grandes ciudades, y que cualquier habitante de pueblo con sueños de triunfar debería sacar lo antes posible un pasaje con destino al mundo de los edificios interminables, la contaminación y el no saber cómo cuernos se llama tu vecino. Pero este Fiat Uno SCR modelo 1994 recorrió el camino inverso para salir del anonimato y obtener un merecido reconocimiento. Había nacido en la Buenos Aires urbana, donde caminó 60.000 kilómetros sin pena ni gloria, camuflado entre muchos otros igualitos a él hasta que tres años atrás los ojos de Gonzalo quedaron encantados con su carrocería. Actuando como un descubridor de talentos, el muchacho de 22 años lo compró y se lo llevó para Villa Gesell. El auto tenía condiciones: cuentan los que lo vieron llegar a la ciudad balnearia que estaba impecable y con la pintura de fábrica. Tal vez por eso, a su dueño ni se le ocurría realzar el “look” del vehículo, como si pensara que las apariencias fuesen lo de menos. “Apenas lo compré -recuerda-, el tuning no me llamaba para nada la atención. En cambio siempre me preocupé por mejorarle el rendimiento y vivía haciéndole cosas al motor. Eso marca una gran diferencia con respecto a otros Uno personalizados porque casi todos son gasoleros o conservan el propulsor estándar. No vi muchos que estuviesen reformados debajo del capot”. Al 1.600 centímetros cúbicos lo mimaron de todas las maneras posibles. Gonzalo se ocupó de los cables, bujías, carburador, embrague, leva, bobina, distribuidor, tapa, pistones y caja. El único indicio de este trabajo de hormiga visible desde afuera es la robusta salida de escape de la marca TKNO. Cada vez que la aguja del velocímetro pasa por medio centímetro la marca de los 200 km/h, al conductor del Fiat se le hincha el pecho de orgullo. La pinta del auto original hacía cortocircuito con una performance tan mejorada. Gonzalo probó las mieles del tuning y las sintió menos empalagosas de lo que creía. “Entré de cabeza en el tema y me envicié”, admite. “Le dediqué un año y medio de trabajo para impregnarle una imagen más personal. No me hablen de plata porque sinceramente perdí la cuenta de la inversión. Si estas pensando en tener un auto como este, andá sabiendo que además de efectivo para pagarlo es imprescindible que tengas vocación de servicio: el Fiat es una estrella tal como lo muestra su carrocería pintada de negro Prismatic, blanco perlado y bordó original con perlas especiales. “No vi el dibujo de la estrella en ningún otro auto”, dice el geselino al tiempo que abre la puerta del conductor. Del lado de adentro, el panel modificado en fibra está decorado con el mismo detalle de la carrocería. El trato de Gonzalo con su Fiat confirma que el tuning es una auténtica vedette de la costa. Nunca vas a verlo sucio, y eso que la arena y el aire de mar exigen más dedicación de lo normal. Ni se te ocurra limpiarte las zapatillas contra los zócalos antes de subir; podría ser lo último que hagas en tu vida. “Hay muchos Uno personalizados, pero pocos prolijos como éste”, señala el dueño justificando su meticulosidad. La misma meticulosidad que un día lo hizo perder tres horas en Mar del Plata. “Fui a participar de una exposición y el auto quedó colgado de un cordón. Me llevó todo ese tiempo poder sacarlo sin que se rompiera nada”. Cuando estábamos a punto de salir a dar unas vueltas a bordo del vehículo, una leve brisa marina anunció que el buen tiempo no duraría mucho más. Gonzalo nos pidió perdón y sin perder un solo minuto cobijó al Fiat bajo techo. A ver si todavía se pesca un resfrío. Nathan: el muchacho que antes de convertirse en el encargado del local de personalización “M1 Autosport” trabajaba como “delivery boy” a bordo de un Mitsubishi Eclipse de 1995. El mismo que destinaba todo su sueldo y propinas (bastante generosas, dada la rapidez con que hacía los envíos) a convertir su auto en un deportivo intratable. El adolescente al que convenía llamar cuando el hambre era voraz. El que se reía de las bicicletas, rollers y ciclomotores tradicionales. Es que su historia es tan poco tradicional como su vehículo. Sinceramente, resulta increíble pensar que este tuning empezó a tomar forma mientras llevaba pizzas de aquí para allá, pero así fue. Hoy que ya no lo usan como herramienta de trabajo aún se mantiene activo: Nathan lo maneja todos los días, va con él hasta “M1 Autosport” y lo estaciona en la puerta de la Universidad de Pasadena donde estudia. Sería un crimen dejar que se achanche el motor de 2.000 centímetros cúbicos con kit de admisión directa y fusiblera Injen, barra de torsión y detalles cromados y pintados, entre otros aditamentos. “Ojo, jamás lo uso para correr”, aclara el dueño de 21 años adelantándose a la pregunta obvia. “Generalmente, los más jóvenes paran sus autos junto al Eclipse en los semáforos y los aceleran invitándome a picar. No les doy bolilla, aunque sé que el Mitsubishi llega a los 200 km/h y 205 caballos de fuerza. Sólo me gusta que las reformas sobrepasen lo estético. Por eso me animé a mejorar un propulsor que se puso bastante rebelde con el tema de la transmisión y me obligó a cambiarla dos veces. No importa; aún hay planes para él en el futuro. Quiero reemplazar el 2.0 por un motor de Evo III. Si lo dejo estándar voy a tener 170 caballos más, pero si lo toco puedo sumar unos 250 HP”. El vehículo cayó en las manos de Nathan hace dos años y ya cumplió uno en su rol de tuning. Cálculos matemáticos de esos que todos preferirían evitar hablan de una inversión algo mayor a U$S 15.000. No es una cifra descabellada; pensá que sólo los dos asientos Bride Brixll costaron U$S 1.600. “Traté de que los precios no me limitaran y elegí varios accesorios únicos y hechos a medida”, apunta el joven dueño. “El mejor ejemplo de eso es el capot de fibra de carbono estilo Evo, una pieza tan difícil de lograr que ya voy por el tercer intento. El baúl, también de fibra de carbono, es inédito para un Eclipse en Estados Unidos, y es del mismo material que el alerón y los espejos retrovisores APR V-2”. Acentuando la línea deportiva con la que el Mitsubishi sale de fábrica, Nathan hizo colocar imponentes llantas Luff M1 Wheels de 19’’, puertas de apertura vertical y un kit de suspensión Tein que redujo la altura del auto en 3,3 centímetros. “Eso se suma a los 3,81 centímetros que bajó el Eclipse por efecto del kit de carrocería Bomex”, explica el estadounidense. “Más abajo y el tuning terminaba raspándose contra el asfalto. Dejar la suspensión estándar podría haber hecho volar fácilmente los amortiguadores. Creo que así di con el punto justo, la marcha es muy confortable”. Mientras que el techo luce un negro perlado, el resto del auto, incluido el interior, se pintó con una base de verde metálico que asoma por debajo del color dorado principal. Como cualquier raspón podría enloquecer a Nathan, discos de freno Rotora de 4 pistones y pastillas de freno de la misma marca se encargan de evitar lastimaduras en la carrocería por exceso de velocidad. Los cinturones de competición Takata y la jaula antivuelco están ahí en caso de que todo lo demás falle. Como si fuese un Jedi de la película “La Guerra de las Galaxias” -esos que sable láser en mano imparten justicia-, Chris recorre los caminos de Orlando, Florida, con la Fuerza de su lado: exactamente 240 HP. El motor que la genera es un 6 cilindros en V de 3.0 litros al que en determinado momento le agregaron un kit de admisión directa DNP. Y dicho motor, a su vez, está debajo del capot de carbono Pit Road M de un espectacular Mitsubishi 3000 GT modelo 1991. “Era el deportivo japonés más lindo que había en Estados Unidos cuando lo compré”, dice en inglés el dueño de la máquina. Tiene 25 años y un puesto de Gerente en un local de accesorios para camiones. Su memoria no le falla: “Mi esposa y yo habíamos sido invitados a la prueba de manejo del vehículo en 1998. A los dos nos encantó desde ese momento. Decidimos entonces vender el Mitsubishi Eclipse que teníamos y comprar, en 1999, el 3000 GT. Costó alrededor de U$S 40.000. Si sumo lo que gasté en cada una de las reformas, ese número se duplica tranquilamente”. Las razones de semejante inversión son mucho más fáciles de encontrar que los accesorios para este tuning. “Un auto en estado original es aburrido. ¿A quién puede gustarle manejar lo mismo que tienen miles de personas más?”, opina Chris con vehemencia. “Un vehículo suele ser la segunda compra importante que realizamos en nuestra vida. Yo me pregunto: ¿por qué no hacerla todavía más personal?” El tuning fue un verdadero reto porque hasta hace poco no estaban disponibles los accesorios necesarios, y eso que hablamos del mercado americano. Cuando por fin empezaron a comercializarse costaban un ojo de la cara. “Algunas cosas siguen sin aparecer, como por ejemplo el kit de carrocería”, comenta el dueño con tono de resignación. “Tuve que comprar el que corresponde al modelo anterior -un Bomex- y modificarlo bastante para que se adapte. Ahora quisiera ensanchar por completo el cuerpo del Mitsubishi”. La coupé acumula curiosos a su alrededor. Pocos logran descifrar correctamente su identidad. “Siempre llamó la atención de la gente”, relata Chris orgulloso, “incluso cuando tenía apenas un estéreo Eclipse 7002 con pantalla incorporada. Esa fue la primera reforma que le hice. Corría el año 2000 y no era nada común ver un auto que tuviese TV y Play Station. Hoy se fijan en otros detalles: la gamuza del habitáculo, la jaula antivuelco Mazworks y, por supuesto, los colores de la carrocería. El naranja tricapa es el mismo del Lamborghini Murciélago. Las ópticas y limpiaparabrisas están pintadas con el gris grafito del Lexus IS300 y combinan con las llantas Volk y con el alerón Veilside de fibra de carbono”. El sonido también se roba las miradas ajenas, sobre todo la parte donde están los dos subwoofers de 12’’ de la marca Mmats Pro Audio. Armar la caja fue muy difícil porque, hasta que desmontó el baúl, el dueño del Mitsubishi no sabía que el suelo del sector trasero tenía declive. “Hubo que rellenar con fibra de vidrio para lograr que los accesorios encajen”, explica. Chris y su mujer manejan con frecuencia el deportivo; sería un crimen dejarlo arrumbado en un garage. Pero también son concientes de la responsabilidad que tienen entre manos dadas las prestaciones del 3000 GT. Por eso le colocaron discos de freno y calipers Stillen y nunca intentaron averiguar su velocidad máxima. “Una vez llegué a 232 km/h y preferí soltar el acelerador”, confiesa el hombre. “Las rutas no son suficientemente seguras para ir a fondo”. Víctima de la tentación permanente, Chris suele pensar que su tuning está terminado pero entonces ve algo en la calle que le gusta y de inmediato quiere incorporárselo a la coupé. De ahí que el proceso de reformas siga vigente y posiblemente no tenga final. El próximo gran cambio es un motor aún más poderoso y una transmisión acorde. Tal vez un 6 cilindros de 3.0 litros con turbos gemelos. El dueño no se conformará con menos de 450 caballos de fuerza. “Si pueden llámenme en un año”, nos amenaza. Y es la amenaza más seductora que podríamos haber escuchado. La industria automotriz alemana tiene muchos exponentes, y de los más variados. Algunos pueden disfrutar de las marcas más exclusivas tales como BMW, Mercedes-Benz, Porsche o Audi, aunque la mayoría utiliza todos los días la más popular, Volkswagen. Pero entre los dos extremos hay un punto medio. Solo uno. Está en Mar del Plata y no es otra cosa que un Volkswagen Gol con un sinfín de modificaciones que incluyen un trabajo en la trompa que de alguna manera lo acerca a uno de las marcas más codiciadas por quienes gustan de los autos. Néstor decidió modificar completamente el Volkswagen Gol Gris Urano que compró 0 km en 2004 porque, según su definición “siempre quise tener un auto personalizado”. Tan contundente es la definición como la cantidad de reformas que deja ver el pequeño exponente de la firma alemana. Nada es lo que era. Guardabarros, paragolpes, zócalos y espejos no guardan prácticamente nada de sus formas originales. Y como máximo exponente, un frente que impide reconocer el auto... La personalización comenzó, paradójicamente, con los elementos del interior. Una importante caja de audio fue lo que rompió el hielo y el puntapié inicial de una batería de trabajos casi interminable. Una vez que el audio del Gol comenzó a sonar tal como pretendía su inquieto dueño, llegó el turno del habitáculo, que predecedió a las extremas modificaciones de la carrocería. Completar los trabajos llevó alrededor de 2 años, y lo que más tiempo llevó fue modificar la trompa. “Lo más difícil fue el exterior en general y la trompa en particular, ya que la apertura se modificó totalmente”, resume Néstor, y agrega: “A la mayoría de la gente que lo ve en la calle o en exposiciones le gusta. Me suelen preguntar qué auto es y cuánta plata tiene encima”. A la plata que el Gol tiene encima actualmente, habrá que sumarle el valor de mercado de un kit de suspensión neumática, que será incorporado a la brevedad. Para quienes creen que la asistencia a exposiciones consiste en ir de acompañante del auto y nada más, y no se viven situaciones intensas... Néstor tiene una anécdota: ”En una exposición que se hizo en Mar del Plata, comencé a tirar fuego por el escape. Todos se juntaron alrededor del auto y en un momento comenzaron a gritarme los que estaban atrás, y a hacerme señas. Cuando bajé, porque todos me gritaban, me enteré que me querían avisar que el calor del escape había derretido el neón trasero. Yo no legué a hacer nada, porque cuando me enteré ya lo estaban apagando con un matafuego. Lo más raro es que el neón siguió andando como si nada.” Daniel es reincidente en esto de mostrar su auto en Pisteros. En abril de 2005 su Toyota Hilux fue tapa del número 6 de la revista acompañada por Jesica Cusnier, y ahora estuvo encantado de mostrar su nuevo chiche, un Golf GTI que combina una silueta sobria con una gráfica llamativa. A lo que se ve, se le agreaga la potente motorización propia del GTI, la incorporación de una válvula de alivio en el turbo y el escape deportivo Todo Caño. En resumen, un auto que llama la atención de todos, y que despierta la admiración de los entendidos. El auto cayó en manos de su actual propietario hace 1 año y le demandó bastante esfuerzo hacerse con él. En una agencia le avisaron que estaba por entrar un GTI y la ansiedad hizo que Daniel llamara religiosamente todos los días preguntando si podía pasar a verlo. Al cabo de 2 semanas llegó la respuesta positiva y -con las ganas de tenerlo incrementadas por la espera- cambió de dueño al instante. La primera modificación que recibió el Golf... fueron varias. Se trató de una serie de cambios que incluyó la incorporación del alerón, el alisado de la parrilla, el cambio de las ópticas originales por unas angel eyes, sus respectivas pestañas en chapa, y la instalación del sistema de apertura de puertas tipo Lamborghini. En primera persona, Daniel sigue enumerando los cambios, entusiasmado por nuestras consultas: “Después seguí con los paragolpes. Los alisé y le saqué el portapatente. Después llegó el ploteo, que pegó mortal porque es un camuflado fuera de lo común.” Hombre encargado de una gráfica, obviamente Daniel resalta su trabajo, llamativo y sobrio a la vez, que él mismo diseñó y que tapó por completo el azul original. El trabajo le otorga al Golf GTI un perfil muy agresivo y personal, pero sin caer en excesos. Con la autoridad que le otorgan dos autos con modificaciones extremas en su haber, el orgulloso dueño, sentencia: “Todo el trabajo llevó muy poco tiempo... unas cuantas semanas y ya. Es porque creo que las ideas unas vez que nacen, hay que plasmarlas en el momento. Ahora por ejemplo me está dando vueltas por la cabeza calzarle llantas de 18 pulgadas. Así que en cualquier momento...” Teniendo a mano el Curriculum Viate del hombre es cuestión, no sería extraño que la nota ya esté desacualizada por culpa del desembarco de las nuevas llantas. En cuanto a la repercusión que tiene el auto, Daniel afirma: “La gente se engancha y estoy muy contento porque es parte de mi trabajo. Lo que pasa es que gracias a la gráfica es imposible no mirarlo!!” “Qué bien me vendría una camioneta para trabajar”, pensaba Jonatan mientras contaba sus ahorros por décima vez. Hasta que un día hace dos años descubrió que el efectivo ya era suficiente. Fue corriendo a una concesionaria y la señaló sin dudar: una Volkswagen Saveiro blanca cero kilómetro modelo 2004 con motor Diesel de 1.900 centímetros cúbicos. “Deme esa”, le ordenó al vendedor del local. Y se volvió a su casa manejando. Seguramente te preguntarás dónde habrá quedado aquella camioneta. Bueno, la tenés delante de tus ojos en este mismo momento. A nosotros nos pasó igual, no te preocupes. Sentimos tanto desconcierto como vos y eso que estamos curtidos en lo que a tuning respecta. Viajamos rumbo a Chajarí, provincia de Entre Ríos, para aclarar el asunto con el joven dueño del vehículo. Jonatan nos recibió con esa inconfundible hospitalidad de la gente del interior. Tiene apenas 19 años y un amigo cuyo Renault Megane quedó retratado en las páginas de Pisteros del mes pasado. El particular mundo de las personalizaciones le es familiar hace rato. Ahora se cobró con su Volkswagen una nueva víctima. “Siempre me gustaron las Saveiro brasileñas tuneadas”, explica. “En Argentina son pocos los vehículos de este tipo que están reformados. Ahí les doy el que para mí es el punto más fuerte de la camioneta: la originalidad. No es lo mismo que modificar un auto súper popular, de esos que ves uno en cada esquina”. Los cambios empezaron tímidamente: primero las llantas y después el habitáculo con capacidad limitada a sólo dos ocupantes. Allí se destacan el torpedo, pintado de negro y plateado, y varios accesorios de audio posicionados estratégicamente para acompañar a la unidad principal Kenwood con reproductor de MP3. Detrás de las butacas hay dos woofers Pioneer de 12’’. Cuatro tweeters y cuatro medios fueron distribuidos entre el parabrisas, el sector posterior de los apoyacabezas y la parte inferior delantera del vehículo. El resto ocupa la mitad de la caja y está formado por cuatro woofers de la marca Selenium. “Quiero mejorar la presentación del sistema de sonido en ese sector, hacer algo en fibra. También agregar parlantes. Una vez cumplidas esas prioridades voy a implementarle suspensión neumática, alisar el portón trasero y cambiar el alerón actual de aluminio”, adelanta el perfeccionista dueño. “No tengo drama en admitirlo: vivo para la camioneta y a esta altura perdí la cuenta de lo que llevo invertido en ella. Sin embargo la uso, aunque sufro como un condenado cada vez que por mi trabajo tengo que ir al campo. Lo que más me cuesta es evitar que toquen los paragolpes”. Jonatan hace silencio. Nos tomamos unos minutos para recorrer el tuning con la vista. La suspensión reducida lo acerca al suelo y la pintura de la carrocería le proporciona un gesto sombrío. Es negra, pero con partes de un degradé que va del blanco al rojo intenso pasando por un amarillo anaranjado. Calcos cromados completan el cuadro.. El trabajo se hizo rápido, fueron seis meses a todo trapo. Uno de esos amigos de fierro se dio maña con el grueso de las modificaciones y hubo mucho asado de por medio. “Me sorprendió la velocidad del proceso porque soy muy quisquilloso”, cuenta el dueño. “Les doy un ejemplo: los paragolpes. Había comprado máscaras, las coloqué sobre los originales y no me gustó el resultado. Hice que las sacaran para reemplazarlas por las actuales. Ahora tengo que resolver otro problema, porque la tapa trasera toca ese paragolpes y no abre del todo”. ¿Para cuándo el motor, tan estándar como el día que salió de fábrica? Tal vez Jonatan tenga miedo de pasarse de rosca con los asados de su amigo y terminar perdiendo la figura. Personas como él no descuidan ningún detalle. En julio de 2005 Manuel decidió pasar por la concesionaroa Volkswagen de su ciudad –San Antonio de Areco- para adquirir un vehículo que lo ayudara a cumplir sus tareas de encargado de mantenimiento. Pero a fuerza de reformas, la Saveiro plateada elegida no tardó en tramitar su jubilación. Así cambió pesadas jornadas de trabajo por regocijantes presentaciones en exposiciones. El trabajo de personalización, aún en curso, empezó con un inocente cambio de espejos retrovisores. Ese tibio comienzo fue el puntapié inicial de la pasión de Manuel, que de a poco fue revisando los planes iniciales. En 1 año y 9 meses muchas jornadas de trabajo fueron depositadas en la integridad de la Saveiro, entre las cuales se destacan las dedicadas a los paragolpes. En primera pesona, el dueño rememora aquellos días : “Debido al nivel de detalle que le quise dar al trabajo todo costó mucho, pero lo más difícil de modificar fueron los paragolpes. Sin dudas.” El nivel de detalle del que habla Manuel queda evidenciado en cada centímetro cuadrado del pequeño utilitario. Cada elemento agregado, quitado o modificado forma parte de un todo cuidado y prolijo, que muestra a las claras que cada mutación llevó tiempo y esfuerzo. Gracias a eso la Saveiro se destaca en las exposiciones a las que aisiste y logra sobrsalir entre los exponentes de su segemento, cada vez más comunes en el mundo del tuning. Eso, alimenta el ego de Manuel: “La gente se asombra cada vez que la tiene cerca. Le gusta mucho y me felicitan por el trabajo”. Las modificaciones se verán incrementadas en un corto plazo, debido a las intenciones del propietario de uno de los vehículos más admirados de San Antonio de Areco: “El trabajo todavía no terminó. En un futuro inmediato la caja, que ahora tiene capacidad de carga, pasará a estar ocupada 100% por audio. Pero eso no será todo. Además de lo relacionado con el audio, la Saveiro pasará a tener turbo y suspensión neumática.” Cerrando la entrevista con un entusiasmado Manuel, llegó el momento de escuchar la anécdota más jugosa que el dueño vivió con su Saveiro: “Viniendo de una expo en Entre Ríos me pararon en un puesto de gendarmería y yo creí que era porque no tenía puesta la patente delantera. Pero por suerte era sólo para ver la camioneta. Les quise dar lo papeles y nunca me los aceptaron... estaban muy ocupados mirando y fotografiando la camioneta...” El Palio circulaba por las calles de la localidad de Maipú tan original como lo habían concebido en el año 2000 hasta que su dueño, un inquieto empleado llamado Dante, comenzó a empaparse con las novedades del mundo del tuning recorriendo diferentes sitios especializados, comprando revistas y visitando exposiciones. Según su definición eso lo fue “cebando” y el desembarco del Fiat en un taller especializado fue el lógico final... Las líneas y las bondades del Palio siempre le cayeron bien a su dueño, que le otorgó su aprobación apenas el modelo pisó las calles y rutas argentinas: “El auto lo tengo desde 2004. Es un modelo que siempre me gustó. Es chico pero tiene todo: es ágil, por el tamaño exterior que tiene ofrece un espacioso interior y cuenta con un baúl que soporta una respetable cantidad de audio, además de recibir bien las modificaciones”. Con la decisión de la personalización ya tomada, los cambios empezaron por la trompa: “Lo primero que le modifiqué fue el capot. Pero en ese mismo momento conocí el taller de Gustavo Monteleone y en poco más de 2 meses lo transformó completamente”. Los trabajos incluyen la reducción de la altura de las suspensiones, el reemplazo de las llantas originales, la modificación de ambos paragolpes, cambio de color, mucho trabajo en el interior y la incorporación de varios elementos de audio. Pese a que los comienzos no fueron fáciles, porque el reemplazo del capot significó mucho trabajo, Dante no se desmoralizó y le puso muchas energías a la concepción de la toma de aire del techo estilo rally, que también presentó dificultades. Luego los trabajos se presentaron algo más sencillos, y eso no hizo más que alentar más modificaciones. Algunas de ellas ya fueron cristalizadas, mientras que para ver algunas habrá que esperar aun poco: “Para 2007 el objetivo que me tracé es remover los asientos traseros y reubicar el audio existente, al que se le agregará algo más...”, sintetiza este fanático del audio que prefiere no entrar en mayores detalles en cuanto al futuro equipamiento, tal vez para sorprender en futuras exposiciones, a las que eventualmente asiste como expositor, pero siempre como fanático de los autos en general y del tuning en particular. No fueron las revistas de tuning. Pisteros no tuvo nada que ver con esto. Tampoco la televisión, ni los amigos, ni las exposiciones que a veces aterrizan en las provincias del litoral. El Renault Laguna 1997 de Sergio luce así gracias a (o por culpa de) un perro trasnochador que caminaba distraído por la ruta. Pobrecito: nadie le había dado jamás consejos sobre seguridad vial. El dueño del auto regresaba de Oberá y se lo encontró donde menos lo esperaba. Nada pudo hacer para esquivarlo; el accidente se produjo en una curva. Pasado el susto del momento vino la bronca. Chocar de frente contra un animal a alta velocidad no deja muy pintoresca la parte de adelante de ningún vehículo. Para colmo, hacía unas pocas semanas que el hombre de 22 años había comprado el Laguna. Tuvo que resignarse y llevarlo sin chistar hasta el taller de un amigo. Dicen que no hay mal que por bien no venga. Durante esos días en los que estuvo a pata, Sergio recordó su experiencia de personalizar sutilmente aquel Renault 21 que fue suyo en otros tiempos. “Me pregunté ‘¿por qué no?’ De cualquier manera tenía que arreglar el auto y podía aprovechar el aprendizaje del 21 para no repetir los mismos errores”, explica. Y así fue. De buenas a primeras, la pequeña reparación se transformó en una remodelación de seis meses que comenzó por sustituir las llantas de fábrica, colocar un alerón de aluminio y faros a medida. “Como trabajo todo el día -dice Sergio- no tuve demasiado tiempo para estar encima del Laguna. Siempre que podía me escapaba al taller, pero la mayor parte del seguimiento la hice de noche. Todavía no puedo creer que hace siete meses, cuando lo compré, el Renault estaba completamente original”. Como sale a pasear incluso aunque llueva a cántaros, el joven tuning ya es un clásico de L. N. Alem, en Misiones. Todos vieron pasar al menos una vez su carrocería pintada de gris y negro, decorada en vinilo con los colores de la bandera de Alemania. “Elegí ese motivo porque las modificaciones están hechas imitando el estilo del DTM, el Turismo Alemán. Eso se nota, por ejemplo, mirando el kit de fenders que hice colocar para agrandar los guardabarros. Hubo que ensancharlos sí o sí para que no tocasen las nuevas llantas de 18’’. También compré un kit de suspensión que dejó al auto bastante planchado contra el suelo. El tema de las puertas, que se abren a la manera de Lamborghini, fue realmente un parto. Me cansé de buscar el kit para el Laguna, era imposible encontrarlo. Al final terminé comprando otro y perdimos una semana entera en modificarlo para que quedara bien. Si piensan que se me terminó la paciencia están muy equivocados. Quiero hacer de nuevo todo el interior, implementarle suspensión neumática y un turbo en el motor de 2.000 centímetros cúbicos y 16 válvulas”, concluye el dueño. Por más potencia que le agregue y pinta que tenga a DTM, el Renault de Sergio no conseguirá buenos resultados en ninguna pista mientras conserve su colosal equipamiento audiovisual. El baúl alberga casi 400 kilos de sonido pensado para competir en ese rubro. Unificada al resto del auto y cubierta con cuero de color claro, la caja no perjudica la estructura del vehículo pero sí su rendimiento en salida y velocidad. Por el lado del video, un reproductor Booster de DVD envía la señal a tres pantallas: la de 8’’ colocada sobre el torpedo, la de 7’’ entre los asientos delanteros y la de 15’’ alojada en el baúl. Con tamaño despliegue, sinceramente dan más ganas de encender los equipos al costado del camino que de acelerar el Laguna a toda velocidad.

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