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poteselaesca

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Primer post: 23 sept 2013Último post: 26 ene 2016
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Spider man 2 Crossover Screen junkies y Cinemasin
HumorporAnónimo9/6/2014

Un pequeño cambio de papeles para estas dos series de Youtube que se dedican a criticar peliculas en su peculiar forma. Esta vez lo hicieron en la forma del otro. link: https://www.youtube.com/watch?v=6cWS-E1utN4 link: https://www.youtube.com/watch?v=H53183mVc2o Disfruten.

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Verano porteño [ciencia y humor]
Verano porteño [ciencia y humor]
HumorporAnónimo1/21/2016

Verano porteño FACUNDO ALVAREZ HEDUAN el 18 enero, 2016 a las 09:32 Todos tenemos una estación favorita. No hablo de transporte público. Que sí, podés preferir Plaza Italia porque fue ahí donde te animaste a bajarte y decirle ‘Hola. No sé qué decirte’ a ella, absoluta desconocida con quien venias intercambiando ‘Mirame, mirame, mirame. No me mires’ desde Catedral y con quien hoy comparten a los pequeños Noah y Camila, a Anouk, un perro tan hermoso como torpe, y una hipoteca que te persigue hasta en los sueños, pero qué linda quedó la casa. También podés preferir Adrogué, no tanto por su capacidad de generar historias de amor llenas de lugares comunes, sino por su increíble y singular baño. Pero no, hablo de las estaciones del año. En el debate respecto de cuál es la mejor época de nuestro recurrente ciclo de 365 días, las aguas se dividen en dos grandes grupos antagónicos: La Banda del Invierno (LBDI) y La Banda del Verano (LBDV). Como autor de esta nota, científico y pregonero militante de la importancia del pensamiento crítico y objetivo, por supuesto que debo abstenerme de tomar una posición definida en esta polarizada trifulca histórica. Sólo me limitaré a decir que los de LBDV son peores seres humanos. Ojo, no tengo nada en contra de ellos. De hecho, tengo un amigo de LBDV. O muchos. O todos. Y todos viven equivocados, según mi ahora no tan científica opinión. En esta nota y las subsiguientes, me dispongo a tirar toda la ciencia al asador con bastante chimichurri subjetivo para tratar de justificar mi militancia por LBDI, en una serie de artículos que llamaremos coloquialmente ‘LBDV LTA’. Primero que nada, inspeccionamos un segundo los argumentos canónicos de los integrantes de LBDV: -Tetas: Obvio, aguanten las tetas (o el equivalente de atracción con el que cada uno se sienta identificado). Pero, si tenés que esperar al verano para ver un par de centímetros cuadrados más de pecho femenino, yo revisaría mi comportamiento durante el resto de las estaciones. -Vacaciones: claro, porque siempre peor es laburar, a menos que te guste tu trabajo. Descansar está buenísimo, pero también procurar ser feliz más de 15 días al año. –Calor: la última, la peor, la más terrible, la que nos compete para esta nota. CALOR, la kriptonita del porteño. ¿Cómo puede un ciudadano de Buenos Aires o de cualquier pedazo gigante de asfalto humeante y cemento erguido disfrutar de las altas temperaturas? Y ni siquiera. Porque cuando aparecen esos días de calor insufrible y empezás a increpar a todo aquel que porta carnet de LBDV, al toque confiesan que también la están pasando mal; dudan de su identidad pro-veraniega y ahora resulta que nadie lo votó. O sea que, al final, en mayor o menor medida, a partir de cierta temperatura externa, todos nos cagamos de calor. Diferencias aparte, hay algo que siempre me llamó la atención: ¿por qué, si nuestra temperatura corporal es de 37 °C (más precisamente, 36.7), cuando la temperatura ambiente se acerca a ese nivel aparecen los ventiladores, los abanicos (no juzguen), los aire acondicionados, las musculosas, los vestiditos (acá, hay que decirlo, punto para LBDV) y nasganas de estar sumergido en cualquier cuerpo de agua ya sea mar, río, pelopincho, ducha, manguera o fuente? Cuando hacen 33 °C, ponele, ¿no deberíamos tener frío en vez de estar pasándola horrible? ¿O cómo puede ser que nos banquemos temperaturas externas más altas que nuestra temperatura corporal? Y, lo más importante, ¿DE DÓNDE SALEN LOS CAPRICHOSÍSIMOS 36.7 °C? A FUEGO LENTO Como toda historia que vale la pena, la cosa arrancó en un sauna. Allá por 1775, un científico inglés llamado Charles Blagden andaba caliente (risas grabadas) con la idea de entender cómo respondían las cosas vivas a las altas temperaturas. Entonces hizo lo que cualquiera hubiera hecho: agarró un perro, un churrasco, dos huevos y se metió dentro de una suerte de super sauna construído para la ocasión. Durante unos 45 minutos, este singular grupo estuvo sometido a temperaturas de hasta 127 ºC. El tipo salió ileso, y el perro ponele que también. Pero el resto del grupo estaba listo para servirse. Con un experimento simple (y border), Charles había podido verificar que, evidentemente, el pichicho y él, animales vivos, tenían la capacidad de controlar de alguna manera su temperatura para no cocinarse como había sucedido con la carne inanimada. LA CARNE ES DÉBIL Si lo pensás, somos insoportablemente quisquillosos en nuestra tolerancia a la amplitud térmica. La realidad es que el rango de temperaturas en el que la pasamos bien es muy escueto, lo que nos vuelve unos verdaderos termoflojos. Pero ojo que tampoco somos los únicos. Si te ponés a analizar a lo ancho del planeta, la mayoría de lo vivo conocido habita en lugares donde las temperaturas no superan los 50 ºC ni se van muy por debajo de los 0 ºC, en un Universo en el que las temperaturas van desde -273 ºC hasta miles de millones de grados –otra enorme razón para cuidar un cacho más casita–. Este sutil rango en el que podemos existir tiene que ver con lo que nos forma y nos hace funcionar, y con su historia. Estamos hechos, entre otras cosas, de proteínas. La manera en que estas moléculas se pliegan en el espacio y adquieren su estructura tridimensional depende de la temperatura. Por arriba de cierto umbral, la proteína empieza a ‘desarmarse’ (decimos que se desnaturaliza) y ya no puede cumplir fielmente su rol estructural. Pero el problema arranca antes, porque las proteínas no sólo son los ladrillos fundamentales que nos forman, sino que muchas de ellas son enzimas, jugadoras clave cuya función es catalizar (apurar, digamos) el sinfín de reacciones químicas que ocurren permanentemente en todas nuestras células. La velocidad de estas reacciones enzimáticas también varía drásticamente con la temperatura (aumenta algo así como 2 o 3 veces cada 10 grados), por lo que una pequeña diferencia térmica te puede descalabrar con facilidad todo la jodita de estar vivo. Tiene sentido entonces que existan mecanismos por los cuales podamos enfriarnos (liberar calor) para mantener nuestro interior a una temperatura fisiológica copada. ¿Ahora viene la parte en la que develamos por qué ese sutil rango de temperaturas corporales entre 36 y 40 °C que tiene la mayoría de los mamíferos no está ni en el barrio de la temperatura ambiente en la que estamos cómodos? Nop, pero vamos a hablar de transmisión de calor entre cuerpos. RAWR. ME QUEMAS CON LA PUNTA DE TUS DEDOS Una consecuencia de la segunda ley de la termodinámica es que el calor se transmite de un cuerpo más caliente a uno más frío (pensemos en el órgano de sentarse buscando estufa durante el invierno o en alguna relación que no recordemos con cariño). Hay diferentes formas en las que nuestro organismo puede perder calor. Cuando estamos en contacto con algo, por ejemplo, el calor se transmite por conducción, y cada material es diferente en su capacidad de transmitir el calor. Por eso amamos andar en patas sobre la cerámica en verano, pero elegimos la alfombra en invierno. La cerámica es mucho mejor conductora de la temperatura que la alfombra y por eso al pisarla le transferimos rápidamente cierta cantidad de calor (porque su temperatura es menor que la nuestra), dando la sensación de frescura. Otro gran conductor térmico es el agua, sobre todo en comparación con el aire. Por eso puede pasarte que afuera de la pile hagan unos hermosos 24 °C, pero una vez adentro ya no se sientan tan hermosos, a pesar de que la temperatura del agua sea la misma que la del aire. Y ni hablar del experimento doble que todo hombre ha transitado alguna vez, ese de comprobar la excelente velocidad de conducción térmica del agua y la capacidad que tienen los cuerpos para modificar su tamaño con la temperatura. Otra forma de perder calor es por convección, que ocurre con cada brisa salvadora. El aire fresco reemplaza al aire cercano a nuestra piel caliente (todo re 50 Sombras). El aire nuevo vuelve a ser calentado por nosotros hasta la siguiente brisa, y así. Lo que hacen el pelo y la grasa en muchos animales y el pulóver y la mantita en nuestro caso es minimizar ese proceso, cosa de conservar el calor cuando hace frío. Además liberamos calor en forma de radiación. Como todo objeto caliente, nosotros estamos permanentemente emitiendo energía infrarroja, que es una forma de energía electromagnética; como la luz, pero que no podés ver salvo que tengas una cámara especial, seas una serpiente o un coso horrible tratando de cenar a Arnold. También absorbemos energía infrarroja proveniente del Sol. Los materiales negros absorben este tipo de energía, mientras que los blancos la reflejan, por eso es importante vestirse de blanco si vamos a andar bajo el Sol; tiene sentido y funciona, ¿no? Masomenos, porque la intuición es medio un arma de doble filo, y quizás pueblos nómades como los Tuaregs, habitantes legendarios del Sahara profundo, no usan turbantes negros porque les pinta rostizarse, sino que tiene algún tipo de explicación. Es cierto que la ropa blanca refleja la radiación infrarroja del Sol. El problema es que también refleja la radiación que nosotros mismos emitimos por el calor que genera nuestro metabolismo. El blanco, histórico aliado de verano, puede traicionarnos a través de un espejito rebotín termodinámico. ¿Qué onda entonces? ¿Qué me pongo para el casamiento de Luli y Gastón, que decidieron celebrar su amor con una original ceremonia en Atacama? El secreto está en el viento (gran nombre para un disco de Abel Pintos). Si no hay corrientes de aire, conviene usar blanco, ya que en la batalla entre la radiación del Sol que evitamos absorber y la propia que nos vuelve, el saldo da que efectivamente el blanco nos va a mantener más frescos. Pero, si usamos negro y hay una brisa permanente que pueda llevarse el calor que la ropa absorbe (tanto del Sol como de nuestro cuerpo), contra toda intuición, nos va a mantener más frescos la ropa negra. Parece que, al final, el metalero emo darky lavidaesdesgarradoraestátodomal tiene un punto (hay que aclarar de todas formas que la capacidad que tiene un material de absorber o reflejar la radiación infrarroja depende también de otros factores). La última forma de liberación de calor corporal, que vamos a tratar mejor en la próxima notadenuncia contra LBDV, tiene que ver con la transpiración. Básicamente y por sus características químicas, el agua, cuando se evapora, se lleva consigo una bocha de calor, lo que permite disminuir la temperatura del cuerpo. Ahora, ¿todos los bichos tienen esta necesidad/capacidad de andar revoleando su calentura? A SANGRE FRÍA En cuanto a su comportamiento térmico, podemos dividir a los organismos en dos grandes grupos: los ectotermos (ecto = afuera), cuya temperatura corporal depende de la temperatura externa; y los endontermos (endo = adentro), que pueden generar suficiente calor metabólico como para no depender de la temperatura del ambiente. La mayoría de los peces, los reptiles y los anfibios son ectotermos. Por eso si agarrás una serpiente (porque es re común ir por ahí agarrando serpientes), la sentís fría. No es que estos bichos tengan sangre fría, sino que su temperatura corporal en general va a ser menor que la nuestra, y por eso los sentimos fríos, como que el cocodrilo ya no te mira como antes. Estos animales, sobre todo los terrestres, tienen que andar de acá para allá buscando el Sol o escapando de él y así mantienen su temperatura dentro de un rango fisiológico copado para sus procesos metabólicos durante el día. La buena es que ahorran bocha de energía porque no necesitan generar su propio calor. La mala es que están a merced de lo que pase afuera y tienen que andar produciendo cambios bioquímicos (por ejemplo, modificar la composición de las membranas de sus células) o comportamentales (más o menos sol) en respuesta. ARDE, PUPPY Más tarde aparecimos nosotros, los endotermos. Y cuando digo ‘nosotros’ me refiero no sólo a los mamíferos sino también a las aves (y muy pocas especies de reptiles, peces e insectos). Lo loco es que mamíferos y aves tenemos antecesores diferentes. Nosotros (ahora sí, los mamíferos), pertenecemos al grupo de los sinápsidos, mientras que los pájaros pertenecen al grupo de los arcosaurios (que incluye a los cocodrilos y los dinosaurios). Esto quiere decir que todo el asunto este de generar calor propio apareció en la evolución al menos dos veces de manera independiente. Pero tiene que haber alguien (bueno, algo) que corte el bacalao de la regulación térmica, que diga ‘Está infumable afuera. Movete, cuerpo’, y es un movete literal, en términos de modificar un comportamiento (salir del Sol, hidratarse, etc.); pero también implica desencadenar una batería de respuestas para eliminar calor. Este termostato es el hipotálamo, una región fundamental del cerebro que controla un montón de cuestiones, entre ellas, la temperatura del cuerpo. El hipotálamo recibe e integra información de los receptores de temperatura distribuidos por todo el cuerpo y la compara con un valor de referencia para activar (o no) las respuestas correspondientes. Pero además el hipotálamo mismo tiene células capaces de sensar la temperatura de la sangre que circula cerca suyo. Si ponemos a un bicho (o a una persona) en una habitación con una temperatura elevada y le enfriamos de alguna manera sólo el hipotálamo, el tipo va a dejar de transpirar. Sería un golazo tener esta posibilidad durante esas fulminantes mañanas de verano en el subte para no llegar impresentable al laburo (imagino que la gente de LBDV nunca laburó en microcentro, si no, no se explica). También sería bastante peligroso porque, claro, nos sobrecalentaríamos. Cuando el valor sensado por el hipotálamo es mayor a el valor de referencia, aumenta la transpiración y la irrigación de sangre hacia la superficie de la piel, de manera que haya mayor intercambio de calor con el exterior y así lleguemos al laburo colorados y empapados, pero vivos. Los caballos y nosotros transpiramos a través de todo el cuerpo. Pero los perros, por ejemplo, lo hacen a través de las patas y además expulsan calor de su cuerpo evaporando saliva a través del jadeo. Todos alguna vez fuimos víctimas de una mascota que nos demuestra su amor y calor a través de su exquisito aliento. Hay una correlación interesante y frecuente entre la cantidad de superficie expuesta de un animal y el clima en el que habita. Una mayor superficie expuesta implica un mayor intercambio de calor con el exterior. Un ejemplo hermoso es el del zorro fenec, con domicilio en el desierto del Sahara y posible hijo no reconocido de Yoda, en comparación con el zorro del ártico. l tema es que a los endotermos no nos regalan nada. Producir calor hace que tengamos una tasa metabólica mucho mayor que los ectotermos. Y, cuanto más chiquito el bicho, más caro le sale, porque tiene una mayor relación superficie/volumen, lo cual lo hace más susceptible a perder calor. Es por eso principalmente que mamíferos chiquitos como los roedores tienen un metabolismo super manija, a diferencia de los mamíferos más grandes como nosotros, y ni hablar un elefante. Una alta tasa metabólica implica un mayor requerimiento energético, razón por la cual tu cobayo come como si no hubiera mañana. Los pájaros la tienen todavía más jodida ya que su temperatura corporal normal es más alta que la nuestra (40-42 °C) y encima no pueden andar llevando mucho morfi encima porque acá no vuela nadie. Por eso tienen que comer todo el tiempo, para luego arruinarte la camisa apenas salías del subte, que de todas formas ya tenías que lavar. Un pájaro come por día algo así como el 30% de su peso. Es como si nosotros comiéramos unos 20 Kg de comida por día. No llegaríamos al verano ni a palos, lo cual, a juzgar por su hostilidad, no parece tan grave. 36.7 Ahora, siendo el calor del día tan barato y con lo lindo que es tirarse a lagartear al Sol como buen ectodermo, ¿por qué la evolución habría seleccionado a estas angurrientas máquinas de generar calor? Bueno, hay varias ventajas, pero probablemente la más importante sea justamente la capacidad de poder prescindir del calor del día y salir a romper la noche (o sea, comer y reproducirse) sin temor a que te cene un reptil, bicho predominante en la época en la que aparecieron los primeros mamíferos. Además, no depender exclusivamente de la temperatura externa permitió conquistar climas menos copados, con temperaturas bajas durante casi todo el año. Una posible explicación evolutiva que justifica el sutil rango de temperaturas corporales de la mayoría de los endodermos actuales (entre 37 y 40 grados) es que, en una ancestral Tierra hot, los ectodermos tenían temperaturas corporales que andaban por ese barrio y que, cuando apareció la endotermia, los organismos capaces de mantener esa temperatura corporal se vieron favorecidos, ya que toda la maquinaria de enzimas y las membranas celulares estaban adaptadas a esas temperaturas. Otra posibilidad es que tener una temperatura corporal más elevada en un clima más cálido implicaba tener que eliminar menos agua a través de evaporación. Pero todo esto sigue siendo bastante especulativo, y encima no nos dice mucho del por qué, POR QUÉ, nuestra temperatura corporal normal está tan finamente sintonizada cerca de los 36.7 °C. Por suerte, en 2014 unos muchachos de EEUU publicaron un estudio que le quita bastante misterio a este asunto. A partir de un trabajo suyo previo en el que vieron que la cantidad de especies de hongos que podía crecer en un animal disminuye un 6% por cada grado de temperatura, decidieron generar un modelo de cómo se relacionaba esa característica con el costo de mantener distintas temperaturas corporales (en términos de consumo de alimento), y EL RESULTADO TE SORPRENDERÁ: Los tipos encontraron que la mejor relación entre la cantidad de especies de hongos eliminadas y la cantidad de calorías consumidas (lo que llaman fitness), se da cuando la temperatura es de, adivinen, 36.7 °C. O sea que nuestra temperatura corporal es lo suficientemente alta como para eliminar un montón de especies de hongos potencialmente patógenos, pero lo suficientemente baja como para no tener que andar todo el día atacando la heladera. Ahora entendemos un poco mejor por qué defendemos a capa y ventilador esos dichosos 36.7 °C. CAPULETOS Y MONTESCOS Somos el resultado de millones de años de prueba y error, de iteraciones que se fueron seleccionando a partir de cambios en el ambiente, en el clima, en lo que comemos y en lo que nos come. Llegamos a ocupar más lugares que cualquier otra especie y también modificamos ambientes y climas como ninguna otra. Hoy estamos acá, abrumados de cemento caliente, húmedo, usando todas las herramientas que nos dio la evolución –y la tecnología, aire acondicionado TKM– para enfriar a estas máquinas complejas, delicadas y meticulosas que somos. Un equilibrio tan frágil y sutil que cuesta entender, al menos en una ciudad como Buenos Aires, cómo podemos estar rodeados de seres que cada año esperan ansiosos la llegada de esta termotortura estival. Estimados amigos de LBDV, los quiero mucho pero, posta, no logro comprenderlos. PD: ¿Alguno con pileta? ¿Sale asadito el domingo? En el próximo capítulo de LBDV LTA: sudor, el asesino silencioso del bondi. http://publicdomainreview.org/collections/experiments-and-observations-in-a-heated-room-1774/ http://mbio.asm.org/content/1/5/e00212-10.full?sid=3927b57a-d112-452b-bbce-e1e1f4743e1d http://faculty.weber.edu/jcavitt/OrnithologyMaterials/Coatcolorinanimals.pdf https://www.physicsforums.com/threads/why-do-bedouins-wear-black-robes.65287/ Biología. Curtis H., Barnes S., Schnek A. y Massarini A. (2008) 7ª Edición. Editorial Médica Panamericana.

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Mentime que me gusta [Ciencia y Humor]
Mentime que me gusta [Ciencia y Humor]
HumorporAnónimo1/25/2016

Mentime que me gusta DARDO FERREIRO el 24 enero, 2016 a las 23:46 Te bajás del avión. Hace rato que no estabas en casa. La brisa del río trae el olorcito a bondiola de la Costanera. En el primer parlante que te cruzás suena la aplanadora del rocanrol y, como si eso fuera poco, el oficial de migraciones mira la foto de tu pasaporte y te dice ‘Bienvenido, ¡estás igual!’ en perfecto castellano. Se te pianta un lagrimón. Sentís que volviste a ese lugar hermoso en donde todo es como a vos te gusta; todo encaja y tiene sentido. Al toque te cruzás con tu ex, te ponés a discutir de política con un tachero o escuchás por ahí una conversación sobre que los zurditos esto y aquello. Algún triste evento de ese tipo te pega un patadón mental que te contextualiza y te hace escuchar la vocecita interior que te devuelve a la realidad para mostrarte que, claramente, estabas idealizando. Esa tanguera manera de ver la vida, en la que la adolescencia fue una época linda y tranquila, el barrio era perfecto, aquella novia no parecía tan arrancacorazones y el presente siempre pierde al compararse con el pasado, es una forma de definir la nostalgia. ¿Será que idealizar el pasado y modificarlo un poco para que quede más piola cumple alguna función en nuestras vidas, además de vencer el dique del lagrimal de vez en cuando? Hay estudios psicológicos al respecto que comparan sujetos a los que se les induce la sensación de nostalgia (por ejemplo, mediante la escritura y reflexión de eventos autobiográficos), y sujetos a los que se les pide que escriban sobre un evento ordinario y cotidiano. Al evaluar estos dos grupos, el grupo melanco muestra mejor humor, menor pena existencial y aburrimiento, y disminución de la sensación de soledad, entre otras cosas. Si en el fondo parece que nos hace bien, entonces quizás no sea tan malo retocar nuestros recuerdos. Pero, ¿quién dijo que la edición de memorias sólo adorna para mejor? Si nuestra maquinita editora de memorias cerebral puede agregarles unas gotas de esencia de vainilla por acá y una cereza por allá a nuestros recuerdos, quizás también sea capaz de ponerle vinagre a la cerveza. Incluso esta edición podría no ser sólo un condimento sino proporcionarnos un plato entero. Quizás el hecho realmente ocurrido, en el cual se basa nuestra memoria, sea simplemente el recipiente donde nuestro editor fabrica una jugosísima ensalada de frutas. O sea que algo que estamos seguros de que pasó puede no tener casi nada que ver con la realidad. Este proceso de retoque de la memoria es algo que se ha demostrado que puede ocurrir cada vez que un recuerdo se activa, comúnmente llamado reconsolidación, que es lo que sucede cuando evocamos algo y, después de traerlo de vuelta y jugar un ratito, lo volvemos a guardar. En la vida cotidiana, la activación, edición y almacenamiento de la memoria alterada es lo que nos permite asociar cosas, aprender, modificar la información asociada a un concepto, lugar o hecho. En casos menos cotidianos –y más imaginativos–, esto mismo podría presentarse como un mecanismo generador de la sensación de déjà vu. En situaciones más complicadas podría ser responsable de delirios, síntoma propio de la psicosis. O, incluso, uno podría imaginarse una situación en la cual el testigo de un crimen identificase a la persona equivocada como el perpetrador, con total convicción de que ese muchachote pelirrojo sentado en el banquito de los acusados es el rubiecito autor del siniestro. En los ‘90, en EEUU, hubo un auge de acusaciones legales basadas en memorias traumáticas repentinamente recuperadas. El caso más famoso es el de un hombre que fue condenado a cadena perpetua luego de que su propia hija brindara testimonio en su contra. La flaca dijo que, en 1969, su padre había asesinado a una de sus amigas. Seis años después, cuando salió a la luz que esa ‘memoria’ había sido recuperada mediante una sesión de hipnosis y las nuevas pruebas de ADN no apuntaban hacia el padre, el tipo fue exonerado. Por suerte, casos como este no sólo dispararon el rating de los noticieros, sino que inspiraron estudios en psicología sobre la autenticidad de las memorias. O, dicho de otro modo, hasta qué punto podemos confiar en nuestros recuerdos. En una serie de experimentos, se les presentó a los participantes cuatro eventos de su infancia, producto de información colectada de sus familiares. Después se les pedía que escribieran lo que recordaban sobre las historias y se los entrevistaba posteriormente en dos oportunidades en el transcurso de hasta cuatro semanas. Lo que no se les decía era que, en realidad, sólo tres de los cuatro eventos realmente habían sucedido, y que uno era falso e igual para todos los participantes. La historia falsa estaba basada en detalles reales brindados por los familiares (como en qué barrio vivía de chico o con quién solía ir de compras), e implicaba haberse perdido en un shopping de pibe, llorar y, de la mano de un extraño, reencontrarse con su familia. De todos los participantes, el 25% ‘recordó’ haberse perdido en el shopping, incluso relatándolo en las entrevistas. Es decir, a un cuarto de los entrevistados se les había implantado una memoria falsa. La crítica más común a ese trabajo fue que, como es un evento creíble e inocuo, es fácil tragarse ese buzón. Pero fueron apareciendo otros estudios en los que las memorias implantadas eran, por ejemplo, casi morir ahogado y haber sido rescatado por un salvavidas, un ataque violento de un animal, o incluso haber presenciado una posesión demoníaca. Editar nuestras memorias es lo que nos permite relacionar cosas; es decir, aprender. Es una herramienta fundamental, un poder especial que nos trajo hasta acá a través de cientos de miles de años de evolución. Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Dudemos, que lo que a veces nos hace imaginar que todo tiempo pasado fue mejor, otras veces puede mandar en cana a alguien inocente. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/spc3.12070/abstract http://www.wildschut.me/Tim_Wildschut/home_files/Zhou%20et%20al%20final.pdf https://en.wikipedia.org/wiki/False_memory_syndrome http://www.law.umich.edu/special/exoneration/pages/casedetail.aspx?caseid=3221 http://users.ecs.soton.ac.uk/harnad/Papers/Py104/loftusmem1.pdf http://homepage.psy.utexas.edu/homepage/class/psy394U/Bower/07%20False%20Memories/Loftus%20Make-believe.pdf http://faculty.ucr.edu/~aseitz/pubs/Mazzoni_Loftus_Seitz_Lynn99.pdf

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De eso no se habla [Ciencia y Humor]
HumorporAnónimo1/26/2016

De eso no se habla ANDRÉS RIEZNIK el 22 septiembre, 2014 a las 09:30 Suele pasarme que encuentro encanto en ideas que a otros les parecen tristes y frías. La inteligencia artificial, por ejemplo, o el hecho de que nuestros pensamientos y comportamientos estén en buena medida determinados por nuestros genes. Esa última me parece una idea encantadora. Siento que me hermana con los otros seres humanos. No solo soy parte del universo, sino que el universo está en mí. También me gusta que existan expresiones universales de flirteo. Que vayas a donde vayas puedas chamuyarte una mina y que ella te chamuye a vos, aunque sea sólo a través del lenguaje universal de los gestos. Las similitudes amplifican las diferencias, que se vuelven sutiles, la hierba que da el encanto especial y su aroma distintivo a la receta de la vida de cada uno. En las milongas porteñas la generalidad de las expresiones de emoción y flirteo se observan noche a noche. A través del abrazo y su infinitud de posibilidades se gesta un lenguaje sutil que va mucho más allá del ‘te quiero dar’. Miles de personas de todas partes del mundo hablan al mismo tiempo ese lenguaje. (NOTA DEL EDITOR: Comienza lectura con voz de locutor de documental, yo hago Morgan Freeman, porque me place) Las milongas porteñas dan nacimiento a un fenómeno único en el mundo: el milonguero. Este particular bípedo puede vivir durante años o décadas muy felizmente, relacionándose serialmente con diferentes pares procedentes de latitudes distantes. En época de cosecha, como ellos dicen, puede llegar a estar con varias por semana. El tango es muy generoso con los hombres, se rumorea en el ambiente. La asimetría, el hecho de que prácticamente no haya milongueras llevando esa vida, llama a la reflexión sobre la naturaleza de lo femenino y lo masculino. (Finaliza el espacio de canal de cable) Le cuento a mi amiga Gaby mi reflexión. Me dice que tengo razón, que a las milongueras no les atrae eso de bajarse a un muñequito extranjero por semana. Pero algo nos hermana, me dice. A todos nos encanta bailar. Somos una banda de enfermitos. Miro alrededor, es domingo, son las 4 de la matina y La Viruta está repleta de bailarines. Gaby tiene razón. Me pregunto qué influye más en nuestro comportamiento. Si la oportunidad de ponerla o el amor al baile. ¿Cómo estudiarlo? O peor aún, ¿cómo estudiarnos? ¿cómo saber si somos conscientes de cuáles son nuestros sesgos a la hora de decidir que vamos a dormir tres horas para poder bailar una tanda más? El estudio de nuestras habilidades introspectivas a la hora de evaluar nuestro propio desempeño, o nuestros sesgos en la toma de decisiones, está de moda. Hace un par de años un grupo alemán llegó a un resultado sorprendente: personas con diferentes niveles de precisión introspectiva a la hora de evaluar su propio desempeño en una tarea dada (en ese caso reconocimiento y memorización de letras), tienen diferentes estructuras cerebrales. Más aún, esas diferencias se observan en la corteza pre frontal, región de marcado desarrollo evolutivo en seres humanos. Nosotros en la UBA trabajamos junto a ilusionistas profesionales para demostrar que somos ciegos, introspectivamente, a los sesgos que nos llevan a elegir por una carta u otra en un acto de magia. Y, para mi propia sorpresa, que me costó creer, mostramos que la dilatación de la pupila de una persona puede informarnos no solamente sobre su elección sino también sobre si se dio o no cuenta de la manipulación psicológica a la que fue sometido. Sí, sí, muy lindo, pero… ¿y los sesgos en eso que realmente importa? ¿Y si estudiamos nuestra precisión introspectiva a la hora de evaluar nuestras decisiones románticas y sexuales? Tres gauchos subversivos dieron el primer paso en esa dirección, pero ahí se terminó la caminata y no sabemos si o cuándo continuará. Una investigación relevante, exitosa, publicada y respetada, que caía bajo el peso de una opinión pública que dejó de leer el paper cuando llegó a ‘culos y tetas’, sin terminar de descubrir que el artículo estudiaba nuestra precisión introspectiva a la hora de evaluar nuestras preferencias a la hora de observar y reaccionar ante cuerpos femeninos. El resultado, el de que los argentinos somos culeros convencidos y conscientes, es anecdótico. Lo que no es anecdótico es cómo la forma en la que la ciencia se comunica en términos masivos tiene que ser llevada a cabo de la manera más responsable y menos amarillista posible, y ahí si fallamos todos. En la distancia entre el laboratorio y los medios, un mensaje se degradó hasta su núcleo más vacío, y la discusión se volvió sobre la arista que vendía más diarios, no sobre la tela de fondo, mucho más importante pero menos fluorescente. A los investigadores se los acusó de cómplices de la trata de blancas y fueron obligados a abandonar la investigación. Es que estudiar qué nos excita parece, por ahora, estar prohibido en la academia argentina. Quien lo haga será sometido al escrache público de una sociedad demasiado pudorosa como para asumir que se gaste tiempo y recursos en estudiar nuestras decisiones sexuales. En la Argentina, uno puede estudiar las plantaciones agrícolas en Tanzania en el siglo XVII, pero nada de estudiar y entender nuestras preferencias sexuales. Para empeorar las cosas, muchos creen que entender seducción, levante o sexualidad es embarrar la magia, quitarles la gracia. En estas esferas de la vida humana, la ignorancia es mejor al conocimiento. Sepamos todo de todo, menos de lo que nos hace, que el sexo es puertas adentro y la ciencia no se mete ni en la pieza ni en la cabeza, supongo. Una lástima. Por suerte existe toda una nueva onda de ciencia que intenta recuperar la pulsión más básica de la ciencia: aprender por transgresión. Tratar de entender un poco más eso que no entendemos, aún a riesgo de tocar lugares sensibles para todos, desde el que escribe el paper hasta el que lo lee. Así como podemos aprender sobre la vergüenza y el pudor, algún día conseguiremos que en Argentina un científico pueda estudiar culos, tetas, pijas y sexo sin que nadie se escandalice. Seremos, entonces, más libres. Porque hay ciencia en cada charla de café, en cada pregunta que nos hacemos y ya va siendo momento de dejarla florecer. Referencias Stephen M. Fleming, Rimona S. Weil, Zoltan Nagy, Raymond J. Dolan, Geraint Rees, Relating Introspective Accuracy to Individual Differences in Brain Structure, Science, Sep. 2010. Shalom DE, de Sousa Serro MG, Giaconia M, Martinez LM, Rieznik A, et al. (2013) Choosing in Freedom or Forced to Choose? Introspective Blindness to Psychological Forcing in Stage-Magic. PLoS ONE 8(3): Bruno Dagnino , Joaquin Navajas , Mariano Sigman, Eye Fixations Indicate Men’s Preference for Female Breasts or Buttocks, Archives of Sexual Behavior, August 2012, Volume 41, Issue 4, pp 929-937. http://scan.oxfordjournals.org/content/early/2012/10/29/scan.nss114.full

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Verano porteño [ciencia y humor]
HumorporAnónimo1/21/2016

Verano porteño FACUNDO ALVAREZ HEDUAN el 18 enero, 2016 a las 09:32 Todos tenemos una estación favorita. No hablo de transporte público. Que sí, podés preferir Plaza Italia porque fue ahí donde te animaste a bajarte y decirle ‘Hola. No sé qué decirte’ a ella, absoluta desconocida con quien venias intercambiando ‘Mirame, mirame, mirame. No me mires’ desde Catedral y con quien hoy comparten a los pequeños Noah y Camila, a Anouk, un perro tan hermoso como torpe, y una hipoteca que te persigue hasta en los sueños, pero qué linda quedó la casa. También podés preferir Adrogué, no tanto por su capacidad de generar historias de amor llenas de lugares comunes, sino por su increíble y singular baño. Pero no, hablo de las estaciones del año. En el debate respecto de cuál es la mejor época de nuestro recurrente ciclo de 365 días, las aguas se dividen en dos grandes grupos antagónicos: La Banda del Invierno (LBDI) y La Banda del Verano (LBDV). Como autor de esta nota, científico y pregonero militante de la importancia del pensamiento crítico y objetivo, por supuesto que debo abstenerme de tomar una posición definida en esta polarizada trifulca histórica. Sólo me limitaré a decir que los de LBDV son peores seres humanos. Ojo, no tengo nada en contra de ellos. De hecho, tengo un amigo de LBDV. O muchos. O todos. Y todos viven equivocados, según mi ahora no tan científica opinión. En esta nota y las subsiguientes, me dispongo a tirar toda la ciencia al asador con bastante chimichurri subjetivo para tratar de justificar mi militancia por LBDI, en una serie de artículos que llamaremos coloquialmente ‘LBDV LTA’. Primero que nada, inspeccionamos un segundo los argumentos canónicos de los integrantes de LBDV: -Tetas: Obvio, aguanten las tetas (o el equivalente de atracción con el que cada uno se sienta identificado). Pero, si tenés que esperar al verano para ver un par de centímetros cuadrados más de pecho femenino, yo revisaría mi comportamiento durante el resto de las estaciones. -Vacaciones: claro, porque siempre peor es laburar, a menos que te guste tu trabajo. Descansar está buenísimo, pero también procurar ser feliz más de 15 días al año. –Calor: la última, la peor, la más terrible, la que nos compete para esta nota. CALOR, la kriptonita del porteño. ¿Cómo puede un ciudadano de Buenos Aires o de cualquier pedazo gigante de asfalto humeante y cemento erguido disfrutar de las altas temperaturas? Y ni siquiera. Porque cuando aparecen esos días de calor insufrible y empezás a increpar a todo aquel que porta carnet de LBDV, al toque confiesan que también la están pasando mal; dudan de su identidad pro-veraniega y ahora resulta que nadie lo votó. O sea que, al final, en mayor o menor medida, a partir de cierta temperatura externa, todos nos cagamos de calor. Diferencias aparte, hay algo que siempre me llamó la atención: ¿por qué, si nuestra temperatura corporal es de 37 °C (más precisamente, 36.7), cuando la temperatura ambiente se acerca a ese nivel aparecen los ventiladores, los abanicos (no juzguen), los aire acondicionados, las musculosas, los vestiditos (acá, hay que decirlo, punto para LBDV) y nasganas de estar sumergido en cualquier cuerpo de agua ya sea mar, río, pelopincho, ducha, manguera o fuente? Cuando hacen 33 °C, ponele, ¿no deberíamos tener frío en vez de estar pasándola horrible? ¿O cómo puede ser que nos banquemos temperaturas externas más altas que nuestra temperatura corporal? Y, lo más importante, ¿DE DÓNDE SALEN LOS CAPRICHOSÍSIMOS 36.7 °C? A FUEGO LENTO Como toda historia que vale la pena, la cosa arrancó en un sauna. Allá por 1775, un científico inglés llamado Charles Blagden andaba caliente (risas grabadas) con la idea de entender cómo respondían las cosas vivas a las altas temperaturas. Entonces hizo lo que cualquiera hubiera hecho: agarró un perro, un churrasco, dos huevos y se metió dentro de una suerte de super sauna construído para la ocasión. Durante unos 45 minutos, este singular grupo estuvo sometido a temperaturas de hasta 127 ºC. El tipo salió ileso, y el perro ponele que también. Pero el resto del grupo estaba listo para servirse. Con un experimento simple (y border), Charles había podido verificar que, evidentemente, el pichicho y él, animales vivos, tenían la capacidad de controlar de alguna manera su temperatura para no cocinarse como había sucedido con la carne inanimada. LA CARNE ES DÉBIL Si lo pensás, somos insoportablemente quisquillosos en nuestra tolerancia a la amplitud térmica. La realidad es que el rango de temperaturas en el que la pasamos bien es muy escueto, lo que nos vuelve unos verdaderos termoflojos. Pero ojo que tampoco somos los únicos. Si te ponés a analizar a lo ancho del planeta, la mayoría de lo vivo conocido habita en lugares donde las temperaturas no superan los 50 ºC ni se van muy por debajo de los 0 ºC, en un Universo en el que las temperaturas van desde -273 ºC hasta miles de millones de grados –otra enorme razón para cuidar un cacho más casita–. Este sutil rango en el que podemos existir tiene que ver con lo que nos forma y nos hace funcionar, y con su historia. Estamos hechos, entre otras cosas, de proteínas. La manera en que estas moléculas se pliegan en el espacio y adquieren su estructura tridimensional depende de la temperatura. Por arriba de cierto umbral, la proteína empieza a ‘desarmarse’ (decimos que se desnaturaliza) y ya no puede cumplir fielmente su rol estructural. Pero el problema arranca antes, porque las proteínas no sólo son los ladrillos fundamentales que nos forman, sino que muchas de ellas son enzimas, jugadoras clave cuya función es catalizar (apurar, digamos) el sinfín de reacciones químicas que ocurren permanentemente en todas nuestras células. La velocidad de estas reacciones enzimáticas también varía drásticamente con la temperatura (aumenta algo así como 2 o 3 veces cada 10 grados), por lo que una pequeña diferencia térmica te puede descalabrar con facilidad todo la jodita de estar vivo. Tiene sentido entonces que existan mecanismos por los cuales podamos enfriarnos (liberar calor) para mantener nuestro interior a una temperatura fisiológica copada. ¿Ahora viene la parte en la que develamos por qué ese sutil rango de temperaturas corporales entre 36 y 40 °C que tiene la mayoría de los mamíferos no está ni en el barrio de la temperatura ambiente en la que estamos cómodos? Nop, pero vamos a hablar de transmisión de calor entre cuerpos. RAWR. ME QUEMAS CON LA PUNTA DE TUS DEDOS Una consecuencia de la segunda ley de la termodinámica es que el calor se transmite de un cuerpo más caliente a uno más frío (pensemos en el órgano de sentarse buscando estufa durante el invierno o en alguna relación que no recordemos con cariño). Hay diferentes formas en las que nuestro organismo puede perder calor. Cuando estamos en contacto con algo, por ejemplo, el calor se transmite por conducción, y cada material es diferente en su capacidad de transmitir el calor. Por eso amamos andar en patas sobre la cerámica en verano, pero elegimos la alfombra en invierno. La cerámica es mucho mejor conductora de la temperatura que la alfombra y por eso al pisarla le transferimos rápidamente cierta cantidad de calor (porque su temperatura es menor que la nuestra), dando la sensación de frescura. Otro gran conductor térmico es el agua, sobre todo en comparación con el aire. Por eso puede pasarte que afuera de la pile hagan unos hermosos 24 °C, pero una vez adentro ya no se sientan tan hermosos, a pesar de que la temperatura del agua sea la misma que la del aire. Y ni hablar del experimento doble que todo hombre ha transitado alguna vez, ese de comprobar la excelente velocidad de conducción térmica del agua y la capacidad que tienen los cuerpos para modificar su tamaño con la temperatura. Otra forma de perder calor es por convección, que ocurre con cada brisa salvadora. El aire fresco reemplaza al aire cercano a nuestra piel caliente (todo re 50 Sombras). El aire nuevo vuelve a ser calentado por nosotros hasta la siguiente brisa, y así. Lo que hacen el pelo y la grasa en muchos animales y el pulóver y la mantita en nuestro caso es minimizar ese proceso, cosa de conservar el calor cuando hace frío. Además liberamos calor en forma de radiación. Como todo objeto caliente, nosotros estamos permanentemente emitiendo energía infrarroja, que es una forma de energía electromagnética; como la luz, pero que no podés ver salvo que tengas una cámara especial, seas una serpiente o un coso horrible tratando de cenar a Arnold. También absorbemos energía infrarroja proveniente del Sol. Los materiales negros absorben este tipo de energía, mientras que los blancos la reflejan, por eso es importante vestirse de blanco si vamos a andar bajo el Sol; tiene sentido y funciona, ¿no? Masomenos, porque la intuición es medio un arma de doble filo, y quizás pueblos nómades como los Tuaregs, habitantes legendarios del Sahara profundo, no usan turbantes negros porque les pinta rostizarse, sino que tiene algún tipo de explicación. Es cierto que la ropa blanca refleja la radiación infrarroja del Sol. El problema es que también refleja la radiación que nosotros mismos emitimos por el calor que genera nuestro metabolismo. El blanco, histórico aliado de verano, puede traicionarnos a través de un espejito rebotín termodinámico. ¿Qué onda entonces? ¿Qué me pongo para el casamiento de Luli y Gastón, que decidieron celebrar su amor con una original ceremonia en Atacama? El secreto está en el viento (gran nombre para un disco de Abel Pintos). Si no hay corrientes de aire, conviene usar blanco, ya que en la batalla entre la radiación del Sol que evitamos absorber y la propia que nos vuelve, el saldo da que efectivamente el blanco nos va a mantener más frescos. Pero, si usamos negro y hay una brisa permanente que pueda llevarse el calor que la ropa absorbe (tanto del Sol como de nuestro cuerpo), contra toda intuición, nos va a mantener más frescos la ropa negra. Parece que, al final, el metalero emo darky lavidaesdesgarradoraestátodomal tiene un punto (hay que aclarar de todas formas que la capacidad que tiene un material de absorber o reflejar la radiación infrarroja depende también de otros factores). La última forma de liberación de calor corporal, que vamos a tratar mejor en la próxima notadenuncia contra LBDV, tiene que ver con la transpiración. Básicamente y por sus características químicas, el agua, cuando se evapora, se lleva consigo una bocha de calor, lo que permite disminuir la temperatura del cuerpo. Ahora, ¿todos los bichos tienen esta necesidad/capacidad de andar revoleando su calentura? A SANGRE FRÍA En cuanto a su comportamiento térmico, podemos dividir a los organismos en dos grandes grupos: los ectotermos (ecto = afuera), cuya temperatura corporal depende de la temperatura externa; y los endontermos (endo = adentro), que pueden generar suficiente calor metabólico como para no depender de la temperatura del ambiente. La mayoría de los peces, los reptiles y los anfibios son ectotermos. Por eso si agarrás una serpiente (porque es re común ir por ahí agarrando serpientes), la sentís fría. No es que estos bichos tengan sangre fría, sino que su temperatura corporal en general va a ser menor que la nuestra, y por eso los sentimos fríos, como que el cocodrilo ya no te mira como antes. Estos animales, sobre todo los terrestres, tienen que andar de acá para allá buscando el Sol o escapando de él y así mantienen su temperatura dentro de un rango fisiológico copado para sus procesos metabólicos durante el día. La buena es que ahorran bocha de energía porque no necesitan generar su propio calor. La mala es que están a merced de lo que pase afuera y tienen que andar produciendo cambios bioquímicos (por ejemplo, modificar la composición de las membranas de sus células) o comportamentales (más o menos sol) en respuesta. ARDE, PUPPY Más tarde aparecimos nosotros, los endotermos. Y cuando digo ‘nosotros’ me refiero no sólo a los mamíferos sino también a las aves (y muy pocas especies de reptiles, peces e insectos). Lo loco es que mamíferos y aves tenemos antecesores diferentes. Nosotros (ahora sí, los mamíferos), pertenecemos al grupo de los sinápsidos, mientras que los pájaros pertenecen al grupo de los arcosaurios (que incluye a los cocodrilos y los dinosaurios). Esto quiere decir que todo el asunto este de generar calor propio apareció en la evolución al menos dos veces de manera independiente. Pero tiene que haber alguien (bueno, algo) que corte el bacalao de la regulación térmica, que diga ‘Está infumable afuera. Movete, cuerpo’, y es un movete literal, en términos de modificar un comportamiento (salir del Sol, hidratarse, etc.); pero también implica desencadenar una batería de respuestas para eliminar calor. Este termostato es el hipotálamo, una región fundamental del cerebro que controla un montón de cuestiones, entre ellas, la temperatura del cuerpo. El hipotálamo recibe e integra información de los receptores de temperatura distribuidos por todo el cuerpo y la compara con un valor de referencia para activar (o no) las respuestas correspondientes. Pero además el hipotálamo mismo tiene células capaces de sensar la temperatura de la sangre que circula cerca suyo. Si ponemos a un bicho (o a una persona) en una habitación con una temperatura elevada y le enfriamos de alguna manera sólo el hipotálamo, el tipo va a dejar de transpirar. Sería un golazo tener esta posibilidad durante esas fulminantes mañanas de verano en el subte para no llegar impresentable al laburo (imagino que la gente de LBDV nunca laburó en microcentro, si no, no se explica). También sería bastante peligroso porque, claro, nos sobrecalentaríamos. Cuando el valor sensado por el hipotálamo es mayor a el valor de referencia, aumenta la transpiración y la irrigación de sangre hacia la superficie de la piel, de manera que haya mayor intercambio de calor con el exterior y así lleguemos al laburo colorados y empapados, pero vivos. Los caballos y nosotros transpiramos a través de todo el cuerpo. Pero los perros, por ejemplo, lo hacen a través de las patas y además expulsan calor de su cuerpo evaporando saliva a través del jadeo. Todos alguna vez fuimos víctimas de una mascota que nos demuestra su amor y calor a través de su exquisito aliento. Hay una correlación interesante y frecuente entre la cantidad de superficie expuesta de un animal y el clima en el que habita. Una mayor superficie expuesta implica un mayor intercambio de calor con el exterior. Un ejemplo hermoso es el del zorro fenec, con domicilio en el desierto del Sahara y posible hijo no reconocido de Yoda, en comparación con el zorro del ártico. l tema es que a los endotermos no nos regalan nada. Producir calor hace que tengamos una tasa metabólica mucho mayor que los ectotermos. Y, cuanto más chiquito el bicho, más caro le sale, porque tiene una mayor relación superficie/volumen, lo cual lo hace más susceptible a perder calor. Es por eso principalmente que mamíferos chiquitos como los roedores tienen un metabolismo super manija, a diferencia de los mamíferos más grandes como nosotros, y ni hablar un elefante. Una alta tasa metabólica implica un mayor requerimiento energético, razón por la cual tu cobayo come como si no hubiera mañana. Los pájaros la tienen todavía más jodida ya que su temperatura corporal normal es más alta que la nuestra (40-42 °C) y encima no pueden andar llevando mucho morfi encima porque acá no vuela nadie. Por eso tienen que comer todo el tiempo, para luego arruinarte la camisa apenas salías del subte, que de todas formas ya tenías que lavar. Un pájaro come por día algo así como el 30% de su peso. Es como si nosotros comiéramos unos 20 Kg de comida por día. No llegaríamos al verano ni a palos, lo cual, a juzgar por su hostilidad, no parece tan grave. 36.7 Ahora, siendo el calor del día tan barato y con lo lindo que es tirarse a lagartear al Sol como buen ectodermo, ¿por qué la evolución habría seleccionado a estas angurrientas máquinas de generar calor? Bueno, hay varias ventajas, pero probablemente la más importante sea justamente la capacidad de poder prescindir del calor del día y salir a romper la noche (o sea, comer y reproducirse) sin temor a que te cene un reptil, bicho predominante en la época en la que aparecieron los primeros mamíferos. Además, no depender exclusivamente de la temperatura externa permitió conquistar climas menos copados, con temperaturas bajas durante casi todo el año. Una posible explicación evolutiva que justifica el sutil rango de temperaturas corporales de la mayoría de los endodermos actuales (entre 37 y 40 grados) es que, en una ancestral Tierra hot, los ectodermos tenían temperaturas corporales que andaban por ese barrio y que, cuando apareció la endotermia, los organismos capaces de mantener esa temperatura corporal se vieron favorecidos, ya que toda la maquinaria de enzimas y las membranas celulares estaban adaptadas a esas temperaturas. Otra posibilidad es que tener una temperatura corporal más elevada en un clima más cálido implicaba tener que eliminar menos agua a través de evaporación. Pero todo esto sigue siendo bastante especulativo, y encima no nos dice mucho del por qué, POR QUÉ, nuestra temperatura corporal normal está tan finamente sintonizada cerca de los 36.7 °C. Por suerte, en 2014 unos muchachos de EEUU publicaron un estudio que le quita bastante misterio a este asunto. A partir de un trabajo suyo previo en el que vieron que la cantidad de especies de hongos que podía crecer en un animal disminuye un 6% por cada grado de temperatura, decidieron generar un modelo de cómo se relacionaba esa característica con el costo de mantener distintas temperaturas corporales (en términos de consumo de alimento), y EL RESULTADO TE SORPRENDERÁ: Los tipos encontraron que la mejor relación entre la cantidad de especies de hongos eliminadas y la cantidad de calorías consumidas (lo que llaman fitness), se da cuando la temperatura es de, adivinen, 36.7 °C. O sea que nuestra temperatura corporal es lo suficientemente alta como para eliminar un montón de especies de hongos potencialmente patógenos, pero lo suficientemente baja como para no tener que andar todo el día atacando la heladera. Ahora entendemos un poco mejor por qué defendemos a capa y ventilador esos dichosos 36.7 °C. CAPULETOS Y MONTESCOS Somos el resultado de millones de años de prueba y error, de iteraciones que se fueron seleccionando a partir de cambios en el ambiente, en el clima, en lo que comemos y en lo que nos come. Llegamos a ocupar más lugares que cualquier otra especie y también modificamos ambientes y climas como ninguna otra. Hoy estamos acá, abrumados de cemento caliente, húmedo, usando todas las herramientas que nos dio la evolución –y la tecnología, aire acondicionado TKM– para enfriar a estas máquinas complejas, delicadas y meticulosas que somos. Un equilibrio tan frágil y sutil que cuesta entender, al menos en una ciudad como Buenos Aires, cómo podemos estar rodeados de seres que cada año esperan ansiosos la llegada de esta termotortura estival. Estimados amigos de LBDV, los quiero mucho pero, posta, no logro comprenderlos. PD: ¿Alguno con pileta? ¿Sale asadito el domingo? En el próximo capítulo de LBDV LTA: sudor, el asesino silencioso del bondi. http://publicdomainreview.org/collections/experiments-and-observations-in-a-heated-room-1774/ http://mbio.asm.org/content/1/5/e00212-10.full?sid=3927b57a-d112-452b-bbce-e1e1f4743e1d http://faculty.weber.edu/jcavitt/OrnithologyMaterials/Coatcolorinanimals.pdf https://www.physicsforums.com/threads/why-do-bedouins-wear-black-robes.65287/ Biología. Curtis H., Barnes S., Schnek A. y Massarini A. (2008) 7ª Edición. Editorial Médica Panamericana.

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Ensayo de preguntas de la Argentina de hoy
OfftopicporAnónimo9/23/2013

Paideia Todos queremos un mundo mejor, al menos eso nos gustaria pensar. Que hariamos con un mundo mejor? Supongamos por un momento que las religiones tienen razon y uno de estos dias viene el mesias. Que pasaria? Serviria de algo? Estamos acaso preparados para recibirlo? Las utopias no se crean de forma revolucionaria e instantanea, no creo que nadie creo eso de forma seria la verdad. Solo una sociedad educada puede llegar a ser justa, solo una sociedad que pueda respetar a cada estracto de la misma puede llegar ser perfecta. Pensemoslo por un momento, siglo XXI, somos capaces de miles de cosas, avances tecnologicos que hasta algunos años atrás eran de ciencia ficcion. Por que no podemos hacer maquinas que trabajen por nosotros, que hagan todos los trabajos indeseables que ningun humano deberia hacer? Por que todos los que supuestamente quieren hacer el bien y crear un mañana ideal no trabajan juntos? Quieren ser todos heroes acaso? Paideia es según la wikipedia la educacion que recibia todo varon, los que para dicha sociedad eran los ciudadanos, con el fin de educarlo de forma civica. Hoy en dia la educacion civica es totalmente reducida, en nuestro pais hay como mucho 3 horas catedra de filosofia durante un año del secundario y es tan pobre que es casi lo mismo que nada. Hoy en dia se ve a todo aquel que quiere discutir y debatir de forma clara y conciente como un loco/bobo/trosko/kirchnerista/lo que sea. Donde quedo la razon? Donde quedo el hambre de conocimiento? En la vida universitaria las ciencias “no rinden”, si estudias una ciencia social o filosofia o una exacta te miran con cara de te vas a cagar de hambre por idiota y si estudias una ingenieria sos un superdotado que va a ganar plata. De que estamos hablando gente? Son carreras universitarias que todos deberiamos poder hacer. Me resigno a que dia a dia miles de personas miren al intelecto con miedo y a que miles de personas no puedan explotar ni siquiera una cuarta parte de lo que podrian. Algunos por no creerlo cool, otros por que no tienen plata y no quieren dedicarse a la enseñanza. La mayoria por que culturalmente en su zona no se estudia y ellos tampoco lo hacen. Me pregunto cuando ganaria no solo la Argentina sino el mundo si enseñaramos etica y moral de una forma mas acertada, si materias como “Accion Solidaria” (que incluyen un proyecto solidario y una carga teoria formal y grossa sobre la sociedad) se incluyeran en todas las escuelas. Me pregunto que pasaria si todos los desgraciados que viven del dinero y poder pudieran disfrutar de un dia de pobreza sana (Y con esto me refiero a una pobreza que tiene todo lo necesario para vivir bien, salud, educacion, comida y techo), cambiaria en algo? Taringueros se los dejo a ustedes a que me digan que opinan.

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