pompiliomanuel
Usuario (Uruguay)
Poner al individuo por encima de la civilización. Eso si que sería toda una revolución de perspectiva. La civilización como medio del individuo y no viceversa, a ver si se entiende de una vez. ¡Y es algo que está tan claro! Ya ni se les puede creer a los que lo niegan. Evidentemente se están haciendo los vivos para su provecho. Algún triste provecho. Pero que no se confunda, esto dicho en el sentido no del poder de un individuo sobre el resto (no necesariamente) sino en el sentido del individuo como especie particular, fragmentada, como miles de pedazos de algún inmenso y fijo espejo que estallara en pedazos, lo multi perspectiva de la especie individual por antonomasia. La especie individual. Como toda especie, ya algo similar decía Platón, solo que al revés, el creía que los reflejos eran al cosa en si, la verdad, el numeno, pero hasta esta quimera se apoya sobre lo individual, numerosos individuos sostienen la especie, la especie es el reflejo de esos numeroso individuos, como tales diferenciados, distintos. En función de esa nueva especie que va configurando el azar de los tiempos, o por lo menos dando la posibilidad, para que aproveche la voluntad, para esa especie posible, venidera, es que ha de perecer la civilización tal cuál la conocemos. De esa particularidad de la especie proviene la adecuación de los tiempos, la especie individual manipula el medio, crea las condiciones, planea, navega con timón firme sobre las circunstancias, somos niños viéndonos obligados a hacernos a la mar constantemente. Como en su momento hubo de caer la organización en bandas de recolección y caza por la sedentaria debido al conocimiento adquirido por los individuos que observaron la naturaleza con sentido crítico para comprenderla, lo mismo pasa ahora. La siembra, la cosecha regirían desde entonces la vida de los individuos, cambio efectuado, manipulación de los medios apropiados para lograr un fin, magia, el principio del conocimiento humano es la magia. Ella cambió la realidad del cazador, la del recolector, por la realidad del campesino, del cultivador de la tierra, sedentario. Magia. Poder adquirido a través de la manipulación de los elementos. Porque primero es la cultura y luego su proyección sobre si misma que hasta hoy se llama civilización. Es innegable que nos adentramos a una nueva cultura en gran medida signada por los valores del cuerpo, por lo sensual, como nunca antes desde la clásica pagana. Hoy hay un culto al cuerpo solo comparable al que existió en la época clásica. Solo que mucho más al alcance de todos. Más general aún que antes. El sexo, lo sensual, las exigencias del cuerpo están aceptadas y se tiende a una complacencia, falta un sentido, aunado, direccionador de esas realidades de nuestra cultura actual. Un sentido claro y aglutinador que vaya más haya del lucro y la ganancia de dinero para consumir. Falta la profundidad. La gran perspectiva que exigen los tiempos. Nueva y distinta a todas las perspectivas que hayan podido existir hasta hoy. Nunca antes vista. Nueva, singular. Peligrosa como todo lo nuevo y singular. Como toda tentativa, experimento, improvisación. La tarea que ha de afrontar el filósofo del futuro es la de lograr una nueva proyección del fenómeno cultura sobre el orbe humano. De modo que se obtenga el estado existencial que más apetecible nos parece (apetecible en cuanto a posibilidades de fomentar las individualidades con las ventajas que esto supone) el más conveniente en todos los sentidos, el estado de afirmación y armonía individual. Esto para llevar lo más lejos posible la facultad que se nos revela directamente, intuitivamente, la que posibilita todo lo demás, la facultad del conocimiento. La de ser capaces de ser un fenómeno universal de espejos donde se refleja el cosmos. He ahí nuestro trascendentalismo. Nuestro remate místico espiritual. El estado requerido para una especie que aprendió a dominar sus impulsos sin agotar el manantial de donde provienen, de donde proviene toda vitalidad, toda espontaneidad, toda luz y toda fuerza, la autoconciencia, la premeditación evolutiva en pos de que mas podría ser sino de una vigorización de la individualidad. Un estado de afirmación y armonía individualista a través de un nuevo enfoque cultural. La cultura del cuerpo. El culto al cuerpo tal cual. Divinizar el cuerpo es asegurar la conservación y medro de los mismos, árboles cuyos frutos de plata egregia y dorado sol resplandecen en lagos matinales de la mente espíritu alma conciencia humana, cuelgan en la dimensión azul de la mente, espejo fragmentado del cosmos. Hay un invento capcioso en eso de querer relacionar la libertad con la culpa. Ese es el más sutil truco del cristianismo, somos culpables porque somos libres. Podemos optar entre obedecer o no obedecer a las normas impuestas por quienes nos dicen como son las cosas y que debemos y no debemos hacer. Si las infringimos lo hicimos porque quisimos, ya que somos capaces de opción. Pero en verdad no es así, somos capaces de optar, de tirar los dados deseando que ocurra lo que queremos, pero no somos capaces de ver el futuro. Es evidente que hay una aleatoriedad que escapa al determinismo, pero cómo explicarla, como rebatir que el indeterminismo es solo una más de las bellas ideas que han de fenecer ante el resplandor de la realidad. Todo parte de la moral. Ese es el problema. Esa es la ranura que decía Kant, la que tenía el entendimiento humano, similar a la de una tragamonedas decía este paladín del imperativo categórico. La incertidumbre es el signo de la voluntad. Es en ella que se da la posibilidad de la libertad. Solo hay que merecerla. Y qué significa esto. Qué la libertad siempre es incertidumbre ya que no sabe las consecuencias, es voluntad de suerte, de juego, sino no sería libertad plena, sino memoria.