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Usuario (Paraguay)
El Paraguay, en su condición de país bilingüe, muestra una rica literatura escrita en castellano y una literatura escrita en guaraní que recibió un gran aliento y vive un notable crecimiento luego del reconocimiento oficial de la lengua en la Constitución del 92. Literatura en castellano La literatura paraguaya en castellano tuvo su primera etapa de afirmación en las primeras décadas del siglo XX, época en que aparecieron los escritores Natalicio González, Manuel Domínguez, Manuel Gondra y Rafael Barret -este último de origen español-, que cultivaron preferentemente el ensayo, y los poetas y prosistas que se identificaron con el modernismo y militaron en las revistas Crónica y Juventud, como Manuel Ortiz Guerrero, Eloy Fariña Núñez y Guillermo Molinas Rolón. Manuel Gondra A este grupo siguió la brillante generación del 40, muchos de cuyos integrantes se reunían en el cenáculo denominado Vy’a Raity. A esta promoción perteneció Josefina Plá, escritora y artista española llegada al país en 1926 que adoptó al Paraguay como su segunda patria y legó a este país una obra sin parangones que abarcó todos los géneros literarios, con más de 100 títulos. También integró esta generación Augusto Roa Bastos, el primer escritor paraguayo que alcanzó el mayor galardón literario hispánico, en 1989: el Premio Cervantes de Literatura. Roa Bastos es considerado uno de los precursores más importantes del movimiento del “Boom” que dio a la literatura latinoamericana sus más destacadas figuras. Augusto Roa Bastos Otros destacados escritores de este grupo fueron los poetas Hérib Campos Cervera, Elvio Romero y Oscar Ferreiro, y los narradores Gabriel Casaccia y Juan Bautista Rivarola Matto. Gabriel Casaccia Juan Bautista Rivarola Matto La generación siguiente, correspondiente al 50, no fue menos importante y dio al Paraguay algunos de sus mejores poetas. Surgida de la Academia Universitaria liderada por el sacerdote y docente español César Alonso de las Heras, la misma cobijó a figuras importantes como Rubén Bareiro Saguier, José Luis Appleyard, Ramiro Domínguez, Carlos Villagra Marsal y José María Gómez Sanjurjo. Rubén Bareiro Saguier Dentro de los grupos mencionados surgió la literatura paraguaya del exilio, cuyos más destacados representantes fueron los mencionados Augusto Roa Bastos, Rubén Bareiro Saguier y Elvio Romero, quienes sufrieron el destierro por su posición contraria a la dictadura de Stroessner. Elvio Romero La generación del 60 aportó otras figuras destacadas como las de los poetas Jacobo Rauskin, Esteban Cabañas, Víctor Casartelli y Gladys Carmagnola y los narradores Osvaldo González Real, Renée Ferrer y Raquel Saguier. Entre los escritores surgidos en las últimas décadas que han venido alcanzando reconocimiento se pueden citar a los narradores Helio Vera, Sara Karlik y Guido Rodríguez Alcalá y algunas figuras que integraron el Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero, como Mario Casartelli, Amanda Pedrozo, Ricardo de la Vega y Delfina Acosta. Helio Vera Manuel Ortiz Guerrero Mario Casartelli Literatura en guaraní El pueblo paraguayo, producto del mestizaje hispano-guaraní y heredero de dos lenguas mayoritarias, ha creado junto a la literatura escrita en castellano, otra no menos importante, que se expresa en guaraní. La literatura en guaraní del Paraguay suele dividirse en tres grandes capítulos: la literatura indígena, la literatura popular y la literatura culta. La literatura indígena, también llamada oratura en razón de que el antiguo pueblo guaraní no conocía la escritura y sus grandes poemas míticos se transmitían en forma oral, es un capítulo que se develó en las primeras décadas del siglo XX con las investigaciones del antropólogo alemán Kurt Unkel Nimuendaju. A estos primeros hallazgos siguieron los del antropólogo paraguayo León Cadogan, cuya compilación titulada Ayvu Rapyta (El Fundamento de la Palabra), que se dio a conocer hacia el año 50, es considerado el más importante texto mítico de los indígenas guaraní, a la par de los grandes textos sagrados de otros pueblos americanos, como el Popol Vuh de los mayas. Siguiendo a estas recopilaciones pioneras, otros antropólogos como Pierre Clastres, Carlos Martínez Gamba y Miguel Chase Sardi, fueron acrecentando lo que hoy ya es un importante corpus literario publicado en numerosos libros, al alcance de estudiantes e investigadores. La literatura popular en guaraní tuvo su época de florecimiento en las primeras décadas del siglo XXy dio un importante grupo de poetas que alcanzaron una gran difusión a través de la música. Los poetas de este grupo cultivaron una poesía que adoptó las formas clásicas de la lírica española como el Romance, generando su versión paraguaya en el “Compuesto” con el que cantaron historias de amor y de patriotismo, épicas y trágicas. Sus textos ilustran claramente el mestizaje hispano-guaraní, ya que muchos de ellos son el prototipo del “Jopara”, la mezcla del guaraní y el castellano que habla gran parte de la población paraguaya. Entre los más destacados poetas de esta época se cuenta a Félix Fernández, Emiliano R. Fernández, Teodoro S. Mongelós, Darío Gómez Serrato y Carlos Miguel Jiménez. Emiliano R. Fernández Teodoro S. Mongelós Darío Gómez Serrato Carlos Miguel Jiménez La literatura culta en guaraní surgió en la segunda mitad del siglo XX, cuando algunos poetas cultores de esta lengua empezaron a cortar sus lazos con las formas españolas y a experimentar caminos nuevos, para expresar al mismo tiempo, los temas de estos tiempos. Entre los primeros que mostraron una poesía renovada estuvieron Félix de Guarania, Carlos Martínez Gamba y Carlos Federico Abente. A estos poetas siguieron otros como Modesto Escobar Aquino, Lino Trinidad, Ida Talavera, Miguel Angel Meza, Ramón Silva, Feliciano Acosta, Mario Rubén Alvarez y Susy Delgado. Félix de Guarania Ida Talavera Ramón Silva Feliciano Acosta La narrativa en guaraní nació en esta misma época y tuvo sus primeros cultores en Tadeo Zarratea y Carlos Martínez Gamba, entre otros. Tadeo Zarratea Carlos Martínez Gamba La literatura en guaraní correspondiente a esta última etapa recogió todos los temas inspirados por la larga dictadura de Stroessner, y vive hoy una etapa de gran crecimiento, apoyada en la nueva condición de Lengua Oficial del guaraní. Saludos!, dejen puntos, comenten, siganme!!
Teatro El teatro paraguayo nació con una fuerte herencia española, en las huellas de las primeras escenificaciones de piezas traídas de la península, de autos sacramentales y pequeñas óperas. Esta influencia continuó hasta la época dorada de las zarzuelas y comedias españolas, ya entrado el siglo XX, en algunos casos con la venida de elencos españoles. Teatro Municipal de Asunción desde fuera. Foto Cortesía © Julio Ingolotti A Ildefonso Antonio Bermejo se debió la creación del Teatro Nacional, con la edificación de una sala, la conformación de un elenco y la contratación de compañías extranjeras, con los auspicios del presidente Carlos Antonio López, en la segunda mitad del siglo XIX. El teatro paraguayo empezó a mostrar rasgos claros de identidad en las primeras décadas del siglo XX, con algunas figuras que dieron un fuerte impulso a esta expresión, como Josefina Plá, Roque Centurión Miranda, Fernando Oca del Valle, Manuel Ortiz Guerrero y Julio Correa, este último, uno de los creadores del teatro en guaraní. En 1940 se crearon la Compañía Paraguaya de Comedias y la Compañía del Ateneo, y en 1948, la Escuela Municipal de Arte Escénico. A esta generación pertenecieron los dramaturgos más prolíficos que ha dado el Paraguay, entre los cuales están Mario Halley Mora, José María Rivarola Matto, Arturo Alsina y Josefina Plá. Teatro Municipal de Asunción. Foto Cortesía © Fernando Allen El teatro popular tuvo un notable florecimiento en las décadas del 30, 40 y 50 del siglo XX, con elencos destacados como los de Julio Correa, Ernesto Báez-Emigdia Reisófer y Roque Sánchez-Graciela Pastor. Los Compadres, dúo cómico integrado por César Alvarez Blanco y Rafael Rojas Doria, se sumó un poco más tarde a esta línea teatral y en otros géneros se destacaron figuras tales como Héctor de los Ríos, Jacinto Herrera, Mario Prono y María Elena Sachero. Los años 60 y 70 vieron la aparición del Teatro Independiente, que renovó el teatro paraguayo en temática y lenguaje, iniciando caminos experimentales y propuestas innovadoras, al servicio de los temas sociales y humanos que no habían sido enfocados con profundidad hasta entonces. Se destacaron en esos años algunas compañías como La Farándula, Arlequín Teatro, Teatro Popular de Vanguardia, Tiempoovillo, Aty Ñe’e y Teatro Estudio Libre. Entre los elencos de más reciente formación se cuenta el del Centro de Investigación y Divulgación Teatral, dirigido por Agustín Núñez, figura importante del teatro paraguayo contemporáneo, quien dirigió la puesta en escena de la novela “Yo El Supremo” de Augusto Roa Bastos, uno de los montajes más espectaculares y elogiados realizados en el país en las últimas décadas. Otros importantes directores del teatro paraguayo actual son José Luis Ardissone, Miguel Gómez, Raquel Rojas, Tito Chamorro, Maluli Vera y Wal Mayans.

Música La música es una de las expresiones más singulares e identificadoras del Paraguay. La misma apareció como creación del criollo, a mediados del siglo XIX. La Polca, que adoptó el nombre de un ritmo europeo, es la forma más típica y tiene sus versiones ligeramente distintas en la Galopa, el Kyre’ÿ y la Canción Paraguaya. Las dos primeras son más rápidas y alegres que la polca convencional y la tercera, un tanto más lenta y melancólica. Otras formas populares constituyen el Purahéi Jahe’o y el Compuesto, que cantan generalmente historias tristes, amorosas o épicas. La polca suele apoyarse en una letra poética, pero existen piezas instrumentales emblemáticas de la música paraguaya como Pájaro Campana de Félix Pérez Cardozo. La Guarania es la segunda forma más conocida de música paraguaya y la misma fue creada por el gran músico José Asunción Flores en 1925, con un ritmo más lento que expresa admirablemente el carácter melancólico del hombre paraguayo. Cuando esta nueva forma alcanzó un gran éxito, el músico avanzó un poco más en su innovación y creó la guarania sinfónica, cuyos ejemplos son las conocidas piezas Mburicaó y Panambí Verá. Sus composiciones más ambiciosas fueron los poemas sinfónicos como María de la Paz y Ñanderuvusú. La música paraguaya se apoya fuertemente en dos instrumentos: la guitarra y el arpa, cuyos primeros ejemplares fueron traídos por los conquistadores y encontraron carta de nacionalidad y estilo propio en el país. Félix Pérez Cardozo fue el artista que llevó al arpa paraguaya a su trascendencia internacional, junto a Digno García, Luis Bordón, y Lorenzo Leguizamón. Entre los mejores cultores contemporáneos están Nicolasito Caballero, César Cataldo e Ismael Ledesma, este último un gran innovador de la música de arpa. La guitarra encontró un eximio compositor e intérprete en Agustín Pío Barrios (también conocido como "Mangoré", calificado por la crítica como el “Paganini de la guitarra”, que creó composiciones de alta técnica como La Catedral, Las Abejas y Danza Paraguaya. A partir de la década del 40, muchos músicos paraguayos y podría decirse los mejores, sufrieron el destierro o se autoexiliaron por la difícil situación que vivía el país. Junto a los citados José Asunción Flores y Agustín Barrios, puede mencionarse a Herminio Giménez, Carlos Lara Bareiro y Francisco Alvarenga. Entre los músicos que quedaron en el país, Remberto Giménez creó la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción y Juan Carlos Moreno González la Zarzuela Paraguaya. Otros importantes autores posteriores son Florentín Jiménez, Luis Cañete, Nicolás Pérez González y Luis Szarán. Entre los grandes compositores de música popular están Mauricio Cardozo Ocampo, Agustín Barboza, Herminio Jiménez, Demetrio Ortiz y el requintista Efrén Echeverría. A partir de los años 70, la música paraguaya mostró señales de renovación y aparecieron la corriente del Nuevo Cancionero y la Avanzada de Oscar Nelson Safuán. El Nuevo Cancionero tuvo creadores prolíficos como Maneco Galeano y Carlos Noguera, e intérpretes destacados como el grupo Ñamandú y el grupo Sembrador. En otra línea experimental que combina diferentes lenguajes musicales se inscriben los músicos René Ayala y Rolando Chaparro. En una línea más cercana a lo tradicional, hay que mencionar al requintista Juan Cancio Barreto y al dúo Vocal Dos, entre otros. A partir de los años 80 se nota una gran actividad de la música culta, con nuevos nombres que van alcanzando reconocimiento: Daniel Luzco, Saúl Gaona y Diego Sánchez Haase. La guitarra culta ha dado dos nuevas intérpretes de refinada técnica: Berta Rojas y Luz María Bobadilla, en tanto se crearon la Orquesta Sinfónica Nacional y varias orquestas juveniles. Un creciente movimiento de rock nacional y la nueva “Canción Social Urbana” aportan lo suyo en el rico panorama actual de la música paraguaya.

La idiosincrasia del paraguayo: el idioma guaraní Humor Paraguayo Por más represiones (físicas y psíquicas) que sufrió el Guarani hablante, éste sigue siendo mayoría en el Paraguay, y por consiguiente, un elemento vital para el análisis de la idiosincrasia pasa por el reconocimiento de ese hecho: en el paraguayo hay más de Guarani que de Castellano. El Idioma Guarani es el idioma de la mayoría. Los resultados del Censo Nacional de 1992, evidenciaron que el 37% de la población entonces de casi cuatro millones y medio de habitantes, era monolingüe Guarani, el 50% bilingüe (Guarani-Castellano), el 7% monolingüe Castellano, y el 6% restante hablante de otras lenguas. También la Encuesta Integrada de Hogares 1997/1998, respecto del idioma hablado la mayor parte del tiempo en el hogar por los jóvenes entre 15 y 29 años de edad reveló un 50,4% de Guarani-hablantes, un 27,8% de bilingües (Guarani-Castellano), un 19,3% de hispanohablantes, y un 2,5% restante hablante de otras lenguas. El Guarani está en los discursos de los políticos; es más, si alguno de ellos no lo habla, está condenado al fracaso. Asimismo, el Guarani está en las marchas y manifestaciones de los sindicatos y gremios de trabajadores y campesinos, reivindicando sus derechos y dignidades. Asimismo, es el vínculo común entre pacientes y profesionales de la salud, pues un médico o paramédico que no conoce las variadas plantas medicinales y sus usos, o no conoce las patologías como el kambyryrujere, ohéo, py’aruru, etc. no podrá ejercer con éxito la profesión. El Guarani es también el más fuerte factor de comunicación agropecuaria, que es el sector mayoritario de nuestro país. Es imposible hablar en el campo, brindando orientaciones en castellano. Desde las antiguas prácticas de siembra y cosecha hasta el uso de la tecnología. Todo se entiende, pero únicamente en Guarani. Asimismo, el Guarani manifiesta su vida a través de las fiestas populares y patronales. Ya en el San Juan ára (tata ári jehasa, kambuchi jejoka, yvyrasÿi), o en la Semana Santa (en el purahéi asy de los estacioneros, en el pindokarai, tupãitũ, tupãsy ñuguatĩ, chipa). El Guarani sigue vivo en cada palabra y en cada proceso desarrollado por los artesanos del país (karanda’y, poivi, ao po’i, ñanduti). Asimismo, la artesanía culinaria del Paraguay se caracteriza por su variada nomenclatura Guarani. El avañe’ẽ está en la misa y en los sermones de la iglesia, de esa misma iglesia que hacia el año 1500 se dio cuenta que solo podría evangelizar en Guarani. Del mismo modo, el Guarani está en los medios masivos de comunicación (radioemisoras, diarios y teledifusoras); lo mismo que, en la promoción publicitaria, inclusive de grandes marcas internacionales que encuentran en él un interesante medio para obtener más y mejores ingresos. Hoy también el Guarani está en las Universidades del Paraguay e igualmente es muy utilizado por los deportistas y por artistas y personalidades internacionales. Y aunque parezca una ironía, el Guarani está inmerso en la sintaxis del “castellano paraguayo”. Es imposible encontrar un paraguayo que alguna vez no dijo “venína”, “habláleke”, “quepiko querehína vo”, “le pegó debaldeite”, “de gua’u nomáko te dije”, “yo niko no sabía lóo”. Hemos incorporado a nuestro Castellano el un poco, que no es más que la traducción del sufijo Guarani mi (ejumi = vení un poco) o la expresión si que, que es la traducción del sufijo Guarani katu (oúkatu = vino si que). Fuente: ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI