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Primer post: 24 abr 2014Último post: 31 may 2014
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Rey de las ratas
Rey de las ratas
InfoporAnónimo5/16/2014

Rey de las ratas es un fenómeno muy raro, sucede cuando una gran cantidad de ratas quedan atrapadas con sus colas de una forma que es imposible de liberarlas. Se creía que en este grupo de roedores, uno era capaz de ejercer influencia sobre todas las demás para hacerlas funcionar como un individuo. La suciedad, la sangre, el hielo y los excrementos, son factores determinantes para la creación de esta extraña configuración. Supuestamente, los roedores unidos de esta forma crecerán al mismo tiempo que experimentan una calcificación de los huesos de la cola que termina por fusionar a los animales para siempre en una maraña de colas unificadas. El número de animales que comprenden al Rey de las ratas puede variar, pero por lo general un número superior a diez ratas son necesarias para demostrar el fenómeno. Hay rumores de especímenes con más de 50 ratas vinculadas de esta manera. El Rey de las ratas, por alguna razón, es un fenómeno asociado con Alemania, donde fueron registrados la mayoría de los casos. A lo largo de la historia han existido varias supersticiones asociadas con el Rey de las ratas, y generalmente es visto como un mal presagio, sinónimo de enfermedad, muerte y plagas. La palabra alemana Rattenkönig fue traducida al inglés como rat king, y al francés como roi des rats. Originalmente, el término no era empleado para referirse a las ratas, sino para las personas que viven muy próximas unas a otras, prácticamente pegadas, por ejemplo las familias numerosas obligadas a vivir en una habitación pequeña. El erudito Konrad Gesner en su Historia animalium reconocía la existencia de este fenómeno diciendo que “algunas ratas se unen a través de la cola formando un conjunto inseparable. Estos animales rara vez consiguen moverse y son alimentadas por las ratas más jóvenes que sirven sus necesidades, como si estuvieran por encima de todas las demás, casi como monarcas de las demás“. Un teólogo del siglo XV llamado Gustav Griss hizo referencia al Rey de las ratas como un ejemplo de los horrores del infierno, en donde según él, los hombres sufren atados los unos a los otros, sin ser capaces de moverse en la misma dirección, como ratas atrapadas por sus colas. Ya Martín Lutero utilizaba al Rey de las ratas como una analogía de su filosofía anti-papal: “(…) en la cima de la estructura vive el Papa, el Rey de las ratas en persona, con varios cuerpos (sus obispos y cardenales) controlados por sus colas“. Durante mucho tiempo prevaleció la creencia de que el Rey de las rayas era un solo animal, con varios cuerpos separados. Este sería el responsable de generar a las otras ratas y controlarlas como un todo. La mención más antigua de este fenómeno data del 1454. Un Rey de las ratas fue descubierto en una bodega de heno en Aquisgrán, en la época en que una devastadora plaga arrasaba a la población del centro de Alemania. El descubrimiento fue tratado como una abominación y ampliamente documentado. Convocaron a personal experto para que analizaran el descubrimiento y estos estudiosos determinaron que aquel horrible animal, sin duda, era el responsable de la peste. Curiosamente, cuando el Rey de las ratas de Aquisgrán fue destruido, la peste que asolaba a la población disminuyó considerablemente. Así empezó la creencia de que toda epidemia de peste negra era provocada por un Rey de las ratas escondido en algún lugar. En 1538, una plaga asoló Gelsenkirchen, y con la intención de contener la epidemia, las autoridades tenían vía libre para ingresar a los hogares en busca del foco de infección, léase, el Rey de las ratas. A mitad de 1600, un noble que residía en las cercanías de Holstein presuntamente, luego de descubrir a un Rey de las ratas en el establo de su propiedad, mandó a depositar el animal (aún vivo) en una caja y dio órdenes expresas para que fuera llevado en carruaje y liberado en las tierras de un enemigo declarado. El sentido común nos dice que las enfermedades tienden a diseminarse más rápido cuando los animales se encuentran confinados muy cerca. Por eso, el Rey de las ratas era considerado como la personificación de una enfermedad. En 1571 en Bremen, el descubrimiento de un Rey de las ratas fue celebrado por el pueblo como el fin del martirio y el reinado de una plaga que azotaba a dicha ciudad. Cuando el animal fue quemado en la plaza pública y la peste no dio tregua, prefirieron creer en la existencia de un segundo Rey de las ratas que supuestamente habitaba en las afueras de la ciudad. Durante el avance de las tropas de Napoleón hacia el Este, numerosos soldados caían enfermos con síntomas de la peste, por lo que decidieron buscar el origen del mal. Corría el rumor de que un Rey de las ratas vagaba libremente por la zona. El temor desapareció finalmente hasta que oficiales informaron que el animal había sido encontrado y quemado. El fenómeno fue desapareciendo gradualmente mientras la rata parda (Rattus norvegicus) iba erradicado a la rata negra (R. rattus) de Europa hacía mediados del siglo XVIII. El descubrimiento de nuevos Rey de las ratas ha sido muy esporádico en la era moderna, sin embargo, hace algunos años se encontró un ejemplar en una granja de Estonia, en la región de Voru en enero de 2005. Especímenes del Rey de las ratas son conservados por algunos museos. El Naturkunde Museum Mauritianium en Altenburg (Turingia) tiene el más grande y mejor preservado Rey de las ratas conocido (la primera imagen que acompaña a este artículo). El espécimen momificado fue descubierto en 1828 en un incendio en Buchheim. Está integrado por 32 ratas. Ejemplares de Rey de las ratas conservados en frascos llenos de alcohol también pueden ser encontrados en los museos de Hamburgo, Göttingen, Stuttgart y Hamelin (irónicamente el sitio de la fábula sobre el flautista que salvó a la ciudad llevándose a las ratas fuera de esta). El Tartu Ülikooli Zooloogiamuuseum (Museo de Zoología de Tartu, en Estonia) posee un espécimen integrado por 29 animales. Un Rey de las ratas fue encontrado en Nueva Zelanda en 1930, y se exhibe en el Museo Otago en Dunedin, es el único ejemplar conocido que no está integrado por ratas negras. Se han encontrado relativamente pocos ejemplares de Rey de las ratas, el número no pasa de los 50 especímenes en todo el mundo. Las ratas siempre han estado asociadas con el horror, culpadas muchas veces de la enfermedad y la muerte. Siempre han sido considerados animales detestables, tanto así que hasta 1928 estaba prohibido exhibir ratas en las películas, con severas multas para quienes se atrevían a hacerlo. El tabú llegó a su clímax en la película Drácula, que colocó a cantidad de roedores en escena, lo que causa asco y el horror en los cines. La película fue prohibida en algunos lugares de Europa por el sólo hecho de mostrar escenas con ratas. La suposición de que un Rey de las ratas pueda causar una epidemia incontrolable y la necesidad de localizar su madriguera y destruir a la criatura emerge como una gran premisa para una aventura con un enfoque urbano. Imagina una ciudad medieval amurallada, con una población aterrorizada y el rumor persistente de que algo tan extraño crece y habita en la oscuridad, esparciendo enfermedad, controlando a otras ratas y provocando muerte. Una masa de ratas negras fundidas, contagiando enfermedades desconocidas, habitando un sótano oscuro y abandonado mientras controla a miles de otros súbditos para conquistar a toda una ciudad ¿Qué puede ser más aterrador?

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«Club 33», el club secreto y exclusivo de Walt Disney
«Club 33», el club secreto y exclusivo de Walt Disney
InfoporAnónimo5/13/2014

En 1967 abrió sus puertas el Club 33, un lugar ideado por Walt Disney, exclusivo para los más afortunados y que se mantiene como uno de los clubes más secretos, misteriosos y sobre todo exigente para quienes quieran ser parte de él. Entre sus miembros podemos encontrar a artistas, presidentes y multimillonarios. Como si de una película de espías o de Stanley Kubrick se tratara (al menos en parte), existen algunos "clubes secretos" que hacen sentir a sus miembros como parte de una logia, un grupo muy exclusivo de afortunados que no tienen nada que envidiar a otros como el Club de Leones o Rotary, de hecho, incluso podría ser todo lo contrario. El "Club 33" es uno de estos casos. Ideado por Walt Disney, abrió sus puertas en el año 1967 (cinco meses después de la muerte de Disney), se ha convertido en uno de los clubes más famosos del mundo, además de misteriosos, secretos y sobre todo exclusivos, y es que hacerse miembro no es para nada algo sencillo, y la espera es muy larga. Este Club VIP exige a los nuevos miembros o socios una iniciación mediante un pago de unos 25 mil dólares, y la renta anual por ser parte de este grupo exclusivo es nada menos que 10 mil dólares por integrante. Y si el dinero no fuera problema, nos encontramos con una cantidad de postulantes anuales enorme, de los cuales muy pocos cumplirán los requisitos, y podrán ser parte del club. Por supuesto, los requisitos y exigencias de los responsables del Club 33 para aceptar nuevos miembros son desconocidos. Por ejemplo, a inicios de este año fueron integrados unos 100 miembros nuevos, de 800 que se encontraban en la lista de espera, por lo que se estima que hay que esperar unos 14 años para poder ser socio del Club 33, un requisito que sin dudas no hace más que aumentar el interés de las personas por hacerse parte de él, por ser un "VIP". Entre sus miembros se encontrarían muchas personalidades famosas, incluyendo a Tom Hanks, Christina Aguilera, Elton John, además de distinguidos políticos e incluso ex-presidentes de Estados Unidos, aunque ninguno de estos está confirmado con total seguridad, dado el secretismo del club. El Club 33 está ubicado dentro del Parque (casi ciudad) Disneyland, en la calle New Orleans dirección 33, de donde proviene su nombre. Una de las curiosidades de este club VIP es que es el único lugar en toda la ciudad "mágica" de Disney en donde se pueden consumir bebidas alcohólicas, fumar cigarros (en un área específica del establecimiento alejada del restaurant) y disfrutar de una extensa variedad gastronómica, de la mejor calidad posible, según mencionan algunos afortunados de haber disfrutado una comida allí. Por otro lado, el Club 33 es casi un museo de arte, dado que está inundado de cuadros, antigüedades y esculturas, además de ciertos guiños a las producciones de Disney, como obras creadas por los artistas de sus estudios, entre caricaturas o incluso pequeñas piezas de los sets de algunas películas. Ser parte de este club no es nada sencillo, e incluso se dice que muchos lo intentan y nunca logran ser miembros. Aún así es parada obligatoria para cualquiera que visite el parque de diversiones, así sea para solo conocer su lobby y llevarse algún souvenir, dado que para acceder al club a través del elevador de madera y cristal, se debe mostrar el carnet de miembro, mencionar la clave secreta, comparar huella dactilar y el iris con los registros de la base de datos, y por si fuera poco, hacer una reservación con al menos un mes de anticipación, además de cumplir las normas de vestimenta y etiqueta. Todo un protocolo que logra despertar aún más interés en este club. Gracias por pasar

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Hay un Kaiju en mi consola…
InfoporAnónimo5/31/2014

No es casualidad que ahora que el fenómeno kaiju vuelve a estar de moda haya retomado este artículo que tenía a medias desde que vi en el cine Pacific Rim o la ahora tan de moda serie Attack on Titans (Shingeki no Kyojin, 2009) obra del mangaka Hajime Isayama o la futura Transformers Age of Extinction (Michael “bum bum” Bay, 2014) en la cual también salen bichos gigantes aunque en este caso mecánicos. No voy a entrar en el debate de si los kaiju deben ser orgánicos o no ya que es una opinión muy personal. Simplemente decir que aunque pueden coexistir en un mismo universo ambas naturalezas (de hecho es así) yo no considero a los robots gigantes kaiju, si no simple y llanamente mechas. Por muy grandes que sean. ¿Es Mecha-Godzilla un kaiju? No. Al igual que no lo son Mazinger Z, Groizer X, Ironman 28 o Shin Getter Robot. ¿Ultraman o Apollon son kaiju por tener en su interior un ser vivo? Ah, amigos, allá cada uno… Antes de repasar alguno de los videojuegos en los que los kaiju tienen un papel importante (protagonista o no) hagamos un poco de historia. Pese a que siempre usamos Kaiju como equivalente de monstruo originalmente sería más apropiado criatura desconocida o extraña. El género Kaiju Eiga en el que estas bestias tan pronto destruían a la humanidad como luchaban por ella derivó en una hemorragia de películas de efectos especiales denominadas tokusatsu en las cuales se hacía gala de unos FX la mar de delirantes. Pirotecnia, cables locos, disfraces, caucho y látex, maquetas y diseños ye-ye en pertenecientes a una época en la cual resultaban chocantes y frescos mientras que ahora nos hacen simplemente esbozar una sonrisa. Un señor en leotardos se enfrenta a una planta carnívora. Ambos por supuesto son gigantes y aplastan edificios como si fuesen de mantequilla (o de cartón-piedra) mientras lanzan chispitas ultramegadestructoras que en realidad no le harían daño ni a una mosca, terminando con una explosión de gas butano y por ende con la vida del kaiju malvado de turno. Sí, señor: Power Rangers. Cito a los Power Rangers porque es algo que a más de uno le habrá venido a la cabeza aunque debo dejar claro que realmente pertenece al género Sentai o Super Sentai (algo así como “escuadron”) más que al kaiju pese a contar con monstruos gigantes. Que ya puedo imaginar a más de uno salando el látigo para que me escuezan los azotes por mezclar ambas. Como ya he dicho al principio los kaiju pueden coexistir con mechas, sentai e incluso con suegras. Como decía hemos de diferenciar entre bakemono y kaiju. Si bien ambos son monstruos los primeros son de un tamaño normal mientras que los segundos deben ser obligatoriamente gigantescos. No hay posibilidad de duda. King Kong (en cualquiera de sus versiones), Godzilla (en cualquiera de sus versiones menos en la de 1998 de Emmerich), los malos de Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), los ángeles de Evangelion, el kraken de Furia de Titanes (Desmond Davis, 1981) o Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto (Gore Verbinski, 2006), el calamar de Deep Rising (Stephen Sommers, 1998) o los bichos sacados de Cloverfield (Matt Reeves, 2008), Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), Monstruos contra alienígenas (Rob Letterman, 2009), Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997), Ben 10, algunos Pokémon o Digimon… son tantas las obras que beben u homenajean a los kaiju japoneses que no es de extrañar que hayan trascendido directa o indirectamente al mundo del videojuego. Eso sin contar las locuras que se han podido ver en Japón dentro de las películas tokusatsu en las cuales se han atrevido a kaijurizar a mitos vivientes como Frankestein e incluso el Spiderman de Marvel con robot gigante incluido. Pero esa es otra historia. Así que vamos ahora con lo que nos interesa que no es otra cosa que nuestra ración de vicio digital: los kaiju en los videojuegos… Rampage (Midway, 1986) Cuando en los años 80 se nos presentaron las aventuras de Lizzy, Ralph y George el fenómeno Kaiju no estaba muy extendido fuera de Japón. Vale que Godzilla y King Kong ahí estaban pero no creo que acabara de cuajar firmemente salvo en la mente de los que ahora a día de hoy somos frikis de manual. Rampage nos proponía meternos en la piel de tres tipos de Kaiju (licántropo, lagarto y mono) y directamente nos ponía a destrozar ciudades mientras aguantábamos oleadas de soldados y reducíamos a escombros edificios y poblaciones completas. El juego tuvo versiones para casi todos los sistemas de la época y aún hoy día es recordado. Las últimas entregas que pude probar fueron las de Nintendo64 y la que más horas me proporcionó la de Spectrum. Olas y olas de efectivos del ejército cayendo bajo nuestros pies a la vez que reducimos a grava edificios de treinta plantas. ¿Qué puede fallar? Todo un clásico que destila amor por los cuatro costados y que todo hijo de vecino debe al menos probar. War of the Monsters (Incognito Entertainment, 2003) Cuando los creadores de la saga Twisted Metal nos trajeron este simulador de batallas de Kaiju no sé muy bien qué estarían pensando. Homenajeando claramente a las pelis de Sci-Fi de los años 50 y al género tokusatsu nos brindaban demoledoras batallas entre dos o más monstruos gigantescos en ciudades bastante bien recreadas que por regla general acababan reducidas a recuerdo. Simple y llanamente. No recuerdo muy bien el número pero creo que podíamos elegir entre una enorme variedad de Kaiju (más de diez) englobando todos los tipos. Desde mechas puros y duros a monstruos de electricidad, lagartos, monos o dragones. Además con la posibilidad de conseguir distintos disfraces para todos ellos sin pasar por caja con los malditos DLCs contando también todos ellos con golpes cuerpo a cuerpo y a distancia. Un gran juego heredero del espíritu Twisted Metal con un aire loco y divertido que no se toma en serio pero que contentará a los fans de la acción, los juegos dinámicos y sobre todo los monstruos. Un indispensable de PS2. King of the Monsters (SNK Corp., 1991) Wrestling, monstrous gigantes y destrucción. ¿Qué más necesitas? La delicia jugable y el capricho visual nos llevan a nuestra siguiente parada. Media decena de Kaiju nos dejan meternos en su piel para destruir otras tantas ciudades de Japón en unos escenarios cerrados bajo la mecánica de un juego de pressing catch cualquiera añadiendo a la vez la espectacularidad del tokusatsu y del kaiju eiga. Una vez más tenemos los cliches de este tipo de cine pero con unos personajes carismáticos y bien animados con llaves personales y ataques icónicos. Edificios que explotan, barreras laser que actúan de cuerda para impulsarnos y llaves de lucha libre para terminar con una cuenta de tres. Versiones para Sega Mega Drive y SNES incluidas, se lanzó una segunda parte (1992) que añadía a la vez elementos de brawler o beat´em up. Personalmente es uno de los juegos que más recuerdo del género y un gran título de wrestling (teniendo en cuenta sus peculiares características). Shadow of the Colossus (Team Ico, 2005) Otro indispensable a la hora de hablar de Kaiju es sin duda Shadow of the Colossus. Si mi memoria no me falla unos catorce o quince colosos nos esperan para impedir la misión de devolver la vida a nuestra amada Momo. Estos enormes monstruos deben ser sacrificados para que ella viva. No nos amenazan ni van a destruir nada que nos importe (al menos en principio) pero aún así debemos darles caza. Fumito Ueda nos brindó esta intimista aventura tras el discreto éxito del genial Ico. Al menos tenemos la tranquilidad de que el tiempo ha puesto a ambas obras en su sitio convirtiéndolas en piezas maestras dignas de culto. Debo reconocer sin embargo que siempre encontré Shadow of the Colossus bastante tosco en lo que a control se refiere. Pero tranquilos, no saquéis vuestros dildo-espadas porque soy consciente de que el problema está en mí, no en el juego en sí. Otro genial e indispensable título para PlayStation 2. Por cierto y hablando de Ueda y de los kaiju: ahí tenemos The Last Guardian. O tendremos. O no… Godzilla (Varios, 1983-2014) No nos engañemos. Sería injusto e ilógico que El Rey Kaiju no tuviera al menos un adaptación a formato digital de sus orgías destructivas. Godzilla (o Gojira en su japonés natal) no podría conformarse con un videojuego. Desde que en 1954 se lanzase la película original de Ishiro Honda son incontables las incursiones de la lagartija gigante en el mundo del ocio electrónico. Desde el Commodore 64, la Game Boy o la NES a la Nintendo Game Cube o la Xbox pasando por los teléfonos móviles o la Nintendo DS. Pocos formatos son los que se han librado de una o varias entregas del mutante radiactivo. Si debo quedarme con dos de ellos supongo que serían Godzilla Monster of Monsters para NES (Compile, 1988) y el pandiloco Godzilla Destroy all Monsters Melee (Atari, 2002). Innumerables horas las invertidas en estos dos (muy) mejorables juegos que se limitaban a cumplir su cometido: divertir. Cosa que por cierto no es poco. Tales from Space: Mutant Blob Attacks!! (Drinkbox Studio, 2012) No fue hace mucho cuando pude descubrir este divertido juego semi-indie gracias a PlayStation Plus en mi PlayStation Vita. Juego directo y divertido de que parece carne de Android Market, en él se nos cuentan las aventuras de un moco mutante espacial que debe escapar de las zarpas del gobierno para no acabar sus días en una probeta. ¿Pero no hablábamos de Kaijus? Pues sí. Vosotros darle tiempo al moquete pringoso del espacio exterior y veréis a lo que me refiero. Un grandísimo juego que me sorprendió para bien y del cual siempre guardaré un grato recuerdo. Todo un desafío que mezcla los monstruos gigantes, las pelis americanas de los años 50 y Angry Birds. Ahí es nada. Ultraman (Varios) Grandísimo personaje y muy irregulares juegos. Aquí me detendré poco ya que la mayoría han pasado sin pena ni gloria. Tan sólo os recomendaré dos. El primero Ultraman Towards the Future (Bandai, 1991) para El Cerebro de la Bestia en el que se nos presenta al mítico gladiador gigante bajo el gameplay de un fighting game cualquiera. Deberemos vernos las caras contra clásicos enemigos haciendo uso de nuestras escasas habilidades de combate. ¿Que por qué os lo recomiendo entonces? No sé, este juego suda amor y tiene algo que no sé plasmar con palabras… Si os mola (y sólo si os mola) quizá deberíais también probar Ultraman Nexus de Bandai (PlayStation2, 2005). Y ya puestos (y si os va la caspa y el cuero) también deberíais echar un ojo a la serie Ultraman Fighting Evolution. Con entregas en PSone, PS2 y PSP esta deleznable saga de juegos VS llenará de ponzoña nuestra mente, de ardor nuestros ojos y de artrosis nuestros dedos. Una Mierda Mítica de cuidado. Pero qué queréis que os diga, a mí me encantan. Más Hostias, Más Kaijus y Ultraman. Y punto. Black & White (Lionhead Studios, 2001) Cuando el tito Molineux lanzó su segundo peculiar Simulador de Dios aún estaba que lo tiraba. Subido en la cresta de la ola nos vendió incluso versiones para PSone y PS2 que nunca llegamos a catar pese a haber visto varios videos in game. O eso decían. El caso es que en Black & White se nos ponía a las manos (nunca mejor dicho) de un Dios que debe conquistar terrenos y aldeas pudiendo elegir entre ser un cabrón con pintas o más tierno que las tetas de una monja novicia. Hasta aquí todo normal si no fuese por la presencia de unas mascotas la mar de monas que tienen sana costumbre de crecer como si no hubiera un mañana. Asesinatos, sacrificios, milagros y esas hierbas con unos kaijus bastante sugerentes: una vaca, un tigre y un mono (al menos en principio). Lo cierto es que el juego tenía su aquel y era bastante divertido y complejo ya que había que añadir varios pueblos para domesticar además de la ya nombrada posibilidad de ser buenos o malvados. Así nos quedó un título muy correcto y que aún hoy muchos jugadores recuerdan. Primal Rage (Time Warner Int., 1994) Aunque más de uno querrá pegarme un tiro en la ingle o retirarme la palabra no podía hacer un artículo sobre Kaijus y dejarme Primal Rage. Uno de tantos bluffff del boom de los fighting games en los años 90 y a la vez uno de los más recordados. Supongo que una de las claves de esa permanencia en la memoria de la chavalería (de entonces) es que los personajes estaban animados mediante Stop Motion fotograma a fotograma. Es decir, que se usaron muñecos a los cuales se fotografiaba frame a frame y luego se digitalizaban para añadirlos al juego. Otro de los aspectos más curiosos de Primal Rage es su elenco de luchadores: dinosaurios y monstruos gigantes con ataques especiales violentos y muy locos (y escatológicos). Personalmente y pese a su duro control casi diseñado por un manco ciego y alcohólico debo reconocer que le guardo enorme cariño y fueron muchas las horas dedicadas al arcade y a algunas de sus versiones caseras para casi todo lo que se movía por aquella época. Echadle un ojo al video y flipadlo. Gaurodan (Loco Malito, 2013) No podía si no al menos recomendar desde aquí el genial y divertidísimo Gaurodan de ese gran genio que es Loco Malito. Si no lo habéis jugado aún ya estáis tardando. Bajo la apariencia de un shoot´em up de los de antes se esconde un arcade hecho con mucho amor y mimo en el que se nos cuenta una historia ibérica como pocas de kaijus y ciudades que reducir a escombros. Gaurodan, el Pájaro del Trueno, regresa a Canarias (sí, no es coña) para evitar que se despierte a Guayota, la Bestia de Fuego, que se encuentra dentro del Teide. Podremos destruir ejércitos, ciudades y otros bichos algo más creciditos mientras sobrevolamos El Paraiso impartiendo justicia divina. Un shoot´em up de corte clásico que requiere dedicación como otros títulos del insigne Loco Malito. Una delicia que pocos sabrán apreciar que se inspira también en los Kaiju clásicos para divertirnos hoy. Al loro con la música de Gryzor87 y ya puestos jugad a Maldita Castilla, cabrones. Pero seamos sinceros y dejémonos de zarandajas. No son pocos los títulos que contienen Kaiju de una manera directa o indirecta en su programación. Desde el por ahora fallido Colossal Kaiju Combat que creo sigue buscando financiación a la saga Zelda o Metroid, son cientos los títulos que contienen algún Final Boss hipervitaminado de tamaño industrial. No olvidemos juegos más modernos como la saga Gears of War, Castlevania Lords of Shadow o God of War. En todos aparecen monstruos enormes y gigantescos realmente expectaculares. Pero como ya he dicho eso era algo casi común en otra época. Ahí tenemos el mono gigante de Wild Fang (Tecmo, 1989), los animalicos de Prehistoric Isle in 1930 (SNK, 1989) o Joe and Mac Caveman Ninja (Data East, 1991), algunos villanos de la saga Ghost and Goblins como por ejemplo Cocatrice o Genola, el soldado gigante de las VR Missions de Metal Gear Solid. ¿Qué me decís de Bartzilla? Seguramente la única fase decente del olvidado The Simpsons: Bart´s Nightmare (Sculptured Software, 1992). Skyblazer, Contra, Pikmin, R-Type, Darius, Midnight Wanderers… Venga, haced memoria. Seguro que son cientos los títulos que os vienen a la cabeza con uno o varios enemigos de esos gigantes que quitan el hipo. Quizá y sólo quizá seamos capaces de ver lo mucho que el fenómeno Kaiju está arraigado en nuestra cultura gamer y podamos mirar a Godzilla a la cara dándole gracias. Ahora puede que veamos con otros ojos el último film de El Rey de los Monstruos…

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El loco del pelo rojo
ArteporAnónimo4/24/2014

Que tal amigos taringueros! En esta ocasión les comparto un poco de este excéntrico artista tan cotizado en años resientes cuando en su momento ni lo valoraban, lo cual señala cuan adelantado estaba a su tiempo, Van Gogh. Mini bio: Vincent Willem van Gogh (en neerlandés Acerca de este sonido Vincent van Gogh (?·i) [ˈvɪnsɛnt fɑn'xɔx]) (Zundert, Países Bajos, 30 de marzo de 1853-Auvers-sur-Oise, Francia, 29 de julio de 1890) fue un pintor neerlandés, uno de los principales exponentes del postimpresionismo. Pintó unos 900 cuadros (entre ellos 27 autorretratos y 148 acuarelas) y realizó más de 1.600 dibujos. Una figura central en su vida fue su hermano menor Theo, quien le prestó apoyo financiero de manera continua y desinteresada. La gran amistad entre ellos está documentada en las numerosas cartas que se intercambiaron desde agosto de 1872. De las 800 cartas que se conservan del pintor, unas 650 eran para Theo; las otras son correspondencia con amigos y familiares.2 A pesar que desde muy joven tuvo inclinación hacia el dibujo, su primer trabajo fue en una galería de arte. Más tarde se convirtió en pastor protestante y en 1879, a la edad de 26 años, se marchó como misionero a una región minera de Bélgica, donde comenzó a dibujar a la gente de la comunidad local. En 1885 pintó su primera gran obra Los comedores de patatas. En ese momento su paleta se componía principalmente de tonos sombríos terrosos. La luz de colores vivos por la que es conocido surgió en obras posteriores, cuando se trasladó al sur de Francia, consiguiendo su plenitud durante su estancia en Arlés en 1888. La calidad de su obra sólo fue reconocida después de su muerte, considerándose en la actualidad uno de los grandes maestros de la pintura. Tuvo una gran influencia en el arte del siglo XX, especialmente entre los expresionistas alemanes y los fauvistas como Derain, Vlaminck y Kees Van Dongen.3 4 Sufrió frecuentes brotes de una enfermedad mental a lo largo de su vida, que le llevó a producirse una herida de bala que acabó con su vida a la edad de 37 años. A pesar de que existe una tendencia general a especular que su enfermedad mental influyese en su pintura, el crítico de arte Robert Hughes cree que las obras del artista están ejecutadas con un completo control. Videos: Galeria: Aqui un cuadro que hice en su honor je je: Gracias por pasar!! Hasta la otra!

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