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Usuario (Colombia)
La Inteligencia nos hace más felices? La respuesta más rápida que se nos ocurre es que no, que a veces nos gustaría ser un poco menos inteligentes para disfrutar más de las cosas buenas de la vida, de forma sencilla, y sin estar buscando siempre ese algo más que caracteriza a las personas inteligentes, y en general a los seres humanos. Por una parte la Inteligencia te abre un millón de puertas para investigar, para realizar actividades nuevas con posibilidades de triunfar en ellas, para estar siempre aprendiendo que es una de las cosas más gratificantes que podemos hacer los seres humanos, para enseñar si la paciencia nos acompaña, y en definitiva para comprender mejor lo que ocurre a tu alrededor. Pero por otra parte también es el arma más peligrosa que poseemos para alejarnos de los caminos comunes, de aquello que habitualmente se conoce como "hacer lo adecuado", y que suele ser a menudo más garantía de éxito en la vida en todos los sentidos que la exploración de nuevas formas de hacer. Así nos encontramos a Superdotados adultos con unas excelentes relaciones familiares, y con un número importante de amigos con los que comparten su vida con generosidad y buen humor, pero con graves problemas para someterse a la disciplina de un trabajo por cuenta ajena a las órdenes de un jefe con menos luces que ellos mismos. También nos podemos encontrar a excelentes trabajadores, muy buenos en su campo, que cumplen religiosamente con sus obligaciones laborales y dan muy a menudo mucho más de lo que se espera de ellos en ese terreno, pero que luego tienen graves problemas en las relaciones personales, con dificultades para encontrar y mantener una pareja estable y/o amigos fuera del ámbito laboral que se adapten a "sus manías" y a su forma de implicarse en sus propios proyectos personales. Si para ser felices como seres sociables que somos necesitamos sentirnos integrados en una familia, un grupo de amigos, y sentirnos útiles a la sociedad, ser un Superdotado no es ninguna garantía para ser feliz, sino que por el contrario se tiene que luchar por ser feliz a pesar de ser Superdotado. Como ejemplos de vidas irregulares y no excesivamente felices en los ámbitos personales tenemos a muchos de los grandes genios Einstein, Picasso, Goethe, Nietzsche, Mozart, ...... famosos por sus grandes aportaciones a la humanidad, pero también por sus tempestuosas vidas familiares.
Tengo la impresión de que ordinariamente en todos los niveles del ámbito académico, pero mucho más en el laboral, se les suele apostar a los inteligentes. Cosa distinta de lo que pasa en el ambiente familiar. Pero luego resulta que en el desempeño de las diversas actividades del ser humano, la inteligencia no siempre es el factor de mayor importancia. No resulta raro que la gente demasiado lista pueda tener problemas de integración social. Por medio del procesador racional (inteligencia), y de su bodega (la memoria) tenemos la capacidad de engranar millones de datos que la experiencia, los estudios y demás medios nos proporcionan, para poder tomar decisiones; sin embargo, lo que quizás hubiera parecido una solución aceptable puede terminar en un error de cualquier tamaño, pues existen otros factores que intervienen en toda interacción grupal. Claro está que las empresas se han percatado de ello desde hace mucho, y en los procesos de selección de personal procuran investigar –por medio de entrevistas junto con baterías de exámenes psicométricos, de habilidades y personalidad- sobre las distintas áreas que comprenden la actuación de los candidatos para un puesto determinado. Estos procesos de elección pueden ser insuficientes, entre otras cosas, porque las deficiencias de carácter y madurez personal donde encontramos vicios como celos, ambición de poder, soberbia, envidia, orgullo, egoísmo y otros defectos, no son fáciles de detectar y salen a relucir tiempo después, cuando las personas se encuentran interactuando con los jefes, compañeros y subordinados. Esto me lleva a dos conclusiones: La primera es la conveniencia de poner más atención en los establecimientos educativos -de todos los niveles- en fomentar el espíritu de equipo en sus alumnos, en contra del desmedido afán de competencia que suele caracterizar a la mayoría de estas instituciones. La segunda -sin duda más quimérica- se relaciona con el noviazgo, en cuanto proceso de selección del futuro cónyuge, ya que buena parte del éxito del matrimonio dependerá de dicha elección. Lo ideal sería tratar de racionalizarlo más para disminuir los riesgos, ya que el peor error que se puede cometer en esta vida es casarse con la persona equivocada. Ojalá que desde pequeños se enseñara a los niños, de ambos sexos, a crear el perfil que desearían encontrar en la persona con quien deberán compartir sus ideales hasta la muerte. Nadie suele emprender un viaje sin saber a dónde irá…, excepto en el matrimonio.
Con el fin de ponerse de acuerdo en qué es la Inteligencia, 50 profesores de Universidades de USA, Canada y Gran Bretaña firmaron un documento publicado inicialmente en el Wall Street Journal el 13-12-1994, y posteriormente en la revista Intelligence. En el mismo se subrayan las conclusiones mas importantes de los investigadores en Inteligencia en la actualidad en este campo. En cuanto a la naturaleza, evaluacion y aplicacion de la inteligencia en el documento se recoge lo siguiente: Significado y Medida de la Inteligencia: 1. La inteligencia es una capacidad mental muy general que, entre otras cosas, implica habilidad para razonar, planificar, resolver problemas, pensar abstractamente, comprender ideas complejas, aprender con rapidez y aprender de la experiencia. No supone el mero aprendizaje de un texto, una habilidad académica específica, o resolver tests de forma habilidosa. Mas bien refleja una capacidad amplia y profunda para la comprensión del entorno, para ser capaz de capturar el significado de las cosas y darles un sentido, o para ingeniárselas a la hora de saber qué hacer. 2. La inteligencia, así definida, puede ser medida, y los tests de inteligencia la miden correctamente. Este tipo de tests se encuentran entre los más precisos (en términos técnicos de fiabilidad y validez) de todos los tests y procedimientos psicológicos de evaluación. No miden creatividad, personalidad, u otras diferencias importantes entre las personas, ni tampoco pretenden hacerlo. 3. Si bien existen distintos tipos de test de inteligencia, todos ellos miden la misma inteligencia. Algunos utilizan palabras o números y requieren un conocimiento cultural específico (como vocabulario). Otros, por el contrario, utilizan formas o diseños que requieren, únicamente, conocimiento de conceptos universales y simples (mucho/poco, abierto/cerrado, arriba/abajo) 4. La distribución de las personas a lo largo del continuum del CI, desde los niveles bajos a los altos, puede ser correctamente representado por la curva de campana (en lenguaje estadístico la curva normal). Muchas personas se agrupan en torno a la media (CI 100). Pocos son muy brillantes o muy torpes; alrededor del 3% de las personas puntúan por encima de 130 (a menudo considerado como el umbral de los superdotados), y alrededor del mismo porcentaje presentan una puntuación en CI por debajo de 70 (CI 70-75 es considerado a menudo como el umbral del retraso mental). 5. Los tests de inteligencia no están culturalmente sesgados de forma que perjudiquen a las personas de color, o a otras razas. Por el contrario, las puntuaciones en CI predicen con la misma precisión para todos las personas, independientemente de su raza o clase social. Los individuos que no comprenden bien el idioma pueden ser evaluados a partir de tests no verbales, o bien en su propia lengua nativa. 6. Los procesos cerebrales que subyacen a la inteligencia se conocen poco aún. La investigación actual busca, por ejemplo, en la velocidad de transmisión neural (mayor para los más inteligentes), el gasto de glucosa en el cerebro (menor para los más inteligentes) y la actividad eléctrica del cerebro (diferente). Importancia Práctica 1. El CI se relaciona notablemente, probablemente más que cualquier otra medida humana de carácter único, con numerosos eventos educacionales, ocupacionales, económicos y sociales importantes. Su relación con el bienestar y el rendimiento de los individuos es muy potente en algunas áreas de la vida (educación, entrenamiento militar), moderada, pero robusta, en otras (competencia social), y modesta aunque consistente en otras (cumplimiento de las leyes). Lo que quiera que sea que el CI mide, es de gran importancia práctica y social. 2. Un CI alto es una ventaja en la vida porque prácticamente todas las actividades requieren en alguna medida de razonamiento y toma de decisiones. Inversamente el CI bajo es a menudo una desventaja, especialmente en entornos desorganizados. No obstante, un CI alto no garantiza el éxito en mayor medida que un CI bajo garantiza el fracaso en la vida. Existen muchas excepciones, pero las ventajas del éxito en nuestra sociedad favorecen ampliamente a aquellos individuos con mayor CI o superdotados. 3. La ventaja práctica de poseer un mayor CI se incrementa en la medida en que la vida se vuelve más compleja (novedosa, ambigua, cambiante, impredecible o multifacética). Por ejemplo, un CI elevado es generalmente necesario para desenvolverse bien en trabajos moderadamente complejos; pero no proporciona tanta ventaja en entornos que solo requieren toma de decisiones rutinarias o resolución de problemas simples. 4. Las diferencias en inteligencia no son, ciertamente, los únicos factores que afectan al rendimiento en la educación, el entrenamiento y en trabajos altamente complejos (nadie dice que lo sean) pero la inteligencia es a menudo la más importante. Cuando los individuos ya han sido seleccionados en función de su CI (alto o bajo) y, por tanto, ya no difieren demasiado en CI, la influencia de otro tipo de variables sobre el rendimiento puede ser mayor en comparación. 5. Ciertos rasgos de personalidad, especialmente talentos, aptitudes, capacidades físicas, experiencia, etc. son importantes (algunas veces esenciales) para un rendimiento satisfactorio en muchos trabajos, pero tienen una aplicación más reducida y un capacidad de generalización menor en comparación con la inteligencia general. Algunos profesores prefieren referirse a esos otros rasgos humanos como otras inteligencias. Entre los expertos que han firmado esta declaración se encuentran expertos como J.B. Carroll, R.B. Catell, D.K. Detterman, H.J. Eysenck, J.M. Horn, S. Scarr, R.M. Thorndike o P.A Vernon entre otros.