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perrymast

Usuario (Argentina)

Primer post: 11 feb 2011Último post: 31 may 2017
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Gustavo Cerati - Amor Amarillo (1993) Review - Taringa!
Gustavo Cerati - Amor Amarillo (1993) Review - Taringa!
ReviewsporAnónimo2/11/2011

GUSTAVO CERATI revisitado. Primera entrega: Amor Amarillo (1993) El primer gesto solista de Gustavo Cerati estuvo rodeado por tres circunstancias pilares: a) el hiato de Soda Stereo tras una década de agotador camino al gigantismo; b) la necesidad de sacar provecho de la interesante cantidad de material acumulado del proceso de composición de Colores Santos y Dynamo (ambos de 1992); y c) la inminente paternidad y feroz enamoramiento del líder del trío, factores potenciadores de inspiración. Así las cosas, un Cerati bastante harto de hacer todo a lo grande decide internarse en su living para delinear esta verdadera oda al calor de hogar, apenas auxiliado por unos pocos amigos como Tweety González y el mismo Zeta Bosio, además de su encinta (hoy ex) esposa, la modelo chilena Cecilia Amenábar. Sin más acompañamiento que el de una groovebox, y haciéndose cargo de casi todos los bajos y teclados, Gustavo pone en primer plano el elemento electroacústico para exhibir al mundo su intensísima, cálida experiencia de fertilidad y amor ideal, concepto que atraviesa todo el disco pero que alcanza picos en, por ejemplo, “Amor amarillo”, “Lisa”, “Te llevo para que me lleves” y “A Merced”. Canciones que denotan una estructura simple y llevadera, con escasas sobregrabaciones y bonitas líricas embebidas de un bello erotismo cotidiano. Pero también en Amor Amarillo hay lugar para otras facetas conocidas del artista. “Pulsar” reconecta con la electrónica, la cual desde hacía tiempo iba ganando espacio en el mundo ceratiano. “Av. Alcorta” aparece como un capítulo bastante oscuro en el seno de una totalidad más bien luminosa, aunque el cansancio autorreferencial que exuda es balanceado en última instancia por la concepción del hogar familiar como refugio seguro ante los males del mundo exterior. Y “Bajan” cumple con el cometido de homenajear ya abiertamente a una gran influencia en la vida artística de Cerati como lo es Luis Alberto Spinetta. Es útil subrayar que el particular contexto de concepción de Amor Amarillo resulta fundamental para entender el por qué de la decisión del autor de dejar su contenido prácticamente en formato demo: si de veras tenía ya grandes problemas con un grupo, difícilmente hubiera podido sostener dos. Cerati se había volcado por terminar en su departamento lo que allí mismo había comenzado, y el resultado daba fe de ello. Asimismo, el agotamiento, la expansión de su familia y el clima intimista del disco no propiciarían más presentación que un par de mini shows para radio y televisión. Luego, la tragedia de Zeta y un restito creativo en la mente del líder de Soda darían pie para el último gran paso de la banda hasta la separación de 1997. Y Amor Amarillo, aunque a cuentagotas, sería merecidamente reivindicado en las subsiguientes giras como solista de este gran artista argentino. Sello: BMG. Track-list: Amor Amarillo. Lisa. Te llevo para que me lleves. Pulsar. Cabeza de Medusa. Av. Alcorta. Bajan. Rombos. Ahora es Nunca. A Merced. Links artísticos: Pescado Rabioso - Artaud (1973); Fito Páez - El Amor después del Amor (1992); Soda Stereo - Dynamo (1992); Cerati/Melero - Colores Santos (1992); Cocteau Twins - Heaven or Las Vegas (1990); Primal Scream - Screamadelica (1991).

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Slowdive – Niceto Club (16/05/2017) - Reseña
ReviewsporAnónimo5/31/2017

por P. Mastrángelo www.popisdeadblogdemierda.blogspot.com.ar Que hasta bandas desconocidas como Slowdive hayan claudicado ante el rescate más-económico-que-emotivo del mercado del regreso, no debe sorprender, pero que lo hayan hecho en compañía de un álbum a la altura de su modesta leyenda (Slowdive, 2017) sí es un gesto digno de destacar. Se trata de ocho canciones que retoman las cosas donde las habían dejado Souvlaki (1993) y Pygmalion (1995), sin intención alguna de homenaje o recreación, aunque sí de fidelidad a ciertos principios: un sonido etéreo, hábilmentemente texturado, en el que unas voces apenas audibles se funden en mares de guitarras tan cargadas de reverberancia que terminan mimetizándose con los teclados. Gracias a esta sobresaliente reaparición, la palabra fraude empieza a desvanecerse y su debut en Buenos Aires se espera con más relax que dubitaciones. Crecido a la sombra impertinente de My Bloody Valentine y Ride –los mimados de la escena alternativa inglesa de comienzos de los noventa–, el quinteto de Reading tuvo que inventar un acercamiento a Cocteau Twins y al The Cure más denso para otorgar vida propia a un material que les daría satisfacciones artísticas, pero que nunca les permitiría eludir el desastre comercial, en última instancia, el determinante de su eyección del sello Creation a mediados de década. Pese a eso, el hecho de que los líderes Neil Halstead y Rachel Goswell hayan dado vuelta la página con el folk de Mojave 3 como para mantenerse a flote en el panorama indie, sumado a la ola revalorizadora, los ha salvado del olvido total. No todos pueden decir lo mismo. Sólo así se explica un Niceto abarrotado que logra arrancar sonrisas a sus parcos héroes, armados hasta los dientes con pedaleras aeronáuticas, un volumen altísimo y el exquisito juego de luces que ofrece el lugar. Con semejante amparo, luego de la paisajística introducción de “Slomo”, el grupo desplegó de menor a mayor un torrente de electricidad lo suficientemente abarcativo para dejar a todos los demandantes eructando de empacho: los que querían “hits”, pudieron escuchar “Catch the Breeze”, “Alison”, “When the Sun Hits” y la ingrávida “Souvlaki Space Station”; los que buscaban extractos de viejos EPs consiguieron acreditarse “Avalyn” y “She Calls”; también hubo novedades (“Star Roving”, “Sugar for the Pill”) y hasta el suicida Pygmalion se coló con la psicótica “Crazy for You”. Así y todo, algún espectador que logró mantener los pies sobre la tierra se acordó de pedir “Machine Gun”, a lo que la banda, antes de cerrar, respondió con su cover libre de “Golden Hair” de Syd Barrett. Es que a esa altura del viaje, sinceramente, todo daba lo mismo. Ya consumado el trip sonoro, el bis “40 Days” marcó el final de un show donde las palabras escasearon –incluso en un día especial debido al cumpleaños de Goswell– y en el que primó una experiencia más corporal que musical, en virtud del placentero trance al que Slowdive sometió a una audiencia hambrienta de vivenciar a los sobrevivientes del shoegaze. Una idea estética que, gracias a las lecciones de los originales y a los que han recogido bien el guante, se resiste a ser incluida en la desagradable bolsa negra de lo anacrónico.

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