peladitovaldez
Usuario (Argentina)
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".(Palabra del Señor) Apenas se entera María del embarazo de su prima Isabel, va a su encuentro. 100 km aproximadamente, cuatro días de peregrinación para servir, en sus primeros días de embarazo. Salir al encuentro del necesitado, y no solo sale al encuentro, sino que eso le demanda mucho esfuerzo, mucha “pérdida de tiempo”, mucha pasión puesta en servir, porque sin pasión se hace difícil, cuesta más, se pierde de vista el objetivo, comienzan los “¿Qué hago yo aquí? O ¿para qué me meto a ayudar?” cuatro días caminando, peregrinando para ayudar, solo para ayudar. No había nada de interés, no había “ganancia” en esta ayuda. Nada era a favor suyo. Entregaba la vida y se volvía, con menos dinero, con más cansancio, pero con mucho más amor. Era un sagrario viviente. Llevaba a Jesús consigo, y eso la llevaba a darlo. Y la respuesta fue: “¡un salto de alegría!” de Juan en el seno de su mamá. Ellos, los dos, no se vieron, pero se trasmitieron todo mediante el Espíritu Santo, el mismo que nos une a nosotros como pueblo cristiano. No nos vemos, no nos conocemos, pero podemos sentir la alegría del que vive en otras tierras, también sus tristezas, y bendecirlo, como hago yo en este momento y como te pido que hagas vos en donde estés, porque es el mismo Espíritu ese que unía a Jesús y Juan, el que nos une a nosotros, y nos permite unir, imaginariamente nuestras manos para rezar al buen Dios. La actitud de María ante la Palabra, expresa el ideal para cristianos y comunidades cristianas: no encerrarse , sino salir de casa, estar atento a las necesidades concretas de las personas, y tratar de ayudar a los demás en la medida de las necesidades… así lo hizo María, llevando a Jesús en su seno. Así podemos hacerlo nosotros, los que llevamos a Jesús en nuestra vida o por lo menos decimos llevarlo. Más aún cuando lo recibimos en la Eucaristía, que nos transforma en sagrarios vivientes, llevando a Jesús a quienes nos rodean. Buena jornada para todos. Que María llegue también a nuestra casa, y que nosotros la imitemos llevando a Jesús a quienes lo necesitan. http://sergiovaldezsauad.blogspot.com.ar/2016/12/tu-eres-bendita-entre-las-mujeres-lucas.html
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él. (Palabra del Señor) Y Nació Juan. Milagro ya su concepción, causaba asombro en medio de aquella región. Era el momento esperado. La gente se daba cuenta que algo misterioso, y de Dios, estaba ocurriendo con aquel bebé, con aquella madre y aquel padre. Ella, era estéril y de edad avanzada. Él, aparte de ser de mucha edad, había quedado mudo en aquel momento dentro del templo. Algo prodigioso estaba pasando… entonces el nacimiento era esperado, porque por todo lo que había ocurrido, era muy anunciado. Y pasaron ocho días. La ley de Moisés ordenaba circuncidar al niño al octavo día y por esa circuncisión, pasaban a pertenecer al pueblo de Dios. Zacarías aún estaba mudo. Probablemente también sordo, porque, dice lo que acabamos de leer y escuchar, “Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Su nombre es Juan…y recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios… A veces nos pasa, le pasa a muchos, eso de estar sordos a las cosas de Dios… no lo estamos para muchos, para las cosas del mundo, para los ruidos exteriores, para los sonidos bellos y no tan bellos, para las propagandas, para los medios, para las noticias que queremos escuchar… a veces no estamos sordos para aquellas palabras que nos hacen daño, para aquellas que nos quitan la paz, pero para Dios, para sus sonidos, para sus palabras, SI LO ESTAMOS… no escuchamos lo que nos dice, tenemos una sordera selectiva. Si estamos sordos para Dios, es muy probable que también estemos mudos para Él. Que no alabemos, que no agradezcamos, que no oremos, que no bendigamos su nombre y el nombre de nuestros hermanos que son la imagen real de un Dios que quiere vivir en medio nuestro. Quizás valga la pena pensar si no estamos sordos a los llamados, y también a los mimos que nos hace Dios. Quizás necesitamos que también a nosotros se nos destapen los oídos para poder escuchar lo que Dios nos dice. Hoy presentan a Juan en el templo. Fue una ofrenda a Dios también Él. La mano del Señor estaba con Él. La mano del Señor está sobre cada uno para bendecirnos con sus dones y regalos, para levantarnos si caemos, para acariciarnos y consolarnos cuando ya las fuerzas flaquean, para curar nuestras heridas del alma, para transformarnos de a poquito en aquello que Él pensó siempre para nosotros: que seamos felices. Cuando faltan horas para la Navidad, sentirnos en sus manos, sentir que su poderosa misericordia está con nosotros, es luchar para que otros sientan esa misma misericordia, es hacer real el Amor, dando, dándonos. Es hacerle sentir a los hermanos sobre todo los que sufren que hay una vida mejor y posible, que se puede ser feliz , que hay Dios , y por lo tanto AMOR y del bueno. Buena jornada para todos.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". (Palabra del Señor) Según la Ley, la madre que daba a luz quedaba "legalmente" impura por cuarenta días si lo nacido era hijo, y ochenta si era hija. Cumplido este período, debía ir al templo y, en el atrio de las mujeres, recibir la declaración de estar "legalmente" pura, por el sacerdote de turno. Por su purificación debía ofrecer un cordero de un año y una tórtola o paloma; si era pobre, se podía sustituir el cordero por una paloma o una tórtola (Lev 12:8). Este es el caso de María; era pobre. Ahí mismo, estuvo Simeón. Un hombre “justo y piadoso”. Justo, es decir cumplidor de todos los preceptos divinos. Y piadoso, es decir religioso, servidor de Dios, hombre de fe y esperanza. Todos elementos que hacían que sea una persona llena del espíritu santo. Anciano ya, esperaba, desde siempre la llegada del Mesías. Ese día, algo corrió por su cuerpo como una electricidad, le mostró certeramente a ese niño, entre la multitud. Habrá visto muchos, habrá observado con atención, niños en brazos de su madre…éste, era distinto. Había algo en él que produjo una corriente de atracción personal que solamente se da cuando ese hilo conductor es el propio espíritu santo que nos hace comunicarnos con los otros en esa invisible unión con el hermano en la fe. Y lo alzó y alabó a Dios, y exclamó que su vida estaba completa porque había conocido por fin al Mesías. Tenemos una ventaja con respecto a Simeón. Él era anciano ya y la intersección de su vida con la del Señor se produjo siendo anciano y Jesús siendo bebé… no le quedaba mucho tiempo para seguir al Señor… cuando encontramos a Jesús, ¿cuánto lo gozamos, cuánto lo aprovechamos, cuando nos aferramos a Él? o ¿fuimos de esos que dijimos: ah, sí, lo conocí…fue en un invierno de tal año, una linda experiencia, un lindo recuerdo y nada más?… como quien conoce un personaje más de los muchos que hay y eso no nos cambia en absoluto la vida… Lo de Simeón es un canto a la esperanza. Tantos años, tanta búsqueda, sin desalentarse. Tuvo el premio, tuvo la concreción de su espera. Especial para nosotros que nos desalentamos en seguida, cuando vivimos en el mundo del “llame ya”, tal vez nos falte un poco más eso de ser justos y piadosos, viviendo la fe, una fe sería y solida, en la piedad, en la caridad, en la entrega. Y se lo anticipo a María: Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción. En nosotros mismos, será causa de contradicción, cuando deseamos hacer el bien y nos sale hace el mal, una batalla que daremos hasta el final. Una batalla entre la alegría de Cristo, por encontrarme con él, y el desaliento por lo humano, por los fracasos, por las pérdidas, por la economía, la falta de trabajo y oportunidades. Con los demás, porque por tratar de ser justos y piadosos, nos encontraremos con quienes aborrecen lo religioso y peor, lo espiritual, a los que nos les interesa nada de nada de Dios, paganos modernos que viven tras el dios consumo que a veces hacen tambalear nuestros valores. Que como la Virgen María podamos mantenernos siempre en el amor de Jesús a pesar de nuestras contradicciones interiores y exteriores a nosotros mismos. Buena jornada para todos. http://sergiovaldezsauad.blogspot.com.ar/2016/12/anciano-simeon-lucas-222-35.html

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". (Palabra del Señor) Según la Ley, la madre que daba a luz quedaba "legalmente" impura por cuarenta días si lo nacido era hijo, y ochenta si era hija. Cumplido este período, debía ir al templo y, en el atrio de las mujeres, recibir la declaración de estar "legalmente" pura, por el sacerdote de turno. Por su purificación debía ofrecer un cordero de un año y una tórtola o paloma; si era pobre, se podía sustituir el cordero por una paloma o una tórtola (Lev 12:8). Este es el caso de María; era pobre. Ahí mismo, estuvo Simeón. Un hombre “justo y piadoso”. Justo, es decir cumplidor de todos los preceptos divinos. Y piadoso, es decir religioso, servidor de Dios, hombre de fe y esperanza. Todos elementos que hacían que sea una persona llena del espíritu santo. Anciano ya, esperaba, desde siempre la llegada del Mesías. Ese día, algo corrió por su cuerpo como una electricidad, le mostró certeramente a ese niño, entre la multitud. Habrá visto muchos, habrá observado con atención, niños en brazos de su madre…éste, era distinto. Había algo en él que produjo una corriente de atracción personal que solamente se da cuando ese hilo conductor es el propio espíritu santo que nos hace comunicarnos con los otros en esa invisible unión con el hermano en la fe. Y lo alzó y alabó a Dios, y exclamó que su vida estaba completa porque había conocido por fin al Mesías. Tenemos una ventaja con respecto a Simeón. Él era anciano ya y la intersección de su vida con la del Señor se produjo siendo anciano y Jesús siendo bebé… no le quedaba mucho tiempo para seguir al Señor… cuando encontramos a Jesús, ¿cuánto lo gozamos, cuánto lo aprovechamos, cuando nos aferramos a Él? o ¿fuimos de esos que dijimos: ah, sí, lo conocí…fue en un invierno de tal año, una linda experiencia, un lindo recuerdo y nada más?… como quien conoce un personaje más de los muchos que hay y eso no nos cambia en absoluto la vida… Lo de Simeón es un canto a la esperanza. Tantos años, tanta búsqueda, sin desalentarse. Tuvo el premio, tuvo la concreción de su espera. Especial para nosotros que nos desalentamos en seguida, cuando vivimos en el mundo del “llame ya”, tal vez nos falte un poco más eso de ser justos y piadosos, viviendo la fe, una fe sería y solida, en la piedad, en la caridad, en la entrega. Y se lo anticipo a María: Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción. En nosotros mismos, será causa de contradicción, cuando deseamos hacer el bien y nos sale hace el mal, una batalla que daremos hasta el final. Una batalla entre la alegría de Cristo, por encontrarme con él, y el desaliento por lo humano, por los fracasos, por las pérdidas, por la economía, la falta de trabajo y oportunidades. Con los demás, porque por tratar de ser justos y piadosos, nos encontraremos con quienes aborrecen lo religioso y peor, lo espiritual, a los que nos les interesa nada de nada de Dios, paganos modernos que viven tras el dios consumo que a veces hacen tambalear nuestros valores. Que como la Virgen María podamos mantenernos siempre en el amor de Jesús a pesar de nuestras contradicciones interiores y exteriores a nosotros mismos. Buena jornada para todos. http://sergiovaldezsauad.blogspot.com.ar/2016/12/anciano-simeon-lucas-222-35.html

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel". Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo'. Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". (Palabra del Señor) El cordero era la victima ordinaria en los sacrificios oficiales y particulares…algo impensado por supuesto en la cultura moderna y en nuestra sociedad. El cordero de Dios evocaba la memoria del éxodo. En la noche de la primera Pascua, la sangre del Cordero Pascual, con el que se señalaban las puertas de las casas, constituía para la gente señal de liberación. Para los primeros cristianos Jesús es el nuevo Cordero Pascual que libera a su pueblo. O sea antes de comenzar con su vida pública Jesús, ya Juan Bautista lo identifica como la persona que liberará a todos del poder de la muerte, del pecado, del vacío existencial. Juan señala a Jesús. A él también le costó reconocer a Jesús, pero hubo una luz del Espíritu Santo que le señaló la verdad. Y él les indicó a sus discípulos a quien debían seguir. Que importante es la presencia del Espíritu santo para abrir las mentes y los corazones de los hombres, nuestro y de los demás. Él indica, él sostiene, él da sabiduría, él lleva hasta Jesús. Una buena táctica para convencer a los demás del amor de Jesús, es rogándole al Espíritu santo que llegue al corazón de la persona, que le abra la mente y el corazón , como se abrió el cielo donde bautizaba Juan, para que esa persona entienda, reflexione, se deje abrazar por el amor misericordioso de Dios. Rogar al Espíritu Santo por nuestros hijos, por nuestros padres, por nuestros amigos, por el joven caído en la droga, por los que no tienen trabajo, por cada uno que busca un sentido en la vida que no lo encuentra que sufre por ello, que vive triste sin ilusión, sin sueños… También nosotros podemos decirle e indicarle como Juan: mira, ese es el cordero de Dios que viene a sanar tu vida, que viene a rescatarte… entonces contamos con la “complicidad” del Espíritu Santo, que actúa sobre el espíritu de la persona y le ayuda. Y para nosotros en particular, sentir, saber, entender que Jesús es el “cordero de Dios”, es darnos cuenta que vino a hacer un sacrificio voluntario por amor, para que cada uno de nosotros sea feliz. Todas las preocupaciones, son menos angustiantes si pensamos que Jesús nos ama, que él puso en la cruz nuestras angustias, temores, dolores, para que podamos ser felices de verdad. Nuestra respuesta será tal como dice san Juan en su primera Carta: Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.( 1ª Jn 4,7-11) El espíritu santo nos ayuda a conocer ese amor, alguien, como Juan Bautista nos lo ha señalado. Nosotros hemos creído en ese amor que libera y sana, y como respuesta debemos amarnos entre nosotros, comenzando, vos y yo, amando a los que nos rodean. Buena jornada para todos.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre. (Palabra del Señor) La Palabra… la Palabra es energía vital, la Palabra tiene vida. La palabra hace mal cuando es mal usada o para el insulto, y hace bien, cuando es usada para liberar, para sanar, para abrir la mente y el corazón. La Palabra estaba en silencio, como letras desparramadas sin forma y sin sentido. La Palabra engendró, fue pura energía, fue fuerza. La Palabra, energía, amor, crea, da vida, tiene fuerza propia, conquista, acaricia, cuida. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, Así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé. (Isaias 55, 10-13) Viene, transforma, nutre. Así como creó el cielo y la tierra, viene a vos y a mí, lava nuestra alma, y realiza lo que busca, nuestra perfecta alegría, nuestra felicidad, porque nos ayuda a caminar. Nunca es estéril, y por más que estemos distraídos, cuando ella penetra el alma de a poco va cambiando el corazón de piedra en un corazón de carne, para transformarlo alguna vez en un corazón que ame y viva como el de Jesús. Por eso, cuando nos sintamos mal, tristes , agobiados, solos, que nada parece va bien, cuando se van los amigos o los seres queridos, cuando, como hoy encontremos sillas que ocupaban algunos que se fueron este año, recordemos al Centurión romano, hombre que no era de este lado de la fe: Señor, una PALABRA TUYA bastara para sanar… en este caso a un empleado suyo, y nosotros repetimos seguido: Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una PALABRA tuya bastará para sanarme. Una palabra, solo una palabra, esa energía vital, energía de amor que cambia, que cura, que alivia. Algún día fue Juan Bautista, testigo de esa Palabra, hecha luz. Hoy somos nosotros los que podemos ser testimonio claro y vivo de esa Palabra hecha luz. Nosotros somos los que ponemos nuestra lengua para proclamar esa Palabra. La Palabra es la que nos acompañó a lo largo del año, en el desayuno, en el colectivo, en la oficina, en el lugar de trabajo, la percibimos por nuestros ojos o nuestros oídos. La Palabra nos dio, mucha vida, quizás de golpe, quizás, y cuando lo pensamos, fue como esa gota que va transformando una piedra dura e impenetrable, dejándole un cuenco que ahora sirve para conservar agua para que otros se nutran. La Palabra te ha transformado en Palabra, en lámpara para llevar tal luz, y esa lámpara, cuando la has compartido, ha sido puesta arriba de la mesa para iluminar. Por todo ello, por la Palabra creadora y trasformadora, porque fuimos trasformados en cierta medida en parlantes de esa Palabra, sea bendito el nombre de Dios que HACE NUEVAS TODAS LAS COSAS. FELIZ AÑO NUEVO, que la Palabra que no sabe de tiempos ni fronteras, nos haga ser más libros sabios que contengan dicha palabra para que los demás puedan nutrir su alma. Buena última jornada del año. http://sergiovaldezsauad.blogspot.com.ar/2016/12/la-palabra-juan-11-18.html
Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto. (Palabra del Señor) Jesús con sus discípulos, y detrás mucha gente, que lo seguía. Dice el evangelio que al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro gente de otras fronteras, de otras culturas. Mucha necesidad de sanación, mucha necesidad de Palabra, mucha necesidad de caricias, de Dios. También mucho de religiosidad popular, que busca el milagro y nada más. Pero Jesús los acoge a todos, a todos los ama, no les pide seguir después con él, no chantajea con la curación, no los mira y les dice: tú no eres de aquí, tú no eres de los nuestros, lo tuyo es solo buscar el milagrito y nada más… atiende a todos. la lucha es contra ese mal que anida en el hombre, le llamemos enfermedad, espíritus impuros, le llamemos desesperanza, le llamemos malos pensamientos con respecto a la vida y la muerte, le llamemos concupiscencia, le llamemos vicios, adicciones, culto al juego, a la figura propia, le llamemos pasado que a veces atormenta. Es contra el mal. Luego desde la barca, enseñaba. Cuando atendió lo urgente, vino la enseñanza. Siempre todo lo que hace el Señor en tu vida y la mía es una enseñanza. Cada día nos toca, nos bendice y algo desde la conciencia, nos dice: hiciste bien…hiciste mal y la vida nos va volviendo sabios, aunque no hayamos estudiado mucho sobre ciertos aspectos. Solo se trata de estar atentos, dedicar ese tiempo para que después de la caricia de Jesús, podamos escuchar su voz, que nos habla a través de la naturaleza, o de su Palabra diaria, o de la mirada de alguien o de la sonrisa de un bebé o de un niño, o de un anciano que requiere nuestra atención. El pintor, cada tanto se aleja de su cuadro para ver en conjunto su obra. Jesús, al subirse en una barca les dice a la gente: no miren tanto la fila de la curación…mírenme a mí y escúchenme que tengo algo para decirles… debe haber un tiempo , cada día si es posible, que dejo de mirar las preocupaciones, los problemas, la gente, las actividades propias de cada día, y mirarlo a Él, escucharlo a Él, para sentir su mensaje personal. Buena jornada para todos.
Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: "¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo". Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.(Palabra del Señor) ¿Signos? Acababa de dar de comer, como lo hizo Moisés en el desierto, a tantísima gente por segunda vez. Sanó paralíticos, sanó sordomudos, le devolvió la vida espiritual a tanta gente, alivió el dolor de alma a muchos que se llamaban endemoniados, cuyos espíritus los atormentaba y no los dejaban ser felices… y ellos seguían pidiendo signos. No entendieron nada. A Jesús no se le puede aceptar con la mente, si antes no se le ha abierto el corazón. La fe no es tanto cuestión de conocimiento, cuanto de entrega… Hoy, mucha gente sigue pidiendo signos: ¡si Dios existieran no permitiría tanto mal que hay en el mundo! ¡Donde está tu Dios que permite estas locuras, estos accidentes, estas muertes! ¡Si Dios existiera sanaría a la niñita hija única que tiene mal a sus papás!... a veces no interesa la cantidad de momentos en que Dios se hizo presente, no interesa el milagro de la vida diaria en cada uno, no interesa la mágica armonía de astros y planetas, y soles, no interesa esa vida que nace, tan pequeñita, pero tan llena de información genética y de vida que crece hasta en nueve meses asomar sus narices al mundo que vivimos nosotros…la gente sigue pidiendo signos. Y busca , y por ahí se queda con imágenes humanas de una Iglesia que es santa, y no encuentran signos o mejor dichos , asocian esas limitaciones humanas a un Dios que esconde corruptos, o que se precia en ver sufrir a otras personas…y busca con la mente, con la inteligencia y no encuentra, pues a Jesús hay que encontrarlo en el encuentro personal, ese del que se huye porque no quieren encontrarse cara a cara con Él, por medio al reproche, cuando lo que quiere Jesús es ponerles las manos en los hombros y pedirle que le deje amar. Hoy Jesús quizás diría: ¿signos? No se les dará ningún otro signo. Para signos tienen a …. (pon tu nombre, si te animas). ¡Él, ella, son signos del amor que quiero para el mundo! ¡Él, ella, son signos de todo lo que la gracia de Dios puede hacer en el corazón humano!...hoy el mundo nos mira. "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son testigos" , decía pablo VI en la Evangelii nuntiandi( Nº 41)… ¿ El mundo, nuestro mundo, tiene el corazón abierto para ver a Jesús en cada signo viviente?¿somos esos signos que el mundo necesita para creer? La primera pregunta, si la contestamos, no depende de nosotros que abran o no su visión espiritual…la segunda, si, depende de nosotros para que crean Buena jornada para todos.

Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: "¿Ves algo?". El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: "Veo hombres, como si fueran árboles que caminan". Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en el pueblo". (Palabra del Señor) Dice que un padre empresario metalúrgico, deseoso de dejar su fábrica a su hijo, le explicaba como hizo y hace él para poder triunfar en la empresa y con sus empleados. Entonces un día, al comienzo de la jornada, lo llamó a su oficina, que con una amplia ventana, permitía ver desde ese primer piso toda la fábrica y cada sector de producción… Entonces le dijo a su hijo: mira por la ventana ¿Qué ves?...veo obreros trabajando, veo el proceso, veo cómo hacen el trabajo, veo máquinas, veo herramientas… entonces el padre, pidió a unos empleados que cambiaran las hojas de la ventana, por otras, que en vez de vidrio común tenían espejo… el espejo, es en principio un vidrio con un baño exterior de pintura de plata. Esta capa de plata se transforma en un ente o escudo que bloquea una imagen devolviéndonos la misma imagen que se proyecta… entonces el padre le preguntó ¿Qué ves ahora?... a mí, le dijo el muchacho, mis movimientos, mis gestos, mi peinado… Entonces el padre le dijo: cuando pones una capa de plata delante de ti y la gente, dejas de verla, para verte a ti solamente, tus necesidades, tus gustos, tus deseos y nada más que eso… el hijo entendió que debe tener el “vidrio”, lo más limpio y transparente posible para poder ver a cada uno de sus empleados, que no debe dejarse ganar por la ambición de dinero o poder, porque en ese momento dejaría de ver a sus empleados, sus necesidades, su trabajo… Hoy Jesús, toma de la mano a un joven ciego, y le impone las manos, señal de su autoridad. Y el joven comienza a ver a personas, difusamente, pero las comienza a ver hasta que pasa lo que pasa y el joven ve con claridad. Son muchos “baños con pintura de plata” que nos impiden ver a nuestros hermanos como debería ser: la obsesión por el dinero, la avaricia, esa ambición de poseer cosas materiales, el egoísmo que nos hace vernos siempre a nosotros en primer lugar, la ira que nos esclaviza por dentro, por buscar venganza, hacer daño, devolver daño, la lujuria que nos hace ver a otros como objetos sexuales y no como personas con toda la dignidad y el respeto, la violencia, que nos hace destrozar dignidades, nos hace volver a la ley de la selva, del más fuerte… Sí, nos hace falta que Jesús imponga sus manos, sobre nosotros, sobre nuestras familias, sobre nuestros amigos, sobre nuestra sociedad. Tenemos muchas capas de pintura de plata que no nos dejan ver a nuestros hermanos como debemos, y como nos gustaría que nos vieran a nosotros. Que Jesús ponga sus manos sobre nuestra alma para que podamos ver bien. Cuando le preguntó a otro ciego que deseaba, él le respondió: “Señor, deseo ver” casi una plegaria que podríamos repetir a lo largo del día. Ojalá que hoy podamos ver a todas las personas que nos rodean o que conviven con nosotros o que comparten un mismo tiempo y lugar con nosotros, con los ojos de Jesús, como verdaderos hijos de Dios, sin fijarnos en su exterior , en su aspecto, en su condición social… Buena jornada para todos.
Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles". Y les decía: "Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder". (Palabra del Señor). ¿Renunciar a sí mismo? ¿Tomar la cruz?... ¿Cómo es eso de tomar la cruz? Habrán preguntado los discípulos y todos los que escuchaban. Algunos se habrán ido por esta nueva “locura” del maestro, más cuando veían pasar a gente con cruces pesadas en sus hombros que iban directamente a morir en ella: eran los condenados a muerte… ¿y Él pedía tener la misma “suerte” de un delincuente y llegar con la cruz hasta la muerte? Solamente después de su entrega en esa cruz que Él decía predicar, comprendieron, entendieron el mensaje… volvían también aquellas palabras de Juan Bautista a sus discípulos: es necesario que yo disminuya para que Él, crezca… entonces entendieron esto de renunciar a si mismo. Renunciar al Yo para anular la propia personalidad, no es evangélico, ni humano…pero renunciar al Yo para elevar a ese yo interior a la identificación con Cristo, es sublimar la vida, No soy yo el que vive sino que es Cristo quien vive en mi , dirá san Pablo. Es difícil. Estamos rodeados por exigencias del Yo que a veces estrangulan los deseos e intenciones de vivir según Jesús. Pero esa es la lucha. Nadie nos dijo que esto iba a ser fácil. Más, como hoy, cuando nos dicen que debemos cargar la cruz y meterle para adelante, sin auto compasión, sin mostrar cara de “ténganme compasión y lástima pues llevo la cruz”… sin pretender aplausos por ello. La cruz habla de esperanza, de amor sin límites. habla de la victoria de la no violencia sobre la opresión, habla de un Dios que ensalza a los humildes, que logra superar divisiones, que logra vencer el odio con el amor, dirá Benedicto XVI allá por el año 2010. Por eso, esa cruz en necesaria para vos, para mí, para el mundo. El mundo la necesita. La cruz no es solo un distintivo de pertenencia, o un adorno que se lleva al cuello. La cruz es lucha. No tiene que ver con ninguna imposición de credo, no es agresiva hacia nadie, la cruz no es discriminativa, no es sectaria…la cruz es amor y quien la posee debería destacarse por eso que cuando te vean digan esta persona ama, esta persona lucha…o en esta oficina se respira amor, hay entrega, te atienden bien, te dan esperanza…o en esta aula se respira tranquilidad, lucha por ser mejores, hay personas con Dios adentro…o en este gobierno, hay gente que lucha por el bien común, por unir las divisiones, por mirar al otro antes que a uno mismo… Hace falta la cruz, hace falta identificarnos con la cruz, hace falta vivir según la cruz, hace falta renunciar cada vez más a nuestro Yo para que Jesús viva en nosotros… Buena jornada para todos.