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Primer post: 8 sept 2008Último post: 8 sept 2008
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Ídolos rurales de antaño (1ra. entrega)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/8/2008

Hola gente acá les traigo un pequeño informe sobre algunos héroes rurales, donde muchas de las historias son más bien mitos. La mayoría de estos personajes podrían encajar muy bien en más de una película junto con sus aventuradas vidas, pero no quedan dudas de que contaban con un gran valor y todos ellos eran impulsados por algún resentimiento o rencor. Espero les guste, esta es la primera entrega y si veo que les interesa seguiré posteando sobre esta parte de nuestra historia que tanto me interesa; acercándoles personajes no tan conocidos pero de igual coraje. Muchas gracias! Marco histórico A mediados de la segunda mitad del siglo XIX, el código rural de la provincia de Buenos Aires transcribe textualmente disposiciones de sometimiento casi feudales para la población nativa. Se condenaba lo que denominaban "vagancia" y se obligaba a los pobladores sin recursos a solicitar autorización a las autoridades, hasta para transitar por la campaña. Aquel paisano que no portara su "libreta de conchabo" era considerado malentretenido y perseguido tenazmente por la partida. Estas disposiciones adquieren mayor y mejor control sobre los "vagos" al intensificarse la producción agropecuaria en las dilatadas llanuras recién conquistadas al indio. Testimonios de esa época, aluden a la existencia de cientos de gauchos que son desplazados "por el progreso" a sitios marginales. Obviamente, esos sitios se corresponden, en gran medida, a los recientemente creados territorios nacionales. Estas "zonas de frontera" por excelencia, a juzgar por las características de su incipiente poblamiento, la carencia casi total de alambrados aún y una tibia presencia policial, unida, a aquella famosa ley de permiso de portación de armas, permitieron, seguramente, la libre expresión del gaucho en su original estado. El territorio de La Pampa, con semejantes condiciones de libertad, ciertamente ejerció poderosa atracción a todo tipo de aventureros, al bandidaje en general o a personajes de "corte moreiresco", Felipe Pacheco “El Tigre del Quequén” (Este andaba por mis pagos ) Felipe Pacheco nació en Buenos Aires en 1827 y creció en el barrio de Palermo, según el autor de “El tigre del Quequén” un libro de poemas en verso escrito por Hilarión Abaca en el año 1920 y editado por Alfonso Longo en la ciudad de Rosario ...Felipe era una de esas/ criaturas desgraciadas/ que nacen predestinadas/ a padecer y llorar... Sus inicios De los poemas de Abaca se desprende que a Pacheco no se le conocieron padres ni ningún otro familiar y que fue criado por Gregoria Rozas, una mujer de buena posición económica que lo maltrató física y psicológicamente. Ya de muy joven, “El Tigre” se vio involucrado en peleas con otros malevos de la época. Hilarión destaca las que tuvo en defensa personal con “El Tuerto” y con “El Negro de Olivos”, a quienes decidió no matar a pesar de haber tenido todas las posibilidades de hacerlo. Marcos, el mejor amigo de Pacheco, le sugirió que se fuera de Palermo porque las peleas que había tenido eran motivo suficiente para que lo buscase la policía. Y así lo hizo. “El Tigre” y su amigo partieron rumbo a Chascomús, donde aparentemente trabajaron como domadores de caballos, animales que a Felipe le habían interesado desde muy chico. Pasado Militar En aquella ciudad Pacheco se vio rápidamente enredado en problemas relacionado con las carreras de caballos, según Abaca, nunca por su culpa, pero lo cierto es que tuvo algún enfrentamiento violento que derivó en una nueva fuga junto a su inseparable amigo Marcos. En la huida fueron a parar a Ensenada. Allí conoció a Juana, con quien tuvo dos hijos, una mujer y un varón al que llamaron Marcos, probablemente en homenaje al amigo de “El Tigre”. Felipe y Juana vivieron juntos en una estancia donde éste domaba caballos. En ese período Pacheco y su amigo ingresaron al ejército de Urquiza para combatir contra Rosas. En una de las batallas Marcos calló muerto. Pacheco había sido convocado al ejército de Urquiza por Miguel Martínez de Hoz, quien más tarde sería nombrado Juez de Paz en el Moro y lo llevaría allí como su sargento. El lugar era asolado por ladrones y asesinos de toda clase, a los que ”El Tigre”, por orden del Juez de Paz, los detenía o corría del lugar. Problemas con la ley Tiempo después, cuando Martínez de Hoz ya no era Juez de Paz, Felipe Pacheco fue encarcelado en Dolores y posteriormente sentenciado a pena de muerte. Abaca no explicita en su libro las causas que motivaron su detención, solo dice que levantaron cargos contra el un comisario y dos gauchos. El día en que iba a ser asesinado, Pacheco logra escaparse y vuelve con su mujer, quien le advierte que la policía también quería matar a sus hijos, cosa que finalmente no sucede, pero que sirve como disparados del deseo de venganza de “El Tigre”. Perseguido por la autoridad, el gaucho atraviesa la ciudad de Buenos Aires en dirección sur hasta dar con el famoso escondite a la orilla del río Quequén Salado. Distintas versiones Otra versión, menos novelesca que la anterior, da cuenta que El Moro era una estancia propiedad de Martínez de Hoz, a la cual “El Tigre” fue a trabajar como premio por su buen servicio durante las batallas contra Rosas. Aparentemente allí tuvo problemas con un capataz llamado Jorge Rodríguez, a quien asesinó, escapando del lugar. También se ha dicho que Felipe Pacheco no enfrentó a los soldados de Rosas formando parte de los bandos de Urquiza, sino que se peleaba con ellos en encuentros casuales en pulperías, tal como los que solía tener con otros malevos. Las crónicas periodísticas son las encargadas de mostrar a un Pacheco bien diferente del que describen los versos de Hilarión Abacá e incluso llegar a lanzar críticas muy ácidas hacia una novela sobre el gaucho escrita por Eduardo Gutiérrez, en la cual también se habla bien de “El Tigre”, según la versión periodística de los hechos Felipe Pacheco inició su carrera delictiva a muy temprana edad, siendo las pulperías y boliches de lugares como Balcarce, Lobería, Necochea y Quequén “los escenarios de hechos que habrían de definir sus condiciones de compadrito, cuchillero y al mismo tiempo traicionero, a lo que unía un carácter altanero y provocador”, según relata un artículo del cual no podemos precisar fecha ni origen, aunque evidentemente fue escrito en el siglo XX. Este accionar derivó en que las autoridades expulsaran a Pacheco de la zona, tras lo cual no se supo de él por mucho tiempo. No obstante los escasos pobladores de la región temían que en el momento menos esperado “El Tigre” reapareciera para robar o matar. Su Fama Felipe Pacheco habría encontrado refugio en margen del río Quequén Salado entre los años 1860 y 1875, en oportunidad de cumplir trabajos como arriero en los campos de José Zubiaurre, en la zona de lo que hoy es partido de Coronel Dorrego. La fama del delincuente y hombre peligroso que había alcanzado el gaucho era motivo más que suficiente para que se le atribuyeran crímenes que jamás había cometido y esto sirvió para que las autoridades comenzaran a buscarlo con el fin de llevarlo preso. Luis Aldaz, a quien apodaba “el gorra colorada” era un comisario con tanta fama como Pacheco pero, lógicamente, había logrado ese reconocimiento trabajando del lado de los que luchaban contra personas como El Tigre”. Fue precisamente Aldaz, el encargado de comandar la patrulla que finalmente detuvo a Pacheco. Los relatos antes citados señalan que “el gorra colorada” sabia que el delincuente se escondía en alguna parte del curso inferior del río Quequén salado, pero no le resultó nada sesillo atraparlo. Su detención El comisario y sus hombres buscaron a Pacheco durante varios días sin lograr resultados, inclusive estuvieron a punto de abandonar el rastreo. En realidad, era imposible que estos uniformados pudieran descubrir el escondite perfecto que “El Tigre” había hallado, a menos, claro está, que fuera él mismo quien los llevase hasta el lugar o que cometiera algún error. Esto último fue justamente lo que sucedió. Felipe Pacheco tenía un perro, compañero inseparable en aquellas aventuras de vivir en el interior de una cueva, pero el can no siempre andaba junto a su amo de hecho, una noche se acercó al campamento de los policías que buscaban a Pacheco. Los uniformados temieron que el sabueso les comiera las pacas provisiones que les quedaba tras la larga búsqueda, y por ello fue que decidieron correrlo. Luego de transitar unos cuantos metros, las autoridades vieron como el animal se metía en el interior de un gran agujero junto a la barranca del río. El tamaño de aquel hueco en la piedra y la presencia de un perro en la zona les hizo suponer que “El Tigre” podría estar oculto en ese lugar. Esa misma noche la patrulla se apostó entorno a la cueva y solo tuvo que esperar al amanecer para que Pacheco saliera del interior, luego de despertarse esa mañana. La fecha exacta de la detención de “El Tigre” Pacheco no está muy clara, aunque podría haber sido en el año 1875. El encarcelamiento fue en Dolores, de donde salió en libertad cinco años después, en 1880.La tercera versión de la historia es la conocida por la señora Maria Salvatierra de Solfanelli, “Titina” para los conocidos tresarroyenses. Dos tíos abuelos de “Titina”, los que se llamaban Juan y Cipriano Salvatierra, fueron amigos personales de Felipe Pacheco y, según sus dichos, ninguno de los relatos difundidos seria verdaderos. En su infancia “Titina” escucho cientos de veces la que seria la historia mas verídica sobre quien fue Felipe “El Tigre” Pacheco. Al parecer el famoso “Tigre” no había nacido pobre, sino todo lo contrario, Pacheco venia de una familia de muy buena posición económica, la que estaba vinculada con los mas altos jefes militares de la época. Según la misma versión, el hombre habría matado a un militar por algún problema entre ellos nunca revelado. Tras este hecho, Pacheco no tuvo más opciones que escapar, y habrían sido descendiente del mismísimo Manuel Dorrego quienes lo ayudaron, señalándoles las posibilidades de ocultarse en proximidades de sus campos, en un río en cuyas altas barrancas había cuevas tan grandes como una casa. Pacheco habría dado muerte a un policía que descubrió su escondite; esto derivó en la búsqueda que inicio el comisario Aldaz, el “Gorra Colorada” la que termino con su captura. Ilustración de Pacheco "La Cueva del Tigre" donde se refugiaba el Tigre y guardaba sus tesoros en el partido de Coronel Dorrego. Hoy centro Turístico. Fuente: EL PERIODISTA, publicado en Tres Arroyos, Junio de 2001 Juan Bautista Bairoletto "El Robin Hood de las Pampas" En una entrega anterior hablamos sobre las correrías de este falso "Robin Hood", con quien la imaginería popular lo comparó sin saber que debajo de su piel de cordero existía un verdadero lobo. Luego de aquel ominoso crimen de Villa Regina, que perpetró junto con Víctor Hermes y sus secuaces, Juan Bautista Bairoletto fue perseguido tenazmente por las fuerzas del orden y estuvo a punto de caer, si no hubiera sido por el "aguantadero" que tenía en casa de un amigo suyo llamado Desiderio Carriles (hoy sus descendientes son muy conocidos en la zona de Stefenelli). Carriles, muy caracterizado vecino, tenía una "debilidad" por el salteador, a quien protegía y aconsejaba bien. Vivía en las cercanías de la mal llamada "Colonia Rusa", que poblaban personas de origen judío. El verdadero nombre del sector tendría que haber sido "colonia judía", una cuestión de gentilicio y nada más. Pero sigamos con lo nuestro. Este refugio del malhechor estaba a sólo seis kilómetros de Roca, prácticamente sobre las mismas narices policiales. Un banquete Se comenta que, luego de varios meses de estar "guardado", Bairoletto volvió a verse "por los lugares que solía frecuentar". Seguía siendo un continuo contertulio de Carriles, quien continuaba con su prédica de sacarlo de esa vida azarosa, alentándolo para que se dedicara al amansamiento de caballos, lo que -según su protector- hacía muy bien. Existen varias anécdotas -algunas risibles-, como las que a continuación detallamos. Cierto día la policía fue alertada acerca de una reunión gastronómica en la que participarían unas 15 personas, en una isla de Carriles. Todos eran de avería, a excepción del dueño de casa. Comerían un chancho jabalí que el anfitrión había sorprendido depredando sus maizales. Una noche lo esperó agazapado y le dio muerte de un escopetazo; era un jabato de unos 35 kilos. Ese día los uniformados llegaron sigilosamente a la costa del río, dejaron sus cabalgaduras y se aprestaron a cruzar el cauce norte, con muy poca agua, pero dejaron activada la mejor de las alarmas: los relinchos de sus caballos, que fueron respondidos por las montas de los comensales, quienes pusieron pie en polvorosa largándose por el brazo posterior, o sea, el río grande, y llegando rápidamente a la orilla sur. De tal manera, la "cana" solamente encontró al dueño de casa y las inequívocas señales de una pantagruélica comida. Le habían hecho honor al chancho. ¿Quiénes? Nunca pudieron saberlo aunque se lo imaginaron, porque el islero era experto en evasivas. Este mismo hombre (Carriles) fue sospechado de haber acompañado a Bairoletto en sus raids delictivos. Jamás pudieron probarle nada, aunque se "comió un garrón" de varios días entre rejas porque él nunca negó su amistad con el bandolero. Cuando lo liberaron, justo nació su hija mujer. ¿Cómo la llamó? Como no podía ser de otra manera: ¡Libertad! Años más tarde, libre ya de la influencia comprometedora del bandido, Carriles instaló un almacén a la vera de la ruta 22 y una calle ciega, donde aún está (frente a Proin). Allí transcurrieron sus últimos días, hasta fallecer en la década del '70. Ese negocio es atendido actualmente por su hija Libertad, que aún se mantiene soltera, ya "sesentona larga"; la acompaña un hermano menor. Libertad heredó de su padre la fibra y la decisión, ya que hace pocos años corrió a tiros de revólver a dos presuntos ladrones que intentaron asaltarlos. Tienen junto al negocio una pequeña chacrita a la que explotan bien, produciendo nueces y pasas de uva sultaninas, que preparan y venden entre la vecindad y comercios de Roca. Perfumes, golosinas y tabaco A todo esto, vale agregar que Bairoletto ejercía un raro magnetismo entre quienes lo trataron. Era simpático y entrador. Cultivó la amistad con gente muy pobre, y entraba en sus ranchos o viviendas humildes como si fueran su propia casa, siendo recibido con grandes agasajos. Llegaba con regalos; por ejemplo, para las mujeres, "agua florida" -como se les decía a los perfumes. Para los niños su visita era una fiesta, ya que no faltaban las golosinas. A los hombres les llevaba latas de tabaco "Caporal", mientras que para él se reservaba los cigarrillos negros marca "Brasil" que venían en un tipo de carterita, de 10 unidades. Todo era producto de sus rapiñas: robaba para él y para sus amigos, que jamás lo vendieron, a excepción del "Ñato" Gascón, que lo entregó a la policía en Mendoza. Encerrado en el baúl En cierta oportunidad se comentó (dicho por "Mister" Luck) en Chichinales a quien esto escribe, sobre una amplia requisa que llevó a cabo la policía en una zona de ranchos de Mainqué, donde vivía otro amigo suyo, Ignacio Villena (quien se incorporaría a su banda más tarde). El bandolero estuvo a punto de ser apresado. Doblando su anatomía se introdujo en un destartalado baúl que Villena tenía en el gallinero. La tapa del viejo mueble estaba cubierta de excremento de las aves. La policía lo vio, pero lo desechó. Si lo hubieran abierto, gran sorpresa se habrían llevado, porque -aseguró Luck- Bairoletto entró al baúl con el revólver amartillado y seguramente habría cobrado caro que intentaran atraparlo. Sus armas Bairoletto andaba -como vulgarmente se dice- armado "hasta los dientes". Sus armas preferidas eran un revólver "Smith y Wesson" calibre 45, un revólver "Tanque" 38 largo, un "Winchester" calibre 45 y un fusil "Máuser" del mismo calibre, de fabricación alemana. De su cintura "jamás se caían" uno de los revólveres y un largo y filoso cuchillo. Siempre decía que sus mejores amigos eran las armas y los caballos. A éstos los amansaba él mismo, enseñándoles a cruzar vados cargados y también a saltar. Sus preferidos eran un zaino colorado, un pangaré y un malacara -todos enteros, no quería capados ni torunos: les falta fibra, decía. Cuidaba muchísimo a sus caballos, jamás los "reventó". Su desvelo por estos animales lo llevó a tener ásperas discusiones con Víctor Helmes, a quien poco le importaban. Otro dato aportado por Carriles da cuenta de que Bairoletto jamás tuvo perros, pues opinaba que más que útiles eran un estorbo. Don Desiderio Carriles era un inagotable relator de las andanzas del maleante, cuya amistad le trajo incontables dolores de cabeza; para él fue un alivio cuando el salteador se fue de la zona. Verdaderamente lo estimaba y siempre lo aconsejó bien, aunque Bairoletto depositó sus consejos en saco roto. Uno de los hijos de Carriles (quien acompaña a Libertad en la vivienda y comercio de la chacra) nos comentó hace muy poco tiempo que conoció al personaje que nos ocupa y opinó: "Bairoletto era una buena persona, pero el constante hostigamiento de la policía lo obligó a ser así". Una faceta desconocida Don Fernando Bajos (padre), antiguo empleado judicial, en su interesante libro "El templo de Themis y su entorno" menciona que Juan Bautista Bairoletto fue contratado como matón de la guardia personal de Alberto Barceló, un abogado, caudillo conservador, recomendado por otro político de su mismo color, el abogado Mario Vicchi. Esto ocurrió en la provincia de Buenos Aires y se barrunta que de ahí podría proceder el arsenal que poseía el delincuente, sin olvidar que sería también un resabio de su pasado anarquista, como se decía insistentemente. Su vida sentimental Nuestro personaje era bien parecido, más bien alto, delgado, de buena labia y con aureola de hombre querendón. Era muy bien visto por mujeres pobres y no tan pobres. Sumamente meloso, cuando se supo de su muerte más de una derramaron lágrimas. Se dice que una pobladora de las cercanías de General Enrique Godoy, llamada Telma Magallán, había peleado con una hermana suya por los amores de Juan, como lo llamaba. Pero Bairoletto se quedó con otra Telma (Ceballos), una hermosa morocha puntana, quien fue su compañera hasta el final y con la que tuvo dos hijas mujeres. Imagenes de Bairoletto Tumba de Bairoletto en General Alvear, Mendoza. Hoy convertida en una especie de santuario. Fuente: www.rionegro.com.ar David Segundo Peralta “Mate Cosido” David Segundo Peralta, nacido en Monteros, provincia de Tucumán, que ingresa al Chaco en 1926 proveniente de la ciudad de Corrientes, se constituyó también en un adalid de amplios sectores marginales de la sociedad chaqueña. Al igual que Los Velásquez, se afirma que robaban a las multinacionales para ayudar a los desposeídos. Nada más alejado de la realidad. Prueba esta afirmación hechos como el de tener una cuenta en Caja Nacional de Ahorro y Seguros donde iban a parar los fondos obtenidos en los robos o secuestros y propiedades costosas en Córdoba, todas registradas con nombres falsos, además de comprobarse que utilizando un testaferro invirtió capital para la compra venta de ganado, luego de retirarse de la vida pública, a disfrutar de las pingues ganancias. Su sobrenombre Respecto del alias se han tejido muchas conjeturas, y existen dos versiones sobre el origen de éste. El más conocido es aquel que intuyó un periodista del diario CRITICA de Buenos Aires, que observó una cicatriz en la frente. Asoció "mate" porque en el norte así se le llama a la cabeza. Esto ocurría en la década del 30. Es de hacer notar que en los prontuarios policiales de Tucumán, Córdoba y Santiago del Estero se registra la detención de David Segundo Peralta alias "Mate Cosido" y esto ocurría entre 1916 y 1924. Algunos investigadores serios, deducen que se le llamó así porque en su niñez, la madre llamaba a él y sus hermanos anunciando que la infusión estaba lista para tomar la merienda, ¡ mate cosido... mate cosido... ! Varias Identidades Durante su vida delictiva, utilizó varios nombres falsos, que se respaldaban en documentos apócrifos, otorgados por funcionarios corruptos. Entre ellos se puede citar: Julio del Prado, Manuel Bertolatti, José Amaya, Julio Blanco. Fue su característica no utilizar la violencia. Varias veces abortó asaltos, para evitar enfrentamientos abiertos con la policía. No por temor, simplemente era su manera de operar. Gozó siempre de la simpatía de mucha gente, que hasta deseaban que los visitara. Como se comportaba con humildad y educación, además de pagar generosamente los mínimos servicios recibidos, ganó popularidad y afecto. Sus escondites favoritos fueron la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, y Gancedo, aunque fue escenario de sus correrías toda la provincia del Chaco. La mayoría de las poblaciones importantes, fueron testigos de alguna acción de Mate Cosido. La Banda de “Mate Cosido” Organizó una banda donde se rendía culto a la autoridad del jefe. Contó con muchos colaboradores, algunos: Eusebio Zamacola, Antonio Rossi, el Catalán Noy, el Chileno, Francisco Malatesta, Casimiro Ifrán, Pampita, el Tata Miño, Marcelino Peralta, Cardocito. Además de robar tendiendo emboscadas en los caminos o trenes a pagadores de grandes empresas multinacionales acopiadoras de algodón y del sector forestal, a fuertes ganaderos o comerciantes, realizó secuestros que le reportaron importantes sumas de dinero. Se desplazaba por los caminos vestido a la usanza de peones rurales o como viajante de joyería en las ciudades, lo cual no despertaba sospechas. El bandido pampeano Juan Bautista Bairoletto tuvo un encuentro con él para asaltar una fábrica de tanino, que abortó Peralta por diferencias en los métodos a utilizar. El pampeano realizó igual el asalto que no dejó ganancias y sí un empleado muerto en el tiroteo. Sorpresivamente en 1939 abandona la vida pública, perdiéndose todo rastro de su paradero. Solo se conocen especulaciones respecto de su destino. El cancionero popular le ha dedicado varios chamamés en su honor, que lograron singular repercusión. Imagen de "Mate Cosido", utilizada en su momento por la policía para dar a conocer la identidad de esta bandido y poder atraparlo. Fuente: http://www.diagonalurbana.com.ar Martina Chapanay Esto se los cuento yo por lo que he leído por ahí, ya que no hay mucha info. Martina Chapanay fue una luchadora de San Juan que lucho junto a su banda (integrada por su esposo y demás campesinos de la zona) por el caudillo riojano Facundo Quiroga. Según algunas versiones fue esclava de una familia adinerada en su juventud pero esto no está del todo claro. Fue oficial del ejército libertador de San Martín. Admirada por su valor, por este último y los trabajadores rurales de la zona. Se cree también que su apellido fue adquirido debido a la zona donde residía su familia en Mendoza, donde hoy se encuentra la localidad de Chapanay. Una prueba de que el coraje y el valor no solamente está en los hombres, incluso en la antigüedad. Su padre fue Juan Chapanay, un cacique toba que se refugió entre los indios huarpes, en el actual Departamento de Lavalle, Mendoza. Su madre era una cautiva blanca llamada Teodora, que crió a la hija con dedicación, tal es así que la casa de Martina se transformó en escuela para los níños del lugar. Cuando era adolescente, Martina se destacaba por sus actitudes de jinete y cuchillera, su habilidad para hacer galopar burros en los arenales, pialar terneros, cazar animales y nadar como un pez. Cuando murió su madre, su padre la entregó a Clara Sánchez, de la ciudad de San Juan, que la educó con rigor. Sin embargo, Martina logró escapar, encerrando a toda la familia en la casa. A partir de ese momento, Martina vivió con los huarpes y se transformó en ladrona y asaltante de caminos, repartiendo lo que robaba entre los más pobres. Luego convivió con Cruz Cuero, un bandido, y junto a él formaron una banda que asoló la región por años, e incluso atacaron la Iglesia de la virgen de Loreto en la provincia de Santiago del Estero. Esta relación con Cruz terminó en una tragedia ya que Martina se enamoró de un joven extranjero que secuestraron; Cruz golpeó a Martina y mató al joven de un balazo, pero Martina mató a Cruz con una lanza y quedo come jefa de la banda. Sucesivamente, Martina se unió con sus secuaces al caudillo Facundo Quiroga, y combatió en el Ejército de los Andes, comandado por José de San Martín, hasta terminar la guerra de la independencia. Martina continuó luego luchando al lado de los caudillos Quiroga y Peñaloza, hasta que le ofrecieron el indulto y un cargo de sargento mayor en la policía de San Juan. En ese cuerpo militar se encontraba el oficial que había matado a Peñaloza por la espalda, y Martina lo retó a duelo; este duelo no tuvo lugar porque el oficial se descompuso por el miedo y pidió la baja. Se cuenta que otro oficial sanmartiniano, el cura Elacio Bustillos, cubrió la tumba de Martina con una laja blanca, sin ninguna inscripción, ya que “todos saben quién esta allí”. El siguiente es un fragmento de La Mulata Martina, un relato de ficción sobre Martina Chapanay que integra el libro Cuentos de la Mendoza Marginal del periodista y escritor José Baidal. "La Martina era una mulata de averías, jinetaza y cuchillera, que supo tener a mal traer a los que se pasaban con ella. Descontenta y sin saber qué era lo mejor, vivía en el barrio La Chimba, entre la actual los Pescadores (hoy Coronel Díaz) y el Canal Zanjón. "Era machaza de verdad y más de una vez no sacó el cuchillo para defenderse, por que le sobró con un puñetazo para voltear al más zafado. Un día se topó con el Cruz Cuero, jefe de bandidos montoneros que se ocultan en medanales de lo que hoy es Lavalle y sólo salían de allí a robar. No entendió cuando él le dijo que conocía su fama y venía a llevársela. Ni tampoco le dio al Cruz Cuero para sacar la daga; extrajo la suya rápidamente, le aplicó un planazo y le buscó la panza. Desorientado el bandido sólo atinó a defenderse cuerpeándole a la morena, para luego, desde lejos, decirle entre carcajadas, que parara la mano, porque él quería arrimarse a ella, pa vivir juntos, pues. La mulata vestía blusa, bombacha de gaucho y botas de cuero. Dijo, mientras guardaba el cuchillo: eso ya es otra cosa. "Y se juntaron nomás. Se quedaron en La Chimba, más bien en la calle de Los Pescadores, haciéndose clientes de la pulpería y de los patios con fiestas campestres (...). Cruz Cuero con sus antecedentes y costumbres pronto encontró dificultades, y con la mulata regresó a las lagunas, junto al bandidaje que se escondía en los bosque de centenarios algarrobos, entre los médanos de ese desierto que todavía existe (...). "Allí la mulata peleó junto a su compañero, en asaltos a viajeros de la zona. La pareja se afincó en Lagunas del Rosario, donde ya se había levantado la capilla con ese nombre y el cementerio, junto al cual se eleva todavía, un algarrobo secular al que los lugareños llaman desde entonces, "el árbol de la Justicia y de los Suplicios". En una gruesa rama de éste se ahorcaba a los condenados a muerte y en el tronco - que tenía un cepo - se torturaba a los forajidos. La mulata, preocupada por los sobresaltos que de continuo le producían las corridas policiales, decidió que en alguna otra parte podría cambiar de vida. "En las Lagunas del Rosario, con el tiempo, también se ocultarían llaneros que huían de La Rioja, como José Manuel Cornejo, Estanislao Gil, Cruz Albino y hasta el mismísimo y tan temido capitán Guayama. "Le extasiaba el caos del desierto, le agradaba también su gente, se hubiera quedado allí para siempre, pero otros acontecimientos, como anticipándose a sus anhelos, dispararon sus dudas y causaron su futuro.(...) "Un día, tras otro de los ya mentados asaltos, la Mulata vio cómo una de las partidas daba muerte a Cruz Cuero. Salvóse ella saltando como una fiera sobre los sorprendidos milicos, con su cuchillo cruzando el aire a diestra y a siniestra. "“No se dio por vencida y reorganizó la banda, capitaneándola por mucho tiempo. La dirigió en muchos otros atracos, protegida por la gente humilde a la que entregaba lo producido de los robos. Pero un día, contemplando el Algarrobo de la Justicia y de los Suplicios, se le dio en pensar si alguna vez no le tocaría a ella ser colgada allí. No tuvo miedo. Sí una clara visión de la realidad y una rara sensación de disconformismo. Además, ya nada sería igual sin el Cruz Cuero. "“Dejó en libertad de acción a la banda y volvió a la Chimba. Al verse nuevamente en lo suyo, supo que sería otra persona. Advirtió que casi no quedaban hombres jóvenes. Se habían ido a El Plumerillo, donde un general organizaba las fuerzas que liberarían a Chile y al Perú. Fue una revelación. Hacia allí se dirigió al galope de su caballo, urgida por algo desconocido. Y ofreció sus servicios a un extraño y admirado general San Martín, quien la nombró chasqui del ejército. Así nació otra vida, también llena de peligros y de hazañas, pero recompensada con el honor. Y galopó sin descanso en su montado día y noche, llevando y trayendo mensajes para el general San Martín. Se ganó el respeto de jefes y de soldados y lucía con orgullo la chaqueta de oficial que el General le había regalado, bombacha de paisano, botas de charol con espuelas. También supo cargar sable, se hizo diestra en el manejo del fusil, y hasta aprendió a disparar un cañón, pero sin dejar a su última amiga la daga, que llevaba metida en su bota, lista para ser usada. "San Martín estaba sorprendido de su eficiencia y contemplándola con su mirada de águila, un día que salía a la carrera de su flete con otro mensaje, se dijo que mujeres así necesitaba la Patria. Mujeres como ésa -que ahora descansa de su azarosa vida protegida por la Historia- como esa, como la de Martina Chapanay". Ilustración de Martina Chapanay Tumba de Martina Chapanay, en la localidad de Mogna, San Juan. Fuente: http://comunidad.libreopinion.com/modules/news/article.php?storyid=1449 Si te gustó o te pareció interesante, no te olvides de comentar. Gracias! Ya postee la 2da. entrega: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/1533349/Ídolos-rurales-de-antaño-(2da_-entrega).html

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