pabloocharlante
Usuario (Argentina)
“¡Dios mío, es la tercera amiga que se me muere en poco tiempo!” María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, más conocida como Yiya Murano, nació el 20 de mayo de 1930 en Corrientes (Argentina). Provenía de una familia de militares argentinos. Yiya siempre formó parte de la clase alta del país sudamericano y contrajo matrimonio con un conocido abogado. Yiya siempre fue muy convincente. Era mitómana y todo el tiempo creaba relatos que la gente creía, con un enorme poder de convencimiento. Si bien daba la impresión de ser una mujer culta y de alta posición económica, la realidad de Yiya era totalmente opuesta a esa. Era una mujer que carecía de una educación fuerte y sus problemas económicos iban en aumento, ya que derrochaba el dinero comprando ropa importada de las mejores marcas y un sinnúmero de joyas Aca se viene la parte interesante Pero no pudo solventar el tren de vida que llevaba; su esposo se separó de ella y aunque le pasaba una pensión, el dinero siempre le faltaba. Acostumbrada a ciertos lujos y comodidades, Yiya comenzó a endeudarse. Sus amigas, a manera de broma, solían criticar a Yiya en su ausencia a causa de sus excesivos gastos. Pero ella, con su poder de manipulación, logró convencerlas para invertir fuertes cantidades de dinero, obteniendo una tasa de interés más alta que la ofrecida por los bancos. Así consiguió que varias de sus amigas más cercanas pusieran todo su dinero en sus manos. Yiya se convirtió así en la inversora de sus allegadas, quienes habían sacado todos sus ahorros del banco para confiárselo a ella, a cambio de pagarés. Mi amiga es un fiambre El viernes 9 de febrero de 1979, una de las amigas de Yiya que le había confiado su dinero, llamada Nilda Gamba, fue a cenar a la casa de los Murano, donde se quedó hasta la 01:00. El sábado 10 comenzó a sentir dolores agudos en el estomago y náuseas. El médico que la atendió le diagnosticó intoxicación y ella le mencionó al médico que había cenado con Yiya. Murano se ofreció a cuidarla. Por la noche empeoró, entró en estado de coma y el domingo 11 de febrero falleció. Yiya buscó al doctor Tomer, el primero que la atendió, con el fin de que firmara el certificado de defunción. El médico se negó, alegando que él no había sido el último en atenderla. Ante tal inconveniente, Yiya se dirigió a otro médico, quien sí aceptó realizar el trámite a cambio de dinero. La causa de muerte según el certificado fue “paro cardíaco no traumático”, lo cual evitaba la autopsia. El 24 de marzo de 1979 fue el turno de la tercera acreedora de Yiya: Carmen Zulema del Giorgio de Venturini sintió náuseas y un profundo malestar. Desfalleciente, se arrastró hacia el pasillo del edificio de la calle Hipólito Yrigoyen donde vivía, pero presa del vértigo perdió el equilibrio y cayó por la escalera haciendo mucho ruido, el cual escucharon los vecinos y acudieron a socorrerla. En ese momento llegaba Yiya, quien preguntó a los vecinos si su prima había dicho algo antes de perder el conocimiento. José Gonzales, el encargado del edificio, no dudo en llamar a una ambulancia. Mientas otros vecinos salían a ver qué ocurría, Yiya le pidió a José una copia de las llaves del departamento de su prima, afirmando: “Necesito su libretita para avisar a los parientes”. Mientras buscaba se lamentaba en voz alta: “¡Dios mío, es la tercera amiga que se me muere en poco tiempo!” Yiya salió raudamente con un papel en la mano y un frasco en la otra: eran las masitas que habían sobrado y el pagaré que había firmado. Carmen Zulema murió en la ambulancia, camino al hospital. Yiya iba con ella y le preguntó al médico si sería necesaria la autopsia. Pero los médicos diagnosticaron paro cardíaco. Las hijas de Carmen Zulema se percataron de que entre las pertenencias de su madre faltaba el pagaré por un valor de $20,000,000.00 de pesos ley. masitas La hija de Carmen Zulema comunicó sus sospechas a la policía y denunció la falta del pagaré, así como el hecho de que el departamento había sido revuelto por Yiya. La denuncia logró que el caso fuera cambiado de “muerte natural” a “muerte dudosa”. A causa de las presiones de la familia de la occisa, se realizó una nueva autopsia. Los peritos descubrieron rastros de cianuro en el cadáver. De inmediato, los investigadores relacionaron el veneno con el supuesto frasco mencionado por el encargado. A todas las mujeres, Yiya Murano les debía dinero. Los investigadores determinaron que el cianuro, era camuflado dentro de las masas o diluido en el té. Al exhumar el cadáver de Nilda, también se encontraron restos de cianuro alcalino. “Me parece que la Murano las envenena con sus masitas dulces. Ambas fallecidas tenían esas masitas en la heladera”, sostuvo uno de los investigadores del caso. LOS TITULARES El 27 de abril de 1979, la policía detuvo a Yiya Murano en su domicilio, ubicado en la calle México. Yiya pidió permiso para ponerse un suéter y luego se la llevaron detenida. En los interrogatorios, Yiya jamás admitió haber matado a sus amigas. “Pero por favor, si yo no sé cocinar, ¿cómo les iba a preparar masitas envenenadas?” Reconoció haberles pedido dinero, pero a manera de préstamo. La sentenciaron de inmediato, aunque ella siempre alegó que le había pagado el dinero a su prima y que ella le había devuelto el pagaré. Murano fue recluida en la cárcel de Ezeiza. Tenía una excelente relación con todas las presidiarias, que llegaron a adorarla y sostenían que era una buena mujer. Pero el fiscal Mario de la Vega Pizarro tenía otra idea y pidió prisión perpetua para Yiya. El 6 de mayo de 1980, fue encontrada desmayada en la cárcel; la trasladaron al hospital a causa de un derrame cerebral y además se le extirpó un tumor. Asombrosamente, Yiya se recuperó por completo. El 15 de junio de 1982, el Juez de Sentencia, Ángel Mercardo, la absolvió de todos los cargos y la dejó en libertad. Pero el caso siguió a causa de la presión de los abogados de las familias de las víctimas. La resolución que la Sala Tercera de la Cámara del Crimen tomó el 28 de junio de 1985 fue breve; los jueces sencillamente rechazaron un recurso extraordinario de apelación. Por esa resolución, quedaba condenada a prisión perpetua por triple homicidio Yiya Murano, a quien para entonces los medios habían bautizado como “La Envenenadora de Monserrat”. Fin de la joda Yiya fue declarada culpable el 28 de junio de 1985. A mediados de 1985, los periódicos argentinos seguían día a día el juicio a los ex dictadores militares. Yiya había sido casi olvidada. Hasta que se le dictó sentencia condenatoria. Ella insistía en que era inocente: “Nunca invité a nadie a comer”, fueron siempre sus palabras. Por reducción de la condena y la controvertida ley del 2 x 1, Yiya Murano salió de prisión. En 1993, se le conmutó la pena por veinticinco años de prisión por homicidio calificado por envenenamiento y estafas. Homenaje a Yiya Fue puesta nuevamente en libertad el 20 de noviembre de 1995, luego de dieciséis años de encierro. A los jueces que intervinieron en su puesta en libertad les envió, como señal de agradecimiento, una caja de bombones. No se sabe si alguno los probó. Muñeca de Murano http://3.bp.blogspot.com/-LvZN3RRznuI/TiibRQdbLJI/AAAAAAAAGMQ/2uYxB26tIP4/s400/Yiya%2BMurano%2B%2528mu%25C3%25B1eca%2529.jpg El libro de Martín Murano Yiya Murano de la gente