pablinargentino2
Usuario (Argentina)

Estas son algunas muestras de lo que pueden hacer "Peluchín" y sus secuaces. xD. tanta tecnología y no ponen un "corta fuego" que lo podés descargar de acá. Y de paso lo desvirgan al novato de "selmineos", 22 Posts 35 Puntos 41 Comentarios Bueno vamos al post en cuestión: Dale el día libre a la experiencia para comenzar, y recíbelo como si fuera fiesta de guardar. Joan Manuel Serrat. alegría pasajera (toda alegría es pasajera), las cuales vemos a menudo en los niños; sonrisas de amor, que al ser tan fáciles de fingir representan un as en la mano de cada mujer... Fak Chalabe Siento que si tengo sentimientos, mas no son buenos sentimientos, la mayoria del tiempo eran (o son) de tristeza, no es bonito sentirse asi pero no hay de otra. Raul Benjamín. Anoche soñé que me picaban los brazos. Yo me los rascaba tan fuerte y tan rápido que la fricción hacía que se me prendieran fuego. Me desperté. Se sentía todo tan real que por las dudas fui al baño y les eché un poco de agua... Mariana Tanorma. Sostente, conoce tu Nombre, sigue tu propio Camino ... Jason Mraz. "errar es humano , perdonar es divino" In english: "To err is human, to forgive divine" Hasta la vista, baby es una frase asociada al actor Arnold Schwarzenegger, que utilizó en 1991 en la película de ciencia ficción Terminator 2 Jajajaja, risa casi siempre falsa usada por chateadores de chat, msn, mensajeros de textos por teléfono, Eso es todo, espero comentarios.
(El otro día me mande un chiste escrito re original y me lo borraron por falta de imagenes, ahora espero que no lo borren por falta de escritura.) Ganale al cubo. ¿HEEE? ¿La la sabés? ¡¡¡Me parece que vi un lindo gatito!!! Atómico. Dragon trainer. Imagination. Miranda. Ron Damòn. Tres patitos. El Bati. ¿Amiguito de Fort? Pulpo Paul (2008 - 2010) problemas colaterales de la fama. Reflexión. Comenta si te saqué una sonrisa, y sino comenta si te saqué una puteada...

El misterio de las fotos misteriosas... El misterio del cartel de “se nesecita"… El misterio de la esquina más pequeña del mundo…El misterio de la esquina más pequeña del mundo… El misterio de Babáitha, el caracol GIGANTE… El misterio del bondi estacionado… El misterio del celular pequeño, como una langosta… El misterio de la torre de pizza… El misterio del gato albino. El misterio "En boca cerrada no entran ratas" El misterio de "Niño mirando al sudeste" y al norte y al sur y que se yo. El misterio del creador de "Gillette Prestobarba" El misterio sobre "El congreso de los intelectuales" El misterio de "El verdadero caracúlico"
El niño pobre y el niño rico. Había una vez, en una pueblo, un niño pobre, llamado Javier, que vivía con sus padres en una humilde casita de madera. Javier. Eran tan pobres que había días en los que para cenar no tenían mas que un trozo de pan duro y un vaso de matecocido, que su madre se encargaba de repartir para los tres. Tras tan escasas cenas, siempre se quedaban un rato charlando los tres, entre risas y siempre se despedían al acostarse con un fuerte abrazo. Un día, mientras Javier caminaba por la calle, encontró una pelota de fútbol de esas que se ven solo por TV, y cuando la iba a agarrar escuchó una voz detrás de el que le dijo: -Quítale las mano de encima, villero. Era Luis, el pibe mas rico del pueblo, quién, quitándole la pelota de un violento tirón, y, apartando a Javier de un empujón, se fue a dejarla con las otras treinta de su colección. Luis -Esta hace la número treinta y uno.- Dijo con voz orgullosa el niño rico. –Y que sepas que la semana que viene tendré otra mas por mi cumpleaños, aunque tú, con lo pobre que sos, seguro que no sabes lo que es un cumpleaños. Javier agachó la cabeza y se fue a su casa. Claro que lo sabía, porque ese día era su cumpleaños. Al llegar a casa, le estaban esperando sus padres con caras tristes y apagadas. -¿Qué les pasa?-Preguntó Javier. -Javier, hoy es tu cumpleaños, pero no tenemos dinero para comprarte nada. Lo único que podemos regalarte es este pulover que te he tejido, y esta tableta de chocolate que a tu padre le han regalado en el trabajo.- Dijo su madre. Javier sonrió y se abrazó a sus padres y se probó el el pulover punto Jersey, que le quedaba un poco grande, pero que, como dijo él, ya lo llenaría. La tableta de chocolate la partió en tres trozos, repartiéndola, con los que esa noche cenaron pan duro con chocolate. Al irse a la cama, los abrazó y les dijo: -Son los mejores papás del mundo. Con tenerlos a mi lado, ya no necesito ningún regalo.- Y se fue a dormir muy feliz. A la semana siguiente, se volvió a encontrar con Luis en la calle, pero esta vez, estaba muy triste y bastante enojado. A lo que Javier se le acercó y le preguntó qué le pasaba. -Pues que mis papás se han olvidado de mi cumpleaños porque están todo el día trabajando. No me han regalado una pelota nueva y solamente tengo treinta y una pelotas, pero yo no quiero jugar con ninguna, yo quiero la de mi cumpleaños. Javier se marcho de nuevo a su casa y continuó siendo feliz toda su vida, pues tenía todo lo necesario para vivir, AMOR, mientras que Luis, con su carácter egoísta y ambicioso, siempre estaba triste y enfadado, por lo que llegó a caer enfermo de depresión. Mientras que javier siguió con su pelota y sus zapatillas de un solo color, el color de la pobreza y de la alegría. La moraleja de esta historia es que no es mas rico el que mas tiene, sino el que menos necesita. Inspiración de domingo, espero algún comentario. Gracias.
El uso que le damos a Facebook es directamente proporcional a las ganas que nosotros tengamos de mantener el culo contra el asiento. Todos los que usamos Facebook, tenemos al menos un poco en claro lo popular que es y que su popularidad se debe mas que nada a la posibilidad de encontrar gente a la que habíamos dejado de ver ya hace muchos tiempo atrás. Simplemente con una búsqueda por nombre, nacionalidad, colegio, club, etc, salen a relucir esas personas que buscamos pero con muchas mas arrugas y kilos de más; algunos, no todos. Pero te puede pasar que esa gordita que ni bola le dabas, la encuentres hecha una Perra. y te queres cortar las bolassss. O bien que sea alverre. Y peas un grito al cielo que te escucha hasta la zorda de la otra cuadra, “Graciasssss Diosssssss”. Y el típico pensamiento, “mira vos a quien vengo a encontrar aca”, nos engañamos con ese pensamiento como si no hubiéramos sido nosotros mismo los que estábamos haciendo la búsqueda. Y si no encontramos a quien buscamos, “pero este vive dentro de una burbuja?, todavía no tiene Facebook!, pruebo la semana que viene”. Cuando encontramos a alguien que hace mucho años que no vemos, podemos llegar a actuar de distintas formas: - Si tiene foto, todo ok, lo detectamos y sabemos que dimos con la persona indicada. A no ser que haya puesto un Avatar como hice yo. - Si no tiene foto entramos en la disyuntiva de si le enviamos un mensaje privado para saber si es la persona que buscamos o la otra opción es ir a ver la lista de sus amigos a ver si conocemos a alguien. - Si salen varios con el mismo nombre, mensaje privado, copy & paste a todos. Alguno va a contestar seguro, entre las puteadas de los otros en todos los idiomas. Y si alguien que nos busca nos encuentra y nos pide autorización de amigo pueden pasar varias cosas: “Mira quien es!” y lo aceptamos. Fichamos la ventana de chat a ver si esta on-line y si lo vemos no le escribimos esperando a que él o ella lo haga. Seguimos pelotudeando y al rato nos volvemos a fijar, entonces si se fue, seguramente haremos lo siguiente: Información: para saber que hizo de su vida mientras nosotros no lo vimos, las chicas pueden pensar: “tiene estudios universitarios hechos en Hardvard, con esta me salvo; si de chicos le gustaba”, esta trabajando en alguna empresa, casada, hijos? Fotos: a chusmear!, la vida (hasta ese momento privada) de esta persona. La foto con la abuela, en al pileta, la tanga en la cola; que linda que esta la flaca!, el vaso de fernet en la mano, la foto con los chicos, navidad, año nuevo, vacaciones, viajes por el mundo (HDP se fue a Europa!), (HDP mira la nave que tiene!) y yo con mi R12 con el desornillador sosteniendo la ventanilla, el perro, el gato, el leopardo, su señora es un gato!, etc, etc, etc. Ghrrr, y yo con este. Lista de amigos: A ver a quien conozco de todos sus contactos, a alguno tengo que conocer, si este siguió en el barrio, estara Martita, el colo o El flaco Hernández? Muro: rompemos el hielo y le dejamos algún mensaje como para que tenga que responder y a lo mejor si nos animamos hasta le comentamos alguna fotito de esas cómplices que nos recuerdan años pasados donde éramos compinches. Seguramente ellos harán lo mismo con nosotros y luego de ese fervor por saber en 5 minutos todo lo que esa otra persona hizo de su vida por años, posiblemente no le escribamos más o con muy poca frecuencia. Pero si nos va a seguir interesando ver sus actualizaciones y que es lo que hace día a día. Todos somos Voyeaur en Facebook, de eso se trata la mirada indiscreta y “anónima” detrás del monitor que todo lo ve que todo lo quieres saber de los demás, pero no exageres, sino... Pero también me gusta mostrarme en Facebook, y me gusta andar de aquí para allá, por todas sus aplicaciones demostrando que “lo manejo” y mí actividad social es altísima y tengo 2500 amigos en mi lista con los que seguramente ni siquiera recuerdo haber hablado, pero acepto a todo el mundo porque lo único que me interesa es que el numerito de la cantidad de amigos sea cada días mas alto, creo grupos al pedo todo el tiempo y mantengo mi imagen actualizada para que siempre se vea distinta. Y recuerdo ese msn del año del pedo que me limitaba a 200 contacos nomas, Y para que mas, si para conectar tardaba 20 min. con el famoso... Y sino a la telefonica de la avenida, xD... Todos estos son encantos que Facebook tiene para ofrecernos los 24×7x365 del año y eso hace que no tengamos la necesidad de siquiera levantar el teléfono para saber como esta el otro, para que?, si total ya vi a través de un updated vía twitter que se fue a que le sacaran una muela. Luego llamarlo para ve como está, no va a ser falta, el solito se va a encargar de publicarlo y si no lo hace seguramente habrá muerto, otro motivo por no seguir en Facebook no podemos contemplar. Habrá que esperar un poco más las fotos del funeral. espero alguien sepa la clave del difunto sino estamos en el horno se va el reality a la mierda! y para colmo no se va a poder hacer popular después de muerto. Por todo esto yo pienso que la popularidad y el uso que le damos a Facebook es directamente proporcional a las ganas que nosotros tengamos de mantener el culo contra el asiento. Antes que existiera Facebook o mismo internet, si querías saber de alguien que hacia mucho que no veías, buscabas la agenda vieja esa que tenías arrumbada en algún cajón, rogabas que el teléfono sea el mismo o que no se haya mudado y con toda la incertidumbre discabas su teléfono esperando que del otro lado una voz amiga dijera “hola?”. Y si todo iba bien, se arreglaba para encontrarse y a otra cosa. jeje, pero antes ir a ver si funcaba el telefono de Gorriti. Pero antes a darte una vuelta por el kiosco de Mecha a ver si conseguias un par de estas. Hoy sabemos que estamos frente a la “Guía telefónica” mas grande del mundo a nivel usuario normal (nosotros) y que simplemente si no es hoy, mañana vamos a encontrar a quien buscamos. Para que vamos a movernos, si el dato va a llegar a nuestros monitores con seguridad. El “busca gente” esta a nuestra disposición y no solo con un numero de teléfono, sino con la vida entera de cada persona a la que busquemos. Casi sin la necesidad de tener que entablar una conversación. Para bien o para mal, pero comenten por favor.

Mi padre se llamaba Moisés. Era hijo de Miguel y de Lea. Fue hermano de Marcos y de Rubén. Fue el marido de Miriam. Fue el padre de Horacio y de mí. Era el abuelo de Iván y de Javier. Cuando murió, hace dos días, tenía 85 años Mi padre no fue un gran hombre. Pero hacía el más sabroso café con leche que jamás probé. Nos los preparaba cada mañana a Horacio y a mí, cuando íbamos al colegio, y nos lo servía con unos enormes panes con manteca y dulce. Mi padre no fue un gran hombre. Pero pelaba las naranjas como nadie. Las dejaba sin un rastro de hollejo, brilloso, liso, tentador. Yo no quería comer naranjas si no las pelaba él. Mi padre no fue un gran hombre. Pero llenó de libros nuestra casa de la infancia y los dejó absolutamente a nuestro alcance. Nunca dijo ‘ese libro no es para vos’. Y así aprendimos a amar la lectura desde chicos. Todavía hoy leo como entonces, como él. Con voracidad, con desorden, con placer. Mi casa está llena de libros, las bibliotecas son los muebles principales. Mi padre no fue un gran hombre. Pero a los 84 años aprendió a hacer señaladores de cuero, con sus dedos agarrotados, y me regaló uno, simple, bello y austero, con el que hoy guío mis lecturas. Mi padre no fue un gran hombre. Pero cuando yo tenía 10 años y Horacio 7 y vivíamos en La Banda, Santiago del Estero, compró entradas y un 9 de julio nos llevó a la cancha del Club Mitre a ver a River, que venía de gira. Seguimos el partido subidos a un sulky, porque no había lugar para nadie. Fue la primera vez que vi a River, y lo vi con Carrizo, con Lostau, con Labruna, con Pérez, con Pipo Rossi. Mi padre era hincha deIndependiente, nosotros nos hicimos de River. Mi padre no fue un gran hombre. Pero nos llevaba cada domingo a la cancha a ver a Central Argentino, de La Banda, a pesar de que él era hincha del eterno rival, Sarmiento. Y hasta se alegraba con nosotros si ganaba Central. Mi padre no fue un gran hombre. Pero una tarde de mi adolescencia, en la trastienda de la farmacia que él y mi madre tenían en La Banda, me explicó cómo se hacían los chicos. Tartamudeaba y estaba rojo y sudoroso. Yo ya sabía, pero me fascinó su explicación. Mi padre no fue un gran hombre. Pero un día, cuando cumplí doce años, se apareció en casa con el curso de dibujo de Los Doce Famosos Artistas como regalo. Y yo, que amaba las historietas, tuve como profesores a Hugo Pratt, a Alberto Breccia y a otros así. Mi padre no fue un gran hombre. Pero cuando me acariciaba, y me acariciaba mucho, tenía las manos tibias; y cuando me besaba, y me besaba mucho, tenía los labios suaves y húmedos. Mi padre no fue un gran hombre. Pero un día, cuando un chico más grande que yo, uno de los pesados de la cuadra, me estaba dando una paliza en plena calle, él apareció de la nada y cagó a patadas en el culo a mi enemigo. Mi padre no fue un gran hombre. No me enseñó a manejar, pero resultó lo bastante confiado como para dejar las llaves del auto a mi alcance, de manera que una siesta las agarré, subí al Fiat 1500 verde y debuté por mi cuenta paseando durante dos horas, maravillado de que semejante artefacto respondiera a mis movimientos. Cuando se lo conté, mi padre sonrió casi complacido, casi aliviado. Mi padre no fue un gran hombre. Pero venía a verme cuando yo jugaba al basquet en los infantiles y en los cadetes del Club Olímpico y, al principio, me llevaba a los entrenamientos, y a mi hermano también. Y aunque él era un patadura, yo, creo, jugaba para él, para que él me admirara. Mi padre no fue un gran hombre. Pero, aunque jamás aprendió a andar en bicicleta, me sostuvo en la mía y no me soltó hasta que pude mantener el equilibrio por mí mismo. Y yo sabía que no me iba a dejar caer. Mi padre no fue un gran hombre. Pero lagrimeaba de orgullo cuando nos presentaba a Horacio y a mí y decía ‘Estos son mis hijos’. Lo decía con el mismo énfasis cuando éramos chicos y cuando nos hicimos hombres. Mi padre no fue un gran hombre. Pero nadie sabía contar ‘El patito feo’ como él. Y nadie tuvo su paciencia para narrármelo una y otra vez, siempre con el mismo entusiasmo, cada siesta y cada noche de mi niñez temprana, respetando mi necesidad de volver a oír mi cuento favorito. Mi padre no fue un gran hombre. Pero todavía a sus ochenta y pico era capaz de poner inyecciones como nadie, sin que sintieras ni el pinchazo ni el dolor. Muchas veces preferí inyecciones a otro remedio, porque sabía que estaba él para ponerlas. Mi padre no fue un gran hombre. Pero descubría siempre los mejores chocolates. Mi padre no fue un gran hombre. Pero hasta el último domingo de su vida leyó el diario de pe a pa y era un interlocutor informado y apasionado de los sucesos del mundo y de la vida. Mi padre no fue un gran hombre. Pero amaba el cine y las películas y nos enseñó a amarlas junto a él; nos llevaba a las matinés del cine Renzi y a los estrenos del Petit Palais, del Grand Splendid, del Select o del 25 de Mayo. Disfrutaba como un chico de las de cowboys y hacía el sacrificio de llevarnos cinco días seguidos a ver ‘La Cenicienta’ o ‘Sansón y Dalila, con Víctor Mature y Hedy Lamar. Ahora, en sus últimos tiempos, seguía contando escena por escena, como un personaje de Manuel Puig, cada película que veía en el cable, y lloraba de emoción o de bronca, según fuera una escena de amor o de injusticia. Mi padre no fue un gran hombre. Pero era el mejor público para contarle un chiste. No había que hacer grandes esfuerzos narrativos, él se descomponía de risa por el sólo hecho de saber que era un chiste. Mi padre no fue un gran hombre. Pero cada vez que mi madre se lo pedía era el mejor ayudante de cocina. Nunca vi a nadie batir claras a nieve, como él. A mano. Mi padre no fue un gran hombre. Pero tenía la letra más bella y firme que yo conozca. Me fascinaba ver cuando escribía cartas, cuando firmaba boletines o cuando hacía los discursos que después leía en las reuniones de la colectividad judía santiagueña; yo observaba hipnotizado cómo iba surgiendo sobre el papel el dibujo de su caligrafía y cómo él mismo disfrutaba mientras su mano cobraba velocidad, calor e inspiración. Mi padre no fue un gran hombre. Pero me enseñó, con sus actos, que un hombre sí puede llorar. Él lloraba de emoción o de dolor. Mi padre no fue un gran hombre. Pero supo despedirse antes de partir. El domingo a las cinco de la mañana me desperté y no pude volver a dormir por un largo rato. Era una hora silenciosa y quieta. De marea en baja. Entonces supe que, en la sala de terapia intensiva del hospital, él estaba muriendo. Que me despertaba suavemente, como cuando en las mañanas frías del colegio se acercaba a mi cama, me tocaba suavemente el hombro y me decía, en un susurro, ‘Pichu… arriba’. Y que esta vez lo hacía para despedirse. En mi cama, en la oscuridad, no luché contra el insomnio, simplemente me despedí de él, le deseé buen viaje, le agradecí lo que tenía que agradecerle y le hice saber que, por mi parte, no había cuentas pendientes entre nosotros. Ninguna. Me dormí nuevamente a las siete y el teléfono sonó a las ocho para pedirnos que fuéramos con urgencia al hospital. Entonces le dije a Marilén: ‘Mi Viejo murió hoy a las cinco y media, es eso lo que nos van a informar’. Un par de horas después, nos entregaron un certificado de defunción que decía: ‘hora del fallecimiento: 5:30′. Mi padre no fue un gran hombre. Pero enfrentó a la muerte entero y vivo. Peleó con sabiduría, conocedor de que la batalla sería posible mientras hubiera equivalencia. Cuando sintió que ya estaba, que había hecho lo suyo, que las reglas de juego habían dejado de ser parejas, dijo basta. No lo dijo como un derrotado. Había comido una porción de las grandes ( como a él le gustaban) de la vida; su último año y medio había sido de placer, de reivindicación y de buena vida. Entonces decidió que estaba a punto y murió. En su muerte, fue un modelo. Y no es poca cosa. Mi padre no fue un gran hombre. Pero murió como un señor. Sin degradarse, sin deterioro, sin corromperse, como una persona íntegra y consciente. No huyó, no tuvo miedo, llegó vivo a su muerte. Y cuando lo vimos, antes de ocupar su cajón, su rostro era plácido, pacífico, como quien sueña sueños íntimos y felices o como quien observa deslumbrado algo que lo hará feliz pero de lo que no quiere hablar. Era, en ese momento y en ese lugar, en la morgue del hospital, nada menos, un viejo hermoso y sereno. Así nos despidió. Soltándose, soltándonos. Mi padre no fue un gran hombre. Pero fue honesto. Mi padre no fue un gran hombre. Pero fue amoroso. Mi padre no fue un gran hombre. Y no importa. Los grandes hombres ocupan, a veces, demasiado lugar. Asfixian. Y son acreedores de deudas que nos hacen la vida más pesada. Visto así, por suerte, mi padre no fue un gran hombre. En muchas cosas fue sólo un pequeño hombre. Pero más allá de todo fue algo más difícil y más importante. Mi padre fue un buen hombre. Agradezco eso. Gracias, papá, por tu vida… fuente. http://www.periodismodeverdad.com.ar/2009/07/21/mi-padre-no-fue-un-gran-hombre-excelente-por-sergio-sinay/ xD. no puedo escribir nada sobre mi viejo, por que se me caen las lágrimas al teclado, bueno ya lo escribire, por que fue el más grande y se lo merece.

Frases cuerdas sobre conceptos de locura. ............................................... Las locuras que más se lamentan en la vida de un hombre son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad. La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia. En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón. La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma. La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca. Los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios. Un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada. Prefiero una locura que me entusiasme a una verdad que me abata. Una vez al año es lícito hacer locuras. Todos son locos, pero el que analiza su locura, es llamado filósofo. Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre. La locura es un cierto placer que sólo el loco conoce. Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza. La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco. Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás. Cuando se colabora con un loco o se comentan sus manías, se cae en la locura. Lamentablemente hasta el más calmo tiene su grado de locura, por lo general a medidas de que pasan los años uno va mejorando, (va eso creo). La fuente, recolección de Yahoo, y fotos a criterio. Pido algunos comentario, gracias.

El niño pobre y el niño rico. Había una vez, en una pueblo, un niño pobre, llamado Javier, que vivía con sus padres en una humilde casita de madera. Javier. Eran tan pobres que había días en los que para cenar no tenían mas que un trozo de pan duro y un vaso de matecocido, que su madre se encargaba de repartir para los tres. Tras tan escasas cenas, siempre se quedaban un rato charlando los tres, entre risas y siempre se despedían al acostarse con un fuerte abrazo. Un día, mientras Javier caminaba por la calle, encontró una pelota de fútbol de esas que se ven solo por TV, y cuando la iba a agarrar escuchó una voz detrás de el que le dijo: -Quítale las mano de encima, villero. Era Luis, el pibe mas rico del pueblo, quién, quitándole la pelota de un violento tirón, y, apartando a Javier de un empujón, se fue a dejarla con las otras treinta de su colección. Luis -Esta hace la número treinta y uno.- Dijo con voz orgullosa el niño rico. –Y que sepas que mañana tendré otra mas por mi cumpleaños, aunque tu, con lo pobre que eres, seguro que no sabes lo que es un cumpleaños. Javier agachó la cabeza y se fue a su casa. Claro que lo sabía, porque ese día era su cumpleaños. Al llegar a casa, le estaban esperando sus padres con caras tristes y apagadas. -¿Qué les pasa?-Preguntó Javier. -Javier, hoy es tu cumpleaños, pero no tenemos dinero para comprarte nada. Lo único que podemos regalarte es este pulover que te he tejido, y esta tableta de chocolate que a tu padre le han regalado en el trabajo.- Dijo su madre. Javier sonrió y se abrazó a sus padres y se probó el el pulover punto Jersey, que le quedaba un poco grande, pero que, como dijo el, ya lo llenaría. omo la tableta de chocolate y la partió en tres trozos, repartiéndola, con los que esa noche cenaron pan duro con chocolate. Al irse a la cama, los abrazó y les dijo: -Son los mejores papás del mundo. Con tenerlos a mi lado, ya no necesito ningún regalo.- Y se fue a dormir muy feliz. Al día siguiente, se volvió a encontrar con Luis en la calle, pero esta vez, estaba muy triste y bastante enojado. A lo que Javier se le acercó y le preguntó qué le pasaba. -Pues que mis papás se han olvidado de mi cumpleaños porque están todo el día trabajando. No me han regalado una pelota nueva y solamente tengo treinta pelotas, pero yo no quiero jugar con ninguna, yo quiero la de mi cumpleaños. Javier se marcho de nuevo a su casa y continuó siendo feliz toda su vida, pues tenía todo lo necesario para vivir, mientras que Luis, con su carácter egoísta y ambicioso, siempre estaba triste y enfadado, por lo que llegó a caer enfermo de depresi'on. Mientras que javier siguio con su pelota y sus zapatillas de un solo color, el color de la pobreza y de la alegria. La moraleja de esta historia es que no es mas rico el que mas tiene, sino el que menos necesita. Inspiracion de domingo, espero algun comentario. Gracias.

Les dejo para que vean uds. mismo lo que a que puede llegar la ambición... porfavor..lean y difundan..que se sepa..no nos quedemos callados..no dejemos qeu nos pasen por encima!!! Bailando por un sueño??? ( el de Marcelo Tinelli). Me pregunto qué danza tendremos que hacer los Mapuches y campesinos para que nos devuelvan las tierras. Es tan conmovedor ver a Tinelli cuando se emociona ante algún caso de injusticia social. Se le llenan los ojos de lágrimas y mira hacia las cámaras. ¿Si los indígenas se presentaran en su show podrían conseguir algo de respeto a sus derechos naturales? ¿Saben que es 'Trafipan 2000'? Marcelo Tinelli, conductor-empresario televisivo que compró miles de hectáreas en la provincia sureña de Chubut, necesita desalojar 30 familias mapuches para construir un megaproyecto turístico. Moira Millán, integrante de la Comunidad Pillán Mahuiza y del Frente de Lucha Mapuche y Campesinos en el marco de la lucha por la defensa del Agua y la Tierra aseguró a radio Universidad Nacional de Cuyo, que le dicen rotundamente ¡No! a cualquier megaproyecto que pretenda 'arrasar con nuestro entorno a cualquier precio'. La dirigencia indígena denunció que el megaproyecto turístico que pretende construir Marcelo Tinelli 'es sobre la vivienda de 30 familias mapuches y, casualmente, lleva nombre mapuche,Trafipan 2000, cuando para llevarlo a cabo, necesita de su desalojo'. 'Cuanta más gente se entera, más nos ayuda para conseguir el apoyo de las autoridades para poder conservar nuestras tierras'. colaboren en la difusión de las cosas que suceden y que los medios de comunicación tapan.... Los medios alternativos (radio, diarios zonales) lo están haciendo, entonces es la labor nuestra sumarnos ante el silencio de los medios oficiales. Primero fueron los españoles, y despues vino Roca, siglo XX cambalache y vino Benetton, despues llegaron los estadounidenses, los empresarios y Tinelli, y ahora vienen los autos del Rally Dakkar...pero los mapuches no se rinden. Fuente: Entras a cualquier buscadory ponés Tinelli + Mapuches y listo.

Mi padre se llamaba Moisés. Era hijo de Miguel y de Lea. Fue hermano de Marcos y de Rubén. Fue el marido de Miriam. Fue el padre de Horacio y de mí. Era el abuelo de Iván y de Javier. Cuando murió, hace dos días, tenía 85 años Mi padre no fue un gran hombre. Pero hacía el más sabroso café con leche que jamás probé. Nos los preparaba cada mañana a Horacio y a mí, cuando íbamos al colegio, y nos lo servía con unos enormes panes con manteca y dulce. Mi padre no fue un gran hombre. Pero pelaba las naranjas como nadie. Las dejaba sin un rastro de hollejo, brilloso, liso, tentador. Yo no quería comer naranjas si no las pelaba él. Mi padre no fue un gran hombre. Pero llenó de libros nuestra casa de la infancia y los dejó absolutamente a nuestro alcance. Nunca dijo ‘ese libro no es para vos’. Y así aprendimos a amar la lectura desde chicos. Todavía hoy leo como entonces, como él. Con voracidad, con desorden, con placer. Mi casa está llena de libros, las bibliotecas son los muebles principales. Mi padre no fue un gran hombre. Pero a los 84 años aprendió a hacer señaladores de cuero, con sus dedos agarrotados, y me regaló uno, simple, bello y austero, con el que hoy guío mis lecturas. Mi padre no fue un gran hombre. Pero cuando yo tenía 10 años y Horacio 7 y vivíamos en La Banda, Santiago del Estero, compró entradas y un 9 de julio nos llevó a la cancha del Club Mitre a ver a River, que venía de gira. Seguimos el partido subidos a un sulky, porque no había lugar para nadie. Fue la primera vez que vi a River, y lo vi con Carrizo, con Lostau, con Labruna, con Pérez, con Pipo Rossi. Mi padre era hincha deIndependiente, nosotros nos hicimos de River. Mi padre no fue un gran hombre. Pero nos llevaba cada domingo a la cancha a ver a Central Argentino, de La Banda, a pesar de que él era hincha del eterno rival, Sarmiento. Y hasta se alegraba con nosotros si ganaba Central. Mi padre no fue un gran hombre. Pero una tarde de mi adolescencia, en la trastienda de la farmacia que él y mi madre tenían en La Banda, me explicó cómo se hacían los chicos. Tartamudeaba y estaba rojo y sudoroso. Yo ya sabía, pero me fascinó su explicación. Mi padre no fue un gran hombre. Pero un día, cuando cumplí doce años, se apareció en casa con el curso de dibujo de Los Doce Famosos Artistas como regalo. Y yo, que amaba las historietas, tuve como profesores a Hugo Pratt, a Alberto Breccia y a otros así. Mi padre no fue un gran hombre. Pero cuando me acariciaba, y me acariciaba mucho, tenía las manos tibias; y cuando me besaba, y me besaba mucho, tenía los labios suaves y húmedos. Mi padre no fue un gran hombre. Pero un día, cuando un chico más grande que yo, uno de los pesados de la cuadra, me estaba dando una paliza en plena calle, él apareció de la nada y cagó a patadas en el culo a mi enemigo. Mi padre no fue un gran hombre. No me enseñó a manejar, pero resultó lo bastante confiado como para dejar las llaves del auto a mi alcance, de manera que una siesta las agarré, subí al Fiat 1500 verde y debuté por mi cuenta paseando durante dos horas, maravillado de que semejante artefacto respondiera a mis movimientos. Cuando se lo conté, mi padre sonrió casi complacido, casi aliviado. Mi padre no fue un gran hombre. Pero venía a verme cuando yo jugaba al basquet en los infantiles y en los cadetes del Club Olímpico y, al principio, me llevaba a los entrenamientos, y a mi hermano también. Y aunque él era un patadura, yo, creo, jugaba para él, para que él me admirara. Mi padre no fue un gran hombre. Pero, aunque jamás aprendió a andar en bicicleta, me sostuvo en la mía y no me soltó hasta que pude mantener el equilibrio por mí mismo. Y yo sabía que no me iba a dejar caer. Mi padre no fue un gran hombre. Pero lagrimeaba de orgullo cuando nos presentaba a Horacio y a mí y decía ‘Estos son mis hijos’. Lo decía con el mismo énfasis cuando éramos chicos y cuando nos hicimos hombres. Mi padre no fue un gran hombre. Pero nadie sabía contar ‘El patito feo’ como él. Y nadie tuvo su paciencia para narrármelo una y otra vez, siempre con el mismo entusiasmo, cada siesta y cada noche de mi niñez temprana, respetando mi necesidad de volver a oír mi cuento favorito. Mi padre no fue un gran hombre. Pero todavía a sus ochenta y pico era capaz de poner inyecciones como nadie, sin que sintieras ni el pinchazo ni el dolor. Muchas veces preferí inyecciones a otro remedio, porque sabía que estaba él para ponerlas. Mi padre no fue un gran hombre. Pero descubría siempre los mejores chocolates. Mi padre no fue un gran hombre. Pero hasta el último domingo de su vida leyó el diario de pe a pa y era un interlocutor informado y apasionado de los sucesos del mundo y de la vida. Mi padre no fue un gran hombre. Pero amaba el cine y las películas y nos enseñó a amarlas junto a él; nos llevaba a las matinés del cine Renzi y a los estrenos del Petit Palais, del Grand Splendid, del Select o del 25 de Mayo. Disfrutaba como un chico de las de cowboys y hacía el sacrificio de llevarnos cinco días seguidos a ver ‘La Cenicienta’ o ‘Sansón y Dalila, con Víctor Mature y Hedy Lamar. Ahora, en sus últimos tiempos, seguía contando escena por escena, como un personaje de Manuel Puig, cada película que veía en el cable, y lloraba de emoción o de bronca, según fuera una escena de amor o de injusticia. Mi padre no fue un gran hombre. Pero era el mejor público para contarle un chiste. No había que hacer grandes esfuerzos narrativos, él se descomponía de risa por el sólo hecho de saber que era un chiste. Mi padre no fue un gran hombre. Pero cada vez que mi madre se lo pedía era el mejor ayudante de cocina. Nunca vi a nadie batir claras a nieve, como él. A mano. Mi padre no fue un gran hombre. Pero tenía la letra más bella y firme que yo conozca. Me fascinaba ver cuando escribía cartas, cuando firmaba boletines o cuando hacía los discursos que después leía en las reuniones de la colectividad judía santiagueña; yo observaba hipnotizado cómo iba surgiendo sobre el papel el dibujo de su caligrafía y cómo él mismo disfrutaba mientras su mano cobraba velocidad, calor e inspiración. Mi padre no fue un gran hombre. Pero me enseñó, con sus actos, que un hombre sí puede llorar. Él lloraba de emoción o de dolor. Mi padre no fue un gran hombre. Pero supo despedirse antes de partir. El domingo a las cinco de la mañana me desperté y no pude volver a dormir por un largo rato. Era una hora silenciosa y quieta. De marea en baja. Entonces supe que, en la sala de terapia intensiva del hospital, él estaba muriendo. Que me despertaba suavemente, como cuando en las mañanas frías del colegio se acercaba a mi cama, me tocaba suavemente el hombro y me decía, en un susurro, ‘Pichu… arriba’. Y que esta vez lo hacía para despedirse. En mi cama, en la oscuridad, no luché contra el insomnio, simplemente me despedí de él, le deseé buen viaje, le agradecí lo que tenía que agradecerle y le hice saber que, por mi parte, no había cuentas pendientes entre nosotros. Ninguna. Me dormí nuevamente a las siete y el teléfono sonó a las ocho para pedirnos que fuéramos con urgencia al hospital. Entonces le dije a Marilén: ‘Mi Viejo murió hoy a las cinco y media, es eso lo que nos van a informar’. Un par de horas después, nos entregaron un certificado de defunción que decía: ‘hora del fallecimiento: 5:30′. Mi padre no fue un gran hombre. Pero enfrentó a la muerte entero y vivo. Peleó con sabiduría, conocedor de que la batalla sería posible mientras hubiera equivalencia. Cuando sintió que ya estaba, que había hecho lo suyo, que las reglas de juego habían dejado de ser parejas, dijo basta. No lo dijo como un derrotado. Había comido una porción de las grandes ( como a él le gustaban) de la vida; su último año y medio había sido de placer, de reivindicación y de buena vida. Entonces decidió que estaba a punto y murió. En su muerte, fue un modelo. Y no es poca cosa. Mi padre no fue un gran hombre. Pero murió como un señor. Sin degradarse, sin deterioro, sin corromperse, como una persona íntegra y consciente. No huyó, no tuvo miedo, llegó vivo a su muerte. Y cuando lo vimos, antes de ocupar su cajón, su rostro era plácido, pacífico, como quien sueña sueños íntimos y felices o como quien observa deslumbrado algo que lo hará feliz pero de lo que no quiere hablar. Era, en ese momento y en ese lugar, en la morgue del hospital, nada menos, un viejo hermoso y sereno. Así nos despidió. Soltándose, soltándonos. Mi padre no fue un gran hombre. Pero fue honesto. Mi padre no fue un gran hombre. Pero fue amoroso. Mi padre no fue un gran hombre. Y no importa. Los grandes hombres ocupan, a veces, demasiado lugar. Asfixian. Y son acreedores de deudas que nos hacen la vida más pesada. Visto así, por suerte, mi padre no fue un gran hombre. En muchas cosas fue sólo un pequeño hombre. Pero más allá de todo fue algo más difícil y más importante. Mi padre fue un buen hombre. Agradezco eso. Gracias, papá, por tu vida… fuente. http://www.periodismodeverdad.com.ar/2009/07/21/mi-padre-no-fue-un-gran-hombre-excelente-por-sergio-sinay xD. no puedo escribir nada sobre mi viejo, por que se me caen las lágrimas al teclado, bueno ya lo escribire, por que fue el más grande y se lo merece.