oscarjqr
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Imagen cortesía de Pixabay Esta es una historia de cuatro personas llamadas: TODOS, ALGUIEN, CUALQUIERA y NADIE. Había un trabajo muy importante por hacer y TODOS estaban convencidos de que ALGUIEN lo haría, CUALQUIERA podía haberlo hecho, pero NADIE lo hizo. ALGUIEN se molestó por ello porque era un trabajo de TODOS. TODOS pensaron que CUALQUIERA pudo haberlo hecho, pero NADIE se dio cuenta que TODOS no lo harían. Esto finalizó en que TODOS maldecían a ALGUIEN cuando NADIE hizo lo que CUALQUIERA pudo haber hecho. Foto cortesía de Pixabay ¿Y de dónde salió esta historia? Es anónima, pero es interesante saber de qué lugar la obtuve, así que los invito a leer mis anotaciones. Un escrito anónimo en la pared de una bodega, ejerció una fuerte influencia en varias personas. Aún hoy, los que conocen el relato quedan sorprendidos por este. Cuando era apenas un adolescente, solía visitar a una bisabuela y a unos tíos abuelos que residían en el centro de una creciente ciudad. Se trataba de la familia de mi abuelo materno, fallecido en 1972. Mi bisabuela y sus hijos tenían ascendencia española, mas ellos nacieron en tierras sudamericanas. Corrían los años ochenta del siglo pasado y mi tía abuela atendía un establecimiento de su propiedad, con la ayuda de su hermano, quién solía leer mucho y colocar relatos, dichos y otras informaciones en las paredes. Tanto mi madre, como mis hermanos y yo, disfrutábamos de visitarlos. Quien esto suscribe, no puede percibir una letra o palabra y que luego sus ojos dejen de pasear por ella. Así que cada ocasión que iba a aquel sitio, leía y releía cada frase ubicada en la bodega. Cuando algo llamaba favorablemente mi atención, anotaba y conservaba. Uno de los escritos que me cautivó e influyó en mi forma de actuar lo encontré allá. Había perdido mis notas y, hace poco, las conseguí de forma sorpresiva junto a otros documentos.

Y aquí estoy otra vez… sin energías, con la cabeza echada en la barra, imposibilitado de mover un dedo o de abrir los ojos, apenas unos pensamientos recorren mi cerebro. Ni siquiera puedo levantar la copa y consumir el trago que permanece intacto. Percibo que el barman y los meseros miran el estado penoso en que me encuentro. Como si acaso estuvieran muy lejos, oigo sus risas desenfrenadas y las tomo para mí. Es como estar en un lugar remoto, o al fondo de la botella. Foto cortesía de Pixabay ¿Por qué nuevamente estoy en una situación deplorable? ¿Cómo es que soy incapaz de aguantar un período más? ¿Fui quien ingresó a la taberna engalanado, con traje cruzado y excelentemente acicalado? ¿Estaba óptimamente perfumado, espléndidamente peinado y sublimemente ataviado? Ahora no luzco adornado, nada tengo arreglado y el gabán he extraviado. El aroma ya no es agradable, me he despeinado y estoy sumamente embriagado. Mi esposa ya no me quiere y se ha ido a Aruba, los hijos que me dio no confían en mí y hablan de Cuba. Quienes me dirigen tienen dudas y están perplejos, mis parientes desesperan y tratan de administrarme consejos. Debe ser por eso que aguanté cuatro días, mas no acepté ninguna sugerencia o guía. Ya imagino que la tasca ha quedado desolada, y a los empleados apurados para dejarla cerrada. Quizás unos minutos más y pueda recuperarme. Quizás un poco de tiempo y esté por incorporarme. Quizá un esfuerzo adicional y de pie consiga quedarme. Después me percataré del sitio al que fui a parar y los sentimientos de culpa me invadirán. Todo por no dejar sin consumar, el vicio que solo y con pena me va a dejar. Cada vez sucede y es muy tarde intentar otra cosa, tal como dar vuelta atrás y buscar una rosa. Y así… bebiendo la espumosa, como si fuera lámpara maravillosa, quedo al fondo de la botella, y no soy genio sino prisionero de ella. Imagen cortesía de Freepik