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Usuario (Argentina)
link: http://http://www.msal.gov.ar/gripe/camp_2010/flujograma_Decision_Terapeutica.pdf
Existen cuatro vías principales para la aplicación de inyecciones: intramuscular, intravenosa, subcutánea e intradérmica. Inyectar: acción de introducir, bajo presión y por medio de un instrumento adecuado, un líquido en un órgano o cavidad, en forma natural o accidental o bien intencionalmente con objetivo terapéutico. Inyección intramuscular: acción de inyectar una sustancia en un músculo. Inyección intravenosa: acción de inyectar una sustancia dentro de un vaso venoso. Inyección subcutánea: acción de inyectar una sustancia en el tejido adiposo que se encuentra por debajo de la piel. Inyección intradérmica: acción de inyectar una sustancia dentro de la dermis. INDICACIONES Inyección intramuscular Aplicación de medicamentos cuando se busca acción general rápida. Aplicación de medicamentos que no existen para administrarse por vía oral. Administración de medicamentos a enfermos que no pueden deglutir. Administración de medicamentos que se alteran por los jugos digestivos. Aplicación de medicamentos irritantes para el aparato gastrointestinal o para vía subcutánea. Aplicación de algunas vacunas: DPT, hepatitis B, neumococo, H. influenzae, etc. Inyección subcutánea Aplicación de medicamentos cuya absorción es mejor en el tejido graso. Aplicación de medicamentos cuando se busca una acción sistémica lenta, como la insulina y la heparina. Aplicación de soluciones acuosas y suspensiones no irritantes Aplicación de algunas vacunas: BCG, triple viral, varicela, sarampión, etc. Inyección intradérmica Aplicación de pruebas de sensibilidad cutánea. EVALUACIÓN INTEGRAL DEL ENFERMO Y CONTRAINDICACIONES Para evitar complicaciones posteriores a una inyección, deberán evaluarse las siguientes condiciones del enfermo: Edad: de preferencia, no debe inyectarse en la región glútea a niños menores de tres años, o bien a aquéllos que no hayan cumplido un año a partir del inicio de la deambulación. Sexo: la absorción del medicamento vía intramuscular en las mujeres es más lenta, debido a la cantidad mayor de grasa, lo cual condiciona una menor irrigación de este tejido. Complexión: en enfermos delgados, la inyección subcutánea puede llegar al músculo, ocasionando que el medicamento se absorba por este tejido en forma más rápida, lo cual puede causar efectos indeseables para el enfermo, como hipoglicemia al inyectarse insulina. De igual modo, los enfermos obesos tendrán una velocidad de absorción del fármaco más lenta. Ansiedad: en los enfermos con antecedentes de ansiedad, tensión o dolor extremo por el procedimiento, prevenir la presentación de un síncope, aplicando la inyección con el enfermo en decúbito ventral, y aplicar hielo en el sitio de la punción, mitigando así el dolor. Actividad: en enfermos con gran actividad, la absorción del fármaco administrado por vía subcutánea puede acelerarse y ocasionar efectos indeseables; tal es el caso de la insulina, que puede producir hipoglicemia si se absorbe demasiado rápido. Hipersensibilidad: verificar que el enfermo no sea alérgico al fármaco que se le va a administrar, por el riesgo de presentar reacción anafiláctica. Inmunidad: para evitar complicaciones, como sería la formación de un absceso en el sitio de la punción, en enfermos inmunocomprometidos se deben extremar las medidas higiénicas y asépticas. Posición: los enfermos que permanecen en decúbito por periodos prolongados tienen mayor riesgo de formar abscesos. Incontinencia: los enfermos con incontinencia, sobre todo rectal, deberán ser inyectados en una zona lo más alejada posible del sitio de predominio de la incontinencia, evitando así posibles infecciones. Zona de la inyección: nunca debe inyectarse en áreas lesionadas, infectadas, con lunares o cicatrices. Compromiso hematológico: los enfermos que tienen tiempos de sangrado prolongados debido a enfermedad o por medicación anticoagulante pueden tener sangrado importante en el sitio de la punción; si es posible, debe buscarse otra vía de administración. PROCEDIMIENTO Material e instrumental Medicamentos: la mayoría de los medicamentos que se aplican por vía parenteral están en frasco o ampolleta. Antes de preparar el medicamento debe verificar se la fecha de caducidad, y la preparación debe llevarse a cabo con una técnica aséptica. Torundas: son masas de algodón que se remojan en alcohol y sirven para limpiar la zona en la que se va a realizar la punción. El alcohol etílico es el antiséptico de elección por su acción efímera y bactericida, útil sólo durante la punción, además de que no causa irritación de la piel y no es necesario su retiro después del procedimiento. Jeringa: es el instrumento destinado a la introducción de sustancias líquidas en conductos, cavidades o tejidos del cuerpo. Se compone de tres partes: la punta, donde se adapta el pabellón de la aguja; el cuerpo, en el cual está marcada la escala con la que se mide la cantidad de líquido que se va administrar, y el émbolo, que se encuentra por dentro del cuerpo y empuja la solución. Las jeringas son desechables, de plástico, se proporcionan en empaque individual y se encuentran esterilizadas. Las más utilizadas para la inyección intramuscular son de 3, 5 y 10 mL, y para la inyección subcutánea e intradérmica se utilizan jeringas de 1 o 3 mL. Aguja: generalmente están empaquetadas junto con la jeringa, pero también pueden encontrarse por separado, y siempre con un protector de plástico. Se compone de un pabellón que se conecta a la jeringa, una cánula fija al pabellón y un bisel, que es la parte sesgada de la punta. La mayoría son fabricadas en acero inoxidable y son desechables. El calibre varía de 14 a 28 F (entre mayor sea el número, menor es el calibre). Para la inyección intramuscular se utilizan agujas de calibre 21 a 23 F, de 4 cm de longitud. En enfermos obesos las agujas pueden ser hasta de 8 cm, y en personas delgadas hasta de 1.3 cm. En pediatría se pueden utilizar agujas con calibre de 21 a 25 F, con longitud de 1.6 a 2.7 cm. Las sustancias oleosas se pueden inyectar con agujas de un mayor calibre, generalmente 21 F. Para la inyección subcutánea e intradérmica en el adulto se utilizan agujas calibre 25 F de 1.5 cm de longitud; para lactantes, escolares, ancianos y enfermos delgados, el calibre puede ser 25 o 27 F, y la longitud de 1.25 cm. Para personas obesas se puede utilizar agujas con una longitud de hasta 2.7 cm. Guantes: se utilizan de preferencia estériles, desechables; su finalidad es la protección de quien realiza el procedimiento. Técnica de la inyección intramuscular #Preparar el medicamento. #Colocar al enfermo en posición cómoda, tanto para él como para el médico, y elegir la zona de aplicación de la inyección. #El sitio ideal para la aplicación de la inyección intramuscular es el cuadrante superior externo de la nalga. Para delimitarlo se toma como límite superior la cresta iliaca, límite inferior el pliegue glúteo y límite medial la línea interglútea (figura 1–2) y el espacio se divide en cuadrantes. #Con movimientos circulares del centro a la periferia, limpiar la zona con una torunda con alcohol hasta un diámetro de 5 cm, aproximadamente, y esperar a que seque totalmente, o se puede utilizar yodopovidona. #Introducir la aguja a 90 y con el bisel hacia arriba. #Aspirar con el émbolo para verificar que la aguja no se encuentre en la luz de un vaso sanguíneo. Si hay sangre, retirar la aguja y preparar una nueva inyección; si no, inyectar el medicamento. #Extraer la jeringa de un solo movimiento y cubrir con una torunda. #Dar masaje en la zona durante dos a tres minutos. #Desechar el material en los contenedores adecuados, sin intentar tapar de nuevo la aguja. Técnica de la inyección subcutánea #Preparar el medicamento. #Elegir la zona de punción. Los sitios más comunes son la cara externa del brazo, la cara anterior del muslo, el tejido laxo del bajo vientre, la fosa subespinosa y supraespinosa de las escápulas y las nalgas. Para la inyección de heparina se recomienda el área del abdomen, que reduce las molestias de este medicamento y asegura una mejor absorción. #Limpiar la zona con una torunda alcoholada, del centro a la periferia, y esperar a que seque totalmente; se puede usar yodopovidona. #Tomar la jeringa con la mano dominante, sujetar entre el dedo pulgar y los demás dedos, con la palma hacia arriba en ángulo de 45 y el bisel hacia arriba, o con la palma hacia abajo en ángulo de 90 con relación al plano de punción. La heparina e insulina siempre se inyectan con esta última angulación. #Usar la mano no dominante para pellizcar la piel de la zona e insertar la aguja de un firme impulso. #Aspirar con el émbolo para verificar que no se está en un vaso sanguíneo. Si aparece sangre, sacar la aguja y preparar nuevamente el medicamento. Nunca se debe inyectar el medicamento con sangre o en un vaso, ya que los efectos del fármaco pueden ser peligrosos si se introducen en el sistema circulatorio. #Si no hay sangre, inyectar lentamente el medicamento. #Retirar la aguja y no dar masaje. Cuando se aplica heparina, puede presentarse sangrado, que se cohibe aplicando ligera presión con una gasa seca. #Desechar el material en los contenedores adecuados. Técnica de inyección intradérmica #Se prefiere la cara anterior del antebrazo. #Antisepsia con alcohol o yodopovidona. #La aguja se coloca con el bisel hacia arriba, paralela a la piel en un ángulo de 10. #Se introduce la aguja en la piel unos 3 mm y sin llegar al tejido graso. #Se inyecta el fármaco, observando abultamiento de la piel, que semeja un botón. COMPLICACIONES Hipersensibilidad. Es una reacción inmune exagerada ante un antígeno. Sus manifestaciones pueden variar hasta el choque anafiláctico, el cual presenta los siguientes síntomas y signos: angustia, urticaria, edema generalizado, dolor en región dorsolumbar, sensación de asfixia, tos, espasmo bronquial, edema laríngeo, hipotensión arterial, pérdida del conocimiento, dilatación pupilar, incontinencia y convulsiones. Para evitar que se presente, debe preguntarse al enfermo si ha tenido reacciones alérgicas previas al fármaco; sin embargo, se debe estar prevenido teniendo a la mano antihistamínicos, esteroides y adrenalina inyectables. El tratamiento que deberá instalarse en forma inmediata será colocar al enfermo en posición supina con la cabeza ligeramente hacia abajo, conservar las vías aéreas permeables y administrar oxígeno por puntas nasales a razón de 5 a 10 L/min; en casos graves puede ser necesario intubar al enfermo o realizar cricotiroidotomía. Deberá colocarse un catéter intravenoso para así administrar soluciones. Síncope. Es la pérdida súbita y momentánea del estado de alerta por estimulación vagal, lo que produce disminución de la presión sanguínea y del pulso. Sucede en enfermos emocionalmente inestables y se acompaña de ansiedad, tensión o dolor. Si el enfermo ya ha presentado esta complicación anteriormente, se recomienda acostarlo durante el procedimiento y anestesiar el sitio de punción con hipotermia generada con hielo local. Sangrado. En enfermos sin problemas hematológicos es poco frecuente y de mínima intensidad, y por lo general cede mediante la compresión durante dos a tres minutos. En enfermos con problemas hematológicos cuyo riesgo de sangrado es mayor se debe tener especial cuidado en la presión posterior a la punción, y, si es posible, buscar otra vía de administración del medicamento. Equimosis y hematoma. La primera es la extravasación de sangre en el tejido graso. El segundo es una colección de sangre que se forma entre los tejidos. Ambos se manifiestan como manchas cutáneas de color violáceo; comúnmente se presentan al aplicar medicamentos anticoagulantes, y se previenen haciendo compresión en la zona de la punción durante dos a tres minutos posterior a ésta. Si se presentan hematomas, deberá valorarse su tamaño y su profundidad, para así decidir si se drenará o si se aplicarán compresas calientes para favorecer su absorción. Lesión de fibras nerviosas. Generalmente es del nervio ciático, y se produce por no utilizar las zonas adecuadas de punción intramuscular. El daño lo produce el fármaco y no la lesión traumática del nervio. En caso de que se presente, el enfermo experimentará dolor agudo inmediato a la inyección, así como déficit nervioso. Deberá ser canalizado cuanto antes hacia un neurocirujano experto. Para evitar esta complicación se debe tener precaución en la inyección intramuscular en enfermos con músculos hipotróficos o flácidos, así como evitar inyectar el medicamento a un enfermo cuando manifieste dolor severo inmediato en el sitio de la punción, siendo necesario buscar otro sitio para su aplicación. Depósito de fármaco no absorbido. Sucede cuando no se alternan los sitios de inyección en enfermos que necesitan múltiples aplicaciones; puede llegar a formar abscesos y fibrosis, que deberán ser drenados e incluso tratados quirúrgicamente. Absceso estéril. Es la acumulación localizada de células inflamatorias. Se forma cuando se inyectan medicamentos concentrados o irritantes en tejido subcutáneo, o en sitios donde no pueden ser absorbidos totalmente; los fagocitos tratan de retirar la sustancia extraña. Absceso glúteo. Es la acumulación localizada de células inflamatorias y microorganismos patógenos en la región glútea después de una inyección intramuscular. Se manifiesta aproximadamente al séptimo día con signos clásicos locales: dolor, calor, tumor y rubor en la zona puncionada. El tamaño de dicho absceso es variable, y dependerá del tiempo de evolución, la patogenicidad del germen y la respuesta inmunológica del huésped. Se evita lavándose las manos antes del procedimiento, no rompiendo la técnica aséptica del mismo y evitando dejar por tiempo prolongado el material preparado. En caso de presentarse este absceso, se maneja por medio de desbridación del absceso, previa maduración del mismo, con aplicación de compresas calientes y antibioticoterapia de amplio espectro; si se conoce el germen causal, el tratamiento será más específico. Lipodistrofia. Es la reducción local de la grasa subcutánea en las regiones inyectadas repetidamente con insulina. Se evita rotando las zonas de la inyección.
Materiales: 1- aguja (para personas delgadas 40/8 o para personas regordetas 50/8) 2- jeringa 3- torunda de algodón 4- Alcohol o algún antiséptico 5- Medicación que se decee administrar Técnica de la inyección intramuscular 1- Preparar el medicamento. 2- Colocar al enfermo en posición cómoda, tanto para él como para el médico, y elegir la zona de aplicación de la inyección. El sitio ideal para la aplicación de la inyección intramuscular es el cuadrante superior externo de la nalga. Para delimitarlo se toma como límite superior la cresta iliaca, límite inferior el pliegue glúteo y límite medial la línea y el espacio se divide en cuadrantes. 3- Con movimientos circulares del centro a la periferia, limpiar la zona con una torunda con alcohol hasta un diámetro de 5 cm, aproximadamente, y esperar a que seque totalmente, o se puede utilizar iodopovidona. 4- Introducir la aguja a 90 y con el bisel hacia arriba. 5- Aspirar con el émbolo para verificar que la aguja no se encuentre en la luz de un vaso sanguíneo. Si hay sangre, retirar la aguja y preparar una nueva inyección; si no, inyectar el medicamento. 6- Extraer la jeringa de un solo movimiento y cubrir con una torunda. 7- Dar masaje en la zona durante dos a tres minutos. 8- Desechar el material en los contenedores adecuados, sin intentar tapar de nuevo la aguja.
La hipertensión podría ser una enfermedad autoinmune, lo que abriría la posibilidad de investigar nuevos tratamientos para combatirla. El estudio difundido ayer es de una universidad australiana, pero todavía está en fase experimental, de laboratorio. Grant Drummond y sus colegas de la Universidad de Monash hallaron que la estimulación del sistema inmunológico en ratones podía causarles hipertensión, mientras que la disminución de sus respuestas inmunológicas restauraba los niveles normales de su presión arterial. “Descubrimos que el estímulo que causa la hipertensión provoca un incremento en la activación de las células B y una producción excesiva de anticuerpos. También, que estos anticuerpos parecen atascarse en las paredes arteriales y les provocan una respuesta antiinflamatoria, lo que en última instancia hace que las arterias tengan cicatrices y se endurezcan”, explicó Drummond. En el laboratorio, los científicos notaron que los ratones que crecieron sin células B maduras estaban protegidos contra el desarrollo de la hipertensión, y por otro lado, notaron que el bloqueo de la actividad de estas células en los ratones normales les ayudaba a recobrar los niveles de presión arterial. Para Drummond, el estudio puede ayudar a desarrollar tratamientos para el 15 al 20 % de personas con hipertensión que son resistentes a las terapias convencionales. “Si bien la hipertensión tiene cierta predisposición genética y se la asocia a la mala alimentación, la falta de actividad o el estrés, enh el 90, 95 % de los casos es de causa desconocida”, explica a Clarín Marcos Marín, de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial. “Esta investigación se suma a otras líneas de trabajo, ya que todas buscan encontrar las causas de esta enfermedad, que tiene que ver básicamente con el volumen de lo que eyecta el corazón y de cómo encuentra a las arterias”. “Hace un tiempo que están apareciendo trabajos de este tipo. Es probable que sea autoinmune, como ya se ha probado con otras enfermedades, como el asma, el lupus, o algunas reumáticas”, explica Néstor Pérez Baliño, presidente de la Fundación Cardiológica Argentina. “Autoinmune significa que es el mismo organismo el que provoca los anticuerpos. En este caso, sería que estos anticuerpos atacan las paredes vasculares o ciertas sustancias, y sí, podría ayudar a pensar en nuevos medicamentos, pero no en esta etapa, este estudio está en fase inicial, todavía falta”, agrega. Pérez Baliño asegura que aunque la hipertensión tenga carga genética, se puede lograr que las arterias funcionen mejor: “Hay que evitar lo que baja el óxido nítrico, ya que eso dilata las arterias. No hay que fumar ni engordar, hay que alimentarse bien y hacer gimnasia o algo de actividad física”.