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Registrate y eliminá la publicidad! KARL MARX Biografía de Karl Marx realizada por Vladímir Ilich Uliánov (LENIN) Escrito entre julio y noviembre de 1914 Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, ciudad de la Prusia renana. Su padre era un abogado judío convertido al protestantismo en 1824. Su familia era acomodada y culta, aunque no revolucionaria. Después de cursar en Tréveris los estudios de bachillerato, Marx se matriculó en la Universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, siguiendo la carrera de derecho, mas estudiando sobre todo historia y filosofía. Terminados sus estudios universitarios, en 1841, presentó una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Sus ideas eran todavía entonces las de un idealista hegeliano. En Berlín se acercó al círculo de los "hegelianos de izquierda" (Bruno Bauer y otros), que intentaban sacar de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias. Marx Joven Después de cursar sus estudios universitarios, Marx se trasladó a Bonn, con la intención de hacerse profesor. Pero la política reaccionaria de un gobierno -que en 1832 había despojado de la cátedra a Ludwig Feuerbach, negándole nuevamente la entrada en las aulas en 1836, y que en 1841 retiró al joven profesor Bruno Bauer el derecho a enseñar desde la cátedra de Bonn- le obligó a renunciar a la carrera académica. En esta época, las ideas de los hegelianos de izquierda hacían rápidos progresos en Alemania. Fue Ludwig Feuerbach quien, sobre todo a partir de 1836, se entregó a la crítica de la teología, comenzando a orientarse hacia el materialismo, que en 1841 (La esencia del cristianismo) triunfa resueltamente en sus doctrinas; en 1836 ven la luz sus Principios de la filosofía del porvenir. "Hay que haber vivido la influencia liberadora" de estos libros, escribe Engels años más tarde refiriéndose a esas obras de Feuerbach. "Nosotros" (es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx) "nos hicimos al momento feuerbachianos"(1). Por aquel entonces, los burgueses radicales renanos, que tenían ciertos puntos de contacto con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición, la Gaceta del Rin (que comenzó a publicarse el 1º de enero de 1842). Sus principales colaboradores eran Marx y Bruno Bauer; en octubre de 1842, Marx fue nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. Bajo la dirección de Marx, la tendencia democrática revolucionaria del periódico fue acentuándose, y el gobierno lo sometió primero a una doble y luego a una triple censura, para acabar ordenando su total supresión a partir del 1º de enero de 1843. Marx vióse obligado a abandonar antes de esa fecha su puesto de redactor jefe, pero la separación no logró tampoco salvar el periódico, que dejó de publicarse en marzo de 1843. Entre los artículos más importantes, publicados por Marx en la Gaceta del Rin, Engels menciona, además de los que citamos más abajo, el que se refiere a la situación de los campesinos viticultores del valle del Mosela. Como las actividades periodísticas le habían revelado que no disponía de los necesarios conocimientos de economía política, se aplicó ardorosamente al estudio de esta ciencia. En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con quien se había prometido ya de estudiante. Pertenecía su mujer a una reaccionaria y aristocrática familia prusiana. Su hermano mayor fue ministro de la Gobernación en Prusia durante una de las épocas más reaccionarias, de 1850 a 1858. En el otoño de 1843, Marx se trasladó a París, con el propósito de editar allí, desde el extranjero, una revista de tipo radical en colaboración con Arnoldo Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda, encarcelado de 1825 a 1830, emigrado después de 1848, y bismarckiano después de 1866-1870). De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer cuaderno. La publicación hubo de interrumpirse a consecuencia de las dificultades con que tropezaba su difusión clandestina en Alemania y de las discrepancias de criterio surgidas entre Marx y Ruge. Los artículos de Marx en los Anales nos muestran ya al revolucionario que proclama la "crítica despiadada de todo lo existente", y, en especial, la crítica de las armas", apelando a las masas y al proletariado. Pareja Marx En septiembre de 1844, pasó unos días en París Federico Engels, quien será, a partir de este momento, el más íntimo amigo de Marx. Ambos tomaron conjuntamente parte activísima en la vida, febril por aquel entonces, de los grupos revolucionarios de París (especial importancia revestía la doctrina de Proudhon, a la que Marx sometió a una crítica demoledora en su obra Miseria de la Filosofía, publicada en 1847) y, en lucha enérgica contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, construyeron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario o comunismo (marxismo). Véanse las obras de Marx correspondientes a esta época, 1844-1848, más abajo, en la Bibliografía. En 1845, a petición del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso, y fijó su residencia en Bruselas. En la primavera de 1847, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la "Liga de los Comunistas" y tomaron parte destacada en el II Congreso de esta organización (celebrado en Londres, en noviembre de 1847), donde se les confió la redacción del famoso Manifiesto del Partido Comunista, que vio la luz en febrero de 1848. Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, de la sociedad comunista. Manifiesto Comunista Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica y se trasladó nuevamente a París, desde donde, después de la revolución de marzo pasó a Alemania, estableciéndose en Colonia. Del 1º de junio de 1848 al 19 de mayo de 1849 se publicó en esta ciudad la Nueva Gaceta del Rin, que tenía a Marx de redactor jefe. El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 y 1849 vino a confirmar de un modo brillante la nueva teoría, como habían de confirmarla también en lo sucesivo todos los movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. Triunfante la contrarrevolución, Marx hubo de comparecer ante los tribunales y, si bien resultó absuelto (el 9 de febrero de 1849), posteriormente fue expulsado de Alemania (16 de mayo de 1848). Vivió en París durante algún tiempo, pero, expulsado nuevamente de esta capital después de la manifestación de 13 de junio de 1849, fue a instalarse a Londres, donde pasó ya el resto de su vida. Nueva Gaceta del Rin Las condiciones de vida en la emigración eran extraordinariamente penosas, como lo prueba especialmente la correspondencia entre Marx y Engels (editada en 1913). La miseria llegó a pesar de un modo verdaderamente asfixiante sobre Marx y su familia; a no ser por la constante y altruista ayuda económica de Engels, Marx no sólo no habría podido llevar a término El Capital, sino que habría sucumbido fatalmente bajo el peso de la miseria. Además, las doctrinas y corrientes del socialismo pequeñoburgués y del socialismo no proletario en general, predominantes en aquella época, obligaban a Marx a mantener una lucha incesante y despiadada, y a veces defenderse contra los ataques personales más rabiosos y más absurdos (Herr Vogtg). Apartándose de los círculos de emigrados y concentrando sus fuerzas en el estudio de la economía política, Marx desarrolló su teoría materialista en una serie de trabajos históricos. Sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El Capital (t. I, 1867) significaron una revolución en la ciencia económica. El Capital La época de intensificación de los movimientos democráticos, a fines de la década de 1850 y en la década de 1860, llamó de nuevo a Marx al trabajo práctico. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la famosa I Internacional, la "Asociación Internacional de los Trabajadores". Alma de esta organización era Marx, que fue el autor de su primer Manifiesto y de un gran número de acuerdos, declaraciones y llamamientos. Con sus esfuerzos por unificar el movimiento obrero de los diferentes países y por traer a los cauces de una actuación común las diversas formas del socialismo no proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin, el tradeunionismo liberal inglés, las oscilaciones derechistas de Lassalle en Alemania, etc.), Marx, a la par que combatía las teorías de todas estas sectas y escuelitas, fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países. Después de la caída de la Comuna de Paris (1871) -que Marx (en La guerra civil en Francia, 1871) analizó de un modo tan profundo, tan certero y tan brillante, con tan gran espíritu práctico y revolucionario- y al producirse la escisión provocada por los bakuninistas, la Internacional no podía subsistir en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La I Internacional había cumplido su misión histórica y cedió el campo a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse extensivamente, engendrando partidos obreros socialistas de masas dentro de cada estado nacional. Su intensa labor en la Internacional y sus estudios teóricos, todavía más intensos, quebrantaron definitivamente la salud de Marx. Éste prosiguió su obra de transformación de la economía política y se consagró a terminar El Capital, reuniendo con este fin una infinidad de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió dar cima a El Capital. Marx y Engels El 2 de diciembre de 1881, murió su mujer. El 14 de marzo de 1883, Marx se dormía dulcemente para siempre en su sillón. Yace enterrado, junto a su mujer, en el cementerio de Highgate de Londres. Varios hijos de Marx murieron en la infancia, en Londres, cuando la familia atravesaba extraordinarias dificultades económicas. Tres de sus hijas contrajeron matrimonio con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Aveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet. Un hijo de esta última es miembro del Partido Socialista Francés. Fuente MIS OTROS POST!
Registrate y eliminá la publicidad! ¿Tribu? ¿Civilización? Cuando en Europa se habla de lapones, frisones, bretones, flamencos, corsos, ... se habla de etnias europeas. En cambio, cuando se habla de tutsis, hutus, umbundus, mandingos, maasais, ... se dice que son tribus africanas. De una personalidad pública europea se dirá que es de ascendencia escocesa o vasca; pero de un presidente de un Estado africano se dirá que pertenece a la tribu shosa o kikuyu. Cuando en Europa hay un enfrentamiento armado se habla de diferencias étnicas, religiosas, ...; pero cuando el enfrentamiento es en Africa, a menudo, se habla de enfrentamientos tribales. ¿Cual es la diferencia? ¿Porqué en Europa hay etnias y en Africa hay tribus?. ¿Porqué en Europa hay guerras étnicas y en Africa guerras tribales?. lapones y hutus Con ambos términos se quiere referirse a colectivos diferenciados de otros colectivos vecinos por determinadas características de tipo cultural, lingüístico, etc. Ahí no está entonces la diferencia. A veces, parece que la diferenciación pudiera deberse al número de sus miembros: las etnias estarían compuestas por una gran población y las tribus por grupos humanos reducidos. Pero cuando vemos que los hausa son más de 27 millones de personas (más que la población de la mayoría de paises europeos) y son considerados como una tribu africana, mientras que los frisones, con una población inferior al millón de personas, son considerados como una minoría étnica europea, vemos que tampoco el número de miembros que componen una etnia o una tribu es el determinante para darles diferentes nombres. hausas y bandera de los frisones Sin embargo, si nos fijamos dónde hay etnias y dónde hay tribus, cómo son las personas que las componen, y cuándo comienza a utilizarse la diferencia entre etnia y tribu, empezamos a comprender la diferenciación y el significado de ambos términos. Resulta que tribus sólo hay en Africa, Asia, América Latina y las llanuras americanas, y las personas que las componen son siempre no-blancas. Es decir, que los territorios tribales coinciden con tierras que en otro tiempo fueron conquistadas y sometidas al colonialismo europeo. El término tribu es utilizado por la prensa y la intelectualidad europea, especialmente a partir del siglo XIX, en plena expansión colonial europea, para designar los diferentes grupos étnicos de las tierras conquistadas, a los que la ideología del momento considera "inferiores", menos "civilizados". Y aquí nos encontramos con otro término confuso : "civilizados", "civilización". Y es que oiremos hablar de antigua civilización egipcia, civilización griega, civilización china, civilización occidental, ..., pero raramente oiremos hablar de civilización bantú o civilización suahili. suahilis Por civilización suele entenderse como el conjunto de ideas, técnicas, costumbres y prácticas artísticas que configuran y diferencias a unos grupos humanos de otros. Esta definición valdría tanto para los europeos como para los africanos, y sin embargo, por ¿porqué se habla de civilización judeo-cristiana o islámica y no se habla de civilización bantú?. Siguiendo con la definición anterior habría que deducir que las poblaciones bantús han carecido de ideas, técnicas, costumbres y prácticas artísticas que las diferenciaran por ejemplo de la civilización judeo-cristiana. Y si esto es falso ¿dónde está la respuesta?. La podemos encontrar recurriendo al diccionario. En cualquier diccionario, además de la definición anteriormente expuesta, encontraremos otro significado para el término "civilización", algo así como "acción de civilizar o civilizarse". Es decir, que se parte de la idea de que existen o han existido grupos humanos que carecían de ideas, técnicas, costumbres y prácticas artísticas. Sin embargo, no se conoce ninguna sociedad humana presente o pasada que haya carecido de tales características. ¿Es entonces, un error de los académicos de la lengua tal definición?. tutsis en ruanda No. Es aún peor, es el mantenimiento de la ideología racista y xenófoba del eurocentrismo, que pretende hacernos creer la superioridad de los paises del norte sobre el resto de la sociedad mundial. Durante siglos se han contrapuesto las ideas de sociedades "civilizadas" y sociedades "no civilizadas", de "civilizados" y "salvajes". Desde el siglo XVI, en que los reinos de Castilla y Portugal se lanzan a la conquista de tierras ajenas, comienzan a desarrollar y extender entre sus súbditos ideas que justifiquen la ocupación de tierras y el sometimiento de otros pueblos lejanos. Así, crean ideas como la acción "civilizadora" y la salvación de de las almas de los "salvajes" convertidos al cristianismo que justificarán la eliminación de las "civilizaciones", culturas y religiones que encuentren a su paso. conquistas Sin embrago, no sólo se habla de la civilización occidental judeo-cristiana, tambien se dice antigua civilización egipcia, civilización griega, civilización islámica, etc. El denominador común parece ser que durante algún periodo histórico son o fueron potencias dominantes en su entorno. Por eso, hoy se habla de civilización americana para referirse, exclusivamente, a las sociedades estadounidenses. El éxito del eurocentrismo y su tergiversación de la realidad es innegable. Hoy no es extraño ver como algunos líderes políticos africanos usan el término "tribalismo", para desprestigiar las aspiraciones de sus contrincantes políticos o para en aras de acabar con ese "tribalismo" reprimir los derechos de los pueblos y violar impunemente los derechos humanos de sus ciudadanos. Fuente
Registrate y eliminá la publicidad! Biografía de Juan D. Perón por Felipe Pigna En 1943, el coronel Juan Domingo Perón participó activamente del golpe militar que derrocó al gobierno conservador de Ramón Castillo. Ocupó el Departamento Nacional del Trabajo. Desde allí Perón iniciaba su carrera política. El coronel había nacido en Lobos, Provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895. A los 13 años ingresó en el Colegio Militar de la Nación, donde obtuvo el grado de subteniente de Infantería. Con el grado de teniente, participó en la represión de los huelguistas de los sucesos de la Semana Trágica de enero de 1919. En enero de 1929 se casó con Aurelia Tizón, una muchacha de clase media, trece años menor que él a la que llamaba Potota. En 1930, se acercó a los sectores cívico-militares que preparaban el golpe contra el presidente Hipólito Yrigoyen apoyando al ala más moderada representada por el general Agustín P. Justo. En 1932, al asumir Justo la presidencia, fue designado ayudante de campo del nuevo ministro de guerra. Desde ese lugar privilegiado, Perón accedió por primera vez a los entretelones del gobierno y de la cúpula militar. Entre 1939 y 1941, fue agregado militar de Argentina en la Italia de Benito Mussolini. Perón no ocultaba su admiración por el régimen fascista al que definió como "un ensayo de socialismo nacional, ni marxista ni dogmático." A su regreso, se convirtió en uno de los referentes más destacados de una logia militar conocida como (GOU) Grupo de Oficiales Unidos, de carácter nacionalista y anticomunista, brindando numerosas conferencias sobre temas políticos y militares. En lo político, el pensamiento de Perón era producto de múltiples influencias que iban del nacionalismo católico, el falangismo español y el fascismo hasta el socialismo. En sus discursos de 1944 Perón planteaba la necesidad de integrar al obrero al sistema como un consumidor y, de esa manera alejarlo de la influencia revolucionaria. Perón desarrolló una intensa tarea desde la recién convertida Secretaría de Trabajo y Previsión tendiente a captar la voluntad política de los trabajadores. Hizo aprobar decretos leyes de vital importancia en el campo laboral. El poder de Perón iría creciendo junto con su popularidad. En 1944 el general Edelmiro Farrell desplazó de la presidencia al general Pedro Ramírez y nombró a Perón Ministro de Guerra y Vicepresidente. Algunos sectores militares vieron con preocupación la creciente influencia del Coronel. Perón fue obligado a renunciar a principios de octubre y detenido y trasladado a Martín García. El 17 de octubre de 1945 miles de trabajadores provenientes del cordón industrial del Gran Buenos Aires ocuparon la Plaza de Mayo decididos a no moverse hasta que Perón apareciera en los balcones de la Casa Rosada. Por la noche finalmente el Coronel pudo estrenar su saludo con los brazos en alto. Perón se había impuesto y ya ocupaba un lugar destacado en la política nacional. Pocos días después, ocurrieron dos hechos significativos para la historia del peronismo: la creación del Partido Laborista por parte de los sindicatos peronistas para lanzar la candidatura de Perón y el casamiento de Perón con Eva Duarte, una joven actriz de radio que vivía con Perón desde hacía algunos meses. Mientras Perón organizaba sus fuerzas partidarias con el Partido Laborista, sectores radicales disidentes y conservadores, la oposición constituyó un frente electoral denominado Unión Democrática. Lo integraban la U.C.R, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista y el Partido Comunista. A la Unión Democrática la apoyaron la Sociedad Rural, la Unión Industrial, la Bolsa de Comercio y el embajador de los EEUU, Spruille Braden. La candidatura de Perón fue apoyada por los sindicatos, por sectores militares y por la Iglesia Católica. En las elecciones de febrero de 1946, Perón se impuso obteniendo casi los dos tercios de la Cámara de Diputados, la mayoría de los puestos del Senado y casi todas las gobernaciones provinciales. Al asumir la presidencia Perón elaboró un Plan Quinquenal que intentó transformar la estructura económica del país fomentando la industria y estimulando el mercado interno. Paralelamente, el estado peronista emprendía una importante política de estatizaciones acorde con una corriente mundial en ese sentido. Pese a las buenas intenciones, el peronismo no logró transformar a la industria en la principal fuente de ingresos del estado, cuyas divisas seguían proviniendo de la exportación de granos y carnes. Una difícil situación internacional, con mercados cerrados, el fuerte boicot norteamericano contra nuestro país y dos malas cosechas consecutivas obligaron a Perón a replantear su política económica. En 1949, promediando su primera presidencia, Perón convocó a elecciones para una Asamblea Constituyente. El amplio triunfo peronista permitía incluir en el texto de la constitución la posibilidad de la reelección del presidente y los derechos del trabajador. Se establecieron también los derechos del estado sobre las fuentes de energía y el fomento de la intervención estatal en la economía. Esta reforma, junto con la Ley de Voto Femenino, sancionada gracias al impulso de Evita, llevarían en 1951 a Perón a un amplio triunfo electoral y a un segundo período de gobierno. El Segundo Plan Quinquenal planteaba volver a una economía más tradicional y la aplicación de ajustes en los salarios y las políticas sociales. Las bases del modelo peronista comenzaban a tambalear y se produjo un acercamiento con los EEUU materializado en el polémico contrato petrolero firmado con la Standard Oil de California, que contradecía gran parte de los principios doctrinarios peronistas y daba enormes ventajas a la compañía norteamericana. El peronismo tuvo ciertas características autoritarias y personalistas que irritaban a la oposición. Durante gran parte del gobierno de Perón fue muy difícil poder expresar ideas opositoras con libertad. La mayoría de los medios de comunicación estaban en manos del estado y los restantes sufrían permanentes clausuras. En las universidades, los estudiantes protestaban por el bajo nivel educativo y la importante presencia de profesores de tendencias fascistas. Líderes como el radical Ricardo Balbín y el Socialista Alfredo Palacios sufrieron la cárcel y el exilio. La crisis desatada en 1952, coincidentemente con la muerte de Eva Perón, debilitó notablemente al modelo peronista y le fue restando apoyos. En 1954, estalló el conflicto con la Iglesia Argentina cuando ésta decidió apoyar a un partido Demócrata Cristiano, siguiendo las orientaciones mundiales del Vaticano. Perón se ofendió porque consideraba a su partido democrático y cristiano, y no veía la necesidad de crear otro. De aquí en más las pasiones se desataron. Perón sancionó una Ley de Divorcio, legalizó los prostíbulos y suprimió la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas. La Iglesia encabezó la oposición y, el 11 de junio de 1955, la tradicional procesión de Corpus Christi se transformó en una multitudinaria manifestación antiperonista. El descontento eclesiástico alentó la disconformidad militar y comenzó a prepararse un nuevo golpe cívico militar. El primer intento golpista se concretaría el 16 de junio con el bombardeo de la Plaza de Mayo por parte de la Marina con el objetivo de matar a Perón. La acción causó más de trescientos muertos. Por la noche, grupos de peronistas quemaron en represalia las principales Iglesias de la Capital. Perón intentó parar la ola de violencia pero ya era tarde. El 16 de septiembre las fuerzas armadas tomaron el poder expulsando a Perón quien finalmente marcharía al exilio por 18 años. Durante su exilio pasó por Paraguay y Panamá -donde conoció a la que sería su tercera esposa, Isabel Martínez-. En 1958, durante su estadía en Venezuela, llegó a un acuerdo con Arturo Frondizi. Allí se establecía que los peronistas votarían por el candidato de la UCRI que a su vez se comprometía a legalizar al partido peronista, aumentar los salarios y aplicar una política económica favorable al desarrollo del mercado interno. El incumplimiento del pacto por Frondizi llevará a los peronistas que lo habían votado a innumerables paros y planes de lucha. En 1960, Perón instaló su residencia en Madrid. Desde allí continuó dirigiendo la resistencia peronista y se consolidó como el referente obligado de la política argentina. En 1964, durante la presidencia de Arturo Illia, el principal referente del sindicalismo peronista, el dirigente metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, organizó el "operativo retorno" del general a la patria. El presidente Illia declaró: "el regreso es un problema del señor Perón, yo no me opondré". Los militares y los grupos de poder no pensaban lo mismo. Al llegar el avión al aeropuerto de Río de Janeiro, las autoridades militares brasileñas le impidieron seguir viaje y debió regresar a Madrid. Empujada por la prohibición de toda actividad política, la resistencia popular a la dictadura del general Juan Carlos Onganía comenzó a manifestarse violentamente, con un pico máximo el 29 de mayo de 1969 con el Cordobazo. Al Cordobazo le sucedieron diversas puebladas en todo el país y la aparición de grupos guerrilleros de orientación marxista como el ERP, y de tendencia peronista de izquierda, como los Montoneros. En este clima, en marzo de 1971, asumió el poder el General Alejandro Lanusse, y proclamó su intención de restaurar la democracia constitucional y permitir el reestablecimiento de los partidos políticos, incluyendo al Peronista. Perón volvió a la Argentina por un corto tiempo en noviembre de 1972 y se negó a presentarse como candidato para las elecciones del 11 de marzo de 1973, en las que finalmente se impuso el candidato peronista, Héctor Cámpora, cercano a los sectores juveniles. Mientras los jóvenes ligados a los Montoneros se hacían eco de la promesa de Perón de instaurar un "Socialismo Nacional", los sectores mayoritarios del movimiento, vinculados a los poderosos sindicatos y al aparato partidario, dirigido por José López Rega, secretario privado de Perón, recordaban que el líder hablaba de comunidad organizada y acuerdo social. El 20 de junio de 1973, unas dos millones de personas aguardaban en Ezeiza el retorno del líder. Por la tarde, se produjeron graves incidentes entre los sectores de la derecha sindical y los grupos juveniles que pugnaban por acercarse al palco. Hubo un violento tiroteo con un saldo de 13 muertos y 365 heridos. Ante la falta de seguridad, Perón decidió aterrizar en Morón y dirigirse al país por televisión. El 13 de julio de 1973, Cámpora y el Vicepresidente Solano Lima, fueron forzados a renunciar por los sectores tradicionales del peronismo. Tras un confuso episodio, asumió como primer mandatario Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. Lastiri convocó a elecciones presidenciales para el 23 de septiembre. Sin comicios internos, Perón decidió que su mujer, Isabel Martínez, ocupara el segundo término en la fórmula presidencial. En las elecciones se impuso la fórmula Perón-Perón por casi el 62% de los votos contra el 25% de la fórmula radical Ricardo Balbín-Fernando la Rúa. El 12 de octubre, Perón asumió la presidencia por tercera vez. Al poco tiempo quedó evidenciado su distanciamiento de los sectores cercanos a los Montoneros al reemplazar a los gobernadores y funcionarios vinculados a ese sector del movimiento. El punto culminante de este enfrentamiento se produjo el 1 de mayo de 1974, cuando el gobierno convocó a la Plaza para celebrar el "Día del Trabajo y la Unidad Nacional". Las columnas de los sectores vinculados a los Montoneros avanzaban sobre la Plaza al grito de "¿Qué pasa, qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?” En su duro discurso, el general llamó a los Montoneros “imberbes y estúpidos”, lo que provocó la retirada de más de la mitad de la concurrencia. El 12 de junio la CGT convocó a un acto en la Plaza de Mayo para respaldar al gobierno. Perón se dirigió por última vez a sus seguidores y les dijo que cuiden las conquistas laborales porque se avecinaban tiempos difíciles. Se despidió diciendo: "Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que es para mi la palabra del pueblo argentino". Pocos días después, el 1º de julio moría Juan Domingo Perón. Dejaba un vació político proporcional al tamaño de su figura. Fuente MIS OTROS POST!

Biografía de Julio Argentino Roca realizada por Felipe Pigna Julio Argentino Roca, el conquistador del desierto y uno de los artífices de la Argentina moderna, nació en Tucumán en 1843. Era el cuarto hijo de Don José Segundo Roca y Agustina Paz. La familia Roca y la familia Paz se habían destacado por su actuación en las filas unitarias. Don José Segundo había participado en la campaña libertadora junto a San Martín, en la guerra contra el Brasil y en las luchas civiles junto a Lavalle y al general Paz. En 1836 se unió a las filas unitarias que intentaron derrocar al gobernador Felipe Ibarra en Santiago del Estero. Sus fuerzas fueron derrotadas y José Segundo fue condenado a muerte. Se salvó del pelotón de fusilamiento porque Agustina pidió y obtuvo el indulto para que la pareja pudiera casarse. Poco se sabe de la infancia de Roca. Parece que fue un muchachito travieso, capaz de idear graves travesuras y declararse inocente. Posiblemente desde entonces le quedó el apodo de "zorrito". Cuando Julio cumplió nueve años y se produjo la batalla de Caseros con la consecuente caída de Rosas, la suerte de la familia Roca cambió definitivamente. Don José Segundo se ganó la confianza de Urquiza quien le pidió que se trasladara con su familia a Concepción del Uruguay. Allí Julio ingresó al Colegio Nacional, uno de los más prestigiosos del país. En 1858 y sin abandonar sus estudios ingresa al ejército de la Confederación con el grado de subteniente. Al año siguiente tuvo su bautismo de fuego en la victoria de Cepeda. Pero su nombre comenzará a sonar en la derrota de Pavón: cuando ya se había producido la retirada del grueso del ejército urquicista, la batería a cargo del teniente Roca siguió haciendo fuego hasta que su padre le ordenó personalmente la retirada. Tras la batalla de Pavón, Mitre se dispuso a organizar el país. En su estrategia, la formación de un ejército era vital. Don Bartolomé era conciente de la resistencia que iba a provocar en el interior la aplicación de las políticas de libre cambio y apertura de la economía, que eran la piedra angular de su proyecto de país. Convocó a los oficiales más aptos para la tarea. Entre ellos estará Julio Argentino, quien participará en las campañas contra los montoneros del Chacho Peñaloza y Felipe Varela, bajo las órdenes de su tío, Marcos Paz. En 1865 partirá junto a su padre y tres de sus hermanos, Ataliva, Marcos y Celedonio a incorporarse a las tropas de la Triple Alianza en la guerra del Paraguay. Esta guerra será trágica para la familia Roca. Allí morirán Don José Segundo, Marcos y Celedonio. Para Julio implicará el gran espaldarazo en su carrera militar. En 1870, terminada la guerra, tras el asesinato de Urquiza por López Jordán, Sarmiento le encomendó al Teniente Coronel Roca la represión de la sublevación. La operación fue todo un éxito y en ella pudieron verse algunos rasgos de la actuación del futuro conquistador del desierto: sangre fría y escasa compasión para con los derrotados. En 1872 fue nombrado comandante de fronteras en el sur de Córdoba. Allí conoció a la que será la mujer de su vida, Clara Funes. Se casó con ella el 22 de agosto de ese año. El matrimonio tendrá seis hijos: cinco mujeres y un varón, a quien llamaron Julio Argentino, que, en la década del treinta del siglo XX llegará a ser vicepresidente de la República. En aquellos años cordobeses, Roca intensificó su relación política con su concuñado, Miguel Juárez Celman y juntos comenzaron a tejer la complicada red de alianzas entre los grupos de poder del interior y Buenos Aires que años más tarde les permitiría llegar, a su turno, a la presidencia de la República. Al finalizar el mandato de Sarmiento, se planteó el problema de la sucesión presidencial. Sarmiento apoyaba a Nicolás Avellaneda, pero Mitre y su gente se oponía a que otro provinciano ocupara el sillón de Rivadavia. Argumentando que se había producido un fraude electoral escandaloso, Mitre se levantó en armas contra las autoridades electas. Roca fue puesto al frente de las fuerzas leales a Avellaneda y logró derrotar fácilmente a los mitristas en Santa Rosa, lo que le valió su ascenso a general. Al asumir Avellaneda la presidencia, designó como ministro de Guerra y Marina a Adolfo Alsina. Roca, que ambicionaba ese cargo, declaró: "En cuanto a mi ministerio, creo que aún hay mucho que pelear. Los alsinistas no quieren dejar así nomás esa manija a un provinciano y menos a uno que no pertenece a su círculo." Pero nuevamente la suerte estuvo de su lado a fines de 1877. Al producirse la muerte de Alsina, fue designado ministro de Guerra y Marina en su reemplazo. Roca propondrá desde el ministerio un cambio radical de la política seguida con el indio por su antecesor. Su plan consiste en una ofensiva final a cargo de un poderoso ejército equipado con los últimos adelantos de la industria militar. Suprimió los sables y lanzas y los reemplazó por modernos fusiles a repetición Remington. La campaña fue un verdadero genocidio que dejó un saldo de miles de muertos y más de 14 mil prisioneros. Lo importante para Roca y su campaña política no eran las víctimas que ni siquiera eran consideradas como tales por la sociedad de la época, sino los millones de hectáreas "recuperadas" a los indios y su consecuente prestigio político militar. Roca volvió de la campaña con el título de "Conquistador del Desierto" y sus clásicos enemigos reconocieron que la acción del general tucumano los beneficiaba enormenente. Roca aprovechó magistralmente esta circunstancia y logró imponer su candidatura a la presidencia por el Partido Autonomista Nacional. Con la ayuda de Juárez Celman en el interior y Carlos Pellegrini en Buenos Aires, fue consolidando su posición hasta lograr imponerse en las elecciones del 11 de abril de 1880. El gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, y Bartolomé Mitre, que habían quedado afuera de la alianza roquista, se sublevaron. Hubo varios enfrentamientos armados entre las tropas insurrectas y las del presidente electo hasta que finalmente Mitre negoció la rendición y Tejedor se vio obligado a renunciar. El 13 de junio de 1880 el colegio electoral le dio el triunfo a Roca quien asumió la presidencia en octubre bajo el sugestivo lema de "Paz y Administración". Roca se rodeó de figuras de gran prestigio intelectual y político a las que luego se las conocería como miembros de la "generación del 80". En ella se destacan personalidades de distinta edad y formación como Paul Groussac, Miguel Cané, Eduardo Wilde, Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña y Joaquín V. González. La idea de progreso en el campo social y la fe en los avances del capitalismo industrial generaban una visión optimista del futuro humano. Esta visión, propia del positivismo, requería la eliminación de los obstáculos que, para los hombres del '80, eran principalmente la tradición tanto indígena como hispánica y la falta de educación al estilo europeo. Bajo el impulso de los hombres del ’80, Roca impulsará la sanción de las llamadas "Leyes Laicas", que transformaron en estatales una serie de funciones vitales que, hasta entonces estaban en manos de la Iglesia. Se creó el Registro Civil que llevó por primera vez un registro estatal de nacimientos, casamientos y defunciones, y le permitió al Estado manejar sus propios padrones electorales y dejar de depender de la Iglesia para la realización de los comicios. Por iniciativa de Sarmiento, en su función de director general del Consejo Nacional de Educación, el gobierno sancionó en 1884 la Ley 1420, que establecía la enseñanza primaria gratuita, obligatoria y laica para todos los habitantes del país. Se multiplicaron entonces las escuelas estatales ocupando en la mayoría de los casos el lugar de las escuelas parroquiales y de órdenes religiosas. Esto desató una dura polémica que llevó a que la puja con la iglesia se tensara de tal manera que se llegó en 1884 a la ruptura de relaciones con el Vaticano. La Argentina se integró al mercado mundial como compradora de manufacturas y proveedora de materias primas. El grupo dirigente del '80 adhirió al liberalismo económico, pero practica un claro conservadurismo político, reservándose el manejo de los mecanismos del poder al considerarse los únicos aptos para detentarlo. El uso del fraude electoral es moneda corriente y está facilitado por el sistema de voto cantado, la inexistencia de padrones oficiales y el ejercicio de la intimidación y la violencia. Esto alejaba a la gente común de la política, que era vista como una farsa, donde no cabía la representación de sus intereses ni la posibilidad de libre expresión de sus opiniones. Todas estas prácticas antidemocráticas y excluyentes eran comunes a las diversas vertientes políticas que se alternan en el poder. A la elite no le interesaba invertir en la industria. No se preocupó siquiera en instalar lavaderos de lana o frigoríficos. "Que lo hagan los ingleses", dirán con dudoso orgullo. Se sentían muy cómodos cobrando sus exportaciones en oro y pagando a sus empleados en pesos devaluados. Haciendo gala de un irresponsable egoísmo, suponían que todo lo que necesitaban lo podían importar. ¿Para qué producirlo aquí? Ante la falta de inversores locales, todas las tareas de infraestructura debían ser encaradas por el Estado. Así lo anuncia el presidente Roca en un discurso ante el Congreso: "Mi opinión es que el comercio sabe mejor que el gobierno lo que a él le conviene; la verdadera política consiste, pues en dejarle la más amplia libertad. El estado debe limitarse a establecer las vías de comunicación y a levantar bien alto el crédito público en el exterior." A pesar de su declamada actitud liberal, Roca y su gente no ven al estado como un simple árbitro o guardián del orden público. Le asignan un papel central en la formación de empresas privadas nacionales y en la instalación de compañías extranjeras. El estado nacional se constituyó en un verdadero desarrollador de la economía argentina porque, entre otras cosas, creó un sector de contratistas del estado. La mayoría de las obras públicas se hicieron con contratistas privados pero financiadas por el estado nacional. Durante el gobierno de Roca, aumentaron notablemente las inversiones británicas en ferrocarriles, frigoríficos, bancos y tierras. Consecuentemente, a cuatro años de asumir la presidencia, la Argentina destinaba casi la mitad de sus ingresos al pago de las deudas contraídas con los bancos extranjeros. En poco tiempo una verdadera telaraña de vías cubría la Pampa húmeda llevando los productos agropecuarios a los puertos. El país se transformaba con la llegada de cientos de miles de inmigrantes atraídos por "el granero del mundo". El 90 por ciento se instaló en el litoral y de ellos sólo una cuarta parte, en el campo. Esto desbordó la población de las ciudades, que adquirió una nueva fisonomía. Al concluir su mandato, Roca apoyaba la candidatura de Miguel Juárez Celman, por entonces gobernador de Córdoba, quien gracias a este impulso y al uso de la maquinaria estatal de fraude y coacción, accederá a la presidencia de la Nación. En su discurso de despedida decía Roca: "Os transmito el poder, con la República más rica, más fuerte, más vasta, con más crédito y con más amor a la estabilidad y más serenos y halagüeños horizontes que cuando la recibí yo". A poco de asumir Juárez Celman, se advirtió su alejamiento de Roca. Celman parecía tener su propio plan y pretendió controlar al país y al partido con su grupo de socios y amigos, excluyendo de los negocios públicos y privados a los tradicionales beneficiarios del sistema. La corrupción, las privatizaciones fraudulentas y los negociados llevados adelante por Celman y su grupo, empujaron al país a fines de 1889 a la cesación de pagos de sus obligaciones externas y a una crisis sin precedentes. En este contexto estalló la Revolución del ’90, dirigida por Leandro N. Alem y Bartolomé Mitre, líderes de la Unión Cívica. Roca no participó del movimiento pero lo vio con buenos ojos. La Revolución fracasó, pero Celman debió renunciar. Asumió la presidencia el vicepresidente, Carlos Pellegrini, quien nombró a Roca en un puesto clave, ministro del Interior. Tras la Revolución del ’90 surgió la primera oposición orgánica al régimen: la Unión Cívica Radical. Durante la década de 1890 se produjo el ascenso revolucionario del radicalismo y el despertar de las luchas obreras, producto directo de la inmigración. Esto llevó a las clases dirigentes a pensar que el hombre indicado para ocupar el poder era Julio Argentino Roca. Así en 1898, volvía Roca al gobierno. Frente al movimiento obrero, Roca aplicará una política represiva, que consistió en el ataque a las concentraciones obreras y el dictado de leyes represivas, como la Ley 4144, conocida comúnmente como la Ley de Residencia, que permitía la expulsión del país de los activistas gremiales. Como contrapartida, su ministro Joaquín V. González impulsó un moderno código nacional de trabajo que fue rechazado tanto por los sindicatos socialistas y anarquistas, que se oponían a la intervención estatal, como por las patronales, que lo veían como demasiado favorable a los trabajadores. En 1901, por iniciativa del ministro de Guerra, Pablo Riccheri, se sanciona la ley de servicio militar obligatorio para todos los ciudadanos de 20 años. Así, los jóvenes comenzaron a correr, limpiar y barrer”, lo que derivaría en el nombre "colimba". En el orden internacional, Roca debió enfrentar graves problemas limítrofes con Chile, que estuvieron a punto en transformarse en un conflicto armado. Un sector del grupo gobernante comenzó a considerar que la prosperidad alcanzada podía peligrar de no atenderse los reclamos de la oposición. De este modo, se mostraron dispuestos a considerar la introducción de reformas graduales en el sistema electoral con el fin de evitar conflictos sociales. Esto condujo a una ruptura entre Carlos Pellegrini, representante de estos sectores, y el presidente Roca, que mantenía su postura ultraconservadora y fraudulenta. Sólo aceptó una reforma en el sistema de elección de diputados, llamada "uninominal" por circunscripciones. Esto permitió que en 1904 fuera electo por el barrio de La Boca, el primer diputado socialista de toda América, el Dr. Alfredo Palacios. Al concluir su mandato, en 1904 Roca apoyó la candidatura de Manuel Quintana a la presidencia. Luego se retiró de la vida pública y, en 1905, partía en viaje hacia Europa en compañía de sus hijas. Allí recibirá grandes honores y será recibido por reyes y primeros ministros. Durante casi dos años, se radicará con su familia en París. Regresó a Buenos Aires en 1907, durante la presidencia de José Figueroa Alcorta, pero al encontrar un clima hostil y al notar que su figura política ya no encontraba el lugar de árbitro al que estaba acostumbrado, partió nuevamente hacia Europa en 1910. En 1913, el presidente Roque Sáenz Peña le encomendó una misión diplomática en Brasil. Allí permanecerá por algunos meses firmando acuerdos de limitación de armamentos navales. En octubre de 1914, a los 71 años, se trasladó a su estancia La Argentina, dispuesto a pasar allí sus últimos años. Un repentino ataque de tos, al que no le dio importancia, pese a la advertencia del doctor Luis Güemes, era el síntoma de que algo andaba mal. El 19 de octubre, a las ocho de la mañana, otro ataque brusco le hizo perder el conocimiento. A las dos horas moría Julio Argentino Roca, dando paso a la polémica sobre su figura que aún hoy continúa. Fuente MAS VALE UN MAYO FRANCÉS QUE UN JULIO ARGENTINO... (Esta frase fue pintada en el monumento a Roca ubicado en el centro de la Ciudad de Buenos Aires)

“La conquista del desierto” Los primitivos dueños de la tierra venían resistiendo la conquista del blanco desde la llegada de Solís, en 1516. Don Pedro de Mendoza debió abandonar Buenos Aires en 1536 por la hostilidad de los pampas. Sólo a partir de la creación del virreinato y la consecuente presencia de un poder político y militar fuerte, fue posible establecer una línea de fronteras con el indio medianamente alejada de los centros urbanos. Rosas, haciéndose eco de las demandas de sus colegas estancieros sobre los constantes robos de ganado por parte de los indios, encabezó la primera “conquista al desierto”. Entre 1833 y 1834, al concluir su primera gobernación, Juan Manuel de Rosas, emprendió la primera campaña financiada por la provincia y los estancieros bonaerenses preocupados por la amenaza indígena sobre sus propiedades. La expedición contó con el apoyo de las provincias de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza. Rosas combinó la conciliación con la represión. Pactó con los pampas y se enfrentó con los ranqueles y la Confederación liderada por Juan Manuel Calfucurá. Según un informe que Rosas presentó al gobierno de Buenos Aires a poco de comenzar la conquista, el saldo fue de 3.200 indios muertos, 1.200 prisioneros y se rescataron 1.000 cautivos blancos. Hasta la caída de Rosas se vivió en una relativa tranquilidad en las fronteras con el indio, pero a partir de 1853 reaparecieron los malones. En marzo de 1855, el gobierno de la provincia envió una expedición militar hacia la zona de Azul al mando del coronel Bartolomé Mitre. Mientras acampaba en Sierra Chica, la división fue cercada y diezmada por los lanceros del cacique Calfucurá. Calfucurá era el jefe indígena más importante. Había nacido en Lloma (araucania chilena) en 1785. En 1835 logró imponerse sobre los araucanos de Masallé (La Pampa) y se proclamó "cacique general de las pampas". El cacique araucano sometió a todas las tribus del Sur. Calfucurá, dotado de una gran inteligencia y una notable capacidad de organización, organizó en 1855 la "Gran Confederación de las Salinas Grandes", en la que confluyeron las tribus pampas, ranqueles y araucanas. Mantendrá en vilo a los sucesivos gobiernos hasta ser derrotado en marzo de 1872 en San Carlos, partido de Bolívar. Calfucurá murió un año más tarde con casi cien años en la isla de Chiloé. Tomará el mando su hijo, Namuncurá, quien secundado por sus bravos guerreros, Cachul, Catriel, Caupán y Cañumil, se dispuso a cumplir el mandato de defender sus tierras, pero no tendrá la tenacidad de su padre. La consolidación del Estado Nacional hacía necesaria la clara delimitación de sus fronteras con los países vecinos. En este contexto, se hacía imprescindible la ocupación del espacio patagónico reclamado por Chile durante décadas. Sólo la pacificación interior impuesta por el Estado nacional unificado a partir de 1862, permitió a fines de la década del 1870, concretar estos objetivos con el triunfo definitivo sobre el indio. El gobierno de Avellaneda, a través del ministro de Guerra, Adolfo Alsina impulsó una campaña para extender la línea de frontera hacia el Sur de la Provincia de Buenos Aires. El plan de Alsina era levantar poblados y fortines, tender líneas telegráficas y cavar un gran foso, conocido como la "zanja de Alsina", con el fin de evitar que los indios se llevaran consigo el ganado capturado. Antes de poder concretar del todo su proyecto, Alsina murió y fue reemplazado por el joven general Julio A. Roca. La política desarrollada por Alsina había permitido ganar unos 56 mil kilómetros cuadrados, extender la red telegráfica, la fundación de cinco pueblos y la apertura de caminos. El nuevo ministro de Guerra aplicará un plan de aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y sistemática. El propio Roca había definido con sus palabras la relación de fuerzas: "Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen otra defensa que la dispersión ni otras armas que la lanza primitiva". Los teóricos de la modernización del país proponían poblar el "desierto" que se suponía deshabitado. No eran numerosos los habitantes, pero había habitantes previos a esta postulación. Estos habitantes eran los indígenas. Un testigo de la época, el Ingeniero Trevelot, opinaba: “Los indígenas han probado ser susceptibles de docilidad y disciplina. En lugar de masacrarlos para castigarlos sería mejor aprovechar esta cualidad actualmente enojosa. Se llegará a ello sin dificultades cuando se haga desaparecer ese ser moral que se llama tribu. Es un haz bien ligado y poco manejable. Rompiendo violentamente los lazos que estrechan los miembros unos con otros, separándolos de sus jefes, sólo se tendrá que tratar con individuos aislados, disgregados, sobre los cuales se podrá concretar la acción. Se sigue después de una razzia como la que nos ocupa, una costumbre cruel: los niños de corta edad, si los padres han desaparecido, se entregan a diestra y siniestra. Las familias distinguidas de Buenos Aires buscan celosamente estos jóvenes esclavos para llamar las cosas por su nombre". El plan de Roca se realizaría en dos etapas: una ofensiva general sobre el territorio comprendido entre el Sur de la Provincia de Buenos Aires y el Río Negro y una marcha coordinada de varias divisiones para confluir en las cercanías de la actual ciudad de Bariloche. En julio de 1878, el plan estaba en marcha y el ejército de Roca lograba sus primeros triunfos capturando prisioneros y recatando cautivos. El 14 de agosto de 1878, el presidente Avellaneda envió al Congreso un proyecto para poner en ejecución la Ley del 23 de agosto de 1867 que ordenaba la ocupación del Río Negro, como frontera de la república sobre los indios pampas. El Congreso sancionó en octubre una nueva ley autorizando una inversión de 1.600.000 pesos para sufragar los gastos de la conquista. Con la financiación aprobada, Roca estuvo en condiciones de preparar sus fuerzas para lanzar la ofensiva final. La expedición partió entre marzo y abril de 1879. Los seis mil soldados fueron distribuidos en cuatro divisiones que partieron de distintos puntos para rastrillar la pampa. Dos de las columnas estarían bajo las órdenes del propio Roca y del coronel Napoleón Uriburu, que atacarían desde la cordillera para converger en Choele Choel. Las columnas centrales, al mando de los coroneles Nicolás Levalle y Eduardo Racedo, entrarían por la pampa central y ocuparían la zona de Trarú Lauquen y Poitahue. Todo salió según el plan con el acompañamiento de la armada que con el buque El Triunfo, a las órdenes de Martín Guerrico, navegó por el Río Negro. El 25 de mayo de 1879 se celebró en la margen izquierda del Río Negro y desde allí se preparó el último tramo de la conquista. El 11 de junio las tropas de Roca llegaron a la confluencia de los ríos Limay y Neuquén. Pocos días después, el ministro debió regresar a Buenos Aires para garantizar el abastecimiento de sus tropas y para estar presente en el lanzamiento de su candidatura a presidente de la República por el Partido Autonomista Nacional. Lo reemplazaron en el mando los generales Conrado Villegas y Lorenzo Vintter, quienes arrinconaron a los aborígenes neuquinos y rionegrinos en los contrafuertes de los Andes y lograron su rendición definitiva en 1885. El saldo fue el de miles de indios muertos, catorce mil reducidos a la servidumbre, y la ocupación de quince mil leguas cuadradas, que se destinarían, teóricamente, a la agricultura y la ganadería. Las enfermedades contraídas por el contacto con los blancos, la pobreza y el hambre aceleraron la mortandad de los indígenas patagónicos sobrevivientes. El padre salesiano Alberto Agostini brindaba este panorama: "El principal agente de la rápida extinción fue la persecución despiadada y sin tregua que les hicieron los estancieros, por medio de peones ovejeros quienes, estimulados y pagados por los patrones, los cazaban sin misericordia a tiros de winchester o los envenenaban con estricnina, para que sus mandantes se quedaran con los campos primeramente ocupados por los aborígenes. Se llegó a pagar una libra esterlina por par de oreja de indios. Al aparecer con vida algunos desorejados, se cambió la oferta: una libra por par de testículos". El general Victorica no andaba con rodeos al explicar los objetivos de la conquista: "Privados del recurso de la pesca por la ocupación de los ríos, dificultada la caza de la forma en que lo hacen, que denuncia a la fuerza su presencia, sus miembros dispersos se apresuraron a acogerse a la benevolencia de las autoridades, acudiendo a las reducciones o a los obrajes donde ya existen muchos de ellos disfrutando de los beneficios de la civilización. No dudo que estas tribus proporcionarán brazos baratos a la industria azucarera y a los obrajes de madera, como lo hacen algunos de ellos en las haciendas de Salta y Jujuy". El éxito obtenido en la llamada “conquista del desierto” prestigió frente a la clase dirigente la figura de Roca y lo llevó a la presidencia de la república. Para el estado nacional, significó la apropiación de millones de hectáreas. Estas tierras fiscales que, según se había establecido en la Ley de Inmigración, serían destinadas al establecimiento de colonos y pequeños propietarios llegados de Europa, fueron distribuidas entre una minoría de familias vinculadas al poder, que pagaron por ellas sumas irrisorias. Algunos ya eran grandes terratenientes, otros comenzaron a serlo e inauguraron su carrera de ricos y famosos. Los Pereyra Iraola, los Álzaga Unzué, los Luro, los Anchorena, los Martínez de Hoz, los Menéndez, ya tenían algo más que dónde caerse muertos. Algunos de ellos se dedicarán a la explotación ovina poblando el desierto con ovejas; otros dejarán centenares de miles de hectáreas sin explotar y sin poblar, especulando con la suba del precio de la tierra. Aún hoy, el territorio de Santa Cruz tiene un porcentaje de medio habitante por kilómetro cuadrado. Roca había dicho: "Sellaremos con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para siempre, esta nacionalidad argentina, que tiene que formarse, como las pirámides de Egipto, y el poder de los imperios, a costa de sangre y el sudor de muchas generaciones". Fuente MAS VALE UN MAYO FRANCÉS QUE UN JULIO ARGENTINO... (Esta frase fue pintada en el monumento a Roca ubicado en el centro de la Ciudad de Buenos Aires) MIS OTROS POST!