nik-metal
Usuario (Argentina)
- ¿Qué es lo que quieres? - No sé. - ¿Y entonces qué has venido? - No lo sé. - Y dime… ¿Vienes de muy lejos? - Sí señor, de un lugar al que no recuerdo haber ido jamás, y del cual mi memoria no tiene imagen alguna que pueda descifrar. De donde los sueños y los deseos y las pesadillas convergen en una sola entidad que deambula sin rumbo fijo. - Mmmm… comprendo. ¿Sabes al menos qué hora es? - No señor, ni la más remota idea. - Ahá… son las Saturno con veintidós minutos. Para cuando sea Júpiter sonarán las campanas y esto podrá haber sido sólo una alucinación o será un futuro que jamás existirá. Eso tú lo decides… - Y… ¿Existe alguna escapatoria? - ¿Escapatoria? ¿Para qué escapar de algo que no te amenaza? - No lo sé. Estoy un poco confundido. - Es normal… todos nos sentimos confundidos en algún momento. - ¿Dónde estoy? - En el mismo sitio de dónde no partiste… en el mismo punto exacto a dónde no llegarás nunca, a menos que decidas sacrificarte. - ¿Sacrificarme? ¿A qué se refiere señor? - No temas, no todos los sacrificios implican sangre. - … - Es difícil de entender, lo sé. No te preocupes, seguimos desplazándonos a treinta y cinco nudos, estamos estables. - Perdón señor, no lo comprendo muy bien, no me he movido en lo absoluto. - Mis disculpas, me temo que hablo demasiado y me explico muy poco. Para desplazarse no hace falta mover ni un solo músculo. - Eeehhh… creo que cada vez entiendo menos… ¿Sin mover un músculo? ¿Cómo sería eso posible? - (Se oyen carcajadas)… sigues apegado a lo material, ¿Cierto? Aquí no existe la gravedad, ni la aceleración ni la velocidad… el límite es la imaginación. - Pero… estem… siento náuseas. - Es súper lógico, los mareos son comunes, pero si no tienes estómago ¿Qué vomitarás? - … - Intenta siquiera abrir tus ojos, o cerrarlos, o parpadear. - No puedo señor. - No te confundas, no es que no puedas, conocer la realidad es duro, dimite, sacrifícate y todo esto pasará. - Pero… si no sé ni dónde estoy, o cómo salir, o cómo volver. - Si intentas respirar te ahogarás, no te alarmes. - Creo que voy a morir. - Crees… ¿Y quién te aseguró que no estás ya muerto? ¿O lo contrario? - … - Huye, no estás listo todavía. - No quiero huir, quiero quedarme, pero tengo miedo señor. - ¿Y qué se siente? - No siento nada. - Entonces ¿Cómo sabes que es miedo? - Lo supongo. Tengo la cabeza alborotada. - Entonces… ¿Podrías apostarla a que no sabes nada? - Mmmm… creo que sí… o no… no lo sé señor. - Vete, no es el momento. - ¿A dónde señor? - Al fin, al inicio, a donde más te apetezca. - ¿Puedo? - El límite es la imaginación, no lo olvides. - No señor. - Recuerda, el soñar es una de las pocas cosas que no controlamos, tenlo presente o tu ser se desvanecerá en el limbo. - ¿Limbo? - Adiós.
Ante la presencia de la tenue luz de esta vela y el más sórdido silencio, los pasadizos de mi cueva forman un laberinto único. Cualquiera que se atreva a adentrarse en ellos se encontrará recorriendo para de mi penosa mente. Entre los huecos que forman las rocas, la insolente brisa acarrea llantos y quejidos, arrastrados vaya a saber de dónde... la humedad y el frío abrumador causan un clima hostil para quienes en su vida no fueron capaces de aventurarse poco más allá de lo que sus narices les permitieron. El eco reverberante de las gotas de agua formando estalactitas retumba y resuena hasta lo profundo de los huesos... los petrifica y les arrebata toda esperanza. Por los caminos sinuosos que conforman la locura, se esconden figuras fantasmales... recuerdos de funerales de otro siglo, o espectros pertenecientes a la esquizofrenia acompañan el caminar; paso a paso acechan a nuestro alrededor, invisibles a la simpleza del ojo humano, mas no ajenos al oído atento. Murmullos leves de personas que se aproximan y se retiran es la presencia acosadora que lo envuelve a uno durante el trayecto. Dedos temblorosos y una estupefacta transpiración congelada que se escurre por el cuello. La luz de la vela refleja el brillo de las pupilas de las criaturas que acompañan en la penumbra, huyendo despavoridos por momentos sólo para encontrarnos más tarde, con un poco de suerte. El escalofrío de un aullido perdido de un canino hambriento, pone todos los sentidos en juego... allá a lo lejos se asoma la comisura de una sonrisa peculiar, aterradora, que se desvanece detrás de un montón de rocas que no conducen a ninguna parte. La incertidumbre de un mañana impacienta, y el crujir de los pasos sólo aumenta las ansias. Sombras y negrura se entrecruzan en la espesura de las tinieblas y la calidez de la llama se va debilitando con el pasar del tiempo. Si decir que el sabor de la cera derretida sobre la piel de las manos no es para nada alentador, solamente hace percatar que no se trata de una pesadilla o sueño de mal gusto. Silbidos... alguien llama... ¿O es simplemente el viento jugando por los pasajes inertes? Siendo observado en todos y cada uno de los movimientos... ¿Por quién? No se sabe... y las cuerdas vocales se encuentran tan bien resguardadas en la garganta que ni se atreven a asomarse para averiguar. Una dama de apariencia pálida hace su aparición a un par de pasos; los rojizos y oscuros cabellos cubren casi la totalidad de su rostro... con túnicas bastante precarias o desgastadas se dirige hacia donde me encuentro... se detiene frente a mí... "Shhhhh" susurra, extiende su mano y señala sobre mi espalda... y a medida que volteo para ver, se consume el pabilo que queda.
...Desde las rejas de la ventana que iluminan esta celda la cara sucia de la luna aguarda allí afuera y su reflejo se escabulle hasta este pedazo de papel, me da una palmada en la espalda y me aguarda apaciblemente. La humedad de mi habitación provoca un intenso frío que penetra en los huesos y busca refugio entre la carne. "Debo decirte que podría estar mucho peor y que la ilusión de ver tu rostro ya crecido una vez que salga de aquí es el aliento que cada día me reconforta. No puedo decirte que te extraño para serte sincero, más bien son unas ansias por poder reconocerte y que el efecto sea recíproco. Ya son tres mil doscientos ochenta y cinco días que te alejaron de mí... que me alejaron de ti; pero no importa, tan sólo quedan unos cuantos miles de segundos que se me harán infinitos para volver a ver tus ojos esmeralda y su intenso brillo. Admito que no quise pedir ninguna de tus fotos por correo pues temía a resquebrajarme y éste no es uno de esos lugares en donde me pueda dar ese lujo... si te reconforta saberlo, más de una vez derramé una lágrima bajo la lluvia mientras te imaginaba correr por el campo; de forma bastante disimulada para no levantar sospecha alguna. No temas si no emito palabras en nuestra primera cita, es que tanto tiempo pensando hizo que mis cuerdas vocales se debilitaran... y los puños justicieros solo me arrancaban gritos a la medianoche contra mi voluntad, por lo que mi voz está media oxidada y exhausta. No te preocupes, me recuperaré. Soy consciente de que esta fue una larga espera, y no sé si tienes mezcla de ansiedad o enojo, que lo más probable es que reciba una bofetada o una mirada indiferente de tu parte; quizás un silencio abrumador, o un abrazo intenso. Sea lo que sea lo comprenderé y no te juzgaré, pues no tengo la voluntad ni la autoridad para hacerlo. Paso a contarte que los últimos días han sido muy intensos, me apartaron del resto para que no haga ningún desastre que pudiera auto inculparme y meterme en líos. Me ayudó bastante el relajante muscular y los analgésicos, se ve que mi cerebro estuvo haciendo horas extra y tenía bastante migraña. Por fin pude conciliar el sueño luego de tanto tiempo, estaba acostumbrado a dormir con un ojo abierto y uno cerrado, vigilando mi guarida; la confianza es algo que no se obtiene de forma instantánea y el respeto hay que ganárselo de la forma más cruda y brutal..." Me despedí de la forma más cordial que pude y sellé esa carta en la cual había puesto hasta el ínfimo pedazo de mi sinceridad. Me había expresado como pocas veces en mi vida, o lo que quedaba de ella... Sé que se agotó el tiempo en mi reloj de arena; con el paso medio tembloroso me fui acercando, aquel día gris y ventoso, cuando ya no pude más me desplomé sobre mis rodillas, extendí la mano y le dejé mi carta sobre su tumba... querida hija mía, como te extraño...
Soy parte del verbo pero no una acción. Escucho sin ser oído por nadie y grito sin que mis cuerdas vocales siquiera vibren. Respiro el mismo aire pero mis pulmones no se llenan, el oxígeno no me es necesario. Y las canciones que resuenan no son escuchadas. Frente al espejo me hallo situado y veo simplemente mi reflejo, solitario, con una mano invisible que me sujeta del hombro. Me enjuago y ahogo la cara en el agua transparente por unos segundos, me aparto y dejo que las gotas se precipiten por inercia, y con la misma inercia me vuelvo a mirar fijo, intentando deliberar, traducir lo que mis pupilas dicen… Voy y vengo a través de la nada, y me pregunto día tras día si lo que hago está bien. Sabiendo la respuesta me sumerjo en la más feroz soledad, la más triste desesperación. Me imagino cayendo desde muy alto, sintiendo el viento en el rostro, saboreando la gravedad en su estado más puro, viendo el piso acercarse de forma inevitablemente precipitada y sé que dibujo una sonrisa en mi cara. Mis ojos cerrados se abren presurosamente y puedo sentir como está mi respiración agitada, no obstante, mantengo la sonrisa. “¿Quién soy?” No soy nadie. Soy el que nunca fue, el que debió ser, allá, hace mucho tiempo. “¿Qué veo?” Veo el rostro de la desgracia, del desgano, de la historia que pasó por encima de mí sin que me diera cuenta siquiera. Veo un tren de recuerdos que no tienen una estación terminal, destinado a vagar por los páramos de la memoria ajena, memoria de otras personas que me rodearon. Siento dolor de las cosas que no duelen, de las cosas que no lastiman. De esas cosas imaginarias que solamente la mente humana puede sufrir. Siento dolor por el resto, por los que quedarán cuando no sea más que parte del olvido, cuando sea una figura amorfa de la cual los rasgos sean líneas difusas y poco consistentes. Temo por cosas que dejo atrás, por aquellas cosas que no me van a acompañar, porque aunque quisieran no se los permitiría; y por el hecho de saber que hay marcas que se pueden hacer que son invisibles a simple vista. Quisiera ser el olvido de los ricos a los que le falta un sentimiento y los sueños de aquellos pobres que me padecieron, y el orgullo de los que me conocieron. Pero no soy nada de eso; soy una pluma sin tinta para un escritor inspirado y una idea sin fundamento, la última bala en el tambor del revólver de un suicida, un fantasma… que no existe. A través de mis ojos veo mi propio yo, sin fuerzas para nada, sin ánimo de seguir respirando… pero sin poder evitarlo.