nigerianman
Usuario (Chile)

El ruiseñor y la rosa Un estudiante muy enamorado de una chica, desea impresionarla para que esta acepte ir al baile con él. Para que ella lo acepte, este debe conseguir una rosa roja y dársela. Sin embargo, el joven enamorado solo tenía rosas blancas en su jardín. Lamentándose por su mala fortuna, aparece un ruiseñor que se compadece del chico. El ruiseñor entrega su vida y su sangre a un rosal viejo, con el fin de que naciera una rosa roja. El enamorado estudiante le entrega la rosa a la muchacha, pero esta lo rechaza, ya que había recibido mejores regalos que una simple rosa. El príncipe feliz La estatua del príncipe feliz, puede observar toda la ciudad, sirve de ejemplo a todos aquellos que sufren, ya que el siempre permanece feliz. Sin embargo, la estatua se lamenta al ver tanta injusticia a su alrededor. Una noche, una golondrina muy enojada por culpa de un junco del cual se enamoró, se posó sobre la estatua del príncipe feliz. El príncipe conmovido, le pide a la golondrina que entregue las joyas y piedras preciosas que lo adornan a los necesitados. Llegó el invierno y a causa del frío, la golondrina muere, mientras besa los labios del príncipe. El corazón de la estatua se rompe al ver morir a la golondrina. La estatua sin adornos se veía muy maltratada, por tal motivo fue removida y fundida, sin embargo, el corazón del príncipe no pudo fundirse. Por tal motivo, el corazón de la estatua es arrojado junto al cuerpo sin vida de la golondrina. Dios le pidió a un ángel que le trajera las dos cosas más hermosas de la ciudad y el ángel le llevó a la golondrina muerta y el corazón de la estatua del príncipe. La golondrina cantaría para siempre en el jardín del paraíso y el príncipe feliz vivirá en la ciudad de oro del cielo, para repetir las alabanzas del "todopoderoso" . El cohete famoso o el cohete extraordinario El rey prepara todos los detalles para el matrimonio de su hijo, el príncipe con una hermosa princesa rusa. Llegó el día de la boda y todo estaba listo, incluso, unos fuegos artificiales que harían muy feliz a la princesa. Los petardos, la candela romana, la rueda, la bengala y un pequeño globo de fuego, están muy felices por tener la oportunidad de iluminar el cielo de colores. Pero un antipático y presumido cohete comenzó a hablar de sus famosos antepasados y de lo afortunado que debe sentirse el príncipe por presenciar su explosión de colores. El cohete comenzó a discutir con los otros objetos pirotécnicos, a tal punto que se puso a llorar. Debido a que estaba tan mojado por sus lagrimas, no pudo explotar ni mostrar sus impresionantes colores. El cohete pensó que lo estaban reservando para otra ocasión especial y se sintió aun mas orgulloso. Al día siguiente, un obrero que limpiaba lo encontró, junto a los demás obreros se burlo de él y lo arrojó al lodo. Creyendo estar en una piscina, el cohete se encontró con una rana, el cohete comenzó a parlotear, pero la rana no le hizo mucho caso. Luego llegó una libélula, pero tampoco le hizo mucho caso y lo dejó. Más tarde llego una pata, pero el cohete fue grosero y altivo nuevamente. La pata se fue y el cohete comenzó a hundirse cada vez más en el lodo, hasta que unos niños lo recogieron creyendo que era un palo. Lo encendieron para poder hervir una caldera, pero al estar tan mojado costo mucho que encendiera. Los niños se quedaron dormidos esperando que hirviera la caldera. El cohete después de mucho rato se encendió, pero nadie lo vio mientras se encendía e iluminaba el cielo. El gigante egoísta El gigante egoísta posee un hermoso jardín, en el cual, los niños juegan mientras el gigante no esta. El gigante se da cuenta y decide construir un muro para no dejarlos pasar. Debido a su egoísmo, el jardín pierde su belleza y queda condenado a un invierno perpetuo. Un día, los niños encontraron la forma de pasar hacia el jardín del gigante y volvieron a jugar. El gigante se dio cuenta que su jardín había recuperado su belleza y decidió romper el muro. Sin embargo, los niños corren a excepción de uno que lloraba por no poder trepar un árbol. El gigante lo ayudó a trepar y en señal de agradecimiento, el niño le dio un beso. Desde es momento, todos lo niños que quisieran jugar en el jardín del gigante, podían hacerlo sin ningún problema. Pasaron los años y el gigante se hizo muy viejo, hace ya mucho tiempo que no veía al niño que él ayudó. Un día, el gigante encontró al niño, pero lo encontró herido, con perforaciones hechas con clavos en sus manos y pies. El gigante quiere vengarse, pero el niño le hace entender que sus marcas son señales de amor y que viene a buscarlo para llevárselo al jardín del paraíso. ojala les guste