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Usuario (Argentina)

Repasando el noticiario: "El obispado católico de la ciudad alemana de Essen anunció este fin de semana el cierre de 96 de sus 350 iglesias para hacer frente a la caída en el número de fieles y sacerdotes, así como en los ingresos por el impuesto eclesiástico. En una carta que fue leída en todas las parroquias de la diócesis, el obispo Felix Genn afirmó que en el marco de su plan de saneamiento la Iglesia local eliminará de aquí a 2009 el 50 por ciento de sus cerca de dos mil empleos de plantilla". Por otro lado: "... en Holanda, a la semana practicamente cierran dos iglesias en Holanda debido a la baja asistencia a Misa". Son noticias de 2006 a la fecha. En el interín, el Vaticano decide mover el banco de suplentes y hace entrar a Bergoglio con la esperanza de que este gambeteador del cono sur haga algún gol y logre frenar la caía en las nóminas católicas en la zona del planeta donde "todavía" tienen alguna que otra capilla con visitantes. La iglesia católica, como institución convocante, está viendo como sus feligresías se van adelgazando hasta, en varios sitios europeos, tener que cerrar el templo por falta de creyentes. Cabe destacar que las iglesias en el viejo continente deben sostenerse con el aporte de sus fieles y funcionan como una "obra social", donde el "afiliado" recibe los servicios sacerdotales estando al día con sus aportes. El cardenal Jorge Bergoglio decide inspirarse en la figura y la vida despojada de San Francisco de Asís, al asumir su papado. Un mensaje claro y contundente hacia la jerarquía eclesiástica dada al lujo, en especial, en Europa, y cuya figura destacada era el obispo de Limburgo (Alemania) Franz-Peter Tebartz-van Elst. La revista alemana Stern publicó un sin número de artículos durante 2013, ventilando el estilo de vida de este obispo de refinados y costosos gustos. Dice la revista: "Rara vez un escándalo de la iglesia ha despertado tal indignación. Franz-Peter Tebartz-van Elst, Obispo de Limburg, se ha construido una sede estilo feudal. El complejo de edificios incluye una capilla privada (€ 2,9 millones), un apartamento con estantes retroiluminados y bañera independiente Philippe Starck (€ 3.000.000), un atrio porticado (€ 2,3 millones), así como un parque privado con jardín sofisticado (€ 783.000 ). En general, se calcula que el valor de la propiedad está entre los 30 a 40 millones de euros". Más tarde, la misma revista da a conocer otras sedes episcopales del viejo mundo con menos grado de suntuosidad, pero grandes y costosas tanto en patrimonio como en mantenimiento. Francisco no tuvo que escribir ninguna bula para que los príncipes del clero hicieran sus petates y se acomodaran en cuartos modestos y más adecuados para el recogimiento y la oración. Este fue un primer paso, si se quiere muy mediático, tanto como los zapatos rojos de charol del Benedicto XVI, que contrastan con los de cuero negro y suela de goma del cardenal jesuita de Buenos Aires. Pero queda mucho por hacer –si es que algo verdaderamente trascendente se hará- para recuperar la ascendencia de la institución religiosa sobre la población. Vuelta de hoja. Como arzobispo y cardenal, Bergoglio fue conocido por su humildad, conservadurismo doctrinal y su compromiso con la justicia social. Optó por promover el diálogo y acercarse a los distintos colectivos sociales, fuesen o no católicos; así como por reforzar la tarea pastoral en las parroquias, aumentando la presencia de sacerdotes en las villas (barrios marginales). Esto hizo que fuese conocido como «el Obispo de los pobres» Durante el cónclave de 2013 se lo consideró como un candidato reformista, con edad y capacidad para reformar la curia romana. Fue el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, quien dio a conocer un documento único con la ponencia de Jorge Mario Bergoglio ante los cardenales inmediatamente antes del cónclave. «La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no sólo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria. Caracterizó a la institución como una Iglesia «autorreferencial», centrada en sí misma, una tendencia que “la enferma”. La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia... y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual. El pontífice sería, explicó Bergoglio, “un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo... ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales”». La caridad bien entendida empieza por casa. En su primer año de gobierno, el jefe del Estado Vaticano produjo los cambios que consideró necesarios en el núcleo del poder. No faltaron los gruñidos y desafíos; pero logró acomodar el tablero… por lo menos eso nos cuenta la prensa oficial. Su cambio más reciente es el del australiano George Pell, quien fue nombrado en febrero pasado prefecto de la Secretaría de Economía, el nuevo "superministerio" que puso bajo su control el manejo de toda la actividad económica de la Santa Sede, incluso el controvertido IOR (conocido como el banco vaticano). Francisco le pidió que, en el marco de la reforma para dotar de transparencia, coordinación y eficiencia la gestión económica del Vaticano, no haya despidos entre los cerca de 5000 empleados del pequeño Estado. Pell es miembro del denominado G 9, el grupo de nueve cardenales que asesoran al Papa. Cotinuará... http://www.stern.de/panorama/skandal-bischof-tebartz-van-elst-bistuemer-legen-bischoefliches-vermoegen-offen-2064806.html http://www.spiegel.de/fotostrecke/bischofssitz-in-limburg-protzbau-fuer-31-millionen-euro-fotostrecke-102327-3.html http://wefind.stern.de/stern/search?query=Bischof+in+Limburg http://www.stern.de/panorama/tebartz-van-elst-aus-limburg-die-geheime-shoppingliste-des-bling-bling-bischofs-2064034.html
Los jóvenes que cambian las reglas: generación Y El 45% de la fuerza laboral en la Argentina nació entre 1980 y 1995; su relación con el consumo y el trabajo obliga a las empresas a repensar sus políticas Por Paula Urien LA NACION 22/09/2015 Insólito. Una sola palabra define, en múltiples ocasiones, el pensamiento de jefes, compañeros de trabajo y también padres ante determinadas reacciones de jóvenes de la Generación Y en materia de trabajo. "Renunció por mail", dice un jefe, todavía aturdido mientras busca desesperadamente un reemplazo para una tarea impostergable. "En la entrevista de trabajo ellos hacen las preguntas", dice un selector de Recursos Humanos que estaba acostumbrado a ser el interrogador. "Llega noviembre y empiezan las dudas sobre si van a continuar o se van a tomar cuatro meses de vacaciones para después buscar otro puesto", se queja el dueño de una pyme. Hay 80 millones de jóvenes Y en el mundo, una fuerza laboral que de a poco cambia las reglas. Algunos piensan que son un mal necesario, y comienzan a cambiar sus estrategias para retenerlos después de perder tiempo y dinero a causa de empleados que simplemente desaparecen del mapa. Otros recurren a libros de autoayuda para jefes desorientados. Y hay quienes bendicen a esta nueva generación, que nació entre 1980 y 1995 y que proclama que no tiene miedo de perder el trabajo y que quiere disfrutar de la vida. Una encuesta de Deloitte revela que 47,5% de los Y sólo piensa quedarse en la empresa entre seis meses y dos años; 23,9% imagina no cambiar su trabajo sólo por tres o cuatro años. Después, su ruta y, en muchos casos, un sueño por cumplir: la propia empresa. Edward Snowden, nacido en 1983, es un experto en tecnología de Estados Unidos, ex empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). En junio de este año hizo públicos documentos secretos sobre programas de la NSA, incluyendo uno de vigilancia. Su manera de actuar simboliza varios de los valores de la Generación Y: conocimiento tecnológico, facilidad para acceder a la información, poco respeto por la jerarquía, cultura colaborativa 2.0, transparencia en todas sus formas. Hoy Snowden está exiliado en Rusia tras un pedido de captura del gobierno de los Estados Unidos. Sólo en ese país los Y representan el grupo económico más importante de su historia, según los números de la consultora LHH, con representación en la Argentina. Tienen un total de ingresos de alrededor de 211.000 millones de dólares; gastan 172.000 millones de dólares por año y ahorran 39.000 millones. En el plano local, una encuesta de Adecco demuestra que más de 50% de los ejecutivos de RR.HH cree que su contratación y gestión es una prioridad. Con defensores y detractores, la filosofía de vida de estos jóvenes de hasta 33 años, empleados y también consumidores, es motivo de análisis en el campo económico, social y psicológico. El debate está vigente y despierta pasiones. La edición de mayo de la revista Time estuvo dedicada a los Millennials, con un título que despertó la polémica: The me, me, me generation, o La generación yo, yo ,yo. Los presenta como egocéntricos, sacándose fotos constantemente para subirlas a las redes sociales, narcisistas y vagos (menos para mandar un promedio de 88 mensajes de texto por día) ya que un 40% no quiere un trabajo con responsabilidades importantes. Pero por otro lado, se tienen fe. Otro 40% cree que deberían ser promovidos cada dos años. Además de su manejo natural de la tecnología, una particularidad marca la diferencia con sus padres y abuelos. Más personas de 18 a 29 años viven con sus padres que con una pareja, según un informe de la universidad de Clark. Se trata de una situación que también les da más libertad a la hora de decidir dejar su trabajo, aunque todavía no tengan otro. "Tienen más autonomía, pero son sobreprotegidos. Se nota una maduración tardía. Requieren de las empresas más contención", dice Fabiana Gadow, directora de RR.HH y Talento de Deloitte. Así se da un choque en la relación jefe-empleado, con superiores que se enervan cuando notan que los Y no están dispuestos a hacer el mismo esfuerzo que ellos para llegar más lejos. Hacer carrera simplemente parece no interesarles. "Los jefes se quejan de que no quieren trabajar, de que son vagos, pero en realidad los jóvenes cuestionan su propio modelo de éxito. Por eso es un desafío para las organizaciones, cuyo instrumento de motivación era el futuro en la compañía. Ahora se trata de ofrecer para el hoy, por ejemplo, flexibilidad", dice Pablo Maison, VP para América latina de RR.HH. de Unilever y autor de “El trabajo en la posmodernidad”. Pero por otro lado "tienen una mirada fresca de las cosas y la mente puesta en la calidad de vida, algo que las generaciones mayores tienen que aprender", explica Gadow. Una encuesta de Deloitte revela que 62% de los jóvenes se describen como innovadores, pero sólo el 26% siente que los líderes hacen lo suficiente en sus empresas para fomentar estas prácticas. Cuando se les pregunta qué los estimula a proponer nuevas ideas y a participar en iniciativas innovadoras, el 53,5% dice que una cultura que valora y mide las contribuciones. Sólo el 28,% habla de retri-buciones o incentivos monetarios. LA CLAVE, EN LA TECNOLOGÍA Raúl Lacaze, director de Gestión de Capital Humano de Telefónica Argentina, dice que casi 70% de los Millennials de América latina tienen teléfonos inteligentes. "El acceso a la tecnología genera una manera de conectarse y colaborar en equipo muy característica de esta generación. Para ellos compartirla es natural. Simplemente fluye. El poder no pasa por ser el dueño de la información, como a veces sucedía con generaciones mayores, sino en cómo encontrarla y en la manera de procesarla." Para Alejandro Mascó, socio de Oxford Partners y autor de Entre generaciones, es la primera generación en la historia que siempre convivió con la tecnología de la información y no entiende el mundo de otra manera. "Esto deja marcas impresas en comportamientos, personalidad y demandas marcadas por la instantaneidad, la interacción, la distancia y la brevedad", dice. "El mundo se divide para ellos en dos grandes categorías -dice Maison-. Aburrido y divertido. Así como saltan de pantalla en pantalla en un segundo, saltan de un trabajo a otro o se van a un emprendimiento personal. Es la cultura touch, Wii, Play, iPod, Ipad, etc." Sin embargo, las empresas los necesitan como nunca antes necesitaron a los más jóvenes, algo que de alguna manera los hace irreemplazables, pero ¿qué pasa con su compromiso? "Yo estoy trabajo en esta empresa porque, aunque el sueldo no es muy bueno, me prometieron flexibilidad", dice Pablo U.(25). "Ahora, les pido unos días para irme de viaje porque hay una promoción y no me contestan, aunque sé que no es durante un pico de trabajo. No hay razones válidas para tenerme así. Se va a terminar la promo-ción si no compro el pasaje ya. Tengo bronca. En cual-quier momento me voy", dice este joven economista que no duda en renunciar por un motivo impensable hace unos años. "No creo en el estereotipo de que no hay compromiso con el trabajo. Hay un cambio con respecto a la relación que los Y establecen con las empresas", dice Raúl Lacaze. "Sí es cierto que tienen menos pruritos a la hora de tomar decisiones con respecto a su futuro en una organización. Nosotros éramos más sufridos". Para Lacaze, si están motivados, son emprendedores, tienen ideas, se entusiasman con proyectos tanto en el plano individual como dentro de una organización. "No toleran que el trabajo sea fuente de infelicidad -dice Javier Casas Rúa, CEO de PwC, una compañía que en 2016 tendrá 80% de su fuerza laboral Y-. No están dispuestos a hacer enormes sacrificios por la empresa en desmedro de su vida personal." Para Fabiana Gadow, muchos vivieron con padres que se pusieron la camiseta, pero que en algún momento, especialmente en la crisis de 2001, se quedaron sin trabajo, lo mismo que tanta gente después de la crisis financiera internacional que comenzó en 2008. "Esto -comenta- impacta en la lealtad hacia las corporaciones". En los Estados Unidos, se vieron conmovidos por el atentado a las Torres Gemelas, en 2001 y la masacre de Columbine, en 1999, cuando dos adolescentes de 17 y 18 años víctimas de bulling (acoso escolar) asesinaron a 13 personas en el colegio secundario. Los Millennials tomaron conciencia, en un grado mayor que sus predecesores, de que la vida es una y tiene un final. "Todo puede pasar", dicen en la encuesta reciente de PwC, y se refieren no sólo a debacles económicas, sino también a desastres naturales, inseguridad, enfermedades y epidemias, que llegan a su conocimiento en forma inmediata a través del mundo globalizado e hiperconectado. Basta recordar que muchas primicias se dieron a conocer instantáneamente a través de Twitter, como por ejemplo el aterrizaje de emergencia de un avión de US Airways en el río Hudson, en 2009. Los Y saben que nadie puede comprar más tiempo que el que tiene destinado, y así toman la antigua premisa del poeta romano Horacio (65aC-8aC): carpe diem, o goza el día, es decir, viven el presente. En este contexto, Casas Rúa habla de una juvenilización social, "el mandato de la felicidad, natural de los Y, se hace permeable a los adultos. Antes las doctrinas estructurales concebían al trabajo como sacrificio. Ahora veo que muchos tienen el mismo deseo de bienestar". Es indudable que existe un cambio de paradigma. Alejandro Mascó, transcribe en su libro una anécdota de Tamara Erickson, coautora de Workforce Crisis: "Tuve una conversación con el director general de Finanzas de una gran empresa de Nueva York. Me comentó: "No puedo encontrar a quien contratar dispuesto a trabajar 60 horas por semana. ¿Puedes hablar con ellos?. Y yo le dije: "Por qué no empiezo hablando contigo? Lo que ellos está diciendo en realidad es que lamentan que te lleve tanto tiempo ter-minar tu trabajo". Las conclusiones de un estudio reciente de PwC son que las organizaciones deben poner en marcha algunos cambios: crear una cultura de trabajo flexible; estar al día en tecnología; más transparencia en temas de compensaciones y oportunidades de carrera; construir una comunidad, algo a lo que están acostumbrados a través de las redes sociales y los wikis; viajes, oportunidades en el exterior o en el interior del país; escuchar, estar en contacto con la gente. Según la encuesta de Deloitte entre jóvenes que trabajan en las empresas del ranking Fortune 500, 63,5% las eligió por las oportunidades de desarrollo y crecimiento; para 49,8% fueron los salarios y beneficios; sólo 7,9% indicó la estabilidad y seguridad; el 47% habló de la reputación de la empresa, donde hay gran énfasis en su responsabilidad social y con el medio ambiente, y para el 34,5% fue la ubicación geográfica. Pero ahora también comienzan a darse algunas paradojas, como explica Andrea Ávila, directora de la consultora Randstad. "Ya hay algunos Y que son jefes. Entonces ocurre algo interesante. Están los que siguen fieles a su ideología, y aquellos que se vuelven rígidos, justamente lo contrario de lo que combatían cuando recién empezaban." Ávila cree que, en realidad, ya hay que preocuparse por los que vienen. Se trata de la Generación Z, quienes hoy tienen 17 años, que prácticamente nacieron con los dispositivos touch y que presentan otro tipo de desafíos ya que su manera de trabajar y de divertirse van de la mano. Además, tienen la capacidad de hacer varias cosas al mismo tiempo: los deberes, ver televisión, escuchar música, jugar a través de alguna aplicación, subir fotos a Facebook. Cómo hacer para que hagan foco en una cosa a la vez será el próximo desafío. O quizá, nuevamente, serán las empresas las que tengan que cambiar. Generación Ego: se impone sin jefes, reglas ni pudor Una encuesta reveló que 6 de cada 10 jóvenes no quiere depender de nadie en el trabajo y sólo el 11% admite normas. TAGS Generación Ego, Generación X, Generación Y, Generación Z, Millennials 06/09/15 Para Alejandro, de 19 años, estudiante de Ciencias Económicas, no hay nada como ver “Ale” escrito en el vaso gigante que le dan en Starbucks. Mariana y Diego, un poco más grandes, se están por casar y por las vacaciones de invierno en la nieve tuvieron récord de “me gusta” en Facebook. Los ciento y pico de “likes” no les cambiaron la vida, pero los pusieron contentos. A Carolina (28) la ascendieron en el banco en que trabaja. Elegir la foto de perfil de WhatsApp, para ella, es clave. Porque el “marketing personal” también juega. Esa imagen que todos ven cuando la buscan tienen que ser fresca, alegre, pero no demasiado sensual... En la vida de los sub 30, las reglas sociales están desacartonadas. Mostrar la intimidad o el éxito no está mal ni despierta culpa. Porque en la Generación Ego, la individualidad es el centro de la escena. Esta realidad, de jóvenes de clases medias urbanas, tiene matices. Al mismo tiempo que ponen los deseos personales sobre todo, en las relaciones sociales se muestran tolerantes: suelen apoyar las movidas solidarias y respetar más las identidades sexuales. Acostumbrados al “on demand” digital, en el día a día buscan lo inmediato y en la vida, a lo sumo al mediano plazo. El cambio constante de la época no habilita construcciones largas o imaginarse adónde llegar en 10 o 20 años. “Más que personas individualistas o egoístas, lo que se ve es un proceso que viene dándose desde los ‘60 y que se acentuó: supone el corrimiento del individuo de lo que les marcaban las instituciones tradicionales como la Iglesia o la escuela. Ahora, la sociedad de consumo permite construirte a vos mismo”, opina Cecilia Arizaga, directora de la carrera de Sociología de la universidad UCES. Describe: “Antes vivíamos en la obediencia; hoy, la propia sociedad te pide iniciativa individual, ser uno mismo, tener proyectos, ser espontáneo y sensible a los nuevos productos, es decir, ser cool”. Esa dinámica exige tener una identidad fuerte y diferenciada. Algo egoíca. Se retroalimenta: el mercado estudia los gustos de los jóvenes y desarrolla productos que acentúan esos gustos. Las investigaciones, aunque algo arbitrarias, ponen porcentajes. Ejemplo: una encuesta a 800 estudiantes universitarios de Capital y GBA que publicó la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) en junio pasado, señaló: 6 de cada 10 prefieren “ser jefes o un trabajo autónomo, para no depender de nadie”. La independencia es un valor de época y derriba la costumbre de pagar “derecho de piso” para que el beneficio llegue más adelante. Sólo el 11% de los entrevistados admite entender el sentido de las normas: para el resto, es difícil cumplirlas siempre, porque dependen de situaciones particulares, como la de no respetar un semáforo de noche. En la encuesta de la UADE, “la felicidad” resultó elegida por 5 de cada 10, por encima del “bienestar de mi familia” (34%) y el “bienestar de mi país” (5%). A la hora de encarar una actividad, sea cual fuera, el 67% contestó que prefiere decidir sin pedir consejos. La investigación concluye: “La sociedad posmoderna genera ideales de libertad asociados a actitudes individualistas” En enero, la multinacional Ford había presentado un informe sobre la denominada Generación Z (los nacidos a partir de 1995 y criados en la era de Internet) que se basó en encuestas en varios países. Entre los resultados: los más jóvenes adoran a los rebeldes y, para ellos, fracasar ya no es un estigma. En una era de transformaciones permanentes, el único fracaso es no atreverse. Quedarse quieto. En la foto también entra la llamada Generación Y, los que llegaron al mundo a partir de 1982 hasta el 95. Un informe de la consultora Deloitte, terminado este año y con preguntas a 7.800 jóvenes de 29 países indicó que el 75% de esos jóvenes piensa que las empresas están demasiado preocupadas en su propia agenda y poco en mejorar la sociedad. Según la estadounidense Pew Research Center, dos tercios de la comunidad “Y” preferiría un trabajo que les guste antes que otro aburrido, pero mejor pago. El médico psicoanalista Luis Minuchin, profesor de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APDEBA), evalúa: “Antes, el modelo era el desarrollo ‘para toda la vida’ y había realidades, como el matrimonio, que podían asfixiar. La nueva cultura se permite corregir situaciones sin caer en criterios de éxito o fracaso. Esa búsqueda de libertad es algo positivo”. Pero Minuchin también cuestiona: “Esa misma cultura impone que todo debe ser mostrado. La intimidad pasó a espectáculo. Es una especie de necesidad narcisística de revalorización de uno a partir de la valoración que te dan los otros”. Desde ese análisis, el paisaje superpoblado de egos puede enmascarar otra realidad: miedo a los cambios y fragilidad ---------------------------------------------- Ricos y famosos que inspiran a millones Los sub 30 pierden los complejos. Los nuevos íconos proponen una forma diferente de vivir y funcionan como ejemplo en los jóvenes. http://www.clarin.com/sociedad/ricos-famosos-inspiran-millones_0_1426657324.html 07/09/15 Las estrellas teens y no tan teens son así: dejan fluir sus gustos personales y sus excesos. Porque en el mundo hay que dejar una marca, algo propio. Ser manada ya no queda bien. Los nuevos íconos hacen lo que quieren, crean sus propias reglas y desafían. No es que en otras décadas no hayan existido los rockstars, sino que ese estilo de rebeldía ahora pasó al pop y a otros escenarios de la cultura. De convicción, pasó a actitud diaria celebrada por todos y todas. Como el marketing es marketing, las nuevas estrellas no dejan de ser productos de la globalización: venden talento, ego y rebeldía, eso que en las empresas (mediante encuestas y estudios de mercado) saben que vende. Entre esas estrellas están la estadounidense Miley Cyrus, reina de la provocación, las fotos hot y los destrozos en hoteles, el canadiense Justin Bieber, buen músico, de lindos tatuajes y habitué de polémicas, como cuando plantó a sus fans en River en 2013, después de una supuesta noche de juerga. Aunque parezca distinto y un chico bien, el que aceptaría una suegra “de antes”, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, también reúne esos valores. Se lo admira por innovador, por haberse construido a sí mismo, al estilo Steve Jobs, sin necesidad de recibir órdenes de un jefe, proactivo, optimista, feliz. Un tipo vivo que dijo: okey, “yo” voy a ser el jefe. En el mundo del espectáculo sobran los ejemplos. Va otro: Kanye West, el rey del rap en Estados Unidos que, además de bromear con ser presidente, dijo en varios reportajes, sin temores: “Intento contener mi narcisismo... Pero mi ego es mi droga. Soy mejor que todos ustedes”. También: “Si dijera que no soy un genio, te estaría mintiendo. Y me mentiría a mí mismo”. Aunque en el día a día es difícil sostener poses ególatras tan exageradas, porque hay que ir al trabajo y cumplir reglas, ir a la universidad y cumplir reglas, visitar a la familia y cumplir reglas, observar a qué estrellas se admira enseña mucho sobre una época y su tiempo. Está claro: para algunos, es tiempo de mostrarse, dejar que el yo fluya y, simplemente, amar a los que lo hacen tan bien. ------------------------------------------------------------ El “yo” se proyecta ahora en el brillo de las pantallas http://www.clarin.com/sociedad/yo-proyecta-brillo-pantallas_0_1426657325.html 07/09/15 Los primeros movimientos se desataron a mediados del siglo pasado, con los avances de los medios de comunicación audiovisuales que terminarían entronizando a la televisión y, de la mano de la publicidad, ese fenómeno apodado consumismo. Entonces los jóvenes de las grandes ciudades asumieron la vanguardia de una transformación en los modos de ser, algo que se acentuaría hasta lograr su alegre consumación en la cultura globalizada de la actualidad. Aquella juventud dorada de la posguerra, que luego inspiraría las revueltas de los años 1960-70, inauguró una serie de novedades que los distanciaron del universo cada vez más anticuado de sus padres y abuelos. Ese complejísimo cambio histórico afectó hasta la forma en que se edifica la propia identidad, a partir de nuevas premisas y con otras ambiciones. Calculando el efecto que deseaban provocar en la mirada de los demás, la imagen que les devolvía el espejo –un artefacto que, así como las pantallas, se reproduciría exponencialmente de ahí en adelante– se fue convirtiendo en un criterio privilegiado para medir el valor de cada uno. Parece obvio y natural, pero no lo es: así se destronaron viejas creencias que estaban bastante asentadas, como la superioridad moral de la belleza interior y el desprecio por las vanas apariencias. La aprobación de los pares fue subs-tituyendo parámetros antes inapelables como el veredicto de la autoridad, el respeto a las normas y tradiciones, la obediencia a las jerarquías y el sagrado cumplimiento del deber. Así, mientras se carcomían esos pilares de la desprestigiada moral burguesa, surgía la era del culto al cuerpo en la naciente sociedad del espectáculo, un ámbito donde lo esencial ya no parecía tan invisible a los ojos. De allí al auge actual de las selfies y a la caza desesperada por los “me gusta” en las redes sociales, no hay más que algunos rápidos pasos, que se han dado con sobrado entusiasmo a principios del siglo XXI ya a bordo de Internet. Esta transformación histórica no es menor: involucra un desplazamiento del eje en torno al cual construimos lo que somos. Ese núcleo del yo que solía considerarse oculto e impalpable, situado dentro de cada individuo, pasó a plasmarse en la superficie del cuerpo y en todo aquello que los demás pueden ver: comportamientos, gestos, estilos, actitudes. Aquella verdad que estaba hospedada en las entrañas invisibles de cada uno, ahora se proyecta a flor de piel y en el brillo de las pantallas. En consecuencia, la mirada ajena ganó un peso enorme al definir quién es cada uno y cuánto vale, juzgándolo siempre por lo que se ve. * Antropóloga (UBA). Profesora de la Universidad Federal Fluminense de Río de Janeiro. Entre otros libros, publicó “La intimidad como espectáculo” (2008). ---------------------------------------------------- Un estudiante perdió su pasantía en Facebook por crear una aplicación para localizar a las per-sonas a través de Messenger. 14-08-2015 Aran Khanna fue despedida luego de crear Marauder’s Map Como Mark Zuckerberg, Aran Khanna era un estudiante inquieto de Harvard y, como a él, se le ocurrió diseñar una aplicación (Marauder’s Map, (El mapa del merodeador, en castellano) como el nombre del mapa de la saga de Harry Potter); pero a diferencia del creador de Facebok, nunca llegó a poner un pie en la red social. Mientras esperaba para comenzar su pasantía en la empresa de Zuckerberg, Khanna desarrolló una extensión para Chrome en base a una falla básica en el Facebook Messenger: el servicio compartía automáticamente la ubicación geográfica desde donde las personas enviaban los mensajes, más allá de si la gente fuera amiga o no en la red social. Por lo tanto, prácticamente cualquiera podía acceder a esa información, incluso aquellos que no eran amigos en la plataforma. El mapa de Khanna, podía detectar con un margen de error menor a un metro el lugar desde donde los mensajes eran enviados.