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Registrate y eliminá la publicidad! Jorge Luis Borges (1899–1986) Funes El Memorioso (Artificios, 1944; Ficciones, 1944) Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzador. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo —género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño: Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres; “Un Zarathustra cimarrón y vernáculo”; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones. Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año ochenta y cuatro. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y .vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: ¿Qué horas son, Ireneo? Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro mínutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda, burlona. Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro. Me dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo, María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto. Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles. Los años ochenta y cinco y ochenta y seis veraneamos en la ciudad de Montevideo. El ochenta y siete volví a Fray Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el “cronométrico Funes”. Me contestaron que lo había volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la noticia me produjo: la única vez que yo lo vi, veníamos a caballo de San Francisco y él andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo Bernardo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores. Me dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en.la higuera del fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una, inmóvil, con los ojos cerrados; otra, inmóvil también, absorto en la contemplación de un oloroso gajo de santonina. No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latin. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, “del día siete de febrero del año ochenta y cuatro”, ponderaba los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi tío, finado ese mismo año, “había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaingó”, y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes, acompañado de un diccionario “para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín”. Prometía devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, j por g. Al principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad Parnassum de Quicherat. y la obra de Plinio: El catorce de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente, porque mi padre no estaba “nada bien”. Dios me perdone; el prestigio de ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a todo Fray Bentos la contradicción entre la forma negativa de la noticia y el perentorio adverbio, la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor. Al hacer la valija, noté que me faltaban el Gradus y el primer tomo de la Naturalis historia. El “Saturno” zarpaba al día siguiente, por la mañana; esa noche, después de cenar, me encaminé a casa de Funes. Me asombró que la noche fuera no menos pesada que el día. En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non usdem verbis redderetur auditum. Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. Me senté; repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo, ahora, al más dificil punto de mi relato. Este (bueno es que ya lo sepa el lector) no tiene otro argumento que ese diálogo de hace ya medio siglo. No trataré de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche. Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles. Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como 1a vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoría, señor, es como vacíadero de basuras. Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo. Esas cosas me dijo; ni entonces ni después las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos in—mortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo. La voz de Funes, desde la oscuridad, seguía hablando.. Me dijo que hacia 1886 había discurrido un sistema original de numeración y que en muy pocos días había rebasado el veinticuatro mil. No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele. Su primer estímulo, creo, fue el desagrado de que los treinta y tres orientales requirieran dos signos y tres palabras, en lugar de una sola palabra y un solo signo. Aplicó luego ese disparatado principio a los otros números. En lugar de siete mil trece, decía (por ejemplo) Máximo Pérez; en lugar de siete mil catorce, El Ferrocarril; otros números eran Luis Melián Lafinur, Olimar, azufre, los bastos, la ballena, gas, 1a caldera, Napoleón, Agustín vedia. En lugar de quinientos, decía nueve. Cada palabra tenía un signo particular, una especie marca; las últimas muy complicadas... Yo traté explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario sistema numeración. Le dije decir 365 tres centenas, seis decenas, cinco unidades; análisis no existe en los “números” El Negro Timoteo o manta de carne. Funes no me entendió o no quiso entenderme. Locke, siglo XVII, postuló (y reprobó) idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez. Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferir el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucios y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente. Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra. Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce, más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles. Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar. 1942 Fuente
Registrate y eliminá la publicidad! UNA HORA CON ROQUE DALTON Entrevista con Mario Benedetti Entrevista publicada en Marcha, 28 de febrero y 7 de marzo de 1969. Reproducida también en: Mario Benedetti: Cuaderno cubano Montevideo: Arca, 1969, pp. 113-132 Roque Dalton (El Salvador, 1935-1975) El jurado de poesia del Premio Casa de las Américas (integrado por Efrain Huerta, de México: José Agustín Goytisolo, de España; Antonio Cisneros, de Perú: René Depestre, de Haití: y Roberto Fernández Retamar, de Cuba) tuvo que elegir entre 221 participantes. La decisión fue sin embargo unánime, y premió, no sólo a uno de los poetas más vitales y removedores de América Latina, sino también a uno de los que mejor han sabido conjugar el compromiso político con el rigor artístico. Roque Dalton (autor de La taberna y otros poemas) nació en San Salvador, El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Estudió antropología y derecho. Es miembro del PC salvadoreño desde los 22 años; fue dirigente estudiantil y periodista, participando activamente en la política de su país. En varias oportunidades ha estado preso por su actividad revolucionaria, y en 1961 fue expulsado de El Salvador por el gobierno militar. Posteriormente ingresó varias veces en forma clandestina. En 1964 fue nuevamente apresado, pero esta vez consiguió fugarse. En los últimos años ha residido en Checoeslovaquia y Cuba. Su obra poética y ensayistica ha sido traducida a doce idiomas. Ha publicado tres libros de poemas: La ventana en el rostro, 1961; El turno del ofendido, 1963; Los testimonios, 1964. MARIO BENEDETTI: ¿Cómo caracterizarías la trayectoria de tu poesía? ROQUE DALTON: Al igual que un gran número de poetas latinoamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional. El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político, para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria, sino que precisaba un análisis más profundo. Esto me obligó a ir cargando mi poesía de anécdotas, de personajes cada vez más individualizados. De ahí provienen ciertos aspectos narrativos de mi poesía, aunque, llegado a determinada altura, tampoco resultaron suficientes y debieron ser sustituidos por una suerte de racionalización de los acontecimientos. Viene entonces mi poesía más ideológica, más cargada de ideas. MB:En esta etapa precisa ¿usas también la poesía de personajes? RD: Sí, la sigo usando. Por ejemplo, el libro premiado está cargado de personajes. A veces se da el caso de que los personajes opinen en contra de lo que yo pienso. Eso lo hago para establecer una contradicción dialéctica, en el seno de la expresión poética. El lector es quien puede resolverla. MB: ¿Y la zona subjetiva? RD: También existe, por supuesto. Incluso para enfrentar la historia hay expresiones de ese tipo: simplemente opiniones que surgen de una apreciación subjetiva de la realidad. MB: ¿Cómo calificarías La taberna y otros poemas con respecto a tu obra anterior? ¿Continuidad o ruptura? RD: Yo diría que ambas cosas. Desde el punto de vista del desarrollo de la expresión, es continuidad. Ahí están presentes la poesía de personajes, la índole narrativa, la utilización de la anécdota, etc. Pero es también ruptura en la medida en que plantea, y acentúa de una manera nueva, la expresión política, llevando así el conflicto a lo ideológico, y rompiendo con una serie serie de estructuras caducas del movimiento revolucionario en el que de algún modo estoy inmerso. MB: Tengo entendido que el primer título fue “Poemas problemas”. RD: Exactamente. Ese título tenía para mí dos significados: por una parte, yo estaba entonces influido por el movimiento de poesía concreta y quería jugar un poco con la tipografía (ahora la poesía concreta ha dejado de interesarme como juego tipográfico): fíjate que la palabra problemas sólo tiene tres letras más que la palabra poemas. Aparte de eso, reflejaba, desde el punto de vista del contenido, la esencia de lo que yo quería expresar en este libro, es decir: poemas que, al sumergirse en la lucha ideológica, se convertían ellos mismos en problemas. MB: ¿Y por qué le cambiaste el título? RD: La situación planteada en el libro es verdaderamente problemática: acentuarla más aún desde el título, hubiera sido repetitivo, tautológico. MB: Creo que el gran poema del libro es el titulado “Taberna”. También fue el que más impresionó a los jurados, a pesar de su inusual extensión. ¿Cuál fue su génesis? RD: “Taberna” es virtualmente una crónica de los esquemas mentales de un sector importante de la juventud checa, en los años 1966 y 1967. El método de trabajo fue el siguiente: hay en Praga una taberna muy famosa, una cervecería que data del siglo XIII, llamada Ufleku, donde se reúne la juventud checa a beber cerveza y a conversar; también concurren muchos extranjeros residentes en Praga. En varias oportunidades, escuché allí trozos de conversaciones; eran de tal interés (sobre todo si se considera el marco en que se daban: un país socialista, a veinte años de revolución) que me impulsaron a tomar apuntes. De pronto me di cuenta de que eso era un material sociológico y que yo estaba efectuando una suerte de furtiva encuesta acerca de toda una ideología. Confieso que empecé sin propósitos demasiado definidos, simplemente ordenando lo que recogía; luego pensé que el posible mérito era la propia existencia de ese material, y que el trato más adecuado debía ser una rigurosa objetividad. Me decidí entonces a construir un poema, debido a que las expresiones recogidas tenían suficiente calidad literaria; un poema en el que fuera posible introducir aquellas expresiones, dejando que por sí mismas construyeran sus posibilidades de conflicto. Las yuxtapuse y les di algún tipo de montaje, pero sin intención de jerarquizarlas entre sí. Algo así como un poema-objeto; sin embargo, la carga política era tal, que dejó de ser un poema-objeto para convertirse en algo eminentemente político. MB: Desde un punto de vista formal ¿qué diferencia hay entre el procedimiento que utilizaste y el corrientemente usado por etnólogos o antropólogos? Pienso en Oscar Lewis, o, para mencionar un ejemplo cubano, en Miguel Barnet. RD: En el caso de Barnet, había un propósito original. No hay que olvidar que Miguel tiene formación científica y trabajó con la intención de reconstruir un período de la historia cubana. En cambio, mi punto de partida fue mucho más ingenuo. Yo partí del asombro político que, como comunista extranjero en Praga, experimenté al enfrentarme con un panorama ideológico que no esperaba encontrar en un país que llevaba veinte años de socialismo. Además, la experiencia del socialismo que yo tenía era la cubana, donde el sentido ele lo heroico, el fervor de la revolución, el orgullo de ser comunista y revolucionario, eran desde luego el pan de cada día para la juventud; en cambio, la problemática planteada por los jóvenes praguenses, era una mescolanza de misticismo, religiosidad, anticomunismo, esnobismo, nihilismo; o sea una cantidad de formas ideológicas que el imperialismo exporta para el consumo de los pueblos que él mismo se encarga de oprimir. MB: Ya sé que hay inevitables distorsiones de la memoria, y no me refiero a ellas cuando te hago la pregunta: ¿nunca pusiste en boca de los jóvenes alguna expresión inventada? RD: Prácticamente no inventé nada. Claro que en la labor ele montaje hubo algunos giros complementarios. Y eso daba la continuidad de un pensamiento a otro. A veces, ante la perspectiva de que un pensamiento pudiera ser mejor entendido con el agregado de una metáfora, hice anotaciones en ese sentido. Por ejemplo, hay un momento en que hablan de Africa en una forma un poco despectiva. Entonces construyo una metáfora cam gala de ese contenido de menosprecio, y pongo en boca de uno de los muchachos estas palabras: “Africa, ese mercado negro”. Nadie las dijo nunca en la taberna, pero son un afinamiento de lo que querían decir. MB: La sección checa del libro ¿fue escrita antes o después de los acontecimientos de agosto de 1968? RD: Fue escrita en los años 1966 y 1967, o sea cuando viví en Praga. MB: Me parece importante destacarlo, porque los sucesos de 1968 pueden cargar tus poemas de un sentido muy particular. RD: Desde luego. Mis poemas representan la visión de un latinoamericano, en esos aros, o sea cuando se estaban gestando muchos de los conflictos de hoy. La parte checa es la sección final del libro. La parte intermedia es una visión de mi país, a partir de una mirada extranjera. Otra vez una poesía de personajes. Pongo a hablar a los integrantes de una familia inglesa, muy decadente y aristocrática, que llega a El Salvador con el objeto de rehacer su fortuna, perdida en Inglaterra, y que se enfrenta a las condiciones de un país subdesarrollado, con la actitud de la aristocracia inglesa venida a menos. Tuve noticias de esa familia por expresiones que le oí a mi padre (quien, como sabes, era norteamericano), refiriéndose a la total incomprensión con que esos ingleses miraban el país. Esbocé esos personajes melancólicos, y construí una serie de poemas que son una manera de reirnos los latinoamericanos de la visión que de nosotros tienen los europeos. Por último, y ya que seguimos un orden inverso, la parte introductoria del libro está compuesta por una colección de poemas sin mayor unidad, acerca de temas varios. MB: Y la línea amorosa, que ha sido bastante importante en tu poesía, ¿prosigue en este libro? RD: Sí. Prosigue en todos los niveles; tanto en los poemas sueltos, donde hay problemas amorosos personales, como en los referentes a la familia inglesa, donde se tiene en cuenta el conflicto amoroso decadente. Por último, están presentes algunos aspectos del amor en el seno de una sociedad socialista, cuando el amor y la sociedad se enfrentan desde el punto de vista de una conciencia deformada. Es el caso de la decantación del amor sobre la base de una vida común, cimentada en falsos valores. Hay un poema que se titula “Historia de un amor” y que está integrado por una serie de documentos sobre el destino trágico de una pareja, formada por un extranjero y una muchacha checa que se casan en Praga y empiezan a vivir falsamente el socialismo; finalmente, el matrimonio se destruye de la manera más burguesa posible. MB: Por los fragmentos que conozco de tu libro, y por lo que ahora me cuentas, veo que podría ser considerado como poesía comprometida. Ahora bien, ¿qué sentido le das al compromiso? RD: Me parece que para nosotros latinoamericanos ha llegado el momento de estructurar lo mejor posible el problema del compromiso. En mi caso particular, considero que todo lo que escribo está comprometido con una manera de ver la literatura y la vida a partir de nuestra más importante labor como hombres: la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Sin embargo, no debemos dejar que este concepto se convierta en algo abstracto. Yo creo que está ligado con una vía concreta de la revolución, y que esa vía es la lucha armada. A este nivel, entiendo que nuestro compromiso es irreductible, y que todos los otros niveles del compromiso teórico y metodológico de la literatura con el marxismo, con el humanismo, con el futuro, con la dignidad del hombre, etc., deben discutirse y ampliarse, a fin de aclararlos para quienes van a realizar prácticamente ese compromiso en su obra y en su vida; pero en nosotros, escritores latinoamericanos que pretendemos ser revolucionarios, el problema del compromiso de nuestra literatura debe concretarse hacia una determinada forma de lucha. MB: Dentro de esa acepción ¿qué lugar dejas a aquellos autores que escriben cuentos fantásticos, o cuentos realistas no referidos a una concreta realidad política, y que en su actitud personal tienen en cambio una militancia? RD: No creo que este problema se resuelva a nivel de géneros. Un combatiente revolucionario puede hacer magnífica literatura inmediatista, e incluso panfletaria si le viene en gana o si las necesidades de la lucha cotidiana así se lo exigen; pero también sirve a la revolución si es un excelente escritor de ciencia-ficción, ya que la literatura, entre otras funciones, cumple la de ampliar los horizontes del hombre. En la medida en que el pueblo puede captar los significados, últimos o inmediatos, de una gran literatura de ficción, estará más cerca de nuestra lucha, y más todavía si es capaz de analizar la enajenación que el enemigo le impone. Por eso no vemos razones para plantear la obligación de que el escritor militante se reduzca genérica o temáticamente a una línea muy estrecha. Partamos mejor del otro extremo, o sea de su actitud ante la lucha revolucionaria. Una vez que este problema está resuelto, el asunto de los géneros y del rumbo literario servirán para enriquecer la línea revolucionaria que ha escogido en su vida. Por otra parte, y tal como lo cita la última declaración del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas, en la lucha de clases se cumple también el papel de arrebatarle a la burguesía el privilegio de la belleza, como lo sostiene Regis Debray. En el terreno literario, las relaciones entre la militancia y la literatura como resultado de la creación de un revolucionario, sólo pueden ser positivas. Hay otro terreno en el que sí podría haber conflicto, y es a nivel ideológico. En la medida en que, a través de la literatura, se plantearan ideológicamente posiciones que estuvieran en contradicción con la militancia revolucionaria, se originaría un conflicto, del cual no tiene culpa la literatura corno tal; se trataría más bien de un problema ideológico del escritor. Ahí es donde cabe situar el problema de las famosas “desgarraduras” entre el poeta y el militante político, cuando ambos son la misma persona. “Desgarradura” es un término que se ha acuitado para ocultar que se trata de nn problema ideológíco; si se le quiere seguir llamando así, habrá que decir que se trata de una desgarradura ideológica, y que por tanto debe solucionarse a nivel ideológico. MB: En tu caso personal, ¿ha habida conflicto entre tu militancia política y tu calidad de escritor? RD: En alguna ocasión me han preguntado eso, y muy a la ligera he dicho que no. Lo que he querido decir es que para mi ha sido posible estructurar mi obra poética en el seno de una vida de militancia política, o sea que me acostumbré a escribir en la clandestinidad, en condiciones difíciles. Pero evidentemente existe otro nivel, He tenido conflicto cuando he tenido problemas ideológicos. Cada vez que he experimentado una desgarradura, ha sido porque se me planteaba una contradicción entre una posición política y una posición ideológica expresada en mi literatura. En la medida en que pude superar mis debilidades en este terreno, di pasos hacia adelante; en la medida en que no los pude superar, tengo aún conflictos. Hay una serie de aspectos de la revolución, muchos de ellos planteados a escala mundial, frente a los cuales yo posiblemente no tengo conceptos muy claros, y por lo tanto siento que me afectan; pero, como te decía antes, son cuestiones absolutamente resolubles en el plano ideológico. MB: Como sabes, hace tiempo que me vienen preocupando los problemas derivados de las relaciones entre el intelectual y el socialismo, entre el escritor y la revolución. Muchas veces juzgamos esa relación en base a prejuicios pequeñoburgueses y a un concepto liberal de ciertas palabras claves; también en otras épocas fueron propuestos como soluciones ciertos métodos relacionados con el stalinismo. Personalmente creo que la verdadera solución no está en ninguno de esos planteos. Quizá debamos crear una nueva relación entre el escritor y la revolución. O acaso inventarla. Me gustaría conocer tu opinión sobre esto. RD: Bueno, tú partes de realidades concretas que nos ahorran definiciones. Por un lado, prejuicios pequeñoburgueses que se interponen entre el escritor y las instituciones del socialismo, entre el artista y la revolución en el poder; y por otra parte las metodologías, destinadas a resolver este tipo de relaciones, que otorgara el stalinismo en el pasado. Creo también que usaste una palabra justa para hacer la proposición: hablaste de inventar nuevos métodos y nuevos contenidos en la relación del escritor con el socialismo institucionalizado. Desde luego, se trata de una labor muy amplia, que debe ser de invención común, en la cual participen los creadores, los hombres de cultura, el Estado, las instituciones del socialismo, pero todos en relación con el pueblo, que en definitiva es el destinatario último y el productor primario de toda la materia cultural, en cuya elaboración no somos sino intermediarios. En las grandes perspectivas de esta invención no deben por lo tanto interponerse proposiciones según las cuales los creadores seamos simples dictadores de viejas opiniones, ni tampoco que se introduzcan por algún resquicio los métodos stalinistas que sentaron jurisprudencia para resolver determinados problemas en este terreno. La cuestión es verdaderamente profunda y tiene que ver con los fines últimos de la revolución. En la actualidad hay que darle particular importancia a este problema; todos estamos obligados a participar en su solución, así como a iniciar la discusión con un nuevo estilo, dispuestos a llamar a los problemas por su nombre y a no perder jamás la objetividad. Debemos hacerlo con un criterio revolucionario, marxista, científico, apegado a la experiencia histórica y a las perspectivas concretas del futuro, tal como se trabaja cuando se planifica una zafra, la apertura de una nueva rama industrial o las relaciones internacionales de un Estado. Entiendo que podemos ver estas posibilidades con optimismo. En nuestros paises, sobre todo en el lugar donde el socialismo se ha encarnado realmente en nuestro hemisferio (me refiero a Cuba), se abren reales posibilidades de una instauración de nuevas relaciones y de inventarlas con audacia (precisamente la audacia ha sido una característica de esta revolución), con la mirada puesta en América Latina, ya que Cuba es el inicio de la revolución latinoamericana. MB: Mencionaste la dimensión histórica, y también la audacia de la experiencia cubana. Me parece que si a esa audacia agregamos una modestia verdadera por parte del creador, tal vez encontremos los elementos para resistir a dos de las más riesgosas tentaciones que padece hoy el intelectual: ser fiscal de la historia, o ser víctima de ella. RD: Tocas un problema importante. Los intelectuales tendríamos que concurrir a la elaboración del nuevo tipo de relaciones entre el artista y la revolución, con absoluta conciencia de ese tipo de peligros. La última experiencia histórica nos demuestra que, precisamente por nuestras debilidades ideológicas, por nuestros prejuicios pequeñoburgueses, por el tipo de sociedad en la que hemos estado inmersos y que tanto nos ha deformado, tratamos de preservar nuestra individualidad hasta territorios que contradicen las raíces mismas de nuestros ideales humanistas. ¿Qué les ha pasado a los grandes poetas que han tratado de convertirse en fiscales intocables de la vida pública, o a los escritores que, en nombre de una supuesta libertad intocable, tratan de convertirse en víctimas de la historia? A pesar de lo conmovedores que puedan parecernos sus avatares, debemos reconocer que uno a uno han ido cayendo y han terminado por incorporarse, muchas veces a pesar suyo, a la gran industria del espectáculo editorial, del gran show editorial que, detrás de su apariencia luminosa, tiene intereses concretos que pueden responder al enemigo. Cuando una personalidad que maneja los problemas de la conciencia, de la historia, de la cultura, y que muchas veces ha sido portavoz de grandes inquietudes de nuestras masas, cuando un poeta a quien el pueblo le ha dado su calor, cae n la industria del espectáculo a que aludo, se convierte de inmediato en un elemento más de la enajenación de nuestras masas populares y por lo tanto pasa a cumplir una labor histórica francamente negativa, reaccionaria. Ninguno de nosotros esta libre de caer en ese riesgo, y por eso la vigilancia sobre nosotros mismos y sobre nuestros compañeros debe mantenerse, en un sentido revolucionario, a pesar de que los evidentes errores cometidos en el pasado por parte de instituciones de estados socialistas, nos pongan muchas veces en guardia contra ciertas palabras. Estamos entre revolucionarios y dejaríamos de serlo en el momento en quo entregásemos las armas de la crítica; pero no simplemente corno escritores, sino también como ciudadanos de un país, como revolucionarios de fila. Además, como escritores, tenemos derecho a la crítica, y a plantear los problemas en el nivel que sea, y con la profundidad que nos imponga nuestra conciencia. Sin embargo, debemos estar vigilantes con respecto a la otra situación: seamos responsables ante nosotros mismos de esos peligros que tú has señalado, en la medida en que estemos dispuestos a no ofendernos por llamarnos servidores de nuestros pueblos. Si hay escritores a quienes les parece denigrante servir al pueblo, francamente no vale la pena que hablemos de ellos. MB: Así como decíamos que conviene estudiar la relación entre el escritor y el socialismo, dentro de un estado socialista, creo que también deberíamos estudiar los problemas derivados de la presencia de un escritor revolucionario dentro de una sociedad de impronta capitalista, o sea dentro de un mercado de consumo. RD: Cuando apuntábamos que un escritor inserto en un país socialista puede caer en la tentación de la industria mundial del espectáculo editorial, o sea la industria que persigue la enajenación de las masas populares, estábamos señalando un peligro real pero también excepcional. En cambio el escritor que trabaja en el mundo capitalista, vive inmerso n una situación presidida por un gran aparato que por lo general está al servicio de la ideología del enemigo, y por lo tanto corre el riesgo de convertirse en su víctima inmediata. Aun el escritor que se rebela, aun el escritor que es digno de su papel y lucha contra la enajenación, puede ser una víctima de ese aparataje y ser aludido desde diferentes niveles. MB: Algo así como una “operación seducción”. RD: O una “operación soborno”, que incluye maniobras destinadas a dotarlo de, una buena conciencia a pesar de las concesiones que poco a poco se le puedan arrancar. Todo está destinado a un fin último: asimilarlo al gran aparato de enajenación, montado en contra de nuestras masas populares. MB: El mero hecho de neutralizarlo, ¿no es acaso un buen dividendo para el enemigo? RD: Desde luego, en este aspecto el enemigo ejerce una acción cotidiana, costosísima, que se manifiesta en todos los órdenes de la vida cultural: ediciones lujosas, excelente promoción del libro, gloria efímera, la posibilidad de convertirse en una suerte de prostituta intelectual, muy bien pagada, o un payaso simpático, al servicio de los intereses más inconfesables, aunque a veces, en los mejores y más inocentes de los casos, no se tenga conciencia de ello. Lo que me produce preocupación es que tales maniobras de seducción alcancen a muchos de nuestros compañeros y que éstos no adviertan que al caer en la falta de seriedad, en la payasada, o en, las concesiones directas al enemigo, están contribuyendo a crear en los pueblos la imagen de que al intelectual promedio sólo le interesa la frivolidad, la publicidad, la tontería. MB: Por eso mencionaba la modestia. Dentro de la operación-seducción, uno de los elementos que mejor maneja el enemigo es un fino tratamiento de la vanidad. Frente a la modestia verdadera, una modestia que es también orgullo, el imperialismo se siente desarmado. Ahora, volviendo a tu poesía,, ¿cómo crees que este libro que acaba de ser premiado, y tu poesía en general, se insertan en la literatura salvadoreña? RD: Los orígenes culturales de mi producción, y el hecho de tratar, por medio de la literatura, de volver a mi país, con una visión tal vez enriquecida por la experiencia del exilio, son en realidad contribuciones de mi país a lo que yo hago. Hay además ciertos esquemas mentales, ciertas estructuras de lenguaje, que desde luego son absolutamente salvadoreñas. Pero en lo que se refiere a mi obra poética, no creo que sea continuación, o que haya recibido influencia decisiva, de quienes han escrito poesía en El Salvador. Por el contrario, en un porcentaje bastante alto he partido de un rechazo con respecto a la poesía que anteriormente se había escrito en mi país, poesía muchas veces inofensiva, que rara vez ha ido al fondo. Y esto no es sólo una apreciación personal, sino que es también lo que dice la crítica salvadoreña respecto de lo que allí se conoce de mi poesía. Precisamente se ha señalado su carácter de ruptura. MB: ¿De cuál de los nuevos poetas salvadoreños te sientes más cerca? RD: Fundamentalmente, de Manlio Argueta. Es un poeta de mi edad, que por cierto se ha convertido últimamente en un novelista muy valioso. La poesía de Argueta está dentro de una línea muy renovadora: es desenfadada, de gran amplitud temática. Hay también un muchacho nuevo, muy joven: Alfonso Quijada. No ha publicado ningún libro, pero conozco poemas sueltos que revelan un auténtico talento. También un poeta católico, David Escobar Galindo, muy joven también pero con grandes posibilidades de desarrollo. Y desde luego, Roberto Armijo, de mi promoción: no sólo como poeta, también como ensayista nos ha ayudado mucho a todos en el planteo de problemas sobre nuestra cultura nacional. MB: Está asimismo tu inserción en la. poesía latinoamericana actual. Alguna vez escribí que había dos familias de poetas latinoamericanos, la familia. Neruda y la familia Vallejo. ¿A cuál de ellas sientes que perteneces? RD: Mira, yo quisiera ser uno de los nietos de Vallejo. Con la familia Neruda no tengo nada que ver. Hemos roto nuestras relaciones hace tiempo. De todos aquellos que surgimos impulsados por el clima de Vallejo (aunque a esta altura no sé si quedará algún rastro en nuestra expresión formal), descarnado y humano, me siento cerca de poetas latinoamericanos como Juan Gelman, Enrique Lihn, Fernández Retamar, Ernesto Cardenal. MB: Y aparte de los latinoamericanos, ¿cuáles son tus poetas mayores? RD: Tal vez un grupo de poetas franceses, muy disímiles entre sí. De cada uno he tomado algo. Pienso en Henri Michaux, Jacques Prevert, y (a pesar de que nadie me crea) Saint John Perse. Los leí casi simultáneamente y ejercieron una notable influencia sobre mí. También algunos poetas de lengua inglesa, como Eliot o Pound. Sin embargo, creo que mi poesía, sobre todo a partir de El turno del ofendido, se nutrió de otros géneros en mayor grado que de la poesía. Por ejemplo: la novela, el cuento, y hasta el cine. Conscientemente traté de propiciarme climas generadores de una actividad poética. MB: ¿Y cuáles serían esos novelistas? RD: En el caso de El turno del ofendido, hay conexión (testimoniada a veces por epígrafes) con la novelística de Faulkner, e incluso con la de Hemingway, a pesar de que por su sequedad no parece el más indicado para darle a uno aliento poético. Quizá ello se haya debido a que ya por ese entonces me estaba orientando hacia una poesía de ideas, y lo que encontraba en los novelistas eran precisamente ideas. Creo que ésa fue la mecánica de la influencia. Y luego la novela latinoamericana, con la que me he sentido especialmente a gusto en los últimos tiempos. Aquellos escritores que hicieron novela en tanto poetas, como es el caso de mi ex-amigo Miguel Angel Asturias, nunca ejercieron influencia sobre mí. Yo leía las novelas de Asturias como grandes poemas surrealistas. Distinta es la relación con los novelistas actuales. Para mí ha sido muy estimulante la novelística de Julio Cortázar, con la cual siempre me entendí muy bien. Sobre todo porque Cortázar tiene una literatura de infancia, que de algún modo se unía con mis vivencias. A pesar de haber nacido en El Salvador, yo crecí en la órbita del fútbol, de El Gráfico, Borocotó, Rico Tipo, César Bruto, etc.; así que pude comprender muy bien esa zona del mundo Cortázar. MB: ¿Qué importancia han tenido, para tu vida y para tu obra, tus prolongadas residencias en Cuba? RD: La experiencia cubana ha sido para mí decisiva en muchos aspectos. Creo que ha sido la experiencia más importante de mi vida. Al principio, porque fue la primera ocasión que tuve de vivir la construcción del socialismo. En las temporadas inolvidables de 1962 y 1963, tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado que nuestros pueblos pequeños pueden ser capaces de un destino mundial extraordinario. Como poeta, fue en Cuba donde adquirí conciencia de lo que significa escribir en serio, de ser (para emplear una palabra ya vieja) un escritor profesional, alguien que escoge la literatura como oficio. No se si ello aconteció porque era simplemente un nivel de desarrollo o porque aquí se dieron las condiciones de libertad (material y espiritual) imprescindibles para poder expresar toda una gama de problemas que nunca hubiera podido encarar en mi país. Cuba sigue siendo una experiencia definitiva y definitoria para mí, ya que luego me fue posible vivir en otros sectores del socialismo, y por consiguiente comparar, sacar mis conclusiones, y en ese sentido Cuba ha servido para que yo organizara mejor mis propósitos acerca de la revolución en América Latina y concretamente en mi país. Ha sido la vivencia cubana la que me ha dado los elementos fundamentales para tomar una perspectiva, un distanciamiento (para decirlo a la manera brechtiana) por cierto muy útil para apreciar el problema concreto de la revolución en mi país. MB: El premio Casa ha tenido este año un colorido especial que lo diferencia de años anteriores. Por otra parte, fue mucho mayor la concurrencia de obras precedentes de América Latina ¿Crees que tales detalles tienen algo que ver con una nueva actitud del escritor latinoamericano, o con nuevos aspectos de la realidad continental? RD: En primer lugar, este nuevo colorido, este nuevo nivel de calidad revolucionaria del premio Casa, está espléndidamente sintetizado en el premio de ensayo que le fuera otorgado a Héctor Bejar, preso en las cárceles peruanas. Quiero decirte también que yo asocié muy curiosamente el premio a dos nombres: el de Regis Debray (fue en la Casa de las Américas donde nos encontramos varias veces) y el de mi querido e inolvidable hermano, Otto René Castillo, guerrillero guatemalteco, asesinado por el gobierno de su país después de haber sido capturado herido en la montaña. Los poemas de Castillo me llegaron precisamente el día siguiente a la otorgación de los premios. Por eso uno al nombre de Béjar, al de Regis Debray y al recuerdo de Otto René Castillo, el significado del premio Casa. Cuando me dices que en este año han participado más obras latinoamericanas que en años anteriores, interpreto ese hecho como una señalable radicalización de los escritores revolucionarios de América Latina, que subrayan su adhesión a Cuba debido a que ven en ella la encarnación de sus esperanzas y del futuro de sus pueblos. También es un modo indirecto de apoyar una línea política de la revolución latinoamericana: la lucha armada. Por eso me parece importante el significado del ensayo de Béjar. Según los extractos de su libro, aparecidos después del premio, Béjar (no se trata de una cita textual sirio de su sentido esencial) desde la cárcel trata de expresar que nos encontramos en un momento crucial del proceso revolucionario, y al enviar su ensayo a la Casa de las Américas, intenta subrayar la posibilidad, la urgencia, la importancia definitiva y la verdadera necesidad histórica, de impulsar y desarrollar la línea de lucha guerrillera en América Latina. MB: ¿Y qué estás preparando ahora? RD: Trabajo en un largo poema, “Los hongos”, que de alguna manera enfoca la pugna que existió en mi juventud entre la conciencia revolucionaria y la conciencia cristiana, resuelta (con una manera hasta un poco joyceana) en el centro de un colegio jesuita. Trata de ser tina larga carta a mi profesor de filosofía en ese colegio. En otro terreno, he terminado un ensayo sobre las tesis enunciadas por Regis Debray en ¿Revolución en la revolución? Ese ensayo pretende en gran parte ser una defensa y una actualización de tales tesis frente a las posiciones de ciertas organizaciones de izquierda latinoamericanas, como por ejemplo los PC argentino y venezolano. Luego lago un balance objetivo de lo que ha significado el libro de Debray para la teoría revolucionaria en América Latina, y también algunas apreciaciones críticas sobre ciertos aspectos del texto de Debray. MB: No sé si conoces el reciente libro de Jorge Abelardo Ramos, que concluye con un largo ataque a la teoría del foco y otros planteos de Debray. RD: Sí, lo conozco. Me parece un libro interesante, brillante y muy ágil. Es claro que estoy en completo desacuerdo en cuanto a sus conclusiones sobre la lucha revolucionaria y sobre la metodología de la actividad revolucionaria, no sólo porque parece evidente que el autor desconoce las realidades actuales de esa lucha a nivel continental, sino también porque hace demasiadas concesiones a su propia brillantez y a su propia ironía, olvidándose del análisis concreto de las posibilidades y de la relación entre las teorías propuestas y las realidades de nuestros países. Muchas veces se limita a dejar constancia de sus chistes. Con esa actitud no me parece que lleguemos a ninguna parte. Atacar por ejemplo el foco guerrillero, reduciéndolo a un grupo de atletas que aprenden a sobrevivir en la selva a la manera de Tarzán, me parece una reducción al absurdo de las posibilidades de una polémica seria sobre materia tan compleja. En mi libro sobre Debray tomo una posición contraria a las conclusiones de Ramos. Es curioso anotar cómo, en los hechos, hay una coincidencia casi absoluta entre las posiciones de Jorge Abelardo Ramos y las que, frente al libro de Debray, la expresado el PC argentino. También sobre éstas me permito discrepar. Por otra parte, la enajenación de Ramos al problema del anti-stalinismo, le impide alcanzar conclusiones valederas con respecto a la polémica sobre la lucha armada. Uno de los exabruptos más típicos de los planteamientos de Ramos, es su conclusión de que el foco guerrillero vendría a ser la revitalización del stalinismo en América Latina. MB: Una última pregunta. Es frecuente que en entrevistas como ésta, se concluya por preguntarle al entrevistado qué consejos daría a los escritores jóvenes. Pero yo quiero salir de esa rutina, y más bien me gustaría saber qué consejos les darías a los escritores viejos. RD: No soy amigo de dar consejos. Pero ya que me lo preguntas, me permitiría aconsejar a los escritores viejos sólo dos cosas. A los que puedan, que rejuvenezcan lo antes posible; a los que sean honestos, que sigan siéndolo, ya que de ese modo nos seguirán enseñando. Pienso en un escritor a quien conocí cuando era relativamente honesto, aunque ya bastante viejo: Miguel Angel Asturias. Ya que a esta altura no podría conseguir ni la juventud ni la absoluta honestidad, quisiera aconsejarle que renuncie a la embajada de Guatemala en París. Quizá así podría conservar por lo menos un poquito del decoro que Sartre otorgó al premio más municipal de la tierra. Fuente <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
José Martí nació en La Habana el 28 de enero de 1853, hijo de los españoles Mariano Martí y Leonor Pérez. Poeta, pensador, dramaturgo, narrador y —sobre todo— revolucionario, Martí fue arrestado, en 1869, por conspiración y por su apoyo al levantamiento del 68. En 1871 fue desterrado a España, donde aprovechó para estudiar Filosofía y Letras y Derecho. En 1875 comenzó un periplo de años de constantes viajes a México (donde se casa el 20 de diciembre con la camagüeyana Carmen Zayas Bazán), Guatemala (donde conoció a María García Granados, la famosa «Niña de Guatemala» de sus Versos sencillos) y Nueva York, tras el que regresó temporalmente a Cuba en 1878. Allí trabajó como profesor, y vio nacer a su hijo José Francisco el 22 de noviembre. En 1879 fue descubierta la conspiración que organizaba con el Movimiento, y fue desterrado de nuevo a España, para en 1880 establecerse como periodista en Nueva York, donde comenzó a contactar con militares cubanos, como el general Calixto García, y donde entró a formar parte como presidente del Comité Revolucionario Cubano. Entre 1880 y 1892, José Martí publicó más de cuatrocientas crónicas sobre Hispanoamérica, Estados Unidos y Europa. Sus crónicas aparecieron en La Nación de Buenos Aires, La Opinión Nacional de Caracas, La Opinión Pública de Montevideo, La República de Tegucigalpa, El Partido Liberal de México y Las Américas de Nueva York. En 1881 vivió en Venezuela, de donde también fue expulsado por causas ideológicas, para volver a Nueva York en 1882 y dedicarse allí a preparar la revolución final que consiguiera la independencia de Cuba: además de escribir y publicar Nuestra América el 10 de enero de 1891 en La Revista Ilustrada de Nueva York, consiguió dinero, armas, embarcaciones, entrenó a los revolucionarios, buscó apoyo internacional y mantuvo el espíritu de rebelión de los cubanos, para lo que realizó diversos viajes por países de Latinoamérica. En 1895, cuando todo estaba preparado, les fue confiscado el contingente logístico por parte del gobierno estadounidense, y contra viento y marea lograron prepararlo todo para, en mayo de 1895 Martí, junto con Máximo Gómez y otros más, desembarcar en Playitas y avanzar tierra adentro para reunirse con otras fuerzas revolucionarias. El 19 de mayo de 1895, las fuerzas revolucionarias se enfrentaron al ejército español en Dos Ríos, batalla en la que murió el 19 de mayo. Las obras de teatro de Martí (Abdala, Adúltera y Amor con amor se paga) no tuvieron mucho éxito, aunque su única novela, Amistad funesta (Lucía Jerez), introdujo los rasgos que caracterizarían a la novela modernista. Sos importantes, también, sus cuentos: aunque de tono infantial, presentan los grandes problemas de América Latina, como el racismo (en «El Padre Las Casas»), la desigualdad social, la pobreza (en «Los zapaticos de Rosa», «La muñeca negra», «Los dos príncipes»), la libertad (en «Tres héroes») y problemas universales como la bondad moral y las virtudes (en «La perla de la mora», «Cada uno a su oficio», «Nené traviesa», «El camarón encantado»), o la muerte. José Martí (1853—1895) Nuestra América (1891) Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades: ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes. A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre? ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¡Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos “increíbles” del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres! Ni ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con que elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país. Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder: y han caído, en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador. En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas. Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, vinimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la república, en hombros de los indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye en la libertad francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso, que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el edificio que había izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota de potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra, desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella, entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu. Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros —de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen—, por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos. Pero “estos países se salvarán”, como anunció Rivadavia el argentino, el que pecó de finura en tiempos crudos: al machete no le va vaina de seda, ni en el país que se ganó con lanzón, se puede echar el lanzón atrás, porque se enoja y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide “a que le hagan emperador al rubio”. Estos países se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real. Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga, en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza, coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego del triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil, de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “¿Cómo somos?” se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Dantzig. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se entra por la hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices, y alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo y rebotando, por las venas, la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de ideas. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio. De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una pomba de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista, y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa, o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre, y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad. No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza, donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras, ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la Historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas: ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno, y la unión tácita y urgente del alma continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva! Fuente

Mario Benedetti (Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó, Uruguay, 14 de septiembre del 1920) Cotidianas (1978-1979) Sin jactancias puedo decir que la vida es lo mejor que conozco. Francisco Urondo PIEDRITAS EN LA VENTANA NOCTURNO CERO La noche fácil y aparentemente sagrada o mejor dicho el abismo de la noche no es como otros abismos tiene fondo su tálamo de niebla o relente o fango acoge escarabajos desamparados ronquidos de mal tiempo sobornables insomnios labios absueltos que se reconcilian todas las resonancias del silencio y las noticias de la lóbrega todas las alegrías inoportunas y los presagios confirmados caen como gotas de sudor o rocío en el abismo con fondo de la noche son demasiados alumbrones y furias por esta sola vez el abismo tiene no sólo fondo sino espesas modorras así que aprovecho el bostezo universal para instalarme en sus fauces y sentir cómo la niebla el relente o el fango pasan sobre mis párpados los borran. PIEDRITAS EN LA VENTANA a roberto y adelaida De vez en cuando la alegría tira piedritas contra mi ventana quiere avisarme que está ahí esperando pero me siento calmo casi diría ecuánime voy a guardar la angustia en un escondite y luego a tenderme cara al techo que es una posición gallarda y cómoda para filtrar noticias y creerlas quién sabe dónde quedan mis próximas huellas ni cuándo mi historia va a ser computada quién sabe qué consejos voy a inventar aún y qué atajo hallaré para no seguirlos está bien no jugaré al desahucio no tatuaré el recuerdo con olvidos mucho queda por decir y callar y también quedan uvas para llenar la boca está bien me doy por persuadido que la alegría no tire más piedritas abriré la ventana abriré la ventana. OTRO CIELO la stranezza di un cielo che non e il two Cesare Pavese No existe esponja para lavar el cielo pero aunque pudieras enjabonarlo y luego echarle baldes y baldes de mar y colgarlo al sol para que se seque siempre te faltaría un pájaro en silencio no existen métodos para tocar el cielo pero aunque te estiraras como una palma y lograras rozarlo en tus delirios y supieras por fin cómo es al tacto siempre te faltaría la nube de algodón no existe un puente para cruzar el cielo pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla a fuerza de memoria y pronósticos y comprobaras que no es tan difícil siempre te faltaría el pino del crepúsculo eso porque se trata de un cielo que no es tuyo aunque sea impetuoso y desgarrado en cambio cuando llegues al que te pertenece no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar pero estarán el pájaro y la nube y el pino. ESA BATALLA ¿Cómo compaginar la aniquiladora idea de la muerte con ese incontenible afán de vida? ¿cómo acoplar el horror ante la nada que vendrá con la invasora alegría del amor provisional y verdadero? ¿cómo desactivar la lápida con el sembradío? ¿la guadaña con el clavel? ¿será que el hombre es eso? ¿esa batalla? GRILLO CONSTANTE Mientras aquí en la noche sin percances pienso en mis ruinas bajo a mis infiernos inmóvil en su dulce anonimato el grillo canta nuevas certidumbres mientras hago balance de mis yugos y una muerte cercana me involucra en algún mágico rincón de sombras canta el grillo durable y clandestino mientras distingo en sueños los amores y los odios proclamo ya despierto implacable rompiente soberano el grillo canta en nombre de los grillos la ansiedad de saber o de ignorar flamea en la penumbra y me concierne pero no importa desde su centímetro tenaz como un obrero canta el grillo. LOS LUGARES COMUNES Con dos miradas miro dos paisajes aquí el fragor labrado surco a surco allá los pastoreos coloniales aquí los mangos de oro y sol allá los duraznos de felpa aquí los flamboyanes persuasivos allá los pinos de la niebla aquí la tarde llueve como un rito allá manda el pampero por separado son los lugares comunes del paisaje pero si están contiguos en mi doble mirada son lugares más bien extraordinarios. ESTADO DE EXCEPCIÓN Una ensenada sólo vista en postales una región perpleja del recuerdo una fruta escasísima y sabrosa un suburbio que ya no se frecuenta una paloma absorta en los pretiles un andante para cigarra y piano una puesta de sol sin helicópteros una humareda en algún campo lejos transparencias después del aguacero hechuras y siluetas probablemente arcaicas de la tranquilidad ese diáfano estado de excepción al que nos vamos desacostumbrando. DE ÁRBOL A ÁRBOL a ambrosio y silvia Los árboles ¿serán acaso solidarios? ¿digamos el castaño de los campos elíseos con el quebracho de entre ríos o los olivos de jaén con los sauces de tacuarembó? ¿le avisará la encina de westfalia al flaco alerce del tirol que administre mejor su trementina? y el caucho de pará o el baobab en las márgenes del cuanza ¿provocarán al tin la verde angustia de aquel ciprés de la mission dolores que cabeceaba en frisco California? ¿se sentirá el ombú en su pampa de rocío casi un hermano de la ceiba antillana? los de este parque o aquella lloresta ¿se dirán copa a copa que el muérdago otrora tan sagrado entre los galos ahora es apenas un parásito con chupadores corticales? ¿sabrán los cedros del líbano y los caobos de corinto que sus voraces enemigos no son la palma de camagüey ni el eucalipto de tasmania sino el hacha tenaz del leñador la sierra de las grandes madereras el rayo como látigo en la noche? COTIDIANA 1 La vida cotidiana es un instante de otro instante que es la vida total del hombre pero a su vez cuántos instantes no ha de tener ese instante del instante mayor cada hoja verde se mueve en el sol como si perdurar fuera su inefable destino cada gorrión avanza a saltos no previstos cómo burlándose del tiempo y del espacio cada hombre se abraza a alguna mujer como si así aferrara la eternidad en realidad todas estas pertinacias son modestos exorcismos contra la muerte batallas perdidas con ritmo de victoria reos obstinados que se niegan a notificarse de su injusta condena vivientes que se hacen los distraídos la vida cotidiana es también una suma de instantes algo así como partículas de polvo que seguirán cayendo en un abismo y sin embargo cada instante o sea cada partícula de polvo es también un copioso universo con crepúsculos y catedrales y campos de cultivo y multitudes y cópulas y desembarcos y borrachos y mártires y colinas y vale la pena cualquier sacrificio para que ese abrir y cerrar de ojos abarque por fin el instante universo con una mirada que no se avergüence de su reveladora efímera insustituible luz. SOY UN CASO PERDIDO DE LO PROHIBIDO Prohibidos los silencios y los gritos unánimes las minifaldas y los sindicatos artigas y gardel la oreja en radio habana el pelo largo la condena corta josé pedro varela y la vía láctea la corrupción venial el pantalón vaquero los perros vagos y los vagabundos también los abogados defensores que sobrevivan a sus defendidos y los pocos fiscales con principio de angustia prohibida sin perdón la ineficacia todo ha de ser eficaz como un cepo prohibida la lealtad y sobretodo la tristeza esa que va de sol a sol y claro la inquietante primavera prohibidas las reuniones de más de una persona excepto las del lecho conyugal siempre y cuando hayan sido previa y debidamente autorizadas prohibidos el murmullo de las tripas el padrenuestro y la internacional el bajo costo de la vida y la muerte las palabritas y las palabrotas los estruendos molestos el jilguero los zurdos los anticonceptivos pero quién va a nacer. LOS HÉROES Resido en una región donde los héroes suelen morir de lumbre y osadía pero de todos modos esplenden fulgen siguen reverberando existen en los ojos de los niños y desde las grandes vallas comparecen transforman aprueban acompañan en mi lejano país en cambio los héroes que también los hay no pueden ser nombrados en voz alta ni abrazados por una bandera ni siquiera aludidos por el llanto sencillamente no han sido autorizados a existir como cadáveres y menos aún como cadáveres reverberantes ah pero ¿quién podrá evitar que desde su inexpugnable clandestinidad esos muertos ilegales conspiren? DESGARRADURAS La desgarradura del intelectual es un tema que suele desvelar a intelectuales poco desgarrados pero de todos modos hay desgarraduras y desgarraduras no es lo mismo sentirse desgarrado entre la clara vocación y el borroso deber que entre el deber y la comodidad entre la tortura y el miedo a flaquear que entre las ganas de flaquear y el laurel entre la primera y la segunda patria que entre la patria y el invasor pero en especial no ha de meterse en el mismo capítulo ni en el mismo saco a aquel poeta que se sienta desgarrado entre la fundación lord y la agencia central de inteligencia y aquel otro cuya desgarradura viene de que su pellejo y no su estilo ha sido efectivamente desgarrado por las atroces herramientas de algún verdugo criollo adiestrado en albrook o en okinawa. LENTO PERO VIENE Lento viene el futuro lento pero viene ahora está más allá de las nubes ramplonas y de unas cimas ágiles que aún no se distinguen y mas allá del trueno y de la araña demorándose viene como una flor porfiada que vigilara al sol a lo mejor es eso la vida cotidiana prepara bienvenidas cierra caldos de usura abre memorias vírgenes pero él no tiene prisa lento viene por fin como su respuesta su pan para la hambruna sus magullados ángeles sus fieles golondrinas lento pero no lánguido ni ufano ni aguafiestas sencillamente viene con su afilada hoja y su balanza preguntando ante todo por los sueños y luego por las patrias los recuerdos yacentes y los recién nacidos lento viene el futuro con sus lunes y sus marzos con sus puños y ojeras y propuestas lento y no obstante raudo como estrella pobre sin nombre todavía convaleciente y lento remordido soberbio modestísimo ese experto futuro que nos inventamos nosotros y el azar cada vez más nosotros y menos el azar. ME VOY CON LA LAGARTIJA Me voy con la lagartija vertiginosa a recorrer las celdas donde líber raúl héctor josé luis jaime ester gerardo el ñato rita mauricio flavia el viejo penan por todos y resisten voy con la lagartija popular vertiginosa a dejarles aquí y allá por entre los barrotes junto a las cicatrices o sobre la cuchara migas de respeto silencios de confianza y gracias porque existen. EL PARAÍSO Los verdugos suelen ser católicos creen en la santísima trinidad y martirizan al prójimo como un medio de combatir el anticristo pero cuando mueren no van al cielo porque allí no aceptan asesinos sus víctimas en cambio son mártires y hasta podrían ser ángeles o santos prefieren ser deshechos antes que traicionar pero tampoco van al cielo porque no creen que el cielo exista. SOY UN CASO PERDIDO Por fin un crítico sagaz reveló (ya sabía yo que iban a descubrirlo) que en mis cuentos soy parcial y tangencialmente me exhorta a que asuma la neutralidad como cualquier intelectual que se respete creo que tiene razón soy parcial de esto no cabe duda más aún yo diría que un parcial irrescatable caso perdido en fin ya que por más esfuerzos que haga nunca podré llegar a ser neutral en varios países de este continente especialistas destacados han hecho lo posible y lo imposible por curarme de la parcialidad por ejemplo en la biblioteca nacional de mi país ordenaron el expurgo parcial de mis libros parciales en argentina me dieron cuartenta y ocho horas (y si no me mataban) para que me fuera con mi parcialidad a cuestas por último en perú incomunicaron mi parcialidad y a mi me deportaron de haber sido neutral no habria necesitado esas terapias intensivas pero qué voy a hacerle soy parcial incurablemente parcial y aunque pueda sonar un poco extraño totalmente parcial ya sé eso significa que no podré aspirar a tantísimos honores y reputaciones y preces y dignidades que el mundo reserva para los intelectuales que se respeten es decir para los neutrales con un agravante como cada vez hay menos neutrales las distinciones se reparten entre poquísimos después de todo y a partir de mis confesadas limitaciones debo reconocer que a esos pocos neutrales les tengo cierta admiración o mejor les reservo cierto asombro ya que en realidad se precisa un temple de acero para mantenerse neutral ante episodios como girón tlatelolco trelew pando la moneda es claro que uno y quizá sea esto lo que quería decirme el crítico podría ser parcial en la vida privada y neutral en las bellas letras digamos indignarse contra pinochet durante el insomnio y escribir cuentos diurnos sobre la atlántida no es mala idea y claro tiene la ventaja de que por un lado uno tiene conflictos de conciencia y eso siempre representa un buen nutrimeto para el arte y por otro no deja flancos para que lo vapulee la prensa burguesa y/o neutral no es mala idea pero ya me veo descubriendo o imaginando en el continente sumergido la existencia de oprimidos y opresores parciales y neutrales torturados y verdugos o sea la misma pelotera cuba sí yanquis no de los continentes no sumergidos de manera que como parece que no tengo remedio y estoy definitivamente perdido para la fructuosa neutralidad lo más probable es que siga escribiendo cuentos no neutrales y poemas y ensayos y canciones y novelas no neutrales pero advierto que será así aunque no traten de torturas y cárceles u otros tópicos que al parecer resultan insoportables a los neutros será así aunque traten de mariposas y nubes y duendes y pescaditos. LAS NOVEDADES DEL HORROR Y el cierto de lo perdido se renueva en medio de tu sangre, y crece junto a las novedades del horror. Eliseo Diego La llaman bomba limpia los legatorios de theodoro roosevelt que a menudo reivindican la ducha como una creación de su inventiva higiénica ven ahora en la bomba de neutrones un nuevo aporte a fa profilaxis el reciente modelo es baratísimo y carece de los inconvenientes de otros medios de asepsia que en vietnam dejaron cuerpos mutilados muñones sangrantes y niños en llamas por lo pronto evita ese cuadro deprimente entre otras razones porque destruye a quienes podrían haberse deprimido así cuando las ciudades neutronizadas queden vacías de humanidad es probable que pasen a ocuparlas hombres cosifcados y por tanto inmunes a toda neutronización ¿se postularán los legatarios de theodoro roosevelt y de james monroe para llenar esas vacantes? ¿estarán lo suficientemente cosificados? una vez que el mundo reciba neutrones tan regularmente como hoy vitaminas turistas de oklahoma y wyoming entre otros serán los gozadores del planeta también los pocos en fotografiar el coliseo de roma el pan de azúcar de río la torre eiffel las alturas de machu pichu la acrópolis ateniense la sonrisa de la gioconda y es previsible que después de cada bomba vayan ocupando los estadios fas pagodas los museos los cabarets fas cárceles los santuarios las góndolas los faros los obeliscos la fontana de trevi las piscinas olímpicas y las plazas de toros que a esa altura no tendrán toros ni toreros aunque sí banderillas y estoques a medida que los neutrones preserven las moradas del hombre sin el hombre es posible que el mundo se vaya quedando sin algunos de los hábitos que el mismo hombre careaba ahora bien ¿se resignarán los vicepresidentes de directorio en vacaciomes a encontrar en la habitación del sheraton de turno un teléfono blanco a prueba de neutrones con cal que sin embargo no podrán como antes llamar a la call girl de suave piel morena ay tan morible? por otra parte falta saber qué pasará si el vaticano es neutronizado naturalmente quedará incólume la basílica y también la pietá aunque no la piedad y el pobre papa ya no abrirá los brazos en su viejo ventanal de bendiciones y si escarbamos más en la conjetura ¿qué pasará con el mismísimo dios? dios que no es catedral ni feligrés es decir ni objeto ni carne perecible aunque tal vez la suma de uno y otra ¿será respetado o será aniquilado por la bomba limpísima? ¿perderá o conservará su maña milagrera? porque ¿de qué servirá que su célebre hijo resucite a los lázaros de este siglo si después del bombazo sólo queda el sudario? acaso la única beneficiaria de esta higiene sea en todo caso alguna mujer de lot que al mudarse en estatua salobre quede como inútil y ecuánime testigo de este notable avance de la ciencia. VEINTE AÑOS DESPUÉS* Desde el octavo piso de mi tercer exilio veo el mar excesivo que me prestan mercado viejo al norte donde el querosén se llama luz brillante y al oeste otro mercado el nuevo adonde llegan pasos como de hormigas changadores y aquí y allá los nuevos colmenares que las microbrigadas seguirán inventando inmóvil exigente y memoriosa la victoria me refiero a la nuestra se quedó en el futuro llegaremos a ella todos juntos pero ahora frente al mar de alamar pienso en la solidaria terrible dulzura de este pueblo que sabe arrimar sus amparos sin pedir cuentas cuando muere eligiendo sea en vado del yeso o ñancahuazu en maquela do sombo o en ogaden antes de este paisaje con centellas párpados o persianas de aluminio vine sin calofríos pero helado de muertes ojos hermanos se cerraron increíbles hoy están en la noche bien ganada dando su otra batalla a fantasmazos mudos o parlanchines usando y abusando de los silencios y los juramentos bien quisiera asistir a sus tregüitas cuando las pupilas se volvían emblemas juicios a quemarropa nudos a resolver anteproyectos para el fin del escarnio antes de ese dolor con redenciones hubo también el telón de blasfemias el evangelio de las amenazas el enemigo tras la mirilla o no tras la cortina o no tras el timbrazo o no la polaroid o no o sí quién sabe sí o no la monedita al aire caramiedo cruzcoraje barrio norte o la paternal sótano o aeropuerto amigos cardinales mujeres siempre aroma abrazando futuro besando adiós pero antes figuran mi tierra mis terrones árboles asustados por la pólvora todo estalla inclusive almacenes y mitos descreo del frágil corazón y hago cálculos con la cabeza fría pero la pobre hierve pueblo con rostro brindis pacto orgullo como inocente hecho pedazos también culpable de otro bienvenido universo la realidad continuación del sueño y libertad o muerte o suerte oh suerte todavía antes recuperé la patria que comejenes de la historia olvidaron la del compa gervasio solo como un profeta la del adolescente piantado y fervoroso que hizo gritar los muros coloniales y los contemporáneos no faltaba más la fábrica el cuartel los galpones de fobia y su alarido blanco como una garza invicta puso la primavera en el mercado montevideo esa línea de fuego a veces era tensa y veloz como bala otras ondulante como el amor sencillo y mientras las consignas siempre amenazadas brotaban rojas como rosas o sangre y el escuadrón acribillaba a ibero creyendo así librarse del candor en el recto horizonte las toninas rodaban como siempre el cielo lejanísimo ni pestañeaba y los caballos blancos de las panaderías comían el pastito nocturno en las veredas fueron abriles fueron octubres de violencia la derrota una opción y qué importaba marchas de fantasía en calles reales el solidario abrazo misterioso pleamar de muchachos obreros como bosque pueblos de los rincones y explanadas y ellos golpeando ciegos sordos mudos en cráneos y praderas y carátulas en cojones y úteros o sea procurando destrozar el futuro en cada tallo y el rostro porfiadísimo terquísimo mirando a mera voluntad a sólo decir no ah pero antes de ese pampero anduve a lomo de una isla machete donde el coraje es fósforo y salitre la sangre tuvo afluentes y regó los cultivos y los gallos cantaron para siempre y cuando el sol tan blanco hoy recorta las palmas todo el mundo lo sabe pentágono incluido los choznos de martí son del carajo aquí hasta los cadáveres se enrolaron colmados de flores y granadas y mangos y fusiles y se los ve felices porque nadie puede volverlos a morir cómo no aprender de ese alegre rigor oh generosidad escandalosa de tantos escolares sembradores de tantos campesinos posgraduados de tanta libertad mundial y vecindaria cómo no contagiarse de un fulgor infalible en tiempos claramente tenebrosos y no granjearse fuego lumbrecita cómo no sentir ganas de ayudar a reunir allá abajo a los tantos Heridos y contusos hostigados clandestinos jadeantes eparables exánimes bravos menesterosos enteros optimistas y bienaventurados por eso pienso que mi historia desde antes esta transformación privada y poca cosa en verdad empezó en la noticia portátil nada segura de aquel añito nuevo hace ya veinte eneros poco más que un instante cuando fidel se elevó como un árbol como una flecha nueva o un misil un cañón antiaéreo un exorcismo o una simple cometa roja y negra. * Este poema es en realidad la respuesta del autor a la pregunta: «¿Qué ha significado para ti la Revolución cubana?», formulada por la revista Casa de las Américas a varios escritores y artistas latinoamericanos con motivo de cumplirse el XX aniversario de la Revolución. COTIDIANAS 2 Cuando a uno lo expulsan a patadas del sueño el amanecer es siempre una modorra se emerge de ese ensayo de muerte todavía sellado por la víspera si fue de odios con rezagos de odio si fue de amor con primicias de amor pero el día empieza a convocarnos y es distinto de todos los demás tiene otra lluvia otro sol otra brisa también otras terribles confidencias así empieza el diálogo con la jornada la discusión el trueque de rencores y de pronto el abrazo porque hay días repletos de soberbia días que traen mortales enemigos y otros que son los compinches de siempre días hermanos que nos marcan la vida así ocurren sabores sinsabores manos que son cadenas mujeres que son labios ojos que son paisaje y cuando al fm lo expulsan a uno de la vigilia se emerge de ese ensayo de la vida con los ojos cerrados y despacito como buscando el sueño o la cruz del sur se entra a tientas en la noche anónima. BOTELLA AL MAR BANDONEÓN Me jode confesarlo pero la vida es también un bandoneón hay quien sostiene que lo toca dios pero yo estoy seguro que es troilo ya que dios apenas toca el arpa y mal fuere quien fuere lo cierto es que nos estira en un solo ademán purísimo y luego nos reduce de a poco a casi nada y claro nos arranca confesiones quejas que son clamores vértebras de alegría esperanzas que vuelven como los hijos pródigos y sobre todo como los estribillos me jode confesarlo porque lo cierto es que hoy en día pocos quieren ser tango la natural tendencia es a ser rumba o mambo o chachachá o merengue o bolero o tal vez casino en último caso valsecito o milonga pasodoble jamás pero cuando dios o pichuco o quien sea toma entre sus manos la vida bandoneón y le sugiere que llore o regocije uno siente el tremendo decoro de ser tango y se deja cantar y ni se acuerda que allá espera el estuche. SUBURBIA En el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida hay una fuente luminosa un surtidor que aiza convicciones de cobres y es lindo contemplarias y seguirlas en el centro de mi vida en ei núcleo capital de mi vida hay un dobor que palmo a palmo va ganando su tiempo y es útil aprender su huella firme en el centro de mi vida en el núcleo capital de mi vida la muerte queda lejos la calma tiene olor a lluvia la lluvía tiene olor a tierra esto me lo contaron porque yo nunca estoy en el centro de mi vida NO ESPANTA PÁJAROS Al espantapájaros no le importa el huerto más bien lo hastía su obligación gratuita y además se siente desolado con su sombrero roto y sus andrajos al espantapájaros no le importan los pájaros pero aprecia que alguna mosca candorosa recorra sus bíceps de madera en realidad los pájaros se alejan no porque él los intimide sino porque viene tormenta y ésta no es simulacro. DISTANCIA Pensar que en un antes neblinoso y remoto tu adolescencia era cotidiana y notabas en las yemas de los dedos las variables superficies de vida que ahora sentís a veces en las uñas en aquel breve prólogo del duelo te recordás empero como un náufrago que jamás había estado en un navío o asimismo como un reloj de arena al que nadie se ocupó de subvertir pero también te evocás como un presagio con el que hoy tenés hondas diferencias. BOTELLA AL MAR El mar es un azar Vicente Huidobro Pongo estos seis versos en mi botella al mar con el secreto designio de que algún día llegue a una playa casi desierta y un niño la encuentre y destape y en lugar de versos extraiga piedritas y socorros y alertas y caracoles. RASTROS Un país lejano puede estar cerca puede quedar a la vuelta del pan pero también puede irse despacito y hasta borrar sus huellas en ese caso no hay que rastrearlo con perros de caza con radares la única fórmula aceptable es excavar en uno mismo hasta encontrar el mapa. TIEMPO SIN TIEMPO Preciso tiempo necesito ese tiempo que otros dejan abandonado porque les sobra o ya no saben qué hacer con él tiempo en blanco en rojo en verde hasta en castaño oscuro no me importa el color cándido tiempo que yo pueda abrir y cerrar como una puerta tiempo para mirar un árbol un farol para andar por el filo del descanso para pensar qué bien hoy no es invierno para morir un poco y nacer enseguida y para darme cuenta y para darme cuerda preciso tiempo el necesario para chapotear unas horas en la vida y para investigar por qué estoy triste y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo tiempo para esconderme en el canto de un gallo y para reaparecer en un relincho y para estar al día para estar a la noche tiempo sin recato y sin reloj vale decir preciso o sea necesito digamos me hace falta tiempo sin tiempo. DEFENSA DE LA ALEGRÍA a trini Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría. FUTURO IMPERFECTO El porvenir es un niño desnudo. Raúl González Tuñón De poco sirve arroparlo y menos colgarle collares y pronósticos brindarle metrallas de manga larga calzarle prejuicios de siete leguas de poquísimo sirve ponerle profaces o antifaces o un delantal de música menos aún la consabida bufanda del viento el futuro es un niño desnudo y en consecuencia ufano imprevisible cuando menos lo esperas te coloca una rosa en la oreja o te orina inocente la calva. TESTAMENTO DE MIÉRCOLES a alfredo Gravina otro de tacuarembó Aclaro que éste no es un testamento de esos que se usan como colofón de vida es un testamento mucho más sencillo tan sólo para el fin de la jornada o sea que lego para mañana jueves las preocupaciones que me legara el martes levemente alteradas por dos digestiones las usuales noticias del cono sur y una nube de mosquitos casi vampiros lego mis catorce estornudas del mediodía una carta a mi mujer en que falta la posdata el final de una novela que a duras penas leo las siete sonrisas de cinco muchachas ya que hubo una que me brindó tres y el ceño fruncido de un señor que no conozco ni aspiro a conocer lego un colorido ajedrez moscovita una computadora japonesa sin pilas y la buena radio en que está sonando el español grisáceo de la bibicí ah la olivetti y el cepillo de dientes no los lego porsiaca lego tropos y metáforas de uso privado que modestamente acuñé en la tarde por ejemplo el astillero en que reparo mis sueños el pájaro aleatorio que surge del crepúsculo la cortina de lluvia que miro y no descorro lego un remordimiento porque es aleccionante y un poco de tristeza porque es inevitable también mi soledad con la ilusión de que el jueves resuelva no admitirla y me sancione con presencias varias lego los crujidos de mis viejas bisagras también una tajada de mi sombra no toda porque un hombre sin su sombra no merece el respeto de la gente lego el pescuezo recién lavado como para un jueves de guillotina una maceta con hierbabuena y otra con un boniato que me hastía ya que esta cargante convolvulácea me está, invadiendo el cuarto con sus hojas lego los suburbios de una idea un tríptico de espejos que me agrede el mar allá al alcance de la mano mis cóleras por orden alfabético y un breve y curioso estado de ánimo que todavía no sé si es inocencia o estupidez malsana o alegría sólo ahora lo advierto en paredes y anaqueles y venas en glándulas y techos y optimismos me quedan tantas cosas por legar que mejor las incluyo en otro testamento digamos el del viernes. PAÍS INOCENTE Cerco un paese innocente Giuseppe Ungaretti Unos como invasores otros como invadidos ¿qué país no ha perdido la inocencia? pero además ¿de qué sirve un país inocente? ¿qué importancia tienen las fronteras pusilánimes las provincias de la ingenuidad? sólo los países que pierdan su candor podrán reconocer al enemigo así es que no reclamo país inocente en todo caso busco un extraño país capaz de declararse culpable de inocencia. INFRAGANTI Te doy la cana mundo cuando girás eterno nosotros temerarios afinamos la sombra gastamos el dolor sujetamos el cielo y vos girás eterno nosotros insolentes zurcimos las heridas y de los arrabales vamos haciendo centros y vos girás eterno distintos o igualitos pagamos el rescate y amamos en desorden ni flojos ni soberbios y vos girás eterno mientras nos desvivimos o nos soñamos vivos te doy la cana mundo te quito el mito abuelo así como al descuido vas dejando pedazos pedacitos de muerte cuando girás eterno. COTIDIANA 3 nuestras vidas son los ríos que van a dar a la vida Ernesto Cardenal Esta cotidiana no se apoya en ninguna mutación trascendente hoy es tan sólo un viernes de poca monta sin noticias o trazos demasiado malos ni tampoco demasiado buenos funcionan normalmente las endocrinas y los semáforos las pompas fúnebres y las de jabón unos llegan berreando otros parten silentes otros más se aprontan a llegar o a partir en líneas generales el pronóstico del tiempo acierta por fin con las turbonadas y es justo subrayar que hoy ha logrado truenos corroborantes esta cotidiana es tan sólo costumbr apenas un viernes de pobre vestimenta pero aquí se levantan las casas del hombre a veces existen con un ruido infernal y otras veces duermen en silencio amoroso sólo interrumpido por crujiditos que pueden ser jadeos conyugales o también calambres de la madera sin embargo allí crecen el trabajo y la muerte el vientre rebosante de futuro y el viejo que no puede con sus huesos entran por las persianas tataguas y mosquitos y hay un latido general que es la vida sólo rutina y sin embargo las manos besan los ojos palpan los labios ven nosotros es decir nuestros otros venimos vienen a explorar la memoria milagrosa y austera no hay tiempo que perder más bien hay mucho tiempo que ganar mientras atisbo con audacia y cautela por entre mis dedos más o menos fogueados y veo que entre vestigios tristes y rutinarios nacen flores de rutinario regocijo tan sólo hábito y querencia el enjambre adolescente se encamina a sus clásicos manantiales pero antes de llegar se cruza con los veteranos que regresan y los árboles ya no saben qué hacer con las preguntas tan sólo práctica y costumbre y de vez en cuando un salto de prodigio en el que algunos se desnucan y otros cambian el mundo y con las nucas rotas y las glorias que alumbran con mártires de un día y visionarios de medio siglo se va armando la historia como un sueño portátil la rutina es después de todo una crisálida una comarca de posibilidades e imposibles de la costumbre puede estallar lo insólito del hábito el deshábito por eso este viernes de opaca textura es casi un campamento de recuerdos un filtro de presagios uno de los confines del futuro tallo ritual de lo ordinario y también bulbo de lo extraordinario sabemos algo de lo que está muriendo pero muy poco de lo que empieza a ser este viernes turbio durante el cual se gestan sórdidas guerras frías y escaramuzas ígneas mientras el consumismo se dedica a llenar nuestras necesidades más innecesarias el lujo escupe dádivas sobre la miseria y a veces la miseria escupe metralla esta jornada sin toque de campanas sin titulares a ocho columnas ni aguaceros radioactivos sin naufragios ideológicos ni exorcismos generacionales lleva en sí misma el triunfo y el desastre y la infinitesimal responsabilidad que nos toca de una disyuntiva a nivel de universo resulta sin embargo abrumadora así de esta rutina vulnerable de esta costumbre de inclemencia y cielo de este hábito propenso a la aventura de esta querencia con señales de humo debemos elegir o tan sólo inventar un largo paso desacostumbrado una limpia e intrépida zancada una rampa que no lleve al abismo un envión que tumbe las derrotas un trampolín que nos lance a mañana aunque allí nos espere otra ruina otra vida común otra crisálida. DESMITIFIQUEMOS LA VÍA LÁCTEA a efraín huerta, desmitificador CRONOTERAPIA BILINGUE Si un muchacho lee mis poemas me siento joven por un rato en cambio cuando es una muchacha quien los lee quisiera que el tictac se conviertiera en una tactic o mejor dicho en une tactique. DISIDENTES Los abruptos pueden ser violentos tozudos y hasta sectarios pero los exabruptos son siempre resentidos. CÁLCULO DE PROBABILIDADES Cada vez que un dueño de la tierra proclama para siempre este patrimonio tendrán que pasar sobre mi cadáver debería tener en cuenta que a veces pasan. NUEVO CANAL INTEROCEÁNICO Te propongo construir un nuevo canal sin esclusas ni excusas que comunique por fin tu mirada atlántica con mi natural pacífico. CONTRAOFENSIVA Si a uno le dan palos de ciego la única respuesta eficaz es dar palos de vidente. SÍNDROME Todavía tengo casi todos mis dientes casi todos mis cabellos y poquísimas canas puedo hacer y deshacer el amor trepar una escalera de dos en dos y correr cuarenta metros detrás del ómnibus o sea que no debería sentirme viejo pero el grave problema es que antes no me fijaba en estos detalles. COMPARANZA Esa rata enorme repugnante y untuosa que corre despavorida o abandonada prodigiosamente sola entre desechos buscadora aterrada de su pobre pitanza cuyo menester faena misión última es procrear y sobrevivir si pudiera detenerse un segundo y mirar el contorno de su pánico ¿qué pensaría del homo sapiens cuando corre despavorido o abandonado prodigiosamente solo entre desechos buscador aterrado de su pobre pitanza cuyo menester faena misión última es procrear y sobrevivir? pero aclaremos no se intenta aquí denigrar al hombre ni mucho menos es ésta una autocrítica más bien se trata de romper una lanza por el asqueroso mamífero roedor en nombre de una rama (disidente) de la sociedad protectora de animales. AHORA TODO ESTÁ CLARO Cuando el presidente carter se preocupa tanto de los derechos humanos parece evidente que en ese caso derecho no significa facultad o atributo o libre albedrío sino diestro o antizurdo o flanco opuesto al corazón lado derecho en fin en consecuencia ¿no sería hora de que iniciáramos una amplia campaña internacional por los izquierdos humanos? SEMÁNTICA PRÁCTICA Sabemos que el alma como principio de la vida es una caduca concepción religiosa e idealista pero que en cambio tiene vigencia en su acepción segunda o sea hueco del cañón de las armas de fuego hay que reconocer empero que el lenguaje popular no está rigurosamente al día y que cuando el mismo estudiante que leyó en konstantinov que la idea del alma es fantástica e ingenua besa los labios ingenuos y fantásticos de la compañerita que no conoce la acepción segunda y a pesar de ello le dice te quiero con toda el alma es obvio que no intenta sugerir que la quiere con todo el hueco del cañón. DESMITIFIQUEMOS LA VÍA LÁCTEA Tampoco hay que hacer un mito de la vía láctea faja blanquecina dice el larousse debida a multitud innumerable (sic) de estrellas después de todo es un techo interior todo lo vistoso que se quiera aunque en definitiva un poco empalagoso hay quienes la llaman camino de santiago y los que miran fanáticamente el asfalto ni siquiera se han enterado de que existe a veces parece una burda imitación de un planetario de provincia quizá sea una merced del hemisferio austral pero a esta altura no vamos a estimular mercedes además si uno la mira con detenimiento puede llegar a sentir vértigo o tortícolis o un deseo inexplicable de levantar vuelo no hay que hacer un mito de la vía láctea ahora bien ya que la he desmitificado a fondo ¿puedo volver a echarla de menos? CARDINALES Al norte las colinas de la ira al sur el cráter de la esperanza al este la meseta de la melancolía al oeste la bahía del sosiego de más está decir que a esto le falta mucho para ser la rosa  de los vientos. EL SONETO DE RIGOR Las rosas están insoportables en el florero. Jaime Sabines Tal vez haya un rigor para encontrarte el corazón de rosa rigurosa ya que hablando en rigor no es poca cosa que tu rigor de rosa no te harte. Rosa que estás aquí o en cualquier parte con tu rigor de pétalos, qué sosa es tu fórmula intacta, tan hermosa que ya es de rigor desprestigiarte. Así que abandonándote en tus ramos o dejándote al borde del camino aplicarte el rigor es lo mejor. Y el rigor no permite que te hagamos liras ni odas cual floreros, sino apenas el soneto de rigor. ¿QUÉ HACER? ¿Qué se hace a la hora de morir? Rosario Castellanos Luego del próximo recodo tal vez convenga irlo pensando sé de un viejo compatriota terrateniente él que en su colchón de muerte miró uno por uno a sus llorosos herederos dijo ah farsantes y a continuación crepó como un bendito es claro que para ese gesto los latifundios son indispensables yo digo que más vale improvisar porque si reno programa decir algo pujante y después solloza como un perro apaleado o si se propone soltar un llanto digno y luego canturrea corno un orate o si planifica extender la mano abierta y después es un puño y no queda claro si es por tacaño o por comunista puede ser tildado de inconsecuente o frívolo y ésa no es una huella lápida que va a ser. COTIDIANA 4 En esta cotidiana me falta el otoño con su instalada transparencia aquel sol amarillo que rodeaba los pinos y hacía prestigiosa su inmovilidad un cierto aroma a avenidas copadas por hojas secas y puestos de uva y también a muchachas que exhumaban sus prendas de lana y naftalina me falta el magro invierno con su desorden y su austeridad los ráfagas de lluvia casi horizontales que humedecen los tímpanos o las mañanas con el chispeante viento de la costa ceniza que encrespa las hilachas y las tentaciones y desmantela la inocencia la primavera echo de menos con sus nacientes telones verdes el desenlace de la hipocondría y el comienzo de la calle de todos el paisaje que se creyó olvidado y que de pronto va emergiendo del mar y esa luz extraña gire se instala en los patios junto a la madreselva y en el corazón ahora tengo un verano de doce meses digamos seis de lluvia y seis de seca con un sol blanco que todo lo germina y bajo el cual crece la palma como la revolución y viceversa y el color viene desde el pasado y sin tomarse ni un respiro se proyecta hacia el porvenir así y todo echo de menos mi pleno estío de tres meses no es lo mismo el calor tras el calor que el calor que viene después del frío de ahí que rescate las olas necesarias para abrazar las rocas de aquella siesta y la gaviota que me daba un aviso que entonces no entendí y que seguramente me hubiera convenido entender. RETRATOS Y CANCIONES MARIANO Enhorabuena como quien dice barrio y universo o etrusco y habanero u optimismos en rústica que saben el color de sus razones tus gallos satisfechos de vivir nunca cantan adioses sin bienvenidas se burlan de los aviones y las águilas pero sobre todo de las mariposas y las brujas con tu poco de chagall y tu mucho de gulliver en el país de las piñas gigantes la vida pasa respira predica en las grupas frutales en tu amor como árbol desde antes hubo gente y hubo tantas muchachas en tu verde de luces pero ahora la flor se te hizo pueblo para siempre la revolución va exprimiendo tus frutas con destino a la comunitaria. A ROQUE Llegaste temprano al buen humor al amor cantado al amor decantado llegaste temprano al ron fraterno a las revoluciones cada vez que te arrancaban del mundo no había calabozo que te viniera bien asomabas el alma por entre los barrotes y no bien los barrotes se afojaban turbados aprovechabas para librar el cuerpo usabas la metáfora ganzúa para abrir los cerrojos y los odios con la urgencia inconsolable de quien quiere regresar al asombro de los libres le tenías ojeriza a lo prohibido a las desgarraduras para ínfula y orquesta al dedo admonitorio de algún colega exento algún apócrito buen samaritano que desde europa te quería enseñar a ser un buen latinoamericano le tenías ojeriza a la pureza porque sabías cómo somos de impuros cómo mezclamos sueños y vigilia cómo nos pesan la razón y el riesgo por suerte eras impuro evadido de cárceles y cepos no de responsabilidades y otros goces impuro como un poeta que eso eras además de tantas otras cosas ahora recorro tramo a tramo nuestros muchos acuerdos y también nuestros pocos desacuerdos y siento que nos quedan diálogos inconclusos recícrocas preguntas nunca dichas malentendidos y bienentendidos que no podremos barajar de nuevo pero todo vuelve a adquirir su sentido si recuerdo tus ojos de muchacho que eran casi un abrazo casi un dogma el hecho es que llegaste temprano al buen humor al amor cantando al amor decantado al ron fraterno a las revoluciones pero sobre todo llegaste temprano demasiado temprano a una muerte que no era la tuya y que a esta altura no sabrá que hacer con tanta vida. RODOLFO CONVIRTIÓ LA REALIDAD Rodolfo convirtió la realidad en su obra maestra asedió las respuestas con preguntas durísimas tuvo una enojosa obsesión por la verdad cómo no iban a odiarlo si sabían que sabía maltrecho o pertrecho con su cara de insomnio sus ojos pálidos de testigo sus opiniones de pedernal su seriedad de clown en día de asueto Rodolfo convirtió la realidad en su obra maestra averiguó hasta llegar al máximo rigor de la tristeza se desprendió de los pretextos como de hollejos se puso el riesgo con la mejor de sus sencilleces desde la rabia invadió la esperanza y bregó hasta que le secuestraron la noticia pero tenía otras culpas todas sin atenuantes cómo no iban a odiarlo si le mataron a la hija Rodolfo convirtió la realidad en su obra maestra uno podía abrirla en cualquier tiroteo y salían volando inocencias fervores paces y guerras extraños ciudadanos que se sabían comprendidos a la exacta medida de su justicia visceral modestísima cómo no iban a odiarlo si era justo y no tuvo vergüenza de saberlo. JOSÉ MARTÍ PREGONERO Tu nombre es como el crisol donde se funde la hazaña tu nombre es como la caña que endulza con lluvia y sol de su destino naciente sólo tu pueblo es el dueño cual figuraban en tus sueño por fin es libre tu gente josé marti pregonero no moriste en tu pregón tus versos viven y son pregones de un pueblo entero tu isla exporta el verano y hay flambollán y justicia la buena tierra nutricia da frutos para el cubano tu nombre es como el crisol donde se funde la hazaña tu nombre es como la caña que endulza con lluvia y sol tan sobrio y tan desbordante tan bueno y tan orgulloso tan firme y tan generoso tan pequeño y tan gigante tan profundamente isleño tan claramente cubano tan latinoamericano en tu suelo y en tu sueño siempre nos tienes despierto con tu constante mirada con tu suerte despejada y con tu fe de ojos abiertos tu nombre es como el crisol donde se funde la hazaña tu nombre es como la caña que endulza con lluvia y sol. POR QUÉ CANTAMOS Si cada hora viene con su muerte si el tiempo es una cueva de ladrones los aires ya no son los buenos aires la vida es nada más que un blanco móvil usted preguntará por qué cantamos si nuestros bravos quedan sin abrazo la patria se nos muere de tristeza y el corazón del hombre se hace añicos antes aún que explote la vergüenza usted preguntará por qué cantamos si estamos lejos como un horizonte si allá quedaron árboles y cielo si cada noche es siempre alguna ausencia y cada despertar un desencuentro usted preguntará por qué cantamos cantamos cantamos porque el río esta sonando y cuando suena el río / suena el río cantamos porque el cruel no tiene nombre y en cambio tiene nombre su destino cantamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca cantamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota cantamos porque el sol nos reconoce y porque el campo huele a primavera y porque en este tallo en aquel fruto cada pregunta tiene su respuesta cantamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida y porque no podemos ni queremos dejar que la canción se haga ceniza. COTIDIANA 5 Hay un día en que se nace a la gloria y a la suerte a la suerte y a la muerte hay un día en que se nace y en penumbra tan temprana que no duele ni se nombra la luz muere con la sombra de la vida cotidiana hay un sol que da sentido a la gloria y a la suerte a la suerte y a al muerte hay un sol que da sentido y en mitad de la mañana abre rumbos y salidas en las idas y venidas de la vida cotidiana hay un cielo que responde a la gloria y a la suerte a la suerte y a la muerte hay un cielo que responde y en la calma soberana de un solemne mediodía junta penas y alegría de la vida cotidiana hay un sueño que se acerca a la gloria y a la suerte a la suerte y a la muerte hay un sueño que se acerca y en la siesta y resolana ponen lágrimas y besos los convictos y confesos de la vida cotidiana hay crepúsculos que invocan a la gloria y a la suerte a la suerte y a la muerte hay crepúsculos que invocan y en la cumbre más lejana el sol muere como un toro con la sangre y con el oro de la vida cotidiana siempre hay una causa digna de la gloria y de la suerte de la suerte y de la muerte siempre hay una causa digna pero no es la lucha vana de quien busca satanases en las guerras y en las paces de la vida cotidiana hay por último un letargo de la gloria y de la suerte de la suerte y de la muerte hay todo eso y sin embargo en la noche veterana del amor que es buena gente va dejando la simiente de otra vida cotidiana. Fuente
¿Quién es César Vallejo? César Vallejo nació en Santiago de Chuco, Perú, en 1892. En 1918 publica su primer libro de poemas: Los heraldos negros. En 1920 es encarcelado durante 112 días. En 1922 publica Trilce; un año después, publica algunas prosas y viaja a París. En 1928 viaja a la Unión Soviética y a su regreso a París rompe con el APRA. En 1929 regresa a la Unión Soviética y un año después viaja a España. Regresa a París pero es expulsado por razones políticas; se translada entonces a España de nuevo. En 1931 publica su novela Tugsteno. Viaja de nuevo a la Unión Soviética y se inscribe en el Partido Comunista de España. En 1932 regresa a París y vive en la ilegalidad. En 1937 asiste al Congreso de Escritores Antifascistas en Madrid. Murió en Paris, en 1938. César Vallejo (Perú, 1892-Paris, 1938) España, Aparta de mí este cáliz (1937) I HIMNO A LOS VOLUNTARIOS DE LA REPÚBLICA Voluntario de España, miliciano de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón, cuando marcha a matar con su agonía mundial, no sé verdaderamente qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo, lloro, atisbo, destrozo, apagan, digo a mi pecho que acabe, al que bien, que venga, y quiero desgraciarme; descúbrome la frente impersonal hasta tocar el vaso de la sangre, me detengo, detienen mi tamaño esas famosas caídas de arquitecto con las que se honra el animal que me honra; refluyen mis instintos a sus sogas, humea ante mi tumba la alegría y, otra vez, sin saber qué hacer, sin nada, déjame, desde mi piedra en blanco, déjame, solo, cuadrumano, más acá, mucho más lejos, al no caber entre mis manos tu largo rato extático, quiebro con tu rapidez de doble filo mi pequeñez en traje de grandeza! Un día diurno, claro, atento, fértil ¡oh bienio, el de los lóbregos semestres suplicantes, por el que iba la pólvora mordiéndose los codos! ¡oh dura pena y más duros pedernales! !oh frenos los tascados por el pueblo! Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo, oró de cólera y soberanamente pleno, circular, cerró su natalicio con manos electivas; arrastraban candado ya los déspotas y en el candado, sus bacterias muertas... ¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas de dolores con rejas de esperanzas, de dolores de pueblos con esperanzas de hombres! ¡Muerte y pasión de paz, las populares! ¡Muerte y pasión guerreras entre olivos, entendámonos! Tal en tu aliento cambian de agujas atmosféricas los vientos y de llave las tumbas en tu pecho, tu frontal elevándose a primera potencia de martirio. El mundo exclama: “¡Cosas de españoles!” Y es verdad. Consideremos, durante una balanza, a quemarropa, a Calderón, dormido sobre la cola de un anfibio muerto o a Cervantes, diciendo: “Mi reino es de este mundo, pero también del otro”: ¡punta y filo en dos papeles! Contemplemos a Goya, de hinojos y rezando ante un espejo, a Coll, el paladín en cuyo asalto cartesiano tuvo un sudor de nube el paso llano o a Quevedo, ese abuelo instantáneo de los dinamiteros o a Cajal, devorado por su pequeño infinito, o todavía a Teresa, mujer que muere porque no muere o a Lina Odena, en pugna en más de un punto con Teresa... (Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él, de frente o transmitidos por incesantes briznas, por el humo rosado de amargas contraseñas sin fortuna) Así tu criatura, miliciano, así tu exangüe criatura, agitada por una piedra inmóvil, se sacrifica, apártase, decae para arriba y por su llama incombustible sube, sube hasta los débiles, distribuyendo españas a los toros, toros a las palomas... Proletario que mueres de universo, ¡en qué frenética armonía acabará tu grandeza, tu miseria, tu vorágine impelente, tu violencia metódica, tu caos teórico y práctico, tu gana dantesca, españolísima, de amar, aunque sea a traición, a tu enemigo! ¡Liberador ceñido de grilletes, sin cuyo esfuerzo hasta hoy continuaría sin asas la extensión, vagarían acéfalos los clavos, antiguo, lento, colorado, el día, nuestros amados cascos, insepultos! ¡Campesino caído con tu verde follaje por el hombre, con la inflexión social de tu meñique, con tu buey que se queda, con tu física, también con tu palabra atada a un palo y tu cielo arrendado y con la arcilla inserta en tu cansancio y la que estaba en tu uña, caminando! ¡Constructores agrícolas, civiles y guerreros, de la activa, hormigueante eternidad: estaba escrito que vosotros haríais la luz, entornando con la muerte vuestros ojos; que, a la caída cruel de vuestras bocas, vendrá en siete bandejas la abundancia, todo en el mundo será de oro súbito y el oro, fabulosos mendigos de vuestra propia secreción de sangre, y el oro mismo será entonces de oro! ¡Se amarán todos los hombres y comerán tomados de las puntas de vuestros pañuelos tristes y beberán en nombre de vuestras gargantas infaustas! Descansarán andando al pie de esta carrera, sollozarán pensando en vuestras órbitas, venturosos serán y al son de vuestro atroz retorno, florecido, innato, ajustarán mañana sus quehaceres, sus figuras soñadas y cantadas! ¡Unos mismos zapatos irán bien al que asciende sin vías a su cuerpo y al que baja hasta la forma de su alma! ¡Entrelazándose hablarán los mudos, los tullidos andarán! ¡Verán, ya de regreso, los ciegos y palpitando escucharán los sordos! ¡Sabrán los ignorantes, ignorarán los sabios! ¡Serán dados los besos que no pudisteis dar! ¡Sólo la muerte morirá! ¡La hormiga traerá pedacitos de pan al elefante encadenado a su brutal delicadeza; volverán los niños abortados a nacer perfectos, espaciales y trabajarán todos los hombres, engendrarán todos los hombres, comprenderán todos los hombres! ¡Obrero, salvador, redentor nuestro, perdónanos, hermano, nuestras deudas! Como dice un tambor al redoblar, en sus adagios: qué jamás tan efímero, tu espalda! qué siempre tan cambiante, tu perfil! ¡Voluntario italiano, entre cuyos animales de batalla un león abisinio va cojeando! ¡Voluntario soviético, marchando a la cabeza de tu pecho universal! ¡Voluntarios del sur, del norte, del oriente y tú, el occidental, cerrando el canto fúnebre del alba! ¡Soldado conocido, cuyo nombre desfila en el sonido de un abrazo! ¡Combatiente que la tierra criara, armándote de polvo, calzándote de imanes positivos, vigentes tus creencias personales, distinto de carácter, íntima tu férula, el cutis inmediato, andándote tu idioma por los hombros y el alma coronada de guijarros! ¡Voluntario fajado de tu zona fría, templada o tórrida, héroes a la redonda, víctima en columna de vencedores: en España, en Madrid, están llamando a matar, voluntarios de la vida! ¡Porque en España matan, otros matan al niño, a su juguete que se para, a la madre Rosenda esplendorosa, al viejo Adán que hablaba en alta voz con su caballo y al perro que dormía en la escalera. Matan al libro, tiran a sus verbos auxiliares, a su indefensa página primera! Matan el caso exacto de la estatua, al sabio, a su bastón, a su colega, al barbero de al lado -me cortó posiblemente, pero buen hombre y, luego, infortunado; al mendigo que ayer cantaba enfrente, a la enfermera que hoy pasó llorando, al sacerdote a cuestas con la altura tenaz de sus rodillas... ¡Voluntarios, por la vida, por los buenos, matad a la muerte, matad a los malos! ¡Hacedlo por la libertad de todos, del explotado, del explotador, por la paz indolora —a sospecho cuando duermo al pie de mi frente y más cuando circulo dando voces— y hacedlo, voy diciendo, por el analfabeto a quien escribo, por el genio descalzo y su cordero, por los camaradas caídos, sus cenizas abrazadas al cadáver de un camino! Para que vosotros, voluntarios de España y del mundo, vinierais, soñé que era yo bueno, y era para ver vuestra sangre, voluntarios... De esto hace mucho pecho, muchas ansias, muchos camellos en edad de orar. Marcha hoy de vuestra parte el bien ardiendo, os siguen con cariño los reptiles de pestaña inmanente y, a dos pasos, a uno, la dirección del agua que corre a ver su límite antes que arda. II BATALLAS Hombre de Extremadura, oigo bajo tu pie el humo del lobo, el humo de la especie, el humo del niño, el humo solitario de dos trigos, el humo de Ginebra, el humo de Roma, el humo de Berlín y el de París y el humo de tu apéndice penoso y el humo que, al fin, sale del futuro. ¡Oh vida! ¡Oh tierra! ¡Oh España! ¡Onzas de sangre, metros de sangre, líquidos de sangre, sangre a caballo, a pie, mural, sin diámetro, sangre de cuatro en cuatro, sangre de agua y sangre muerta de la sangre viva! Extremeño, ioh no ser aún ese hombre por el que te mató la vida y te parió la muerte y quedarse tan sólo a verte así, desde este lobo, cómo sigues arando en nuestros pechos! iExtremeño, conoces el secreto en dos voces, popular y táctil, del cereal: jque nada vale tanto una gran raíz en trance de otra! Extremeño acodado, representando el alma en su retiro acodado a mirar el caber de una vida en una muerte! iExtremeño, y no haber tierra que hubiere el peso de tu arado, ni más mundo que el color de tu yugo entre dos épocas; no haber el orden de tus póstumos ganados! iExtremeño, dejásteme verte desde este lobo, padecer, pelear por todos y pelear para que el inviduo sea un hombre, para que los señores sean hombres, para que todo el mundo sea un hombre, y para que hasta los animales sean hombres, el caballo, un hombre, el reptil, un hombre, el buitre, un hombre honesto, la mosca, un hombre, y el olivo, un hombre y hasta el ribazo, un hombre y el mismo cielo, todo un hombrecito! Luego, retrocediendo desde Talavera, en grupos de uno a uno, armados de hambre, en masas de a uno, armados de pecho hasta la frente, sin aviones, sin guerra, sin rencor, el perder a la espalda, y el ganar más abajo del plomo, heridos mortalmente de honor, locos de polvo, el brazo a pie, amando por las malas, ganando en español toda la tierra, retroceder aún, y no saber dónde poner su España, dónde ocultar su beso de orbe, dónde plantar su olivo de bolsillo! Mas desde aquí, más tarde, desde el punto de vista de esta tierra, desde el duelo al que fluye el bien satánico, se ve la gran batalla de Guernica. Lid a priori, fuera de la cuenta, lid en paz, lid de las almas débiles contra los cuerpos débiles, lid en que el niño pega, sin que le diga nadie que pegara, bajo su atroz diptongo y bajo su habilísimo pañal, y en que la madre pega con su grito, con el dorso de una lágrima y en el que el enfermo pega con su mal, con su pastilla y su hijo y en que el anciano pega con sus canas, sus siglos y su palo y en que pega el presbítero con dios! Tácitos defensores de Guemica! ioh débiles! ioh suaves ofendidos que os eleváis, crecéis, y llenáis de poderosos débiles el mundo! En Madrid, en Bilbao, en Santander, los cementerios fueron bombardeados, y los muertos inmortales, de vigilantes huesos y hombro eterno, de las tumbas, los muertos inmortales, de sentir, de ver, de oír tan bajo el mal, tan muertos a los viles agresores, reanudaron entonces sus penas inconclusas, acabaron de llorar, acabaron de sufrir, acabaron de vivir, acabaron, en fin, de ser mortales! ¡Y la pólvora fue, de pronto, nada, cruzándose los signos y los sellos, ya la explosión salióle al paso un paso, y al vuelo a cuatro patas, otro paso y al cielo apocalíptico, otro paso y a los siete metales, la unidad, sencilla. justa, colectiva, eterna. Málaga sin padre ni madre ni piedrecilla, ni horno, ni perro blanco! Málaga sin defensa, donde nació mi muerte dando pasos y murió de pasión mi nacimiento! Málaga caminando tras de tus pies, en éxodo, bajo el mal, bajo la cobardía, bajo la historia cóncava, indecible, con la yema en tu mano: tierra orgánica! y la clara en la punta del cabello: todo el caos! iMálaga huyendo de padre a padre, familiar, de tu hijo a tu hijo, a lo largo del mar que huye del mar, a través del metal que huye del plomo, a ras del suelo que huye de la tierra y a las órdenes iay! de la profundidad que te quería! iMálaga a golpes, a fatídico coágulo, a bandidos, a infiernazos a cielazos, andando sobre duro vino, en multitud, sobre la espuma lila, de uno en uno, sobre huracán estático y más lila, y al compás de las cuatro órbitas que aman y de las dos costillas que se matan! iMálaga de mi sangre diminuta y mi coloración a gran distancia, la vida sigue con tambor a tus honores alazanes, con cohetes, a tus niños eternos y con silencio a tu último tambor, con nada, a tu alma, y con más nada, a tu esternón genial! iMálaga, no te vayas con tu nombre! iQue si te vas, te vas toda, hacia ti, infinitamente en son total , concorde con tu tamaño fijo en que me aloco, con tu suela feraz y su agujero y tu navaja antigua,atada a tu hoz enferma y tu madero atado a un martillo! iMálaga literal y malagüeña, huyendo a Egipto, puesto que estás clavada, alargando en sufrimiento idéntico tu danza, resolviéndose en ti el volumen de la esfera, perdiendo tu botijo, tus cánticos, huyendo con tu España exterior y tu orbe innato! ¡Málaga por derecho propio y en el jardín biológico, más Málaga! ¡Málaga, en virtud del camino. en atención al lobo que te sigue y en razón del lobezno que te espera! ¡Málaga. que estoy llorando! ¡Málaga. que lloro y lloro! III Solía escribir con su dedo grande en el aire... Solía escribir con su dedo grande en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas», de Miranda de Ebro, padre y hombre, marido y hombre, ferroviario y hombre, padre y más hombre. Pedro y sus dos muertes. Papel de viento, lo han matado: ¡pasa! Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa! ¡Abisa a todos compañeros pronto! Palo en el que han colgado su madero, lo han matado; ¡lo han matado al pie de su dedo grande! ¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas! ¡Viban los compañeros a la cabecera de su aire escrito! ¡Viban con esta b del buitre en las entrañas de Pedro y de Rojas, del héroe y del mártir! Registrándole, muerto, sorprendiéronle en su cuerpo un gran cuerpo, para el alma del mundo, y en la chaqueta una cuchara muerta. Pedro también solía comer entre las criaturas de su carne, asear, pintar la mesa y vivir dulcemente en representación de todo el mundo. Y esta cuchara anduvo en su chaqueta, despierto o bien cuando dormía, siempre, cuchara muerta viva, ella y sus símbolos. ¡Abisa a todos compañeros pronto! ¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre! Lo han matado, obligándole a morir a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquel que nació muy niñín, mirando al cielo, y que luego creció, se puso rojo y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos. Lo han matado suavemente entre el cabello de su mujer, la Juana Vázquez, a la hora del fuego, al año del balazo y cuando andaba cerca ya de todo. Pedro Rojas, así, después de muerto se levantó, besó su catafalco ensangrentado, lloró por España y volvió a escribir con el dedo en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas». Su cadáver estaba lleno de mundo. IV Los MENDIGOS pelean por España... Los mendigos pelean por España, mendigando en París, en Roma, en Praga y refrendando así, con mano gótica, rogante, los pies de los Apóstoles, en Londres, en New York, en Méjico. Los pordioseros luchan suplicando infernalmente a Dios Por Santander, la lid en que ya nadie es derrotado. Al sufrimiento antiguo danse, encarnízanse en llorar plomo social al pie del individuo, y atacan a gemidos, los mendigos, matando con tan solo ser mendigos. Ruegos de infantería, en que el arma ruega del metal para arriba, y ruega la ira, más acá de la pólvora iracunda. Tácitos escuadrones que disparan, con cadencia mortal, su mansedumbre, desde un umbral, desde sí mismos, ¡ay! desde sí mismos. Potenciales guerreros sin calcetines al calzar el trueno, satánicos, numéricos, arrastrando sus títulos de fuerza, migaja al cinto, fusil doble calibre: sangre y sangre. ¡E1 poeta saluda al sufrimiento armado! V IMAGEN ESPAÑOLA DE LA MUERTE ¡Ahí pasa! ¡Llamadla! ¡Es su costado! ¡Ahí pasa la muerte por Irún: sus pasos de acordeón, su palabrota, su metro del tejido que te dije, su gramo de aquel peso que he callado ¡si son ellos! ¡Llamadla! Daos prisa! Va buscándome en los rifles, como que sabe bien dónde la venzo, cuál es mi maña grande, mis leyes especiosas, mis códigos terribles. ¡Llamadla! Ella camina exactamente como un hombre, entre las fieras, se apoya de aquel brazo que se enlaza a nuestros pies cuando dormimos en los parapetos y se para a las puertas elásticas del sueño. ¡Gritó! ¡Gritó! ¡Gritó su grito nato, sensorial! Gritara de vergüenza, de ver cómo ha caído entre las plantas, de ver cómo se aleja de las bestias, de oír cómo decimos: ¡Es la muerte! ¡De herir nuestros más grandes intereses! (Porque elabora su hígado la gota que te dije, camarada; porque se come el alma del vecino) ¡Llamadla! Hay que seguirla hasta el pie de los tanques enemigos, que la muerte es un ser sido a la fuerza, cuyo principio y fin llevo grabados a la cabeza de mis ilusiones, por mucho que ella corra el peligro corriente que tú sabes y que haga como que hace que me ignora. ¡Llamadla! No es un ser, muerte violenta, sino, apenas, lacónico suceso; más bien su modo tira, cuando ataca, tira a tumulto simple, sin órbitas ni cánticos de dicha; más bien tira su tiempo audaz, a céntimo impreciso y sus sordos quilates, a déspotas aplausos. Llamadla, que en llamándola con saña, con figuras, se la ayuda a arrastrar sus tres rodillas, como, a veces, a veces duelen, punzan fracciones enigmáticas, globales, como, a veces, me palpo y no me siento. ¡Llamadla! ¡Daos prisa! Va buscándome, con su cognac, su pómulo moral, sus pasos de acordeón, su palabrota. ¡Llamadla! No hay que perderle el hilo en que la lloro. De su olor para arriba, ¡ay de mi polvo, camarada! De su pus para arriba, ¡ay de mi férula, teniente! De su imán para abajo, ¡ay de mi tumba! VI CORTEJO TRAS LA TOMA DE BILBAO Herido y muerto, hermano, criatura veraz, republicana, están andando en su trono, desde que tu espinazo cayó famosamente; están andando, pálido, en tu edad flaca y anual, laboriosamente absorta ante los vientos. Guerrero en ambos dolores, siéntate a oír, acuéstate al pie del palo súbito, inmediato de tu trono; voltea; están las nuevas sábanas, extrañas; están andando, hermano, están andando. Han dicho “¡Como! ¡Dónde!…”, expresándose en trozos de paloma, y en los niños suben sin llorar a tu polvo. Ernesto Zúñiga, duerme con la mano puesta, con el concepto puesto, en descanso tu paz, en paz tu guerra. Herido mortalmente de vida, camarada, camarada jinete, camarada caballo entre hombre y tierra, tus huesecillos de alto y melancólico dibujo forman pompa española, laureada de finísimos andrajos. Siéntate, pues, Ernesto, oye que están andando, aquí, en tu trono, desde que tu tobillo tiene canas. ¿Qué trono? ¡Tu zapato derecho! ¡Tu zapato! (13 septiembre 1937). VII Varios días el aire, compañeros... Varios días el aire, compañeros, muchos días el viento cambia de aire, el terreno, de filo, de nivel el fusil republicano. Varios días España está española. Varios días el mal moviliza sus órbitas, se abstiene, paraliza sus ojos escuchándolos. Varios días orando con sudor desnudo, los milícianos cuélganse del hombre. Varios días, el mundo, camarada, el mundo está español hasta la muerte. Varios días ha muerto aquí el disparo y ha muerto el cuerpo en su papel de espíritu y el alma es ya nuestra alma, compañeros. Varios días el cielo, éste, el del día, el de la pata enorme. Varios días, Gijón; muchos días, Gijón; mucho tiempo, Gijón; mucha tierra, Gijón; mucho hombre, Gijón; y mucho dios, Gijón, muchísimas Españas ¡ay! Gijón. Camaradas, varios días el viento cambia de aire. VIII Aquí, Ramón Collar... Aquí, Ramón Collar, prosigue tu familia soga a soga, se sucede, en tanto que visitas, tú, allá, a las siete espadas, en Madrid, en el frente de Madrid. ¡Ramón Collar, yuntero y soldado hasta yerno de tu suegro, marido, hijo limítrofe del viejo Hijo del Hombre! Ramón de pena, tú, Collar valiente, paladín de Madrid y por cojones; Ramonete, aquí, los tuyos piensan mucho en tu peinado! ¡Ansiosos, ágiles de llorar, cuando la lágrima! ¡Y cuando los tambores, andan; hablan delante de tu buey, cuando la tierra! ¡Ramón! ¡Collar! ¡A ti! ¡Si eres herido, no seas malo en sucumbir: ¡refrénate! Aquí, tu cruel capacidad está en cajitas; aquí, tu pantalón oscuro, andando el tiempo, sabe ya andar solísimo, acabarse; aquí, Ramón, tu suegro, el viejo, te pierde a cada encuentro con su hija! ¡Te diré que han comido aquí tu carne, sin saberlo, tu pecho, sin saberlo, tu pie; pero cavilan todos en tus pasos coronados de polvo! ¡Han rezado a Dios, aquí; se han sentado en tu cama, hablando a voces entre tu soledad y tus cositas; no sé quién ha tomado tu arado, no sé quién fue a ti, ni quién volvió de tu caballo! ¡Aquí, Ramón Collar, en fin, tu amigo! ¡Salud!, hombre de Dios, mata y escribe. (10 septiembre 1937) IX PEQUEÑO RESPONSO A UN HÉROE DE LA REPÚBLICA Un libro quedó al borde de su cintura muerta, un libro retoñaba de su cadáver muerto. Se llevaron al héroe, y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento; sudamos todos, el hombligo a cuestas; caminantes las lunas nos seguían; también sudaba de tristeza el muerto. Y un libro, en la batalla de Toledo, un libro, atrás un libro, arriba un libro, retoñaba del cadáver. Poesía del pómulo morado, entre el decirlo y el callarlo, poesía en la carta moral que acompañara a su corazón. Quedóse el libro y nada más, que no hay insectos en la tumba, y quedó al borde (le su manga, el aire remojándose y haciéndose gaseoso, infinito. Todos sudamos, el ombligo a cuestas, también sudaba de tristeza el muerto y un libro, yo lo vi sentidamente, un libro, atrás un libro, arriba un libro retoño del cadáver ex abrupto. X INVIERNO EN LA BATALLA DE TERUEL ¡Cae agua de revólveres lavados! Precisamente, es la gracia metálica del agua, en la tarde nocturna en Aragón, no obstante las construídas yerbas, las legumbres ardientes, las plantas industriales. Precisamente, es la rama serena de la química, la rama de explosivos en un pelo, la rama de automóviles en frecuencia y adioses. Así responde el hombre, así, a la muerte, así mira de frente y escucha de costado, así el agua, al contrario de la sangre, es de agua, así el fuego, al revés de la ceniza, alisa sus rumiantes ateridos. ¿Quién va, bajo la nieve? ¿Están matando? No. Precisamente, va la vida coleando, con su segunda soga. ¡Y horrísima es la guerra, solivianta, lo pone a uno largo, ojoso; da tumba la guerra, da caer, da dar un salto extraño de antropoide! Tú lo hueles, compañero, perfectamente, al pisar, por distracción tu brazo entre cadáveres; tú lo ves, pues tocaste tus testículos poniéndote rojísimo; tú lo oyes en tu boca de soldado natural. Vamos, pues, compañero; nos espera tu sombra apercibida, nos espera tu sombra acuartelada, mediodía capitán, noche soldado raso... Por eso, al referirme a esta agonía, aléjome de mí gritando fuerte: ¡Abajo mi cadáver!... Y sollozo. XI Miré el cadáver... Miré el cadáver, su raudo orden visible y el desorden lentísimo de su alma; le vi sobrevivir; hubo en su boca la edad entrecortada de dos bocas. Le gritaron su número: pedazos. Le gritaron su amor: ¡más le valiera! Le gritaron su bala: ¡también muerta!" Y su orden digestivo sosteníase y el desorden de su alma, atrás, en balde. Le dejaron y oyeron, y es entonces que el cadáver casi vivió en secreto, en un instante; mas le auscultaron mentalmente, ¡y fechas! lloránrole al oído, ¡y también fechas! (3 septiembre 1937) XIII MASA Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: «No mueras, te amo tanto!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Se le acercaron dos y repitiéronle: «No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: «¡Quédate hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre; echóse a andar. (10 noviembre 1937) XIII REDOBLE FÚNEBRE A LOS ESCOMBROS DE DURANGO Padre polvo que subes de España, Dios te salve, libere y corone, padre polvo que asciendes del alma. Padre polvo que subes del fuego, Dios te salve, te calce y dé tu trono, padre polvo que estás en los cielos. Padre polvo, biznieto del humo, Dios te salve y ascienda a infinito, padre polvo, biznieto del humo. Padre polvo en que acaban los justos, Dios te salve y devuelva a la tierra, padre polvo en que acaban los justos. Padre polvo que creces en palmas, Dios te salve y revista de pecho, padre polvo, terror de la nada. Padre polvo, compuesto de hierro, Dios te salve y te de forma de hombre, padre polvo que marchas ardiendo. Padre polvo, sandalia de paria, Dios te salve y jamás te desate. Padre polvo que avientan los bárbaros, Dios te salve y te ciña de dioses, padre polvo que escoltan los átomos. Padre polvo, sudario del pueblo, Dios te salve del mal para siempre, padre polvo español, padre nuestro. Padre polvo que vas al futuro, Dios te salve, te guíe y te dé alas, padre polvo que vas al futuro. XIV ¡Cuídate, España...! ¡Cuídate, España, de tu propia España! ¡Cuídate de la hoz sin el martillo, cuídate del martillo sin la hoz! ¡Cuídate de la víctima a pesar suyo, del verdugo a pesar suyo y del indiferente a pesar suyo! ¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo, negárate tres veces, y del que te negó, después, tres veces! ¡Cuídate de las calaveras sin las tibias, y de las tibias sin las calaveras! ¡Cuídate de los nuevos poderosos! ¡Cuídate del que come tus cadáveres, del que devora muertos a tus vivos! ¡Cuídate del leal ciento por ciento! ¡Cuídate del cielo más acá del aire y cuídate del aire más allá del cielo! ¡Cuídate de los que te aman! ¡Cuídate de tus héroes! ¡Cuídate de tus muertos! ¡Cuídate de la República! ¡Cuídate del futuro!… XV ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ Niños del mundo, si cae España —digo, es un decir— si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno! ¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra madre con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales! Si cae —digo, es un decir— si cae España, de la tierra para abajo, niños ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena! Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que está en su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera, aquella de la trenza; la calavera, aquella de la vida! ¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aún el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin punta, si la madre España cae —digo, es un decir—, salid, niños, del mundo; id a buscarla!... Fuente