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Usuario (Argentina)
Cepillos de dientes antiguos como instrumentos de limpieza Los dentistas recomiendan cambiar de cepillo de dientes con cierta frecuencia, no solo por higiene (estos suelen ser bonitos campos de bacterias) sino porque las cerdas acaban perdiendo su forma y limpian peor. El caso es que tener que “jubilar” un cepillo de dientes no tiene por qué ser motivo para deshacerse de ellos ya que se pueden “reciclar” como instrumentos para limpiar lugares difíciles. Debido a su forma, con el palo largo y a las cerdas, los cepillos de dientes antiguos son ideales para llegar a lugares recónditos que necesitan limpieza como por ejemplo: Desagües: si quitamos la rejilla, podremos frotar las paredes de los desagües del fregadero de la cocina o del lavabo del baño con el cepillo de dientes. Si necesitamos una limpieza somera, bastará con echar antes un poco de nuestro producto de limpieza habitual para desincrustar la suciedad más sutil. Los rincones del lavavajillas: en ocasiones en el lavavajillas van quedando restos de suciedad lavado tras lavado y el cepillo de dientes nos puede ayudar a llegar a lugares difíciles. Probad a frotar con vinagre y os asombraréis de los resultados. Las persianas, que están llenas de recovecos y son difíciles de limpiar del todo. Un cepillo de dientes nos dará precisión para desincrustar la suciedad de las juntas. Las esquinas de las rejillas, si no estáis muy duchos con el estropajo podéis ayudaros con un cepillo de dientes y acabaréis cuanto antes con la suciedad. ¿Vosotros usáis los cepillos de dientes antiguos para la limpieza?
Lodelei, sencillo y bonito perchero de tela De tela y también de madera, obviamente para la estructura, pero la tela es lo que diferencia a este sencillo y bonito perchero de la mayoría de los que se suelen ver habitualmente. Además de darle un toque diferente y muy juvenil, permite que en la parte baja coloquemos cosas, por ejemplo, el bolso lo que hace que Lodelei, que así se llama este perchero, resulte todavía más práctico. Se puede colocar en la entrada de la casa, pero yo lo veo más cómo complemento para el dormitorio, por la forma que tiene y por cómo permite colocar las prendas, creo que en un dormitorio grande en el que hubiese suficiente espacio para apoyarlo en una pared, quedaría excelente. Cada uno puede utilizar este perchero como quiera, en él se pueden colocar chaquetas y abrigos que es lo habitual, sobre todo en el recibidor, pero también se puede dejar preparada en él, en un par de perchas la ropa del día siguiente, yo a veces lo hago, cuando tengo que madrugar mucho, así te ahorras tener que pensar o planchar por la mañana.

¿La siesta está escrita en nuestros genes? Esa costumbre tan celtíbera (yoga hispánico, lo llamaba el premio nobel Camilo José Cela) que es la siesta podría estar escrita en nuestros genes. Desde que amanece hasta el mediodía, la temperatura de nuestro cuerpo aumenta. Desde las 12 hasta las 3 de la tarde, sin embargo, el organismo experimenta una pequeña caída de su temperatura acompañada de cierta somnolencia. Se ha especulado con que estas respuestas se deben a la necesidad de enfriar el cerebro, que (como el resto del cuerpo) ha ido acumulando calor a lo largo de toda la mañana. El cerebro por ello se vuelve poco eficiente y ha desarrollado mecanismos para recuperar su funcionalidad para el resto del día, tales como la propia inducción al sueño y el cese de actividad, pues ello contribuye a un descenso de la producción de calor por el organismo y, consecuentemente, a un descenso de su temperatura. Precisamente hoy se piensa que una de las funciones del sueño pueda ser la de enfriar el cerebro, sobrecargado por el trabajo al que se le somete durante el día. Para Justin Blau, del Laboratorio de Genética de la Universidad de Rockefeller , en Nueva York, lo único que está claro es que hay una predisposición natural en el ritmo circadiano humano para dormir a media tarde, “pero eso no quiere decir que se tenga que dormir”. Según esta especialista, la siesta tiene sentido biológico, especialmente en climas cálidos, en los que los animales gastarían muchas energías tratando de estar frescos mientras están activos durante la mayor parte del día. Para el doctor Emilio Rodríguez Sáez, de la Unidad de Sueño del Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital General de Vigo, la siesta es natural y necesaria y recomendable para todos, salvo en contadas excepciones. Un estudio realizado sobre los efectos de la siesta en los países industrializados desveló que para el 92,5% de los trabajadores, una cabezadita después de comer aumentaba la productividad, la creatividad y la capacidad para resolver problemas. Es decir, no sólo trabajan más sino mejor. Eso sí, adictos a las siestas, tened cuidado: para que este sueño sea verdaderamente reparador, la siesta debe limitarse a 10 o 15 minutos. Es decir, el tiempo medio que dura el sueño superficial antes de entrar en el sueño más profundo o sueño REM. Y es precisamente este primer tipo de sueño (el superficial) el que parece más eficiente y capaz de cubrir las necesidades de pérdida de calor por el organismo. El otro tipo de sueño más profundo, aquel que se conoce como sueño paradójico o sueño REM, produce una profunda relajación de todos los músculos del cuerpo y una desconexión del mundo que nos rodea, lo que conlleva al despertar una larga recuperación de la realidad de circundante y al tono muscular. En Estados Unidos, científicos como el doctor William A. Anthony, director del Centro de Rehabilitación Psiquiátrica de la Universidad de Boston (EEUU), abogan por que la siesta se convierta en una práctica habitual. Pretende que las empresas se tomen en serio la siesta y se incorporen salas de descanso donde los trabajadores puedan reponer energías. De momento, ya ha conseguido que haya un Día Nacional de la Siesta en el Trabajo que se celebró, por primera vez, el pasado 3 de abril, en EEUU.