M

mpasalag

Usuario (Argentina)

Primer post: 15 abr 2008Último post: 15 abr 2008
1
Posts
10
Puntos totales
1
Comentarios
M
Mitología griega. "Dédalo: el inventor a pedido&quo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/15/2008

Ciencia sin conciencia Hay un personaje de la mitología griega que, al lado de Prometeo (el que robó el fuego a los dioses y se lo dio a los hombres) y por razones parecidas es, entre todos, el más citado hoy en día por científicos que escriben para el público: Dédalo, el inventor. Un Nobel de Medicina ofreció en su libro sobre la inquietud por las técnicas biológicas ahora en desarrollo una versión completa del mito evocador. En plena explosión de la ingeniería genética, uno de sus artífices más representativos brinda allí un relato de las aventuras del personaje mítico, una lección acerca de las acechanzas de la soberbia humana. A Dédalo, arquitecto, escultor e ingeniero, se le atribuían una gran cantidad de invenciones. En su taller tenía un aprendiz, Talos, sobrino suyo de 12 años. Un día el muchacho encontró una mandíbula de serpiente y se dio cuenta de que podía usar sus rasgos para una herramienta de corte. Trabajó una especie de espada de hierro a la que le fabricó los dientes y así inventó la sierra. Esta invención, entre otras como el torno de alfarero y el compás para trazar círculos, le otorgaron una gran reputación. Pero a Dédalo, quien reclamaba haber sido él quien inventara la sierra, muy pronto lo consumieron los celos. Un día, bajo el pretexto de mostrarle a su sobrino un detalle arquitectónico, lo condujo hasta lo alto del puente. Acusado de asesinato, se refugió en la isla de Creta. Allí, donde la gente lo reconocía por su fama, el rey Minos lo recibió con los brazos abiertos y le dio taller y medios para poner en obra sus habilidades. Ocurrió que un día la esposa del rey, Pasífae, se llegó hasta él pidiéndole ayuda. Se había enamorado de un magnífico toro blanco que Minos recibió como regalo funesto de un dios. La mujer le requirió los medios para satisfacer su pasión y él, sin reflexionar, fabricó una vaca de madera ahuecada y la vistió artísticamente con el pellejo de una real. Después le explicó a ella cómo usarla: debía abrir la puerta escondida en la puerta de atrás, introducirse en su interior y deslizar las piernas entre las posteriores del simulacro. Pasífae siguió sus instrucciones y el toro blanco hizo lo suyo. Pocos meses después, consistente con la genética de ese tiempo, la reina parió a Minotauro, un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro que solamente comerá carne humana. Dédalo tuvo que soportar después el enojo de Minos. Rabioso con la infidelidad de su esposa, el rey lo obligó a edificar una prisión cuyos pasillos se conectaban por una red compleja que, una vez adentro, nadie podía encontrar la salida. El Minotauro fue confinado en el laberinto. Cada año, Dédalo, que estaba encargado de alimentarlo, le llevaba siete muchachos y siete chicas, oblados por la ciudad de Atenas. Esta crueldad repetida indignó a Teseo, el héroe-rey de la ciudad. Resuelto a matar al Minotauro y así liberar a su ciudad de ese terrible tributo, Teseo se mezcló un día con la procesión de jóvenes atenienses que eran conducidos a alimentar el monstruo. Afortunadamente, Ariadna (la hija de Minos y Pasífae) lo había visto y se había enamorado de él. Así comprometió a Dédalo para ayudar a Teseo a encontrar la salida del laberinto. En un cerrar de ojos el ingenioso entró de nuevo en acción. Le entregó a Ariadna un bollo de hilo y le enseño como usarlo. Tenía que quedarse al lado de la entrada y sostener un extremo del hilo mientras Teseo sostenía el otro en tanto avanzaba por el laberinto. Teseo mató al Minotauro, guiado por el hilo, pudo salir fácilmente. Furioso otra vez, Minos encerró a Dédalo en el laberinto con Icaro, su hijo. Todos conocemos el final de la historia: pudo escapar, fabricó alas con plumas de pájaros y las fijó con cera en sus espaldas y las de su hijo. A pesar de las advertencias de volar bajo, Icaro embriagado con el aire y el sol, se llenó de orgullo y potencia. Voló demasiado alto, el sol fundió la cera y él cayó ante los ojos de su padre en lo profundo del mar. Dédalo personificó las habilidades necesarias para controlar la naturaleza. Tenía respuestas para todas las preguntas prácticas. Fue un técnico maravilloso, pero más que un técnico que usaba el talento para servir a sus dueños. No buscaba el poder mismo. Nunca intentó satisfacer ninguna pasión o ambición personal. Al contrario de los personajes que fue inducido a servir, que no reparaban en medios para lograr lo que querían, respetó siempre los límites establecidos de la ley y el orden. No cayó nunca en lo que los griegos llamaban hübris. Hübris es el orgullo excesivo que produce desorden, el ardor frenético que conduce a pendencias y confusión. Es lo que lleva a los hombres a desafiar a los dioses, a colocarse ellos mismos por encima de las leyes humanas. Fue hübris, por ejemplo, lo que llevó a Prometeo a desafiar a Zeus robándole el conocimiento. Cualquier estratagema era posible para obtener lo que deseaba. No ocurría lo mismo con nuestro héroe. Se enorgullecía de ser un ingeniero -el mejor de los ingenieros- y para mantener esa distinción no dudó en asesinar a alguien percibido como un rival. No mató por soberbia. El asesinato de Talos fue un acto de celos mezquinos. Pero, a pesar de que Dédalo siempre respetó la moral y los dictados de humildad por los cuales los dioses regulan la vida de los hombres, cometió el pecado de colocarse enteramente a la disposición de otros. Su habilidad les facilitó a esos otros entregarse a su propia hübris. A través de él y sus artes, Pasífae, Minos y Teseo –aún Icaro- pudieron darse a sus ambiciones y pasiones inmoderadas. En ese sentido simboliza un mal de nuestro tiempo: el técnico de alto vuelo que usa su talento para servir a cualquier interés o ideología sin preocuparse de su valor o contenido. Dédalo nos recuerda la famosa frase de Rabelais, fue el epítome de “ciencia sin conciencia”. Del libro de Héctor Capuscio, “Dédalo, Tecnología y Etica”.

10
4
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.