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Usuario (Argentina)

Ayuda para adultos que son hijos de alcohólicos Lei este articulo hace tiempo y me gusto mucho y quise compartirlo... “Si uno se ha criado en una familia con problemas de alcoholismo, tiene que ajustar la mentalidad equivocada y la confusión emocional que derivó de tal crianza. Es inevitable.”—Doctor George W. Vroom. UN SOLDADO gravemente herido está sangrando en el campo de batalla. Al momento lo recogen y lo llevan a toda prisa a un hospital. El soldado ha sobrevivido, pero sus problemas ni mucho menos han terminado. Las heridas tienen que sanar, y puede que no supere el trauma en años. Para los hijos de un alcohólico, la casa puede ser un campo de batalla en el que se atenta contra las necesidades humanas básicas. Algunos niños son víctimas de abusos sexuales, otros de maltratos físicos y otros muchos están desatendidos en sentido emocional. “Es la misma clase de terror que puede sentir un niño cuando oye bombas o disparos de ametralladoras cerca de su casa”, dice un joven al reflexionar en su infancia. No es de extrañar que muchos hijos de alcohólicos manifiesten los mismos síntomas de estrés postraumático que los veteranos de guerra. Es cierto que muchos niños sobreviven a estos traumas y con el tiempo se marchan de casa. Pero comienzan su vida adulta con una serie de heridas que, aunque no son visibles, son igual de reales y persistentes que las de un soldado. “Ahora tengo sesenta años —dice Gloria—, y mi vida todavía está afectada por los traumas de haber nacido en una familia con un padre alcohólico.” ¿Qué se puede hacer para ayudar a alguien que se encuentre en esas circunstancias? “Acompáñalo en la tristeza”.Para hacer esto, hay que comprender cuáles son las heridas que suelen originarse en un ambiente de alcoholismo. “Nunca tuve infancia” Un niño necesita que le alimenten, le cuiden y le demuestren cariño constantemente. Tal atención suele faltar en las familias con problemas de alcoholismo. En algunas de estas familias se invierten los papeles y se espera que sea el niño quien alimente al padre. Por ejemplo: Albert, a sus catorce años, era quien ganaba el pan para su familia. Y una niña llamada Jan tenía que desempeñar la mayor parte de las tareas domésticas, además de atender a sus hermanos menores, en lugar de su madre alcohólica, ¡y todo empezó cuando apenas tenía seis años de edad! Los niños no son adultos y, por tanto, no pueden actuar como tales. Cuando los papeles de progenitor e hijo se invierten, los niños que hoy tienen que actuar como adultos se convierten en los adultos marcados del mañana. John Bradshaw, consejero familiar, escribe que estos niños “crecen hasta tener un cuerpo de adulto. Parecen adultos y hablan como tales, pero hay en su interior un niñito insaciable que nunca vio satisfechas sus necesidades”. “Debe ser culpa mía” Cuando Robert tenía tan solo trece años, su padre murió en un accidente. “Yo procuraba ser bueno —recuerda Robert sin levantar la mirada—. Sé que hice cosas que no le gustaban, pero no fui un mal niño.” Robert se sentía culpable por el alcoholismo de su padre, y llevó esa pesada carga durante muchos años. Cuando relató lo supracitado, Robert tenía nada menos que setenta y cuatro años. Es bastante común que los niños asuman la responsabilidad del alcoholismo de su padre o su madre. Mediante autoinculparse, el niño se crea la ilusión de que puede controlar la situación. Como dice Janice: “Pensaba que si me comportaba mejor, mi padre no volvería a beber”. La realidad es que ningún niño —ni ningún adulto— puede provocar, controlar ni curar el vicio de beber de otra persona. Si su padre o su madre son alcohólicos, usted no tiene la culpa, sin importar lo que alguien le haya dicho o le haya dado a entender. Y quizás necesite meditar bien si usted, ya de adulto, todavía siente indebida responsabilidad por las acciones y el comportamiento de otros. “No puedo confiar en nadie” La confianza se basa en la franqueza y la honradez. El ambiente del alcohólico se basa en el secreto y la negación. De joven, Sara sabía que su padre era alcohólico. Sin embargo, ella recuerda: “Me sentía culpable hasta por pensar en la palabra [alcohólico], porque ningún otro miembro de la familia la pronunciaba”. Susan relata una experiencia similar: “Nadie de la familia hablaba jamás de lo que estaba pasando, de lo infelices que se sentían o de lo furiosos que estábamos con [mi padrastro alcohólico]. Creo que simplemente me desconecté de todo aquello”. Se ha observado que la realidad del alcoholismo de un padre o una madre a menudo va rodeada de un sentimiento de negación. “Aprendí a no ver las cosas porque había visto ya suficientes”, dice Susan. El comportamiento inconsecuente del alcohólico socava aún más la confianza. Ayer estaba alegre y sin embargo hoy está furioso. “Nunca sabía cuándo se desataría el temporal”, dice Martin, hijo ya adulto de una madre alcohólica. El alcohólico rompe promesas, no por indiferencia, sino por causa del alcohol. La doctora Claudia Black explica: “El ansia por la bebida se convierte en la prioridad número uno del alcohólico. Todo lo demás es secundario”. “Oculto mis sentimientos” Cuando los sentimientos no pueden compartirse libremente, los niños aprenden a reprimirlos. Van a la escuela con “una sonrisa en el rostro y un nudo en el estómago”, dice el libro Adult Children—The Secrets of Dysfunctional Families (Hijos adultos: los secretos de las familias con problemas), y no se atreven a decir lo que piensan por temor a sacar a la luz el secreto de la familia. Por fuera, todo está bien; pero, por dentro, los sentimientos reprimidos empiezan a hervir. En la vida adulta, todo intento de reprimir las emociones con una fachada de ‘todo va bien’, suele fracasar. Si los sentimientos no pueden ser expresados verbalmente, es probable que se exterioricen somáticamente, es decir, mediante úlceras, dolores de cabeza crónicos y otros trastornos. “Las emociones estaban literalmente destrozándome —dice Shirley—. Tenía todas las dolencias físicas habidas y por haber.” El doctor Timmen Cermak explica: “Los hijos adultos combaten el estrés negándolo, pero no se puede engañar a la Madre Naturaleza. [...] El organismo que se ve sometido a un gran estrés durante años termina por debilitarse”. No basta con sobrevivir Los hijos adultos de alcohólicos son fuertes; el hecho de que han sobrevivido a ese trauma de su infancia lo corrobora. Pero no basta con sobrevivir. Hay que aprender nuevos conceptos tocante a las relaciones familiares. Posiblemente haya que dar atención a sentimientos de culpa, ira y falta de amor propio. CUESTIONARIO Busca constantemente aprobación y confirmación de sus actos? ¿Deja de reconocer sus propios logros? ¿Le inspira temor la crítica? ¿Se desvive por todo? ¿Ha experimentado dificultades con su propio comportamiento compulsivo? ¿Precisa la perfección? ¿Se inquieta aun cuando su vida transcurre serenamente, anticipando problemas continuamente? ¿Se siente más enérgico en medio de una crisis? ¿Se cree aún responsable por los demás, como lo hizo por su ser querido alcohólico? ¿Le es fácil ocuparse de los demás, pero le resulta difícil ocuparse de sí mismo? ¿Se aísla de las demás personas? ¿Responde con ansiedad ante autoridades y personas enfadadas? ¿Cree que las personas y la sociedad en general se aprovechan de usted? ¿Experimenta dificultades con las relaciones íntimas? ¿Confunde la piedad con el amor, como le sucedió con el bebedor con problemas? ¿Atrae y busca gente que tiende a ser compulsiva? ¿Se ata a relaciones por temor a estar solo? ¿Suele desconfiar de sus propios sentimientos y de los sentimientos expresados por los demás? ¿Se le hace difícil expresar sus emociones? ¿Cree que la forma de beber de su padre o de su madre puede haberle afectado? SI ASI TE SIENTES NECESITAS AYUDA... Hay muchos lugares en donde buscar ayuda o el simple hecho de hacer terapia quizas pueda aliviar el dolor que se siente en esta situacion. OJALA LES SIRVA LA INFORMACION CARIÑOS MORENA...