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Usuario (Argentina)
I. La adolescencia, época de crisisEn la adolescencia, ese periodo de la vida capital en los seres humanos, se iniciael sentido histórico y la necesidad de actuar, de tomar parte de losacontecimientos, de decidir el rumbo de la propia vida. Aparecen, enconsecuencia, las preguntas sobre el sentido de la existencia (¿Quién soy?,¿adónde voy?...) y se elaboran los sistemas de valores sobre los que se cimentarála personalidad adulta. Por eso es tan importante ofrecer puntos de apoyo quefavorezcan el proceso de maduración, y la literatura puede cumplir, con éxito yeficacia, parte de esta tarea.Los intereses de los adolescentes son variados y abarcan, entre otros, aspectoséticos, religiosos, artísticos, musicales, familiares y sociales. En esta etapa sedan las crisis de independencia, tan relacionadas con el carácter adolescente, yaumenta la aposición al mundo adulto -padres, madres, educadores...- porque elmuchacho y la muchacha necesitan afianzar su personalidad y lo hacen de unamanera radical y tajante, pasional y extremista casi siempre. Por otro lado, larelación de amistad se convierte en uno de los pilares básicos del adolescente.II. Adolescente y literaturaMuchos son los escritores y escritoras que orientan, en la actualidad, su talentoa plasmar historias dedicadas a los jóvenes, al público adolescente y quedemuestran un buen conocimiento y comprensión de sus problemas yemociones. Bien es cierto, que estos escritores han sido previamenteadolescentes y, desde su recuerdo y sus propias vivencias, están en condicionesde ofrecer sus puntos de vista y sus ilusiones y poner toda su experiencia alservicio de los lectores. De todos es sabido que en la pubertad y adolescencia eljoven va desarrollando, paulatinamente, su inteligencia y sus capacidades. Laliteratura puede acompañarlo en esos años de cambios y de desazón interna ymostrarle caminos y valores que pueda seguir; pero no se trata de ir endetrimento de la calidad literaria, en absoluto. A veces se cree que la literaturainfantil y juvenil son subgéneros de la literatura con mayúsculas y eso no escierto, si lo pensamos así sería menospreciar la profesionalidad de un buengrupo de autores que han decidido cultivar la literatura que estamos comentadoahora mismo. Aparte, el público juvenil es un público exigente, igual que puedeserlo el infantil o el adulto e, incluso, más. Así, la memoria, la imaginación y laatención se amplían en la adolescencia y van acompañadas del espíritu crítico -tan característico- y de la capacidad de abstracción. Simplemente, o ni más nimenos, la literatura juvenil puede cubrir un trecho en el camino del joven y leinvita a ampliar sus puntos de vista y sus horizontes, a la vez que sirve a losadultos de recuerdo de ese mundo que algunos han olvidado y que convienetener en cuenta para comprender las actitudes y los extremos del adolescenteque tenemos en casa o en clase.La literatura juvenil española ofrece, en la actualidad, un buen númerocolecciones y de títulos que escogen al personaje adolescente comoprotagonista. Hoy en que las nuevas teconologías parece que estén comiéndoleel terreno al la letra impresa se impone encontrar nuevas estrategias para queno se abandone la lectura y eso es tarea de todos, escritores, profesores, padres yeditores.Precisamente, en las siguientes líneas esbozaremos, a través de algunas de lasnovelas que nos han parecido más significativas, cómo aparecen retratados losadolescentes en la literatura actual y cuáles son los valores que se proyectan.Cómo, en definitiva, la lectura puede servirles de trampolín para enfrentarsemejor a la realidad.III. Escritores de literatura juvenilHemos trabajado una serie de obras, creemos que amplia, aunque noexhaustiva, para ofrecer el modelo o modelo adolescente que predomina en laliteratura, sus motivaciones y sus intereses. Básicamente, hemos trabajado laobra de Jordi Sierra i Fabra, la de Alfredo Gómez Cerdá y la de Concha LópezNarváez, autores de indudable prestigio; aunque, como se verá, añadimostítulos sugerentes de Carlos Murciano, Montserrat del Amo, Lucía Baquedano,Emilio Pascual, Carmen Gómez Ojea, Andreu Martín, Pilar Mateos, PacoCliment y algunos más (1)La literatura puede, como ya hemos dicho, mediante la identificación con lospersonajes, ayudar al joven, orientarlo, hacer que vaya asumiendo su yo y que seintegre en su entorno a la vez que aprenda a conocer su entorno y a valorarse así mismo.Encontramos, entre otros géneros destinados al público juvenil, los siguientes:-novela de la vida real, representada por Jordi Sierra i Fabra y Alfredo GómezCerdá.-novela histórica, representada por Concha López Narváez , Montserrat del Amoo José Mª Merino.-novela de ciencia ficción, cultivada por Jordi Sierra i Fabra.-novela fantástica, escrita con maestría por Pilar Mateos o Joan ManuelGisbert..-novela de detectives, sin duda representada por Andreu Martín y JaumeRibera.IV. El joven de Jordi Sierra i Fabra, Alfredo Gómez Cerdá yConcha López NarváezJordi Sierra i Fabra es un escritor que, difícilmente, puede ser estudiado coneficacia ya que huye, en cada título, de cualquier esquema y clasificación. Noobstante, sus adolescentes son muy característicos y aparecen muy definidos.Casi siempre se trata de muchachos -aunque últimamente incorpora tambiénprotagonistas femeninas- que se enfrentan a problemas familiares, sociales opersonales -falta de adaptación, por ejemplo-. Buscan, y ése es el objetivo de lanarración, soluciones que, o bien son equivocadas -por la línea de la evasiónfácil, el alcohol o las drogas- , o bien son meditadas y serenas -a través detrabajo, del esfuerzo, del comporomiso-. La sociedad que retrata Jordi Sierra iFabra es muy realista ya que no muestra una cara amable a los jóvenes, sino quecontinuamente les tiende trampas o les pone zancadillas -la sociedad delconsumo, la de las cosas fáciles, la del paro...-. A los muchachos que retratanuestro autor les gusta llevar, como rasgo físico, el pelo largo, sienten especialpredilección por la música rock -a la que idealizan- y todos ellos y ellas semueven siguiendo los dictados del corazón, de forma instintiva y visceral, comohace con frecuencia el propio autor.Alfredo Gómez Cerdá, por su parte, también suele hacer hincapié en losproblemas de la juventud urbana; sin embargo, en un gran número de obras,sus protagonistas, chicos y chicas, ya han vivido una experiencia y la narrandesde el pasado. Realizan, por decirlo así, un ejercicio higiénico de memoria.Ellos han aprendido una lección y nos la cuentan, nos cuentan, precisamente,qué han hecho y cómo vivieron ese momento y cómo se sienten ahora. Sonnovelas de mayor profundización psicológica en las que no es raro encontrarfragmentos de conversación, cartas, reflexiones, casi monólogos, entre otroselementos narrativos. A menudo se trata de problemas de comunicación, desoledad, de falta de atención, de incomprensión por parte de los adultos y, endefinitiva, de cómo esos adolescentes van creciendo y van asimilando cuál es sulugar en la sociedad. De todas formas, no generalizar ya que Alfredo GómezCerdá tampoco resulta encasillable puesto que no sólo ha escrito libros decarácter realista, que son los que estamos comentando aquí, sino imaginativos,de crítica, de aventuras y otros.Concha López Narváez es una escritora de fina sensibilidad que nos interesamucho destacar aquí ya que, en líneas generales, muestra, en su literaturajuvenil, unos personajes aparentemente alejados de la actualidad -en su novelahistórica se sitúa, por ejemplo, en la época de la expulsión de los judíos, o en lade expulsión de los moriscos, o en el Camino de Santiago de la Edad Media o enla recreación de la Mesta-. Precisamente su maestría radica en mostrar, en unprimer término, personajes adolescentes parta propiciar la identificación con ellector. Y estos personajes, sean Endrina, María, Hernando, Juan o Martíndemuestran que sí, que el tiempo y la historia ha cambiado, pero que lossentimientos y las vivencias son los mismos. Estos chicos sienten, como pudieraocurrir hoy mismo. Son capaces de las mayores pruebas de amistad, deenamorarse, de vivir sus principios con absoluta pasión y entrega.V. Temas de la literatura juvenilEn un intento de sistematizar vamos a establecer algunos de las temas quehemos visto reflejados en los libros leídos y que, sin duda, tienen su equivalenteen la etapa que tratamos:-La vida y la muerte: Algunos de los personajes literarios tienen en laadolescencia, como puede ocurrir en la vida real, los primeros contactos con lamuerte que irrumpe de manera dura en la vida de los jóvenes para decirles queno se trata de algo ajeno a ellos, sino que forma parte de la otra cara de lamoneda. Así, lo vemos en “La casa de verano”, de Alfredo Gómez Cerdá. Aquímuere Carlos, muy joven y quince años después, Tomás y Juli, sus amigosinseparables recuerdan la conmoción que supuso para ellos esta muerte. En “Yo,Robinsón Sánchez, habiendo naufragado”, de Eliacer Cansino muere la abueladel protagonista, de quien escribe la especie de diario que es el libro y merece lapena transcribir una reflexión que él se hace a sí mismo: “Murió en plenaprimavera, lo que acentuó en mi imaginación los contrastes entre la vida y lamuerte, aún desconocidos para mí. Mientras todo el mundo se disponía en estaciudad a recibir el tiempo de la alegría, ella fue apagándose poco a poco, sinquerer delatar el terrible dolor que una de sus piernas debió causarle” (Ed.Toray, 1992, p. 82-83). En “El mar sigue esperando”, de Carlos Murciano, porejemplo, Néstor ha perdido a su padre y este drama familiar desencadena todala novela.-La belleza, la idealización: hay cierto narcisismo en el mundo adolescente,idolatría hacia el cuerpo, búsqueda de lo bello; pero no siempre está bienentendido y, a veces, resulta engañoso. Por ejemplo, en “Malas tierras”, de JordiSierra i Fabra se observa cómo la juventud, la belleza, la energía no puedenhacer nada contra la muerte inesperada y brutal. Otro libro del autor, “Laschicas de alambre” incide sobre esa enfermedad tan, por desgracia, actual que esla anorexia. Precisamente, Carmen Gómez Ojea en “No vuelvas a leer Jane Eyre”rompe una lanza en favor del aspecto poco atractivo en una muchacha, que noestá delgada, que no se preocupa por ello y que le rebela cualquier imposición dela estética.-La amistad: la amistad en la adolescencia es desinteresada, capaz de sacrificiosy de verdadera entrega. Supone el refugio seguro para los adolescentes y laencontramos en prácticamente todos los libros leídos. Alfredo Gómez Cerdá laidealiza en “La casa de verano”; se muestra en todo su esplendor en “La vozinterior” o “Tiempo del olvido”, de Jordi Sierra i Fabra, aunque esta últimacuenta una historia muy dura. Un muchacho va al País Vasco en busca delasesino de su padre -un terrorista- y conoce a su hijo, con quien comienza atener una amistad que, y ahí está la lección, ni el rencor ni el odio consigueromper. Otra amistad que se establece en situación adversa es la de Pedro yGabi en “Cuba linda y perdida”, de Mª del Carmen de la Bandera. Se centra en laépoca de la guerra cubana, de la pérdida de las colonias y cada uno de esosmuchachos pertenece a un bando opuesto, aunque son capaces, dando unalección a los adultos, de superar esas barreras, menos importantes, sin duda,que la dignidad del ser humano. Concha López Narváez en “El tiempo y lapromesa” narra la historia de amistad entre tres muchachos que profesanreligiones distintas y que se juran no dejar de ser amigos nunca por ese motivo,aunque la historia, hecha por los adultos, se empeñe en llevarles la contrariasiempre.-El amor: aparece también en toda su fuerza ese amor primero que suele ser entérmino del todo o nada. “La estrella de la mañana”, de Jordi Sierra i Fabra,como “Sin máscara”, de Alfredo Gómez Cerdá son historias de amor en las queel principal impedimento suele ser la diferencia de clases sociales, algo asíocurre en “Endrina y el secreto del peregrino”, de Concha López Narváez. De lamisma autora tenemos “Hola, ¿está María?” que es una historia de amistad queacaba derivando en amor. Algo así sucede en “Cinco panes de cebada”, de LucíaBaquedano, donde Muriel, joven maestra, encuentra la felicidad y el amor en unpueblecito que, inicialmente, le pareció el peor de los destinos. En “El cazadordel desierto”, de Lorenzo Silva, la historia amorosa es crucial para entender a losdos personajes principales, Irene y Orens.-Desencanto: Acaso sea Jordi Sierra i Fabra quien mejor retrata el desencantojuvenil y esa especie de huida hacia ningún sitio que emprenden en brazos delconsumismo o de las drogas. Plasma grupos de jóvenes desocupados que hanperdido la ilusión y que no encuentran su sitio. Lo vemos en “Noche de viernes”y “Nunca seremos estrellas de rock”. Transcribimos un fragmento de esta últimaparticularmente representativo. Ventura, el joven protagonista, reflexiona en lossiguientes términos y en una situación límite: “No somos la generación X..Somos la generación Sin Nombre, nietos de los idealistas de los 60 e hijos de losmaterialsitas de los 80. Es como ser un híbrido de Peter Pan y Madonna.Estamos buscando una letra, Kurt. Tenemos la música pero nos falta la letra”(Alfaguara, 1995, pp. 139). Jordi Sierra i Fabra, además, toma partido ydenuncia a la sociedad que está aceptando tácitamenbte estas situaciones.Denuncia el consumo de drogas de diseño en “Campos de fresas”o la muerte deun muchacho por sobredosis en “Seis historias en torno a Mario”. AlfredoGómez Cerdá también aborda la cuestión lacerante de las drogas en “Púpila deáguila” e, incluso denuncia, la venta de alcohol a menores en “El negocio depapá” o pone en solfa los principios de ciertas personas que son capaces deacudir al secuestro en “El cuarto de las ratas” para conseguir dinero fácil,mientras la hija sufre por la niña secuestrada, sin saber, hasta el final, que sonsus propios padres quienes la retienen. “El otro barrio”, de Elvira Lindo estambién un buena historia en torno a la frustración y falta de oportunidades queviven muchos jóvenes.-Disconformidad consigo mismo, búsqueda de respuestas: las respuestas a loscuestiones que se plantean los jóvenes pueden aparecer en la propia literatura(“Días de Reyes Magos”, de Emilio Pascual o “El tesoro de Fermín Minar”, deDimas Mas), en la música (“Banda sonora”, de Sierra i Fabra)) o en la relaciónfamiliar y el descubrimiento de otras maneras de vivir (“Sin máscara”, de GómezCerdá. “Días de Reyes Magos” es una historia particularmente hermosa, unhomenaje a la literatura y un viaje iniciático de Uli -el Ulises que vuelve a casaqueestá desorientado en la vida y que necesita respuestas. Su padre, una amiga,su madre, la profesora de literatura se alían para organizarle un decoradoperfecto que a Uli le sirva para afianzarse en su propia autotestima. Se trata deuna lección de amor... y de literatura. “Cero a la izquierda”, de Andreu Martínmuestra cómo Héctor, un estudiante modelo, va decayendo y perdiendo,paulatinamente, su autoestima para quedar a merced de oportunistas sinescrúpulos.-El estudio y los centros de enseñanza: resulta lógico que en estas novelas losinstitutos, academias y centros de enseñanza sean importantes porque es dondese mueven los jóvenes muchas horas al día. “El tesoro de Fermín Minar”, deDimas mas es un caso extremo; aquí el joven protagonista ha suspendido y unprofesor particular, Laguna, es el encargado de descubrirle que la lengua y laliteratura encierran un tesoro impagable. En “Así es la vida, Carlota” de GemmaLienas, parte de la trama se desarrolla en un instituto; como en “Con los ojoscerrados” o “Sin máscara”, de Alfredo Gómez Cerdá y también “El cazador deldesierto”, de Lorenzo Silva. Algo más antigua y vetusta es la academia en la queestudia el adolescente de “Yo, Robinsón Sánchez, habiendo naufragado”. Lasrelaciones entre alumnos y profesores aparecen bien dibujadas, a menudo hayuna cierta crítica al sistema educativo, aunque también se presentan modelos deprofesores con vocación, como la Chirri de “Con los ojos cerrados”. En “Lasegunda persona”, de Pilar Mateos, se hace una reflexión espléndida. Ha habidoun cambio de papeles entre Miguel, el adolescente y Mariano, el adulto y, por unazar, cada uno se muestra con el aspecto del otro. Pues bien, Miguel -ahora conel alma de Mariano- se da cuenta de la pérdida de tiempo que supone noatender en clase y de la pérdida de oportunidades que eso también supone,aunque intuye, en su propia piel, por qué ocurre eso: “Mariano no entendía quemalgastaran su ración de tiempo en bromas ingenuas y charlas intrascendentes,desperdiciando las contadas oportunidades que proporciona la vida, aunquesentía, ciertamente, que él también compartía su misma inquietud física,idéntico desasosiego por encontrarse cuanto antes en libertad, al otro lado de lasparedes” ( Edelvives, 1993, pág. 119).-Otros: dado lo limitado del espacio, sólo queda comentar que son muchos lostemas y aspectos que aparecen en la literatura juvenil y que preocupan a losadolescentes. Por ejemplo, no son infrecuentes las reflexiones en torno a Dios oal por qué de la existencia. También encontramos muchos momentos derebeldía, críticas hacia la sociedad y una petición de compromiso ético por partede la misma (lo vemos muy claro en la producción de Jordi Sierra i Fabra,citemos sin ir más lejos “Un hombre con un tenedor en una tierra de sopas”).Otro tema escabroso que se maneja es el de los malos tratos, presente de formaclarísima en “Anoche hablé con la luna”, de Alfredo Gómez Cerdá, en donde lajoven Luz sufre abusos por parte de su padre. Encontramos también la continuareflexión en torno a la igualdad de oportunidades para chicos y chicas. “Sissi noquiere fotos”, de Paco Climent, ambientada a finales de S. XIX, ya muestra aLeticia, una periodista en un mundo de hombres y las dificultades por las que hatenido que pasar para hacerse un sitio en su trabajo.Evidentemente, son frecuentes las referencias a los gustos y aficiones de losjóvenes -la música, el cine, el deporte...-, así como los lugares de reunión -discotecas, bares...-. No menos importante es el aspecto exterior por el que,demasiado a menudo, se juzga a los jóvenes y se da una opinión sin tener encuenta nada más y eso es también un aspecto que se reivindica en los librostrabajados. Y, de manera especial, y de eso hablaremos en otra ocasión día,encontramos las relaciones familiares, con los padres y las madres, no siemprefáciles.VI. Modelos de jóvenesAunque sea apresurado, ya que haría falta una mayor exposición y análisis,podemos aventurar distintos modelos de jóvenes que son el equivalente a larealidad:-el chico o chica solitaria, que se inhibe porque no se encuentra a gusto en sumundo y que reclama una parcela de atención (algunos personajes de AlfredoGómez Cerdá).-el chico desencantado, rebelde sin causa, que va a bandazos por la vida(algunos de Sierra i Fabra).-el chico que rompe con los esquemas para hacerse oír, que se esfuerza, que sesupera día a día para demostrar hasta dónde puede llegar (muchos de JordiSierra i Fabra son así).-el chico sensible, comprometido con la historia, con afán solidario y desuperación personal (muchas de las historias de Concha López Narváez losreflejan).-encontramos, de forma ya más estereotipada, otros modelos como podría ser elchico con espíritu aventurero que en su propia vida encuentra todo tipo demomentos apasionantes como es Flanagan, el detective creado por AndreuMartín y Jaume Ribera.En definitiva, nadie dice que ser joven sea fácil, al contrario. Así lo resume PilarMateos en “La segunda persona”: “A la juventud se la canta y se la teme. Se lasueña. Y para eso está bien la juventud, para soñarla” (pp. 168).VII. El futuroLa literatura juvenil es una literatura abierta, en perpetua evolución, que seproyecta hacia el futuro, pero que enlaza con el pasado, prueba de ello son lasnovelas históricas a las que hemos aludido. Son, a menudo, historias deiniciación en las que importa la capacidad del joven para aprender, parasuperarse, para adaptarse, pero sin desdeñar sus propias opiniones, sus puntosde partida, sean familiares o sociales. En general, los personajes con los que noshemos topado no son figuras planas, sino redondas, llenas de recovecos ydensidad humana. El mensaje que nos dejan entrever los distintos autores yautoras, también haciendo abstracción, suele ser positivo y esperanzador. Noquieren, no queremos, que el adolescente sea algo así como un “bicho raro”,incomprensible, ajeno, impenetrable. La literatura juvenil es, por decirlo así, unpuente levadizo entre los jóvenes y los que ya no lo son, pero que recuerdan esaetapa de su vida y que no se sienten ajenos a la misma.

○Capítulo 1. De qué va la éticaSe nos habla de lo que puede ser lo bueno y lo malo, a partir de lo que nos conviene, pero habla de que lo que es bueno nos conviene es lo que para nosotros es bueno, pero para desarrollar esto hay unos obstáculos, que son lo que a otros les convienen, pero esto no es lo que consideramos como bueno sino como malo, y esos son los obstáculos, pero tenemos que saber que hay cosas que están hechas solamente para hacer algo lo cual también puede significar un obstáculo, pero a partir del ejemplo de las abejas y castores, nos damos cuenta que es prácticamente imposible realizar actividades que están dentro de lo que considero como una posible fantasía o algo parecido.Se nos hace una comparación de el hombre con los animales en donde menciona a las termitas y a Héctor que es un guerrero al igual que las termitas que forman el reino, creo que en esta parte se nos quiere enseñar o dar a entender que el hombre tiene el privilegio de ser libre, ya que el humano tiene la capacidad de decidir lo que quiera y en este caso las termitas no pueden cambiar lo que tienen que hacer. Se nos dice que no podemos hacer lo que queramos; se puede hacer lo que queramos pero puede traer consecuencias muy malas para nosotros, pero es cierto que tenemos la libertad muy limitada porque hay cosas que nos suceden como consecuencia de lo que nos hacen otras personas, que nos perjudican en algo o cosas que no nos incumben. Cuando se nos plantea la voluntad, es muy parecido a lo anterior pero con alguna diferencia, que hace que hagamos algo bien o mal.○Capítulo 2: Órdenes, costumbres y caprichosSe nos resalta lo que es la responsabilidad o las ganas de vivir. Pero sigue sin dejar lo que es libertad, que se aplica porque tenemos que tomar decisiones., partiendo de problemas que vamos teniendo por nuestra forma de actuar. Se nos pone el ejemplo de un capitán de barco que tiene que tomar una decisión muy complicada. También se plantean las actividades que hace el hombre normalmente sin pensarlo, que son nuestras costumbres de cada persona. Los caprichos son aspectos de la vida de cada persona, que no suelen llevar a nada productivo, porque solo le interesa a una persona que tiene el capricho.Pero las órdenes y las costumbres no son actos libres porque no son pensamientos nuestros, es algo impuesto por alguien.○Capítulo 3: Haz lo que quierasSe plantea una decisión que nos puede hacer culpables de algo o no, dependiendo de los antecedentes que existan a esa actividad, que puede ser hecha voluntariamente o con órdenes de alguien. Se nos plantean todos los ejemplos anteriores, pero habla de un dirigente nazi y el que plantea el racismo, así nos dicen que el hombre no es culpable siempre de lo que hace, a partir de lo que muchas veces tiene la libertad limitada, al tener que obedecer algunas órdenes más importante que tú dentro de la actividad que se realiza. Pero la persona tiene libertad para desobedecer la orden, que puede ser buena o mala, clasificada por la conciencia. Los dos pueden calificar lo que se realiza. Así podemos calificar a la sociedad, dependiendo de ella y de manera particular.○Capitulo 4: Date la buena vida.Se nos plantea el tratar de hacer nuestros actos de manera libre, sin tener en cuenta las influencias de los demás. Pero para lograr la buena vida tenemos que ser felices y hacer lo que nuestra conciencia nos diga, aunque no sea buena para la sociedad, pero que para el que hace algo le causa felicidad.Se nos dice que para vivir felices hay que hacer lo mejor posible o estar lo mejor posible de cualquier punto de vista, se plantea a partir de la Biblia, que nos habla de la herencia para el primogénito que para estar feliz le da su herencia para que logre ser feliz momentáneamente, que al final no valdrá la pena; a partir de aquí puede surgir el arrepentimiento de haber hecho algo anteriormentepara lograr una felicidad de muy corto plazo. Aquí se nos plantea el aspecto económico, que suele estar en todas partes, que son problemas de la sociedad. Para lo anterior está el comerciante Kane, que aunque tiene mucho dinero y poder no era feliz porque para conseguir lo que tenia, tuvo que crearse muchas enemistades, que no le daban el cariño para ser feliz, cariño que solo podia dar el der humano.○Capitulo 5: ¡Despierta baby!Se sigue intentando de explicar lo que es la buena vida, que nos dice que las compliacaciones de la vida tiene que ser tomadas de forma más sencilla, para poder superar los problemas, pero al plantear ejemplos en este capítulo se nos da una idea clara de lo que intenta decir, pero refiriendose al futuro como factor para impedir que logrmos nuestros objetivos; plantea el ejemplo del alumno y el maestro nos enseña que no es necesario tener todo para ser felices (planteado en capítulos anteriores), el alumno al tener lo que más queria no iba a ser más feliz por tener una necesidad de carácter personal, que no es agradable si no se puede solucionar.En el ejemplo de Kane, se nos sigue dando características de su vida, que no le dejan ser feliz, que quiere que comprendamos para evitar el sufrimiento de no tener a nadie. La atención es el aspecto por el que vamos a encontrar como lograr la buena vida○Capítulo 6: Aparece Pepito Grillo.Se trata de darnos a conocer el objetivo de nuestra vida que lo plantea como el de no ser imbecil, tratando de decir que tenemos que lograr tener un espíritu fuerte, que lo generaliza para que abarque todas las actividades posibles a realizar por el hombre, da una clasificación de las formas de vida, tomando como punto de partida el de imbécil, que no tiene seguridad en si mismo para realizar algo; el que no tiene interés de superarse a pesar de que lo necesita; el que tiene decisión pero no voluntad para decidir lo que va a hacer y el ambicioso que quiere todo de forma excesiva, y n ologrará una buena vida. No plantea la conciencia para saber que es lo que sabemos y lo que necesitamos para desarrollar nuestra necesidad, aunque la mayoria de las veces esto pudiera ser un capricho, que es lo que el autor es lo que plantea como imbecilidad moral. Luego nos plantea la ambición, que es otro problema para lograr la buena vida, que nos habla de Ricardo III De Shakespeare ya que éste nunca llegará a ser feliz, porque creía que para ser feliz lo único que necesitaba era subir al trono, y para esto tuvo que eliminar a toda la gente que había por debajo de él, pero al matar a esa gente también estab matando su felicidad sin saberlo él, porque se estaba quedando solo, y el ahora rey nunca sería feliz porque tendría remordimientos.También habla de la diferencia de personalidades emtre el que es bueno y el que es malo.○Capítulo 7: Ponte en su lugar.Se empieza con un ejemplo de Robinson Crusoe, que vivía solo en una isla, que al establecerse allí, dice que no está solo, que había otras personas en la isla, que le causa un problema. Sabía que iba a ser alguien parecido a él sin importar las caracteríasticas del extraño, y se empieza a hablar sobre el tipo de relación qu está pensando tener con la otra persona, sin importar la forma de ser. Más tarde se encuentra que para tratar a este como persona sin importar lo que podría hacer en su pasado, ya que él puede desarrollar y hacer lo mismo que otras personas, pero aquí hay una limitación, que son las costumbres ya sean buenas o malas. Si es malo no se está viviendo una buena vida, ya que la persona que es mala es también desgraciada por varios motivos personales. Al seguir tratándolas como personas, debemos ponernos en su lugar para poder comprenderlos y saber por qué actúan así○Capítulo 8: Tanto gusto.Se nos habla de la inmadurez de realizar lo que se establece y supone que todos debemos hacer para poder convivir en la sociedad en la que tenemos que desarrollarnos, llamado inmoralidad, concepto al que se le pueden dar otros significados. Lo inmoral dentro del sexo sería la violación de una mujer. Lo inmoral puede representarse de otras maneras.Nos dice que el sexo es algo malo ya que en la sociedad a través del tiempo ha venido haciendo que esto tendría que ser considerada muy común, y se establece como algo que el hombre hace normalmente. Esto no es lo único que hace falta para ser feliz, depende de la forma de ser y pensar frente a ciertas actividades que nos gustan mucho, que son en general lo que nos hacen tener ganas de vivir. Pero la mayor felicidad es la alegría, que depende de la forma de la vida de la persona.○Capítulo 9: Elecciones generales.Se nos habla sobre política haciendo una referencia general, se habla de la mala fama de los políticos, pero se define como que es la fama que tendría cualquier político y que es la característica que tendría el pueblo en general sin importar quien sea el que esté desarrollando determinado puesto, y que el político se parece mucho a la sociedad, ya que si fuera diferente sería muy difícil ganar. Esto nos hace responsables de lo que pasa con el gobierno ya que dentro de la Ética esto se lleva a cabo por una elección con una decisión, que esperamos obtener lo mejor para nosotros.La Ética y la política son como actividades relacionadas con la libertad, pero de manera diferente porque la Ética plantea la libertad para todos y la política la plantea con actividades necesarias para la política. En fin, la libertad es una cosa que debería tener toda persona.Una pequeña ayudita para los alumnos... jeje
CAPÍTULO I¡Tom!Silencio.-¡Tom!Silencio.-¡Dónde andará metido ese chico!... ¡Tom!La anciana se bajó los anteojos y miró, por encima, alrededor del cuarto; después se los subió a la frentey miró por debajo. Rara vez o nunca miraba a través de los cristales a cosa de tan poca importancia comoun chiquillo: eran aquéllos los lentes de ceremonia, su mayor orgullo, construidos por ornato antes que paraservicio, y no hubiera visto mejor mirando a través de un par de mantas. Se quedó un instante perpleja ydijo, no con cólera, pero lo bastante alto para que la oyeran los muebles:-Bueno; pues te aseguro que si te echo mano te voy a...No terminó la frase, porque antes se agachó dando estocadas con la escoba por debajo de la cama; así esque necesitaba todo su aliento para puntuar los escobazos con resoplidos. Lo único que consiguiódesenterrar fue el gato.-¡No se ha visto cosa igual que ese muchacho!Fue hasta la puerta y se detuvo allí, recorriendo con la mirada las plantas de tomate y las hierbassilvestres que constituían el jardín. Ni sombra de Tom. Alzó, pues, la voz a un ángulo de puntería calculadopara larga distancia y gritó:-¡Tú! ¡Toooom!Oyó tras de ella un ligero ruido y se volvió a punto para atrapar a un muchacho por el borde de lachaqueta y detener su vuelo.-¡Ya estás! ¡Que no se me haya ocurrido pensar en esa despensa!... ¿Qué estabas haciendo ahí?-Nada.-¿Nada? Mírate esas manos, mírate esa boca... ¿Qué es eso pegajoso?-No lo sé, tía.-Bueno; pues yo sí lo sé. Es dulce, eso es. Mil veces te he dicho que como no dejes en paz ese dulce tevoy a despellejar vivo. Dame esa vara.La vara se cernió en el aire. Aquello tomaba mal cariz.-¡Dios mío! ¡Mire lo que tiene detrás, tía!La anciana giró en redondo, recogiéndose las faldas para esquivar el peligro; y en el mismo instanteescapó el chico, se encaramó por la alta valla de tablas y desapareció tras ella. Su tía Polly se quedó unmomento sorprendida y después se echó a reír bondadosamente.-¡Diablo de chico! ¡Cuándo acabaré de aprender sus mañas! ¡Cuántas jugarretas como ésta no me habráhecho, y aún le hago caso! Pero las viejas bobas somos más bobas que nadie. Perro viejo no aprendegracias nuevas, como suele decirse. Pero, ¡Señor!, si no me la juega del mismo modo dos días seguidos,¿cómo va una a saber por dónde irá a salir? Parece que adivina hasta dónde puede atormentarme antes deque llegue a montar en cólera, y sabe, el muy pillo, que si logra desconcertarme o hacerme reír ya todo seha acabado y no soy capaz de pegarle. No; la verdad es que no cumplo mi deber para con este chico: ésa esla pura verdad. Tiene el diablo en el cuerpo; pero, ¡qué le voy a hacer! Es el hijo de mi pobre hermanadifunta, y no tengo entrañas para zurrarle. Cada vez que le dejo sin castigo me remuerde la conciencia, ycada vez que le pego se me parte el corazón. ¡Todo sea por Dios! Pocos son los días del hombre nacido demujer y llenos de tribulación, como dice la Escritura, y así lo creo. Esta tarde se escapará del colegio y notendré más remedio que hacerle trabajar mañana como castigo. Cosa dura es obligarle a trabajar lossábados, cuando todos los chicos tienen asueto; pero aborrece el trabajo más que ninguna otra cosa, y, o soyun poco rígida con él, o me convertiré en la perdición de ese niño.Tom hizo rabona, en efecto, y lo pasó en grande. Volvió a casa con el tiempo justo para ayudar a Jim, elnegrito, a aserrar la leña para el día siguiente y hacer astillas antes de la cena; pero, al menos, llegó atiempo para contar sus aventuras a Jim mientras éste hacía tres cuartas partes de la tarea. Sid, el hermanomenor de Tom o mejor dicho, hermanastro, ya había dado fin a la suya de recoger astillas, pues era unmuchacho tranquilo, poco dado a aventuras ni calaveradas. Mientras Tom cenaba y escamoteaba terronesde azúcar cuando la ocasión se le ofrecía, su tía le hacía preguntas llenas de malicia y trastienda, con elintento de hacerle picar el anzuelo y sonsacarle reveladoras confesiones. Como otras muchas personas,igualmente sencillas y candorosas, se envanecía de poseer un talento especial para la diplomacia tortuosa ysutil, y se complacía en mirar sus más obvios y transparentes artificios como maravillas de artera astucia.Así, le dijo:-Hacía bastante calor en la escuela, Tom; ¿no es cierto?-Sí, señora.-Muchísimo calor, ¿verdad?-Sí, señora.-¿Y no te entraron ganas de irte a nadar?Tom sintió una vaga escama, un barrunto de alarmante sospecha. Examinó la cara de su tía Polly, peronada sacó en limpio. Así es que contestó:-No, tía; vamos..., no muchas.La anciana alargó la mano y le palpó la camisa.-Pero ahora no tienes demasiado calor, con todo.Y se quedó tan satisfecha por haber descubierto que la camisa estaba seca sin dejar traslucir que eraaquello lo que tenía en las mientes. Pero bien sabía ya Tom de dónde soplaba el viento. Así es que seapresuró a parar el próximo golpe.-Algunos chicos nos estuvimos echando agua por la cabeza. Aún la tengo húmeda. ¿Ve usted?La tía Polly se quedó mohína, pensando que no había advertido aquel detalle acusador, y además le habíafallado un tiro. Pero tuvo una nueva inspiración.-Dime, Tom: para mojarte la cabeza ¿no tuviste que descoserte el cuello de la camisa por donde yo te locosí? ¡Desabróchate la chaqueta!Toda sombra de alarma desapareció de la faz de Tom. Abrió la chaqueta. El cuello estaba cosido, y biencosido.-¡Diablo de chico! Estaba segura de que habrías hecho rabona y de que te habrías ido a nadar. Me parece,Tom, que eres como gato escaldado, como suele decirse, y mejor de lo que pareces. Al menos, por esta vez.Le dolía un poco que su sagacidad le hubiera fallado, y se complacía de que Tom hubiera tropezado ycaído en la obediencia por una vez.Pero Sid dijo:-Pues mire usted: yo diría que el cuello estaba cosido con hilo blanco y ahora es negro.-¡Cierto que lo cosí con hilo blanco! ¡Tom!Pero Tom no esperó el final. Al escapar gritó desde la puerta:-Siddy, buena zurra te va a costar.Ya en lugar seguro, sacó dos largas agujas que llevaba clavadas debajo de la solapa. En una habíaenrollado hilo negro, y en la otra, blanco.«Si no es por Sid no lo descubre. Unas veces lo cose con blanco y otras con negro. ¡Por qué no sedecidirá de una vez por uno a otro! Así no hay quien lleve la cuenta. Pero Sid me las ha de pagar,¡reconcho!»No era el niño modelo del lugar. Al niño modelo lo conocía de sobra, y lo detestaba con toda su alma.Aún no habían pasado dos minutos cuando ya había olvidado sus cuitas y pesadumbres. No porquefueran ni una pizca menos graves y amargas de lo que son para los hombres las de la edad madura, sinoporque un nuevo y absorbente interés las redujo a la nada y las apartó por entonces de su pensamiento, delmismo modo como las desgracias de los mayores se olvidan en el anhelo y la excitación de nuevasempresas. Este nuevo interés era cierta inapreciable novedad en el arte de silbar, en la que acababa deadiestrarle un negro, y que ansiaba practicar a solas y tranquilo. Consistía en ciertas variaciones a estilo detrino de pájaro, una especie de líquido gorjeo que resultaba de hacer vibrar la lengua contra el paladar y quese intercalaba en la silbante melodía. Probablemente el lector recuerda cómo se hace, si es que ha sidomuchacho alguna vez. La aplicación y la perseverancia pronto le hicieron dar en el quid y echó a andarcalle adelante con la boca rebosando armonías y el alma llena de regocijo. Sentía lo mismo queexperimenta el astrónomo al descubrir una nueva estrella. No hay duda que en cuanto a lo intenso, hondo yacendrado del placer, la ventaja estaba del lado del muchacho, no del astrónomo.Los crepúsculos caniculares eran largos. Aún no era de noche. De pronto Tom suspendió el silbido: unforastero estaba ante él; un muchacho que apenas le llevaba un dedo de ventaja en la estatura. Un reciénllegado, de cualquier edad o sexo, era una curiosidad emocionante en el pobre lugarejo de San Petersburgo.El chico, además, estaba bien trajeado, y eso en un día no festivo. Esto era simplemente asombroso. Elsombrero era coquetón; la chaqueta, de paño azul, nueva, bien cortada y elegante; y a igual altura estabanlos pantalones. Tenía puestos los zapatos, aunque no era más que viernes. Hasta llevaba corbata: una cintade colores vivos. En toda su persona había un aire de ciudad que le dolía a Tom como una injuria. Cuantomás contemplaba aquella esplendorosa maravilla, más alzaba en el aire la nariz con un gesto de desdén poraquellas galas y más rota y desastrada le iba pareciendo su propia vestimenta. Ninguno de los dos hablaba.Si uno se movía, se movía el otro, pero sólo de costado, haciendo rueda. Seguían cara a cara y mirándose alos ojos sin pestañear. Al fin, Tom dijo:-Yo te puedo.-Pues anda y haz la prueba.-Pues sí que te puedo.-¡A que no!-¡A que sí!-¡A que no!Siguió una pausa embarazosa. Después prosiguió Tom:-Y tú, ¿cómo te llamas?-¿Y a ti que te importa?-Pues si me da la gana vas a ver si me importa.-¿Pues por qué no te atreves?-Como hables mucho lo vas a ver.-¡Mucho..., mucho..., mucho!-Tú te crees muy gracioso; pero con una mano atada atrás te podría dar una tunda si quisiera.-¿A que no me la das?...-¡Vaya un sombrero!-Pues atrévete a tocármelo.-Lo que eres tú es un mentiroso.-Más lo eres tú.-Como me digas esas cosas agarro una piedra y te la estrello en la cabeza.-¡A que no!-Lo que tú tienes es miedo.-Más tienes tú.Otra pausa, y más miradas, y más vueltas alrededor. Después empezaron a empujarse hombro conhombro.-Vete de aquí -dijo Tom.-Vete tú -contestó el otro.-No quiero.-Pues yo tampoco.Y así siguieron, cada uno apoyado en una pierna como en un puntal, y los dos empujando con toda sualma y lanzándose furibundas miradas. Pero ninguno sacaba ventaja. Después de forcejear hasta que ambosse pusieron encendidos y arrebatados los dos cedieron en el empuje, con desconfiada cautela, y Tom dijo:-Tú eres un miedoso y un cobarde. Voy a decírselo a mi hermano grande, que te puede deshacer con eldedo meñique.-¡Pues sí que me importa tu hermano! Tengo yo uno mayor que el tuyo y que si lo coge lo tira por encimade esa cerca. (Ambos hermanos eran imaginarios.)-Eso es mentira.-¡Porque tú lo digas!Tom hizo una raya en el polvo con el dedo gordo del pie y dijo:-Atrévete a pasar de aquí y soy capaz de pegarte hasta que no te puedas tener. El que se atreva se la gana.El recién venido traspasó en seguida la raya y dijo:Ya está: a ver si haces lo que dices.-No me vengas con ésas; ándate con ojo.-Bueno, pues ¡a que no lo haces!-¡A que sí! Por dos centavos lo haría.El recién venido sacó dos centavos del bolsillo y se los alargó burlonamente.Tom los tiró contra el suelo.En el mismo instante rodaron los dos chicos, revolcándose en la tierra, agarrados como dos gatos, ydurante un minuto forcejearon asiéndose del pelo y de las ropas, se golpearon y arañaron las narices, y secubrieron de polvo y de gloria. Cuando la confusión tomó forma, a través de la polvareda de la batallaapareció Tom sentado a horcajadas sobre el forastero y moliéndolo a puñetazos.-¡Date por vencido!El forastero no hacía sino luchar para libertarse. Estaba llorando, sobre todo de rabia.-¡Date por vencido! -y siguió el machacamiento.Al fin el forastero balbuceó un «me doy», y Tom le dejó levantarse y dijo:-Eso, para que aprendas. Otra vez ten ojo con quién te metes.El vencido se marchó sacudiéndose el polvo de la ropa, entre hipos y sollozos, y de cuando en cuando sevolvía moviendo la cabeza y amenazando a Tom con lo que le iba a hacer «la primera vez que losorprendiera». A lo cual Tom respondió con mofa, y se echó a andar con orgulloso continente. Pero tanpronto como volvió la espalda, su contrario cogió una piedra y se la arrojó, dándole en mitad de la espalda,y en seguida volvió grupas y corrió como un antíope. Tom persiguió al traidor hasta su casa, y supo asídónde vivía. Tomó posiciones por algún tiempo junto a la puerta del jardín y desafió a su enemigo a salir acampo abierto; pero el enemigo se contentó con sacarle la lengua y hacerle muecas detrás de la vidriera. Alfin apareció la madre del forastero, y llamó a Tom malo, tunante v ordinario, ordenándole que se largase deallí. Tom se fue, pero no sin prometer antes que aquel chico se las había de pagar.Llegó muy tarde a casa aquella noche, y al encaramarse cautelosamente a la ventana cayó en unaemboscada preparada por su tía, la cual, al ver el estado en que traía las ropas, se afirmó en la resolución deconvertir el asueto del sábado en cautividad y trabajos forzados.CAPÍTULO IILlegó la mañana del sábado y el mundo estival apareció luminoso y fresco y rebosante de vida. En cadacorazón resonaba un canto; y si el corazón era joven, la música subía hasta los labios. Todas las carasparecían alegres, y los cuerpos, anhelosos de movimiento. Las acacias estaban en flor y su fraganciasaturaba el aire.El monte de Cardiff, al otro lado del pueblo, y alzándose por encima de él, estaba todo cubierto de verdevegetación y lo bastante alejado para parecer una deliciosa tierra prometida que invitaba al reposo y alensueño.Tom apareció en la calle con un cubo de lechada y una brocha atada en la punta de una pértiga. Echó unamirada a la cerca, y la Naturaleza perdió toda alegría y una aplanadora tristeza descendió sobre su espíritu.¡Treinta varas de valla de nueve pies de altura! Le pareció que la vida era vana y sin objeto y la existenciauna pesadumbre. Lanzando un suspiro, mojó la brocha y la pasó a lo largo del tablón más alto; repitió laoperación; la volvió a repetir, comparó la insignificante franja enjalbegada con el vasto continente de cercasin encalar, y se sentó sobre el boj, descorazonado Jim, salió a la puerta haciendo cabriolas, con un balde decinc y cantando Las muchachas de Búffalo. Acarrear agua desde la fuente del pueblo había sido siempre alos ojos de Tom una cosa aborrecible; pero entonces no le pareció así. Se acordó de que no faltaba allícompañía. Allí había siempre muchachos de ambos sexos, blancos, mulatos y negros, esperando vez; yentretanto, holgazaneaban, hacían cambios, reñían, se pegaban y bromeaban. Y se acordó de que, aunque lafuente sólo distaba ciento cincuenta varas, Jim jamás estaba de vuelta con un balde de agua en menos deuna hora; y aun entonces era porque alguno había tenido que ir en su busca. Tom le dijo:-Oye, Jim: yo iré a traer el agua si tú encalas un pedazo.Jim sacudió la cabeza y contestó:-No puedo, amo Tom. El ama vieja me ha dicho que tengo que traer el agua y no entretenerme con nadie.Ha dicho que se figuraba que el amo Tom me pediría que encalase, y que lo que tenía que hacer yo eraandar listo y no ocuparme más que de lo mío..., que ella se ocuparía del encalado.-No te importe lo que haya dicho, Jim. Siempre dice lo mismo. Déjame el balde, y no tardo ni un minuto.Ya verás cómo no se entera.-No me atrevo, amo Tom... El ama me va a cortar el pescuezo. ¡De veras que sí!-¿Ella?... Nunca pega a nadie. Da capirotazos con el dedal, y eso ¿a quién le importa? Amenaza mucho,pero aunque hable no hace daño, a menos que se ponga a llorar. Jim, te daré una canica. Te daré una de lasblancas.Jim empezó a vacilar.-Una blanca, Jim; y es de primera.-¡Anda! ¡De ésas se ven pocas! Pero tengo un miedo muy grande del ama vieja.Pero Jim era de débil carne mortal. La tentación era demasiado fuerte. Puso el cubo en el suelo y cogió lacanica. Un instante después iba volando calle abajo con el cubo en la mano y un gran escozor en lasposaderas. Tom enjalbegaba con furia, y la tía Polly se retiraba del campo de batalla con una zapatilla en lamano y el brillo de la victoria en los ojos.Pero la energía de Tom duró poco. Empezó a pensar en todas las diversiones que había planeado paraaquel día, y sus penas se exacerbaron. Muy pronto los chicos que tenían asueto pasarían retozando, caminode tentadoras excursiones, y se reirían de él porque tenía que trabajar... ; y esta idea le encendía la sangrecomo un fuego. Sacó todas sus mundanales riquezas y les pasó revista: pedazos de juguetes, tabas y desperdiciosheterogéneos; lo bastante quizá para lograr un cambio de tareas, pero no lo suficiente para poderlotrocar por media hora de libertad completa. Se volvió, pues, a guardar en el bolsillo sus escasos recursos, yabandonó la idea de intentar el soborno de los muchachos. En aquel tenebroso y desesperado momentosintió una inspiración. Nada menos que una soberbia magnífica inspiración. Cogió la brocha y se pusotranquilamente a trabajar. Ben Rogers apareció a la vista en aquel instante: de entre todos los chicos, era deaquél precisamente de quien más había temido las burlas. Ben venía dando saltos y cabriolas, señalevidente de que tenía el corazón libre de pesadumbres y grandes esperanzas de divertirse. Estabacomiéndose una manzana, y de cuando en cuando lanzaba un prolongado y melodioso alarido, seguido deun bronco y profundo «tilín, tilín, tilón; tilín, tilón», porque, venía imitando a un vapor del Misisipí.Alacercarse acortó la marcha, enfiló hacia el medio de la calle, se inclinó hacia estribor y tomó la vuelta de laesquina pesadamente y con gran aparato y solemnidad, porque estaba representando al Gran Misuri y seconsideraba a sí mismo con nueve pies de calado. Era buque, capitán y campana de las máquinas, todo enuna pieza; y así es que tenía que imaginarse de pie en su propio puente, dando órdenes y ejecutándolas.-¡Para! ¡Tilín, tilín, tilín! (La arrancada iba disminuyendo y el barco se acercaba lentamente a la acera.)¡Máquina atrás! ¡Tilínlinlin! (Con los brazos rígidos, pegados a los costados.) ¡Atrás la de estribor!¡Tilínlinlin! ¡Chuchuchu! .... (Entretanto el brazo derecho describía grandes círculos porque representabauna rueda de cuarenta pies de diametro.) ¡Atrás la de babor! Tilín tilín, tilín!... (El brazo izquierdo empezóa voltear.) ¡Avante la de babor! ¡Alto la de estribor! ¡Despacio a babor! ¡Listo con la amarra! ¡Alto! ¡Tilín,tilín, tilín! ¡Chistsss!... (Imitando las llaves de escape.)Tom siguió encalando, sin hacer caso del vapor. Ben se le quedó mirando un momento y dijo:-¡Je, Je! Las estás pagando, ¿eh?Se quedó sin respuesta. Tom examinó su último toque con mirada de artista; después dio otro ligerobrochazo y examinó, como antes, el resultado. Ben atracó a su costado. A Tom se le hacía la boca aguapensando en la manzana; pero no cejó en su trabajo.-¡Hola, compadre! -le dijo Ben-.Te hacen trabajar, ¿eh?-¡Ah!, ¿eres tú, Ben? No te había visto.-Oye, me voy a nadar. ¿No te gustaría venir? Pero, claro, te gustará más trabajar. Claro que te gustará.Tom se le quedó mirando un instante y dijo:-¿A qué llamas tú trabajo?-¡Qué! ¿No es eso trabajo?Tom reanudó su blanqueo y le contestó, distraídamente:-Bueno; puede ser que lo sea y puede que no. Lo único que sé es que le gusta a Tom Sawyer.-¡Vamos! ¿Me vas a hacer creer que a ti te gusta?La brocha continuó moviéndose.-¿Gustar? No sé por qué no va a gustarme. ¿Es que le dejan a un chico blanquear una cerca todos losdías?Aquello puso la cosa bajo una nueva luz. Ben dejó de mordisquear la manzana. Tom, movió la brocha,coquetonamente, atrás y adelante; se retiró dos pasos para ver el efecto; añadió un toque allí y otro allá;juzgó otra vez el resultado. Y en tanto Ben no perdía de vista un solo movimiento, cada vez más y másinteresado y absorto. Al fin dijo:-Oye, Tom: déjame encalar un poco.Tom reflexionó. Estaba a punto de acceder; pero cambió de propósito:-No, no; eso no podría ser, Ben. Ya ves..., mi tía Polly es muy exigente para esta cerca porque está aquí,en mitad de la calle, ¿sabes? Pero si fuera la cerca trasera no me importaría, ni a ella tampoco. No sabes túlo que le preocupa esta cerca; hay que hacerlo con la mar de cuidado; puede ser que no haya un chico entremil, ni aun entre dos mil que pueda encalarla de la manera que hay que hacerlo.-¡Quiá!... ¿Lo dices de veras? Vamos, déjame que pruebe un poco; nada más que una miaja. Si tú fuerasyo, te dejaría, Tom.-De veras que quisiera dejarte, Ben; pero la tía Polly... Mira: Jim también quiso, y ella no le dejó. Sidtambién quiso, y no lo consintió. ¿Ves por qué no puedo dejarte? ¡Si tú fueras a encargarte de esta cerca yocurriese algo!...-Anda..., ya lo haré con cuidado. Déjame probar. Mira, te doy el corazón de la manzana.-No puede ser. No, Ben; no me lo pidas; tengo miedo...-¡Te la doy toda!Tom le entregó la brocha, con desgano en el semblante y con entusiasmo en el corazón. Y mientras el exvapor Gran Misuri trabajaba y sudaba al sol, el artista retirado se sentó allí, cerca, en una barrica, a lasombra, balanceando las piernas, se comió la manzana y planeó el degüello de los más inocentes. Noescaseó el material: a cada momento aparecían muchachos; venían a burlarse, pero se quedaban a encalar.Para cuando Ben se rindió de cansancio, Tom había ya vendido el turno siguiente a Billy Fisher por unacometa en buen estado; cuando éste se quedó aniquilado, Johnny Miller compró el derecho por una ratamuerta, con un bramante para hacerla girar; así siguió y siguió hora tras hora. Y cuando avanzó la tarde,Tom, que por la mañana había sido un chico en la miseria, nadaba materialmente en riquezas. Tenía,además de las cosas que he mencionado, doce tabas, parte de un cornetín, un trozo de vidrio azul de botellapara mirar las cosas a través de él, un carrete, una llave incapaz de abrir nada, un pedazo de tiza, un tapónde cristal, un soldado de plomo, un par de renacuajos, seis cohetillos, un gatito tuerto, un tirador de puerta,un collar de perro (pero sin perro), el mango de un cuchillo y una falleba destrozada. Había, entretanto,pasado una tarde deliciosa, en la holganza, con abundante y grata compañía, y la cerca ¡tenía tres manos decal! De no habérsele agotado la existencia de lechada, habría hecho declararse en quiebra a todos los chicosdel lugar.Tom se decía que, después de todo, el mundo no era un páramo. Había descubierto, sin darse cuenta, unode los principios fundamentales de la conducta humana, a saber: que para que alguien, hombre o muchacho,anhele alguna cosa, sólo es necesario hacerla difícil de conseguir. Si hubiera sido un eximio y agudofilósofo, como el autor de este libro, hubiera comprendido entonces que el trabajo consiste en lo queestamos obligados a hacer, sea lo que sea, y que el juego consiste en aquello a lo que no se nos obliga. Yesto le ayudaría a entender por qué confeccionar flores artificiales o andar en el treadmill1 es trabajo,mientras que jugar a los bolos o escalar el MontBlanc no es más que divertimiento. Hay en Inglaterracaballeros opulentos que durante el verano guían las diligencias de cuatro caballos y hacen el serviciodiario de veinte o treinta millas porque el hacerlo les cuesta mucho dinero; pero si se les ofreciera un salariopor su tarea, eso la convertiría en trabajo, y entonces dimitirían.CAPÍTULO IIITom se presentó a su tía, que estaba sentada junto a la ventana, abierta de par en par, en un alegrecuartito de las traseras de la casa, el cual servía a la vez de alcoba, comedor y despacho. La tibieza del aireestival, el olor de las flores y el zumbido adormecedor de las abejas habían producido su efecto, y laanciana estaba dando cabezadas sobre la calceta..., pues no tenía otra compañía que la del gato y éste sehallaba dormido sobre su falda. Estaba tan segura de que Tom habría ya desertado de su trabajo hacíamucho rato, que se sorprendió de verle entregarse así, con tal intrepidez, en sus manos. Él dijo:-¿Me puedo ir a jugar, tía?-¡Qué! ¿Tan pronto? ¿ Cuánto has enjalbegado?Ya está todo, tía.-Tom, no me mientas. No lo puedo sufrir.-No miento, tía; ya está todo hecho.La tía Polly confiaba poco en tal testimonio. Salió a ver por sí misma, y se hubiera dado por satisfechacon haber encontrado un veinticinco por ciento de verdad en lo afirmado por Tom. Cuando vio toda lacerca encalada, y no sólo encalada sino primorosamente reposado con varias manos de lechada, y hasta conuna franja de añadidura en el suelo, su asombro no podía expresarse en palabras.-¡Alabado sea Dios! -dijo-. ¡Nunca lo creyera! No se puede negar: sabes trabajar cuando te da por ahí. Ydespués añadió, aguando el elogio-. Pero te da por ahí rara vez, la verdad sea dicha. Bueno, anda a jugar;pero acuérdáte y no tardes una semana en volver, porque te voy a dar una zurra.Tan emocionada estaba por la brillante hazaña de su sobrino, que lo llevó a la despensa, escogió la mejormanzana y se la entregó, juntamente con una edificante disertación sobre el gran valor y el gusto especialque adquieren los dones cuando nos vienen no por pecaminosos medios, sino por nuestro propio virtuosoesfuerzo. Y mientras terminaba con un oportuno latiguillo bíblico, Tom le escamoteó una rosquilla.Después se fue dando saltos, y vio a Sid en el momento en que empezaba a subir la escalera exterior queconducía a las habitaciones altas, por detrás de la casa. Había abundancia de terrones a mano, y el aire sellenó de ellos en un segundo. Zumbaban en torno de Sid como una granizada, y antes de que tía Pollypudiera volver de su sorpresa y acudir en socorro, seis o siete pellazos habían producido efecto sobre la personade Sid y Tom había saltado la cerca y desaparecido. Había allí una puerta; pero a Tom, por reglageneral, le escaseaba el tiempo para poder usarla. Sintió descender la paz sobre su espíritu una vez que yahabía ajustado cuentas con Sid por haber descubierto lo del hilo, poniéndolo en dificultades.Dio la vuelta a toda la manzana y vino a parar a una calleja fangosa, por detrás del establo donde su tíatenía las vacas. Ya estaba fuera de todo peligro de captura y castigo, y se encaminó apresurado hacia laplaza pública del pueblo, donde dos batallones de chicos se habían reunido para librar una batalla, segúntenían convenido. Tom era general de uno de los dos ejércitos; Joe Harper (un amigo del alma), general delotro. Estos eximios caudillos no descendían hasta luchar personalmente -eso se quedaba para la morralla-,sino que se sentaban mano a mano en una eminencia y desde allí conducían las marciales operacionesdando órdenes que transmitían sus ayudantes de campo. El ejército de Tom ganó una gran victoria tras rudoy tenaz combate. Después se contaron los muertos, se canjearon prisioneros y se acordaron los términos delpróximo desacuerdo; y hecho esto, los dos ejércitos formaron y se fueron, y Tom se volvió solo hacia sumorada.Al pasar junto a la casa donde vivía Jeff Thatcher vio en el jardín a una niña desconocida: una lindacriaturita de ojos azules, con el pelo rubio peinado en dos largas trenzas, delantal blanco de verano ypantalón con puntillas. El héroe, recién coronado de laureles, cayó sin disparar un tiro. Una cierta AmyLawrence se disipó en su corazón y no dejó ni un recuerdo detrás. Se había creído locamente enamorado, lehabía parecido su pasión, un fervoroso culto, y he aquí que no era más que una trivial y efímera debilidad.Había dedicado meses a su conquista, apenas hacía una semana que ella se había rendido, él había sidodurante siete breves días el más feliz y orgulloso de los chicos; y allí en un instante la había despedido desu pecho sin un adiós.Adoró a esta repentina y seráfica aparición con furtivas miradas hasta que notó que ella le había visto;fingió entonces que no había advertido su presencia, y émpezó «a presumir» haciendo toda suerte deabsurdas a infantiles habilidades para ganarse su admiración. Continuó por un rato la grotesca exhibición;pero al poco, y mientras realizaba ciertos ejercicios gimnásticos arriesgadísimos, vio con el rabillo del ojoque la niña se dirigía hacia la casa. Tom se acercó a la valla y se apoyó en ella, afligido, con la esperanza deque aún se detendría un rato. Ella se paró un momento en los escalones y avanzó hacia la puerta. Tom lanzóun hondo suspiro al verla poner el pie en el umbral; pero su faz se iluminó de pronto, pues la niña arrojó unpensamiento por encima de la valla, antes de desaparecer. El rapaz echó a correr y dobló la esquina, deteniéndosea corta distancia de la flor; y entonces se entoldó los ojos con la mano y empezó a mirar calleabajo, como si hubiera descubierto en aquella dirección algo de gran interés. Después cogió una paja delsuelo y trató de sostenerla en equilibrio sobre la punta de la nariz, echando hacia atrás la cabeza; y mientrasse movía de aquí para allá, para sostener la paja, se fue acercando más y más al pensamiento, y al cabo lepuso encima su pie desnudo, lo agarró con prensiles dedos, se fue con él renqueando y desapareció tras dela esquina. Pero nada más que por un instante: el preciso para colocarse la flor en un ojal, por dentro de lachaqueta, próxima al corazón o, probablemente, al estómago, porque no era ducho en anatomía, y en modoalguno supercrítico.Volvió en seguida y rondó en torno de la valla hasta la noche «presumiendo» como antes; pero la niña nose dejó ver, y Tom se consoló pensando que quizá se habría acercado a alguna ventana y habría visto sushomenajes. Al fin se fue a su casa, de mala gana, con la cabeza llena de ilusiones.Durante la cena estaba tan inquieto y alborotado, que su tía se preguntaba «qué es lo que le pasaría a esechico». Sufrió una buena reprimenda por el apedreamiento, y no le importó ni un comino. Trató de robarazúcar, y recibió un golpe en los nudillos.-Tía-dijo-, a Sid no le pegas cuando la coge.-No; pero no la atormenta a una como me atormentas tú. No quitarías mano al azúcar si no te estuvieramirando.A poco se metió la tía en la cocina, y Sid, glorioso de su inmunidad, alargó la mano hacia el azucarero, locual era alarde afrentoso para Tom, a duras penas soportable. Pero a Sid se le escurrieron los dedos y elazucarero cayó y se hizo pedazos. Tom se quedó en suspenso, en un rapto de alegría; tan enajenado, quepudo contener la lengua y guardar silencio. Pensaba que no diría palabra, ni siquiera cuando entrase su tía,sino que seguiría sentado y quedo hasta que ella preguntase quién había hecho el estropicio; entonces se lodiría, y no habría cosa más gustosa en el mundo que ver al «modelo» atrapado. Tan entusiasmado estabaque apenas se pudo contener cuando volvió la anciana y se detuvo ante las ruinas lanzando relámpagos decólera por encima de los lentes. «¡Ahora se arma!» -pensó Tom. Y en el mismo instante estabadespatarrado en el suelo. La recia mano vengativa estaba levantada en el aire para repetir el golpe, cuandoTom gritó:-¡Quieta! ¿Por qué me zurra? ¡Sid es el que lo ha roto!Tía Polly se detuvo perpleja, y Tom esperaba una reparadora compasión. Pero cuando ella recobró lapalabra, se limitó a decir:-¡Vaya! No te habrá venido de más una tunda, se me figura. De seguro que habrás estado haciendoalguna otra trastada mientras yo no estaba aquí.Después le remordió la conciencia, y ansiaba decir algo tierno y cariñoso; pero pensó que esto seinterpretaría como una confesión de haber obrado mal y la disciplina no se lo permitió; prosiguió, pues, susquehaceres con un peso sobre el corazón. Tom, sombrío y enfurruñado, se agazapó en un rincón, y exageró,agravándolas, sus cuitas. Bien sabía que su tía estaba, en espíritu, de rodillas ante él, y eso le proporcionabauna triste alegría. No quería arriar la bandera ni darse por enterado de las señales del enemigo. Bien sabíaque una mirada ansiosa se posaba sobre él de cuando en cuando, a través de lágrimas contenidas; pero senegaba a reconocerlo. Se imaginaba a sí mismo postrado y moribundo y a su tía inclinada sobre él,mendigando una palabra de perdón; pero volvía la cara a la pared, y moría sin que la palabra llegase a salirde sus labios. ¿Qué pensaría entonces su tía? Y se figuraba traído a casa desde el río, ahogado, con los rizosempapados, las manos fláccidas y su mísero corazón en reposo. ¡Cómo se arrojaría sobre él, y lloraría amares, y pediría a Dios que le devolviese su chico, jurando que nunca volvería a tratarle mal! Pero élpermanecería pálido y frío, sin dar señal de vida...; ¡pobre mártir cuyas penas habían ya acabado parasiempre! De tal manera excitaba su enternecimiento con lo patético de esos ensueños, que tenía que estartragando saliva, a punto de atosigarse; y sus ojos enturbiados nadaban en agua, la cual se derramaba alparpadear y se deslizaba y caía a gotas por la punta de la nariz. Y tal voluptuosidad experimentaba al mirary acariciar así sus penas, que no podía tolerar la intromisión de cualquier alegría terrena o de cualquierinoportuno deleite; era cosa tan sagrada que no admitía contactos profanos; y por eso, cuando su primaMary entró dando saltos de contenta, encantada de verse otra vez en casa después de una eterna ausencia deuna semana en el campo, Tom se levantó y, sumido en brumas y tinieblas, salió por una puerta cuando ellaentró por la otra trayendo consigo la luz y la alegría. Vagabundeó lejos de los sitios frecuentados por losrapaces y buscó parajes desolados, en armonía con su espíritu. Una larga almadía de troncos, en la orilla delrío, le atrajo; y sentándose en el horde, sobre el agua, contempló la vasta y desolada extensión de lacorriente. Hubiera deseado morir ahogado; pero de pronto, y sin darse cuenta, y sin tener que pasar por eldesagradable y rutinario programa ideado para estos casos por la Naturaleza. Después se acordó de su flor.La sacó, estrujada y lacia, y su vista acrecentó en alto grado su melancólica felicidad. Se preguntó si ella secompadecería si lo supiera. ¿Lloraría? ¿Querría poder echarle los brazos al cuello y consolarlo? ¿O levolvería fríamente la espalda, como todo el resto de la humanidad? Esta visión le causó tales agonías dedelicioso sufrimiento, que la reprodujo una y otra vez en su magín y la volvía a imaginar con nuevos yvariados aspectos, hasta dejarla gastada y pelada por el uso. Al fin se levantó dando un suspiro, y partióentre las sombras. Serían las nueve y media o las diez cuando vino a dar a la calle ya desierta, donde vivíala amada desconocida. Se detuvo un momento: ningún ruido llegó a sus oídos; una bujía proyectaba unmortecino resplandor sobre la cortina de una ventana del piso alto. ¿Estaba ella allí? Trepó por la valla,marchó con cauteloso paso, por entre las plantas, hasta llegar bajo la ventana; miró hacia arriba largo rato,emocionado; después se echó en el suelo, tendiéndose de espaldas, con las manos cruzadas sobre el pecho yen ellas la pobre flor marchita. Y así quisiera morir..., abandonado de todos, sin cobijo sobre su cabeza, sinuna mano querida que enjugase el sudor de su frente, sin una cara amiga que se inclinase sobre él,compasiva, en el trance final. Y así lo vería ella cuando se asomase a mirar la alegría de la mañana..., y,¡ay! ¿dejaría caer una lágrima sobre el pobre cuerpo inmóvil, lanzaría un suspiro al ver una vida juvenil tanintempestivamente tronchada?La ventana se abrió; la voz áspera de una criada profanó el augusto silencio, y un diluvio de agua dejóempapados los restos del mártir tendido en tierra.El héroe, medio ahogado, se irguió de un salto, resoplando; se oyó el zumbido de una piedra en el aire,entremezclado con el murmullo de una imprecación; después, como un estrépito de cristales rotos; y unadiminuta forma fugitiva saltó por encima de la valla y se alejó, disparada, en las tinieblas.Poco después, cuando Tom, desnudo para acostarse examinaba sus ropas remojadas, a la luz de un cabode vela, Sid se despertó; pero si es que tuvo alguna idea de hacer «alusiones personales», lo pensó mejor yse estuvo quedo..., pues en los ojos de Tom había un brillo amenazador. Tom se metió en la cama sin añadira sus enojos el de rezar, y Sid apuntó en su memoria esta omisión.CAPÍTULO IVE1 sol se levantó sobre un mundo tranquilo y lanzó sus esplendores, como una bendición, sobre elpueblecito apacible. Acabado el desayuno, tía Polly reunió a la familia para las prácticas religiosas, lascuales empezaron por una plegaria construida, desde el cimiento hasta arriba, con sólidas hiladas de citasbíblicas, trabadas con un débil mortero de originalidad; y desde su cúspide, como desde un Sinaí, recitó unadusto capítulo de la ley mosaica.Tom se apretó los calzones, por así decirlo, y se puso a trabajar para «aprenderse sus versículos». Sid selos sabía ya desde días antes. Tom reconcentró todas sus energías para grabar en su memoria cinco nadamás, y escogió un trozo del Sermón de la Montaña porque no pudo encontrar otros versículos que fuerantan cortos.Al cabo de media hora tenía una idea vaga y general de la lección, pero nada más, porque su menteestaba revoloteando por todas las esferas del pensamiento humano y sus manos ocupadas en absorbentes yrecreativas tareas. Mary le cogió el libro para tomarle la lección, y él trató de hacer camino entre la niebla.-Bienaventurados los .... los...-Pobres...-Sí, pobres; bienaventurados los pobres de..., de...-Espíritu...-De espíritu; bienaventurados los pobres de espíritu, porque ellos .... ellos...-De ellos...-Porque de ellos... Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos..., será el reino de los cielos.Bienaventurados los que lloran, porque ellos .... porque ellos...-Re...-Porque ellos re...-Reci...-Porque ellos reci... ¡No sé lo que sigue!-Recibirán...-¡Ah! Porque ellos recibirán..., recibirán.... los que lloran. Bienaventurados los que recibirán, porqueellos... llorarán, porque recibirán... ¿Qué recibirán? ¿Por qué no me lo dices, Mary? ¿Por qué eres tantacaña?-¡Ay, Tom, simple! No creas que es por hacerte rabiar. No soy capaz. Tienes que volver a estudiarlo. Note apures, Tom: ya verás cómo lo aprendes; y si te lo sabes, te voy a dar una cosa preciosa. ¡Anda!, a ver sieres bueno.-Bien; pues dime lo que me vas a dar, Mary. ¡Dime lo que es!-Eso no importa, Tom. Ya sabes que cuando prometo algo es verdad.-Te creo, Mary. Voy a darle otra mano.Y se la dio; y bajo la doble presión de la curiosidad y de la prometida ganancia, lo hizo con tal ánimo quetuvo un éxito deslumbrador. Mary le dio una flamante navaja «Barlow» que valía doce centavos y medio; ylas convulsiones de deleite que corrieron por su organismo lo conmovieron hasta los cimientos. Verdad esque la navaja era incapaz de cortar cosa alguna; pero era una «Barlow» de las «de verdad», y en eso habíaimponderable grandiosidad... aunque de dónde sacarían la idea los muchachos del Oeste de que tal armapudiera llegar a ser falsificada con menoscabo para ella, es un grave misterio y quizá lo será siempre. Tomlogró hacer algunos cortes en el aparador, y se preparaba a empezar con la mesa de escribir, cuando lellamaron para vestirse y asistir a la escuela dominical.Mary le dio una jofaina de estaño y un trozo de jabón, y él salió fuera de la puerta y puso la jofaina en unbanquillo que allí había; después mojó el jabón en el agua y lo colocó sobre el banco; se remangó losbrazos, vertió suavemente el agua en el suelo, y en seguida entró en la cocina y empezó a restregarsevigorosamente con la toalla que estaba tras de la puerta. Pero Mary se la quitó y le dijo:-¿No te da vergüenza, Tom? No seas tan malo. No tengas miedo al agua.Tom se quedó un tanto desconcertado. Llenaron de nuevo la jofaina, y esta vez Tom se inclinó sobre ella,sin acabar de decidirse; reuniendo ánimos, hizo una profunda aspiración, y empezó. Cuando entró a pocoen la cocina, con los ojos cerrados, buscando a tientas la toalla, un honroso testimonio de agua y burbujasde jabón le corría por la cara y goteaba en el suelo. Pero cuando salió la luz de entre la toalla aún no estabaaceptable, pues el territorio limpio terminaba de pronto en la barbilla y las mandíbulas, como un antifaz ymás allá de esa línea había una oscura extensión de terreno de secano que corría hacia abajo por el frente yhacia atrás, dando la vuelta al pescuezo. Mary le cogió por su cuenta, y cuando acabó con él era un hombrenuevo y un semejante, sin distinción de color, y el pelo empapado estaba cuidadosamente cepillado, y suscortos rizos ordenados para producir un general efecto simétrico y coquetón (a solas, se alisaba los rizoscon gran dificultad y trabajo, y se dejaba el pelo pegado a la cabeza, porque tenía los rizos por cosaafeminada y los suyos le amargaban la existencia). Mary sacó después un traje que Tom sólo se habíapuesto los domingos, durante dos años. Le llamaban «el otro traje», y por ello podemos deducir lo sucintode su guardarropa. La muchacha «le dio un repaso» después que él se hubo vestido; le abotonó la chaquetahasta la barbilla, le volvió el ancho cuello de la camisa sobre los hombros, le coronó la cabeza, después decepillarlo, con un sombrero de paja moteado. Parecía, después, mejorado y atrozmente incómodo; y no loestaba menos de lo que parecía, pues había en el traje completo y en la limpieza una sujeción yentorpecimiento que le atormentaban. Tenía la esperanza de que Mary no se acordaría de los zapatos, peroresultó fallida; se los untó concienzudamente con una capa de sebo, según era el uso, y se los presentó.Tom perdió la paciencia, y protestó; de que siempre le obligaban a hacer lo que no quería. Pero Mary ledijo, persuasiva:-Anda, Tom; sé un buen chico.Y Tom se los puso, gruñendo. Mary se arregló en seguida, y los tres niños marcharon a la escueladominical, lugar que Tom aborrecía con toda su alma; pero a Sid y a Mary les gustaba.Las horas de esa escuela eran de nueve a diez y media, y después seguía el oficio religioso. Dos de losniños se quedaban siempre, voluntariamente, al sermón, y el otro siempre se quedaba también..., porrazonees más contundentes. Los asientos, sin tapizar y altos de respaldo, de la iglesia podrían acomodarunas trescientas personas; el edificio era pequeño e insignificante, con una especie de cucurucho de tablaspuesto por montera, a guisa de campanario. Al llegar a la puerta, Tom se echó un paso atrás y abordó a uncompinche también endomingado.-Oye, Bill, ¿tienes un vale amarillo?-Sí.-¿Qué quieres por él?-¿Qué me das?-Un cacho de regaliz y un anzuelo.-Enséñalos.Tom los presentó. Eran aceptables, y las pertenencias cambiaron de mano. Después hizo el cambalachede un par de canicas por tres vales rojos, y de otras cosillas por dos azules. Salió al encuentro de otrosmuchachos, según iban llegando, y durante un cuarto de hora siguió comprando vales de diversos colores.Entró en la iglesia, al fin, con un enjambre de chicos y chicas, limpios y ruidosos; se fue a su silla e inicióuna riña con el primer muchacho que encontró a mano. El maestro, hombre grave, ya entrado en años,intervino; después volvió la espalda un momento, y Tom tiró del pelo al rapaz que tenía delante, y ya estabaabsorto en la lectura de su libro cuando la víctima miró hacia atrás; pinchó a un tercero con un alfiler, paraoírle chillar, y se llevó nueva reprimenda del maestro. Durante todas las clases Tom era siempre el mismo:inquieto, ruidoso y pendenciero. Cuando llegó el momento de dar las lecciones ninguno se la sabía bien yhabía que irles apuntando durante todo el trayecto. Sin embargo, fueron saliendo trabajosamente del paso, ya cada uno se le recompensaba con vales azules, en los que estaban impresos pasajes de las Escrituras.Cada vale azul era el precio de recitar dos versículos; diez vales azules equivalían a uno rojo, y podíancambiarse por uno de éstos; diez rojos equivalían a uno amarillo, y por diez vales amarillos elsuperintendente regalaba una Biblia, modestamente encuadernada (valía cuarenta centavos en aquellostiempos felices), al alumno. ¿Cuántos de mis lectores hubieran tenido laboriosidad y constancia paraaprenderse de memoria dos mil versículos, ni aun por una Biblia de las ilustradas por Doré? Y sin embargoMaría había ganado dos de esa manera: fue la paciente labor de dos años; y un muchacho de estirpegermánica había conquistado cuatro o cinco. Una vez recitó tres mil versículos sin detenerse; pero susfacultades mentales no pudieron soportar tal esfuerzo y se convirtió en un idiota, o poco menos, desdeaquel día: dolorosa pérdida para la escuela, pues en las ocasiones solemnes, y delante de compañía, elsuperintendente sacaba siempre a aquel chico y (como decía Tom) «le abría la espita». Sólo los alumnosmayorcitos llegaban a conservar los vales y a persistir en la tediosa labor bastante tiempo para lograr unaBiblia; y por eso la entrega de uno de estos premios era un raro y notable acontecimiento. El alumnopremiado era un personaje tan glorioso y conspicuo por aquel día, que en el acto se encendía en el pecho decada escolar una ardiente emulación, que solía durar un par de semanas. Es posible que el estómago mentalde Tom nunca hubiera sentido verdadera hambre de uno de esos premios, pero no hay duda de que demucho tiempo atrás había anhelado con toda su alma el éclat que traía consigo.Al llegar el momento preciso el superintendente se colocó en pie frente al púlpito, teniendo en la manoun libro de himnos cerrado y el dedo índice inserto entre sus hojas, y reclamó silencio. Cuando unsuperintendente de escuela dominical pronuncia su acostumbrado discursito, un libro de himnos en la manoes tan necesario como el inevitable papel de música en la de un cantor que avanza hasta las candilejas paraejecutar un solo, aunque el porqué sea un misterio, puesto que ni el libro ni el papel son nunca consultadospor el paciente. Este superintendente era un ser enjuto, de unos treinta y cinco años, con una sotabarba deestopa y pelo corto del mismo color; llevaba un cuello almidonado y tieso, cuyo borde le llegaba hasta lasorejas y cuyas agudas puntas se curvaban hacia adelante a la altura de las comisuras de los labios; una tapiaque le obligaba a mirar fijamente a proa y a dar la vuelta a todo el cuerpo cuando era necesaria una miradalateral. Tenía la barbilla apuntalada por un amplio lazo de corbata de las dimensiones de un billete debanco, y con flecos en los bordes, y las punteras de las botas dobladas hacia arriba, a la moda del día, comopatines de trineo: resultado que conseguían los jóvenes elegantes, con gran paciencia y trabajo, sentándosecon las puntas de los pies apoyados contra la pared y permaneciendo así horas y horas. Mister Walters teníaun aire de ardoroso interés y era sincero y cordial en el fondo, y consideraba las cosas y los lugaresreligiosos con tal reverencia y tan aparte de los afanes mundanos que, sin que se diera cuenta de ello, la vozque usaba en la escuela dominical había adquirido una entonación peculiar, que desaparecía por completoen los días de entre semana. Empezó de esta manera:-Ahora, niños os vais a estar sentados, todo lo derechitos y quietos que podáis, y me vais a escuchar contoda atención por dos minutos. ¡Así, así me gusta! Así es como los buenos niños y las niñas tienen queestar. Estoy viendo a una pequeña que mira por la ventana: me temo que se figura que yo ando por ahífuera, acaso en la copa de uno de los árboles, echando un discurso a los pajaritos. (Risitas de aprobación.)Necesito deciros el gozo que me causa ver tantas caritas alegres y limpias reunidas en un lugar como éste,aprendiendo a hacer buenas obras y a ser buenos...Y siguió por la senda adelante. No hay para qué relatar el resto de la oración. Era de un modelo que nocambia, y por eso nos es familiar a todos.El último tercio del discurso se malogró en parte por haberse reanudado las pendencias y otros escarceosentre algunos de los chicos más traviesos, y por inquietudes y murmullos que se extendían cada vez másllegando su oleaje hasta las bases de aisladas a inconmovible rocas, como Sid y Mary. Pero todo ruido cesóde repente al extinguirse la voz de mister Walters, y el término del discurso fue recibido con una silenciosaexplosión de gratitud.Buena parte de los cuchicheos había sido originada por un acontecimiento más o menos raro: la entradade visitantes. Eran éstos el abogado Thatcher, acompañado por un anciano decrépito, un gallardo ypersonudo caballero de pelo gris, entrado en años, y una señora solemne, que era, sin duda, la esposa deaquél. La señora llevaba una niña de la mano. Tom había estado intranquilo y lleno de angustias yaflicciones, y aun de remordimientos; no podía cruzar su mirada con la de Amy Lawrence ni soportar lasque ésta le dirigía. Pero cuando vio a la niña recién llegada el alma se le inundó de dicha. Un instantedespués estaba «presumiendo» a toda máquina: puñadas a los otros chicos, tirones de pelos, contorsionescon la cara, en una palabra: empleando todas las artes de seducción que pudieran fascinar a la niña yconseguir su aplauso. Su loca alegría no tenía más que una mácula: el recuerdo de su humillación en eljardín del ser angélico, y ese recuerdo, escrito en la arena, iba siendo barrido rápidamente por las oleadas defelicidad que en aquel instante pasaban sobre él. Se dio a los visitantes el más encumbrado asiento dehonor, y tan pronto como mister Walters terminó su discurso los presentó a la escuela. El caballero del pelogris resultó ser un prodigioso personaje, nada menos que el juez del condado; sin duda el ser más augustoen que los niños habían puesto nunca sus ojos. Y pensaban de qué sustancia estaría formado, y hubierandeseado oírle rugir y hasta tenían un poco de miedo de que lo hiciera. Había venido desde Constantinopla, adoce millas de distancia, y, por consiguiente, había viajado y había visto mundo; aquellos mismos ojoshabían contemplado la Casa de Justicia del condado, de la que se decía que tenía el techo de cinc. Eltemeroso pasmo que inspiraban estas reflexiones se atestiguaba por el solemne silencio y por las filas deojos abiertos en redondo. Aquél era el gran juez Thatcher, hermano del abogado de la localidad. JeffThatcher se adelantó en seguida para mostrarse familiar con el gran hombre y excitar la envidia de laescuela. Música celestial hubiera sido para sus oídos escuchar los comentarios.-¡Mírale, Jim! Se va arriba con ellos. ¡Mira, mira!, va a darle la mano. ¡Ya se la da! ¡Lo que darías tú porser Jeff?Mister Walters se puso «a presumir» con toda suerte de bullicios y actividades oficialescas, dandoórdenes, emitiendo juicios y disparando instrucciones aquí y allá y hacia todas partes donde podía encontrarun blanco. El bibliotecario «presumió» corriendo de acá para allá con brazadas de libros, y con toda labaraúnda y aspavientos en que se deleita la autoridadinsecto. Las señoritas instructoras «presumieron»inclinándose melosamente sobre escolares a los que acababan de tirar de las orejas, levantando deditosamenazadores delante de los muchachos malos y dando amorosas palmaditas a los buenos. Los caballeretesinstructores «presumían» prodigando regañinas y otras pequeñas muestras de incansable celo por ladisciplina, y unos y otros tenían grandes quehaceres en la librería, que los obligaban a ir y venirincesantemente y, al parecer, con gran agobio y molestia. Las niñas «presumían» de mil distintos modos, ylos chicuelos «presumían» con tal diligencia que los proyectiles de papel y rumor de reyertas llenaban elaire. Y cerniéndose sobre todo ello, el grande hombre seguía sentado, irradiaba una majestuosa sonrisajudicial sobre toda la concurrencia y se calentaba al sol de su propia grandeza, pues estaba «presumiendo»también. Sólo una cosa faltaba para hacer el gozo de mister Walters completo, y era la ocasión de dar elpremio de la Biblia y exhibir un fenómeno. Algunos escolares tenían vales amarillos, pero ninguno teníalos necesarios: ya había él investigado entre las estrellas de mayor magnitud. Hubiera dado todo lo delmundo, en aquel momento, porque le hubieran restituido, con la mente recompuesta, aquel muchachoalemán.Y entonces, cuando había muerto toda esperanza, Tom Sawyer se adelantó con nueve vales amarillos,nueve vales rojos y diez azules, y solicitó una Biblia. Fue un rayo cayendo de un cielo despejado. Waltersno esperaba una petición semejante, de tal persona, en los próximos diez años. Pero no había que darlevueltas: allí estaban los vales y eran moneda legal. Tom fue elevado en el acto al sitio que ocupaban el juezy los demás elegidos, y la gran noticia fue proclamada desde el estrado. Era la más pasmosa sorpresa de ladécada; y tan honda sensación produjo, que levantó al héroe nuevo hasta la altura misma del héroe judicial.Todos los chicos estaban muertos de envidia; pero los que sufrían más agudos tormentos eran los que sedaban cuenta, demasiado tarde, de que ellos mismos habían contribuido a aquella odiosa apoteosis porceder sus vales a Tom a cambio de las riquezas que había amontonado vendiendo permisos para enjalbegar.Sentían desprecio de sí mismos por haber sido víctimas de un astuto defraudador, de una embaucadoraserpiente escondida en la hierba.El premio fue entregado aTom con toda la efusión que el superintendente, dando a la bomba, consiguióhacer subir hasta la superficie en aquel momento; pero le faltaba algo del genuino surtidor espontáneo, puesel pobre hombre se daba cuenta, instintivamente, de que había allí un misterio que quizá no podría resistirfácilmente la luz. Era simplemente absurdo pensar que aquel muchacho tenía almacenadas en su granerodos mil gavillas de sabiduría bíblica, cuando una docena bastarían, sin duda, para forzar y distender sucapacidad. Amy Lawrence estaba orgullosa y contenta, y trató de hacérselo ver a Tom; pero no había modode que la mirase. No, no adivinaba la causa; después se turbó un poco; en seguida la asaltó una vagasospecha, y se disipó, y tornó a surgir. Vigiló atenta; una furtiva mirada fue una revelación, y entonces se leencogió el corazón, y experimentó celos y rabia, y brotaron las lágrimas, y sintió aborrecimiento por todos,y más que por nadie, porTom.El cual fue presentado al juez; pero tenía la lengua paralizada, respiraba con dificultad y le palpitaba elcorazón; en parte, por la imponente grandeza de aquel hombre, pero sobre todo, porque era el padre de ella.Hubiera querido postrarse ante él y adorarlo, si hubieran estado a oscuras. El juez le puso la mano sobre lacabeza y le dijo que era un hombrecito de provecho, y le preguntó cómo se llamaba. El chico tartamudeó,abrió la boca, y lo echó fuera:-Tom.-No, Tom, no...; es....-Thomas.-Eso es. Ya pensé yo que debía de faltar algo. Bien está. Pero algo te llamarás además de eso, y me lo vasa decir, ¿no es verdad?-Dile a este caballero tu apellido, Thomas -dijo Walters-; y dile además «señor». No olvides las buenasmaneras.-Thomas Sawyer, señor.-¡Muy bien! Así hacen los chicos buenos. ¡Buen muchacho! ¡Un hombrecito de provecho! Dos milversículos son muchos, muchísimos. Y nunca te arrepentirás del trabajo que te costó aprenderlos, pues elsaber es lo que más vale en el mundo; él es el que hace los grandes hombres y los hombres buenos;.tú serásalgún día un hombre grande y virtuoso, Thomas, y entonces mirarás hacia atrás y has de decir: «Todo sedebo a las ventajas de la inapreciable escuela dominical, en mi niñez; todo se lo debo a mis queridosprofesores, que me enseñaron a estudiar; todo se lo debo al buen superintendente, que me alentó y seinteresó por mí y me regaló una magnífica y lujosa Biblia para mí solo: ¡todo lo debo a haber sido bieneducado!» Eso dirás, Thomas, y por todo el oro del mundo no darías esos dos mil versículos. No, no losdarías. Y ahora ¿querrás decirnos a esta señora y a mí algo de lo que sabes? Ya sé que nos lo dirás, porquea nosotros nos enorgullecen los niños estudiosos. Seguramente sabes los nombres de los doce discípulos.¿No quieres decirnos cómo se llamaban los dos primeros que fueron elegidos?Tom se estaba tirando de un botón, con aire borreguil. Se ruborizó y bajó los ojos: Mister Waltersempezó a trasudar, diciéndose a sí mismo: «No es posible que el muchacho contestase a la menorpregunta... ¡En qué hora se le ha ocurrido al juez examinarlo.» Sin embargo, se creyó obligado a intervenir,y dijo:-Contesta a este señor, Thomas. No tengas miedo.Tom continuó mudo.-Me lo va a decir a mí -dijo la señora-. Los nombres de los primeros discípulos fueron...-¡David y Goliat!Dejemos caer un velo compasivo sobre el resto de la escena.

Colimba, aun una polemica?Durante el 2008 y el 2009 en medios de comunicación se debatió la vuelta de la conscripción. Este debate se desato al producirse continuos asaltos en bancos, mercados céntricos en plena luz del día, también se produjeron una serie de asesinatos a policías, a civiles tanto en las calles como en sus hogares o mercados, muchos de los casos en la que la policía pudo capturar a los delincuentes, en su gran mayoría eran menores de 17 años y para frenar la inseguridad piden el retorno de la conscripción.Haciendo un poco de historia, la conscripción, (o más popularmente llamada COLIMBA, llamada así por las actividades frecuentes de los conscriptos COrrer LIMpiar y BArrer), después de 92 años se terminaron los sorteos, tras el asesinato del conscripto Omar Carrasco, por otros dos soldados instigados por un oficial. El cuartel de Zapala, en Neuquén, con la cordillera de fondo y los vientos helados hasta los huesos, era uno de los destinos de casi cien mil jóvenes de 18 años que cada año hacían el servicio militar obligatorio, en el Ejército. A ese cuartel el 3 de marzo de 1994 llegó en colectivo Omar Carrasco, un muchacho de un metro sesenta y 19 años de edad, recién cumplidos, que nunca jamás había salido de su pueblito patagónico, Cutral Có. Su primera y última experiencia le duró tres días. El 6 de marzo lo molieron a golpes, dejándolo tirado en las inmediaciones de dicho cuartel.La noticia del hallazgo del cadáver de Carrasco se conoció un mes después de la golpiza, el 6 de abril. Y hubo, como tantas veces, una explicación oficial que intentó ocultar los hechos. Se dijo que había muerto de frío al querer escapar del rigor, la disciplina y el orden del Ejército. Se dijo pero esta vez no se creyó, lo cual llevo de inmediato, primero a los cinco mil vecinos de Carrasco en Cutral Có. Enseguida otros 15 mil que se plegaron a la protesta en la capital de Neuquén. Reflejo inmediato de la tragedia, no sólo reclamaban por el esclarecimiento del crimen sino también contra el servicio militar —"Chau colimba", coreaban—, un grito que parecieron descubrir en todo el país madres, tías y abuelas. Esto resulto y el 31 de agosto de 1994, durante el gobierno del presidente Carlos Menem, se suspendió la ley del Servicio Militar Obligatorio siendo este de carácter voluntario e indemnizado. Terminando con la historia y volviendo a la actualidad, la polémica: ¿serviría la vuelta de la colimba para frenar la delincuencia juvenil? En varios casos se dice que “si serviría” pero solo se toman en cuenta los hechos tomados de los medios de comunicación, los cuales no siempre muestran “todo” o inventan parte de la historia, pero no quiere decir que la delincuencia se oculte porque ya se podría decir que convivimos con ella. Y para decir si serviría la vuelta de la colimba, hay que analizar los hechos que ya han ocurrido, hay que poner las leyes y valores sobre la balanza y recién ahí se podría responder “SI” o “NO”.El perder una hoja de afeitar significaba que durante el fin de semana en vez de retornar a su hogar para un descanso de dos días, debías quedarte en el cuartel para hacer guardia durante día y noche. Si perder una hoja de afeitar significaba eso, ya cualquiera se imaginaria que pasaría si no obedecieras a un oficial. El maltrato tanto verbal, moral, físico y sicológico; la injusticia de negar el franco (si no respetas las reglas internas); la falta de alimento; posibles torturas; el miedo de no volver a ver a tus familiares más cercanos; aplaudir cardos con la mano; bañarse en 2 minutos y con agua fría; exceso de ejercicio físico; el no poder dormir y descansar tranquilo sin que te despierten a mitad de la madrugada para hacer guardia o para salir a correr en la oscuridad y si tenias suerte con el cielo despejado; el estar acostumbrado a que los “papis” le hagan todo sufren mas al no saber hacer nada; son algunas de las causas por el cual muchos jóvenes no quieren el retorno de la colimba. Por lo que “vimos” con el caso Carrasco el principal valor que se pone en juego si volviera la colimba sería principalmente el de la vida. Los derechos en juego en esta actividad, la mayoría están escritos en la DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS; en su artículo 23 expresa que toda persona tiene derecho a la libre elección de su trabajo, a un salario igual para todos en igual trabajo que le sirva para abastecer todas sus necesidades; en su artículo 24 expresa el derecho al descanso y a las vacaciones pagas; entre otros artículos. Hoy en día está vigente la ley 24.429, esta ley trata acerca del servicio militar VOLUNTARIO, en la cual se expresa que los soldados NO pueden ser sometidos obligatoriamente al servicio, que deben tener un salario suficiente para abastecer todas las necesidades del mes; horas libres y francos sin poder negarles los mismos por derecho, y en el articulo 29 expresa que solo podrá volver la conscripción solo en caso de guerra o emergencia nacional.Obviamente, el valor que más peso tiene es el de la vida, a nadie se le puede negar el derecho a la vida ya que esta promulgado en la constitución Argentina, esta también establecido en los derechos humanos y en uno de los artículos de la ONU. Luego le siguen los derechos, beneficios y condiciones expresados en la declaración universal de los derechos humanos. Por último está la ley 24.429.Si se toman en cuenta todos los hechos y maltratos, cualquier joven o adulto diría “me entierro en lo tierra por las dudas”. En todas las fuerzas armadas y en todos los países, por lo menos el primer mes es de “maltrato” sin utilizar la fuerza bruta, esto es para aprender a controlar el temperamento. Pero en algunos casos el temperamento de los aspirantes no se puede controlar y los instructores terminan siendo los que aprenden a controlar su temperamento. Esta explicación no convence a algunas personas ya que ven como los “bailan” y se convencen y dicen “que hijos de put…, mira como los maltratan” solo con eso pero no ven para que lo hacen.Ya devuelta con nuestro tema, a algunos les gusta la idea del retorno porque según ellos mantendrían a los jóvenes lejos de la calle, de las drogas y de la delincuencia que es lo que más importa y es lo que está en debate. Algunos de los que están a favor dicen: ► “aja, cosas buenas y malas, al menos no habrían tantos pibes al pedo dando vueltas, robando, drogándose, matando.” ► “por lo menos se mantendría a los jóvenes ocho meses ocupados, a la vez que se les inculcaría respeto por las personas e incluso a sus propios padres y los símbolos patrios, que son las cosas a las que los pibes no les dan bolilla”. ► “es una experiencia un poco amarga, pero aprendes a respetar a todos, una vez que salís de allí ya no le decís vieja a tu madre, le decís mami”. ► “el Servicio Militar como decía mi abuela” MAÑANA SERÁN HOMBRES” el recuerdo de contar con familiares que cuando los convocaban a sus hijos, los padres lo festejaban en casa de Italianos con pasta yuta para toda la familia y vecinos, en casa de Españoles la famosa paella, en casa de Argentinos el infaltable asado, el orgullo de esos padres porque sus hijos iban a servir a la PATRIA. Hoy formamos vagos y piqueteros mantenidos por los gobiernos de turno.” A otros no les gusta para nada la idea de que vuelva y lo dicen así: ► “que los jóvenes siguen robando, o son peores luego de salir. Y los que no se drogaban, se empiezan a drogar luego de salir de allí.” ► “los maltratos y torturas a las que son sometidos los jóvenes, ¡son terribles! Y luego ¿Qué? Los jóvenes se suicidan, de eso nadie se hace cargo.”► “solo deberían hacer el servicio militar solo los pibes que están en la calle robando y matando”Muchos comentarios, algunos negativos y otros positivos acerca de la polémica, la mayoría de los comentarios son ciertos hasta cierto punto. Para nosotros debería volver la colimba, aun que algunos de nosotros la tendría que hacer, ya que poseemos numero alto. La vuelta ayudaría a que muchos jóvenes a que salgan de las calles, los tratos deberían ser iguales a los de los últimos años de la colimba entonces la falta de respeto hacia los padres y hacia las autoridades creemos que desaparecería. Lo que debería cambiar es el salario con él debería ser posible llegar hasta fin de mes muy justo y así aprenden a respetar hasta la plata. solo para pensar y recibir opiniones, es un tema de debate.. comenten.. grax