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milbaf

Usuario (Colombia)

Primer post: 1 may 2010Último post: 19 dic 2012
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El único regalo que regresa multiplicado
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/10/2010

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¡Tienes que conocer esta ciudad!
TurismoporAnónimo5/1/2010

Cartagena de Indias, Ciudad Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad

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Lectura Util: Hace 28 años Cartagena es ajena también
TurismoporAnónimo1/11/2012

¡Bienvenidos a nuestra Revista Digital Lectura Util!Hace 28 años Cartagena es ajena tambiénDesde que la UNESCO declaró a Cartagena como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, en noviembre de 1984, por su herencia arquitectónica, histórica y cultural, las autoridades y gentes del común hemos sentido en el pecho, caja de resonancia para expresar con mayor seguridad, que somos oriundos de estas tierras, y que todo aquel que no lo es, pueda decir facultado por sus fotos, un bronceado natural y agua de mar en botellas, que también le pertenece un pedazo. A Cartagena la defiende tanto el nativo como el turista. Tengo recuerdo personal de tres casos de falta al patrimonio cartagenero, y sus respectivos reproches por parte de la sociedad. El primer caso, trata de una pareja haciendo el amor en las murallas, la cual fue sorprendida y denunciada por unos turistas, cuya situación culminó en la estación de policía con la detención de los amantes furtivos, y la insistencia de los denunciantes, por el irrespeto a tan “bellas murallas”, más que por el exhibicionismo en sí. El segundo caso, fue el robo de la pluma al monumento de Cervantes Saavedra por parte un menor reciclador, el cual fue denunciado por ciudadanos ofendidos, quienes haciendo devolución inmediata de la pieza a las autoridades, regañaron al menor cual si fueran todos familiares. Si bien se trató de un hurto, lo repudiado aquí, no fue tanto que se tratara de un menor, como que la madre de este, no le enseñara el amor y respeto por lo colectivo. El tercer caso, fue el de una señora que hablando consigo misma en forma de regaño, acerca de la mala conducta de un ciudadano, evitó que éste orinase en el atracadero de barcos, en el que ella descendía de una nave. Si bien la señora no recriminó en forma directa al ciudadano infractor pues hablaba otro idioma, éste comprendió el rechazo, y actuó con la decencia que ameritaba el caso, buscando más bien un baño por pagar. De Cartagena se habla a diario al rededor del mundo, y tanto extranjeros como nativos, cuidamos que ésta siga siendo la ciudad querida por todos. Y no solo con leyes enviamos este mensaje al resto del mundo, también lo hacemos con afecto ciudadano en el entendido, que todo puede ser mejor que ayer, cuando los hijos aun escuchaban a sus padres. Así las cosas, dejo esta pregunta de reflexión al resto del mundo, ¿qué hizo usted ayer por Cartagena, que pueda mejorar hoy?

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Derecho e Ironías
HumorporAnónimo12/19/2012

Derecho e Ironías Once cuentos para sensibilizar estudiosos del fenómeno social Milton Batista Franco Ediciones Siglo de la Verdad Título original: Derecho e Ironías Diseño de cubierta: Siglo de la Verdad © Milton Batista Franco, 2012 © Siglo de la Verdad, 2012 El Derecho prohíbe el delito, que faculta. Milton Batista Franco. A todas esas personas, que desde su punto de vista laboran incansables día tras día, para que este nuestro planeta sea un mejor espacio para nosotros, y todas las generaciones que esperan su turno de llegada. CUENTO NÚMERO UNO DE ONCE Reflexión: En alguna ocasión leí y en otra escuché, “No regale monedas a los habitantes de la calle”; sorpresa mayor la mía cuando supe que quienes la habían parafraseado, eran personas que de alguna forma, tuvieron que haber recibido clases de alguna disciplina social, por no decir específicamente, del tratado de Humanidades. NUESTRO PAN DE CADA DÍA Un mendigo llevaba muchas horas ya sin comer, y se encontraba prácticamente al borde del desespero, cuando ideó el plan de robarse el pan que tanto el tendero le había negado. No necesitó más que su descuido para atrapar el pan y correr como el viento todas las cuadras posibles abajo, hacer malabarismos sobre un puente, e instalarse debajo de este para por fin saborear el objeto de su victoria. ¡Manos arriba! Gritó uno de los tantos policías que como salidos de la nada, le rodearon. ¡Yo lo devuelvo! Respondió el mendigo. El policía pasó su mirada sobre el mendigo. ¿Dónde están los otros? ¡Yo estoy solo, señor agente! ¿Dónde está el del reloj? No sé, yo sólo robé un pan. ¡Afuera, al camión! Y eso fue todo lo que ocurrió, señor. Repitió el mendigo al Inspector de policía cuantas veces ya no recordaba en su argumentación previa a su salida después de tres días de cárcel. Es irónico, señor Inspector. Reflexiona el mendigo. ¿Qué cosa? Pues que robo un pan, y me encarcelan por tres días; y observe usted, me dan, ¡pan al desayuno, pan al almuerzo y pan a la cena! ¿Qué tal? Todos los presentes no hicieron más que sonreír de gusto, ante la contundencia de argumentación de aquel filósofo de la calle, al cual despidieron con palmaditas al hombro, y un enorme respeto ganado a pulso de visión objetiva. Moraleja: Unos comen la piña entera, y a otros les da dentera. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO DOS DE ONCE Reflexión: Algunos venden en la calle toda suerte de cosas, algunos otros les critican por cualquier circunstancia, y otro tanto, hacemos de espectadores momentáneos. Mas, ni los primeros, ni los segundos, ni los terceros, nos logramos poner de acuerdo, en que en la vida todos somos vendedores, y más aún, somos células, de una piel social común. LOS VENDEDORES DE ILUSIONES Ya cansados pero conformes venían charlando de vuelta a casa varios amigos vendedores, contando las monedas ganadas, y los dulces y otros que le había sobrado a cada uno, después de un duro día de caminata en las calles sorteando carros, y el sube y baja en los buses muchas veces recibiendo malas caras. Uno de ellos, el de la camiseta de propaganda política, se separó como de costumbre a la entrada de su barrio, sin imaginar esta vez siquiera que a pocos metros antes de llegar a su casa le detendrían dos drogadictos de compra y venta, quienes rápidamente le despojaron del dinero recogido; las imágenes de sus ventas sufridas le pasaron enfrente al vendedor mientras fue cambiando de semblante y sus ojos se fueron extraviando hasta el punto de no medir consecuencias y atrapar tan fuerte por el cuello a uno de los drogadictos, que ni el otro pudo hacer nada por quitárselo, y prefirió entonces huir del lugar. ¡Suéltale papá! Le gritaba su pequeña hija mientras los vecinos luchaban para separar aquellas “tenazas” del cuello del desafortunado drogadicto a quien llevaron al hospital que le quiso recibir, pero ya sin signos vitales. Sólo fueron necesarias horas de esa misma noche para que al vendedor se le hallara, procesara y encarcelara por homicidio. La luz del día atravesó la celda con la noticia radial que como “loros” repetían los medios de comunicación internacional, acerca de la muerte de incontables personas en bombardeos planificados contra una pequeña población, mientras los autores intelectuales y materiales eran felicitados en mitad de la rueda de prensa, donde ahondaban los detalles de la exitosa operación. Moraleja: Entre bomberos, no nos pisamos las mangueras. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO TRES DE ONCE Reflexión: Presencié cuando un civil fue ante un agente del orden, y le pidió le colaborara pues una persona enemiga suya, se paseaba con un arma en la mano; el agente le respondió que poco podía hacer por la situación, y el afectado le preguntó que hasta qué punto, a lo que el agente del orden le respondió, que según las leyes, hasta haber recibido la agresión. DERECHO A MORIR SIN REMEDIO La mujer de cada uno de los amigos que se reúnen siempre en la esquina para beber licor, sabían desde un principio que sus maridos estaban ocultando algo muy grave pues llevaban días completos ya comportándose de forma extraña, pero aun así, ellos siempre se empeñaron en negarlo. En el barrio, todo transcurría como de costumbre, pero las gentes admitían que se sentía una “atmosfera enrarecida” como de aquellos momentos previos a que algo terrible ocurriera. Por motivos sólo conocidos puntualmente por los amigos bebedores de licor, dos de sus miembros de “toda la vida” se disgustaron a lo largo de tres días y desafortunadamente ese fin de semana cuando nuevamente estaban reunidos bebiendo, y como ya se veía venir, encontraron el momento propicio para terminar lo que ya habían empezado. Fue en fracción de segundos, por lo que nadie pudo intervenir, que uno de los dos realizó una maniobra con la que quitó la vida a su semejante de forma instantánea; ahora sin remedio a la situación, todo se percibía como en eco y cámara lenta. La gente corría asustada de un lado al otro y la noticia se expandió tan rápido, que de un momento a otro y como era costumbre por aquellos lugares, ya no cabía un alfiler en la calle entre tanto curioso que se acercaba al lugar, sólo para satisfacer su necesidad de morbosidad. Días contados fueron suficientes para que todo volviera a la normalidad, y los jóvenes del barrio se volvieran a reunir de día como de costumbre para bromear en el lugar de los acontecimientos funestos, cediéndoles la noche a los bebedores de siempre. Y se cumplió nuevamente el Derecho sobre las gentes como desde su principio y hasta hoy en pleno siglo veintiuno. ¡El muerto al hoyo y el vivo al bollo! Dijo ese alguien que nunca falta y que todos conocemos, bailando ebrio en la misma esquina. Porque, ¡a pena de muerte el mal juzgado! Remató. Moraleja: El que manda, manda; aunque mande mal. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO CUATRO DE ONCE Reflexión: A menudo los encargados de la protección infantil, presentan en los centros de educación toda clase de documentos referentes al aborto; de esta misma forma, son ellos también los encargados de los avisos contra el maltrato infantil. NIÑOS ENTRE LEYES Siendo víctima de la peor de las confusiones, aquella que a fuerza de costumbre se hace manejable, y definitivamente temerosa al enfrentamiento a una verdad morbosa, o peor aún, a esta verdad sumada al escándalo que se generaría, la madre había descuidado a su hijo quien fue abusado por una persona cercana. Por apreciaciones de ella misma, acaso la desagradable experiencia la asemejaba el menor, con su repugnancia por las sopas por obligación, pero seguro que hubiera preferido el alimento mejor, pues por su comportamiento, lo otro le causaba algo de confusión, encima del miedo constante por las cosas cotidianas. Mas, como aquellos héroes ficticios que sólo son descritos por el cine, la radio, la televisión y la prensa, apareció uno ahora pero verdadero, que descubrió las angustias del menor, y le apoyó de inmediato, enfrentando valientemente al abusador, a quien arrinconó hasta llevarle a manos de las autoridades competentes; hacía ya mucho tiempo que el menor no sonreía ni se sentía tan seguro con alguien, pero aquella vecina menudita había logrado el milagro al enfrentar sin importar las consecuencias, a quien doblaba su peso corporal, algo que ella no podría igualar siquiera, aun sumándose en balanza el peso del menor. Por lo sucedido a continuación, no se entendía si era mejor optar por el llanto por impotencia, o por el hecho de volverse loco como escapatoria a la realidad, pero el abusador había sido básicamente declarado, no culpable, y a la vecina héroe le había sido ordenado, no acercarse a la familia con cualquier ánimo, menos, claro está, el de perturbar; el resumen de todo fue, que el ahora presunto abusador debía regresar al seno de su hogar, del cual, óigase bien, por orden judicial; no, podría, salir. El hombre llegó temprano y atravesó libre la entrada principal, ante la impotencia manifiesta de todos, cambiando abruptamente el hasta ahora ambiente de calma por una tensión progresiva. De rodillas, el menor le miró e inmediatamente se puso de pie, dejando ver entonces encima de sí, la cruz de madera que alguien le había puesto. Moraleja: No hay peor cuña, que la del mismo palo. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO CINCO DE ONCE Reflexión: Supe de una mujer víctima de violencia intrafamiliar, la cual fue golpeada por su hombre, porque no quedaba en estado de embarazo; vaya a saber la gente, que después de ser denunciado, resulto que el hombre tenía paralelamente varias demandas por incumplimiento a sesiones de terapia de pareja y paternidad irresponsable. LOS PERGAMINOS DE LA MUJER “Básicamente representa la esclava de la sociedad desde el inicio de los tiempos, a quien se deprecia su labor, casi siempre aparece medio descubierta en espectáculos cuando no desnuda, la sociedad le castiga su embarazo sin marido, y se le permite, obliga y castiga el aborto y la prostitución; el caso es que el género femenino de su especie, ha recibido a lo largo de la historia la violación incansable de sus más básicos derechos, paradójicamente, acción realizada contra quien técnicamente, no necesita de su compañero para lograr el milagro de la vida, simplemente porque podría autoreproducirse. Y encima de todo el desconocimiento anterior, continuamos necesitando utilizar este ser para darle vida, a quienes en el futuro, renovaran la campaña perpetua de su esclavización” Reza este escrito en unos pergaminos que transcribí, con el ánimo de que otro lo haga también en otra época al notar como yo su vigencia, así como debió ocurrir al primer transcriptor. Moraleja: Los pájaros, tirándole a las escopetas. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO SEIS DE ONCE Reflexión: Hay quienes gastan en la fiesta de su matrimonio hasta el último centavo de sus ahorros anuales; y también los hay, quienes están dispuestos a pagar de por vida, por separarse. HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE El anciano regresó de la farmacia a la casa riendo por todo el camino; al entrar, la esposa le miró desde la cocina y prefirió continuar sus quehaceres antes que comenzar tan temprano los debates habituales. Lo cierto era que adelantar o posponer el acontecimiento a discutir, daría igual porque al fin y al cabo esa “pelea” estaba pactada entre dos seres, que habían nacido para amarse en sana discordia; tal vez porque ella procedía de “cuna de oro”, mientras él, podría decirse que ni siquiera había visto aquello en fotos. Las horas pasaron como de costumbre sorprendiendo al anciano en el cuarto de los chécheres, mientras reparaba cualquier cosa que le justificara un día productivo, al tiempo que la mujer veía telenovelas como recompensa por haber parido tantos hijos, y hoy continuar montándose a diario casa y un esposo encima. La hora de dormir había llegado y cada uno entró a la habitación por su lado y cuenta, pero se dieron cita realizando metódicamente todo el ritual de antes de acostarse; dieron cuanta vuelta como preámbulo y por fin apagaron el bombillo milagrosamente sin tocar el tema de la discusión pendiente. Fue necesario el transcurso de minutos de silencio hasta la gran “explosión” del primero. ¡Escupe! Dijo la mujer en medio de la oscuridad. ¿Para que digas que soy quejumbroso? Respondió el anciano. Algo era aquí hasta cierto punto gracioso, pero parecían más bien una réplica a pequeña escala, de un gobierno y su respectivo pueblo. Es que me sucedió algo en la farmacia, que es mejor reírse para evitar un infarto. Siempre te suceden esas cosas. ¡Pero, deja hablar! ¡Bueno, habla! …Sucede que fui a comprar el medicamento nuevo que me prescribió el doctor, ¿recuerdas? ¿Y…? Que la vendedora antes que atenderme sólo contaba dinero, por lo que un compañero subordinado le asistió y buscó en la computadora, un momento después éste me miró y preguntó, “¿Cuál de las dos?”, no entiendo, le dije, a lo que él me respondió, “¿La barata, o la cara?” En medio de la oscuridad la mujer soltó una carcajada que pareció haberse salido del planeta. ¡Por eso no quería decirte nada! ¡Habla, habla! Ahora que, ¿no fuiste tú quien dijo que era mejor reírse para evitar un infarto? ¡No voy a hablar! Concluyó el anciano molesto y dando la espalda. Ninguno de los dos supo cuánto tiempo de tensa calma pasó, hasta la esperada nueva intervención del otro, la cual representaría el “broche de oro” de la noche, pero esta ocurrió por fin como había de ocurrir. ¡Lindo el matrimonio mío! Renegó el anciano. ¡Hasta que la muerte nos separe! Replicó la mujer riendo entre dientes, ahora si hasta que durmieron con la tranquilidad del que golpeó a un pendenciero. Moraleja: Quien ensilla su burro, sabe para dónde va. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO SIETE DE ONCE Reflexión: Les he visto a sol o lluvia, hacer felices las filas más largas para votar mal cada período; y después molestos por unas más cortas, para tributar. EL VOTO AL AMIGO Como el más ejemplar de los ciudadanos, viene este señor cumpliendo “religiosamente” con el ejercicio democrático del voto hasta en segunda vuelta, y es cosa esta de admirar pues este digno representante de la tercera edad, jamás ha hecho en los últimos años ni abstencionismo ni voto en blanco, así como más de uno que encima argumenta para el caso del abstencionismo que “todos son una partida de ladrones y corruptos” y por eso no votan, y para el caso del voto en blanco, que eso suma al menos indicado. Tampoco ha cobrado este señor dinero ni en monedas, por el voto que debe depositar, ni se ha prestado para sancochos ni bebederas porque definitivamente él siempre ha votado como lo manda la ley. Sus amigos muy por encima de sus diferencias en la interpretación de la política, entienden su situación, pero igual festejan la propia, aunque con mucho menos sancocho y licor de lo criticado, pues hay tanta gente participante que poco alcanza el presupuesto repartido entre tantos; eso sí, jamás desconocen ni irrespetan el pedido expreso de su mujer, quien muy amablemente recomendó hasta al último de ellos, no jugar con cosas tan delicadas. ¡No encuentro gracioso festejar el descubrimiento de que mi esposo muerto, aún continúa votando! Reprochó una vez más la mujer. Tal vez ellos sí, entendiendo que él era el único abstencionista intransigente que les acompañaba. Respondió su hijo. Moraleja: A quien no quiere caldo, se le dan dos tazas. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO OCHO DE ONCE Reflexión: Tengo el recuerdo de un acto, que no me causó risa por lo risible, más que por la impotencia. Se trató de unos animales que hasta el concurso de unos expertos internacionales en el tema convocaron, para saber que se podía hacer con ellos; pues según pude extraer entre palabras que iban y venían, los animales representaban un peligro inminente entre los humanos. El resultado del estudio arrojó, después de varias semanas y un montón de dinero invertido, que a los animales, había que sacrificarlos; tarea esta confiada a un joven campesino de la localidad. LOS ANIMALES DEL PLANETA Ese día las miradas del planeta entero parecieron haberse volcado en un pequeño y remoto pueblo, pues muchos medios de comunicación internacionales insistían en vender los comerciales de sus patrocinadores, con la noticia reiterativa hasta la locura, de un extranjero que mató un perro callejero por lamer la cara a su bebe en el coche, situación por la cual el hombre ahora enfrenta el reproche social, y hasta jurídico, acción esta última tomada por las distintas asociaciones protectoras de animales. En cada esquina de aquel pueblo lejano, resonaba el rechazo mayoritario contra semejante acto que de no haberse censurado, muy seguramente hubiera servido de ejemplo a seguir. Ya a las tres de la tarde en punto y animado por los mismos medios de comunicación, el pueblo festejaba con propios y extraños el inicio de una de sus tantas fiestas autóctonas en la plaza mayor, en donde absolutamente todo se olvidaba en medio del licor, el sancocho de las tres carnes, las peleas de gallos y el toreo. Moraleja: A la tierra donde fueres, haz lo que vieres. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO NUEVE DE ONCE Reflexión: Estoy de acuerdo con las personas que piensan que cualquier realidad, siempre ha superado la ficción. Tanto es así, hablando de la cultura de los pueblos, que hay personas del común que tienen apellidos de reyes y obviamente no lo son; así como hay reyes que definitivamente tienen la sangre roja como el más plebeyo de los inconformes, y tampoco lo son. LA FAMILIA REAL Érase una vez un apuesto Príncipe que había recibido el hechizo de una bruja. El hechizo le daba los modales de un sapo, y duraría hasta el día en que el Príncipe hallara en conquista a su verdadero y único amor, el cual le liberaría de tal comportamiento animal. Pasado un tiempo, el Príncipe conoció una linda doncella con la cual tuvo problemas desde el primer instante, pues sus modales nada le ayudaban. Sus comunicaciones eran esporádicas, controversiales y duraban muy poco. Aun así, el Príncipe era consciente de la admiración que sentía por la doncella, desde aquel primer instante en que le vio. El tiempo seguía transcurriendo. Un día, el Príncipe más guiado por su necesidad de ver y escuchar a la doncella, que por desposarle para conseguir su comportamiento humano, le visitó con desespero, y le expresó el amor que cabalgaba en su pecho. Todo quedó en silencio. Pareció entonces que sólo ellos existían en el planeta. Casi podían percibir uno del otro, hasta el sonido de sus pestañas. Un no rotundo devolvió el ambiente sublime, a la normalidad con que andaba el resto del mundo. Ahora ya se percibían todas las cosas en forma corriente. El joven Príncipe partió entonces sólo acompañado de su derrota. Por aquellas cosas de la vida, el ahora Rey desposó una criada infértil, que luego de lucha médica tras lucha médica, dio su único fruto a la familia real, pues abandonó de inmediato su hogar para juntarse con su anterior amor, aprovechando su actual condición de fertilidad. Acompañado por su bella Princesita, el Rey por fin tenía motivos para ser feliz, aun cuando su comportamiento animal no había cambiado ni cambiaría, por el hecho de no haber hallado su verdadero y único amor como lo rezaba el hechizo de la bruja. La bella Princesita, como no había otra a lo largo de las comarcas cercanas, despuntó su adolescencia entre pasillos reales, lacayo y sirvientes, hasta cuando abruptamente apareció en su vida un plebeyo que llamó su atención, pero no la aprobación de su padre el Rey, como había de esperarse. Contra vientos y mareas, la joven Princesita luchó por aquel amor hasta ser encerrada por su propio padre el Rey, a lo alto de una torre que le resguardaría de peligro cualquiera. En algún momento de soledad el Rey reflexionó, que su historia se había repetido en su hija la Princesita, con el agravante que él personalmente encarnaba a la bruja, en su afán de conducirle hasta aquel primer y único amor que debía de liberarle de su encierro y comportamiento. Contrario a la tradición, la joven Princesita saltó de su propia torre de encierro, y corrió hasta los brazos de su amado, quien con el tiempo resultó maltratándole y poniéndole al servicio de sus hijos anteriores, y sus familiares paternos. ¡Dejar de ser Princesa en su casa, para ser sirvienta en la ajena! Era la conclusión a que llegaban los plebeyos que trataban el tema en cualquier esquina. Moraleja: En tierra de ciegos el tuerto es rey. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO DIEZ DE ONCE Reflexión: Escuché de una jovencita que fue víctima de una violación sexual, obviamente en el caso del violador, se trataba de una persona con serios problemas de adaptabilidad a la vida normativa; aun así, la jovencita luchó contra sí misma y contra el reproche social, al decidir retener a su futuro bebé, quien afortunadamente hoy día es un humilde pero aplomado orientador social, miembro de esta misma sociedad que le precondenó moralmente sin derecho al beneficio de la duda. UN CASO CLÍNICO ESPECIAL Después del señor con quien convivió un tiempo medio como concubina, la mujer provinciana tuvo varios señores esporádicos más, de cuales entendió tras el trato a cada uno de ellos, que todos le iban abandonando en cadena por su problema médico de infertilidad, sin tomar en cuenta la calidad de la persona que contenía aquella anomalía biológica. Aun así, ella sentía que más duro que soportar el abandono de sus parejas, lo era el hecho de enfrentar la sociedad, y en especial a sus amigas, que le inquirían con frases que ella todo el tiempo vivía interlineando, en busca de percibir un sarcasmo. De la vida hay situaciones inexplicables, más por nuestra ignorancia del estudio de nosotros mismos como seres humanos, que por la tecnología empleada para entender el fenómeno; esto así demostrado, por el acontecimiento del embarazo de la mujer en cuestión, quien a su avanzada edad sufrió un mal proceso, hasta el punto de la elección médica entre su vida o la de la criatura; situación en la que eligió contradecir ciencia y leyes, al devolverse a casa confiando todo a su suerte. En la vereda hubo de inmediato una romería pues entendidos y no, tenían la necesidad de observar con sus propios ojos aquel fenómeno o milagro o como los sabios quisieran determinar en nombre. El tiempo pasó tan rápido, que el ayer bebé contradictorio es hoy un empleado gubernamental altísimo, quien mediante el acto de su firma logró una luchada ley en pro al aborto. ¡Todo humano nacido pierde el derecho a legislar contra la vida! Eran las palabras de su código personal, que expresaba la partera de aquel bebé de entonces, a cada persona que le reprochaba por esa caridad en especial. Moraleja: Cada cabeza es un mundo. Sentencia popular. CUENTO NÚMERO ONCE DE ONCE Reflexión: A veces me cuestiono, ¿Qué objeto tiene escribir resoluciones, si el mundo continuará igual? Entonces me contento respondiéndome, que yo escribo a sabiendas que eso ocurrirá. UN MUNDO DE MISTERIOS Y el hombre se impone la tarea científica de discernir acerca de los fenómenos que le rodean, aun desconociendo el empirismo de su propio misterio originario. Moraleja: Sarna con gusto no pica. Sentencia popular. 2ª Edición, Febrero de 2012. Reservados todos los derechos. Queda completamente prohibida según las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio o procedimiento físico, electrónico, o la distribución en cualquiera de sus modalidades, sin la autorización escrita del titular del Derecho de Autor. Copyright © 2012. Milton Batista Franco. [email protected]

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