metodogarcia
Usuario (Irán)
¿Hay algo tan reconfortante como la sonrisa de un niño? ¡Cuánta inspiración! El mero recuerdo de una sonrisa infantil, aunque sea imaginada, puede despertar sentimientos muy vividos y muy profundos de esperanza, amor, deleite y risa. ¡Menuda alegría! Volvemos a ser jóvenes. Volvemos a estar despiertos, nuevamente conscientes, nuevamente vivos. En lo más profundo de nuestro ser se ha reencendido una pequeña llama que empieza a alumbrar, y cuando miramos la luz, adivinamos nuestra propia diversión interior infantil. La sonrisa es una expresión humana innata. Los niños sordos sonríen. Los niños ciegos sonríen. Todos los niños de todas las culturas sonríen. La primera sonrisa suele aparecer a partir de las seis semanas de vida. Una vez descubierta, el niño se pasará el día jugando a sonreír, sobre todo si se le estimula a hacerlo. En efecto, el niño descubre enseguida que sonreír es amistoso, divertido y algo a lo que a los humanos les gusta responder. La sonrisa constituye el primer lenguaje del pequeño. Las sonrisas compartidas ofrecen una vía de comunicación, de interacción y de relación. El niño aprende muy pronto, por ejemplo, que la sonrisa atrae la atención, comunica necesidades y facilita la comprensión. La sonrisa de un pequeño nos habla de muchas maneras y a muchos niveles, y por encima de todo, qui-zá, puede reavivar ese aspecto exclusivo, inocente y maravilloso de nuestra esencia. ¿De dónde proceden las sonrisas? ¿Cómo nacen? ¿Cómo crecen? Los psicólogos coinciden... ¡en no ponerse de acuerdo! Los psicólogos conductistas tienden a creer que la sonrisa del niño surge como uno más de los incontables e insignificantes movimientos musculares faciales casuales. Por consiguiente, la auténtica primera sonrisa es casi un accidente, ¡pero al recibir una respuesta tan positiva y gozosa de mamá o de cualquiera que esté junto a él, el niño la repite una y otra vez! Cuanto mayor y mejor es la sonrisa, mayor y mejor es la respuesta: una secuencia interminable. Así pues, la sonrisa es un producto del refuerzo positivo. Algunos psicólogos opinan que la acción física de sonreír tiene sus orígenes en la acción física de llorar. De un modo similar, los psicólogos gestálticos suelen afirmar que la sonrisa se desarrolla como una contrapartida natural del llanto. Sonreír evoca confort y cuidado. Otra teoría sugiere que la sonrisa evoluciona a partir de movimientos musculares de los labios y de la boca durante el amamantamiento. De este modo, al niño le gusta sonreír porque al hacerlo está imitando los placenterós movimientos que realiza durante la nutrición. Otra teoría describe la sonrisa como un reflejo físico que responde, especialmente, al cosquilleo. El pequeño sonríe cuando se le toca en las partes de su cuerpo en las que tiene más cosquillas, es decir, aquellas que disponen de mecanismos protectores reflejos, tales como las axilas, las costillas, las plantas de los pies, alrededor de la nuca y debajo del mentón. Asimismo, algunos psicoanalistas están convencidos de que la sonrisa deriva de un «reflejo de placer» o «respuesta de placer» a las caricias en los labios, las mejillas y la barbilla.