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metalero63

Usuario (Argentina)

Primer post: 30 sept 2010Último post: 27 mar 2011
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Captura de Adolf Eichmann
Captura de Adolf Eichmann
InfoporAnónimo9/30/2010

Esa es la historia, esos los hechos. Pero en los entresijos del expediente judicial iniciado por la esposa de Eichmann para denunciar su desaparición, en los nerviosos documentos diplomáticos que gestionaban la crisis internacional, afloran sustanciosos detalles y peripecias que hasta hoy permanecían engullidos por una primicia que ya no lo es: funcionarios inútiles, burócratas a prueba de balas, jueces burlados sin disimulo por policías, diplomáticos y hasta por oscuros oficinistas, brillantes estadistas entregados al barro de la chicana; ellos son los actores de una crónica escrita con el hilo invisible con el que siempre se cosen los pedazos de la Historia. Adolf Eichmann había ingresado al país en 1950, gracias a una de las redes de salvoconducto tendidas por los nazis y sus protectores, con un pasaporte extendido por el Comité Internacional de la Cruz Roja a nombre de Ricardo Klement: un apelativo al que respondió hasta la noche del 11 de mayo de 1960, cuando un comando de espías israelíes lo emboscó a su regreso del trabajo que tenía como técnico en la fábrica de autos Mercedes Benz. La captura ocurrió a las 20:05, después de que Klement-Eichmann bajara como siempre del colectivo 203 en la parada de la ruta 202 que quedaba a cien metros de la tapera de la calle Garibaldi, en San Fernando, en la que vivía con su familia. Entre cigarrillos y botellas de vino kosher lo convencieron de que escribiera y firmara una carta en la que asumía su identidad y aceptaba "voluntariamente" ser trasladado a Israel para someterse a la Justicia (ver página 43). Lo mantuvieron encadenado a una cama nueve días, hasta que la noche del 20 de mayo, drogado y disfrazado, lo llevaron al aeropuerto de Ezeiza. Entre empujones y chacotas, como a un mecánico borracho a quien deben sostener para que no se desplome, lo cargaron al avión de la línea israelí El-Al que Jerusalén había fletado a Buenos Aires dos días antes con la excusa de participar de los festejos del 150° aniversario de la Revolución de Mayo. Dos días después, el premier israelí Ben Gurion anunció al parlamento que el "arquitecto del Holocausto" había sido capturado por "un grupo de voluntarios judíos, algunos israelíes", y que iba a ser juzgado en Jerusalén. La prehistoria de aquella operación es pródiga en anécdotas y episodios cautivadores: el fortuito flechazo en Buenos Aires del primogénito del nazi con la hija de un sobreviviente de la Shoah ciego pero con buena memoria para los apellidos, las primeras tareas de inteligencia, desde 1957; la selección de los veinte agentes que participarían de la operación, la decisión oficial de aguantar el seguro chubasco diplomático ante semejante operación para evitar el baldón sufrido apenas un año antes, cuando el pedido de extradición de Josef Mengele por parte de Alemania Federal terminó en la basura porque Argentina respondió que las acusaciones contra el sádico médico experimentador de Auschwitz eran de naturaleza política y que ya habían prescripto. Decenas de libros contaron y corrigieron todo eso una y otra vez. Pero bajo el aleteo de las polillas otra historia, más pequeña pero irremediablemente argentina, se escribía en los tribunales porteños. El expediente por el secuestro de Adolf Eichmann se inició el 12 de julio de 1960, cuando el desaparecido ya llevaba casi dos meses aparecido, ahora en una cárcel israelí. La esposa del nazi, Veronika "Vera" Catalina Liebel de Eichmann, protestaba por la captura de su marido, y subrayaba "el agravio inmerecido cometido contra la Soberanía Nacional". La causa se tramitó ante el juzgado penal federal 1, que entonces comandaba Leopoldo Insaurralde. Hoy lo hace María Servini de Cubría. El 2 de agosto, el juez le pide al jefe de la Policía Federal que individualice al autor o autores del secuestro, y que una vez hecho esto "los ponga a disposición de este juzgado en calidad de incomunicados." No parecía fácil, cuando todo el planeta sabía dónde estaba Eichmann y en manos de quién. El 9 de septiembre, con picardía, la policía le contesta a Insaurralde que "se resolvió efectuar una revisión de los recortes periodísticos que tratan sobre el particular, a los efectos de una mayor ilustración". La respuesta a lo que el juez pedía estaba en los diarios. Los equívocos recién comenzaban. El 29 de agosto, Vera Eichmann firmó una petición al juez: "ha llegado a mi conocimiento que don Otto Adolfo Eichmann será reintegrado a la embajada argentina en Tel Aviv de un momento a otro", especulaba. Tras unas pocas diligencias inútiles, el año se terminaba y el juez seguía perdido. El 16 de noviembre de 1961, el fiscal Francisco D'Albore se despierta: le reclama a Insaurralde que vía exhorto solicite la declaración del propio Eichmann y de cuatro israelíes que según las noticias parecían haber participado del secuestro. D'Albore también pide que la policía averigüe si en los registros oficiales figura la salida del país de Ricardo Klement, y exige que la Dirección de Aviación Civil informe sobre los vuelos de aviones israelíes en mayo, con el detalle de tripulantes y pasajeros. El juez mueve su primer dedo el 18 de diciembre -tres días después de que Eichmann fuera condenado a muerte-, para pedirle al entonces canciller Miguel Angel Cárcano que tramite el exhorto ante las autoridades judiciales de Israel "con carácter de muy urgente". Cancillería contesta que el juzgado debe traducir el escrito "al idioma israelí", "diligencia que no puede cumplir este ministerio por carecer de traductor capacitado para ello". Más contratiempos risibles: el 18 de enero de 1962 llega una nota desde la embajada argentina en Israel, que avisa que una de las personas solicitadas, un tal "Eriedman", en realidad se llama "Friedman". Y pregunta qué hacer entonces. Pasan las semanas. El 14 de marzo, Insaurralde le pregunta a Cancillería qué pasó con el famoso exhorto librado en diciembre. Nada. Vuelve a escribir el 16 de abril, ya a otro canciller: Arturo Frondizi había sido derrocado el 29 de marzo por un golpe militar. Aunque cueste creerlo, la policía contesta que no sabe si Ricardo Klement salió del país. El 3 de abril, la Dirección de Aviación Civil admite que no tiene más datos sobre el avión israelí. El 31 de mayo, Insaurralde escribe a Cancillería: "atento a las circunstancias que son de dominio público", solicita que "informe con la debida premura sobre el estado de tramitación del exhorto que se librara el 26 de diciembre pasado". Minutos después, Eichmann colgaba de una horca. Pero ese detalle no era suficiente para detener el Macondo judicial argentino. El 19 de junio, Migraciones contesta que "no ha sido posible localizar la lista de pasajeros" del avión de El- Al. Habría que preguntarle a la Dirección de Circulación Aérea y Aeródromos, que el 4 de septiembre avisa que ahí no saben nada, pues sólo hacen el parte meterológico y aceptan el plan de vuelo. El jefe de Migraciones en Ezeiza dice que ellos no hacen control de salida. Y la Policía cuenta que averiguó en el archivo de Migraciones, y que allí las planillas y fichas de viaje se mantienen durante un año y luego se destruyen. Adiós, Eichmann. Como un chiste tardío, el 29 de agosto Israel responde el famoso exhorto librado ocho meses antes. Luego de deshacerse en "los más atentos saludos", la cancillería "tiene el honor de comunicarle que las instituciones jurídicas competentes llegaron a la conclusión de que a su pesar no existe la posibilidad de acceder al exhorto". Enojado, el fiscal D'Albore escribe que en la respuesta israelí ni siquiera "se advierte el argumento legal que la cortesía y consideración internacional exigían". El 20 de diciembre, el doctor Insaurralde dicta sentencia: "se ha comprobado la conducción de Adolfo Eichmann fuera de los límites de Argentina", advierte con lucidez. Pero "han resultado estériles los esfuerzos del Tribunal tendientes a individualizar a quienes de una u otra manera tuvieron intervención en el episodio". ¿El resultado? "Sobreseer provisionalmente en el presente sumario". Pero la inteligencia del pobre juez no había sido mejor tratada que la del Gobierno argentino, que recibió el "caso Eichman" como un cachetazo. Embretado por la noticia que ya daba la vuelta al mundo, el 3 de junio de 1960 el gobierno de Israel le escribe a la Cancillería local que "ignoraba el hecho de que Adolf Eichmann hubiera llegado desde la Argentina", y que sólo ante un telegrama del embajador israelí en Buenos Aires, Arie Levavi, había investigado los pormenores del caso. ¿Cuáles eran? Los de una creativa historia de ciencia ficción: "un grupo de voluntarios judíos (entre ellos algunos israelíes)" habían rastreado, capturado y llevado a Jerusalén al ex jerarca nazi, quien "manifestó su conformidad de ir a Israel espontáneamente para ser procesado". Ante lo evidente, se aclaraba que "en caso de que el grupo de voluntarios haya violado la ley argentina o haya interferido en los fueros de la soberanía argentina, el Gobierno de Israel desea manifestar su pesar al respecto". El propio embajador Levavi, admitió tiempo después que la historia de los voluntarios sonaba como un "cuento de abuelas" intragable. El 7 de junio, Israel jugó a fondo, con una carta personal de Ben Gurion al presidente Arturo Frondizi. Después de recordarle que Eichmann fue "directamente responsable de las órdenes de Hitler para la 'solución final' del problema judío en Europa", y de admitir que "no desestima la seriedad de la violación formal de las leyes argentinas", el premier afirma que sin embargo "este evento no puede ser enjuiciado desde un ángulo puramente formal". La respuesta de la cancillería fue durísima: el 8 de junio responsabilizó a Israel por las acciones de los supuestos "voluntarios", denunció la falta de un "ofrecimiento de reparaciones" junto con los lamentos por el secuestro, y reclamó tanto "la restitución de Eichmann en el término de esta misma semana" como "la punición de los individuos culpables de la violación del territorio nacional". Pero todo siguió igual, y Argentina decidió llevar el caso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Mientras las posiciones se espesaban cada vez más, y ante la impavidez israelí, las acusaciones argentinas pisaban el límite de lo diplomáticamente tolerable. El 22 de junio de 1960 la ONU condenó a Israel por haber violado la soberanía argentina. Frondizi podría mostrar algo en casa, aunque Eichmann siguiera donde estaba y ningún secuestrador rindiera cuentas ante nadie. Tras algunas negociaciones informales cuyo registro no se conoce, el 3 de agosto ambas cancillerías acordaron que Israel pidiera disculpas por el secuestro y Argentina echara del país al embajador Levavi tras declararlo persona no grata (ver facsímil en esta página). El incómodo entuerto quedaba saldado, aunque el juez Insaurralde siguiera empapelando los despachos con exhortos y reclamos durante un año y medio más. El tiempo pasó, y el Mossad sólo reconoció que sus agentes fueron los verdaderos autores del secuestro de Eichmann en febrero de 2005. Hace cuatro años se supo que la CIA también sabía que Adolf Eichmann estaba en Buenos Aires, y conocía tanto su nombre falso como su dirección. En una de las habituales piruetas de espionaje de aquellos años, jamás reveló esos datos para no poner en peligro la labor de otro ex dirigente nazi que entonces trabajaba para Washington en Alemania Oriental. Varias décadas después de la noticia del secuestro del temido oficial nazi, y ante la mirada miope de la Historia, justicia, política y conveniencia volvían a mezclarse, cosidas por un hilo invisible. Exclusivo: la carta manuscrita de Eichmann "Yo, Adolfo Eichmann, declaro por la presente y por propia voluntad: habiendo sido descubierta mi verdadera identidad, comprendo que no tiene sentido tratar de seguir ocultándome de la justicia. Declaro, pues, que deseo ir a Israel para ser juzgado por un tribunal competente. Entiendo que seré defendido por un abogado. Intentaré relatar, sin ambages, los hechos que se relacionan con mis últimos años de servicio en Alemania, a fin de que sea transmitido a las generaciones futuras un verdadero cuadro de los acontecimientos. Hago esta declaración pro mi propia voluntad. No se me prometió nada, ni tampoco se me amenazó. Quiero por fin encontrar la paz interior. Siendo incapaz de recordar todos los detalles y corriendo el peligro de confundir los hechos, pido que se pongan a mi disposición documentos y testimonios que ayuden mis esfuerzos por establecer la verdad." Adolf Eichmann. Buenos Aires, mayo de 1960. De jerarca de las SS a simple operario de Mercedes Benz Adolf Eichmann nació en 1906 y se afilió al partido nazi en 1932. En 1935 se casó con "Vera" Liebel, y durante tres años se consagró al profundo estudio del judaísmo. En 1938 organizó la deportación de judíos desde Viena, y un año después lo hizo desde Praga. El 20 de enero de 1942 organizó la conferencia de Wannsse, en Berlín, en la que se decidió la "solución final" para los judíos. Entre sus órdenes habituales, el 24 de enero de 1944 firmó en Praga la de arrestar a "todos los judíos argentinos" que vivieran en los territorios ocupados por los nazis (ver facsímil). Cuando terminó la guerra cayó prisionero, huyó a los bosques alemanes y, bajo el nombre de Ricardo Klement, en 1950 viajó desde Génova a Buenos Aires, donde fue recibido por grupos filonazis con buena llegada al gobierno de Perón. Vivió en Barracas, puso un taller mecánico en Palermo, se mudó a Tigre y luego se afincó en Tucumán, donde trabajó como hidrógrafo para la firma CAPRI. En 1952 se reencontró con su familia, y un año después se mudó a Buenos Aires. Vivió en La Lucila y en San Fernando, trabajó como mecánico en la fábrica de calefones Orbis y en la planta de camiones de Mercedes Benz. El 11 de mayo de 1960 fue secuestrado por un comando israelí. Lo ejecutaron en Jerusalén, el 31 de mayo de 1962. El punto final a la controversia por el secuestro. La crisis con Israel recién quedó sepultada en 1967 Aunque los gobiernos de Argentina e Israel habían coagulado la polémica desatada por el secuestro de Eichmann en agosto de 1960, la cuestión seguía abierta ante las Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad mantenía en su temario el reclamo argentino. Para desactivarlo sin hacer mucho ruido, desde 1963 se hicieron consultas y gestiones entre embajadores y funcionarios, aunque sólo en 1965 la Cancillería ordenó al representante ante la ONU que retirase la "cuestión Eichmann" del temario. Pero la última foja de aquel expediente recién se firmó en septiembre de 1967, cuando a través de un telegrama secreto y cifrado (ver facsímil) la Cancillería autorizó al consejero de la embajada en Tel Aviv a ir a un banquete celebrado para homenajear al ex embajador israelí en Buenos Aires Ari Levavi. Era el mismo diplomático a quien en 1960 el gobierno de Arturo Frondizi había expulsado del país como protesta por la violación de la soberanía argentina con el secuestro de Adolf Eichmann. Antes de ser ejecutado, gritó "¡Viva Argentina!" El 1 de febrero de 1961 fueron formulados los 15 cargos por los que Adolf Eichmann fue juzgado en Jerusalén. El primero de ellos ya era suficiente para justificar la pena de muerte: lo hacía responsable, en asociación con otras personas, de la muerte de millones de judíos y de la ejecución del plan nazi para el exterminio de los judíos. El juicio comenzó el 11 de abril de 1961, y durante los ocho meses que duró declararon como testigos una centena de ex prisioneros de los campos de exterminio nazis. Bajo la mirada mundial, el proceso cumplía con el objetivo trazado por su inspirador, el premier David Ben Gurion: ofrecer el testimonio definitivo sobre los horrores del Holocausto. Intelectuales como Bertrand Russell, Elie Wiessel -sobreviviente de la Shoah que años después obtendría el premio Nobel de la Paz- y Hannah Arendt, autora del más agudo testimonio de aquel proceso, presenciaron las audiencias. Escuchando los argumentos del acusado para justificar su rol en la maquinaria nazi, Arendt concibió su popular definición sobre la "banalidad del mal": como lo había demostrado Eichmann, los más crueles asesinos no eran seres especialmente perversos, sino más bien grises burócratas ansiosos por ascender en sus empleos. Entre el 11 y el 15 de diciembre de 1961, se leyó la sentencia: Eichmann era condenado a muerte. La noche del 31 de mayo de 1962, el reo fue conducido a la horca. Arye Wallenstein, uno de los dos corresponsales extranjeros a quienes se les permitió asistir a la ejecución, contó que el jerarca nazi caminó erguido hacia el patíbulo, y que mientras el reverendo canadiense William Hull rezaba por él, pronunció sus últimas palabras: "Señores, pronto volveremos a reunirnos. Ese es el destino de todos los hombres. He vivido creyendo en Dios y muero creyendo en Dios. ¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! Esos son los países con los que tuve una relación más estrecha, y nunca los he olvidado. Tuve que obedecer la ley de la guerra y a mi bandera. Estoy preparado". La trampa se abrió bajo sus pies dos minutos despúes de la medianoche. Israel cremó su cuerpo de inmediato, y tiró sus cenizas en el mar Mediterráneo. Ricardo nació en 1955, y hoy es un arqueólogo famoso en Alemania. Las vivencias del hijo argentino de Eichmann Su amigo Armando podría certificarlo: al pequeño Ricardo Eichmann le gustaban el asado y las figuritas, tanto como remontar aquel barrilete casero con los colores de Boca o disfrutar de las aventuras de "El Zorro". Aunque con amabilidad rechazó desde Alemania responder las preguntas de Clarín, el hoy prestigioso arqueólogo especialista en Medio Oriente no podría deshacerse de los recuerdos que deben permanecer en algún rincón de su memoria. Ricardo es el menor de los cuatro hijos varones que tuvo el ex jerarca nazi Adolf Eichmann, y el único que nació en Argentina. Su padre fue secuestrado cuando tenía cinco años, y pocas semanas después su mamá se lo llevó con ella y su hermano Dieter (conocido como Tito entre sus amigos de Olivos y San Fernando) a Alemania. Aunque un tiempo después volvieron a Buenos Aires durante un año más, la última vez que Ricardo pisó Argentina tenía siete años. Sólo en 1995 ofreció unas pocas entrevistas, en las que tomó distancia de su padre: "Me siento conforme con el proceso y la sentencia, y como adulto no tengo nada en común con él", dijo entonces. Y contó que su mamá nunca le habló sobre el secuestro de Adolf, sobre el cual recién supo en la escuela. Hace quince años, Ricardo también creía que el nazismo jamás volvería al poder en Alemania. "Y si ocurriera, yo saldría corriendo", avisaba. Su mamá, Vera, murió en 1993, y de sus tres hermanos él sólo mantiene contacto con Dieter. Los dos mayores, Klaus -quien estaba casado con una joven argentina y en 1960 esperaba su segundo hijo- y el marinero Horst, sí extendieron la saga familiar nazi inaugurada por su padre: cuatro años después del secuestro de Adolf, los hermanos militaron en el Frente Nacional Socialista Argentino, una organización juvenil nazi que realizó algunos robos y atentados contra sinagogas. No volvió a saberse de ellos. Fallo Judicial Alemania liberará los archivos sobre Adolf Eichmann Los documentos contienen datos sobre su fuga a la Argentina; habría revelaciones polémicas BERLIN.- En un fallo de valor histórico, un tribunal alemán consideró anteayer que ya no existían razones para mantener el secreto de Estado sobre los documentos de los servicios secretos (BND, por sus siglas en alemán) sobre a la huida del criminal nazi Adolf Eichmann hacia la Argentina. La decisión puso a la negativa de los servicios de inteligencia de Angela Merkel a desclasificarlos; la inteligencia alemana sostenía que la publicación de los documentos dañaría la imagen y la política exterior del gigante europeo. La decisión del tribunal administrativo federal de Leipzig se dio tras el pedido de una periodista alemana, Gabriele Weber, que trabaja como corresponsal en Buenos Aires, para consultar unas 3400 páginas de los archivos del BND. Los documentos, que datan de los años 50 y 60, están relacionados con los últimos 15 años de la vida de Eichmann, considerado como uno de los arquitectos del Holocausto. El alto oficial de las SS logró huir de Alemania y refugiarse en Buenos Aires bajo falsa identidad. En la capital argentina fue secuestrado por el Mossad y, luego, condenado a muerte y ejecutado en Israel, en 1962. El tribunal de Leipzig que ordenó liberar los documentos consideró: "Tras haber examinado los archivos, el tribunal ha establecido que la decisión de la jefatura de gobierno de bloquear su difusión es ilegal". Según este organismo, los hechos son demasiado antiguos como para ocasionar algún perjuicio a la política exterior. El gobierno alemán tiene, desde hace décadas, una política muy restrictiva respecto de los documentos de su servicio secreto. Esa postura contrasta con el caso de Estados Unidos, que en 2005 abrió los documentos de la CIA sobre Eichmann y muchos otros criminales nazis. Estos archivos ofrecen algunas claves para el contenido de los folios del BND. Se sabe, por ejemplo, que ya en marzo de 1958 el BND había comunicado a la CIA el nombre falso de Eichmann y su paradero en la Argentina. "Lo que quiero saber de los documentos es la verdad sobre los nazis en Argentina, su vinculación con el gobierno de Perón y con los militares. Sobre todo me interesa la vinculación de las empresas alemanes con los nazis en Argentina", explicó Weber a LA NACION. Sin embargo añadió que dudaba de que los documentos estuvieran "completos". Contenido explosivo Historiadores y periodistas barajan además una serie de hipótesis acerca del contenido "explosivo" de los archivos. Los documentos podrían demostrar pues que Alemania sabía donde estaba Eichmann, pero no hizo nada, o que los criminales nazi huidos en el exterior trabajaban como informantes para la inteligencia de Alemania Occidental, ya que, en la década de los 50, muchos ex nazis prestaban servicios a la CIA. En general, se piensa que puedan contener datos extremadamente polémicos sobre la cooperación entre los ex nazis y el BND de posguerra. "El significado del fallo es enorme -aseguró Weber-. Haber ganado eso abre el camino para investigar a otras cosas, de la Guerra Fría por ejemplo." La periodista alemana viajará hoy a Berlín, donde la espera la tarea delicada de arrojar luz sobre un capítulo todavía oscuro de la historia mundial. DEMOLIERON LA CASA DE ADOLF EICHMAN Estaba en la calle Garibaldi, en San Fernando Familiares del ex jerarca nazi eran los propietarios; de allí, en 1960, se lo llevaron integrantes del Mossad El ex teniente coronel de las SS fue juzgado y ahorcado en Israel .Luego de la desaparición del criminal, la familia se disgregó .Uno de los hijos vive en Berlín Al dueño de la topadora le llamó la atención que se reuniera tanta gente a mirar cómo él derrumbaba esa casa insípida, perdida en una zona pobre de San Fernando. Lo sorprendió que más de uno removiera los escombros en busca de un trozo de mampostería de recuerdo como si se tratara del Muro de Berlín. Entonces, preguntó por dónde estaba pasando su máquina. Quedó impresionado cuando supo que los mil pesos del trabajo se los había pagado la familia de Adolf Eichmann, el responsable de los campos de concentración del nazismo, que se jactaba del asesinato de cinco millones de judíos. El vetusto chalet de tres dormitorios, conocido en el mundo entero como "la casa de la calle Garibaldi", quizás el símbolo más vigoroso del ocultamiento de criminales de guerra nazis en la Argentina, acaba de desaparecer en apenas tres días. Allí, en Garibaldi 6067, de San Fernando, muy cerca de la ruta 202 y las vías del ferrocarril Mitre, había vivido bajo identidad falsa Adolf Eichmann hasta que el 11 de mayo de 1960, a las 20.5, fue capturado sobre la vereda por el Mossad (servicio secreto israelí) en una sigilosa operación que dejó estupefacta a la humanidad y colocó en un brete al entonces presidente Arturo Frondizi. Que Eichmann estaba refugiado en la Argentina, así como su localización y captura, sólo se supo cuando Israel anunció al mundo que lo tenía prisionero en Jerusalén. El Mossad lo había trasladado en vuelo directo desde Ezeiza a bordo de un avión Britannia, de El-Al, acondicionado con una celda y que oficialmente sólo llevaba al canciller de ese país, Abba Eban, ilustre visitante para los actos del sesquicentenario de la Revolución de Mayo. Casualmente, hace cuarenta años, el 11 de abril de 1961, comenzaba en Israel el juicio oral que llevaría a Eichmann a la horca. Pero en estas cuatro décadas la casa que desde 1957 o 1958 había ocupado "Ricardo Klement" (Eichmann) permaneció casi intacta en manos de dos de sus hijos. Allí mismo, ellos criaron a los nietos del criminal de guerra, a quienes algunos vecinos recuerdan por sus sobrenombres. Los nietos, se asegura en el barrio, planearían construir en el terreno un galpón para depósito de mercaderías. En todo caso, un galpón sería algo menos magnético que el refugio original del teniente coronel de las SS, cuya personalidad hasta sirvió a la filósofa alemana Hannah Arendt para escribir "Eichmann en Jerusalén, un estudio sobre la banalidad del mal", profundo y controvertido ensayo sobre el Holocausto. "Jamás atendieron a nadie" Si bien sobre la captura de Eichmann se escribieron y filmaron decenas de títulos, fue "La casa de la calle Garibaldi", de Isser Harel, luego llevada al cine, la que inmortalizó el episodio. "Los tenían podridos ; venían italianos, franceses, norteamericanos, hasta japoneses a ver el lugar, pero ellos jamás atendieron a nadie", dice, desde la vereda de enfrente del flamante terreno baldío, Francisco Pérez, quien en 1968 contribuyó a que la cuadra dejara de ser un páramo instalando un taller de chapa. Pérez alude a los hijos de Eichmann y a un inquilino llamado Guillermo Gómez, quien hacia 1995 desempeñó en la casa la enérgica rutina de no responder a periodistas, documentalistas y otros visitantes convocados por la historia. "Una vez -dice- llegó un micro lleno de israelíes. Mire, estacionó aquí, en la puerta de mi taller", señala. Durante el período de Gómez una empalizada había intentado desalentar la curiosidad internacional, que a menudo tomaba la forma de una cámara de televisión o de cine. Pero es de suponer que el mayor interés de quienes se movilizaban desde Medio Oriente o desde Tokio hasta este paraje suburbano de dudoso atractivo turístico, donde el paso del tiempo trajo otras viviendas de poco lujo y acercó una villa miseria, en realidad no querrían conocer tanto el interior de la casa de Eichmann como su entorno inmediato. Aunque sean sólo unos manchones de pasto silvestre, lo que hay en los treinta metros que van de la parada del colectivo de la esquina (hoy ubicada igual que en 1960) hasta la entrada a la casa, se justifica que ese trozo del partido de San Fernando hubiera captado atención mundial. Fue allí donde el máximo ejecutor de la solución final contra los judíos forcejeó con el agente israelí Peter Malkin la lluviosa noche de la captura, después de bajar del colectivo y antes de ser introducido en uno de los automóviles de la operación "Atila". Operación que, por otra parte, fue la que más aportó (después se sumaría otra legendaria, en Entebbe, Uganda) a cierta aureola de infalibilidad del Mossad, por entonces con nueve años de vida. En la Municipalidad de San Fernando la casa figura a nombre de Marta Valinotti de Eichmann, esposa de uno de los nietos. Está registrada una compra, en 1984, a una sociedad Santa Catalina, legalmente la propietaria desde 1951. Eichmann, que con el alias de Klement trabajó de obrero en la fábrica Mercedes Benz, se instaló en la casa hacia 1958, procedente de Tucumán. Eichmann y su esposa Vera celebraron allí el 25º aniversario de casados. La reunión llamó la atención del Mossad, que espiaba la casa con largavistas desde el terraplén que está tras las vías del tren y que intentaba corroborar que Klement era Eichmann. Ese 21 de marzo de 1960 se acabaron las dudas: Klement estaba celebrando las bodas de plata en coincidencia con las de Eichmann. Avisaron a Tel Aviv y el primer ministro David Ben Gurion ratificó la orden de captura. Después vendría el escándalo diplomático. Por entonces, Nicolás, el hijo mayor, retornó a Alemania tras abandonar a su mujer y a su beba, Mónica, en la Argentina. Desde Berlín vociferó en vano contra el juicio que se preparaba en Israel. Mónica, que se crió en Olivos con el apellido del abuelo, devino miembro de los Hare Krishna, se dedicó a comprar y vender cuadros, se casó y vive en los Estados Unidos. Sólo a los 18 años volvió a ver a su padre, quizás el más pronazi de los hermanos: lo fue a buscar en Alemania. Otro hijo de ese reo al que seis psiquiatras describieron como un ser "normal", Ricardo, arqueólogo radicado en Berlín, dijo públicamente sentirse ajeno a los crímenes cometidos por su padre. Aunque es posible que la disgregación de los Eichmann esté vinculada con el conflicto generado por descender de uno de los mayores criminales de la historia, la familia fue y es muy hermética. "Voy a hacer la denuncia si usted no me dice cómo me encontró", reaccionó la semana última la señora Valinotti cuando La Nación logró localizarla en su domicilio de San Fernando, por teléfono. "No conozco a ningún Eichmann ni sé de qué casa me habla, pero a usted lo voy a denunciar", dijo la mujer a cuyo nombre está la propiedad. El diálogo fue tenso y resultó imposible que respondiera por qué conservaron durante 41 años la casa y por qué ahora decidieron demolerla. Menos suerte tuvo un vecino, el dueño del corralón "El líder", viejo conocido de los Eichmann, que no llegó a localizarlos para comprar la casa cuando en el barrio se comentó que estaban por tirarla abajo. Se trata de Porfirio Calderón, un ex suboficial del Ejército, sobreviviente del levantamiento del general Valle en 1956 e integrante en los 70 de la custodia presidencial de Héctor Cámpora, Raúl Lastiri, Juan e Isabel Perón. Instalado en el barrio hace 36 años, Calderón cuenta que fue muy amigo de uno de los hijos de Eichmann -"eran peronistas", dice-; no es demasiado explícito sobre los sentimientos que le producían el pasado del padre de su amigo -"la historia la cuentan siempre los que ganan", insinúa-, y lamenta no haber podido comprar la casa, "que tenía un extraordinario valor histórico". Los vecinos recuerdan el día en que, hace seis años, desembarcaron en la cuadra varios camiones y autos con equipos de cine, extras y actores, entre ellos, Robert Duvall. Desde luego, los nietos no quisieron saber nada y por eso los productores de la película "El hombre que capturó a Eichmann", empeñados en filmar en el escenario verdadero, debieron alquilar otra casa, en la manzana de enfrente, más propicia para recrear el despoblado sesentista. Allí aparece Eichmann/Duvall enseñándole a su pequeño hijo Hasse a contar los vagones del ferrocarril Mitre, una alegoría a los trenes que él recibía cargados de judíos que iban a las cámaras de gas, cuya contabilidad llevaba con tesón. MURIO EL HOMBRE QUE PLANIFICO EL SECUESTRO DE EICHMANN EN ARGENTINA Isser Harel falleció ayer, en Tel Aviv, a los 91 años. Fue un estrecho colaborador de Ben Gurión y hombre clave en la operación que terminó con el ex jerarca nazi juzgado y ahorcado en Jerusalén, en 1962. Con el apoyo de David Ben Gurión, el ex jefe del gobierno israelí, organizó un hecho realmente impactante: el secuestro del líder nazi Adolf Eichmann en Argentina, en 1960. Isser Harel, de él se trata, murió ayer en Tel Aviv, a los 91 años, y se llevó a la tumba muchas historias aún sin contar. Entre 1952 y 1963 no sólo fue el jefe del Mossad, el famoso servicio secreto israelí del que había sido uno de los fundadores, sino que su poder también acumulaba otro cargo clave, el de director del Shin Beth, el servicio de seguridad interior, que tenía a su cargo las misiones de contraespionaje. Por esos años, en el Mossad tenían una tarea a la que servían con fervor: encontrar a los jerarcas nazis que habían llevado a cabo el exterminio de millones de judíos en Europa, durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. En ese marco, Harel dirigió una operación muy especial: la captura en Argentina de Eichmann, quien había sido responsable de la implementación de la dramática "Solución final". Los detalles novelescos de ese secuestro los sacó a la luz, en 1975, en su libro "La casa de la calle Garibaldi". La obra se tituló así porque fue precisamente allí donde vivía Eichmann y donde un escuadrón del Mossad lo secuestró. El hecho ocurrió en mayo de 1960. Los hombres entrenados por Harel esperaron que Ricardo Klement (así se llamaba Eichmann aquí, según el pasaporte argentino falso que tenía) bajara del colectivo 203 en la esquina de Garibaldi y la oscura ruta 202, en los arrabales de San Fernando. El hombre venía, como todos los días, de la fábrica de Mercedes Benz en González Catán, donde trabajaba como electricista. Se bajó y comenzó a caminar los pocos metros que lo separaban de su casa, una precaria construcción de revoque a la vista. El colectivo arrancó, el hombre quedó solo en la penumbra de la noche (eran las 19.40) y escuchó que alguien le decía, desde corta distancia: "Un momentito, señor". Quien pronunció esas palabras era el agente Peter Malkin, quien en un instante, junto a varios otros que habían esperado pacientemente dentro de un camión, dominaron a Eichmann en el piso y lo metieron en una camioneta que rápidamente desapareció. Según contó luego el propio Malkin, en su libro "Eichmann en mis manos", ninguno de los hombres de Harel entendía cómo podía ser "que un hombre que había dictado el destino de millones, desde palacios y mansiones, viviera en una casa despintada sin las más básicas comodidades. ¿Podía ser que esa mujer desaliñada y regordeta fuera la compañera del hombre que cortejó a las más glamorosas y hermosas mujeres de la Europa fascista?". Sí, podía ser. Y así lo habían comprobado los hombres de Harel durante los meses de trabajo de inteligencia previa que habían hecho. Luego, y siguiendo las órdenes de su jefe, interrogaron a Eichmann durante una semana en una quinta del Gran Buenos Aires y el 20 de mayo lo subieron enmascarado a un avión de la aerolínea israelí El Al, que había llegado a Ezeiza con una misión encubierta. Al día siguiente, el jefe de Harel, David Ben Gurión, anunciaba al mundo que el jerarca nazi había sido detenido. Y provocaba la ira del gobierno del presidente argentino Arturo Frondizi, que no se había enterado de nada del operativo que los israelíes hicieron delante de sus narices. Como era previsible, las protestas que llevó a cabo la Cancillería no llegaron a puerto alguno y el juicio a Eichmann comenzó en Jerusalén. Harel, un hombre delgado, diminuto y calvo, que nació en Rusia en 1912, emigró a Palestina en 1930 e hizo carrera en la Haganah, el ejército clandestino judío durante el mandato británico en la zona, cumplía así con los motivos que —según dijo alguna vez— lo impulsaban a estar al frente de la captura: vengar la muerte de millones de miembros de su propio pueblo. Efectivamente, eso sucedió. Eichmann fue juzgado y ejecutado en la horca, en Jerusalén, el 31 de mayo de 1962. Durante su juicio, jamás negó nada. Sólo intentó ampararse en la obediencia debida. Pero reconoció que la matanza que ayudó a construir "fue la más grande y violenta danza de la muerte de todos los tiempos". EL NAZI ADOLF EICHMANN: TRAS 45 AÑOS, ISRAEL ADMITE QUE SUS ESPIAS LO SECUESTRARON EN ARGENTINA Siempre dijo que lo capturó, en 1960, un grupo de voluntarios judíos. Así evitaba la controversia por la violación de la soberanía. Ahora se confirma que la operación la hizo una unidad especial del Mossad. Nunca existieron dudas. Se sabe. El Mossad, esos implacables topos del servicio secreto israelí, fue el que se llevó de la Argentina al genocida nazi Adolf Eichmann hace 45 años. Sin embargo Israel lo reconoció oficialmente ayer. Es un gesto clave que ahora permitirá levantar el velo que cubre los detalles ocultos de una histórica operación de espionaje encargada desde los más alto del poder israelí, que demandó dos años de trabajo y que concluyó, juicio mediante, con el ex SS alemán en una horca de Jerusalén, el 31 de mayo de 1962. La noticia llegó ayer en una primicia del diario israelí Maariv. Que el reconocimiento de Israel llegue casi medio siglo después de los hechos no es casual. Para muchos críticos el procesamiento de Eichmann, el hombre que orquestó la deportación de judíos de Europa hacia los campos de trabajo y exterminio nazis, guarda un defecto: el secuestro en la Argentina que lo hizo posible. El gobierno del entonces presidente Arturo Frondizi acusó "una flagrante violación" a la soberanía nacional. Muchos agregarán una "violación al derecho internacional". Y otros alegarán además un quiebre de la regla Nº 1 no escrita en la comunidad del espionaje: nunca cometer secuestros en países amigos para evitar conflictos. De allí tal vez que el gobierno israelí prefirió repetir desde entonces y hasta ayer que el secuestro de Eichmann fue responsabilidad de "judíos voluntarios" y no del aparato de espionaje del Estado israelí. Hubo un pedido de disculpas formal, y la Argentina, acaso porque no le convenía llamar la atención sobre su clandestina comunidad de ex jerarcas nazis en el país, optó por aceptarlas. Y el escándalo diplomático rápidamente fue olvidado ante el histórico juicio a un Eichmann encerrado en una jaula de vidrio, en Jerusalén. La captura de este burócrata del Holocausto fue el más famoso secuestro que llevó adelante el Mossad y la hora de gloria de quien lideró esa cacería, el topo israelí, Isser Harel. Este héroe de los israelíes, el hombre que cazó al responsable operativo de la "solución final del problema judío", escribió los detalles de la operación en un relato que la censura israelí vetó hasta el día de ayer, y que ahora saldrá a la luz. Sin embargo, Harel sí pudo publicar en los 70 parte de su historia en el libro La casa de la calle Garibaldi (título también de una película sobre el secuestro), en alusión a la precaria vivienda en la que vivían los Klement, el apellido que Eichmann y su esposa eligieron desde 13 años antes para esconderse en Argentina, más precisamente en San Fernando. En su libro escribió: "No sabía qué tipo de hombre era Eichmann. No sabía con qué afán morboso había cometido su trabajo asesino. No sabía que era capaz de ordenar la masacre de bebés, presentándose como un soldado disciplinado". A Harel y su equipo de once topos les llevó dos años dar con —según palabras de Hannah Arendt— este fiel representante de la "banalidad del mal". Una originalmente insignificante pista de un ciego alemán fue la punta de un ovillo que se terminaría de desplegar en la calle de Garibaldi bajó un cielo tormentoso de la tarde del 11 de mayo de 1960. Localizado en Argentina, el equipo del Mossad se trasladó a Buenos Aires para el paso final. Sabían que no podían pedir su extradición. El ex SS escaparía. Y Harel había decidido que "si Eichmann estaba vivo, llueva o truene, iba a ser atrapado". El único camino era el secuestro. Lo vigilaron por semanas. Se aprendieron el barrio y su rutina. Y cuando el 11 de mayo de aquel año Eichmann bajó del colectivo como todos los días, los hombres del Mossad vieron que llevaba su mano al bolsillo. Temieron un arma. Tres espías le cayeron encima, lo metieron en un auto y lo llevaron a un aguantadero donde fue interrogado nueve días. Aprovechando un vuelo de la línea aérea israelí El Al, que el 20 de mayo despegaba de Ezeiza con una delegación oficial israelí —de visita en el país por el 150º aniversario de la Revolución de Mayo—, los topos subieron a Eichmann al avión. Lo drogaron, lo durmieron y lo vistieron como miembro de la tripulación. Le adjudicaron un pasaporte falso israelí y lo hicieron pasar por un tripulante dormido y enfermo. Nadie sospechó. Al llegar a Israel, escala previa en Brasil, Harel fue a ver inmediatament al primer ministro israelí David Ben-Gurion y le anunció: "Le traje un regalo". En su libro, Harel escribió que "en todo lo que tuviera que ver con los judíos, (Eichmann) era la máxima autoridad y suyas eran las manos que movieron los hilos que controlaban la caza y masacre de hombres. Era señalado como el jefe de los carniceros". Hasta hoy, son contradictorias las opiniones acerca de quién era realmente este criminal nazi y sus motivaciones para ser una pieza clave en los planes de Adolf Hitler. El (en su defensa) argumentó en el juicio que cumplía órdenes. Arendt, que escribió una famosa crónica del proceso para The New Yorker, consideró que su motivación "no fue un odio fanático hacia los judíos sino el deseo de avanzar en una carrera que convirtió su trabajo en el de un nazi". Sin embargo, otros escritores como David Cesarani, profesor de Historia de la Universidad de Southampton, sostienen que Eichmann, lejos de ser "un robot que recibía órdenes", era "el gerente general del mayor genocidio de la historia". En su reciente biografía sobre Eichmann Su vida y crímenes, Cesarani cita una frase reveladora que el ex SS pronunció durante un discurso de despedida a sus colegas en Berlín, en los últimos días de la guerra. Les dijo: "Saber que tengo sobre mi conciencia a cinco millones de judíos me da una gran satisfacción".

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El 2001 de Argentina
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/27/2011

Argentina en la Crisis del 2001: Propuestas para el análisis. Modelo para armar: complejidad y perspectivas de la protesta social en la Argentina reciente Nos proponemos caracterizar a los principales actores del profundo ciclo de movilización social y participación política abierto en Argentina en los últimos años de la década del ’90 que se acrecentó con los acontecimientos de diciembre de 2001. Partiremos de un diagnóstico de las transformaciones sociopolíticas y socioeconómicas operadas durante la década del ’90, necesario para establecer el marco crítico dentro del cual el proceso se desencadena. Sugerimos pensar el fenómeno en los márgenes de una aparente paradoja: de un lado, la complejidad de los actores protagonistas en lo que hace a sus demandas, identidades y formas organizacionales, que dificulta pensarlos como un movimiento social en sentido tradicional, del otro, el profundo impacto político de sus intervenciones que han contribuido a cuestionar aspectos centrales del orden político como los modos de representación, los procesos de legitimación y la función del estado como agente de integración social. Durante la década del ´90 se consumó en la Argentina una profunda transformación, tanto del régimen social de acumulación (RSA) como del régimen político de gobierno (RPG), que impactó fuertemente sobre los soportes tradicionales de conformación de las identidades políticas. En el primer aspecto, la combinación entre desregulación desordenada y apertura indiscriminada de la economía nacional en condiciones de competitividad desfavorables, tuvo como consecuencia un cuadro de crecimiento exponencial del desempleo y precarización de las condiciones de trabajo sumado a una distribución fuertemente regresiva del ingreso. En este marco, dominado por el eufemismo de la “flexibilización laboral”, fueron perdiendo consistencia social los referentes funcionales de conformación de identidades políticas, vinculados a la inserción en la estructura laboral, que habían tenido una fuerte impronta en los procesos de constitución de la ciudadanía social en Argentina hasta mediados de los años ´70. La consecuente “explosión de lo social”, denominación asignada a una situación en la cual el mercado de trabajo, más o menos regulado por el estado, ya no opera la mediación entre el RSA y la estructura de oportunidades materiales y simbólicas de amplios sectores sociales, significó una profunda complejización del universo de los sectores populares en la forma de heterogeneización y precarización del empleo con la consecuente fragmentación de sus identidades y organizaciones tradicionales. Por el lado del RPG, el modelo neopopulista se sostuvo en un sistema político dominado por un proceso de fuerte personalización de la representación que permitió al gobierno concentrar recursos para la toma de decisiones, al mismo tiempo que limitaba las posibilidades del subsistema de partidos para estructurar una representación política organizada sobre la base de clivajes ideológicos y propuestas programáticas. La crisis final de la Alianza, desnudó el fracaso de una elite política que había piloteado la transición democrática, pero se revelaba definitivamente incapaz, tanto de estructurar formas racionales y participativas de representación, como de garantizar la vigencia de los más mínimos controles republicanos en el funcionamiento del sistema político. Con la precipitación de la inevitable crisis financiera del estado argentino a lo largo de 2001, que remató en la implantación de la restricción fiscal del acceso al dinero depositado en los bancos y la virtual confiscación de los mismos, curiosamente denominada “corralito financiero”; más la evidencia ya inocultable del crecimiento exponencial de la desocupación y el dramático deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores de la población, se rompe la ficción neoliberal del acceso al mercado como sustituto de un espacio público de reconocimiento social y constitución de ciudadanía. Este modelo de una ciudadanía de baja intensidad, configurada sobre la base de la doble interpelación como consumidor con diversos grados de acceso al mercado y cliente de empresas privadas monopólicas, liberadas de toda regulación y control estatal en la provisión de servicios públicos, se combinó durante buena parte de la década del ‘90 con una concepción delegativa de la democracia. Según esta concepción, la selección y legitimación de los liderazgos políticos se realizaba en función de la capacidad de las elites para mantener el estado de cosas, independientemente de la eventual clausura del espacio público como escenario de participación y control colectivo de la gestión de gobierno. La amenaza, estratégicamente reiterada, del retorno al descalabro hiperinflacionario -del mismo modo que había operado el fantasma del golpe institucional durante el primer tramo de la transición- contribuyó a sellar el pacto hobbesiano según el cual la seguridad pública frente a las remanidas figuras del terror sólo quedaba garantizada mediante la delegación de todo poder de decisión en el Ejecutivo. En definitiva, resultaba de esta trama una democracia defectuosa, sustentada en la capacidad de negociación directa de las elites con los grupos de interés más allá de cualquier instancia deliberativa o control republicano. De esta suerte, el feroz desencadenamiento de la crisis a fines de 2001 enfrentó a amplios sectores de la sociedad argentina con la evidencia desesperada de la descomposición de los soportes de constitución de la ciudadanía en tres niveles concurrentes: en el plano de los derechos civiles, como consecuencia de la trasgresión de los controles republicanos operada por sucesivos gobiernos en su afán de aumentar sus prerrogativas y el manejo discrecional de la gestión pública, en el plano de los derechos políticos, por la aguda crisis de representación de un sistema político fragmentado y atravesado por la puja de intereses sectoriales sin prospectivas programáticas ni posiciones ideológicas claras y, finalmente, en el plano de los derechos sociales, como resultado del desmantelamiento del estado asistencial y la destrucción del mercado laboral. Ante este panorama, la prescripción constitucional según la cual el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de la intervención de sus representantes, fue ubicada por la dinámica del conflicto social posterior al 19 y 20 de diciembre en el centro de sus cuestionamientos. Precisamente el problema planteado por asambleas, piqueteros, ahorristas, etc., parece poder formularse del siguiente modo: ¿cómo pueden redefinirse las relaciones entre participación política ampliada, deliberación asamblearia, representación política y procesos de toma de decisiones frente al colapso del sistema político tradicional del cual la crisis de diciembre de 2001 fue su manifestación más profunda? Con diferentes modulaciones de acuerdo a la situación de oportunidades, posibilidades e intereses específicos de cada uno de los grupos, todos ellos expresan dramáticamente la crisis de legitimidad, esto es, la pérdida de validez intersubjetiva de las disposiciones que orientan la acción hacia la obediencia frente a un tipo de dominación política, de un sistema político altamente fragmentado y atravesado por la puja constante de facciones inestables. Espacios de resistencia y nuevos actores sociales Ahora bien, la incorporación activa de los sectores medios urbanos a la protesta social a fines de diciembre de 2001, en la forma de diversos núcleos asamblearios, debe analizarse considerando el espacio de resistencia a las consecuencias de desafección social de las políticas de ajuste estructural inaugurado más de un lustro atrás por el denominado movimiento piquetero. La lucha piquetera por el reconocimiento público de la figura del trabajador desocupado, en un primer momento estigmatizado como excluido del proceso de modernización por su incapacidad para reconvertirse o como mero apéndice de redes clientelares corruptas, abrió un espacio de resistencia y politización del conflicto social que durante la primera parte de los noventa permanecía sepultado bajo una concepción de la política como mera administración de las cosas, combinada con la obscenidad de un discurso político travestido con lo más vulgar de los lenguajes mediáticos. Además, la experiencia piquetera produjo una profunda reterritorialización del conflicto social generando complejas redes de sociabilidad al nivel del barrio o la pequeña ciudad, en un contexto donde la desindustrialización, la transferencia del gasto público a provincias quebradas y las privatizaciones de los servicios públicos habían dejado en una situación de desprotección extrema a amplias franjas de los sectores populares. También la gestión participativa, horizontal y deliberativa de la toma de decisiones, el modelo asambleario que parece recorrer todas las manifestaciones de nuevos actores políticos posteriores a la crisis de diciembre, tuvo sus primeras manifestaciones en las distintas organizaciones de desocupados. Por último, y acaso más importante, la prédica piquetera reinstaló la cuestión de la responsabilidad del estado como garante de la equidad indispensable para el ejercicio efectivo de la ciudadanía. De modo que la masiva resistencia civil expresada el 19 y 20 de diciembre, insistimos, protagonizada fundamentalmente por sectores medios urbanos, contaba ya con un espacio de resistencia inaugurado por los más perjudicados por las políticas de ajuste, y respecto del cual cada nuevo actor político tendría que posicionarse. Si bien las consecuencias de desafiliación social provocadas por el régimen de acumulación ya eran evidentes mucho antes de la llegada de la Alianza al gobierno, el fracaso de la coalición precipitó la crisis del RPG que, más allá del disparador que sin duda significó la confiscación de los depósitos bancarios, constituyó el blanco de las críticas furiosas de los caceroleros y perdura hoy como núcleo duro de demandas en lo que queda de las asambleas populares. La clave del cuestionamiento al RPG se manifestó en la forma de una crítica profunda a la representación política expresada en la consigna que aun sustenta al complejo entramado de actores protagonistas de la movilización social: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Así como el movimiento de trabajadores desocupados reconoce importantes y complejas divergencias internas: corrientes orientadas a una sindicalización democrática que incluya a los trabajadores desocupados, otras de corte autonomista concentradas en la producción de redes solidarias territoriales independientes del estado, aquellas que asignan al movimiento el carácter de vanguardia de una lucha de clase planteada en términos tradicionales; también los cuestionamientos a la representación política por parte de las asambleas post 19 y 20 manifiestan distintas vertientes no necesariamente concurrentes. Tenemos, por un lado, las asambleas, en general autodenominadas populares, que se plantean el problema de la organización de un colectivo multiclasista cuyas diferencias deben ser abolidas en función de hacerlo coextensivo a una representación del pueblo como “unidad de los intereses en lucha”. Tanto la búsqueda de la unanimidad como horizonte normativo de la deliberación, como la estrategia de multiplicación de los ámbitos de reunión más allá de las pertenencias territoriales y las diferencias de clase, hacen de la participación en la asamblea popular una experiencia movimientista orientada a converger en un polo de poder que encarne “las aspiraciones del pueblo (en serio, y no en papeles)”. El cuestionamiento a la representación política conlleva en este caso el rechazo del propio sistema que la hace posible: la democracia representativa según la ha pensado la tradición del pensamiento liberal moderno. La impugnación del principio representativo según el cual los gobernantes conservan cierto margen de independencia respecto de los gobernados, por parte de las asambleas populares, tiende a clausurar la diferencia entre decisión pública y voluntad general que fue ampliamente reconocida como la principal virtud del gobierno representativo. Más o menos situacionistas o autonomistas, se siguen de estas resistencias a la representación política modelos de gestión de la cosa pública próximos al ideal de un autogobierno plebiscitario que sólo sería posible, y aquí radica buena parte de las preocupaciones de este modelo asambleario por coordinar los intereses multiclasistas, en la medida que tales intereses resulten transparentes para el colectivo. Ese momento de la pura transparencia es también el momento en el cual el pueblo asiste a su propia autorrepresentación como colectivo indivisible y, consecuentemente, absolutamente soberano. Es decir, si la voluntad general fuera plenamente conmensurable la representación política sería un mero defecto a ser erradicado por el pueblo encarnado en la unidad de sus intereses. Ahora bien, es precisamente contra esta ficción de una plena autorrepresentación de la voluntad general contra la que se erige la compleja maquinaria del gobierno representativo. Lo que la representación política erradica es la posibilidad de que un colectivo específico, un nosotros definido por intereses, demandas o identidades compartidas, se identifique con la voluntad general que, en tanto colectivo indivisible, debe resultar siempre últimamente irrepresentable. El gobierno representativo, manteniendo la brecha entre representantes y representados, garantiza la lógica proliferante de la homonimia política por la cual el desajuste entre las palabras políticas y los colectivos, derechos e intereses que designan, induce a la deliberación constante entre actores igualmente capaces de acción y de discurso. Justamente porque la representación mantiene la distancia, no ya entre representante y representado, sino, y aún más importante, entre lo representable y lo representado, es que toda representación, siempre frágil e inestable, requiere de la deliberación para estabilizarse. De todos modos, claro está que no todos los procedimientos de representación dan lo mismo. Justamente, buena parte de la convulsión política que condujo al surgimiento de las asambleas puede interpretarse como el rechazo tardío a una forma personalista de concebir la representación según la cual la intervención del representado se limita no ya a la formación de consensos sociales ampliados, sino al mero consentimiento electoral prestado a figuras plenipotenciarias que, por el sólo hecho de triunfar en la competencia electoral, se consideraban inmunes a las demandas sociales. Desde este punto de vista, y esto es lo que parece suceder con la otra orientación de las asambleas, en general autodenominadas vecinales, lo que aparece son nuevas formas de participación política locales y autónomas del control de los representantes que transforman el mero derecho de libre expresión en el ejercicio organizado de petición y resistencia frente a las autoridades públicas. Aquí la demanda se orienta más a discutir las posibles rearticulaciones de la relación entre electores y elegidos, aboliendo los privilegios y generando formas más racionales y participativas de representación y control ciudadano, que al cuestionamiento de la representación en tanto tal. El gobierno representativo aparece para estos actores como un marco para desarrollar actividades autogestionarias y locales, que debe ser reformulado en la dirección de un republicanismo deliberativo, donde la gestión de la cosa pública no se restrinja a la manipulación de las elites amparadas en la razón de estado, sino que incorpore efectivamente instancias colectivas de participación deliberativa y control ciudadano. El propio estado, estigmatizado por su carácter de instrumento privilegiado de la dominación capitalista según la primera concepción, aparece en la cosmovisión de las asambleas autodenominadas vecinales como un conjunto de instituciones públicas que deben ser reapropiadas por los ciudadanos sustrayéndolas del control de las elites corruptas. Por culpa de : Fernando De La Rua Fuente:http://rickyesteves.wordpress.com ESPERO QUE LES INTERESE ESTE PEQUEÑO APORTE PARA NO OLVIDAR QUIENES TENEMOS EN EL GOBIERNO !

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Historia Argentina
Historia Argentina
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/1/2010

Introducción El año 1880 es un año clave en el proceso histórico argentino, se consolida la organización del Estado con la designación de Buenos Aires como capital de la República y con el general Roca como presidente (1880-1886); sin embargo, el proceso organizativo ya había comenzado años atrás. En 1853 se sancionó la constitución cuyo artículo 25 decía: "El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes". Previo a esta década tres personalidades disímiles se sucedieron en el ejercicio de la presidencia : Mitre de 1862 a 1868, Sarmiento de 1868 a 1874 y Avellaneda de 1874 a 1880. Lo más visible de sus obras fue el afianzamiento del orden institucional de la república unificada y el cambio total de la estructura social y económica de la nación. Proceso inmigratorio El paso audaz en la promoción del cambio económico-social fue la apertura del país a la inmigración. La República comenzó a atraer inmigrantes a los que se les ofrecían facilidades para su incorporación al país, pero sin garantizarles la posesión de las tierras; así lo estableció la ley de colonización de 1876, que reflejaba la situación del Estado frente a la tierra pública, entregada sistemáticamente a los grandes poseedores. Algunas causas de la inmigración: La necesidad de Argentina de integrarse al Mercado Europeo. La situación inversa con respecto a las necesidades Argentinas y Europeas. Argentina necesitaba mano de obra, como consecuencia del proyecto de expansión del sector agropecuario; y Europa liberaba mano de obra, como consecuencia de la tecnificacion del agro y la Segunda Revolución Industrial. Se contaba con una zona muy apta para la explotación agropecuaria: La Pampa Húmeda, cuya explotación requería mano de obra y capitales, escasos en nuestro país. La política de la generación de los '80 de transformar el país a la imagen Norteamericana, por la política industrial del anglosajón, y Europea, por sus ciudades modernas y bien estructuradas. Los inmigrantes tenían escasas posibilidades de transformarse en propietarios y se ofrecieron como mano de obra, en algunos casos yendo y viniendo a su país de origen (trabajadores golondrina). El saldo inmigratorio fue de 76.000 inmigrantes en la década del 60 al 70 y de 85.000 en la década del 70 al 80. Sin embargo la distribución tuvo una tendencia definida y la corriente inmigratoria se fijo preferentemente en la zona del litoral y en las grandes ciudades. Solo pequeños grupos se trasladaron al centro y al oeste del país. Así comenzó a acentuarse intensamente la diferenciación entre el interior del país y la zona del litoral, antes contrapuestas por sus recursos económicos y ahora por diferencias demográficas y sociales. Para tener una idea aproximada de lo que se entiende por este "enorme flujo de inmigrantes" , tenemos que entre 18861y 1870 el país recibió 160.000 inmigrantes mientras que entre 1881 y 1890 la cantidad de inmigrantes fue de 841.000 . Esta inmigración fue predominantemente de origen latino: español e italiano. La agrupación de las colectividades insinuaba la formación de grupos marginales, ajenos a los intereses tradicionales del país y orientados exclusivamente hacia la solución de los problemas individuales. La construcción del ferrocarril creó una importantes fuente de trabajo para los inmigrantes y desencadenó un cambio radical en la economía del país. Buenos Aires fue la principal beneficiaria del nuevo desarrollo económico. La ciudad se europeizó en sus gustos y en sus modas. Buenos aires : cosmopolita en su población , renovadora su arquitectura, cultas sus minorías y activo su puerto, la capital ponía de manifiesto todos los rasgos del cambio que operaba en el país. A medida que se constituía ese impreciso sector de inmigrantes e hijos de inmigrantes , la clase dirigente criolla comenzó a considerarse como una aristocracia, a hablar de su estirpe y a acrecentar los privilegios que la prosperidad le otorgaba sin mucho esfuerzo. Despreció al humilde inmigrante que venía de los países pobres de Europa, precisamente cuando se sometía sin vacilaciones a la influencia de los países europeos más ricos. La lectura social es tan importante como otras claves de la época , porque la sociedad argentina, a través de la inmigración, se configura de otra manera, debido al flujo impresionante y casi incomparable de extranjeros que llegan y, en su mayoría, se quedan. Principales grupos étnicos: Italianos: Estos conformaron el grupo más numeroso. Por su número, sus industrias, sus comercios, sus capitales y sus profesionales; ocupaban un lugar prominente en la vida económica y social de la ciudad de Buenos Aires. También era muy importante este grupo en Santa Fe y Rosario. Hasta 1894 vinieron fundamentalmente del norte de Italia y luego en su mayoría del sur. Españoles: Siguen en importancia a los italianos, este grupo llega más tardíamente pero es muy numeroso. Los españoles tienen ingresos superiores a los italianos. Vinieron fundamentalmente de Galicia, Asturias, El País Vasco, Cataluña y Castilla. Ingleses, franceses, alemanes o suizos: Numéricamente, la más débil, pero desempeñó un importante papel económico. Tuvieron generalmente calificación profesional, cierto grado de instrucción, y medios capitales que invirtieron en el campo y la industria. Rusos, sirios, libaneses y armenios: Se distinguen de los otros grupos por su ingreso tardío y por las diferencias de lenguas (árabe, ruso) y de religión (judía, musulmana, ortodoxa) y sus costumbres Consecuencias de la inmigración europea El aporte inmigratorio tuvo algunas consecuencias directas e indirectas en la conformación de la Argentina actual. Algunas de las más importantes y visibles son: La inmigración europea contribuyó a un aumento de la raza blanca argentina. Contribuyeron al proceso de rápida urbanización de la población, y aportaron mano de obra para el desarrollo industrial. Los extranjeros, sin proponérselo, produjeron cambios en el lenguaje y las costumbres de los argentinos. La inmigración ayudó al crecimiento en gran escala de la población. La propagación del socialismo y el anarquismo, por los inmigrantes llegados con formaciones políticas, y la creación de sindicatos. Lo anterior llevó a una política anti-inmigratoria generando leyes represivas como la "Ley de residencia" de 1902 y la "Ley de defensa social" de 1910. La sobre población de las zonas urbanas llevó a la desocupación con sus posteriores huelgas. La creación de "conventillos", que eran grandes mansiones coloniales en ruinas, en las cuales se amontonaban los que no tenían dónde vivir. La inmigración cambió profundamente la historia argentina, puesto que por la organización que tenían los dirigentes y latifundistas no tuvieron ningún problema social grave, vivían en un "paraíso"; pero de repente, con la llegada de los inmigrantes, para realizar un plan de explotación de ellos en el campo, las cosas no salieron como lo esperaban, y los inmigrantes se adueñaron de las zonas urbanas como Buenos Aires, y se produjo desocupación, que con las formaciones políticas que éstos inmigrantes tenían (socialistas y anarquistas), crearon sindicatos, boletines del trabajador, entorpeciendo la "vida fácil" de los latifundistas, los cuales, ante éstos problemas crean leyes de represión. Tampoco se cumplió el objetivo de que inmigraran anglosajones a nuestro país, sino que vinieron en mayor medida españoles e italianos, de pocos recursos económicos y que eran toscos para los trabajos. De todas maneras, estos inmigrantes contribuyeron al progreso del país y a llegar a ser "El país europeo de Latinoamérica". Con la inmigración se da por finalizada la llamada "Era criolla" argentina para ingresar en la Argentina moderna. Con relación a los recién llegados, la dificultad para acceder a la propiedad constituye un de las características distintivas del proceso inmigratorio argentino. La distribución de la población y su composición social se originan en gran medida en ese aspecto de la estructura productiva. El grupo tradicional de grandes propietarios y sus representantes en el poder no concebían a la inmigración más que como una fuente de mano de obra barata, a pesar de su admiración por el modelo norteamericano. La clase dominante de grandes estancieros no favorecía al pequeño agricultor independiente por que necesitaba mano de obra barata de gran movilidad para construir la infraestructura económica, aprovechar transitoriamente las tierras, realizar tareas agrícolas estacionales y lograr un buen funcionamiento que su tren de vida requería. Por eso, la "frontera" que al sur de La Pampa , separaba hasta 1880 los territorios explotados de las zonas amenazadas por los indios, no era un frente pionero abierto como en América del Norte. Cuando esa frontera fue suprimida por la "campaña del desierto", las nuevas tierras incorporadas al patrimonio nacional no se destinaron a la colonización, fueron vendidas, en parte por adelantado, para cubrir los gastos de la expedición del general Roca. Por otro lado, la permanencia de una inflación continua a partir de 1880, que provocó la transferencia de ingresos de los trabajadores y de todos los sectores de la actividad nacional a los intereses agropecuarios exportadores, reforzó el poder económico de estos y alejó todavía más a los recién llegados de la posibilidad de adquirir tierras. Es evidente que esa movilidad deseada por el grupo que detentaba el poder económico constituyó un factor desfavorable para el proceso de formación de una sociedad nacional integrada y coherente. Los grandes propietarios no estimaban necesario compartir la riqueza agropecuaria, origen del prestigio social y motor de la economía con los recién llegados, así como nunca mostraron interés en incorporarlos definitivamente a la sociedad política Argentina. En un país de inmigración , la división en clases estables, con limites culturales marcados, se efectúa poco a poco y el ascenso de los recién llegados es todavía relativamente fácil La aspiración fundamental de los inmigrantes es de mejorar su condición, que es la razón misma de su partida de Europa. Si bien, es prematuro hablar de clases sociales en Argentina de la primera mitad del siglo XIX, la existencia de grupos sociales no es discutible. En líneas generales pueden percibirse tres conjuntos de grupos estratificados: el grupo dominante es el eje de la sociedad Argentina, las alienaciones sociales se ordenan en función de sus normas y valores. Estos tres grupos eran: la "gente distinguida" en la cúspide, el "populacho" indistinto, la chusma" debajo de todo, y entre los dos una población entremezclada, bulliciosa, deseosa de confundirse a veces con los "olímpicos" que a veces se califica peyorativamente como "medio pelo". Está de más decir que la base del poder social de ésta capa superior es la propiedad de la tierra. Es verdad que en los orígenes de las grandes "familias tradicionales" se encuentra frecuentemente al comercio y a las finanzas, pero la posesión de tierra pone los verdaderos cimiento del prestigio oligárquico. Sea como fuere , la oligarquía tenía su centro geográfico: su círculo interno estaba formado por los más grandes granaderos de la provincia de Buenos Aires. Esos estancieros pertenecían a la famosa Sociedad Rural Argentina, que formaba con el Jockey Club y con el Club del Progreso los tres bastiones tradicionales de loa oligarquía triunfante. Generación del 80 Muchas veces se ha dicho que 1880 representa " el fin de la Argentina épica y el comienzo de la Argentina moderna" , sin embargo la frase es válida sólo en un determinado sentido: las guerras y los levantamientos de caudillos fueron dejadas atrás y es cierto que nacieron los partidos políticos y los debates parlamentarios, pero también nacieron nuevos problemas y enfrentamientos , especialmente con la inmigración Los hombres que vivieron alrededor del eje cronológico del año 1880 se los llamó generación del ’80. Esta generación se caracterizó por un grupo de hombres que en la política, la enseñanza y la literatura dieron un nuevo signo a su tiempo: práctico, ejecutivo y programático, con tinte europeo pero a la vez con sello nacional. En 1880 año importante para la historia Argentina: generación del 80 estaba constituida por un conjunto de intelectuales y dirigentes, una elite que culmino la obra denominada "organización nacional" Por otro lado, es preciso destacar que la Argentina no nació con la inmigración. Los recién llegados descubrieron un país que poseía una cultura, una organización política, antiguas estructuras sociales u sobre todo un grupo dirigente emprendedor que apelaba a la inmigración para servir a sus propios intereses. La yuxtaposición de rasgos culturales criollos y extranjeros constituyó la principal característica de esta "sociedad en transición". Esta dificultad básica para la adquisición de tierras y la integración en el ámbito productivo del país se extendió a los demás campos: el político, cultural y social. Mientras algunos aplaudieron la llegada de los inmigrantes otros más conservadores la rechazaron completamente. La sociedad argentina pronto quedó dividida en dos: los patricios por un lado y los inmigrantes por el otro. En este marco, lo interesante será rastrear estos antecedentes y descubrir el pensamiento de una época tan importante y develar la visión acerca de los inmigrantes que tenía un sector de la generación del ’80. La ubicación de la Argentina en el mundo estaba condicionada, pues, tanto por su situación americana como por sus relaciones con la Europa dominante. En ese clima internacional y regional habría de actuar una generación decisiva , polémica y eficaz según los temas y los aspectos que se consideren. La generación del ’80 fue, en ese sentido, el nombre de una encrucijada, reconocida como tal por cierta historiografía y como punto de partida de una envidiable aventura política, social y cultural según otras perspectivas. La consolidación de un régimen político se había convertido en una necesidad nacional a causa de una Argentina herida por las luchas civiles. Las diferencias existentes entre Mitre y Roca como cabezas de las facciones rivales, en lo que se refiere al papel central de cada uno, a las expectativas que rodearon su liderazgo y al modo como se practicó la sucesión de sus respectivas gestiones presidenciales, obligatoria por la astucia práctica con que Alberdi dotó el texto constitucional prohibiendo la reelección inmediata del presidente. Bartolomé Mitre encarnó más que ninguno de los dirigentes del partido porteño – bonaerense formado por ex - emigrados y ex - rosistas, las ansias de restauración de su propia hegemonía sobre el resto de las provincias. Descarado desconocimiento de la convención constituyente de 1853 y la secesión de la de la provincia de Bs. As del resto de la confederación, lo que le permitió conservar como en la era de Rosas, las rentas de la aduana nacional y con este y otros recursos mayores de su riqueza, sobornar jefes enemigos para obtener la supremacía militar. La culminación de ese proceso fue el triunfo político de lograr el fin de las luchas civiles bajo una configuración de la hegemonía porteña bonaerense. Entre Ríos como provincia relativamente autónoma y el interior sometido por Buenos Aires en razón de su mayor riqueza para contratar camarillas y organizar ejércitos dotados de armamento que le permitía derrotar a sus enemigos para luego exterminarlos mediante métodos genocidas. El ciclo inmediatamente precedente por la revolución mitrista de 1874, se cerrará con una rebelión bonaerense que, derrotada por el gobierno nacional de Avellaneda, despejará el último obstáculo para una consecuencia decisiva : la federalización de Buenos Aires. El título de la última obra de Juan B. Alberdi será, precisamente, "La República Argentina consolidada en 1880 con la ciudad de Buenos Aires por Capital", donde el intelectual intentará la explicación de acontecimientos y de lógicas interiores que como político no logró traducir en actos concurrentes. En 1880 varios hechos se imponen: una lucha cruenta en el conflicto de dominación "revivió" entre Buenos Aires y el interior, que había invadido con políticos notables la presidencia de Avellaneda; la federalización de Buenos Aires como capital de la república y la consagración previsible de Julio A. Roca como sucesor presidencial. Era un régimen político que identificamos como el resultado de la "alianza de los notables" y que se traduce en una república aristocrática / orden conservador, lograrán consolidar "un sistema de poder". Los hombres de la generación del 80 dieron esas respuestas, no extrañas a la óptica normativa de la constitución nacional: la república aristocrática era una forma política en funcionamiento. El régimen, esta expresión no se refería de manera casi escéptica al sistema de poder reglado por la Constitución y distribuido según las normas de una democracia liberal y republicana, sino que evocaba la república verdadera, vista desde la oposición reformista o revolucionaria; un orden que reservaba a unos pocos el privilegio de la competencia por el poder, aunque reconociese a muchos la posibilidad del progreso y del acenso social. Natalio Botana identifica en El orden conservador : la integridad territorial , la identidad nacional y la organización de un régimen político. Se darían nítidos los rasgos propios de una oligarquía funcional y capaz de controlar la rotación del poder: presidentes, ministros, gobernadores y senadores operarían con las reglas del juego de la "alianza de los notables", para quienes el club era sede para la relación política y ámbito para el reclutamiento dirigente. El presidente Roca era un caudillo pragmático, político hábil, conservador inteligente y conocedor zagas de las debilidades ajenas. La gente se acostumbró a llamarlo el zorro, pero en el inventario de los adjetivos de la política argentina, habría de ser zorro y león a un tiempo como quería Maquiavelo. El partido Autonomista Nacional el (P.A.N.) le sirvió como plataforma y canal de comunicación política. "La liga de gobernadores", alianza táctica de las oligarquías provinciales que sirvió como despegue político primero y a la victoria de Roca después, fue parte integrante de la estructura del poder. El ejército de línea que Roca conocía bien y en el que había ganado justo prestigio, sería otra de las bases del sistema Bajo la presidencia de Domingo F. Sarmiento y Nicolás Avellaneda Un cierto impulso de planes de colonización agraria. Una mayor atención a la salud pública y a la educación. La federalización de la ciudad de Bs. As. La aprobación de una legislación arancelaria proteccionista impulsada por el grupo parlamentario liderado por Vicente Fidel López. La creación del partido Republicano, primera agrupación política que plantea como eje el cumplimiento verdadero de la constitución y la superación de las prácticas electorales viciadas eternamente por la violencia y el fraude. La promoción de un debate político más serio sobre los problemas nacionales y democráticos. Sin embargo este conjunto de avances políticos quedó trunco y dejó saldos débiles como para promover la transformación del Estado faccioso. El liderazgo de Roca para llegar a la presidencia de asentó principalmente en el reparto arbitrario, faccioso y latifundista de las tierras que su exitosa expedición arrebató a los Mapuches. Así se abrió pasa al unicato. Durante el gobierno de Juárez Celman se decidió el predominio del capital extranjero en la economía y en la política Argentina. Su política global de privatizaciones fue acompañada por una aguda corrupción. Al unicato de Juárez Celman no le faltaron críticos: Sarmiento, Alem y Aristóbulo del Valle denunciando la enajenación del patrimonio nacional , los negociados, la burla de la voluntad popular mediante el fraude y la violencia. A medida que la crisis fue avanzando, la agitación política creció, especialmente dentro de la juventud de las capas medias. La juventud porteña se reunía con dirigentes mayores, como Vicente Fidel López, Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem y Pedro Goyena. Se lanza la idea de formar una unión juvenil que demostrara la mayoría opositora entre los jóvenes de los sectores ilustrados de la clase alta, principalmente universitarios. El cambio cualitativo que se fue gestando bajo el gobierno de Juárez Celman, surgimiento de un movimiento político democrático, que aunque fracasa e el intento de tomar el poder , perdura y de ese modo condolida la transformación de poder como expresión del Estado conservador acuerdista. El control de gobierno nacional no era solamente la clave del acceso a las rentas públicas como fuente de las fortunas privadas, sino de la tierra pública, cuyo reparto fraudulento y signado por el favoritismo fue la fuente principal de la consolidación de las primeras fortunas familiares, burguesía terrateniente, comercial y financiera, ubicada así en la cúspide de la pirámide social de la Argentina dependiente. El denominado unicato, es decir el definido predominio personalista del presidente de la República como distribuidor de los favores personales que constituían la médula del estado faccioso, fue la última fase de dicho estado asentado bajo la primera presidencia de J. A. Roca y llevada a su máximo esplendor bajo la de su sucesor, el Dr. Juárez Celman. En ausencia de un sistema de reglas objetivas y respetadas "para dar a cada uno lo suyo", a cargo de diversos funcionarios de la administración o bien de los jueces en caso de controversias, la legitimación del reparto de la riqueza requiere de la concentración de las decisiones en un único vértice puntual de estado. En unicato de J. Celman fue el esplendor de lo facciosos (fortunas personales, dictador de gigantescas privatizaciones sin justificación racional, algo que como en el caso del exitoso Ferrocarril de Oeste, beneficiaba sólo al capital británico). Puede adjudicarse la inmanejabilidad del proceso social por parte del estado faccioso a los aspectos cualitativos que fue generando esa evolución la formación de una burguesía agraria ya relativamente estable, cuya situación comenzó a depender de la evolución económica global que del favor público, la diferenciación dentro de esa burguesía entre grandes terratenientes y productores mediano y pequeños, la presencia de sectores medios y urbanos, con mucho mayor peso que los propietarios rurales, pero cuyo papel en la formación de la opinión pública no podía ser desperdiciado, los efectos disolutivos sobre el conjunto del aparato productivo. La acción de esos dirigentes tuvo por obra llevar al país a la crisis de 1890 , precedida por el unicato fraudulento y represivo del Dr. Juárez Celman, quien accedió a la presidencia por ser concuñado del presidente saliente Julio A. Roca y designado sucesor por este para que asegurara y ampliara los favores y beneficios obtenidos por la trenza oligárquica a la que ambos pertenecían a expensas de las tierras y el dinero público. A partir de la segunda mitad del siglo pasado Argentina estaba en la etapa de organización y consolidación como estado, y su clase dirigente decidió que había que insertarse en el mercado europeo, cuyas necesidades eran esencialmente que se los proveyera de materias primas, como la lana, carne, cereales, etc. Para llevar a cabo éste objetivo era indispensable cambiar la estructura económica Argentina, y nada mejor para ello que tomar como ejemplo a Estados Unidos. Economía y sociedad contenía factores de movilidad tan fuertes que la constelación de poderes de la Argentina del 80 al Centenario fue reconociendo la aparición de estrellas nuevas , todavía menores al lado de las más arraigadas de la república aristocrática. No había poder sindical, en el sentido de lo que se verá surgir décadas después, y el poder económico era un actor menos complejo que hoy. Antes del 80 había aparentemente pocas, pero con la década tomaron fuerza las ideas socialistas y anarquistas que llegaron con la inmigración y no sólo por la vía de los intelectuales; los obreros panaderos ganaron una huelga relevante en 1888. La serie de huelgas laborales fue casi ininterrumpidas hasta el 90 estimuladas no sólo por los dirigentes sino por la situación económica y política. Si hubo factores que enervaron las luchas, el principal fue la división interna en el anarquismo obrero y enseguida la oposición de los círculos socialistas afines al pensamiento de Marx. Giro del 90 La revolución de 1890 generó dos efectos permanentes de importancia: 1) dio origen al primer partido político, de la historia argentina, la Unión Cívica Radical 2) Forzó al estado faccioso a transformarse en un estado conservador acuerdista. El alzamiento cívico - militar de 1890 fue el primero de la sociedad argentina posterior a Caseros que tuvo un objetivo cabalmente político, a saber, superar el régimen faccioso, fraudulenta y corrompido, dando cause a un cumplimiento efectivo de las normas de la constitución, un control de las rentas y el reparto de las tierras públicas y un sistemas electoral con reglas de juego objetivas y respetadas. Si bien el alzamiento fue derrotado y por ellos no logró tales finalidades, de todos modos dio fin a la etapa de estado meramente faccioso, obligándolo a convertirse a un estado conservador fundado en el acuerdo de las facciones preexistentes. Alrededor de 1890 se produjo otro giro histórico de tanta importancia como el paso del estado faccioso al estado Conservador acuerdista; es el paso en el plano productivo y económico del ciclo de la lana al predominio de las carnes refrigeradas (principalmente vacunas) y los cereales, dentro de la estructura agro - exportadora . Un tercer elemento de la evolución histórica es el desarrollo de una mayor complejidad social que se manifiesta cuantitativamente en el aumento de la población y cualitativamente de muy diversas maneras. El denso entramado social y las nuevas tensiones surgidas del triunfo de las trenzas facciosas sobres sus enemigos, planteo la necesidad del establecimiento efectivo de reglas objetivas. Aspectos económicos La Argentina entre 1880 y las vísperas de la guerra del 14 comparada consigo misma o con el resto del mundo exhibe índices de crecimiento económico impresionantes. La Argentina económica se orientó hacia las exportaciones. En un país donde predomina una estructura agro - exportadora (modelo agro - exportador 1850-1930), se sobre entiende que ello implica un escaso desarrollo de las actividades industriales. Todos estos desarrollos agro - exportadores tienen por causa esencial el acelerado desarrollo industrial moderno que comenzó en Gran Bretaña. La revolución industrial produce tanto un brusco crecimiento de la población como un no menos espectacular desarrollo de actividades que requieren enormes masas de materias primas, produciendo una creciente demanda que es la que induce el desarrollo de actividades agro - exportadoras en muchas zonas del mundo. Aspectos de la estructuración interna de sociedades agro - exportadoras: Ocupación de nuevas áreas geográficas para el desarrollo de actividades agro - exportadoras. Se recurrió también a una verdadera importación de mano de obra, mediante un masivo proceso inmigratorio proveniente principalmente de España e Italia. Unificación del mercado interno que se realizó mediante el ferrocarril y con un trazado estructural apropiado a la función agro - exportadora dentro del mundo, es decir destinado a sacar hacia los puertos las materias primas de producción local e introducir en el mercado interno las manufacturas provenientes de los centros industriales capitalistas. En el caso argentino: el claro predominio del puerto de Bs. As dio al trazado del ferrocarril la forma de un abanico con vértice en dicho puerto. El tráfico de ida y vuelta por vía marítima se hizo mediante la moderna navegación a motor ( inicialmente vapores) y cuando la naturaleza misma de la materia prima de agro - exportación lo requirió, se recurrió a decisivas innovaciones tecnológicas por ej. La refrigeración de las carnes. El período de la economía agro - exportadora (1850-1930) tuvo dos etapas que se han denominado "el ciclo de la lana y el ciclo de la carne y los cereales" . E l período que corresponde a la década del 80’ concuerda con la etapa del ciclo de las carnes y los cereales. EL ganado vacuno, que había sido desplazado desde la pampa húmeda a las tierras marginales, durante la segunda etapa vuelve a las tierras ricas, desplazando a las ovejas hacia la Patagonia, Corrientes, Catamarca, etc. Las características del ganado vacuno en la segunda etapa del período, no se trataba como antes, de los viejos vacunos criollos, ahora era animales mestizados, las razas británicas cómo: Shorthon, Hereford, etc. La pampa húmeda estaba distribuida entre la agricultura (especialmente cereales, trigo y maíz) y ganado vacuna. La agricultura dio un nuevo impulso a la demanda de mano de obra (agricultura, ganadería, ferrocarriles, frigoríficos en materia de carne, silos y molinos en materia de cereales) y con ello el aumento de la población. Es imposible explicarse la historia política Argentina sin referencia a este marco económico. La exportación de lanas introdujo a la producción Argentina dentro de los abatares del mercado mundial capitalista. En el siglo XIX éste estaba sometido a crisis periódicas de expansión y contracción, ocurriendo en esta fase que caían los volúmenes y los precios de las materias primas. Hacia la mitad del ciclo de la lana, un sector de los productores argentinos cuya expresión política más relevante fue el grupo parlamentario liderado por Vicente Fidel López, planteó por primera vez una postura económica nacionalista y proteccionista, destinada a la promoción de una industria textil argentina que actuara como reaseguro de la producción lanera ante los avatares del mercado mundial y los proteccionismos foraños. A partir de 1880 se inicia una etapa de expansión económica en la Argentina, que se prolonga hasta la 1ra. Guerra Mundial, con excepción de la crisis de 1885 - 1890. La expansión se debió fundamentalmente al desarrollo económico ganadero, ya que Argentina era proveedora esencial de materias primas para Europa, particularmente de Gran Bretaña, quién invertía en nuestro país capitales, como por ejemplo, en 1880 la inversión fue de 25 millones de libras esterlinas, y en 1885 de 45 millones. Estos capitales se utilizaron para pagar deudas contraídas con empréstitos anteriores, la extensión de vías ferroviarias y la creación de bancos. El ferrocarril y la mano de obra de la inmigración aumentaron la superficie cultivada en Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires. Así aumentó la producción y posterior exportación de trigo, maíz y lino. Al fundarse en 1890, un momento de inflexión entre el ciclo de la lana y el de la carne / cereales bien puede decirse que la U.C.R. nace sintetizando experiencias. Pero también la situación económica social generó problemas y conflictos. En los últimos años del siglo XIX la prohibición británica de importar ganado en pie de la Argentina produjo una enorme transferencia de ingresos de los ganaderos hacia el grupo frigorífico británico. El acrecimiento de la mano de obra de origen inmigratorio había sido acompañado de un importante desarrollo sindical, que desplegaba lucha por las reivindicaciones obreras, lo que obligaba al régimen a oscilar entre una creciente represión o estudiar posibles concesiones . La transformación demográfica del país respondía a los intensos cambios producidos desde que comenzaron a refinarse los ganados vacunos y ovinos y a extenderse las áreas de cultivo de cereales. En 1883 se instalaron los primeros frigoríficos argentinos, que al cabo de poco tiempo fueron sobrepasados por los que se crearon con capitales británicos y norteamericanos para servir a la demanda del mercado inglés. Quedaron en su poder los dos grande sistemas industriales de carácter moderno que se habían organizado hasta entonces: los ferrocarriles y los frigoríficos , pero al mismo tiempo surgieron entre 1880 y 1890 , especialmente en Buenos Aires, otras industria menores, especialmente en el campo de las artes gráficas, de la alimentación , de la construcción y del vestido. A partir de esto se comienzan a advertir las consecuencias de los cambios provocados por la política económica- social que habían adoptado las minorías dirigentes. El naciente proletariado industrial comenzaba a exigir mejoras y manifestaba su actitud a trabes de las huelgas. Eran generalmente obreros extranjeros quienes la desencadenaban, y la política comenzó variar el contenido gracias a las ideas y al lenguaje que introdujeron esos inmigrantes urbanos que habían adquirido en sus países de origen. Prensa y Literatura La sociedad no había cambiado solo en sus características y composición: la atmósfera general estaba cargada de conflictos que se multiplicaron mientras dentro del anarquismo avanzaba la idea de la huelga general procedida por actos de violencia, boicot y acciones directas. Las huelgas obreras constituían un hecho regular que movilizaba muchos trabajadores. El territorio nacional era cruzado por esas movilizaciones en las ramas y servicios más diferentes, aunque Buenos Aires y los suburbios fueron el epicentro. Ese fue el clima de la llamada " ley de residencia" que permitía al poder ejecutivo " ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público". En tres años, pues, el estado de la opinión pública y el ánimo de los protagonistas políticos había cambiado de tal modo que un proyecto análogo de Cané rechazado por innecesario o excesivo en 1899 sería retomado y convertido en ley, en 24 horas, el 22 de noviembre de 1902. En una Argentina que crece y se moderniza, el impacto demográfico de la inmigración y los primeros resultados de la política de alfabetización impulsada por el liberalismo dan origen a un público con apetitos y necesidades hasta entonces desconocidos. Comienzan a coexistir, un público con tradición literaria (especialmente francesa) que se nutre con los surtidos catálogos de las grandes librerías porteñas de Joly, Espiasse, Jacobsen, Brédhal, Moen y Lajouanne, y un nuevo público que devoraba los folletines de La Patria Argentina y más tarde los "novelones " de centavos y los cuadernillos gauchescos que editan Tomassi, Rolleri, Matea, etc. Desde los albores de 1880 asistimos al nacimiento de una novelística que paga tributo al naturalismo en boga, pero que al mismo tiempo trata de explorar sus propios caminos. Así también, la imprenta rioplatense se perfecciona e incorpora la tecnología industrial más avanzada, aunque muchos autores y editores, por razones de costo o de prestigio , recurren todavía a las prensas de Viena, París, Leipzig, Barcelona y Madrid. Jacobo Peuser, por ejemplo, se inicia como editor en 1881 con la importante " Descripción amena de la República Argentina" de Estanislao Cevallos, y en sus talleres se realizaron las primeras fototipias y fotocromías del país, y se compone el primer libro en linotipo (1898). En el terreno periodístico aparecen La Prensa, La Nación, La Libertad, El Porteño, El Siglo, La Tribuna Nacional, La Ilustración Argentina, El Diario (de Manuel Lainez), Sud América, Don Quijote, El Censor, etc. Las revistas literarias, los magazines aparecidos a partir de 1890 señalarán, por su parte las líneas de desarrollo de este proceso cultural y los sucesivos ajustes que imponen las nuevas capas de lectores reclutados en la clase media urbana. En los últimos años del siglo prevalece aún la "edición de autor", que constituye una aventura económica que pocos se atreven a intentar, según Ruben Darío "publicar un libro era una obra magna, posible sólo a un Anchorena, un Alvear o un Santamarina; algo como comprar un automóvil ahora, o un caballo de carrera". La mayoría de los escritores, utilizó más frecuentemente las vías del periodismo y el magazine, y de manera más adverticia la edición, emprendida con los sacrificios y postergaciones del caso. De todos modos en el ambiente de la Argentina finisecular la imagen del escritor ya está prácticamente configurada. Roberto J. Payró es un buen ejemplo del nuevo tipo de escritor "profesional" que adviene a fines del siglo XIX . Payró se consagraría de manera exclusiva a la doble profesión de escritor y periodista. Desde el punto de vista ideológico, Payró no se aparta de las grandes líneas de la crítica social del siglo XIX, aunque también aflore una sublimación de la idea de arte "desinteresado’ y de la categoría de "trascendente" de artista, que se contrapone a los nuevos valores del mundo mercantil e industrializado y es heredera directa de la vieja teoría del l’art pour l’art. La generación de 1880, traza teórica y metódica de una literatura con señales propias, acentúa la coloración europeizante y la primacía cultural de Buenos Aires por antonomasia. Todavía no son significativas las letras de provincia. La poesía es lírica e imprecatoria: Leopoldo Díaz y Almafuerte; el ensayo es un género reciente: José Manuel Estrada, Pedro Goyena y Joaquín V. Gonzáles; la narrativa pendula entre lo social y el costumbrismo: Miguel Cané, Eugenio Cambaceres, Julián Martel, Francisco Sicardi y Carlos María Ocantos. Hacia final de siglo, de la mano y la letra de Rubén Darío, surge el modernismo. Preciosismo y simbolismo resumen la nueva estética, la que dará la voz más alta de la poesía argentina contemporánea: Leopoldo Lugones, a quien se debe, asimismo, el primer cuento de ciencia ficción en nuestra literatura. Lugones es el paradigma que censura en dos campos la literatura argentina. La voz de Lugones, entonces, resonará por largo tiempo, pero, lateralmente, surgen otras dos líneas de creación: el criollismo, pontificador del realismo rural con Horacio Quiroga y Roberto J. Payró, y el sencillismo, una poética de lo popular con Evaristo Carriego y Baldomero Fernández Moreno. Un intermedio crítico permite rescatar, entre otros, el tradicionalismo de Ricardo Güiraldes y Guillermo E. Hudson; el preciosismo de Enrique Larreta; y el " Mester de juglaría" de Enrique Banchs. Educación y Cultura La educación y la inmigración se constituyeron en factores de cambio político y, socioeconómico, y en cierta medida cultural. La lectura de los valores no es por fin, indiferente, porque si habían sido nombrados en el preámbulo de la Constitución, catecismo laico de la época, serán reinterpretados a través de la secularización cultural, de la mentalidad evolucionista y de la ideología del progreso. Hay un paso decisivo entre el romanticismo que penetró al patriciado y el positivismo de esa nueva oligarquía, perseverante y cerrada hasta producir una explotación política práctica de la ideología que exponían insustituible par el "progreso argentino" En la literatura y prensa de la época se expresa la ideología de un amplio sector de la sociedad: su modo de entender e interpretar los cambios sociales. Los escritores argentinos de está época tuvieron un papel muy destacado en estos años; no se remitieron al ámbito cultural sino que, atrapados por la pasión y el interés de la cosa pública, su influencia alcanzó la actividad política. Así es como, también, desempeñaron simultáneamente un papel de políticos y de escritores interesados no sólo en la creación de un público suficientemente capacitado para valorar sus esfuerzos literarios sino también en ejercer una vigilancia crítica generalizada sobre todas las etapas del proceso nacional. Por eso es que la literatura de la generación del ’80 proporciona una materia prima tan interesante. Los comentarios referidos a los inmigrantes están intrínsecamente dotados de una gran carga ideológica. Esto se debe a que los intereses de los inmigrantes llegados a nuestro país en los años en cuestión, la mayoría de las veces entraron e pugna con los escritores son de la generación del 80. El recorrido social de las ideas y las ideologías va a ser canalizado por hombres en su mayoría pragmáticos en términos políticos, sociales y económicos, y por el surgimiento de una opinión pública a la hechura de los "notables" . La profunda reforma ideológica en torno de las reformas laicas atrapará a protagonistas significativos que sobreviven a sus propias diferencias, como Sarmiento, Alberdi y Mitre. La batalla estaba ganada, por entonces por un laicismo que era idea corriente y que había penetrado la corriente de ideas. Los reformadores aparecen como liberales innovadores, y sus contradictorios como liberales reaccionarios en el nuevo clima ideológico del ’80. Y esa contradicción, más aparente que real, sería bien explotada por los paladines de la buena ley de 1420 y del movimiento secularizador que venía de la mano de la modernidad. Claro que cuando el movimiento laico se hace "laicista" y los modernizadores "modernistas" , la época se tiñe de resonancias europeas, particularmente francesas. La inmigración como parte de las políticas específicas y deliberadas de los gobernantes de la época y de excedentes de mano de obra en Europa, más crisis políticas y sociales recurrentes, fue una de las claves controladas por el gobierno argentino. La política educativa tendiente a la nacionalización cultural según las concepciones de la época en la que convergían las prédicas (entre otros temas) de Sarmiento y Alberdi y las escasas restricciones gubernamentales al comercio más la movilidad aceptada, harían el resto. Las clases altas tradicionales y criollos actuaron en oportunidades como una suerte de alianza objetiva frente a la amenaza del inmigrante, quien venía a la conquista de un espacio social - económico y en menor medida político. Esa conciencia de clase, o aun de casta, no es más que un aspecto manifiesto de la distribución del poder social. Para sus miembros , la oligarquía Argentina se caracteriza por su perfecta e indiscutible legitimidad. Los otros grupos sociales, particularmente los de origen inmigratorio comparten generalmente esta opinión. Nadie se le puede disputar la preeminencia a los descendientes de los fundadores de la Argentina moderna. Ella es la elite " única y natural" que condujo al país a la prosperidad y que lo reveló al mundo. Herederos de los padres fundadores, los "patricios argentinos" – como gustaban hacerse llamar – consideraban que tenían derecho de manejar el destino del país. En efecto, el inmigrante sólo era un visitante, debía saber conservar su lugar y aceptar la suerte que tuviera. La oligarquía argentina era un grupo social modernizador. El proyecto de transformación nacional puesto en marcha a partir de 1880 se proponía introducir "la civilización europea" en el país de los querandíes y de los renqueles. Liberal y cosmopolita, la elite establecida ejercía sobre el país una dominación ilustrada. Defendía ferozmente sus privilegios, pero se apoyaba en la razón: animadora del progreso , su conservadurismo se teñía de filosofía positivista. Como escribe uno de los representantes de la "generación del 80", Miguel Cané, " la elite argentina se caracteriza por un espíritu abierto a la poderosa evolución del siglo, con fe en la ciencia y en el progreso humano" . La prensa y la escuela son los dos conductos institucionales para esa infiltración ideológica que contribuye a moldear las mentalidades. Los dos diarios argentinos más importantes, La Nación , fundada por el general Mitre y La Prensa son instituciones nacionales hoy día centenarias. Estos órganos, propiedad de grandes familias , reflejan los intereses del grupo dominante. La escolarización más amplia tenía que afianzar la cohesión nacional. La "canonización laica" de los héroes civiles (Rivadavia, Sarmiento, Mitre, etc.) precursores o antepasados de la oligarquía, asegura de hecho la continuidad de la evolución argentina. El dogma patriótico permite hacer compartir por todos los ciudadanos la ideología dominante. Entendemos como ideología en términos marxistas, " como el modo en que los hombres se representan sus condiciones materiales de vida, de acuerdo a sus condiciones de producción, a una base real" . Por tanto al igual que Marx consideramos que "la división del trabajo determina también las relaciones de los individuos entre sí", por consiguiente las ideas y las representaciones de la conciencia están directamente entrelazadas con la actividad material. Así mismo vale destacar que la clase que ejerce el poder dominante en lo material, en nuestro estudio los patricios, son los que ejercen el poder espiritual dominante. Por lo tanto la ideología dominante de la Argentina de 1880 es de la clase patricia (entendiéndose como una ideología totalizante). La prensa y la Literatura de la época llevaban el sello de esta ideología. Así reconocida por las otras categorías sociales y dotada de una legitimidad, la oligarquía puede ejercitar sin esfuerzo ni violencia una coacción que, a pesar de ser asimétrica, nadie la considera sin reciprocidad. Y gracias al contenido de una instrucción ampliamente difundida y a la prensa, el grupo dominante incluso puede "controlar a distancia" los asuntos públicos y la evolución de la sociedad, después de haber dictado su código social y su concepción de la existencia a los grupos intermedios . Discutidos en cuanto a su nivel, comprometidos en cuanto a sus filiaciones culturales y estilos mentales, los debates ardientes que suscitó la cuestión escolar en la década del 80 es otro de los temas significativos para entender la época. La mentalidad evolucionista y la idea del progreso, tal como lo identificara Marcelo Montserrat tuvo varios cultores relevantes. La ley de 1420 evoca un rigor una mezcla desordenada de convicciones personales, de creencias vigentes en las elites gobernantes, de la obediencia complaciente hacia el poder, de la crítica sistémica de los católicos respecto a las ideologías dominantes, y de factores genuinos que hacían necesarias de una buena ley de organización y nacionalización de la enseñanza primaria. En su gestión influyeron el liberalismo y el fenómeno polivalente de la inmigración. Gravitó el laicismo, pero con él la posición crítica de la iglesia católica hacia manifestaciones expresivas de la sociedad moderna. El monopolio estatal de la enseñanza superior universitaria y el discurso ideológico de Gambetta; en 1880, la supresión de la actividad docente de órdenes y congregaciones religiosas por la acción de Jules Ferry; en 1882instrucción laica, obligatoria, en todos los grados de enseñanza; por fin la supresión legal de los institutos religiosos. El debate está teñido por argumentos afrancesados. Pero cabe preguntarse si el clima ideológico del 80 tenía correspondencia ceñida con el clima sociológico de la Argentina acostumbrada a la influencia política y moral de los hombres de la iglesia, pero también la dependencia de la iglesia católica respecto al Estado. En la formación del Estado argentino la iglesia católica interviene como factor pre-estatal, pero la tradición regalista viene con ella. Durante la Organización Nacional la iglesia tiene el papel que le reconoce la propia constitución, pero el rosismo, los años de anarquía sucesiva y las luchas civiles la dejaron en la indigencia o tributaria de los dineros del Estado, nacional o provincial. En la época del patriciado la escuela no era cuestión, era problema. En la década del 80 el problema educativo fue cuestión. Años después, disipado en parte por el clima sociológico más claro el perfil del positivismo pedagógico, la metodología naturalista de Francisco Berra y la prédica de Carlos Octavio Bunge o Víctor Mercante. Pero en el 80 los viejos ideales estaban en crisis, el choque de dos sociedades era patente y en el claroscuro del tiempo, "publicar un libro en Bs. As era como recitar un soneto de Petrarca en la Bolsa de Comercio", según la observación traviesa e indignada de Miguel Cané. La querella escolar del 80 es un dato y un tema y no se explica con suficiencia sin discernir el significado de ciertas ideologías de combate, más allá de sus potencias diferentes. La ideología laicista, en la forma que adopta en la década del 80, no era expresión inocente de la laicidad, sino una concepción del Estado y una idea de la vida y de la verdad que adoptó el tono y la forma del enemigo que combatía. Objetivamente y fuera del contexto ideologizado de los debates, la Argentina de la inmigración necesitaba de una ley de educación común obligatoria y gratuita, con una base moral y cívica que afirmase los valores privilegiados por el país nuevo, en cambio progresista. La Ley de 1420 tuvo los méritos de esta intención y los defectos de su tiempo. Fue el resultado de debates apasionados, del tributo pagado a las luchas por la hegemonía política, de la aspiración por la nacionalización cultural y del clima ideológico de la secularización. EL liberalismo conservador (compleja mixtura) será por entonces ideología dominante, con lo cual se quiere decir que es la ideología de justificación de un orden, de un régimen y de un tipo de sociedad, como lo fue en la década del 80. SI LES GUSTO COMENTEN

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