mermak90
Usuario (Chile)

Son en su mayoría rocas o peñones que emergen en el medio del mar lejos de cualquier vestigio de tierra firma a cientos de kilómetros de distancia. Ni siquiera aparecen en la mayoría de los mapas. Inhabitables por sus insignificantes tamaños o su inhóspita geografía, despiertan sin embargo disputas territoriales por la explotación de los recursos estimados en su lecho submarino en la que los países implicados, afirman tener los “derechos de propiedad”. En el Atlántico Norte, sólo se ve agua por cientos de kilómetros hasta que descolocado, emerge un peñón rocoso puntiagudo con 23 metros de altura sobre el nivel del mar. Es la roca más aislada en todos los océanos. En 1955 un helicóptero de Reino Unido realiza un aterrizaje dejando una placa de bronce e izando una bandera británica en lo más alto. Desde entonces, está oficialmente anexionada al país, una acción reforzada en el año 1972 por el Parlamento Británico, denominando al peñón como isla de Rockall integrado el distrito de Harris. Aunque la declaración reivindica el uso de los recursos del lecho submarino alrededor del peñón, no implica una fijación de soberanía. Islandia, Islas Feroe e Irlanda no están de acuerdo con la posesión británica, y mantienen un litigio sobre el peñón sobre los derechos de sus fondos submarinos. A 1740 kilómetros al sur de Tokio, emergen tres islotes que desaparecen cuando sube la marea, rodeados de un arrecife. Se lo conoce como Atolón Okino-Tori-Shima, o también como Okinotorishima, y es en la práctica una laguna rodeada de coral con un reducido número de rocas que emergen en su interior. El Gobierno de Japón, sumándose a la ley de mar de las Naciones Unidas (sólo puede determinarse una zona económica exclusiva alrededor de un territorio que puede mantener vida humana por sí misma), se ha esmerado por sentar derecho de propiedad financiando una base habitada de modo permanente invirtiendo millones de dólares. ¿La razón de la inversión?: una área de explotación equivalente a 400.000 kilómetros cuadrados, un territorio más grande que toda el área superficial de Japón. En el Atolón Okinotosishima, se construyeron espigones, muros de concreto y una base de investigación marina con helipuerto, con una inversión de 600 millones de dólares que además intenta resistir la subida del nivel del mar y la desaparición de los islotes. Una roca emerge en el Mar de China del Sur, y una bandera de Filipinas flamea aunque nadie la vea. Se llama Scarborough Shoal, un arrecife en un caso similar a nuestro anterior ejemplo japonés. Es apenas un grupo de islas que no superan los tres metros de altura y arrecifes en un atolón que conforma un banco de arena. La disputa es entre Filipinas, y República Popular de China, República de China (Taiwán). La isla más cercana se encuentra a unos 350 kilómetros al suroeste, en el conjunto de las Spratly. Las Islas Senkaku se encuentran en el extremo occidental de Japón, a 170 kilómetros al norte de la Isla Ishigaki, y a 186 kilómetros al noreste de Keelung, Taiwán. El conjunto de islas está bajo una disputa territorial entre Japón, China y Taiwán que ya se ha tomado unas décadas. De hecho, son fuente permanente de roces diplomáticos, especialmente con el gobierno Chino, que se declara responsable de su descubrimiento y control desde el siglo XIV como parte de sus territorio. Japón, por su parte, niega que exista una disputa de propiedad debido a que Japón siempre se refiere a las islas como parte integrante de su territorio. La población de la isla es nula, y en total, son cinco islas volcánicas, y tres peñones. Son un grupo de islas en el Mar del Japón, prácticamente inhabitables. Pero se cree que en su zona económica exclusiva podría haber yacimientos de gas natural. Quizás por ellos, tanto Japón, como Corea del Sur no se resignan a menos que incorporar las islas a su territorio. Habitado actualmente por dos residentes surcoreanos y una guardia de oficiales de la policía surcoreana, la disputa se ha renovado tras la reafirmación de soberanía por parte de Tokio en los últimos años. Las Rocas de Liancourt, de origen volcánico, tienen en su punto más alto 169 metros de altura, y en total suman 90 islotes y arrecifes. f

Corría el año de 1993, cuando el reportero gráfico de origen sudafricano, Kevin Carter, viajó a una aldea de Sudán y captó una imagen que se convirtió en el rostro del hambre en África. Carter comenzó su carrera en 1983, a los 23 años, en medio de una guerrilla civil en diversas poblaciones periféricas como Soweto. Era miembro de The Johannesburg Star. La instantánea que lo volvió famoso presentaba la imagen de un niño desnutrido tumbado en el suelo, acechado por un buitre. Tras mostrar la imagen al mundo, el fotógrafo fue severamente criticado por no haber hecho nada por el menor. Un año después de que la foto fuera publicada en The New York Times, Carter ganó el Pulitzer y se quitó la vida. Dieciocho años después de este suceso, los padres de Kong Nyong hablan sobre el tema y señalaron que su hijo sobrevivió a esa hambruna, pero que murió hace cuatro años por las altas fiebres que le causó una infección. Los padres del menor comentaron que Kong Nyong no cayó en las garras del buitre ni murió de hambre. De hecho, en la foto se puede ver que aquel bebé tenía una pulsera de plástico con la inscripción T3 que es la que usaba la ONU en los lugares donde asistía y alimentaba a niños desnutridos. Lo anterior, desmiente el mito de que el fotógrafo sudafricano había abandonado a su suerte al menor. Sobre la instantánea, varios especialistas opinaron que Carter manipuló la imagen, pues la sacó desde un ángulo que muestra al bebé bajo la mirada amenazadora del buitre, cuando probablemente esta animal se encontraba a una distancia superior a los 20 metros. Según narraron los fotógrafos españoles José María Arenzana y Luis Davilla, quienes tomaron fotos muy similares a la de Carter en la misma zona, el efecto se puede lograr utilizando un teleobjetivo. "Si tú tomas un teleobjetivo, aplastas la perspectiva con el niño en primer plano y de fondo los buitres y parece que se lo van a comer, pero eso es una absoluta patraña, quizá el animal esté a 20 metros", indicaron los reporteros. Por su parte, el reportero gráfico sudafricano João Silva, quien acompañó a Carter a Sudán, dio una versión similar a la de sus colegas españoles, durante una entrevista con el escritor y periodista Akio Fujiwara, misma que el japonés publicó en su libro Ehagaki ni sareta shōnen: El niño que se convirtió en postal. Según Silva, él y Carter viajaron a Sudán con autoridades de la O.N.U. y aterrizaron en la zona sur de Sudán el 11 de marzo de 1993. El personal de Naciones Unidas les dijo que despegarían de nuevo en unos 30 minutos, así que deambularon para hacer algunas fotos. Naciones Unidas comenzó a distribuir maíz y las mujeres del poblado salieron de sus chozas de madera hacia el avión. Silva fue a buscar guerrilleros, mientras que Carter no se alejó más que unos pocos metros del avión. Según Silva, Carter estaba sorprendido, pues era la primera vez que veía una situación real de hambruna, por lo que captó fotos de niños hambrientos. Los padres de los niños estaban ocupados recogiendo la comida del avión, por lo que se habían desentendido de momento de sus hijos. Esta era la situación del niño de la foto hecha por Carter. Un buitre se posó detrás. Para meterlos a ambos en cuadro, Carter se acercó muy despacio para no asustar al buitre, e hizo la foto desde unos 10 metros. Realizó varias tomas y el buitre se fue. La vida de Kevin Carter estuvo rodeada de altibajos. Testigos señalan que antes de su suicidio, ya había intentado quitarse la vida. También señalan que tenía problemas familiares y una personalidad desordenada; que era depresivo y tenía una vida caótica. Su muerte quedó registrada el 27 de julio de 1994: Carter llegó al río de Braamfontein Spruit, cerca de un área donde él jugaba de pequeño y se suicidó. El parte médico señaló intoxicación por monóxido de carbono. Tenía 33 años. En su nota de suicidio se puede leer lo siguiente: "Estoy deprimido, sin teléfono, dinero para el alquiler, dinero para la manutención de los hijos, dinero para las deudas. ¡Dinero! Estoy atormentado por los recuerdos vividos de los asesinatos y los cadáveres y la ira y el dolor... Del morir del hambre ó los niños heridos, de los locos del gatillo fácil, a menudo de la policía, de los asesinos verdugos."

En la década de los 50, Howard Hughes y Dick Powell tuvieron la idea de llevar a la pantalla grande las hazañas de Ghengis Khan, el elenco estuvo encabezado por John Wayne, Susan Hayward, Agnes Moorehead, Pedro Armendáriz, entre otros. Todo hacía suponer que la cinta sería un éxito, pues tenía la fórmula perfecta: un gran elenco, un productor con mucho dinero y una historia épica. Sin embargo, la cinta fue un rotundo fracaso e, incluso, está considerada como uno de los peores filmes de la década de los 50. No obstante, el fracaso no fue lo único que manchó a esta cinta. Años después, 91 personas que participaron en el filme desarrollaron cáncer y varios de ellos murieron. Los rumores comenzaron a circular y hubo quien dijo que la cinta fue objeto de una maldición, aunque la causa puede ser otra, y radica en que durante el rodaje se utilizaron locaciones que, posiblemente, tenían radiactividad en el ambiente. El rodaje se llevó a cabo en una zona contaminada por energía nuclear, lo que trajo terribles consecuencias para algunos miembros del equipo. Se observó que un alto porcentaje desarrolló cáncer más adelante, entre ellos el propio Wayne, Susan Hayward, Agnes Moorehead y el mexicano, Pedro Armendariz. Se emplearon como locaciones desiertos y planicies de Utah, que se encontraban cerca de lugares donde el ejército estadounidense hacía pruebas nucleares. De esta forma, la mayor parte del equipo se vio expuesto a la radiación. A partir de entonces, un numeroso grupo de personas que habían trabajado en la película desarrollaron un cáncer en las dos décadas siguientes. En total, 91 de los 220 miembros del rodaje contrajeron la enfermedad y la mitad de ellos murieron por la misma. Este número no incluye ni a los numerosos nativos americanos que participaron como extras. Pedro Armendariz. Fue diagnosticado con cáncer de riñón, y cuatro años después se suicidó con un balazo directo al corazón, con una pistola mágnum calibre .357. Dick Powell.El director de la cinta murió en enero de 1963 a causa de un linfoma, con 58 años de edad. John Wayne. En 1964 se le diagnosticó cáncer de pulmón, y fue sometido a una intervención quirúrgica para extraerle el pulmón izquierdo y dos costillas. Wayne falleció el 11 de junio de 1979 a causa de cáncer de estómago. Susan Hayward. Murió a la edad de 57 años en marzo de 1975, por complicaciones de una neumonía relacionada con el cáncer cerebral. Esto son algunos de los actores que perdieron la vida a causa del cáncer. Por otro lado, el hijo de John Wayne, Michael; el hermano de éste, Patrick; y el hijo de Hayward desarrollaron también diversos tipos de cáncer. Todos ellos estuvieron presentes durante la filmación.