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Primer post: 3 nov 2010Último post: 17 dic 2015
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Lo que soñamos (interesante)
InfoporAnónimo11/3/2010

El sueño y la realización de los deseos El sueño es un fenómeno psíquico especial y es el resultado de una compleja actividad intelectual mientras se duerme. Dice Freud: todos los sueños, todos, sin excepción alguna, todos cumplen una función: - Realizar los deseos de la persona que sueña "Sé desde luego que ante mi afirmación de que todo sueño es una realización de deseos, y que no existen, por tanto, sino sueños optativos, habrán de alzarse rotundas negativas” (pag. 177 La Interpretación de los sueños de Freud.) El contenido de los sueños puede ser muy diverso y causar sensaciones desagradables o agradables, el contenido puede ser doloroso, penoso, de terror, de reflexión, de ternura, de cuidados, de descansos, de excusas, de venganzas, etc., etc. Pero todos los sueños tienen una única finalidad: cumplir con nuestros deseos y realizarlos. Para demostrarlo Freud expone una serie de sueños. Presenta brevemente el contenido y las ideas asociadas al contenido que le han comentado los pacientes o sus propias asociaciones a sus propios sueños, los analiza y llega a interpretarlos, a darles significado. Sueños en los que no parece que exista ningún deseo explícito, o bien los hechos que se sueñan son tan desagradables que parece imposible que una persona sana desee realizar ese deseo que realiza en el sueño. Cuando algunos pacientes le comentan a Freud, a propósito de los sueños y la realización de los deseos en el sueño, y le dicen: este sueño que he soñado y que le voy a contar, no podrá decirme que realmente deseo hacer eso, realizar lo que he hecho, y Freud les contesta: que el contenido manifiesto no es el que expresa el deseo verdadero, lo que soñamos lo enmascaramos de tal manera que podamos ocultar a la concienca despierta nuestros propios deseos. Son deseos que no podemos manifestar, verbalizar o realizar, normalmente por cuestines morales y sociales, pero son tan deseados que necesitamos realizarlos y para eso utilizamos el sueño, para llevarlos a cabo. Es el contenido latente el que contiene el deseo verdadero, el contenido manifiesto, lo que recordamos al despertar, contiene el deseo pero tan oculto que al despertar no somos consciente de que hemos podido realizar el deseo que tanta necesidad nos crea y tanta energía mental gasta. Freud pone en su libro numerosos ejemplos de sueños que aparentemente no pueden considerarse que cumplan un deseo, o bien que el deseo que cumplen es horrible para la conciencia y por lo tanto no sería posible estando sanos soñarlo de esa manera. Entre los sueños que aporta, como ejemplos, para demostrar que en los sueños más extraños y en los más desagradables se cumple un deseo están: - el del sobrino muerto:El sueño del sobrino muerto (el nombre del sueño lo ponemos nosotros para faciltiar la lectura) representa un sueño de contenido penoso y doloroso. Es de una paciente que acude a Freud y le dice que después de escuchar el sueño que le va a contar, no podrá Freud volver a decir que todos los sueños realizan los deseos del que sueña. Y añade, a nos ser que usted crea que quiero asesinar a mi sobrino o que me alegro de que mi hermana pierda a su otro hijo. Contenido del sueño: sobrino muerto. Lo relatamos brevemente, está descrito con más detalles en la Interpretación de los sueños. La mujer que relata el sueño está apesadumbrada porque ha soñado que el hijo de su hermana, el único que le quedaba, había fallecido. Ella estaba en el sueño junto al ataud, y su sobrino dentro muerto, ella lo estaba velando. La mujer le recuerda a Freud, que en la realidad se había muerto hacia poco un hijo de su hermana, que era su sobrino preferido. En el sueño se muere el otro hijo, el único que le quedaba a su hermana. Entonces le pregunta a Freud, si es que cree que deseaba que se muriera el sobrino menos preferido, lo cual es una aberración por mucho que le duela la muerte del sobrino preferido, preferiría que no se hubiese muerto ninguno. También le pregunta a Freud, si cree que desea que su hermana se quede sin hijos, porque aunque a veces puedan tener sus peleas o diferencias no desea en ningún momento la muerte del hijo que le queda para verla sufrir. A partir de aquí, Freud destaca varias ideas del sueño que le aporta la paciente y reconstruye finalmente su significado. En el velatorio además de ella velando el cadáver del hijo de su hermana, se encuentra más gente, entre esa gente se encuentra un hombre que conoció en el entierro de su sobrino (el muerto real) y que le causó una impresión tan profunda que no ha podido olvidarlo, sabe que también acudirá al entierro que se realizará al dia siguiente, del nuevo sobrino muerto. Esa noticia la ha mantenido inmensamente alegre, sólo desea que llegue la hora del entierro para así ver a su amado, pero no puede demostrar su alegría en esos momentos y menos decir que espera que llegue la hora del entierro para ver al hombre del que se ha enamorado. Como tampoco le parece correcto contarlo a nadie en esas dolorosas circunstancias, tiene que callar aún cuando le consuma la necesidad de contarlo y de ver al hombre que la ha enamorado intensamente. El sueño es un adelanto de la alegría que tendrá al día siguiente al ver otra vez a su amado en el entierro del sobrino preferido, el muerto real. Y es ese el deseo que realiza al soñar: ver a su amado. La paciente confiesa avergonzada, que realmente es así aunque no pudiese imaginárselo, y también confiesa que se encuentra aliviada por la interpretación ya que estaba angustiada pensando en que soñaba que moría el otro sobrino. De esta manera Freud, no solamente explica cómo los deseos reales se ocultan en el sueño para poder realizarlos, sino además como al contarlos e interpretarlos el paciente siente alivio, ante sueños como ese que parecía que hablaban de un ser mostruoso que se alegraba de la muerte de su sobrino y también por poder expresar sus deseos y sentir alivio al no reprimirlos. - Otro ejemplo es el de una mujer, la cual al otro dia de haberle Freud comunicado que los sueños eran realizaciones de deseos, sueña que sale de viaje con su suegra para el punto en que habían acordado pasar juntas el verano. La mujer analizada por Freud le había contado a este que detestaba la presencia de su suegra. A tal punto, evitaba la presencia de su suegra, que había alquilado una casa de campo lo más alejada posible de la vivienda que le había alquilado para las vacaciones. Si los sueños son realizaciones de deseos, ¿como este sueño podía serlo si expresa exactamente el deseo contrario de la analizada? ¿Si la mujer detestaba a su suegra, el sueño, si es una realización de deseo como Freud aduce, no debería haber mostrado una escena diferente a la de suegra y nuera compartiendo un viaje? ¿Cuando la nuera deseaba vehementemente tener a su suegra lo más lejos posible no debería, el sueño, mostrar lo contrario? Este sueño esta contradiciendo claramente que los sueños sean realizaciones de deseos. Los pacientes son algo mañosos ¿no? No se les puede confiar una hermosa teoría que la deforman a su gusto. Si la nuera hubiera soñado, por ejemplo, que su suegra inicia un viaje que la hubiera alejada definitivamente de su vida, Freud tendría razón allí. Pero en cambio, la paciente soñó lo contrario. Soñó pasara un momento que pasaba pasa un buen momento agradable con su suegra. Y contra toda apuesta, Freud vuelve a estar en lo cierto!. El sueño buscaba contradecirlo, entonces, en este caso, ¡también tenia razón!. ¿Como? Si alguien afirma lo que Freud dice, Freud estará en lo correcto. Si alguien contradice a Freud, el énfasis del sueño ya no estará en el soñador si no en la relación con Freud. Y así, Freud estaría en lo cierto nuevamente. En ves de cuestionarse sobre si la teoría de realización de deseos es correcta, aunque solo sea sea sobre este caso, no duda ni un instante de su teoría. su teoría es perfecta, impecable, entonces le permite "deducir" las motivaciones, ahora sí inconscientes, de la mujer. Entonces "deduce" que la paciente desea que Freud este equivocado. ¿Lo ven lo taimados que son los analizados que desean que el compresivo analista se equivoque? ¡Tienen la osadía de ponerse a soñar cosas que dejarían mal parados a sus comprensivos analistas! link: http://www.youtube.com/watch?v=zfXTkEUWW3A&feature=related

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Los ojos de los pobres
Los ojos de los pobres
InfoporAnónimo11/17/2010

por Charles Baudelaire La ciudad aúna a los hombres. En la ciudad miramos y somos mirados. Nos exponemos a los otros. No hay posibilidad de evitarlo. Los otros se nos presentan como símbolos. Ante nuestros ojos vemos pasar seres humanos que trabajan, estudian, aman, odian y miran, como nosotros. La mayor parte de las ocasiones no nos detenemos a pensar en esto. Lo tomamos como parte de la realidad, una circunstancia más del devenir. Algunas veces, la mirada del otro nos atrapa y nos lleva a querer descifrar ese símbolo, adentrarnos en el misterio de la personalidad humana. Vencer la barrera del aislamiento, ese mecanismo de defensa que tanto se suele utilizar, es todo un desafío. Charles Baudelaire, uno de los denominados poetas malditos, relata un poderoso encuentro en Los ojos de los pobres, poema publicado en "El Spleen de París o Pequeños poemas en prosa"(1869). "¡Ah!, queréis saber por qué hoy os aborrezco. Más fácil os será comprenderlo, sin duda, que a mí explicároslo; porque sois, creo yo, el mejor ejemplo de impermeabilidad femenina que pueda encontrarse. Juntos pasamos un largo día, que me pareció corto. Nos habíamos hecho la promesa de que todos los pensamientos serían comunes para los dos, y nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada tiene de original, después de todo, a no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno. Al anochecer, un poco fatigada, quisisteis sentaros delante de un café nuevo que hacía esquina a un boulevar, nuevo, lleno todavía de cascotes y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. Centelleaba el café. El gas mismo desplegaba todo el ardor de un estreno, e iluminaba con todas sus fuerzas los muros cegadores de blancura, los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de las medias cañas y de las cornisas, los pajes de mejillas infladas arrastrados por los perros en traílla, las damas risueñas con el halcón posado en el puño, las ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles y caza; las Hebes y las Ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de jarabe o el obelisco bicolor de los helados con copete: la historia entera de la mitología puesta al servicio de la gula.Enfrente mismo de nosotros, en el arroyo, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacía de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso. Los ojos del padre decían: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del mísero mundo se hubiera colocado en esas paredes!» Los ojos del niño: «¡Qué hermoso!, ¡qué hermoso!; ¡pero es una casa donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros!» Los ojos del más chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo estúpido y profundo.Los cancioneros suelen decir que el placer vuelve al alma buena y ablanda los corazones. Por lo que a mí toca, la canción dijo bien aquella tarde. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Volvía yo los ojos hacia los vuestros, querido amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me sumergía en vuestros ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en vuestros ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijisteis: «¡Esa gente me está siendo insoportable con sus ojos tan abiertos como puertas cocheras! ¿Por qué no pedís al dueño del café que los haga alejarse?¡Tan difícil es entenderse, ángel querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!" MERRRRRRRRRRRRRRRRRR

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El vagabundo más rico de Buenos Aires
El vagabundo más rico de Buenos Aires
Apuntes Y MonografiasporAnónimo12/17/2015

Expulsados por un sistema que los excluye a diario de sus derechos, no tienen acceso a las necesidades básicas y son víctimas del maltrato de la sociedad. Según los números manejados por la organización Médicos del Mundo, aproximadamente 16.753 personas viven en situación de calle en Capital Federal. A simple vista, y a causa de sus vestimentas despintadas, los individuos que viven y duermen en las veredas porteñas me resultan similares unos a otros; algunos duermen en hospitales, estaciones de trenes o de subte, otros eligen un rincón debajo de la autopista o el interior de un banco. Pero son muchas las propiedades que diferencian a estas personas, porque detrás de cada uno de ellos se esconde una historia diferente, una razón que revela por qué la vida los dejó sin un techo. Andrés Balmaceda eligió hace nueve años una plaza de Palermo. Desde los 33 vive en situación de calle y ha pasado aproximadamente la mitad de su vida aprisionado por la pobreza y la desesperación. Pero su situación me da a entender que Andrés no es un “sin techo” más de los que pasan desapercibidos a los ojos de cada transeúnte. Desde hace cuatro años, un grupo de vecinos, y ahora amigos, decidieron comprarle una casa rodante estacionada en la misma plaza donde vivió los últimos años. Pero, ¿por qué a él?, ¿qué distingue a Andrés de los demás “sin techo”? Andrés me da la bienvenida. Con un beso en la mejilla y un recibimiento ameno saca su álbum fotográfico de adentro de la casa rodante, que ya no es rodante porque sus ruedas no están, quizás por evitar un robo, quizás porque no quiere irse. En las fotos lo puedo observar jugando al ajedrez con vecinos a un costado de todas las cosas con las que vivía, o vive, que eran y son muchísimas y que, seguramente, llamaban la atención de la gente, porque ocupaban gran parte de una vereda de Palermo. Por temor a los chaparrones, en aquel entonces, Andrés tapaba toda su ropa debajo de bolsas de nylon negras, o al menos eso es lo que alcanzo a ver en una de las imágenes, esas imágenes que detuvieron el tiempo hace 6 años en la misma plaza donde me encuentro parada. Me cuenta, como si contara un chiste porque lo hace risueño y con aire de suspenso, que sus vecinos buscaron en Mercado Libre una casa rodante para que pueda, de una vez por todas, dejar de vivir sin un techo. Con un panel solar que lo provee de luz, una radio interferida, una televisión que mide probablemente el tamaño de mi mano, y un espejo, que por sus rallones tanto no refleja, seguramente porque no pudo cuidarlo tanto como quiso, Andrés pasa las horas de su vida al orden de sus vecinos cada vez que lo necesitan. “Cada vecino le pedía que le arregle electrodomésticos, plancha, control remoto. Es muy habilidoso con las manos. Le faltan cuatro materias para ser ingeniero mecánico en la UTN” me cuenta Gabriel, uno de sus vecinos, y ahora amigos, sentado en un banco de piedra de la plaza desde donde vemos la casa rodante. En mi paso por la plaza, dispuesta a hallar una respuesta, me encuentro con muchos vecinos que al pasar saludan a Andrés agitando sus manos de lado a lado, creo que para no interrumpirnos. Sus gestos me agradan. Sonrisas en sus rostros delatan complicidad y me invitan a sonreír con ellos. No les extraña que yo esté entablando una conversación con él, porque Andrés es un vecino como todos ellos; tiene techo, estudios y, por lo visto, educación. Andrés es del palo. “Con el paso del tiempo empezamos a pedirle cosas: Andrés, ¿me arreglás este reloj?, Andrés, ¿me arreglás el control remoto?, Andrés, ¿me arreglás…? y siempre colaboró con todo el mundo”, me dice Alicia. Y todo el mundo colaboró con él, pienso con entusiasmo. “Me llamó la atención que un hombre que haya estado en esas condiciones tuviera la capacidad para jugar al ajedrez. Eso me cautivó. Después cuando lo conocí como persona me di cuenta que esa capacidad que tiene sobre el ajedrez está aplicada en toda su vida”, continúa su vecina. Luego de unas semanas volví a la plaza, pero esta vez no le advertí a Andrés acerca de mi llegada. Simplemente me senté en un banco de piedra donde no llegaba el sol, tampoco el alcance de sus ojos. No sé qué esperaba yo de esa mañana, quizás que el transcurso del día surja de forma natural, sin un "yo" que entorpezca la realidad, que corrompa el flujo de un día en la vida de Andrés. Sí, eso esperaba. Observé con curiosidad las personas que atravesaban la plaza. Ni siquiera miraban la casa rodante, y si lo hacían era siempre con naturalidad, como si ésta fuese parte de la manzana. Sin querer y de golpe, recordé aquel ombú histórico de Plaza Roma, ese que por gigante me hacía rememorar al "Rey León". Sus prominentes ramas, sus dimensiones colosales y su forma de refugio fueron taladas el año pasado, y quedaron a penas parte del tronco y las raíces, como si una parte del árbol quisiera que no lo olvidaran. La gente que corre alrededor de la plaza de Costa Rica y Medrano; los chicos que juegan cerca de Andrés, ese hombre que a diario los ve crecer; las mujeres que, de vez en cuando, precisan de su ayuda técnica; y todos esos vecinos y amigos que muchas veces se sientan a tomar mates con él; qué extraño será para todos ellos cuando ya no esté ahí. Descubrí, todavía sentada y observando con atención la plaza, que Andrés se había convertido en un gran Ombú; que cuando ya no respire, cuando ya no esté, su ausencia se va a notar para todos ellos, sus vecinos; que conformaba un antes y un después en la historia de todas estos individuos que lo saludan al salir y al llegar a sus casas, que se sienten confiados ante este gigante que es Andrés. De pronto, me encontré con que este hombre era realmente diferente a otras personas en situación de calle. No pienso que sea más importante, simplemente me agrada que sea capaz de recibir, pero también de dar a cambio, aunque admito que no muchos de ellos, los indigentes, tienen la posibilidad de hacerlo. Si existiera esa posibilidad, estoy segura de que habría muchos más “Andreses” dando vueltas. Lo noto agradecido a la vida y a la gente que lo llena de cariño a cada hora. Refunfuña cuando llueve y se enoja cuando pierde; es argentino, no lo dudo. Y probablemente no sea la vida que cualquier porteño sueña, y quizás no sea la vida que eligió, pero es la vida que le tocó, y decidió darle rienda con una sonrisa, enfrentando las adversidades que la vida a menudo le regala, pero siempre acompañado.

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