meditando
Usuario (India)

Meditación, la vía para ser más pacíficos y sanos Cada vez más personas encuentran tranquilidad y relajación a través de la práctica de la meditación grupal. Los expertos creen que puede servir para disminuir los niveles de violencia e incluso curar enfermedades. Un estado de atención concentrada. De plena conciencia. De trance o mente divina. Todo esto es la meditación. Y cada vez más personas se interesan y se acercan a centros y fundaciones para aprender a meditar y compartir su experiencia con los demás. Esta tendencia se confirma al observar los múltiples centros y organizaciones que se dedican a difundir la práctica, dictan talleres y cursos e incluso promocionan encuentros grupales, gratuitos y abiertos para todos. La Fundación El Arte de Vivir, por ejemplo, tiene centros en todo el país, en ciudades como Mendoza, Rosario, Ushuaia, Corrientes y San Juan, y casi 20 centros en Capital Federal y Gran Buenos Aires. En octubre, además, organizó por segundo año consecutivo una meditación masiva denominada América medita, en la que participaron simultáneamente miles de personas de 100 ciudades del mundo. En la Ciudad, la cita fue en el Planetario, en Palermo, y estuvieron presentes aproximadamente 10 mil personas. “Si observamos lo que ocurrió en América medita este año, podemos ver que cada vez más personas se acercan a la práctica de meditación. Entre el año pasado y éste, participó el triple de gente, fue un evento maravilloso. La gente estaba feliz y conmovida: no estamos acostumbrados a reunirnos para transmitir paz y silencio; por lo general, las convocatorias masivas son para fomentar cambios desde la queja. América medita fue diferente. La gente se acercó buscando un cambio profundo”, asegura Juan Mora y Araujo, instructor y vicepresidente de la Fundación. ¿Qué buscaban todas esas personas? “Meditar en grupo genera una sensación de pertenencia muy fuerte. Cuando miles de individuos que no se conocen se acercan para cerrar los ojos y contagiar paz, se genera una conexión muy fuerte entre todos. Los beneficios de la meditación se potencian y esa energía puede contagiar y transformar. E incluso se cree que los niveles de violencia pueden bajar mucho cuando las personas meditan en grupo”, responde. Apagar los pensamientos ¿Cómo podríamos definir la meditación? “Contrariamente a lo que solemos suponer, meditar no significa concentrarse o enfocar la atención sobre un problema o conflicto para poder obtener una solución, sino que es un estado en que se logran apagar los pensamientos conscientes de manera que podamos percibir fuentes de información más sutiles, es decir, acceder a niveles más profundos de nuestra mente”, dice Stella Maris Maruso, directora de la Fundación Salud, instructora de meditación y autora del libro “El laboratorio del alma”. “Meditar es el arte de no hacer –completa Araujo-. Muchas veces pensamos que meditar significa no pensar o tener la mente en blanco y cuando surgen pensamientos sentimos que no estamos meditando correctamente. En realidad, meditar es sencillamente poder sentarse, estar con lo que sucede y observar con los ojos cerrados. Hay que conectarse con la respiración, porque cada emoción está relacionada con un ritmo de inhalación y exhalación. Si uno descubre los secretos de su propia respiración, todo comienza a ser más fácil”. Con más de 5.000 años de historia, la práctica tiene múltiples beneficios: los expertos aseguran que difunde la paz y alegría, eleva el entusiasmo y despierta mayor creatividad. “En nuestro caso, la meditación se ha trasformado en la niña mimada de las herramientas, no sólo para aquellos que sufren una crisis severa o una enfermedad, sino también para quienes buscan evolucionar y están dispuestos a iniciar la aventura de su mundo interior”, explica Maris Maruso. La entidad asiste a personas que atraviesan crisis y les brinda un plan de salud personalizado, que apela a la meditación como el principal recurso. Esta elección se debe a que el estado de meditación se caracteriza por tener los mismos indicadores que el de relajación: reducción general de la velocidad del metabolismo, disminución de la presión sanguínea y del ritmo respiratorio y cardíaco, y ondas cerebrales más nítidas y lentas. Está demostrado que esto calma la mente, reduce los niveles de ansiedad y estrés y ayuda a salir de estados depresivos. Para Maris Maruso, esta espiritualidad permite transformar lo ordinario en extraordinario. “De esta forma -asegura-, todos podemos sanar nuestras vidas”.