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Mitos y realidades del aborto El aborto es una práctica que se realiza frecuentemente en Argentina - se estima que se hacen entre 350.000 y 500.000 al año - pero de la que se habla poco, tanto en público como en privado. Cuando se rompe este silencio y se abre la discusión, se escuchan una y otra vez diversas afirmaciones, con pretensiones de verdades científicas, acerca de las causas y consecuencias del aborto que, en realidad, sólo son mitos construidos desde el prejuicio y la falta de información. Con este folleto Mujeres al Oeste se propone contribuir a develar algunos de estos mitos, como aporte al debate racional y realista sobre el aborto en Argentina. MITO Si se legaliza el aborto, las mujeres se harán más abortos REALIDAD El índice de abortos no depende de su legalización, sino de otras condiciones como la disponibilidad de servicios de anticoncepción, el acceso a educación sexual adecuada para toda la población y la eliminación de las asimetrías de poder entre hombres y mujeres. Países donde se han desarrollado programas respetuosos de los derechos sexuales y reproductivos que incluyen la legalización del aborto, tienen tasas mucho más bajas de aborto que las estimadas en países donde éste es ilegal. Por ejemplo, en dos países donde el aborto es legal como Holanda y Canadá se realizan 0.53 y 1.20 abortos por cada 100 mujeres en edad reproductiva, respectivamente. En Argentina, donde está penalizado, se estima que se practican 5.35 abortos cada 100 mujeres en edad reproductiva. MITO Penalizar el aborto sirve para eliminar su práctica REALIDAD La penalización del aborto lleva a las mujeres a realizarlo clandestinamente en condiciones inseguras, provocando daños para su salud y su vida, pero no disminuye su práctica, tal como lo demuestran las siguientes cifras del ministerio de salud de Argentina: cada año son hospitalizadas alrededor de 70.000 mujeres por complicaciones en sus abortos (hemorragias e infecciones) y más del 30% de las muertes relacionadas con el proceso de gestación son resultado de complicaciones por abortos inseguros. MITO El aborto es siempre peligroso para la mujer REALIDAD El aborto integrado a un buen sistema de atención en salud, realizado por expertos/as dentro de los primeros meses de embarazo es un procedimiento sencillo y seguro. En los países donde el aborto es legal, la probabilidad que una mujer muera a consecuencia del mismo no es mayor a 1 de cada 100.000 abortos practicados , mientras que, en los países donde es ilegal, esa cifra se eleva a 70 por cada 100.000. En estos países las mujeres que no quieren continuar su embarazo recurren a abortos inseguros, que son aquellos abortos practicados por personas no calificadas y/o realizados en un ambiente carente de los estándares médicos mínimos necesarios, siendo esta situación la que genera riesgos para su vida y su salud. MITO El aborto causa trastornos psicológicos a las mujeres que recurren a él REALIDAD Hay estudios que demuestran que el negarle la realización de un aborto a una mujer cuando ella lo requiere por propia decisión le produce consecuencias negativas en su salud mental y agrava la condición de aquellas que padecen enfermedades mentales. La condición de ilegalidad, la clandestinidad consecuente, la soledad y el silencio en que se practican los abortos en Argentina son las causas principales de sufrimiento y/o de sentimientos de culpa para algunas mujeres. Aún en estas circunstancias otras muchas sienten un gran alivio cuando realizan un aborto de un embarazo no buscado o no planeado o producto de la violencia. También las decisiones de una mujer cuando queda embarazada sin desearlo o en circunstancias difíciles, son traumáticas y en ocasiones no se resuelven en mucho tiempo. Tal es caso del casamiento forzado, dar el hijo/a en adopción, o tener un hijo/a que en realidad no se puede criar. Esto genera, en la mayor parte de los casos, problemas psicológicos tanto para la mujer como para el/la niño/a, afectando, en consecuencia, negativamente a la sociedad. MITO Las mujeres que abortan son irresponsables y egoístas REALIDAD Tener un embarazo no es lo mismo que ser madre. Las mujeres que debido a cualquier tipo de razones deciden interrumpir un embarazo, lo hacen después de sopesar sus capacidades, sus deseos, sus posibilidades y concluir que en ese momento no pueden llevarlo adelante. Muchas de las razones por las cuales las mujeres recurren al aborto no son razones exclusivamente personales, sino más bien circunstancias sociales, culturales o económicas, como por ejemplo: cuando el embarazo es consecuencia de una violación, por falla, mal uso o falta de acceso a métodos anticonceptivos seguros, por falta de información sobre los anticonceptivos, debido a desconocimiento acerca del funcionamiento del propio cuerpo o porque no pueden alimentar a un hijo más debido a la falta de trabajo. MITO El aborto desaparecería si todas las personas utilizaran anticoncepción REALIDAD En la medida en que no hay un método anticonceptivo ciento por ciento eficaz - cada método tiene un porcentaje de falla aún correctamente utilizado - habrá embarazos no deseados o no planificados o inoportunos o no buscados. Debemos tener en cuenta también que muchos embarazos no deseados son producto de violaciones, incluidas las violaciones dentro del matrimonio. MITO La educación sexual incrementa los embarazos y el aborto en la adolescencia REALIDAD La educación sexual para los y las adolescentes es una buena estrategia de prevención de los embarazos no deseados y de las enfermedades de transmisión sexual (ETS). En 1997 de la revisión de 53 estudios que evaluaban programas específicos de educación sexual implementados alrededor del mundo se concluyó que dichos cursos ayudaban a retrasar el inicio de la actividad sexual, reducían el número de parejas sexuales y disminuían los porcentajes esperados de embarazos no planeados y de ETS. El negar información sobre sexualidad a los adolescentes no sólo es discriminatorio sino que los coloca en desventaja cuando llega el momento de manejar su vida sexual y reproductiva. MITO Las mujeres que abortan son jóvenes y solteras REALIDAD Diversas investigaciones realizadas en la mayoría de los países de la región han concluido que no existe un perfil de las mujeres que interrumpen un embarazo, pues pertenecen a todos los sectores socioeconómicos, niveles educativos, edades, religiones y situaciones de pareja. En Colombia el 54.5% de las mujeres que han abortado estaban casadas o unidas. En Santiago de Chile, la gran mayoría de las mujeres que abortan tienen entre 20 y 30 años, con uno o más hijos, sólo el 10% corresponde a mujeres entre 10 y 19 años. En Santo Domingo, República Dominicana, se encontró que el 79% de las mujeres que abortan están unidas o casadas, mientras que el 84% tiene hijos. MITO La mayoría de las religiones se oponen al aborto REALIDAD Casi todas las ramas del protestantismo y judaísmo conceden a la mujer el derecho al aborto. También el budismo y el hinduismo. Lo prohíben las religiones más patriarcales: la católica, la judía ortodoxa y algunos países islámicos, a pesar que el Corán lo permite en los primeros meses. Dentro de la mayoría de las religiones existen debates importantes sobre aspectos éticos y morales claves, incluido el aborto. Ocultadas por las afirmaciones antiaborto de algunos funcionarios religiosos se encuentran una diversidad de opiniones y una gran tolerancia hacia la práctica del aborto entre la mayoría de las personas que practican alguna religión. En Argentina el aborto es ilegal. La ley establece penas tanto para la mujer que se lo practica como para quien realiza el procedimiento (artículos 85, 86, 87 y 88 del Código Penal). La misma ley establece dos causas de excepción a estas penas: cuando el aborto se practica para "evitar un peligro para la vida o la salud" de la mujer o si el embarazo proviene de una violación de "una mujer idiota o demente" (artículo 86, incisos 1º y 2º del Código Penal). Estas dos excepciones en la práctica raramente se cumplen; en casi todos los casos que entran dentro de estos supuestos los médicos se niegan a practicar el aborto por sus propias creencias religiosas. El aborto ha sido la primera causa de muertes por gestación (muertes maternas) entre 1996 y 2001 (último año del que se disponen datos del Ministerio de Salud de la Nación). Las mujeres que mueren por realizar abortos inseguros son las que no tienen recursos económicos para practicarlos en el lucrativo circuito clandestino. La mayoría de ellas tienen entre 20 y 34 años de edad, están casadas o en pareja y tienen varios hijos. Este material, obra de un equipo de compañeras de Mujeres al Oeste, fue confeccionado a los fines de crear un folleto de difusión. Esta idea surgió tras una serie de talleres sobre el aborto que veníamos realizando desde el año 2003. El tratamiento intensivo del tema nos hizo llegar a diversas conclusiones, una de ellas, entonces, fue que dado el silencio existente alrededor de esta problemática muchas personas no pueden hacerse de una opinión crítica y racional sobre la misma . Y esto, como hemos expuesto con insistencia en este material, se ve negativamente reforzado por mitos e ideas infundadas, promovidas por sectores del poder a quienes, como consecuencia de su irracionalidad, les resulta indeseable prestarse al debate serio sobre esta cuestión. EL ABORTO LEGAL Y SEGURO ES UN DERECHO DE TODAS LAS MUJERES FUENTE Primero que nada, gracias a todos los que se tomaron el tiempo de opinar con razonamiento y argumentos, tratando de abrirle la cabeza a los que solo pasan a insultar y a discriminar, para que traten de entender un poco nuestra posición. También el top, nunca me imaginé que iba a tener tanta repercusión realmente, pero bienvenida sea! La información siempre es valiosa. Paso a dejar primero 2 mps, uno en contra y otro a favor del posteo. Después mi reflexión para otros mps y comentarios que me tratan prácticamente de genocida de bebés. A favor En contra (sé que hay posturas más centradas y mejor argumentadas con las cuales se puede debatir, sólo quiero demostrar la posición de la Institución que impide la divulgación de información y anticonceptivos) Respeto todas las opiniones y las tengo en cuenta, pero este mensaje es insostenible por donde se lo mire. Nadie está incitando a la gente a que vaya a abortar, es bastante ingenuo pensar que eso sucedería, como se desmitifica en el primer punto del posteo. Cuando despenalizaron la marihuana los que no fumábamos no fuimos a correr a comprar un porro, es sentido común, es una decisión personal en el que el Estado debería brindar apoyo y no persecución. Lo ideal sería que tengamos una Ley de Educación Sexual real, en este momento no se cumple en ningún lado, y es vital para el uso de anticonceptivos, para concientizar sobre su uso, para prevenir embarazos no deseados y Enfermedades de Transmisión Sexual. Como todos sabemos (y los que dicen que no, mienten) los que menos informados están, son los que más muertes sufren en abortos clandestinos, algunos dicen "si quieren hacerlo sin forro, que se banquen la que se viene", son adolescentes que no tienen escolaridad, y si la tienen, ya sabemos como se maneja la educación, no todos saben que en los hospitales se entregan preservativos u otros métodos anticonceptivos. Vamos a ser más directos, los únicos que pierden sin una Ley de Aborto son los pobres. A largo plazo la Educación Sexual reducirá los abortos por este tipo de embarazos no deseados, pero a corto plazo hay que encargarse de las mujeres que están muriendo ahora. La adopción no siempre es una alternativa, digo esto porque la desesperación que genera enterarse de un embarazo no deseado acaba con consecuencias trágicas, acciones casi suicidas, que parece que nadie se pone a pensar. Se toman la adopción como un paquete que se entrega y listo, y (como me contó alguien por mp), trae muchos problemas, no es algo para nada fácil, ni para la familia que lo da, ni para el bebé, hay menos controles de los necesarios, no se maneja como se debería, se oculta la identidad en muchos casos, etc. Tengo familiares médicos, para ser más exacto, del Hospital Posadas (el más grande del país si no me equivoco, así que resulta representativo para esta discusión), y realmente es tristísimo escuchar que hay chicas que se ponen una tijera en la vagina para abortar, para colmo al mismo tiempo leer comentarios de personas egoístas diciendo "que se jodan". La principal función que cumpliría una ley como esta es igualar a los ricos y a los pobres ante el derecho, brindarles salud tengan o no plata, ya que como todos sabemos, las que lo pueden pagar nunca mueren desangradas o infectadas por mala praxis. Habrá que determinar, debatir, discutir científicamente el momento en que un feto comienza a considerarse una persona, dejar el catolicismo de lado, dejar que sigan permitiendo más muertes, que es la principal causa en mujeres, y a largo plazo que la Educación Sexual (a la que también se opone la Iglesia), haga lo que hoy le debe a la sociedad, que haya igualdad de acceso a este tipo de información que no puede esperar más. Casi todos tenemos casos cercanos de gente que se ha realizado abortos y no es algo feliz, acá nadie está defendiendo su práctica, pero es necesario refutar que no es una cuestión de irresponsabilidad. El cuerpo es de la mujer, no de la Iglesia, ni de los hombres, ni de otra mujer. Hay una frase que dice que si el Papa fuera mujer, el aborto sería legal, y estoy totalmente de acuerdo. Para terminar, propongo un pequeño razonamiento. Supongamos que hay un 50% a favor y 50 en contra a la Ley de interrupción del embarazo. ¿En qué perjudica esto al 50% opositor a la ley, si ellos nunca van a hacer uso de la misma? Lo único que hará es reducir muertes dolorosas y clasistas. Nada más, gracias por leer. PD: Dejo los mps de los novatos que piden expresamente publicarlos. ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ Gracias... no revelo tu usuario sino te suspenderían (¿juntahongo?). ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ ------------------------------------------------:------------------------------------------------ Proyecto de Ley enviado al Congreso de la Nación
Madrid - 14/10/2009 Un estudio alerta del abandono de la investigación sobre anticonceptivos por las farmacéuticas Los abortos que se realizan en condiciones de inseguridad causan la muerte a unas 70.000 mujeres al año. La mayoría, en los países cuya legislación en este ámbito es más restrictiva. Éstos son los resultados de un informe del Instituto Guttmacher, El aborto a nivel mundial: una década de progreso desigual, que contempla que aparte de las muertes son muchas más las que sufren daños graves para su salud. El informe recoge que el número de abortos ha caído, de 45,5 millones en 1995 a 41,6 en 2003. Sin embargo, no lo han hecho los abortos clandestinos (de 19,9 a 19,7 millones), que se dan principalmente en países menos desarrollados y con leyes más restrictivas, donde recogen que vive el 40% de las mujeres. El informe recoge la necesidad de prevenir, ya que los países donde ha aumentado el uso del preservativo han descendido los abortos. Pero el acceso a los anticonceptivos aún es complicado, sólo el 28% de las casadas los usa en África. El Instituto Guttmacher alerta de la caída de la financiación de anticonceptivos de los países ricos a los más pobres y el abandono de la investigación por parte de las farmacéuticas para encontrar métodos alternativos al preservativo. La normativa relativa a la interrupción voluntaria del embarazo se ha liberalizado en los últimos años según el Instituto (19 países han eliminado sus restricciones desde 1997), aunque hay otros, como Polonia, El Salvador y Nicaragua, que la han endurecido. En Nicaragua, que lo ha prohibido, han aumentado las muertes por abortos clandestinos y suicidios adolescentes. FUENTE
El informe evalúa niveles de democracia, inestabilidad política, corrupción pública, educación, bienestar material, criminalidad y respeto de los derechos humanos, entre otros indicadores, en 144 naciones Las agencias internacionales de noticias han destacado esta semana la publicación, por tercer año consecutivo, del Índice Global de Paz (IGP). El informe fue presentado en Londres por el Instituto de Economía y Paz, y revela que la crisis económica capitalista mundial ha incrementado los conflictos violentos, la inestabilidad política y la violación de los derechos humanos en la mayoría de los países. "Existe una correlación clara entre la crisis económica y el deterioro de la situación de paz", señaló Clyde McConaghy, del Instituto de Economía y Paz, al dar a conocer las cifras del estudio. Otras causas incluyen el recrudecimiento de conflictos violentos en algunos países y las consecuencias de la disparada del precio de alimentos y combustible en 2008 (Agencia IPS, 03-06-2009). El Índice Global de Paz 2009, que también se presentó este viernes 5 de junio en la sede de la ONU en Nueva York, evalúa 23 indicadores cualitativos y cuantitativos en 144 naciones, entre ellos: niveles de democracia, inestabilidad política, corrupción pública, educación, bienestar material, criminalidad y respeto de los derechos humanos. Los países considerados con más paz y estabilidad son: Nueva Zelanda, en el puesto Nº 1, seguido de Dinamarca, Noruega, Islandia (que el año 2008 ocupaba el primer lugar) y Austria. Los últimos del ranking son cuatro países muy relacionados con las políticas de Estados Unidos: Irak, en el lugar 144, Afganistán (143), Somalia (142) e Israel (141); antecedidos de Sudán (140). En el continente americano el primer lugar lo ocupa Chile y el último es Colombia. A pesar de que el IGP está orientado fundamentalmente a mostrar la relación entre la prosperidad económica y la paz, según parámetros políticos, culturales, sociales y económicos de la sociedad occidental representativa, el informe no puede ocultar el deterioro que sufre la mayoría de los países en medio de la actual crisis capitalista. Pero un dato que no mencionan los grandes medios de difusión de noticias es que, aún con algunos de esos indicadores sesgados y adoptados a conveniencia, el Índice Global de Paz 2009 evidencia que Cuba es mejor país que Estados Unidos. La isla caribeña ocupa el lugar 68, mientras que el gigante norteamericano se ubica en puesto 83 del ranking. Con todo y que en el estudio se incluyen criterios subjetivos como libertad de prensa, pluralismo político, bienestar económico, libertad del sector privado, importancia de la religión, respeto a los derechos humanos; Cuba supera claramente a Estados Unidos. Esta diferencia resulta más valiosa si observamos que en la evaluación participan destacadas organizaciones, analistas y personajes que nadie puede acusar de comunistas o socialistas, como Amnistía Internacional, la Universidad de Columbia, los empresarios de transnacionales Richard Branson, George Russell y Ted Turner (fundador de CNN). Y también el premio Nobel de la Paz, el Arzobispo Desmond Tutu; el dirigente religioso Dalai Lama; el ex presidente estadounidense Jimmy Carter y el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan. El informe muestra algunas cifras interesantes. Los indicadores “Participación política” y “Cultura política” es el doble de positivo para Estados Unidos respecto a Cuba, aunque en EEUU sólo participa en las elecciones 60% de los votantes -sin mencionar que nunca vota 25% de no inscritos-, mientras que en Cuba participa 96% de todos los electores, además de los debates y asambleas populares. En Cuba realizan elecciones al Parlamento Nacional cada cinco años y a los gobiernos locales cada 2 a 3 años, y se ejerce el derecho a votar desde los 16 años de edad, con ínfima abstención. Otro dato de participación política. El porcentaje de mujeres en el parlamento de EEUU es 17%; en Nueva Zelanda, país que ocupa el primer lugar del IGP, es 34%; en Cuba es 43%. La “Percepción de criminalidad en la sociedad” es un indicador que, extrañamente, es igual en Nueva Zelanda (país mejor ubicado), en EEUU y en Cuba. Es conocido que en EEUU la ola de crímenes es alarmante, no así en Nueva Zelanda y en Cuba. Sin embargo, el informe reconoce que el “Nivel de crímenes violentos” es mayor en Nueva Zelanda y en EEUU, que en Cuba. En “Respeto a los derechos humanos”, según el IGP, EEUU y Cuba están en el mismo rango. Es decir, que si alguien condena a Cuba en este aspecto también debería condenar a los Estados Unidos. Por supuesto, los criterios para definir tal respeto son muy distintos a la realidad. Como señalamos, Nueva Zelanda ocupa el lugar Nº 1 del estudio como mejor país, pero en personas alfabetizadas Cuba (99,8%) supera ligeramente sus indicadores y los de EEUU. También son mejores los indicadores de Cuba en mortalidad infantil, apenas 5,0 por 1.000 nacidos vivos; en desempleo (1,6%) y en el Coeficiente de Gini (30). En los tres países la expectativa de vida es muy similar: Nueva Zelanda 79,9 años; EEUU 77,8 años; y Cuba 78,0 años. Un dato más. La tasa de escolaridad primaria es 96,6% en Cuba y sólo 91,6% en Estados Unidos. Para toda consideración de este informe tan publicitado, es preciso saber que el Índice Global de Paz es calculado por una red mundial de analistas de países, ONG y personajes que realizan ese trabajo para el Instituto de Economía y Paz, un centro de estudio dedicado a examinar la relación entre el desarrollo económico, el sector privado y la paz. Fuente

22 de julio de 2009 Por Ximena Peña Colombia, el país más desigual de la región Colombia ha tenido unos altísimos niveles de desigualdad en el ingreso. Al describir la desigualdad Colombiana, con frecuencia se oía: ‘Tenemos la segunda desigualdad más alta de América Latina, después de Brasil’. Sin embargo, como Brasil ha logrado disminuir este indicador sustancialmente, Colombia hoy en día es tristemente célebre por ser el país más desigual de América Latina. Según datos del último anuario estadístico de la CEPAL, el coeficiente de Gini urbano para Colombia es 0.587 y el de Brasil 0.579 (bajó desde 0.625 en 2004). ¿Cómo puede ser que Colombia tenga niveles de desigualdad similares a Sur África, un país que hasta hace poco era el epítome de la segregación? ¿Qué estamos haciendo mal? Algunos analistas sugieren que la disminución de la desigualdad en Brasil se debe a la conjunción de mejoras en el acceso a educación, reducción del tamaño del hogar y transferencias del gobierno del estilo de Familias en Acción ( ). ¿Qué sabemos en Colombia? Amador (2008) simula el efecto de implementar diferentes políticas educativas sobre la distribución del ingreso. Los resultados sugieren que garantizar educación secundaria es una herramienta poderosa para disminuir la desigualdad, mientras que aumentar la cobertura de terciaria de manera aislada aumenta la desigualdad. Sin embargo, la política educativa no es la única herramienta con la que contaría un gobierno interesado en disminuir la desigualdad. Por ejemplo, Raquel Bernal escribió la semana pasada sobre infancia temprana. En cualquier caso, disminuir la desigualdad debería ser un tema de primer orden en la agenda económica y social de mediano plazo del gobierno. Queremos un país con paz y bienestar económico. Esto difícilmente sucederá mientras una parte sustancial de la población, atrapada y rezagada, se queda viendo a la cola superior desarrollarse y vivir en nichos parecidos al primer mundo. FUENTE
Breve reseña de su estado de situación actual Las islas Malvinas son un archipiélago ubicado en el mar Argentino, en el océano Atlántico Sur, a una distancia mínima de la Patagonia de 480 km. En la actualidad las islas constituyen un territorio en disputa reconocido de esta manera por la resolución 2065 de la ONU. A pesar de ello en la carta de la Unión Europea han sido unilateralmente inscriptas como territorio británico de ultramar, siendo reclamadas por la República Argentina desde que el Reino Unido tomara posesión de ellas en 1833. Pasando a la parte que nos importa, encontré esto... Las Malvinas en posesión argentina (1820-1833) Tras la partida de las tropas españolas, las islas quedaron despobladas. En los años siguientes fueron esporádicamente visitadas por foqueros y balleneros de diversas nacionalidades, que se limitaron a buscar refugio y víveres. El 25 de mayo de 1810 comenzó en lo fáctico la existencia de la Argentina independiente. Su primer gobierno, la Primera Junta, atendió los reclamos del hasta entonces comandante militar español en Malvinas, Gerardo Bordas, que en vez de dirigirse al virrey español, hizo petición al primer gobierno argentino, que le erogó los sueldos reclamados. La Argentina proclamó oficialmente la independencia de la corona de España y "de toda otra dominación extranjera"en 1816, asumiendo la soberanía de las islas como legado de la corona Española, bajo el principio de uti possidetis. Este axioma definía, según los juristas de las naciones independizadas, la soberanía territorial en base a los antiguos límites administrativos coloniales de las respectivas metrópolis.La mayoría de los juristas europeos y estadounidenses, en cambio, no aceptan este principio. Toma de posesión y poblamiento En 1820 el gobierno de las Provincias Unidas tomó posesión formal de las islas enviando a la fragata Heroína al mando del coronel de origen estadounidense David Jewett. Éste dio cumplimiento a las órdenes recibidas en un acto solemne el 6 de noviembre de 1820. Dado que el área estaba siendo ilegalmente explotada por balleneros provenientes en su mayoría del Reino Unido y de los Estados Unidos, la declaración que leyó estaba preparada en español e inglés; esta última versión había sido legalizada por el cónsul británico en Buenos Aires. A bordo de esta nave llegó a las islas la primera representación del gobierno argentino para establecer una colonia basada en penales; el primer gobernador de las islas fue Pablo Areguatí, quien llegó en 1823. Además se informaba a los buques extranjeros de la zona sobre la prohibición de pescar y cazar en las aguas jurisdiccionales argentinas; la violación de esta normativa implicaba que los infractores serían enviados a Buenos Aires para ser juzgados. La noticia de la toma de posesión por la Argentina se difundió por el mundo, siendo publicada en España y en los Estados Unidos en agosto de 1821. Sin embargo este hecho no generó protesta alguna por parte de Gran Bretaña. Tampoco esgrimió ninguna objeción al firmarse el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con las Provincias Unidas en 1825, ni al reconocer la independencia argentina. El gobierno concedió al mismo tiempo a la sociedad compuesta por Jorge Pacheco y Luis Vernet (nacido en Hamburgo, de familia francesa y naturalizado argentino), el derecho a pesca y a la explotación de ganado vacuno en la Isla Soledad. Tras un primer intento fallido, Vernet fundó en 1826 el primer establecimiento permanente de las Provincias Unidas en el archipiélago; sobre los restos de la antigua población fundó Puerto Luis. El gobierno argentino extendió la concesión a Pacheco y Vernet, otorgándoles el derecho exclusivo de caza y pesca en las aguas adyacentes a las islas. El 10 de junio de 1829 Vernet fue nombrado Comandante Político y Militar del archipiélago; fomentó la instalación de granjas, impulsó el negocio entre las islas y también mejoró los lazos que las unían a la Argentina continental. En 1830 nacieron en el archipiélago los primeros seres humanos malvinenses, todos argentinos, y entre ellos una hija del propio Luis Vernet: Malvina Vernet Sáez, nacida el 5 de febrero de 1830. Invasión británica En agosto de 1832 el Primer Ministro inglés, lord Palmerston, por sugerencia del Almirantazgo, ordenó enviar al contraalmirante Thomas Baker jefe de la estación naval sudamericana la orden de retomar el control de la corona sobre el archipiélago. El 20 de diciembre de 1832 arribó a Puerto Egmont la corbeta HMS Clio. El capitán John Onslow tomó posesión formal y su tripulación se abocó a reparar las ruinas del fuerte. Unos días más tarde la nave ancló frente a Puerto Soledad. El comandante Onslow informó a Pinedo que se disponía a tomar la isla, y le ordenó que arriara la bandera argentina al día siguiente: Debo informaros que he recibido órdenes de S.E. el Comandante en Jefe de las fuerzas navales de S.M.B., estacionadas en América del Sur, para hacer efectivo el derecho de soberanía de S.M.B. sobre las Islas Malvinas. Siendo mi intención izar mañana el pabellón de la Gran Bretaña en el territorio, os pido tengais a bien arriar el vuestro y retirar vuestras fuerzas con todos los objetos pertenecientes a vuestro gobierno. Soy, Señor, vuestro humilde y muy obediente servidor. Pinedo estaba en inferioridad de condiciones: contaba con un buque de capacidad bélica mucho menor, y la mayoría de su tripulación era de origen inglés. La legislación británica contemplaba el delito de alta traición para los nativos de ese país que se alzaran contra la corona. La mayoría de los hombres dijo estar dispuesta a combatir, pero la resistencia fue insuficiente. Los ingleses desembarcaron en la mañana del 3 de enero de 1833; primero izaron su bandera y luego arriaron la argentina. Dos días después Pinedo abandonó las islas a bordo de la Sarandí llevando consigo a un grupo relativamente numeroso de colonos rioplatenses. Las Malvinas en posesión británica (1833-abril 1982) Protestas diplomáticas argentinas Inmediatamente luego de la invasión británica se estableció entre ambas naciones un patrón de argumentaciones diplomáticas que se extendería casi sin variaciones hasta la fecha actual. El 17 de junio de 1833 Manuel Moreno, enviado argentino ante el gobierno del Reino Unido, presentó la protesta formal en un largo documento escrito en inglés y en francés. La Protesta, como generalmente se conoce al texto, repetía en su substancia los fundamentos ya enunciados en el decreto de nombramiento de Vernet: dado que la innegable soberanía española sobre las islas había cesado debido a la independencia de sus territorios en América, las Provincias Unidas del Río de la Plata, como nueva nación independiente y reconocida por Gran Bretaña y otros estados, la había sucedido en los derechos sobre la jurisdicción de los mares del sur. Gran Bretaña, por lo tanto, quedaba excluida del asunto, y no tenía derecho a reclamo alguno. La respuesta británica llegó seis meses más tarde. En carta de lord Palmerston, el gobierno inglés reiteraba la no extinción de los derechos anglosajones sobre las islas, fundamentados en el restablecimiento del asentamiento de Port Egmont en 1771. Alegaba que el posterior abandono de la base se había debido a cuestiones "de austeridad" y no de renunciamiento, como "atestiguaba" la placa de plomo oportunamente fijada por los marinos ingleses al retirarse. El gobierno argentino calificó la respuesta de Palmerston como insatisfactoria, por lo que Moreno volvió a protestar el 29 de diciembre, sin obtener respuesta del Foreign Office. La política exterior de Juan Manuel de Rosas, en aquellos años a cargo del poder ejecutivo, era proclive a restaurar relaciones de amistad. En 1838 Moreno fue despachado nuevamente a Londres con el fin de tantear los ánimos sobre la eventual e hipotética posibilidad de ceder los derechos argentinos sobre las Malvinas con la condición de que la deuda remanente del préstamo de la Baring Brothers de 1824 fuera cancelada por el gobierno británico. La gestión tuvo resultado negativo. Asimismo, y a pesar de la oficial interrupción de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, recurrió en 1839 al ministro plenipotenciario en Washington, Carlos María de Alvear, quien mantuvo una entrevista de carácter especial con el secretario de Estado John Forsyth: el gobierno norteamericano se mantenía ajeno a la cuestión de soberanía, limitándose a apoyar el accionar de la Lexington, pero "sin que ello hubiera tenido la menor intención ni el deseo de hacer el más mínimo ultraje al gobierno ni a la Nación Argentina". Poblamiento En 1839 un mercader británico llamado G. T. Whittington fundó la Falkland Islands Commercial Fishery and Agricultural Association y comenzó a ejercer presión sobre el gobierno de Su Majestad a fin de obtener permisos de explotación en las islas. Presentó ante las autoridades inglesas una petición firmada por un centenar de comerciantes londinenses, en la que demandaba que se discutiera en forma pública el futuro económico del archipiélago. En abril de 1840 escribió al secretario colonial, lord Rusell, proponiendo a su compañía como pionera de una eventual colonia.[cita requerida] En octubre de ese año, sin que tuviera noticias del gobierno sobre el estado de su petición, Whittington despachó a su hermano con dos barcos que llevaban colonos y materiales. Arribaron en Puerto Luis en enero del año siguiente. J. B. Whittington exigió que se le otorgaran las tierras que su hermano alegaba haber comprado de Vernet. Tyssen, por entonces la máxima autoridad, respondió que no había recibido instrucciones de Londres sobre el particular, pero no pudo impedir que los pioneros se asentaran. Whittington lo hizo en Puerto Luis, en donde construyó una casa de nueve habitaciones y estableció un saladero de pescado en el mismo lugar donde Vernet había instalado el suyo. En octubre de 1841 arribó el primer gobernador de las islas, el teniente Richard Clement Moody, a bordo de la HMS Hebe. Viajaban con él doce mineros y sus familias, dispuestos a asentarse en Malvinas; la colonia de Anson's Harbour contaba ya con unas cincuenta personas. Un año después lord Edward Smith Stanley, secretario colonial de Estado, instruyó a Moody para que investigara el potencial del área del actual Puerto Williams como lugar de asentamiento humano. El gobernador asignó la tarea al capitán James Clark Ross, líder de la famosa expedición antártica. En 1843 Ross elevó un informe en el que sostenía que, en efecto, Puerto Williams podría funcionar como base para naves de gran calado, y que las costas desde el actual Puerto Jackson hacia el sur eran adecuadas para la construcción de caseríos, debido a su ubicación protegida de los vientos, disponibilidad de agua dulce y abundancia de turba. Los trabajos comenzaron en julio de 1843; el 18 de ese mes el gobernador Moody bautizó el poblado como Puerto Stanley. En 1845 se establecieron los principales órganos de gobierno colonial: el Consejo Legislativo y el Consejo Ejecutivo; tres años después se asignaron los cargos administrativos correspondientes. Para 1846 ya estaban construidas unas treinta casas prefabricadas de madera para 164 residentes, junto con una carpintería y una herrería. La mayoría de los colonos se trasladaron al nuevo puerto, que creció rápidamente hasta alcanzar los 200 habitantes en 1849. Ese mismo año arribaron treinta familias para distribuirse entre la guarnición permanente y el destacamento policial. Reemplazaron a los mineros y zapadores que habían servido como fuerzas de orden desde 1842 a 1849. A fines de ampliar el cuerpo de policía, en 1857 se reclutaron varios civiles, y al año siguiente la guarnición fue reforzada con un grupo de 35 marines, formando la Falkland Islands Garrison Company, que continuó expandiéndose con sucesivos envíos de personal desde la metrópoli. Discusiones sobre soberanía A principios de 1976 había gobiernos nuevos en ambos países: un golpe de Estado en Argentina había puesto en la presidencia a Jorge Rafael Videla, mientras que en Gran Bretaña había asumido el laborista James Callaghan. Las flamantes autoridades intentaron devolver las relaciones a su cauce normal, mediante una serie de conversaciones secretas de agenda abierta que se realizaron en ambas capitales. El gobierno argentino presentó una propuesta escrita a su par británico en la que diseñaba un traspaso progresivo de soberanía de las islas, que contemplaba una primera etapa de administración conjunta, de ocho años de duración, seguida del traspaso pleno de la administración a la Argentina. Movido por el interés de acceder a créditos financieros del Reino Unido, el ministro de economía argentino, José Alfredo Martínez de Hoz, enfatizó la necesidad de lograr acuerdos de cooperación y dejar la presión confrontadora de lado. Encontró una fuerte oposición en la cancillería argentina, que logró finalmente imponerse. En el ámbito de las Naciones Unidas existía para entonces un generalizado apoyo a la causa argentina, al que se sumaba la preocupación por las posibles consecuencias del accionar de Londres: el 1º de diciembre la Asamblea General aprobó la resolución 3149 (XXXI), por 102 votos a favor, el Reino Unido en contra, y 32 abstenciones, que reconocía: (...) los continuos esfuerzos realizados por el Gobierno de la Argentina, conforme a las decisiones pertinentes de la Asamblea General, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las Islas. Monumento a los caídos, en Quequén. El "Gran" Diario Argentino Las Malvinas en posesión argentina (abril-junio de 1982) A principio de la década de 1980, el modelo económico de la junta militar que gobernaba la Argentina entró en crisis, lo cual tuvo consecuencias negativas en el ámbito social interno. El 90% de inflación anual, la profunda recesión, la mayor carga tributaria, el brusco aumento del endeudamiento externo de lps sectores público y privado, la continua depreciación del salario real con el aumento de la pobreza resultante, etc., minaron la popularidad gubernamental. A fin de recuperar oxígeno interno y en base a premisas geopolíticas erróneas, el ejecutivo organizó la reocupación militar de las Malvinas. Además de estos motivos, los analistas afirman que la reocupación argentina se debió también a un equívoco en la interpretación de las acciones británicas de desarme y relegación de la ciudadanía de los isleños a un rango menor: la junta militar no esperaba una reacción armada del Reino Unido, como atestigua el hecho de que nunca se diseñó un plan de contingencia para ello. Como parte de una escalada ofensiva en múltiples planos, fuerzas argentinas recuperaron el control de las islas el 2 de abril de 1982. El declinante gobierno inglés de Margaret Thatcher, tras una etapa de confusión inicial, consiguió imponer un discurso de orgullo patriótico en las masas y reaccionó enérgicamente, logrando el pleno apoyo de la Comunidad Económica Europea, la OTAN, el Commonwealth y, parcialmente, de la ONU. El 7 de abril estableció una Zona de Exclusión Militar de 200 millas de radio con centro en latitud 51° 40' S y longitud 59° 39' O, sobre el estrecho de San Carlos. Reunió además una masiva fuerza expedicionaria —la mayor desde la Segunda Guerra Mundial— que tomó rumbo hacia el archipiélago; mientras tanto ambos gobiernos se enfrascaron en febriles reuniones diplomáticas organizadas por el secretario de Estado de EE.UU., Alexander Haig, por el presidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry, y por el secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar. Estos intentos de mediación fracasaron, y Estados Unidos pasó a asistir militarmente al Reino Unido, otorgándole acceso a armamento e información de inteligencia avanzados. La armada británica desembarcó seis semanas más tarde y después de duros combates forzó la rendición argentina el 14 de junio de 1982. Las Malvinas en posesión británica (junio de 1982-presente) La derrota argentina aceleró la caída del régimen militar de facto. El gobierno británico prohibió el ingreso a las islas de civiles con pasaporte argentino. El 22 de junio de 1982 la Comunidad Económica Europea anuló la prohibición a las importaciones argentinas. El 23 de julio de 1982 el Reino Unido modificó el alcance de la Zona de Exclusión Militar, reduciéndola en 50 millas náuticas radiales y rebautizándola como Zona de Protección de las Islas Malvinas. A mediados de septiembre la Argentina y el Reino Unido levantaron bilateralmente las sanciones financieras que mutuamente se habían aplicado. La Asamblea General de las Naciones Unidas emitió una resolución urgiendo a las partes a reanudar las conversaciones para resolver el litigio. Por primera vez Estados Unidos votó a favor de estos lineamientos, intentando enmendar sus relaciones con Latinoamérica, deterioradas por su apoyo concreto al lado británico durante el conflicto armado. El Reino Unido criticó el voto estadounidense y no cambió su postura, argumentando que el rearme y recomposición encarados por las fuerzas armadas argentinas —que sin embargo incluía equipamiento británico[ — demostraban que el país estaba dispuesto a "un segundo round". Margaret Thatcher justificó su negativa al diálogo: (...) no negociaré con la Argentina. Estamos seguros de nuestros títulos de soberanía. En mayo de 1983 el gobierno británico propuso a la Argentina restablecer los vuelos comerciales entre los dos países que se habían suspendido en junio de 1982, y acordar sobre el traslado de los restos de los caídos al continente. El gobierno argentino se negó a estos ofrecimientos, manteniéndose en su tradicional postura de que todos los aspectos de la disputa deberían discutirse simultáneamente junto con el de la soberanía. La ruptura de relaciones fomentó la aparición de grupos de diálogo informales, constituidos por sectores académicos, religiosos, empresariales y parlamentarios de ambos países. En 1983 se estableció en Londres el Consejo del Atlántico Sur que promovió en base a la publicación de trabajos sobre el tema una solución pacífica y duradera para el asunto de la soberanía. Este cuerpo, que reunía entre sus filas al parlamentario conservador Cyril Towsend y al laborista George Foulkes, tuvo varios logros destacables, como el influir en la opinión pública británica para que apoyara la posibilidad de que el problema se discutiera bilateralmente. Cronología de la posesión de las Islas Malvinas Mi conclusión: 13 años de ocupacion argentina, 176 de los actuales ocupantes, desde la última invasión inglesa. Lo que en ese momento pudo haber sido un reclamo justo por el derecho geográfico, la realidad es que nunca la habitaron mas de 500 personas de nacionalidad argentina, y si asi fue, duró 13 veces menos que los ahora, para mí, malvinenses. Echarle la culpa a Inglaterra de nuestros propios problemas, pensar que ese petróleo va a salvarnos económicamente, que alguien va a vivir allá y va a ser como una provincia más, es otra suposición sobre lo que perdimos y nunca nos importó, hasta que lo regalamos y, mucho tiempo después, se dieron cuenta (o les convino darse cuenta para mantener una dictadura) de que era útil comercialmente. El derecho a la autodeterminación de los isleños es prioritario sobre cualquier reclamación argentina. Los malvinenses son la quinta generación nacida allí. Ofensas y forobardo, dejenlo para otro post, opinen con respeto. FUENTE

Son amateurs, callejeras, de gente comun (como dice el colo De Narvaez). Disfruten guachos FUENTE
Cuento del Subcomandante Insurgente Marcos para Mamá Corral Para Mamá Corral (cuentos para suplir las inyecciones) Enero del 2009. A quien corresponda: De madrugada, como de por sí, llegó la noticia. Más fría se hizo la noche fría y, al amanecer, nos descubrimos como con un hueco, como si algo nos faltara, como si hubiéramos perdido algo muy propio. La geografía donde nos ha tocado luchar a nosotros, nosotras, las zapatistas, es muy extendida. En los mapas lleva el nombre de “México” y caminar sus rincones es una tarea todavía más dilatada. En el calendario de la Sexta llegamos a uno de sus rincones más extraños, porque a pesar de lo que el mapa y el kilometraje recorrido indicaban, la historia, esa compleja red de calendarios y geografías de abajo, señalaba uno de nuestros adoloridos corazones: Ciudad Juárez, Chihuahua. Ciudad Juárez. La de las jóvenes obreras asesinadas impunemente. Asesinadas por ser mujeres, por ser jóvenes, por ser trabajadoras… por ser. La de la digna rabia de los habitantes de Lomas de Poleo, resistiendo ataques, trampas, calumnias, silencios. La de Mamá Corral. No, no voy a contar su historia. Eso les corresponde a quienes todo este tiempo estuvieron, y están a su lado, luchando por la presentación de l@s desaparecid@s. Fuimos a hablar con ella. Fue una reunión privada con ella y otros familiares de desaparecid@s. Así lo pidió ella, así lo pedimos nosotros. Fue en la sala de su casa. Ahí nos amontonamos unas 15 o 20 personas. Doña Concepción García de Corral era la de más edad… y la más fuerte. Como si los calendarios buscando a su hijo, José de Jesús, no la hubieran agotado. Como si el no claudicar le permitiera ver más lejos. Hablaron los compas familiares. Palabras más, palabras menos, dijeron: “Queremos saber la verdad”. Doña Concepción fue más lejos: “Si Dios me ha dado tantos años de vida es porque José de Jesús está vivo y lo voy a encontrar”. No, no recuerdo si ésas fueron sus palabras exactas, pero creo que sí el sentimiento. Después hablé yo. No dije mucho… O lo dije todo… No muy me acuerdo, pero creo que les dije lo que yo quisiera que le dijeran a mis familiares si hubiera lugar, tiempo y modo: no nos fuimos porque no los quisiéramos, sino porque los queremos, aunque de otra forma, con otro modo. No me hagan mucho caso, pero creo que fue entonces cuando abracé a Doña Concepción García de Corral y le dije al oído: “Mamá Corral”. Luego me fui. Siempre me voy. Otra vez llegaron las geografías y los calendarios a llevarnos y traernos. Pero en ellas y por ellos sabíamos de ella. Creo que hasta una vez le dedicamos un texto. Por ahí debe de andar, creo. Tal vez se lo leyeron. Tal vez sonrió. Tal vez entendió que le decíamos a ella: “aquí estamos y no olvidamos”. Y ahora resulta que yo estaba escribiendo unos cuentos porque alguien estaba enfermo y algo había que darle de remedio, así fuera a la distancia. Y, además, porque tengo un montón de cartas de protesta. Algunas de supuestas sociedades médicas reconviniéndome por mis declaraciones en contra de las inyecciones, y otras son de mamaces iracundas porque se quedaron con la jeringa preparada y la víctima en turno se rehusó a la tortura, aduciendo un supuesto punto de un supuesto programa nacional de lucha que supuestamente prohibía la producción, el tráfico y el consumo de inyecciones. Total, que en resumidas cuentas me hacen responsable de las más terribles epidemias y endemias. Mentira, no han llegado cartas de protesta. Pero los oídos me zumban, lo que, según decía mi madre, quiere decir que están mal hablando de uno. Entonces yo, presionado por la Lupita y la Toñita, me puse a trabajar en mi laboratorio para producir una medicina alternativa a las inyecciones. Y entonces salió el primero de estos “Cuentos para suplir las inyecciones”. Mientras esperaba la decisión de las Comandantas sobre si hacían o no un encuentro deportivo y cultural para el 8 de marzo, llegó, de madrugada, la noticia de la muerte de Mamá Corral. Venía en una carta, firmada por el Comité de Madres de Desaparecidos Políticos de Chihuahua, que terminaba así: “Subcomandante Marcos reciba usted nuestro reconocimiento y nuestras condolencias. Mamá Corral se fue, pero aún está con más fuerza a su lado y al nuestro. Reciba un fuerte abrazo y nuestra bendición”. Dolió. Mucho. Ya más luego releí esas líneas y pensé que sí, que está a nuestro lado y de nuestro lado. Así que, con el permiso respectivo, hice algunos cambios y modificaciones al primero de los “Cuentos para suplir las Inyecciones” y se lo conté a Mamá Corral, a Helena, y a todas las mamaces con el dolor a flor a piel, tal y como a continuación lo transcribo: I.- Remedio para el dolor de corazón: El cuento de la otra hojita. Habrá una vez una hojita que estaba arriba de un árbol, en la parte más alta. Contenta estaba la hojita porque tenía muchas hojitas cerca y bien que se cantaban cuando el viento las movía. Y muy lejos podía ver la hojita, todo el valle y hasta las montañas vecinas. Claro que había sus inconvenientes porque, por ejemplo, como había muchas hojitas juntas pues rápido se hacían los chismes. “Ya viste que la tal por cual anda muy pegada con ésa otra”, a veces decían. Y se hacía mucha bulla porque luego se sabía el chisme y entonces contestaban: “y mira quién habla, si tú te pasas todo el tiempo al lado de ésa de más allá”. O sea que mucho peleaban entre sí las hojitas, como de por sí. Y también ocurría que, cuando llovía, las hojitas de arriba eran las primeras en mojarse y no podían decir aquello de “qué bonito es ver llover y no mojarse”. Pero había sus compensaciones, porque, cuando el sol salía, las de arriba eran las primeras hojitas en secarse. Bueno, pues así estaba la hojita de este cuento, en el vaivén de lluvias y soles, cuando vino un viento fuerte y la arrancó de la rama donde estaba viviendo. Y la hojita empezó a volar, dando giros, subiendo y bajando por las corrientes de aire. “¡Qué chido!”, dijo la hojita que era medio skatera. “¡Síííííííííí!”, gritó cuando pudo hacer un doble rizo muy cerca del techo de una champa. Luego una ráfaga de aire la acercó a una nube que tenía una pinta de muchos colores que decía: “Libertad y Presentación de l@s desaparecid@s polític@s”. Y en otra se leía: “Lo bueno de rayar nubes es que acá no llega la tira”. Y así andaba de un lado a otro la hojita. Pero pasó que el viento se fue con su canción para otra parte y la ley de gravedad se aplicó con todo rigor, así que la hojita, casi como no queriendo, fue a llegar hasta el suelo. “¡Órales!”, se dijo la hojita, “¿y ahora qué voy a hacer?”. La hojita quería regresar otra vez a la parte más alta del árbol. Aunque eran muy chismosas, ahí estaban sus amigas. Y aunque era la primera en mojarse con la lluvia, también era la primera en calentarse con el sol y podía ver muy lejos. Y aunque el viento la volviera a tumbar, ella podía ensayar nueva piruetas que ya se le estaban ocurriendo, y hasta pensaba rayar alguna nube con letras de muchos colores y tamaños muy divertidos y demandar libertad y justicia. La hojita probó en caminar, pero como siempre había estado en el árbol agarrada de una rama, pues nomás no se le daba lo de la caminadera. Entonces una hormiguita pasó por donde estaba. La hojita la reconoció, porque era una hormiguita que una vez había estado en lo alto del árbol y hasta le había dado una mordida a la hojita. “¡Hola!”, saludó la hojita a la hormiguita. “¿Y tú quién eres? Acaso te conozco”, respondió la hormiguita que, para variar, andaba de malas. La hojita se presentó: “Me llamo Hojita y vivo en la parte más alta del árbol, pero me caí y ahora quiero regresar a mi casa pero no sé cómo hacerle, ¿podrías ayudarme?”. La hormiguita la quedo mirando, luego quedó mirando al árbol, luego volvió a quedar mirando a la hojita. Tardó mirando la hormiguita. Ya luego dijo: “No pos ora que sí ya se chingó la Roma ésa, porque te tendría que cargar y luego tendría que subir tooooodo el árbol sin que me coman los pájaros o el oso hormiguero. Y ya luego, si es que llegamos hasta la parte más alta, pues la problema va a ser cómo te pegamos a la rama que te toca”. La hojita quedó mirando a la hormiguita y luego quedó mirando al árbol. Tardó mirando la hojita, o sea que ya estaba agarrando el modo de la hormiguita. Ya luego dijo: “no hay problema, porque podemos ir a comprar pegamento a la papelería o me puedo agarrar bien fuerte de la rama que me toca”. La hormiguita escuchó a la hojita y la quedó mirando y… bueno, y ya no vamos a decir que tardó mirándola porque si no el cuento se hace muy largo. Entonces la hormiguita dijo: “Tá güeno, te voy a llevar, pero antes tengo que ir a ver a mi comagre para pedirle maíz porque a mí ya se me acabó. ¿Vas conmigo o aquí me esperas a que regreso?” La hojita pensó que, cuando la hormiguita encontrara a su comagre, iban a tardar mirándose y el cuento se iba a terminar sin que ella resolviera su problema, así que respondió: “¡Voy contigo! Y sirve que de pasada compramos el pegamento en la papelería” Entonces, la hormiguita cargó a la hojita en el lomo y empezó a caminar rumbo a casa de su comagre. Por el camino, la hojita iba mirando muchas cosas que no conocía… o que conocía, pero vistas desde lo alto del árbol donde vivía. Y pasó a un lado de la piedrecita inconforme, la que quería ser nube, y la vio muy grande. Mientras miraba a la piedrecita inconforme hacer ejercicios para bajar de peso, la hojita pensó: “Tras que desde arriba se ven muy otras las cosas”. “O no se ven”, dijo la hormiguita, que además de ser enojona podía escuchar lo que pensaban los demás seres. “Sí, o no se ven”, quedó pensando la hojita. Siguieron caminando. Bueno, caminaba la hormiguita, porque la hojita nomás iba mirando el mismo mundo que había visto desde arriba pero que, visto desde abajo, era otro mundo. Y mucho mundo miró la hojita. Por ejemplo, miró al Mal y al Malo vestidos de gobiernos, de empresarios, de aviones bombardeando niños y niñas, de policías golpeando y asesinando joven@s y desapareciendo luchador@s sociales, de hombres violentando mujeres, de perseguidores de los otros amores, de racistas, de locutores de radio y televisión, de periodistas, de analistas políticos, de comisarios del pensamiento. Pero también miró a un escarabajo con yelmo, fumando pipa y escribiendo en una ultra-mini-micro-computadora. Y miró a la Lupita y a la Toñita jugando con unas jirafas que les regalaron en el Festival de la Digna Rabia. Y miró al Sup cuando les decía a las niñas que no eran jirafas, que eran unas vacas y que les habían estirado el pescuezo porque las querían hacer caldo, pero las vacas no se dejaron y se resistieron y que eran una vacas rebeldes y que se les había quedado el pescuezo estirado por su resistencia, pero no eran jirafas. Y miró que la Toñita y la Lupita lo regañaban al Sup y le enseñaban un libro de animales para que viera que sí eran jirafas y que no eran vacas con el pescuezo estirado. Y miró que el Sup les respondía que no era cierto, que ese libro lo habían hecho los mismos que querían hacer caldo a las vacas. Que para que no se publicara que tenían un su delito, dijo el Sup. Y miró que las niñas traían unas inyecciones porque decían que el Sup estaba enfermo y por eso decía tarugadas, y que lo iban a curar al Sup. Y miró que el Sup corría y corría. Y ya no miró si es que lo alcanzaron. Y miró el lado oscuro de la luna, cuando Sombra, el guerrero, la llevaba cargando en un mecapal. Y miró a Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, llevar unas flores a la tumba de La Magdalena. Y miró al Viejo Antonio forjándose un cigarrillo en hoja de doblador. Y miró a hombres y mujeres indígenas, que nunca habían ido a la escuela, explicarle el mundo a una investigadora con un doctorado en ciencias sociales. Y miró a las tropas zapatistas haciendo la champa para Radio Insurgente. Y miró al Moy platicando con las Comisiones Agrarias Autónomas sobre un problema de tierras. Y miró a una pareja tocándose con toda la piel desnuda, y miró que no importaba si la pareja era de mujer y hombre, o de hombre y hombre, o de mujer y mujer, o de otr@ y otr@. Y miró a alguien rayar en una pared “Un muro sin grafiti es como un barquillo sin helado”, y miró que el muro se convertía en bandera. Y miró que nadie se preparaba para enfrentar a Polifemo. Y miró a los calendarios y geografías caminar a encontrarse. Todo eso y muchas cosas más miró la hojita, pero son para otros cuentos. Por fin llegaron donde la comagre de la hormiguita y, como era de esperar, la comagre no estaba porque no llegaron rápido y le tocaba trabajar en otro cuento, así que se fueron a la papelería para comprar el pegamento. A la hojita, con todo lo que había mirado, ya se le había olvidado que iba a comprar pegamento. Así que le dijo al dependiente de la papelería: “Quiero un cuaderno y unos lápices de colores muy divertidos”. El dependiente respondió: “Acaso son divertidos los lápices de colores. Los lápices de colores son lápices de colores” De ahí se siguió una larga discusión sobre la capacidad o no de sentimientos de las cosas inanimadas, discusión que nos vamos a saltar porque si no el cuento se va para otro lado. Bueno, resulta que al final la hojita consiguió sus lápices de colores, su cuaderno y su pegamento (porque la hormiguita le recordó a qué habían ido a la papelería). Ya luego, la hormiguita y la hojita llegaron al pie del árbol. Ya iban a empezar a subir cuando, ¡zas!, se sintió como un terremoto. Todo empezó a crujir y como a romperse. Como si se desarmara un rompecabezas y las piezas se desordenaran. La radio, la televisión y los periódicos de arriba no dijeron nada porque también se habían desarmado, así que lo que se supo fue porque lo publicaron los medios alternativos de comunicación. Porque resulta que los zapatistas, las zapatistas, habían ganado la guerra contra el olvido y todo el mundo se estaba volteando de cabeza y quedando todo al revés. Y el sol ya no salía por el oriente, sino por el poniente. Y lo que estaba arriba quedaba abajo, y lo que estaba abajo quedaba arriba. Y entonces resulta que, para ir a la rama donde vivía la hojita, ahora tenían que bajar, en lugar de subir, a la copa del árbol. “Mta magre” dijeron a coro la hojita y la hormiguita, y se pusieron a discutir entre ellas. Y es que la hojita le echó la culpa a la hormiguita porque tardó mucho mirando y en ese tiempo los zapatistas, las zapatistas, ganaron y voltearon el mundo al revés. “Para que el mundo ya esté cabal”, así dijeron las zapatistas, los zapatistas, y, como ya es costumbre, nadie les entendió. Tan-tan. Vale. Salud y paciente rabia, Mamá Corral, paciente rabia. SupMarcos. México, Enero del 2009. FUENTE
Les dejo este cuento de Julio Cortázar, el mejor escritor que dio el país a mi gusto... Es un cuento corto y fantástico (de género y cualitativamente ). Disfruten! Cuidamos las mancuspias hasta bastante tarde, ahora con el calor del verano se llenan de caprichos y versatilidades, las más atrasadas reclaman alimentación especial y les llevamos avena malteada en grandes fuentes de loza; las mayores están mudando el pelaje del lomo, de manera que es preciso ponerlas aparte, atarles una manta de abrigo y cuidar que no se junten de noche con las mancuspias que duermen en jaulas y reciben alimento cada ocho horas. No nos sentimos bien. Esto viene desde la mañana, tal vez por el viento caliente que soplaba al amanecer, antes de que naciera este sol alquitranado que dio en la casa todo el día. Nos cuesta atender a los animales enfermos -esto se hace a las once- y revisar las crías después de la siesta. Nos parece cada vez más penoso andar, seguir la rutina; sospechamos que una sola noche de desatención sería funesta para las mancuspias, la ruina irreparable de nuestra vida. Andamos entonces sin reflexionar, cumpliendo uno tras otro los actos que el hábito escalona, deteniéndonos apenas para comer (hay trozos de pan en la mesa y sobre la repisa del living) o mirarnos en el espejo que duplica el dormitorio. De noche caemos repentinamente en la cama, y la tendencia a cepillarnos los dientes antes de dormir cede a la fatiga, alcanza apenas a sustituirse por un gesto hacia la lámpara o los remedios. Afuera se oye andar y andar en círculo a las mancuspias adultas. No nos sentimos bien. Uno de nosotros es Aconitum, es decir que debe medicamentarse con aconitum en diluciones altas si, por ejemplo, el miedo le ocasiona vértigo. Aconitum es una violenta tormenta, que pasa pronto. De qué otro modo describir el contraataque a una ansiedad que nace de cualquier insignificancia, de la nada. Una mujer se enfrenta repentinamente con un perro y comienza a sentirse violentamente mareada. Entonces aconitum, y al poco rato sólo queda un mareo dulce, con tendencia a marchar hacia atrás (esto nos ocurrió, pero era un caso Bryonia, lo mismo que sentir que nos hundíamos con, o a través de la cama). El otro, en cambio, es marcadamente Nux Vomica. Después de llevar la avena malteada a las mancuspias, tal vez por agacharse demasiado al llenar la escudilla, siente de golpe como si le girara el cerebro, no que todo gire en torno -el vértigo en sí- sino que la visión es la que gira, dentro de él la conciencia gira como un giróscopo en su aro, y afuera todo está tremendamente inmóvil, sólo que huyendo e inasible. Hemos pensado si no será más bien un cuadro de Phosphorus, porque además lo aterra el perfume de las flores (o el de las mancuspias pequeñas, que huelen débilmente a lila) y coincide físicamente con el cuadro fosfórico: es alto, delgado, anhela bebidas frías, helados y sal. De noche no es tanto, nos ayudan la fatiga y el silencio -porque el rondar de las mancuspias escande dulcemente este silencio de la pampa- y a veces dormimos hasta el amanecer y nos despierta un esperanzado sentimiento de mejoría. Si uno de nosotros salta de la cama antes que el otro, puede ocurrir con todo que asistamos consternados a la repetición de un fenómeno Camphora monobromata, pues cree que marcha en una dirección cuando en realidad lo está haciendo en la opuesta. Es terrible, vamos con toda seguridad hacia el baño, y de improviso sentimos en la cara la piel desnuda del espejo alto. Casi siempre lo tomamos a broma, porque hay que pensar en el trabajo que espera y de nada serviría desanimarnos tan pronto. Se buscan los glóbulos, se cumplen sin comentarios ni desalientos las instrucciones del doctor Harbin. (Tal vez en secreto seamos un poco Natrum muriaticum. Típicamente, un natrum llora, pero nadie debe observarlo. Es triste, es reservado; le gusta la sal.) ¿Quién puede pensar en tantas vanidades si la tarea espera en los corrales, en el invernadero y en el tambo? Ya andan Leonor y el Chango alborotando fuera, y cuando salimos con los termómetros y las bateas para el baño, los dos se precipitan al trabajo como queriendo cansarse pronto, organizando su haraganeo de la tarde. Lo sabemos muy bien, por eso nos alegra tener salud para cumplir nosotros mismos con cada cosa. Mientras no pase de esto y no aparezcan las cefaleas, podemos seguir. Ahora es febrero, en mayo estarán vendidas las mancuspias y nosotros a salvo por todo el invierno. Se puede continuar todavía. Las mancuspias nos entretienen mucho, en parte porque están llenas de sagacidad y malevolencia, en parte porque su cría es un trabajo sutil, necesitado de una precisión incesante y minuciosa. No tenemos por qué abundar, pero esto es un ejemplo: uno de nosotros saca las mancuspias madres de las jaulas de invernadero -son las 6.30 a.m.- y las reúne en el corral de pastos secos. Las deja retozar veinte minutos, mientras el otro retira los pichones de las casillas numeradas donde cada uno tiene su historia clínica, verifica rápidamente la temperatura rectal, devuelve a su casilla los que exceden los 37.1º, y por una manga de hojalata trae el resto a reunirse con sus madres para la lactancia. Tal vez sea este el momento más hermoso de la mañana, nos conmueve el alborozo de las pequeñas mancuspias y sus madres, su rumoroso parloteo sostenido. Apoyados en la baranda del corral olvidamos la figura del mediodía que se acerca, de la dura tarde inaplazable. Por momentos tenemos un poco de miedo a mirar hacia el suelo del corral -un cuadro Onosmodium marcadísimo-, pero pasa y la luz nos salva del síntoma complementario, de la cefalea que se agrava con la oscuridad. A las ocho es hora del baño, uno de nosotros va echando puñados de sales Krüschen y afrecho en las bateas, la otra dirige al Chango que trae cubos de agua tibia. A las mancuspias madres no les agrada el baño, hay que tomarlas con cuidado de las orejas y las patas, sujetándolas como conejos, y sumergirlas muchas veces en la batea. Las mancuspias se desesperan y erizan, eso es lo que queremos para que las sales penetren hasta la piel tan delicada. A Leonor le toca dar de comer a las madres, y lo hace muy bien; nunca vimos que errara en la distribución de porciones. Se les da avena malteada, y dos veces por semana leche con vino blanco. Desconfiamos un poco del Chango, nos parece que se bebe el vino; sería mejor guardar la bordalesa adentro, pero la casa es chica y luego ese olor dulzón que rezuma en las horas del sol alto. Tal vez esto que decimos fuera monótono e inútil si no estuviese cambiando lentamente dentro de su repetición; en los últimos días -ahora que entramos en el período crítico del destete- uno de nosotros ha debido reconocer, con qué amargo asentimiento, el avance de un cuadro Silica. Empieza en el momento mismo en que nos domina el sueño, es un perder la estabilidad, un salto adentro, un vértigo que trepa por la columna vertebral hacia el interior de la cabeza; como el mismo trepar reptante (no hay otra descripción) de las pequeñas mancuspias por los postes de los corrales. Entonces, de repente, sobre el pozo negro del sueño donde ya caíamos deliciosamente, somos ese poste duro y ácido al que trepan jugando las mancuspias. Y es peor cerrando los ojos. Así se va el sueño, nadie duerme con ojos abiertos, nos morimos de cansancio pero basta un leve abandono para sentir el vértigo que repta, un vaivén en el cráneo, como si la cabeza estuviera llena de cosas vivas que giran a su alrededor. Como mancuspias. Y es tan ridículo, se ha probado que a los enfermos silica les falta sílice, arena. Y nosotros aquí, rodeados de médanos, en un pequeño valle amenazado de médanos inmensos, faltándonos arena cuando íbamos a dormirnos. Contra la probabilidad de que esto avance, hemos preferido perder algún tiempo dosificándonos severamente; advertimos a las doce horas que la reacción es favorable, y la tarde de trabajo sucede sin obstáculos, apenas, quizá, un leve desacomodo de las cosas, de pronto como si los objetos se pararan delante nuestro, irguiéndose sin moverse; una sensación de arista viva en cada plano. Sospechamos un viraje a Dulcamara, pero no es fácil estar seguros. En el aire flotan leves las pelusas de las mancuspias adultas, después de la siesta vamos con tijeras y unas bolsas de caucho al corral alambrado donde el Chango las reúne para la esquila. Ya en febrero hace fresco de noche, las mancuspias necesitan el pelo porque duermen estiradas y carecen de la protección que se dan a sí mismos los animales que se ovillan replegando las patas. Sin embargo, pierden el pelo del lomo, pelechan despacio y a pleno aire, el viento alza del corral una fina niebla de pelos que cosquillean en la nariz y nos hostigan hasta dentro de la casa. Entonces reunimos a las mancuspias y les tusamos el lomo a media altura, cuidando de no privarlas de calor; cuando cae ese pelo, demasiado corto para flotar en el aire, va formando un polvillo amarillento que Leonor moja con la manguera y junta diariamente en una bola de pasta que se tira al pozo. Uno de nosotros tiene entre tanto que aparear los machos con las mancuspias jóvenes, pesar los pichones mientras el Chango lee en voz alta los pesos del día anterior, verificar el adelanto de cada mancuspia y apartar a las atrasadas para someterlas a la sobrealimentación. Esto nos lleva hasta el anochecer; sólo falta la avena de la segunda comida que Leonor reparte en un momento, y encerrar a las mancuspias madres mientras las pequeñas chillan y se obstinan en seguir a su lado. Es el Chango quien se ocupa del aparte, ya nosotros estamos en la veranda controlando. A las ocho se cierran las puertas y ventanas; a las ocho nos quedamos solos adentro. Antes era un momento dulce, el recuento de episodios y de esperanzas. Pero desde que no nos sentimos bien parece como si esta hora fuese más pesada. Vanamente nos engañamos con el arreglo del botiquín -es frecuente que el orden alfabético de los remedios se altere por descuido-, siempre al final nos vamos quedando callados en la mesa, leyendo el manual de Alvarez de Toledo ("Estúdiate a ti mismo" ) o el Humphreys ("Mentor Homeopático" ). Uno de nosotros ha tenido con intermitencias una fase Pulsatilla, vale decir que tiende a mostrarse voluble, llorona, exigente, irritable. Esto aflora al anochecer, y coincide con el cuadro Petroleum que afecta al otro, un estado en el que todo -cosas, voces, recuerdos- pasan por encima de él, entumeciéndolo y envarándolo. Así es que no hay choque, apenas un sufrir paralelo y tolerable. Después, a veces, viene el sueño. Tampoco quisiéramos poner en estas notas un énfasis progresivo, un crecer articulándose hasta el estallido patético de la gran orquesta, tras la cual decrecen las voces y se reingresa a una calma de hartazgo. A veces estas cosas que inscribimos ya nos han ocurrido (como la gran cefalea Glonoinum el día en que nació la segunda camada de mancuspias), a veces es ahora o por la mañana. Creemos necesario documentar estas fases para que el doctor Harbin las agregue a nuestra historia clínica cuando volvamos a Buenos Aires. No somos hábiles, sabemos que de pronto nos salimos del tema, pero el doctor Harbin prefiere conocer los detalles circundantes de los cuadros. Ese roce contra la ventana del baño que oímos de noche puede ser importante. Puede ser un síntoma Cannabis indica; ya se sabe que un cannabis indica tiene sensaciones exaltadas, con exageración de tiempo y distancia. Puede ser una mancuspia que se ha escapado y viene como todas a la luz. Al principio éramos optimistas, todavía no hemos perdido la esperanza de ganar una buena suma con la venta de las crías jóvenes. Nos levantamos temprano, midiendo el creciente valor del tiempo en la fase final, y al principio casi no nos afecta la fuga del Chango y Leonor. Sin preaviso, sin cumplir para nada el estatuto, se nos han ido anoche los muy hijos de puta, llevándose el caballo y el sulky, la manta de una de nosotros, el farol a carburo, el último número de Mundo Argentino. Por el silencio en los corrales sospechamos su ausencia, hay que apurarse a soltar las crías para la lactancia, preparar los baños, la avena malteada. Todo el tiempo pensamos que no se debe pensar en lo ocurrido, trabajamos sin admitir que ahora estamos solos, sin caballo para salvar las seis leguas hasta Puan, con provisiones para una semana, y rondados por linyeras inútiles ahora que en las otras poblaciones se ha difundido el rumor estúpido de que criamos mancuspias y nadie se arrima por miedo a enfermedades. Sólo trabajando y con salud podemos tolerar una conjuración que nos agobia hacia mediodía, en el alto del almuerzo (una de nosotros prepara bruscamente una lata de lenguas y otra de arvejas, fríe jamón con huevos), que rechaza la idea de no dormir la siesta, nos encierra en la sombra del dormitorio con más dureza que las puertas a doble cerrojo. Recién ahora recordamos con claridad el mal dormir de la noche, ese vértigo curioso, transparente, si se nos permite inventar esta expresión. Al despertar, al levantarnos, mirando hacia delante, cualquier objeto -pongamos, por ejemplo, el ropero- es visto rotando a velocidad variable y desviándose en forma inconstante hacia un costado (lado derecho); mientras al mismo tiempo, a través del remolino, se observa el mismo ropero parado firmemente y sin moverse. No hay que pensar mucho para distinguir allí un cuadro Cyclamen, de modo que el tratamiento actúa en pocos minutos y nos equilibra para la marcha y el trabajo. Mucho peor es advertir en plena siesta (cuando las cosas son tan ellas mismas, cuando el sol las repliega duramente en sus aristas) que en corral de las mancuspias grandes hay agitación y parloteo, una renuncia súbita e inquietante al reposo que las engorda. No queremos salir, el sol alto sería la cefalea, cómo admitir ahora la posibilidad de cefalea, cuando todo depende de nuestro trabajo. Pero habrá que hacerlo, crece la inquietud de las mancuspias y es imposible seguir en la casa cuando de los corrales llega un rumor nunca oído, entonces nos lanzamos fuera protegidos por cascos de corcho, nos separamos después de un precipitado conciliábulo, una de nosotros corre a las jaulas de las madres en tanto que el otro verifica los cierres de portones, el nivel del agua en el tanque australiano, la posible irrupción de una zorra o un gato montés. Apenas llegamos a la entrada de los corrales y ya nos enceguece el sol, como albinos vacilamos entre las llamaradas blancas, quisiéramos continuar el trabajo pero es tarde, el cuadro Belladona nos arrasa hasta precipitarnos agotados en la hondura sombría del galpón. Congestionados, cara roja y caliente; pupilas dilatadas. Violentas punzadas y lanzazos. Cefalea como sacudidas. A cada paso sacudida hacia abajo como si hubiera un peso en le occipital. Cuchilladas y punzadas. Dolor de estallido; como si se empujara el cerebro; peor agachándose, como si el cerebro cayera hacia fuera, como si fuera empujado hacia delante, o los ojos estuvieran por salirse. (Como esto, como aquello; pero nunca como es de veras). Peor con los ruidos, sacudidas, movimiento, luz. Y de pronto cesa, la sombra y la frescura se la lleva en un instante, nos deja una maravillada gratitud, un deseo de correr y sacudir la cabeza, asombrarse de que un minuto antes... Pero está el trabajo, y ahora sospechamos que la inquietud de las mancuspias obedece a falta de agua fresca, a la ausencia de Leonor y el Chango -son tan sensibles que han de sentir de algún modo esa ausencia-, y un poco a que extrañan el cambio en las labores de la mañana, nuestra torpeza, nuestro apuro. Como no es día de esquila, uno de nosotros se ocupa del apareo prefijado y del control de peso; es fácil advertir que de ayer a hoy las crías han desmejorado bruscamente. Las madres comen mal, huelen prolongadamente la avena malteada antes de dignarse morder la tibia pasta alimenticia. Cumplimos silenciosos las últimas tareas, ahora la venida de la noche tiene otro sentido que no queremos examinar, ya no nos separamos como antes de un orden establecido y funcionando, de Leonor y el Chango y las mancuspias en sus sitios. Cerrar las puertas de la casa es dejar a solas un mundo sin legislación, librado a los sucesos de la noche y el alba. Entramos temerosos y prolijos, demorando el momento, incapaces de aplazarlo y por eso furtivos y esquivándonos, con toda la noche que espera como un ojo. Por suerte tenemos sueño, la insolación y el trabajo pueden más que una inquietud incomunicada, nos vamos quedando dormidos sobre los restos fríos que masticamos penosamente, los recortes de huevo frito y pan mojado en leche. Algo rasca otra vez en la ventana del baño, en el techo parecen oírse corrimientos furtivos, no sopla viento, es noche de luna llena y los gallos cantarían antes de medianoche, si tuviéramos gallos. Vamos a la cama sin hablar, distribuyéndonos casi a tientas la última dosis del tratamiento. Con la luz apagada -pero no está bien dicho, no hay luz apagada, simplemente falta la luz, la casa es un fondo de tiniebla y por fuera todo luna llena- queremos decirnos algo y es apenas un preguntarse por mañana, por la forma de conseguir el alimento, llegar al pueblo. Y nos dormimos. Una hora, no más, el hilo ceniciento que tira la ventana apenas se ha movido hacia la cama. De pronto estamos sentados a oscuras, oyendo a oscuras porque se oye mejor. Algo les pasa a las mancuspias, el rumor es ahora un clamoreo rabioso o aterrado, se distingue el aullido afilado de las hembras y el ulular más bronco de los machos, se interrumpen de pronto y por la casa se mueve como una ráfaga de silencio, entonces otra vez el clamoreo crece contra la noche y la distancia. No pensamos en salir, demasiado es estar oyéndolas, uno de nosotros duda si los alaridos son fuera o aquí porque hay momentos en que nacen como desde dentro, y a lo largo de esa hora entramos en un cuadro Aconitum donde todo se confunde y nada es menos cierto que su contrario. Sí, las cefaleas vienen con tal violencia que apenas se las puede describir. Sensación de desgarro, de quemazón en el cerebro, en el cuero cabelludo, con miedo, con fiebre, con angustia. Plenitud y pesadez en la frente, como si allí hubiera un peso que presionara hacia fuera: como si todo fuera arrancado por la frente. Aconitum es repentino; salvaje; peor por vientos fríos; con inquietud, angustia, miedo. Las mancuspias rondan la casa, inútil repetirnos que están en los corrales, que los candados resisten. No advertimos el amanecer, hacia las cinco nos abate un sueño sin reposos del que salen nuestras manos a hora fija para llevar los glóbulos a la boca. Hace rato que golpean en la puerta del living, los golpes crecen con rabia hasta que uno de nosotros deja que las zapatillas se pongan sus pies y se arrastren hasta la llave. Es la policía con la noticia del arresto del Chango; nos traen de vuelta el sulky, allá sospecharon el robo y el abandono. Hay que firmar una declaración, todo está bien, el sol alto y un gran silencio en los corrales. Los policías miran los corrales, uno se tapa la nariz con el pañuelo, hace como que tose. Decimos pronto lo que quieren, firmamos, y se van casi corriendo, pasan lejos de los corrales y los miran, también a nosotros nos han mirado, aventurando una ojeada al interior (sale un aire estancado por la puerta), y se van casi corriendo. Es muy curioso que estos brutos no quieran espiar más, huyen como apestados, ya pasan al galope por el camino del costado. Una de nosotros parece decidir personalmente que el otro irá en seguida a buscar alimento con el sulky, mientras se cumple la tarea matinal. Subimos sin ganas, el caballo está cansado porque lo han traído sin respiro, vamos saliendo de a poco y mirando atrás. Todo está en orden, entonces no eran las mancuspias las que hacían ruidos en la casa, habrá que fumigar las ratas del tejado, asombra el ruido que una sola rata puede hacer de noche. Abrimos los corrales, juntamos las madres pero apenas queda avena malteada y las mancuspias pelean ferozmente, se arrancan pedazos de lomo y de cuello, les salta la sangre y hay que separarlas a látigo y gritos. Después de eso la lactancia de las crías es penosa e imperfecta, se advierte que los pichones están hambrientos, algunos vacilan al correr o se apoyan en los alambrados. Hay un macho muerto a la entrada de la jaula, inexplicablemente. Y el caballo se resiste a trotar, ya estamos a diez cuadras de la casa y todavía al paso, con la cabeza caída y resollando. Desanimados emprendemos la vuelta, llegamos para ver cómo los últimos restos de alimento se pierden en un revuelo de pelea. Volvemos sin obstinarnos a la veranda. En el primer peldaño hay un pichón de mancuspia muriéndose. Lo alzamos, lo ponemos en un canasto con paja, quisiéramos saber qué tiene pero se muere con la muerte oscura de los animales. Y los candados estaban intactos, no se sabe cómo pudo escapar esta mancuspia, si su muerte es la escapatoria o si ha escapado porque se estaba muriendo. Le echamos diez glóbulos de Nux Vomica en el pico, se quedan ahí como perlitas, ya no puede tragar. Desde donde estamos se ve un macho caído sobre las manos; intenta alzarse con una sacudida, pero vuelve a caer como si rezara. Nos parece oír gritos, tan cerca nuestro que hasta miramos debajo de las sillas de paja de la veranda; el doctor Harbín nos ha prevenido contra las reacciones animales que atacan de mañana, no habíamos pensado que pudiera ser una cefalea así. Dolor occipital, de tanto un grito: cuadro de Apis, dolores como picaduras de abejas. Doblamos la cabeza hacia atrás, o la hundimos contra la almohada (en algún momento hemos llegado a la cama). Sin sed, pero sudando; orina escasa, gritos penetrantes. Como magullados, sensibles al tacto; en un momento nos dimos la mano y fue terrible. Hasta que cesa, paulatina, dejándonos el temor de una repetición con variante animal, como ya una vez: tras de la abeja, el cuadro de la serpiente. Son las dos y media. Preferimos completar estos informes mientras dura la luz y estamos bien. Uno de nosotros debería ir ahora al pueblo, si pasa la siesta se nos hará muy tarde para volver, y quedarnos solos toda la noche en la casa, quizá sin poder medicamentarnos... La siesta se estanca silenciosa, hace calor en las piezas, si vamos hasta la veranda nos rechaza el color de tiza de la tierra, los galpones, los tejados. Han muerto otras mancuspias pero el resto calla, sólo de cerca se las oiría jadear. Una de nosotros cree que alcanzaremos a venderlas, que debemos ir al pueblo. El otro hace estos apuntes y ya no cree en mucho. Que pase el calor, que sea de noche. Salimos casi a las siete, todavía hay unos puñados de alimentos en el galpón, sacudiendo las bolsas cae un polvillo de avena que juntamos preciosamente. Ellas lo olfatean y la agitación en las jaulas es violenta. No nos atrevemos a soltarlas, es mejor poner una cucharada de pasta en cada jaula, así parece que están más satisfechas, que es más justo. Ni siquiera sacamos las mancuspias muertas, no nos explicamos cómo hay diez jaulas vacías, cómo parte de las crías anda mezclada con los machos en el corral. Se ve apenas, ahora anochece de golpe y el Chango nos robó el farol a carburo. Parece como si en el camino, contra el monte de sauces, hubiera gente. Sería el momento de llamar para que alguien fuese al pueblo; todavía hay tiempo. A veces pensamos si no nos espían, la gente es tan ignorante y nos tiene tan entre ojos. Preferimos no pensar y cerramos la puerta con delicia, replegados a la casa donde todo es más nuestro. Quisiéramos consultar los manuales para precavernos de un nuevo Apis, o del otro animal todavía peor; dejamos la cena y leemos en voz alta, casi sin oír. Algunas frases suben sobre las otras, y afuera es igual, algunas mancuspias aúllan más alto que el resto, perduran y repiten un ulular lancinante. "Crotalus cascavella tiene alucinaciones peculiares..." uno de nosotros repite la mención, nos alegra comprender tan bien el latín, crótalo cascabel, pero es decir lo mismo porque cascabel equivale a crótalo. Quizá el manual no quiere impresionar a los enfermos comunes con la mención directa del animal. Y sin embargo, lo nombra, esta terrible serpiente... "cuyo veneno actúa con espantosa intensidad". Tenemos que forzar la voz para oírnos entre el clamor de las mancuspias, otra vez las sentimos cerca de al casa, en los techos, rascando las ventanas, contra los dinteles. De alguna manera no es ya raro, por la tarde vimos tantas jaulas abiertas, pero la casa está cerrada y la luz en el comedor nos envuelve en una fría protección mientras nos ilustramos a gritos. Todo está claro en el manual, un lenguaje directo para enfermos sin prejuicios, la descripción del cuadro: cefalea y gran excitación, causadas por comenzar a dormir. (Pero por suerte no tenemos sueño.) El cráneo comprime el cerebro como un casco de acero - bien dicho. Algo viviente camina en círculo dentro de la cabeza. (Entonces la casa es nuestra cabeza, la sentimos rondada, cada ventana es una oreja contra el aullar de las mancuspias ahí afuera.) Cabeza y pecho comprimidos por una armadura de hierro. Un hierro al rojo hundido en el vertex. No estamos seguros sobre el vertex, hace un momento que la luz vacila, cede poco a poco, nos olvidamos de poner en marcha el molino por la tarde. Cuando ya no se puede leer encendemos una vela junto al manual para terminar de enterarnos de los síntomas, es mejor saber por si más tarde - Dolores lancinantes agudos en sien derecha, esta terrible serpiente cuyo veneno actúa con espantosa intensidad (ya leímos eso, es difícil alumbrar el manual con una vela), algo viviente camina en círculo dentro de la cabeza, también lo leímos y es así, algo viviente camina en círculo. No estamos inquietos, peor es afuera, si hay afuera. Por sobre el manual nos estamos mirando, y si uno de nosotros alude con un gesto al aullar que crece más y más, volvemos a la lectura como seguros de que todo está hora ahí, donde algo viviente camina en círculo aullando contra las ventanas, contra los oídos, el aullar de las mancuspias muriéndose de hambre.